Capítulo 7: Scorpios (Escorpio)
-"Buenos días, Caballero."- El vendedor de frutas del mercado saludó respetuosamente al Santo de Géminis. -"¿Puedo ofrecerle algo?"
Los habitantes de los pueblos continuos al Santuario eran fervientes creyentes de las leyendas de los jóvenes defensores de Atenas y Rhodorio era la aldea que mas fe tenía en ellos. Después de todo, era constantemente visitada no solo por Santos, sino que el mismo Patriarca solía pasearse por sus calles muy de vez en cuando. Fuera para vigilar, curar enfermos o simplemente relajarse, Rhodorio era como el patio de juegos de los Caballeros de Atena.
-"No podría negarle una manzana."- Saga sonrió mientras aquel hombre le ofreció la mejor fruta que encontró. A su alrededor, varios niños correteaban y toda la gente posaba sus ojos en él como si de un olímpico se tratase.
El Santo caminó orgullosamente entre la gente, saludando a las personas que le agradecían la bendición de su visita. Se detuvo unos instantes al sentir un haz de energía atravesando su cuerpo. En lugar de ponerse alerta, caminó unos cuantos metros hacia el café del pueblo.
Desde lo lejos divisó a Ewan de Escorpio sentado en una de las mesas del lugar. Sus ojos, de un azul sumamente claro, fueron reconocidos mucho antes que cualquier otro rasgo del Caballero. Su cabello era ondulado, rubio y caía unos diez centímetros debajo de sus hombros. Su peinado era relativamente estilizado: una media cola trenzada. Ese día había reemplazado su Armadura por una camisa sin mangas y unos pantalones negros. Un delgado adorno de oro adornaba su brazo izquierdo. Miraba sonriente a su compañero, mientras su ceja derecha se arqueaba, como era su costumbre cada vez que tenía algo en mente. Aquella sonrisa maliciosa y mirada penetrante eran las causantes de varios escalofríos para los que se atrevían a mirar al Santo de Escorpio con más atención de la que deberían.
Finalmente Saga llegó a la mesa exterior en la que Ewan se encontraba y se sentó frente a él, dejando su casco sobre la mesa.
-"Te encanta ser el centro de atención. ¿Verdad? Un día de estos una aldeana te va a violar y a ver si todavía te quieres andar pavoneando por ahí como si fueras Apolo."
-"Me sorprende verte por aquí, Ewan. Al menos a estas horas del día."- El Santo de Escorpio era una criatura nocturna. Las misiones que le eran encomendadas ocurrían casi siempre de noche y cuando no estaba en una de ellas o buscando un aprendiz, el Santo optaba por bajar a los pueblos a beber.
-"Es que como he estado algo ocupado últimamente, he bajado más temprano para acabar ebrio a las 3 de la tarde y recuperar el tiempo perdido."- Tomó la taza de café ante él y la alzó en tono de brindis. -"Como decía mi abuelo: sláinte!"- Dio un rápido sorbo al café, como si hubiese tomado un trago de wodka.
-"¿Quieres hablar conmigo?"- Ewan pocas veces cruzaba palabras con él. Si lo había llamado era porque tenía algo qué decirle... ó preguntarle.
-"Estas semanas en las que estuve fuera pasaron varias cosas interesantes en el Santuario. Al menos eso es lo que he oído."- El hombre no abandonaba su sonrisa. -"Entre esas cosas interesantes está el hecho de que te conseguiste un aprendiz."- Victorioso, alzó la ceja al ver a Saga rodando involuntariamente la manzana sobre la mesa. -"Uno muy fuerte, dicen. ¿Tan fuerte como para aspirar a una Armadura Dorada?"
-"El niño es fuerte pero aún le falta alcanzar el séptimo sentido y obtener mayor resistencia física."
-"Entiendo. Eres afortunado de tener un aprendiz tan bueno. Para mí está siendo muy difícil, por no decir imposible encontrar a uno por lo menos decente."
Saga observó con detenimiento el rostro de Ewan, esperando poder interpretar en él que aquel comentario había sido uno casual. Sin embargo, no pudo ver nada reflejado en sus ojos más que un azul cristalino. El Santo de Escorpio era sumamente inexpresivo. Podía decir que te mataría con el mismo rostro con el que te contaba un chiste.
-"¿A qué viene todo esto?"- Odiaba cómo Ewan jugaba con él. Si hubiese hecho su pregunta o su propuesta directamente no se sentiría tan incómodo.
-"Es frustrante."- Ignoró la pregunta de Saga. -"A estas alturas creo que aceptaría a cualquiera."
-"¿Qué es lo que quieres, Ewan?"
-"Existen los rumores de que tu aprendiz no es Géminis."
-"¿Y eso qué?"- Saga no quería entregar a Milo tan rápido. Quería enseñarle un poco más, al menos lo suficiente como para que gracias a él consiguiera el séptimo sentido.
-"¿Qué signo es, Saga?"- El susodicho no acertó en contestar. Solo permaneció inmóvil ante los lozanos ojos de Ewan. -"No se lo has dicho a nadie pero me parece que el niño comparte mi constelación."- Saga cerró los ojos sintiéndose derrotado, lo que provocó que Ewan sonriera todavía más. -"Hace poco más de cinco años su Santidad me comentó algo de mi sucesor. Pienso que podría ser él."- El otro aún no contestaba. -"Después de todo, tiene la edad correcta y las habilidades necesarias. ¿Cuánto tiempo me ibas a ocultar a este niño, Saga?"
-"Hasta que descubriera el séptimo sentido."
-"¿Y tomarte ese crédito? Eres codicioso, Géminis."- Hubo una pausa. -"Quiero al niño."
-"Ni siquiera lo has visto."- Murmuró para sí.
-"No necesito verlo. Aquel cosmo fantasma que aparece y desaparece es más que suficiente para mí. Además, confío en las palabras de terceros."- Se atrevió a mostrar un tono sarcástico en sus palabras. -"Si tanto quieres ser el maestro del pequeño Adh seidh por más tiempo a mi no me importa. Solo entrégamelo una vez que alcance el último cosmo."
-"Entonces así será."- No esperaba que Ewan accediera con tanta facilidad. Por otro lado, era posible que lo único que Ewan quisiera fuera dejarle el cuidado del niño a otra persona por un poco más de tiempo. Ese hombre gustaba mucho de la independencia. Tal vez demasiado. -"Te lo agradezco."
-"Aye. Y dime, ¿cómo se llama el pequeño Adh seidh?"
-"Milo."
Ewan arrebató la manzana de las manos de Saga y la examinó, repitiendo para sí el nombre.
-"Saga. No me agradan los secretos. Que sea la última vez ¿de acuerdo?"- Saga asintió y se puso de pie, tomando su casco entre las manos. -"¿Ya te vas? ¿No quieres tomar un trago conmigo?"
-"No son ni las 10 de la mañana."
-"Como quieras."- Le ofreció de vuelta la fruta.
-"Quédatela. Te servirá tener algo en el estómago antes de comenzar a beber."- Sin ofrecerle una despedida, Saga se alejó del café y comenzó su camino de regreso al Santuario.
Ewan volvió a ver la manzana, borrando finalmente la sonrisa de su rostro. Suspiró cansado y miró hacia el cielo mientras se estiraba. Aún tenía que hablar con el Santo de Tauro. Si todo salía bien, en la noche tendría que partir a 'otra' misión.
-"¿Cómo están tus manos?"
Después de varias horas, Antoine se dignó a regresar al punto de entrenamiento de Camus. Descubrió que había más rocas de pie de las que esperaba, pero al mirar a su alumno para interrogarle lo ocurrido, pudo ver en sus manos la causa del retraso.
-"Ya están bien, maestro."- Antoine se hincó y lo estudió con esa mirada de condescendencia que Camus tanto odiaba.
-"¿Cómo te pudiste liberar del hielo?"- Sus manos aún no estaban completamente sensibilizadas y había marcas rojas en donde, Antoine suponía, había terminado el hielo y comenzado su brazo.
Camus desvió la mirada. Su maestro adivinó que él no había podido liberarse por sí mismo y odió saber que tenía razón.
-"El aprendiz del señor Saga me ayudó."- No consideraba 'ayudar' el verbo correcto, más bien, el niño había descongelado sus manos por mera diversión. Aún así, sabía que no estaba en condición para ser orgulloso.
-"Así que ya conociste al pirómano. Tal vez te convenga hacerte su amigo. Es posible que no sea última vez que pierdas el control."- Camus se irritó por estas palabras. El infantil comportamiento de su maestro le molestaba en sobremanera. No podía esperar para ganar su Armadura y alejarse para siempre de semejante persona. -"Agradece que solo fueron las manos. Ahora deja eso. No te servirá de nada practicar en esa condición con el aire frío. Ve al Coliseo y haz unas sentadillas o algo así. Tal vez así agarres calor... Y color."
Camus aceptó la orden y caminó hacia el Coliseo pensando en cómo era que cada vez que pensaba que su maestro no podía ser más molesto, se sacaba algo nuevo y lo hacía enfadar aún más.
-"Ve al Coliseo."- Saga había regresado de Rhodorio bastante pensativo. Llegó con esperanzas de tener una pequeña pelea de entrenamiento, pero pronto se dio cuenta de que estaba demasiado distraído como para que ésta fuera un reto interesante para su aprendiz. Finalmente decidió que en ese día no funcionaría como maestro y ordenó a Milo a que entrenara solo.
-"¿Está bien, señor Saga?"
-"Han sido días difíciles. No me siento de humor."- Miró hacia su cabaña. -"Iré a descansar. Entrena cuanto quieras. No es que en tu estado puedas hacer mucho."
-"Sí, señor."
Milo se retiró bastante confundido. Tal vez su maestro estaba molesto con él porque su cuerpo había reaccionado tan mal ante el entrenamiento del día anterior, pero no estaba seguro. Después de todo, Saga había estado malhumorado desde el día anterior.
Caminó hasta el Coliseo en donde vio a varios aprendices y Caballeros entrenando. Entre la gente pudo notar a aquel niño con el que había hablado esa mañana. Le pareció curioso ver que estaba realizando el mismo ejercicio que él el día anterior, pero sobre una barra especialmente hecha para, más o menos, el mismo propósito. Tuvo intenciones de ir hacia él. Después de todo, tenía planeado estar en el Santuario por muchos años y sería conveniente comenzar a hacer relaciones. Camus le había parecido suficientemente interesante como para considerarlo un compañero.
Una voz áspera con un tono especialmente agudo evitó que comenzara su camino hacia Camus. Giró en dirección de la voz para encontrarse a un aprendiz de apariencia torpe. Dos alegres ojos azules lo miraron con extraño entusiasmo. El niño retiró de su frente los mechones de cabello castaño que se habían adherido a su piel debido al sudor. Al no recibir respuesta, el aprendiz repitió su saludo con una enorme sonrisa en los labios.
-"Buenos días."
-"Hola."- Milo contestó quedamente y sin mirarlo a los ojos, tratando de hacerle notar que no tenía intenciones de comenzar una conversación con él.
-"Eres nuevo por aquí ¿verdad? Creo que te he visto por ahí desde hace como una semana pero siempre andas ocupado."- Desafortunadamente, el niño ignoró o desentendió la indirecta de Milo. -"¿Es cierto que eres el aprendiz de Saga? Debe de ser difícil tenerlo como maestro porque se ve que es muy estricto. Pero dicen que él es de los más fuertes de todos los Caballeros Dorados. Eso es bueno. También dicen que puede que él sea el siguiente Patriarca."- Parecía ser que su maestro era bastante famoso en el Santuario. -"Tu nombre es Milo, ¿no?"- Éste apenas se percató de que el jovial niño ni siquiera le daba tiempo para contestar. -"Ese es un nombre raro."
-"¿Cuál es el tuyo?"- Milo aprovechó que el niño se detuvo para respirar.
-"Aioria."- Se pronunció triunfalmente.
-'Oh, claro. Y ese nombre es completamente normal.'
-"¿Sabes? Soy el hermano del futuro Santo de Sagitario."
-'Por supuesto que lo sabía. Me encanta estar al tanto de lo que pasa en tu familia.'
-"Su nombre es Aioros."
-'Original…'
-"Y dime..."- Se acercó sigilosamente a él y formuló una pregunta en su oído. -"¿Es cierto que quieres la Armadura de Géminis?"
Milo pensó en su respuesta por unos instantes. Sabía por su maestro que todos curioseaban por qué Armadura entrenaba. Sin embargo, hasta entonces nadie se había atrevido a preguntarlo.
-"No soy Géminis."
-"¿No? Me lo imaginaba. No hablas mucho."
-'¿Cómo lo sabes? Si ni me dejas hablar.'
-"Yo soy Leo."- Se irguió tratando de lucir más alto de lo que realmente era. Milo no encontraba malicia en sus actos. Al contrario, le parecía que su vanidad se debía a una inmensa ingenuidad. Hasta sintió algo de lástima por el hablador aprendiz. -"Algún día seré tan fuerte como mi hermano y seré el guardián de la Quinta Casa."
-'Pues si entrenas tanto como hablas ya la hiciste.'
-"¿Entonces qué signo eres?"
-"Escorpio."
Aioria pareció sorprenderse ante esta respuesta. Miró a Milo directamente a los ojos y comenzó una guerra de miradas de la cual se tuvo que retirar a los pocos segundos.
-"Ya veo."- Su sonrisa regresó a su rostro. -"¿Te gustaría pelear contra mí?"
-"No."- Sabía que aún no podría vencer a alguien con un cosmo como el de Aioria. Prefería evitarse derrotas innecesarias. Tal vez dentro de unos meses le tomaría la palabra.
-"Será solo una práctica. ¿O es que me tienes miedo?"
-"Que sea otro día."- Contestó serenamente. Para Milo, esa fue una sutil manera de decir 'No me interesa seguir perdiendo mi tiempo contigo.' Afortunadamente para sus relaciones interpersonales, Aioria no esperaba que aceptara su reto, así que no le dio importancia a su tono sarcástico.
-"De acuerdo. Pero que no se te olvide."- Giró su cabeza de un lado para otro buscando el cosmo de su hermano. Una vez que lo encontró fue corriendo en su dirección mientras le dedicaba alegres palabras de despedida a Milo, todo esto sin borrar aquella torpe sonrisa del rostro.
Viéndose otra vez de regreso al mundo del silencio, Milo caminó hacia en donde estaba Camus, el cual seguía en la misma rutina.
-"Aioria te atrapó."- El aprendiz de Acuario hablaba entrecortadamente y sin detener sus abdominales.
-"Es raro."- Milo se recostó en el piso y miró hacia el cielo.
-"Pero muy fuerte."- No le dirigió ni una mirada. -"¿Y tu maestro?"
-"Mi maestro se fue a descansar."- Camus interrumpió su entrenamiento y se limitó a permanecer colgado boca abajo.
-"¿Está enfermo?"
-"No sé."- Se volteó boca abajo y comenzó a elevarse hasta que pudo pararse de cabeza sostenido solo por su mano derecha. -"No me dice. ¿Y tú?"
-"Mi maestro me dijo que viniera a tomar un poco de 'color'."- Pronunció la última palabra con más lentitud de la que su modesto griego le permitía y con un tono más grave.
Milo le prestó más atención al cuerpo de Camus. No era pálido, pero carecía del tono rojizo que caracterizaba a la mayoría de los aspirantes. Pareciera que su piel rehuía la influencia del Sol. Cambió rápidamente de mano.
-"El señor Antoine es extraño." 'Con lo que me refiero a que es un chiste con patas.'
-"Es un chiste. Eso es lo que es."
El griego sonrió.
-"¿Hace cuánto que estás aquí?"
-"Casi un año."
Milo cambió de mano una vez más, ahora equilibrando su peso sobre dos de sus dedos. El Santuario le parecía cada día más diferente a la aburrida Milos.
Comentario de la Autora: Bueno, primero lo primero: Ewan. .. Me costó mucho trabajo hacer ese personaje. Tal vez demasiado. Al final surgió un tipo medio sádico, burlón y algo alcohólico pero con el hermoso encanto escorpino (no faltaba mas). Supongo que el personaje seguirá desarrollandose pero ya veremos qué ocurre. Sobre el cómo le dijo a Milo: Adh seidh. Ese es un demonio no-muerto del norte del Reino Unido. Esta criatura puede aparecer tanto como un hombre guapo o una mujer hermosa, o el más repulsivo de los demonios. Algo interesante: solo la gente mala los puede ver. Claro que es lo último que ven porque estas criaturas fueron creadas para acabar con las almas impuras. Eso no quita que sea un pequeño monstruo ¿ne? Nada más porque se me hizo un detalle lindo, hice un juego de palabras con la manzana de Saga y Milo. Curioseando en un diccionario griego encontré que Milo significa manzana. Esto fue hace mucho pero quería ponerlo en algún lado.
Por cierto, si creen que exageré al poner a Saga como un presuntuoso en el pueblito, solo vean
esto y verán que no.Al final le aflojé un poco pero pues son cosas que creo que tengo que poner. Aioria no le cae bien a Milo solo por que sí. En Episode G vemos que ellos no se llevan nada bien pero no creo que esto se deba a que Milo no lo considere alguien digno de ser un caballero ni nada por el estilo. Simplemente no le cae bien porque es demasiado irrespetuoso... y es un berrinchudo.
Ya fue mucho comentario de este capie. Ojalá les haya caído bien Ewan jejeje. ¡Arigatou gozaimasu!
esto y verán que no.
Al final le aflojé un poco pero pues son cosas que creo que tengo que poner. Aioria no le cae bien a Milo solo por que sí. En Episode G vemos que ellos no se llevan nada bien pero no creo que esto se deba a que Milo no lo considere alguien digno de ser un caballero ni nada por el estilo. Simplemente no le cae bien porque es demasiado irrespetuoso... y es un berrinchudo.
Ya fue mucho comentario de este capie. Ojalá les haya caído bien Ewan jejeje. ¡Arigatou gozaimasu!
