CAPITULO 7: "Una serie de sucesos en el mes de julio"
And don't be alarmed if I fall head over feet
Don't be surprised if I love you for all that you are
I couldn't help it
It's all your fault
Head Over Feet, Alanis Morrisette
14 de Julio.
Domingo. 9 am.
Los días estaban cada vez más calurosos. La luz de la tarde duraba unas horas más, y claramente ya no estaban en primavera. El calor les daba la bienvenida en todo su sudoroso esplendor.
Los domingos también se hacían más disfrutables para salir por las mañanas, a caminar al parque, hablar con los amigos, y recorrer con ellos calles abajo de camino a su templo favorito de perdición. Pero ninguno de los 5 jóvenes pensaba en nada de eso mientras recorrían las calles que los separaban del local de juegos de azar donde se encontraba su bien amado Pachinko.
- Creí que ya no vendrías a nuestros momentos de distensión dominicales, Hanamichi.- Comentó Ookusu mirando hacia atrás ladeando la cabeza.
- Si, un verdadero deportista debería estar entrenando a tiempo completo y no perder su tiempo con idiotas como nosotros.-
- ¿Estás loco? Sería como perder sus raíces, después de todo ¡él es el Rey de los Idiotas!-
Lo siguiente que Takamiya vio frente a si fue una enorme pantalla negra con muchísimas estrellitas de colores brillando, porque la inhumanamente dura cabeza de Hanamichi se había estrellado contra su cráneo hasta casi partirlo.
- ¡TEN CUIDADO CON LO QUE DICES TAKAMIYA IDIOTA! ¡ESTAS HABLANDO DEL TENSAI SAKURAGI!.-
La verdad era que Sakuragi extrañaba salir con su Gundam como en los viejos tiempos. Últimamente los preparativos para el partido de práctica contra el Ryonan los habían tenido tan ocupados que no había podido verse con nadie después de los entrenamientos. Y la verdad, era que un Tensai como él podía relegar unas horas de la mañana del domingo para dedicárselas a los plebeyos sin talento que tenía como amigos.
Yohei miraba sonriendo complacido en silencio. Estaba feliz de que Hanamichi hubiera salido con ellos esta vez, realmente extrañaba a su hermano entre el Ejercito de los Idiotas.
Seguían discutiendo a los gritos pero nunca saliendo del tono amistoso que conllevaba, cuando un grito desaforadamente fuerte los hizo voltear al unísono.
-¡¿QUE RAYOS ESTAS HACIENDO TU AQUI?!.-
Hanamichi sintió como su espalda era recorrida por un escalofrío conocidamente molesto. Esa voz también era conocida. Como confundir la irritante voz del mono del Kainan.
Kyota Nobunaga camino a pasos agigantados sin dejar de señalar con terrible mala educación al alto pelirrojo, que lo veía llegar con desgano en sus hombros caídos.
- ¡Creí que te habías muerto mono pelirrojo!.- Grito totalmente molesto
- ¡Deja de decir estupideces, idiota!. ¡Claro que no estoy muerto! ¡Estuve en rehabilitación y ahora estoy de vuelta!.-
- Mis plegarias no fueron respondidas, que decepción...- Dijo mientras su rostro se fruncía en disgusto.
Una catarata de insultos y lenguaje corporal obsceno se hizo presente entre los dos ozaaru. Yohei se limito a reir, rascándose la cabeza, mientras se ubicaba en la fila de gente mayor que había comenzado a formarse para ingresar a la sala de juegos. Sus amigos animaban la lucha como si se tratara de un encuentro de lucha libre.
Realmente, si Hanamichi no se trenzara en una pelea así, seria como si hubiese perdido sus raíces.
- No te creas tanto, mono. ¡Pronto será tu turno de perder contra mi!.-
- Hahaha, ¡¿crees que el Rey Kainan va a ser derrotado por un idiota pelirrojo como tú?!-
- ¡Este Tensai derroto al Sannoh!, ¡así que cuidado con lo que hablas, mono estúpido!.-
- Pero terminaron siendo derrotados en la segunda ronda...-
Ese fue un descarado dedo en la llaga. En la segunda ronda del pasado Campeonato Nacional, el Shohoku fue derrotado por el Aiwa. La fatiga y el cansancio extremo de haber jugado contra el Sannoh había sido demasiado para el equipo.
- Pero se convirtieron en leyenda, mono, no puedes negar eso.- La melódica voz de Yohei se hizo escuchar a medida que aparecía en el campo visual del numero 10 de la preparatoria Kainan.
- Si, es cierto, grabaron sus nombres en la historia.- Ookusu rememoro el extraño canto de aliento de Nori y los amigos pandilleros de Mitsui durante el partido.
- ¡Ya cierren la boca, montón de extras!- No le gustaba que le demostraran cuando no tenía razón, simplemente porque él JAMÁS se equivocaba.
El pequeño ozaaru hubiera muerto bajo una avalancha de puños sobre su cabeza si las puertas del local de juegos no se hubieran abierto en ese preciso instante.
El Gundam entro corriendo junto con el resto de jugadores empedernidos que habían empezado a juntarse detrás de ellos, aprovechando para reír con el espectáculo cómico que se desarrollaba en la entrada.
Hanamichi estaba comenzando a caminar hacia el interior del edificio cuando la voz calmada de Nobunaga Kyota lo detuvo.
- Su próximo partido es contra el Ryonan, ¿no es así?
La roja cabellera giro en torno al muchacho mas bajo. La mirada de Hanamichi se endureció cuando escucho el nombre de su próximo rival. Más aun cuando no notó sorna ni burla en la voz de Kyota.
- Si, es contra Ryonan. ¿Por qué? ¿Ahora eres un espía trabajando para ellos?-
- ¡No seas idiota, mono pelirrojo!.-
- ¡Hanamichi!, ¡Takamiya le pego al gordo! ¡ven y contágiate de su suerte!.- El grito escandaloso de Ookusu se escucho desde el interior del edificio, seguido de exclamaciones, risas y maldiciones también de todos los presentes que rodeaban al obeso integrante del Gundam.
Sin embargo, la mirada café del alto muchacho seguía clavada en los negros ojos del ex novato de Kainan.
- Será mejor que entrenes duro, idiota. Ni Sendoh o Fukuda te la van a dejar fácil.- Dijo dándose la vuelta.
Extrañamente, no había sonado a burla. Extrañamente, no se lo había dicho con su acostumbrado tono de eterno sarcasmo. Había sonado casi, casi como un consejo. Como una advertencia.
Advertencia totalmente innecesaria, porque él era el Tensai, y ahora que había regresado al Shohoku, su equipo no tenia nada que temer. El cubriría el enorme hueco dejado por el Gori cuando egreso. El se encargaría de convertirse en el nuevo pilar del equipo. Y la fuerza del equipo que enfrento al Sannoh volveria a hacer historia.
- Cierra la boca, siéntate y observa como destrozamos al Ryonan, estúpido chimpancé.-
Lo dijo exactamente en el mismo tono de voz que Kyota había usado. Solo provoco que el muchacho lo mirara de reojo, sin que dejara de caminar en la dirección contraria. No importaba que lo ignorara, había escuchado el mensaje.
Se lo diría a Maki. Y Maki iría al partido. Era perfecto. Todos serian testigos del regreso del Gran Hanamichi Sakuragi.
- ¡HANAMICHI! ¡VEN PRONTO! ¡TAKAMIYA ESTA PRENDIDO FUEGO!.-
Y el pelirrojo entro con tranquilidad al edificio, con intención de seguir pasando la mañana con sus amigos.
Go on and get up offa my block
get up offa my block, because
love is there if you'd just open up 2 it
if you'd just believe your whole world would change
New power generation, you've got to rearrange. We've got
we r the new power generation, you've gotta give up all the fight
we gotta try 2 love one another, baby. we r the new power generation
We r the new power generation
El sonido separado en compases totalmente asimétricos y atonales sonaban en sus oídos a un volumen no muy sano. El parco kitsune no entendía realmente por que esa canción le gustaba tanto.
La larga y nívea mano se movía al ritmo del compás marcado tanto por los acordes, como por los golpeteos de la baterìa escuchándose de fondo.
Era una banda anticuada. Banda que Prince formo cuando se había disgustado con su grupo anterior. Y ese primer sencillo había hecho un éxito sin entender realmente como. Y sin entender como, en verdad, le encantaba esa estúpida melodía.
Le recordaba a él mismo. Sus propias frustraciones. Sus propias virtudes. Sus muchas virtudes, por cierto.
Y entonces frunció el entrecejo. Porque si le recordaba a el mismo, por simple escala lógica, le recordaba a él.
Ese idiota pelirrojo...ese do´aho...
Sacudió la cabeza cuando otra imagen llego a su mente como un baldazo de agua helada. Lo había olvidado por completo desde el partido contra el Sannoh. Eiji Sawakita era el que pudo acaparar todos sus pensamientos desde ese día, y prácticamente se había olvidado de su existencia. Hasta ese momento. Iba a enfrentarse nuevamente con Akira Sendoh.
La última vez que había jugado en un partido oficial contra él había sido en las eliminatorias del Torneo Estatal. Y luego de eso, ese uno contra uno, el que le dio las pautas para superar al propio Sawakita.
Y ahora iba a ser una merecida revancha.
Los helados ojos azules se entornaron, dejándose cubrir por las hebras negras y brillosas que caían sobre su rostro casi con gracia.
La brisa dándole en la cara, al contrario de mantenerlo alerta mientras manejaba su bicicleta, parecía darle una conocida sensación de somnolencia. Los calidos rayos del sol sobre su espalda tampoco le hacían mas fácil el trabajo.
Fue así como quedo dormido, otra vez como era costumbre, chocándose contra el parachoques de un auto estacionado.
Otra vez, y sin saber como los milagros lo seguían a sol y sombra, salio ileso.
21 de julio.
Domingo. 9 a.m.
Abrió los ojos perezosos, tratando de apagar inútilmente y sin fuerzas el despertador que insistentemente sonaba con el cacareo de un gallo.
Froto su rostro bronceado entre sus amplias manos, bostezando con fuerza, desplegando sus piernas largas y torneadas como un enorme gato colorado.
El agua helada de la canilla fue como un segundo despertador contra su piel, terminando de despabilarlo. Se miro al espejo con una extraña sensación subiendo por su vientre, entrando en el esternón, siguiendo por cada recoveco de su pecho. Cuando se dio cuenta de lo que era, simplemente estaba sonriéndose a si mismo, reflejado en el cristal frente a sus ojos.
El Tensai iba a regresar a la cancha. Ahora, era oficial.
Miyagi se removía nervioso sentado cruzado de brazos sobre una banca de madera dentro del vestuario.
Cuantas veces había visto a Akagi en esa misma situación, sin comprender en aquel momento el sentimiento de enorme responsabilidad que debía haber tenido, mezclado con la creciente adrenalina que desde hacia horas recorría cada centímetro de su cuerpo.
Era su primer partido como Capitán del Shohoku. Cada entrenamiento se vería reflejado en ese juego de práctica contra Ryonan. Y lo que peor lo ponía, era que su contraparte exacta era Sendoh. Ambos jugaban de base. Ambos eran capitanes. La diferencia, es que Sendoh era considerado como un maldito genio...
Cerró los ojos con fuerza, intentando por todos los medios alivianar su ceño fruncido a medida que la respiración hacia subir y bajar su pecho a un ritmo acompasado.
Los ojos castaños de la hermosísima morena lo miraban desde la puerta. Tan compenetrado estaba en sus propios pensamientos que ni siquiera la había oído abrir el cerrojo. A ella, a quien era capaz hasta de sentir a kilómetros de distancia como si tuviera incorporado un radar exclusivo en sus sentidos.
- Estas sobrecargando tu cabeza, Ryota.- Dijo finalmente, buscando cortar el hilo de sus pensamientos.
-¡Aya-chan!.- Se dio vuelta al instante. Pero algo no estaba bien. Su rostro no sonreía bobamente como de costumbre, y el furioso color rojo de sus mejillas tampoco estaba presente.
- Si no te calmas, el equipo entero se pondrá nervioso. Ahora tu eres el pilar, Ryota. Es el deber del Capitán.-
Pestañeo varias veces, centrando a la bella chica en sus ojos. No era demasiado problema, después de todo, solo tenía ojos para ella. Pero esta vez lo hizo por otro motivo.
- Siento que si perdemos o ganamos, será mi responsabilidad.- Dijo de un tirón, como si pudiera sincerarse con ella.
Ayako comenzó a juntar unas planillas y apilarlas sobre el banco donde Ryota estaba sentado. Se acomodo a su lado conservando una respetable distancia.
Y fue entonces cuando saco su sacrosanto abanico de papel, estrellándolo contra la cabeza de su Capitán.
- ¿Acaso las palabras de Ansai-sensei nunca se te grabaron en esa cabezota que tienes, Ryota?.-
- ¡¿Eh?.- Masajeaba su cráneo enérgicamente. Nunca terminaría de entender como un trozo de papel era un arma similar a un bate de baseball en manos de su amadísima Ayako.
- "Ustedes son muy fuertes". Eso es lo que siempre les ha dicho Ansai-sensei.- Su rostro se puso serio al pronunciar esas palabras.
Y Ryota recordó todas y cada una de las veces que su entrenador se los dijo. Que la experiencia, energía, velocidad y coraje se cimentaban de tal forma que hacían al Shohoku un equipo increíblemente fuerte.
Pero esos cimientos ya no estaban. Akagi y Kogure ya no estaban.
- La situación cambio, Ryota. El Capitán Akagi y Kogure se graduaron. Pero aún estas tú. Mitsui. Rukawa y Hanamichi Sakuragi, que regreso al equipo.- Y sonrió, como siempre, como Ryota amaba en ella.- Seguimos siendo muy fuertes.-
Los ojos pardos del muchacho se abrieron de par en par ante tal declaración. Sus labios se curvaron en una media sonrisa, increíblemente sin sonrojarse.
Sintió los pasos de los muchachos del equipo tras su espalda a punto de entrar por la puerta del vestidor.
Eran fuertes.
Moiichi Taoka se había cruzado de brazos hacia media hora, mirando cada periodo de diez segundos las manecillas de su reloj pulsera. Era el colmo. El colmo de todo para ese muchacho idiota. Los muchachos del equipo se preparaban en silencio, como si esperaran que la mas minima chispa encendiera una hoguera para la ejecución de su Capitán como si se tratara de una victima en una caza de brujas.
Suspiró con fuerza y resignación impropia en él. Sentía el temblequeo del piso de madera bajo sus pies, y sabia que eran las firmes pisadas de ese grandísimo estúpido.
Comprendió entonces por que, en la vida, se había sentido tan triste pero seguro de la decisión que había tomado días antes...
El altísimo muchacho abrió la puerta de par en par cuando entro con las mejillas apenas sonrojadas por la corrida que hacia horas había comenzado para llegar a tiempo, cuando se quedo dormido por apagar el despertador.
- ¡Lamento la espera muchachos! ¡Lo lamento entrenador!- Su mano derecha se posiciono bajo su nariz, en su ya clásica pose de disculpas.
El silencio heló la sangre de los presentes esperando que la Teoría del Big Bang explicara la creación de un nuevo universo por la acumulación de adrenalina y energía negativa en el cuerpo de Taoka. Pero no sucedió.
- Es hora del calentamiento. Salgan todos.- Dijo. Y salió primero hacia la puerta. Sendoh solo pudo seguirlo con la mirada con la profunda intriga plasmada en su marfileño rostro.
Se hincó de hombros y dejando el bolso se preparo, siguiendo a sus compañeros hacia la cancha.
- Capitán Sendoh...- La extrañamente cálida e infantil voz de Hikoichi sonó a sus espaldas, deteniendo sus pasos.
- ¿Qué pasa, Hikoichi?- Volteo medio cuerpo, mirando hacia abajo, buscando los enormes ojos del molesto y tierno pequeñín.
Como decirle que veía actitudes extrañas en el entrenador y que realmente sentía que debía cambiar su actitud tan despreocupada?. Era difícil decirle eso a un Sempai. Más aun a un Sempai como Sendoh.
- No te preocupes Hikoichi. No vamos a perder este partido por nada.- Su sempiterna sonrisa hizo su aparición curvando sus labios.
Shinichi Maki se acomodó en uno de los asientos libres de las tribunas, asegurándose de tener una excelente vista de todo el campo, ansioso por ver el regreso de Sakuragi, debía admitirlo. Kyota hizo lo mismo, así como Takazato.
Kenji Fujima, Tooru Hanagata, incluso alumnos de la prefectura de Aichi como Dai Moroboshi se hicieron presentes, esperando ver el resurgir del equipo que había vencido al Sannoh. Querían ver si el Ryonan había mejorado lo suficiente para vencerlos y cobrar revancha. A diferencia de su primer partido de práctica, la fama de ambos equipos había crecido, así como la expectativa en todos sus rivales.
Y así, salieron a la cancha. Rojo y azul. Colores perfectamente diferenciados. Uniformes oficiales ambos. Y comenzaron a calentar.
La amplia sonrisa de Sendoh se intensificó cuando distinguió la cabellera roja entre los integrantes del Shohoku. Y no dudó de quien era cuando lo vió acercarse a pasos agigantados.
- ¡Puercoespín! Espero que no tengas pensado ganar este partido, porque no será agradable irte llorando a tu casa.-
- Bueno, trataré de no esperanzarme demasiado, Sakuragi. Bienvenido.-
Era tan, pero tan terriblemente irritante la forma en que le respondía y lo hacía quedar como un idiota cabeza de salchicha, que al sentir como su sangre hervía apenas notó los gritos de Ryota desde la otra punta de la cancha para que dejara de hacer el ridículo y se pusiera a calentar.
Y entonces algo llamó la atención de ambos.
- ¡Pedazo de zoquete! ¡Si te llegan a expulsar por causar alboroto voy a patearte tan fuerte que tendrán que separar mi pié de tu trasero con un sacabocado!-
La catarata de carcajadas resonó en todo el estadio. Sendoh casi se atraganta con su propia saliva ante tal dicho, reconociendo la voz que había pronunciado tal sentencia, y viendo como el pelirrojo se hundía de hombros solo para darse vuelta y correr colérico a donde estaba la morena de ojos ámbar.
La cabellera oscura se sacudía ligeramente desde las tribunas. Kazuki tenía el cabello recogido, usando una camiseta tres cuartos con la máscara esfumada de Darth Vader...Si. Esa chica definitivamente no era normal.
No pudo evitar observarlos juntos. Hacía tiempo que al menos la observaba a ella. Solían reunirse una vez por semana o más para jugar si coincidían en la cancha. Casi se había vuelto costumbre en esos meses.
¿Se estaban golpeando?... Si, si estaban, ¿cómo podían tratarse de aquella forma? Claramente esa chica no era normal. Tenía salidas que lo descolocaban, por más que solo demostrara sonreír. No había notado que, inconscientemente, encontrarla sentada en el último vagón del tren era una de las razones por las que se apresuraba a salir de la práctica.
- ¡Gata apestosa! ¿Cómo se te ocurre gritarme eso? ¿Acaso no sabes que soy el...-
- El Tensai Sakuragi y es tu partido de regreso...y ya vete a calentar, pelirrojo haragán...- Sentenció besándole la frente, provocando más de un murmullo.
Nadie había visto nunca a Kazuki cerca del pelirrojo, y que de repente notaran a una muchacha tan cercana a él no era algo para dejar pasar.
No sabía que Sakuragi tenía novia.- Takasago miraba sorprendido la escena.
No sabía que era normal insultarte con tu pareja…- Maki respondió conteniendo la risa.
No puedo creer que ese idiota tenga novia…- Sentenció Kyota frunciendo el ceño. No podía perder en eso. Claro que no.
Fue entonces que Kazuki levantó la vista, y notó a su compañero de tardes en las cinco estaciones del tren. No pudo evitar sonreírle, devolviendo el gesto que desde la lejanía notaba en él.
La vio lanzarle una amplia sonrisa, agitando su blanca mano desde donde estaba. Como si fuese difícil encontrarlo con su cabello.
Escasos tres minutos, y el partido daría comienzo.
El numero 10 se exhibía sobre el rojo furioso de su camiseta, únicamente superado por el cabello de su portador, que comenzaba a crecer nuevamente.
El número 11. Los ojos helados de Kaede Rukawa no habían cambiado en lo más mínimo...pero sabía, sentía, que iba a ser el triple de difícil de superar esta vez. Mucho había pasado...
Hacía casi medio año que había jugado contra el por última vez, en aquel partido en el que le habían arrebatado la ultima silla para la participación del campeonato nacional.
Pero esto era diferente. Esto era un partido de práctica como la primera vez que se habían enfrentado. Y lo cierto era que a nadie a beneficiaría tanto como a él. Porque estaba decidido. La duda que lo atacaba desde hacía días, se había aclarado segundos antes, cuando vio la extraña pero absolutamente verdadera demostración de afecto entre los dos muchachos de Shohoku.
Estaba acostumbrado a tratar con chicas. Pero Kazuki no era para nada parecida a las otras chicas. Por eso, su mejor opción era Sakuragi.
La bocina anunciando que el partido daba comienzo había sonado estruendosamente. Sin Uozumi y sin Akagi, el salto inicial quedaba en manos de Fukuda y Sakuragi. Balón para el equipo en uniforme rojo.
Fue Ryota quien recibió el balón, su debut como capitán. Mostrándose tranquilo, dribleaba como siempre lo hacía, con total confianza en si mismo, y transmitiendo ahora esa misma confianza a sus compañeros de equipo.
Comenzó a avanzar por la duela a paso acelerado. Así, el gran Akira Sendoh salió a su encuentro.
Debía recordarse a sí mismo que había sido capaz de derrotar a Fukatsu. Pero Sendoh era Sendoh. Y en todo ese tiempo que él había entrenado para ser un buen capitán, Sendoh también lo habría hecho. Y así era.
Pasaron quince minutos del primer tiempo, y el marcador no pasaba de los cuatro tantos por equipo.
Rukawa comenzaba a impacientarse. Pero el pelirrojo lo hacía aún más. Miraba a Sendoh con verdadero recelo. Algo no andaba bien. Ellos no podían anotar con facilidad. Pero Ryonan tampoco lo hacía. No porque no los dejaran. Sino porque no buscaban llegar. Sendoh no lo hacía.
No estaba jugando mal. Pero no estaba jugando con todas sus fuerzas. No era el Akira Sendoh que recordaba. El que estaba esperando, lo recibiera con un verdadero reto.
Rukawa no reconocía a su antiguo rival. Creía que el orgullo de Sendoh no le permitiría ir empatados. Algo no andaba bien. Desgraciado...debía ser una estrategia de su parte... Y creyó comprender cual...
Pasados 20 minutos, el primer tiempo terminó. Marcador: 16 a 18, favor de Shohoku.
- ¿¡Que rayos les está pasando!?- La potente voz de Taoka parecía perforar los oídos de sus alumnos- ¿¡Acaso entrenaron toda la primavera para nada?.-
- No se preocupe entrenador.- Sendoh habló por primera vez en todo el partido.
- Sendoh...será mejor que borres esa sonrisa de autosuficiencia de tu rostro y te pongas serio, si no quieres terminar como la última vez.- Taoka dejó de gritar. Esta vez era enserio.
- Entrenador...no vamos a perder.- Su sonrisa se ensanchó aún más. Sus ojos, en cambio, no lo hacían.
Otro era el ánimo en el vestuario del equipo rojo. Ryota tenía dificultades para permanecer calmado, sin demostrar que estaba eufórico por ese punto de diferencia, que consideraba un logro.
Los rostros de Hanamichi y Rukawa eran un contraste total con respecto al de sus compañeros. Estaban a la espera, sabían que el cambio vendría en este segundo tiempo.
Silbato inicial. Segundo tiempo contando desde veinte minutos.
Los dos muchachos de segundo año sabían que el ritmo iba a cambiar. Y así fue. Sendoh comenzó a demostrar porque lo llamaban genio.
Y sin embargo... Hanamichi estaba fúrico. No la furia propia de un niño que no quiere perder. Era de otro tipo. La que hiere el orgullo.
El pelirrojo estaba decidido a saber qué demonios estaba sucediendo. Por eso esquivó a uno de sus atacantes, se quitó de encima a Koshino y Fukuda sin mayores dificultades, porque tanto entrenamiento habían verdaderamente rendido frutos en sus movimientos. Se dribleó al recibir un pase de Kakuta. Hasta que cruzó la cara de su enemigo. El rostro blanco níveo sonriendo como una copia de la Mona Lisa, enigmática e irritante. Su voz clara y grave resonó exclusivamente para sus oídos, como cuidando que sea una charla privada entre dos rivales.
- ¿Éstas son las nuevas habilidades del Tensai Sakuragi?- Amagó a quitarle el balón, en un susurro.
- ¡¿Qué dices?!- la pelota rebotó lejos cuando la pasó a un compañero suyo. Sus ojos cambiaron de expresión a los de un felino a punto de saltarle al cuello a Sendoh con las garras extendidas.
- Ahá...-Prosiguió. Estaba logrando su cometido- Deja mucho que desear tu jugada, mucho más con tu chica mirándote...-
Hanamichi se quedó consternado unos segundos y enseguida miró a la tribuna donde yacían los alientos de Kazuki.
Sendoh dio en el blanco. El pelirrojo estaba entendiendo a quien se refería. Tenía que comenzar así su diálogo. No estaba del todo seguro de que fuera amistad lo que realmente unía a esos dos. Según Kazuki así era, pero siempre sería mejor corroborar el terreno desde ambos flancos.
- ESO, no es mi chica.- Dijo casi gritando de incredulidad.- ESO, es mi mejor amiga.-
"ESO" pensó Akira antes de hablar. Debía ser cierto. Estaba seguro de que ni siquiera Sakuragi sería tan bestia de llamar de esa forma a su novia... Bien, terreno verificado. Hora de actuar... - Pues tu potencial no es mucho que digamos.-
- ¡Ni el tuyo! ¡En lo absoluto!-
El partido continuaba, corrían tras el balón. Pronto se cumplirían los 30 segundos si no anotaban o el balón no pasaba de bando. Y la segunda no contaba como opción.
Y sin embargo, eso fue lo que finalmente ocurrió. Tenía algo que demostrar, y su orgullo dormido hasta ese momento estaba comenzando a despertarse de su corto letargo... Fue así que Sendoh tomó el balón nuevamente, a la vez que la conversación con Hanamichi proseguía.
- Te propongo algo, Hanamichi Sakuragi-
Arqueó una ceja. Sus ojos café se centraron en los azules del capitán de Ryonan.
- Que quieres, puercoespín-
Sakuragi...eres tan predecible que das miedo...- Jugaré con todo mi potencial, si tu me arreglas una cita con esa chica llamada "ESO".- Dijo finalmente, volviendo a sonreir.
Sus cuencas se abrieron de par en par por la sorpresa, no se esperaba eso en lo más mínimo...jamás...
- ¡¿Que qué?! - Akira pasó la pelota y Hanamichi salió tras de ella, al igual que él.
-Asi es. Lo que oíste Sakuragi. Consígueme una cita con Kazuki, y jugaré con todo lo que tengo, como merece un Tensai como tu.-
Y eso fue todo...tocó en la tecla indicada. En el lugar preciso. En el orgullo de Hanamichi. Fue como si una enorme sucesión de campanadas se dieran tras su cabeza al escuchar a Sendoh llamarlo Tensai.
- ¡HAHAHAHAHAHAHAHAHAHA! ¡Pues entonces DALO POR HECHO!, ¡El Tensai Sakuragi lo hará!.-
El partido se quedó congelado al escuchar el rugir de ese colorado molesto pero talentoso, al igual que la tribuna. Kazuki no pudo evitar que una enorme gota de sudor corriera por su cabeza al verlo hacer el ridículo...pero debía reconocerlo, ya nada le sorprendía de ese encefalograma plano pelirrojo...
- De acuerdo - fue cuanto sentenció, su mirada cambió, al igual que la posición de sus pies y salió a arrebatar el balón, sin piedad.
Pase. Tomaba el balón. Pase. Tomaba el balón. Burló a Ryota. Rukawa quedó atrás. Anotación...el partido estaba empezando finalmente para Sendoh.
Aún así, aun cuando todo ese entrenamiento no fue en vano. El marcador dio a conocer a un vencedor. 93-88. Favor de Ryonan.
Rukawa había jugado excelente. Mostrando trabajo en equipo del que antes carecía. Pero no había caso. El tiempo que había dedicado a entrenar en el Seleccionado Nacional lo habían alejado del equipo y no había logrado reconectarse con el resto de sus compañeros.
Hanamichi había estado estupendo. Su lesión totalmente recuperada. Pero haría falta mucho más entrenamiento.
Y Ryota...había hecho todo lo posible, y aún quedaba mucho por hacer. Todo eso se resumió en las palabras de aliento del Profesor Anzai mientras hablaba con sus alumnos en el vestuario luego del partido, levantándoles la moral luego del primer juego amistoso de la temporada, que habían perdido.
Un par de bellos ojos ámbar buscaban a un pelirrojo en los pasillos que llevaban a los vestuarios. Seguramente iba a querer golpear muchos objetos inocentes, y sería mejor estar ahí para atajarlo.
- ¿Esperando a Sakuragi para darle consuelo?-
Giró sobre sus talones sorprendida. La alta figura de Akira Sendoh estaba frente a ella. De uniforme deportivo de su instituto, con el bolso colgando de un hombro y las manos en los bolsillos. Le devolvió la sonrisa rascándose la mejilla con gracia.
- Es preferible estar prevenidos que dejar que la bestia desate su ira contra lo primero que se le cruce en el camino-
- Vamos, ya no es el mismo Sakuragi que era antes. Ahora es todo un deportista-
- Si, Hanamichi es un deportista. Pero no quita que sea un bruto-
Rieron ambos. Sabían que había una total verdad en sus palabras.
- Se nota que entrenó muy duro-
- También tu lo hiciste. Realmente jugaste excelente Sendoh- Dijo con entusiasmo.
La observaba mientras su voz entraba por sus oídos. Su tono claro y transparente, mezclado con su risa. Definitivamente quería salir con esa chica. Pero iba a depender de él mismo...ese mentiroso de Sakuragi.
- ¡Pídeselo tu mismo!- El pelirrojo estaba absolutamente cabreado.
- Sabes Sakuragi, no tengo buena memoria, pero estoy seguro de que habíamos hecho un arreglo...y al menos yo cumplí con mi parte.- No era de las personas que se enfadaran. Ni remotamente. Pero estaban faltando a la palabra, y eso no era de su agrado.
- ¿Acaso quieres que la chica que te gusta piense que eres un cobarde y flojo que le pide a otra persona que la invite a salir por ti?- Escupió de un tirón, mirándolo fijo.
Abrió los ojos de par en par. "La chica que te gusta"...nunca lo había pensado de esa forma. Kazuki le había parecido interesante desde el principio. Porque justamente, era diferente a todas las colegialas tontas que se le arrojaban a los pies. Pero nunca lo había analizado por ese lado. Nunca tampoco nadie le había gustado. No era de la clase de persona que se fijara en el sexo opuesto para algo mas que flirtear.
- Sakuragi...-
- Conozco a Kazu mejor que nadie, puercoespín. Si le digo que quieres salir con ella, no solo me golpearía por perro faldero, sino que te diría "Sendoh eres un cobarde por no venir y decírmelo en la cara".-
La imitación de Kazuki era tan acertada que realmente daba risa. No pudo evitar reír. Ese pelirrojo idiota tenía razón después de todo.
- ¿Sigues vivo ahí dentro?-
Los ojos de la joven denotaban cierta preocupación cuando notó que no respondía a pesar de que lo llamaba por su nombre.
Sonrió. Era obvio. Era un juego. O algo parecido a un juego, porque ni siquiera las chicas le interesaban, pero había algo en ella que si. Algo que le llamaba la atención como un niño curioso a lo desconocido.
24 de Julio.
Martes.
Miró el reloj pulsera con desgano. Zoquete desconsiderado... Llevaba media hora de retraso. ¡Y estaba a 10 calles! Se tiró con desgano y molestia contra la reja, produciendo un sonido metálico parecido a campanadas ahogadas, que se extendieron por todo el alambrado.
Entorno los ojos claros, torciendo los labios. Nunca se detuvo a pensar en que era totalmente inútil mostrar signos físicos de molestia, puesto que la persona con la que deseaba descargar un pelotazo en pleno rostro no había llegado...
Encima de todo, ¡había sido SU idea la de jugar un partido a esa hora! Parecía que tenia ganas de jugar, aun después del increíble partido contra Shohoku, hacia solo dos días.
Sonrío al recordar el rostro de Hanamichi cuando corría con todas sus fuerzas y ganas. El ex Capitán Akagi no dejaba de llamarlo idiota. Pero era sumamente gracioso notar que estaba orgulloso como un padre que ve jugar a su hijo.
Fue una lástima que haya tenido que dejar el equipo por haberse graduado. Ese sujeto era el verdadero pilar del Shohoku. Igualmente por Kogure, que se sentó a su lado. Fue mucho más accesible para hablar.
Y en ese momento algo la saco de sus recuerdos. Y un espantoso escalofrío le recorrió toda la espina dorsal, desde el comienzo de la cadera hasta terminar en su nuca, erizándole los cabellos. ¿La luz había parpadeado? O tal vez había sido su imaginación.
Miraba con suma desconfianza las múltiples farolas de la calle. Por suerte vivía en una prefectura que se ocupaba de los servicios públicos de iluminado callejero.
Se sentó en la fría duela, busco su celular dentro de la mochila para ver si había enviado algún mensaje. Volvió a suspirar con fuerza. No podía ser tan idiota como para olvidárselo...si...si podía...su celular estaría seguramente descansando apaciblemente sobre su mesa de noche.
Revolvió la sedosa melena negra con una mano. Esperaría 15 minutos más. Luego de eso su paciencia iba a agotarse, y definitivamente, Akira Sendoh podría irse directo al demonio.
El entrenamiento había terminado hace rato, estaba oscureciendo, y en lo único en que podía pensar era en salir corriendo de la acogedora oficina de Moiichi Taoka.
Se revolvía nervioso en la verdaderamente incomoda silla de madera. Aun recordaba la conversación que había tenido con su entrenador hacía varias semanas. Y el hecho de encontrarse en el mismo lugar físico donde ocurrió no lo ponía del todo alegre...
Miro el reloj con preocupación. Ya eran cuarenta minutos de retraso. Le había mandado cinco mensajes avisándole, y nunca recibió respuesta.
...Te lo olvidaste en casa, ¿no es así?... suspiro resignado. Iba a tener que prepararse para una gran, MUY gran catarata de insultos.
- Lamento la espera, Sendoh.- La voz de Taoka sonó como campanadas de extraño alivio a sus espaldas. Mientras más rápido le dijera lo que tenía pensado, mas pronto se iría.
Lo vio sentarse con parsimonia en su, aparentemente mucho mas cómoda, silla acolchonada. Lo miro seriamente mientras sacaba unas cuantas hojas de la carpeta negra sobre el desordenado escritorio. Se consideraba una persona sumamente paciente, pero si no abría la boca en los siguientes 5 segundos, iba a gritar...
- El partido del domingo fue excelente, Sendoh. Eso es una costumbre en ti, la estrella del equipo.- Dijo apoyando levemente el grueso mentón en las agrietadas manos.
- Muchas gracias, entrenador.- *Si me hizo perder 50 minutos de mi existencia por decirme esto voy a sentirme muy, muy enfadado...*
- Evidentemente no soy el único que lo piensa.-
*Todo Kanagawa lo piensa, entrenador...y no lo digo por falta de modestia.*
Entre los papeles desparramados sobre el escritorio, apareció uno que llamo particularmente su atención.
Tenia un conocido logotipo en la esquina izquierda del sobre blanco, como en marca de agua, delicadamente legible. UCLA.
Abrió los ojos de par en par cuando identifico a su entrenador como el remitente. Sentía como su pecho latía a todo galope, amenazando su corazón con salírsele por la boca.
Su pie derecho comenzó a temblar contra el piso como siguiendo el ritmo acelerado de música inaudible, mientras sus labios se secaban. Disimulo bastante bien, porque Taoka no se había dado cuenta de nada.
- Hay una razón especial por la que te llame, Sendoh. Y es precisamente por eso. Porque hay alguien más que piensa que eres excepcional como jugador. Un genio sin lugar a dudas.-
*Bien, si no te calmas, corazón, vamos a terminar muriendo antes de graduarnos, antes del próximo partido, y antes de que Taoka nos de la noticia.*
- No comprendo, entrenador.- Si se lo proponía, realmente podía actuar terriblemente bien.
- Llego una carta de la UCLA, supongo que no necesitas que te explique que siglas son esas, ¿verdad?- Sus avejentadas pero firmes manos morenas le pasaron la carta cuidadosamente doblada.
El liviano papel se sentía tan bien al tacto. Leyó palabra por palabra, al tiempo que Taoka se lo contaba casi como si supiera el contenido de memoria.
Lo querían. Le estaban ofreciendo una beca universitaria completa en la Universidad de Los Ángeles. Sin lugar a dudas, la siguiente parada después de una de las más prestigiosas universidades de Estados Unidos era su sueño. El sueño de toda su vida. La posibilidad real de ingresar en la NBA.
- Yo...no sé qué decir...- No era mentira. Era la pura verdad. No sabia que decir. Porque correr en círculos como idiota gritando incoherencias en voz extrañamente aguda no contaba como decir algo.
- Lo lamento, Sendoh.-
...Eh?...Levanto la vista de la carta, aun con media sonrisa en su blanco y antes feliz rostro. Taoka había pronunciado unas palabras que nunca significaban nada bueno, en el contexto que fuere.
El aire se volvió frío, sus manos majaron la carta depositándola nuevamente en el escritorio. La sangre se heló en sus venas. Esto no iba a ser nada bueno.
Taoka se enderezo en su silla, guardando la compostura. Hablo lento y severo. Consciente de lo que expresaba, y realmente dolido, como si tomara la culpa que sentía con total aceptación.
- Lo lamento, Sendoh. Porque he dicho que no iras.-
Nunca supo cuantos segundos pasaron. Cuantos minutos. Nunca supo si Moichi Taoka siguió hablando después de esas palabras. Porque su ser ya no escuchaba nada.
Todo se volvió una pantalla en blanco y negro y tonos de grises. Sin sonido alguno. Un gran vacío delante de él rodeándolo. Algo que jamás había sentido. Nunca creyó que sentir sus sueños romperse en mil pedazos se sintiera como...nada...absolutamente nada. Porque no había palabras para describir lo que se gestaba en su pecho.
- Eres excepcional como ya dije, Sendoh. Podrías jugar en cualquier equipo de cualquier universidad y llegar a las ligas mayores en pocos años.-
*Tienes que estar jodiéndome...¿verdad?...Estas diciéndome esto, estas diciéndome que soy lo mejor que viste como jugador de basketball, que puedo hacer lo que me proponga, ¿¡Y RECHAZASTE MI ADMISION A LA UCLA?!*
- En...trenador...- Sus pensamientos no se formaban en palabras. Sus pensamientos no se formaban en acciones. Porque si lo hicieran, seria asesinato.
Tan solo lo miraba perplejo, sin expresión en su rostro mas que el de sorpresa por la declaración que aun no terminaba.
- ¿Recuerdas lo que te dije hace semanas, Sendoh?-
¿Que si lo recordaba? Su entupido discurso de padre preocupado lo persiguió durante casi dos meses taladrándole la cabeza en cada momento que dejaba de pensar en algo.
- Creo que si, lo recuerdo.-
- Pues, sigo pensándolo. Y en todo este tiempo no hiciste nada para cambiar mi mente. Y por ahora no lo hará, y es entendible.- Tomo aire, doblando la carta y guardándola en el sobre.- No dudo que logres, algún día, ser serio con respecto a algo Sendoh, y cuando eso ocurra, Estados Unidos te recibirá con los brazos abiertos. Pero no será hoy. Porque si no puedes tomar enserio un equipo de preparatoria como capitán del mismo, no puedes pretender dedicar tu vida en todo sentido al basketball profesional. No durarías ni una semana. Y no puedo permitir que te destruyas de esa forma.-
En resumidas cuentas...¿había rechazado su solicitud por considerarlo un irresponsable? ¿Por considerar que no tiene nada de valor en su vida? ¿Por considerar que jamás le fue sinceramente serio a algo?
¿Por pensar que hacia todo a medias?
Y sucedió. Un parpadeo, y todo quedo en la más profunda penumbra. Una noche sin luna ni estrellas. Todo parecía orquestado para que no hubiera ni la más mínima pizca de luminosidad.
No fue una baja en la tensión del edificio. Tampoco un cortocircuito.
Las ventanas tampoco proporcionaban luz. Miro hacia todos lados desconcertado, hasta que una cristalina voz sonó en su mente como una aterradora campanada alertadora.
"Llevo el cascabel porque me da miedo la oscuridad"..."Lo lamento, Sendoh. Porque he dicho que no iras.-" *Kazuki*...
- Se ha ido la luz.- La voz de Taoka lo hizo volver en si, era un apagón. Kazuki estaba sola en la cancha...Se asomo por la diminuta y única ventana que había en la oficinita. Todo estaba en penumbras. - Como sea...Sendoh, lamento tener que darte esta noticia, pero debes comprender. Mejor continuamos esta conversación mañana- Dijo levantándose. Al tiempo que Sendoh hacía lo mismo, con una velocidad felina.
Anduvo a tientas, habían algunas personas en el campus que llevaban linternas, podría perder el tiempo buscando una pero en realidad debía apresurarse a ir por Kazuki. Tomar el tren seria en vano, no había electricidad. Se paro en la vereda y respiro como si lo hiciera por primera vez.
Aquella sensación, tan horrorosa, solo serian 10 cuadras, solo quería llegar a la cancha, solo quería pensar en ella.
Estaba oscuro, recorrió las calles a cuanta velocidad le permitían sus piernas. Un grupo de muchachos se empujaba en la vereda del otro lado de la calle. Kazuki estaba sola, posiblemente sin poder moverse, aterrada. Era un maldito idiota.
- ¡Lo lamento!– Se disculpo con la respiración agitada cuando choco de frente con una muchacha, ni siquiera se detuvo a ver si la había lastimado. Sendoh doblo en la esquina y corrió calle abajo con el pecho adolorido y los sentidos muy alerta.
Cercano a la cuadra de la cancha no había nadie, el sonido leve era fácilmente audible. Entro jadeando, sudoroso y exaltado. Kazuki estaba ovillada en algún lugar de aquella oscuridad, solo tuvo que seguir el llanto y el sonido suave del cascabel.
- Kazuki...lo siento mucho...-no se detuvo ni por un segundo, el bolso cayo en el suelo con un sonido sordo y sus brazos larguísimos se cerraron alrededor del diminuto cuerpo tembloroso– Lo lamento, lo lamento...ya estoy aquí...-
La morocha se mantuvo estática por unos instantes, hasta que sus brazos, sin avisarle, reaccionaron hacia la persona que, claramente, la había ido a buscar. Se aferró a su ropa hasta lastimarse sus palmas. No habló mientras Sendoh delicadamente la incorporaba con un rictus de lamento.
Akira comenzó a salir de la cancha con la muchacha prendida de él. La sentía respirar, pero más tranquila que antes. Seguramente mientras avanzaran, Kazuki entraría nuevamente en su cuerpo y se normalizaría, ya que a lo lejos podía divisar unos faroles encendidos.
- Perdóname a mi... - susurró muy suave.
- ...¿Mmh?.
- Perdóname a mi. Esta no es la mejor cara que trato de mostrarle a mis amigos - repitió, con tranquilidad, elevando sus ojos, contestando a la declaración de su encuentro.
Sonrió lánguido. Era la chica más dura que había conocido, y aún así parecía un gatito mojado y aterrado cuando no había luz. Y por un momento, saber si estaba bien lo había hecho olvidar de la punzada que sentía hace media hora. Y que ahora volvía a sentir. Porque ese papel llegado de América seguía siendo real.
Caminaron un par de cuadras sin hablar. Kazuki habia comenzado a volver a su cuerpo y caminaba junto al muchacho que había corrido tantas cuadras con tal de llegar con ella. Con la mirada en el suelo, intercambiaba sus ojos miel entre los faroles que veía ya tan cerca con el perfil de Sendoh. Obviamente, sin levantar sospecha alguna. Además del basketball, parecía que había tomado clases de actuación sin lugar a duda.
- ...Disculpa... si te hice perder el tiempo.- acotó apenada.
- Por qué dices eso?- indagó.
- Pues... tu cara no refleja bienestar que digamos- dijo mirando hacia un costado.
- Discúlpame, pero cuando estemos bajo ese farol, estaré mejor - miró hacia el cielo y sonrió.
Pararon de caminar. Los segundos de silencio se tornaron incómodos para ambos. Sendoh no quería entrometerse tan abruptamente, más de lo que ya lo había hecho, según su razón como para ofrecerle acompañarla a su casa, que quedaba a solo unas cuantas cuadras de allí.
- Eh, nunca voy a dejar de decirlo, fue una buena inversión este cascabel - dijo como para romper el momento, y cuando Sendoh la miró de costado con la sonrisa que lo caracteriza, tembló. - Amh... bueno... de nuevo vuelvo a agradecer que justo hayas aparecido cuando se produjo el apagón.-
...Que justo hayas aparecido... Él justo no había aparecido, pero no era necesario que la chica lo supiera... de momento.
- No te preocupes... sólo te pediré una cosa - dijo serio.
Kazuki se heló.
-... Que también lleves una linterna contigo...Hahahahahahaha.- Y echó a reír con ganas genuinas.
La morocha frunció el entrecejo. Su habitual respuesta hubiera sido un golpe en la nuca. Pero las piernas le temblaban aún y francamente, el idiota era muy alto.
- No te preocupes, la próxima vez que me suceda algo así, meteré la cabeza en un hoyo directamente, rogando NO cruzarme contigo - Dijo cruzándose de brazos. Dignidad ante todo.
El joven la miro y su sonrisa se amplió un poco. Kazuki estaba apenadamente enfadada y eso lo divirtió más.
- Bueno, supongo que tendrás cosas que hacer, yo debo ir a comprar provisiones... así que, nos vemos - levantó el brazo mientras comenzaba a caminar.
- Chica orgullosa... - susurró para sus adentros. Cuando la vio lo necesariamente lejos, él también emprendió camino.
Y volvió a sus pensamientos. Volvió a la carta. Volvió a las palabras de Taoka.
Volvió a sumirse en sí mismo, como nunca lo había estado antes. Por primera vez en muchos años, estaba preocupado.
