Un largo tiempo sin atender este fic. Pero no quería que se acabara el año sin actualizarlo. Espero que aún recuerden que iba a ser un especial, en este capítulo es tres momentos en el pasado de Merlin. Ojalá les guste.

Merlin pertenece a sus respectivos creadores, yo escribo esto sin fines de lucro.

···15 años atrás···

Merlin se sentía extraño siendo joven de nuevo, había envejecido normalmente y eso le había tomado años, ¿hacía cuánto que no había envejecido normalmente? Un par de siglos, quizá. La última vez que había intentado morir por la edad lo único que logró fue perder sus recuerdos. Su última acción de la vejez había sido ir a visitar el lago que era la tumba de Arthur Pendragon, Rey de Camelot. Nadie sabía ya que se encontraba ahí y, sin embargo, el lago se mantenía igual que en el pasado.

−Arthur –suspiró distraído, sentado en el banco del parque.

El pasado del mago con el tiempo empezaba a volverse como esos mitos que tanto lo hacían reír, con el pasar de los siglos todos sus recuerdos comenzaban a perder realidad, menos Arthur, su simple nombre seguía siendo la piedra que lo convencía de que lo que había vivido en Camelot era real.

−Arthur –volvió a repetir en voz alta y el nombre fue respondido con un ladrido que lo sobresaltó− ¿Arthur? –al repetir el nombre, un cachorro sucio salió de debajo de la banca−. Hola, muchacho –al estar por tocarlo el pequeño perrito sucio gruñó dispuesto a atacarlo−, bien, lo siento, no contacto.

Buscó en su mochila, sacando su almuerzo se lo dio al cachorro que de inmediato comenzó a comer.

−Buen perro –al acercar su mano en esa ocasión el cachorro se dejó acariciar.

Merlin se levantó, dispuesto a irse. Tenía que comenzar de nuevo, quizá había exagerado un poco al quedarse sin dinero a la hora de empezar otra vez, pero se sentía culpable por fingir su muerte y lo único que podía hacer a cambio era dejar dinero a su hijo, para que él, su esposa y los niños no la tuvieran tan difícil.

Había conocido nietos y le dolía dejarlos, eran pequeños encantadores a los que entretenía contándole historias suyas y de Arthur. El rey de Camelot había sido el protagonista incluso de los cuentos de su hijo, por supuesto nunca podría llamarlo de otro modo, en ese nuevo mundo no había lugar para la magia.

Merlin se sentía culpable, su esposa había muerto 10 años atrás, ella no había vivido lo suficiente para conocer a sus nietos ¿Qué derecho tenía de ser llamado abuelo cuando los verdaderos padres habían muerto?

Cáncer, Merlin nunca le habló de sus poderes, cuando se enteraron le preguntó si haría cualquier cosa para sobrevivir, pero ella no quiso tratamiento, lo habían sabido muy tarde, ya nada podía salvarla.

−Estaré bien –habían sido sus últimas palabras para Merlin−, podré verlo. Esperaremos por ti, entonces estaremos los tres juntos de nuevo.

−Dile que aún pienso en él.

Si era cierto que existía un más allá este le estaba negado a Merlin, nunca los vería por más que lo esperaran, quizá encontrarían a Arthur haciendo actos barbáricos por allá.

Ese día había estado pensando mucho en el rubio, le preocupaba seguir tan atado a él a pesar del tiempo que había pasado.

−Arthur –el nombre aún lograba dibujar una sonrisa en sus labios.

Oyó un ladrido que lo hizo detenerse de golpe, sintiendo la pequeña figura peluda chocar con su pierna.

−Amigo, no puedes venir conmigo –Merlin se agachó, tomando al cachorro con sus manos, quien lo mordió juguetonamente.

Buscó una placa, pero el perrito estaba tan sucio que tenía la apariencia de un callejero, aunque podía asegurar que se trataba de un perro de raza.

−Tienes que volver al parque.

Los ojos tristes del cachorro lo hicieron morder su labio.

−No me puedo quedar contigo –miró al cachorro a los ojos, tratando de hacérselo entender, el perrito aprovechó para lamer su nariz, lo cual lo hizo reír…

−Estaremos en problemas si alguien nos descubre –Merlin entró al hotel con el cachorro escondido en la mochila, estaba por llegar al elevador cuando vio al gerente dirigirse a él, obviamente para tomar el mismo elevador.

El mago adoraba el precioso jarrón de cristal que adornaba el vestíbulo del hotel como una estrella, pero era el jarrón o él y el cachorro, por lo que tuvo que desempolvar uno de sus casi olvidado hechizos, murmurando hizo explotar el jarrón, todos voltearon, lo que aprovechó para subir al elevador sin que nadie lo viera.

−Estuvimos cerca –comentó cuando en el elevador el cachorro asomó su cabeza.

Hacer magia seguía siendo divertido. Sentía esa agradable calidez recorrerlo por el cuerpo. Saliendo del elevador corrió a su habitación.

−Antes que nada probemos un baño…

El dorado cachorro corría haciendo un caos frente al pelinegro, que se esforzaba por tratar de poner de nuevo todo en orden.

−Eres como Arthur –comentó con una sonrisa mientras recogía la habitación.

El cachorro trataba de recorrer toda la habitación, desordenando todo mientras huía de Merlin, quien corría detrás de él. El joven mago no pudo evitar recordar la época en la que pasaba su tiempo persiguiendo al rey de Camelot y arreglando sus desastres. Se dejó caer en la alfombra, cansado de perseguir al pequeño perro ¿Cuánto tiempo tenía viviendo en el hotel? ¿Algunos meses quizá? No había hecho ejercicio en condiciones, por lo que se agotaba bastante rápido.

−Arthur se burlaría de mí –el cachorro llegó corriendo cuando lo escuchó nombrar al rey−, seguro se burlará como loco si al volver me encuentra gordo –esa última frase logró que los ojos del pelinegro se humedecieran.

El perrito lo miró con curiosidad.

−Lo siento –le comentó Merlin−, me recuerdas a mi amigo Arthur.

Cuando mencionó el nombre el perrito ladró emocionado.

−Te gusta ese nombre, ¿no? –el mago lo abrazó− Arthur, es un buen nombre para ti, ya que te diré que eres tan guapo como el rey de Camelot.

···75 años atrás···

Despertó pensando en Arthur, después se dio cuenta que lo aquello que lo despertó fue el sonido de una bala a la distancia, en esos días no era extraño, le parecía increíble que se estuviera desarrollando otra guerra ¿acaso la raza humana no había aprendido nada de la guerra anterior?

"Melin"

La voz de Arthur seguía resonando en su cabeza, era realmente sorprendente que a pesar de la cantidad de años pudiera recordarla con tal claridad, no dudaría si escuchara su voz, mientras que la voz de todos los demás había ido diluyéndose con el tiempo.

¿Cuándo fue la última vez que su voz sonó con tal fuerza? ¿70 años atrás? Aquella vez en que olvidó quien era y su mente utilizó el recuerdo del rey de Camelot para traerlo de vuelta.

"Merlin"

El pelinegro suspiró, frente a él, gracias a la magia, apareció el rey de Camelot o al menos una figura transparente que podía pasar como un fantasma.

−Es impresionante lo que la mente puede hacer para evitar la muerte.

−Eres un completo idiota, Merlin –el pelinegro no pudo evitar sonreír, el gesto enojado no arruinaba el atractivo rostro de Arthur.

Merlin estaba cansado, habían sido muchos años de esperar, ya había tenido suficiente ¿Qué caso tenía seguir? Años atrás, casi 90, si su mente no fallaba, había decidido que había esperado mucho sin ningún motivo, por lo que pensó que ya había sido demasiado y decidió morir, algo que su cuerpo, mente, magia, o lo que fuera, se negó a aceptar, así que cuando su anciano cuerpo "murió" lo que realmente sucedió fue que se volvió un bebé olvidando su nombre, todo y a todos lo que alguna vez conoció.

−Merlin.

Esta vez se había decidido por un método más efectivo, las bombas caerían por la noche. Miró su reloj, pasaba de medio día

−Tienes 8 horas− fue la respuesta del pelinegro al llamado de la figura fantasmal−, si logras convencerme en ese tiempo iré al refugio y me olvidaré de esto.

−Mi simple presencia debería de ser suficiente.

−No eres tan atractivo.

El rubio sonrió.

−¡Vamos! Es claro que lo piensas, ya que no me refería a eso; hablaba que tú mismo no quieres morir, ya que me has traído aquí.

−¿Traído? No eres Arthur, eres sólo un montón de recuerdos que cree tener vida.

El rubio se encogió de hombros.

−¿Qué es una vida sino un montón de recuerdos?

−Y además te crees sabio, Arthur nunca lo fue.

−Fui un gran rey, por supuesto que era sabio.

Sus comentarios terminaron diluyendo su mal humor, haciéndolo reír.

−Te escucho, convénceme.

−No, tengo hambre.

−No puedes comer.

−Podría intentarlo.

Merlin terminó comiendo solo, Arthur solo se dedicó a mirar por la ventana ignorando el plato frente a él que le había exigido al mago.

−Es bonito –comentó distraído.

−Antes, cuando no había guerra, era hermoso.

−La guerra no durará para siempre.

−No, pero después habrá más, el ser humano no aprende.

−No digas "humanos", tú también lo eres.

−No conozco a ningún humano que haya vivido más de mil años.

−Yo sí− ante la mirada interrogante del pelinegro, continuó−, tú.

Melin solo sonrió.

Esa imitación de Arthur resultaba tan irritante como el real. "Encantador" resonó esa vocecilla en su cabeza, aquella que solía susurrarle cosas tontas en relación al rey de Camelot cuando este aún vivía.

−Siempre te gusté ¿no?–comentó el rubio de pronto, posiblemente sabiendo lo que pensaba.

−No realmente, la mayor parte del tiempo me resultaste irritante y malagradecido.

−Pero siempre te mantuviste a mi lado –fue su acertada respuesta con una sonrisa.

−Alguien tenía que salvar tu pellejo –Merlin pasó una mano por su cabello, era obvio que necesitaba un corte, no se había preocupado por su apariencia desde que a guerra había comenzado y en cuanto a la comida siempre podría hacer trampa para que una ración, que normalmente duraba un par de días, a él le sirviera un par de meses gracias a la magia.

Sintió en su mejilla la sensación de un viento frío, Arthur le tocaba con su mano.

−Luces diferente –esas palabras significaron un dolor en su pecho.

−He crecido y envejecido, lo he hecho… −no pudo evitar soltar un suspiro− demasiadas veces.

−Quisiera ser menos etéreo.

−No, gracias –fue la respuesta del pelinegro a tiempo que se levantaba de la mesa− ya es demasiado perturbador que tengas esa forma.

−Vamos, Merlin, me gustaría tocarme.

−Molestarme, querrás decir.

El mago se dirigió a la cama, era claro que no podía salir a la calle, no era una buena época para que creyeran a uno loco por hablar solo.

−¿Has visto mucho? –lo oyó preguntar cuando se acostó en su cama dándole la espalda.

−Demasiado.

−Cuéntame.

−Lo sabes.

−Quiero oírlo de ti –Merlin volteó a verlo, viéndolo vagar por la habitación, mirando todo como si las cosas fueran nuevas para él.

−Fui a América cuando la descubrieron, fue el viaje más horrible de mi vida, pero el destino… los lugares que vi fueron como un sueño− la sonrisa de Arthur cuando lo miró era tan radiante como sus recuerdos.

−Cuéntame más –Merlin le dio la espalda, no queriendo ver su rostro mientras seguía hablando.

−Tu vida ha sido maravillosa –rompió su silencio Arthur después de escuchar al mago hablando por algunas horas−, pero el mundo es muy grande, aún te queda mucho por ver.

−Estoy cansado.

−Yo quería ver más –el tono de voz sonó triste.

−¿Qué más querías ver? Todo está en mi cabeza, puedes tomarlo.

−Sabes que no me refiero a eso –la mano sobre su cabeza lo hizo voltear a mirarlo, Arthur era ahora un ser físico, tanto como él.

−¡¿Por qué lo hiciste?! –el mago apartó la mano, la furia lo invadió− ¿Por qué te atreves a ser él?

−Tú lo quieres.

−¡No lo quiero!, me estás haciendo daño ¿no lo entiendes? –Melin lo tomó del cuello de la camisa, estrellando su espalda con fuerza contra la pared− ¿por qué te atreves a jugar con mis recuerdos de esta manera?

El rubio lució sorprendido, el mago no lo entendió hasta que el primer espasmo lo invadió, soltó a Arthur, no soporta ver su rostro y saber que no se trataba de él, sus pies no lo soportaron, cayendo de rodillas frente a ojiazul su llanto se volvió más sonoro.

−¿Por qué no me puedes dejar morir?

El rey de Camelot se hincó frente a él, dibujando una sonrisa en sus labios.

−Si tú mueres ¿Quién esperará por mí?

Merlin no era capaz de parar de llorar.

−Te he esperado, Arthur, han pasado casi mil años, déjame parar.

−Sin ti me sentiré solo ¿Quién estará aquí para mí?

−No volverás.

Merlin sintió un beso en su frente, Arthur se puso de pie.

−Volveré, es un hecho, después de todo me estás esperando. Cuando vuelva espero que tengas la cortesía de no dudar de mi identidad.

El mago escuchó un grito en el exterior, Arthur ya no estaba, la noche había llegado, el grito volvió a sonar.

−¿Arthur?

Merlin corrió, bajando a saltos las escaleras, el grito se repitió y al caer una bomba se obligó a detenerse, sabía que no era su voz, pero quería creer que era él; una casa se había derrumbado, era el motivo de los gritos, el pelinegro utilizó magia, nada espectacular, lo suficiente para encontrarlo.

−¡Arthur! −por supuesto no era él, lo supo en cuanto vio su cabello castaño− ¿Estás bien?

Su pierna estaba rota.

−¿Llamas a alguien?

−Sí, lo siento, pensé que eras mi amigo.

−¿Lo buscarás?

−No, él… −Merlin lo ayudó a levantarse, pasando una mano por su cintura, mientras él pasaba una mano por su hombro− se fue.

−Lo lamento.

−No es lo que crees… él volverá, lo esperaré el tiempo que sea necesario. Vamos, te llevaré al refugio.

··· El año de nuestro señor 18XX···

−James, cariño, no necesitas hacer tanto por mí.

−Es lo menos que puedo hacer –el pelinegro de ojos azules colocó la canasta sobre la mesa−, tú no deberías haber cuidado de mí y porque lo hiciste es que me encuentro con vida.

−Pero eras una cosita tan tierna, no entiendo como alguien no querría cuidarte.

−Mis padre no quisieron –su mirada triste hizo que la anciana mujer lo llamara a su lado, cuando el pelinegro se acercó lo tomó del rostro besando ambas mejillas.

−Ello seguro no te habría dejado, algo debió haberles pasado para que no pudieran tenerte con ellos.

El pelinegro sonrió y besó la frente de la mujer que había sido como una madre para él.

−Volveré en la tarde a traerles más comida, así que está bien si quieres compartir ésta con algunas amigas.

−En serio, cariño, no debes gastar dinero en mí, guárdalo para ti.

−Yo estoy bien –el joven de ojos azules sonrió ampliamente.

"Merlin"

Al oír el llamado el pelinegro volteó con rapidez a la puerta.

−¿Sucede algo?

−No –volteado con ella volvió a sonreír− debo irme.

Ese llamado se había vuelto algo natural en su vida, así como el joven rubio en sus sueños, era él quien lo llamaba, algunas veces parecía estar de buenas, otras molesto.

−Arthur –el nombre escapó acompañado de un suspiro, le gustaba decirlo, cada vez que lo hacía nuevos sueños relacionados con el joven lo visitaba cada noche; también al decirlo notaba como su poder se hacía más fuerte.

Era magia, no tenía otra manera de nombrarlo, había comenzado por pequeños detalles: cosas que sucedían como deseaba que lo hicieran, cuando llegaron los sueños sobre el joven llamado Arthur comenzó a controlarlos mejor.

El número de las puestas estaba siempre a su favor, y si bien eso le ayudaba a llevar alimento a su mesa y a la de Judy, también le habían costado unos buenos golpes por parte de malos perdedores.

Actualmente los sueños de Arthur eran constantes y él anhelaba ser ese Merlin que con tanto cariño solía llamar. El pelinegro se encontró deseando que los sueños fueran un poco más, que no fueran solo sueños y pudieran ser algo real.

−Arthur –como cada mañana, antes de salir a la calle, repitió el nombre pensando en el rubio y como siempre que lo hacía se sintió con el valor de enfrentar las heladas mañanas londinenses, por más oscuro que resultara el mundo...

"¡Salta, Merlin!"

"Cállate" no pudo evitar pensar el rubio al oír burla en el tono de Arthur.

Era una situación terrible, la idea no le había gustado desde un principio, pero pensó que con una gran apuesta podría olvidarse de esas pequeñas trampas. Pero exageró y llamó la atención, ahora tenía 15 minutos siendo perseguido por algunas personas que evidentemente no querían felicitarlo por su triunfo, saltó de un techo a otro, siendo niño se había dedicado a limpiar chimeneas (aún con la energética oposición de una más joven Judy) agradecía ahora conservar un poco de ese antiguo trabajo.

Escuchó una bala golpear cerca de él, sintió la tierra golpear su rostro.

"¡Merlin!"

En esta ocasión el tono de Arthur sonó alarmado.

−No soy Merlin –si iba a morir era un buen momento para hacérselo saber.

"Eres Merlin"

Le asustó, lo hubiera congelado de no ser porque aún huía de sus perseguidores, era la primera vez que esa voz tenía una respuesta para él, en el pasado habían sido solo fragmentos de sueños, una especie de recuerdos.

"Haz magia"

−Estoy enloqueciendo.

"Me lo mostraste el día que morí"

Sus palabras causaron un intenso dolor de cabeza, haciéndolo pisar mal, no pudo reprimir un grito cuando cayó, para su suerte una pila de basura amortiguó su caída.

"Tienes que levantarte y correr"

−Cállate –el olor a fruta podrida le trajo un recuerdo, haciendo más fuerte el dolor de cabeza.

Se levantó al escuchar el disparo cerca y verlos bajar desde el techo, corrió lo más que pudo, era su oportunidad.

"Merlin"

−No fuiste amable la primera vez –acaso no lo había dejado atado a un cepo−, no fuiste amable muchas veces.

Sus reclamos eran incorrectos, eran solo sueños, no podían ser recuerdos, él no era Merlin.

−No –acabó en un callejón sin salida.

−Se acabó el juego, chico tramposo.

No podía morir, si él moría quien cuidaría de Judy. Los vio apuntar sus armas, un gemido escapó de sus labios, sintió las lágrimas correr, en definitiva no quería morir.

"¡MERLIN!"

Fue un acto reflejo, levantó su mano frente a él, unas palabras en un idioma que no conocía salieron de sus labios. Fue magia, los hombres salieron volando en dirección contraria, como sí alguien los hubiera golpeado con fuerza. Caminó hacía ellos con seguridad, era como si fuera una nueva persona, alguien que sabía que no debía de tener miedo a nada.

−Adiós –una nueva frase salió de sus labios.

"¿Los mataste?" Arthur sonó preocupado mientras se alejaba.

−No seas tonto, solo borré su memoria.

"¿Sabes hacer eso?"

−Lo aprendí…

El dolor de cabeza se volvió más intenso, un grito escapó de su boca llevó sus manos a la cabeza y cayó de rodillas, dolía, todos los recuerdos volvían, casi mil años acumulados, debía estar muerto, la última vez había decidido morir, justo como él lo había hecho.

−¿Arthur? – lo llamó, pero no hubo respuesta.

Por supuesto que no podía responderle, después de todo, Arthur Pendragon, rey de Camelot había muerto siglos atrás en sus brazos.

Muchas gracias por leer. Mil gracias por el gran apoyo a este fic, me alegró la vida que fuera de su agrado, en enero volveré a trabajarlo de manera constante con la firme intención de acabarlo. Que pasen un buen fin de año y disfruten las fiestas en compañía de los que más quieran.

Besos y abrazos de mi parte, nos leemos pronto.