Una buena razón para estar molesto
Draco Malfoy tenía serias sospechas de que esa sonrisa en la enfermera era a causa de los hechos sucedidos en las últimas 4 semanas. Muy especialmente el de la semana pasada.
La mujer parecía simplemente eufórica. Tanto que el propio Malfoy se sentía terriblemente fastidiado, a espera del primer comentario positivo acerca de lo que estaba ocurriendo.
Pero es que no estaba ocurriendo nada bueno. No para Draco.
La manipulación a la que estaba siendo sometido lo obligaba, incluso a ese beneficio, sin que pudiera resistirse.
Y odiaba eso.
Finalmente la enfermera lo dejó ir. Afortunadamente sin hacer comentario alguno, pese a que parecía tener muchísimas ganas de hacerlo.
Eso dio libertad al rubio de vagar por los pasillos, pensando pausadamente en la situación a la que había sido obligado a someterse.
Bueno, no era tan malo, pensó con una burlona sonrisa. No si esa extraña expresión llena de desventajoso desconcierto seguía adornando la cara de Potter, quien parecía aun más afectado con todo eso.
Si. Si todo afectaba más a Potter, no había nada malo.
Draco se tocó la base del cuello y torció la boca recordando la extraña reacción por parte del moreno.
¿Podría... doler?
El rubio bufó. Con pasos aun más veloces se acercó a la puerta de las mazmorras y penetró en silencio, viendo la pesada expresión del profesor de pociones, quien le apresuró a tomar su lugar.
Una mirada rápida le comprobó que el trabajo estaba bastante avanzado, así que se acercó al hombre para recibir instrucciones.
- Granger - dijo él con sequedad. Y Draco se acercó a la muchacha, quien parecía estar a punto de terminar.
- Malfoy - saludó ella con frialdad.
A pesar de todo lo que la chica le obligaba a hacer, aun lo trataba con esa frialdad.
Draco apretó los labios y decidió que lo mejor era comenzar con el trabajo de una buena vez.
- Una poción energetizante - leyó el rubio.
- Sirve para restablecer la cantidad de energía mágica.
- Sé para lo que sirve - espetó él con fastidio.
Hermione enarcó una ceja ante eso y continuó trabajando.
- Siempre hay cosas más efectivas - murmuró ella, vertiendo un ingrediente más - ... y más permanentes.
- Mmm - Draco ignoró eso, para acercar otro ingrediente - ¿Tu novio no te habla? - picó.
- Ron no es mi novio - corrigió ella con calma.
- No porque no quieras, Granger... - insistió Draco.
- Ese es asunto mío - ella hizo una nota en su maltratado pergamino.
Draco la miró de reojo y también extrajo algo donde hacer notas.
- ¿Mis asuntos no deberían ser míos? - preguntó entonces. Logrando que los ojos de la muchacha se posaran en él.
- Estás siendo absolutamente irracional, Malfoy - dijo ella en un susurro.
- ¿Si? - él pareció pensarlo y posó sus ojos en los de ella.
¿Qué era eso lo que se ocultaba tras la frialdad de la mirada de Granger?
Parecía...
¿Lástima?
- ¿No eres tu la irracional, Granger? - musitó - Tu mejor amigo podría experimentar dolor con esto.
- A comparación tuya, yo si confío en Harry - ella le dedicó una expresión de fastidio, antes de volver al trabajo.
- ¿Por qué debería confiar también?
- Porque ya no estás amarrado a un bando gracias a él - espetó Hermione, terminando la poción y empezando a guardar sus cosas - Porque ya no se pierden vidas de manera inútil - agregó con enfado y lo miró directamente - y porque Harry es la persona más noble con la que me he podido encontrar en todo este maldito colegio. No importa si tu... o si todos, piensan lo contrario. Harry siempre ha estado ahí, para ayudar, aun cuando no es su obligación.
Draco pensó que Hermione era la persona más manipuladora que él hubiese conocido en todo Hogwarts (y eso que había conocido bastantes, incluyéndose). Con algo de pesar se dedicó a hacer notas de la poción terminada y fue quien vertió un poco del contenido en uno de los frascos, escribiendo el nombre de la chica en la etiqueta.
No había escrito su nombre.
Haría la poción más tarde, por sus propios medios.
No quería depender de ella.
Antes de salir, echó un vistazo al lugar y descubrió a Potter, haciendo pareja con un feliz Longbottom.
La persona... más noble, ¿no?
Draco permaneció mirándolo unos segundos, antes de que esos ojos verdes se levantaran en su dirección y un gracioso color rojizo cubriera esas mejillas al instante.
¿Por qué?
El rubio resopló y salió del lugar en el momento justo que Longbottom derramaba la poción por los suelos y el moreno tenía que retroceder para no mancharse.
- La persona más manipulable de todo Hogwarts - musitó Draco, cerrando la puerta a sus espaldas y una sonrisa apareció en sus labios.
¿Por qué no?
o.o.o
El día siguiente Draco estaba de mejor humor.
Peleó con la menor de los Weasley, esta vez sin recibir hechizo alguno que concretase el enfado en esos ojos azules; todo gracias a la oportuna aparición de un profesor. Humilló a dos alumnos de primer grado, ambos de su casa, ¿pero qué rayos importa eso, cuando uno se siente tan bien? Levantó la falda de una alumna de su curso sin ser descubierto, acto que le mereció la eterna idolatría de sus dos gorilas, ambos maravillados. Comió su postre favorito y embarró de caramelo un asiento de otra casa, obteniendo un par de nalgas sucias y un alumno alterado por ello. Y, finalmente, para cerrar con broche de oro, se encontró con una terriblemente ruborizada Granger, escapando justo de Weasley.
Bendito día.
- Granger - saludó Draco con malicia y miró largamente a Weasley - ¿Tan pronto tienen peleas de amantes? Que desconsiderados, algunos somos sensibles para ver esa clase de repugnante espectáculo.
- ¡Lárgate por donde viniste, jodido hurón! - bramó Ron, con una expresión asesina en su rostro.
- Ron, no - musitó la muchacha con un suspiro y enfrentó a Draco - Creí que teníamos una tregua.
- Tu tenías una tregua, Granger - corrigió el rubio - ¿Crees que eres la única que puede meterse en el juego que has creado? - sonrió - Ya es hora que conozcas al experto - se apuntó a sí mismo.
Hermione apretó los labios
- ¡¡Por eso te dije que el idiota no merecía la pena!! - rugió Ron.
- ¿La comadreja sabe? - Draco enarcó una ceja - Me gusta cómo guardas nuestro secreto.
- No lo sabe - dijo ella con seguridad - , al menos no todo.
- ¿Pero hay más? - estalló Ron - Sinceramente, Hermione, esto que estás haciendo terminará por explotarte en las manos.
- Palabras demasiado sabias para provenir de un Weasley - ironizó Draco.
Hermione enarcó una ceja, como si apoyase eso. Con un repentino movimiento, tomó la mano del rubio y comenzó a caminar hacia un sitio más solitario donde pudieran charlar.
Ron hizo un amago por seguirlos, pero la mirada de la morena lo detuvo a tiempo.
- No voy a dejarte, Hermione.
- Como si alguna vez hubieras logrado detenerme - suspiró ella y cerró la puerta de la habitación en las narices del pelirrojo, lanzando un hechizo silenciador al instante - Bien - ella miró al rubio - ¿Qué debo hacer para que comprendas que esto es por tu entero bien, Malfoy?
- ¿Estás ofertándote, Granger? - Draco enarcó una ceja - No es precisamente algo que uno vea todos los días.
- Tu caso no es algo que uno vea todos los días - contraatacó ella.
- Lo que me sorprende es esa necedad que tienes por entrometerte en lo que no te importa, Granger.
- ¿Por qué te enfada tanto que alguien se preocupe por ti? - ella lo miró con disgusto - ¿Tan malo es?
- Malo es que esa preocupación provenga de ti, Granger. ¿De repente te has enamorado de mí?
La muchacha enarcó una ceja y una sonrisa afloró en sus labios.
- Simplemente no me parece justo que halla victimas - susurró y se acomodó el cabello antes de abrir la puerta y escaparse de un enfadado Ron - ni siquiera tú, Malfoy.
Decir que eso no había arruinado su buen humor, habría sido mentira.
Draco salió de ese sitio, con una expresión aun más fúnebre, buscando la manera de desquitarse.
¡Cualquier manera sería útil!
Un escalofrío recorrió su piel al ver a ese moreno emerger por una esquina, cargado de libros.
... y si...
- Potter - murmuró Draco, lo suficientemente fuerte para ser escuchado y un brinco por parte del moreno le confirmó que lo había logrado.
- ¿Por qué me abordas así? - reprochó el moreno.
- Estamos bastante sensibles, ¿cierto? - se burló.
- ¿Qué quieres? - preguntó el chico con un tinte rosado en las mejillas.
Draco enarcó una ceja. De pronto se le ocurrió que ahí estaba pasando algo que no sabía. Algo que, sin embargo, no tenía tiempo de averiguar, especialmente porque tenía la sospecha de que no tendría una oportunidad como esa.
Así que manipulable...
Draco realizó un felino movimiento que colocó una palma a un lado de la cabeza del moreno, apoyada en la pared donde se había acorralado solo. Con una predadora sonrisa se inclinó y logró apoyar la mejilla sobre la de Harry, sintiendo ese escalofrío proveniente del chico, junto con el ruido que el peso de los libros causó cuando cayeron al suelo.
De nuevo lo inundó esa sensación de bienestar ante el contacto. Sin embargo no pudo disfrutarla lo suficiente, ya que las manos de Harry lo apartaron con violencia.
- ¿Q-Qué haces?
- Me estoy hartando de tu extraña reacción, Potter.
- ¡Eres tu quien me está abordando en un pasillo! - estalló el moreno - ¡Eso es extraño!
- Es que te has vuelto bastante divertido - Draco sonrió y volvió a acorralarlo, esta vez apretando ese cuerpo con mayor firmeza y colocando los labios en el cuello del chico, succionando con delicadeza y disfrutando de ese jadeo sorprendido que se le escapó del pecho.
Draco tuvo que comprender muchas cosas en ese momento. La primera, es que ese contacto resultaba terriblemente conveniente, aliviando el vacío al que estaba condenado. La segunda es que el temblor en el cuerpo de Harry era una irrefutable muestra de vulnerabilidad que le encantaría hacer prevalecer en su rival. Y la tercera... No alcanzaba a comprender la tercera. Especialmente porque el cuerpo de Harry se apretó al suyo de forma definitivamente novedosa, mientras el rubio mordisqueaba y chupaba esa piel bajo su boca.
La reacción, sin embargo, le parecía natural. De pronto Draco se sintió como un verdadero vampiro y apartó los labios de esa piel caliente y palpitante para ver esa cara sonrosada, adornada por unos lentes medio caídos y una mirada vidriosa.
- ¿Potter?
Harry se mordió el labio interior y lo apartó de nuevo, para inclinarse y recoger todos esos libros, apresurándose a huir.
¿Por qué?
Draco bajó la mirada, viendo un libro olvidado y se inclinó a levantarlo.
Quizá... ¿dolía en verdad?
El rubio apretó los labios y volteó de regreso a la enfermería. A medio camino se detuvo y bufó.
Aunque doliera... ¿qué le importaba? Definitivamente no era su problema.
