"¿A qué estás esperando? ¿Qué cosas te estás reservando? Ahora tienes todo lo que podías tener." George Balanchine.
Advertencia: La autora a partir de aquí cambió la edad de Romano, ya que la diferencia de edad era bastante bestia y hacerles... hacer ese tipo de cosas, sería algo obsceno.
Aclaraciones importantes: (así que a leerlas antes de empezar o os pego):
-Este Fanfic no me pertenece, el original pertenece a Spongelion, todos los derechos son suyos. Yo tan solo lo traducí por puro aburrimiento.
-Hetalia tampoco me pertenece, es de Hidekaz Himaruya. Ya me gustaría que Hetalia fuera mío...
Bueno, ya dije que tardaría menos en actualizar y aquí estoy xD. ¡Así que más os vale disfrutar éste capítulo, que el próximo es el último ;^;!
A Romano le pareció que había dormido durante días. Aún estaba medio dormido y medio despierto.
Quería levantarse, pero la cama era demasiado cómoda. El olor que recorría la habitación parecía aturdir sus sentidos.
No era cómo si el italiano se hubiera sentido utilizado y abusado por Gilbert. Esa sensación se le iría en un rato, probablemente.
La razón por la que dormía tanto era porque el mes pasado apenas había podido dormir, ya que estaba pensando. Seguramente, el italiano nunca había sido muy afín a pensar en su vida antes de conocer a Antonio.
Le dolía la cabeza y su salud mental no era realmente buena.
Había dormido durante el resto del día y parte de la noche. Sus ojos cansados se dirigieron hacia el reloj. Era medianoche. La misma hora en que Antonio irrumpió en su habitación...
El italiano saltó de la cama. Sus ropas parecían gritar un fuerte has-dormido-un-huevo-y-necesitas-una-ducha-urgente. Pero antes de ir de cabeza a la ducha se asomó al comedor, con curiosidad por saber dónde estaba Antonio.
Echó una vistazo a la habitación, localizando así la figura del español. Las luces que iluminaban la habitación eran tenues y cálidas, dejaban ver que programa estaba viendo el mayor. Más bien lo que fingía ver.
El televisor estaba en silencio, como para no despertar a Lovino de su sueño. Entonces sintió como su corazón latía a gran velocidad, como de costumbre.
Repentinamente, el moreno se giró, mirándole fijamente a los ojos. Las manos del castaño empezaron a sudar.
"Pensaba que alguien me iba a abrir la cabeza." dijo Antonio, bromeando. Romano tomó aire, adentrándose en el salón con prisa y sentándose en el borde del sofá. Cerca del otro, pero no tanto como la última vez.
Ambos se quedaron en silencio. El único pensamiento que pasaba por la cabeza del italiano era que necesitaba aclarar sus sentimientos. No necesariamente con Antonio... pero eso le haría las cosas más fáciles.
"¿Estás bien?" La voz del moreno sonaba más gentil tras aquel breve silencio.
"Estoy bien. Todo bajo control." dijo tercamente el menor. Una mano acarició la mejilla ligeramente hinchada del italiano, donde había sido golpeado. "Lo tenía todo bajo control." Repitió, pero no se apartó de la caricia. La mano se alejó por sí sola.
"Me confundes." dijo rotundamente. Romano le miró con curiosidad. Interesante manera de cambiar de tema. "Me mandas señales contradictorias."
Oh. Así que sus pensamientos se dirigían hacia el mismo sitio. El italiano aún tenía que pensar sobre sus sentimientos... o más bien aclararlos. No supo que responder, así que simplemente se giró hacia la televisión. Daban una estúpida ópera, y encima mal hecha.
"Sólo me gustaría saber, ya sabes... Si debería seguir intentándolo," Antonio le presionó. Era bastante obvio que estaba más serio de lo normal. Ni siquiera había usado el pequeño apodo que le había puesto a Romano.
El rostro del italiano se calentó. El mayor estaba intentando crear algo entre los dos. Y él era el único que lo estropeaba todo. ¡Pero el aún era un adolescente! ¡O algo así!
"Yo..." El castaño se detuvo. ¿Qué pretendía decir? "Yo creo... ¿Qué no estoy preparado para una relación seria?" Ya no sabía ni que decía. ¡Claro que estaba preparado para una! Especialmente con él. Su corazón se lo indicaba, pero su cabeza era la que lo negaba.
"¿Es por la edad? Tienes dieciocho, ¿no? Yo tengo veintiuno... No es ilegal..." Parecía que el español había volado por unos momentos hacia su pequeño mundo.
"¡N-no es eso! Yo no... Yo creo que..." Tartamudeó el menor. Era totalmente consciente de que expandía aquel sentimiento por todo su cuerpo. Debería haber tomado una ducha. A la mierda. Decidió escupir lo que su cabeza le decía. "No soy lo suficientemente bueno." Susurró esas cinco palabras tan débilmente que el otro tuvo que acercarse para escucharlo. Pero hicieron un efecto muy fuerte tanto en uno como en el otro.
Un tenso silencio les invadió de nuevo. Bueno, tenso para el italiano. Probablemente uno incrédulo por parte de Antonio. Podía sentir prácticamente las vibraciones burlonas que el otro desprendía.
¡No es que fuera un estúpido, sólo tenía miedo a ser rechazado!
"Eres..." El español dudó por unos instantes. "¡Oh, Lovi~!" se lanzó a abrazar con fuerza al pequeño italiano.
"¡Oye!" Romano gritó al verse rodeado por los brazos del otro. Tenía la cabeza apoyada en el pecho español; el mentón de Antonio descansaba sobre su pelo.
El adolescente sintió el ritmo su corazón al apoyarse ahí. Iba incluso más rápido que el suyo...
Y entonces fue cuando lo supo.
Por muy cursi que suene, ahora sabía que había nacido para decirle a este hombre lo mucho que le quería.
Miró hacia esos ojos verdes. Brillaban como la raíz de una rosa. Las rosas simbolizaban la pasión que indudablemente un español enamorado le mostraría. Estaba bastante nervioso al pensar en aquello.
"¡Esa es la cosa más absurda que jamás he oído!" Antonio le dio un beso en la frente felizmente.
"¡No lo es, bastardo!" Romano intentó empujarle poniendo las manos sobre su pecho, tratando de parecer enfadado. Pero no consiguió moverle demasiado lejos, porque unos labios chocaron contra los suyos.
El italiano se congeló, pero se fue derritiendo lentamente dentro de ese beso.
El español tomó ambas manos de su acompañante y, gentilmente, le levantó del sofá. El beso no se rompió, ya que el menor empezó a caminar hacia atrás, dirigiéndose a la habitación de donde vino.
El beso se rompió tan sólo por unos instantes, cuando Antonio jadeó, "Tu llamada."
Unos ojos miel señalaron hacia la cama, moviendo su cabeza y así, volviendo a besar al español con mucha más energía.
-El título del capítulo y la frase "He nacido para decirte que te quiero", pertenecen al grupo Secondhand Serenade. He estado escuchando Your call y es preciosa (L).
La parte donde Antonio le dice el título de la canción no me parece muy convincente, pero no quería cambiarlo, ya que dice eso por la influencia de la canción.
¡En fin, yo creo que ha estado bastante bien~!
-Respuestas a Reviews:
Merlina-Vulturi: ¡Pues mira! Este cap. se me ha hecho muy ligero y no he tardado en traducirlo, además el último te dejaba un poco frío xDDD.
¡En fin, espero que disfrutres este capítulo!
Gracias por el review ;D.
