Glee y sus personajes no me pertenecen, asi como tampoco esta hsitoria. Traduccion autorizada por la autora ElsBells.
Lamento atrasarme, solo aguanten dos semanas más con estos atrasos que estoy llena de entregas y después un mes de vacaciones para intentar subir un cap por día.
Gracias por tantos comentarios y buena onda.
Respondiendo un rw, hay una segunda parte, y si ustedes quieren pido permiso para traducirla también.
/heyjudeeok
Just off the key of reason
Capítulo 8: tacto, vista, gusto como Fuego
Rachel se sobresaltó por el golpe en su puerta la tarde del sábado. Ella arregló su pelo y alisó sus jeans oscuros pasando sus manos sobre ellos, que había escogido porque se negó a permitir que Siri la engañara vistiéndose para un clima más cálido, y abrió la puerta de su habitación.
Quinn se quedó allí, ya con su abrigo, mordiéndose el labio y sosteniendo unas flores. Rachel jamás había visto flores tan coloridas. Realmente, era como una selva. Un maravilloso mundo tropical en la mano de Quinn.
— Hola. — Dijo Quinn. — Te traje esto. Um, Barnes se comió unas cuantas así que... No sé, espero que él esté bien.
Por supuesto que sí.
Rachel sonrió y tomó las flores. — Son maravillosas Quinn.
— Tú eres maravillosa. — Quinn soltó, luego sacudió su pelo alrededor y enrojecida. — Quiero decir que te ves maravillosa.
— Gracias, osita grande — Dijo Rachel con una pequeña sonrisa. Tocó uno de los botones de la chaqueta de Quinn. — Tú también te ves hermosa, bueno, seguramente has cepillados tu cabello.
Los ojos de Quinn brillaron y la empujó suavemente en el hombro. Rachel rió. Ella realmente no podía hablar, ya que había pasado cuatro horas preparándose.
— ¿Debemos…? — Quinn preguntó vacilante, extendiendo su brazo para que Rachel se pudiese agarrar. La morena asintió con alegría y se apoderó de el, dejó las flores en un florero en la cocina antes de salir. Quinn llevaba una mochila misteriosa y Rachel se encontró muriendo de curiosidad. ¿Qué había allí? ¿Armas? ¿Animales? Porque seguramente esas serian el tipo de cosas que llevaría a una cita.
Quinn se negó a decirle dónde iban, no importaba cuánto Rachel protestó y puso mala cara. Rachel se sorprendió. Por lo general la gente resultaba imposible decirle que no a ella. Quinn parecía estar haciéndolo bien, arrastrándola por las calles de Manhattan.
De pronto Quinn se detuvo. Ella se volvió hacia Rachel luciendo nerviosa. — Me olvidé de preguntar, ¿estás bien con tomar el metro? Quiero decir, yo podría pagar por un taxi, pero eso es-
Rachel la interrumpió con un movimiento de cabeza, y luego levantó las cejas. — ¿Por qué no estaría de acuerdo con tomar el metro? Es un elemento clásico de la vida en Nueva York, Quinn. — Rachel había tomado el metro muchas veces antes. Finalmente dejó perderse en él hace unos meses.
Quinn se encogió de hombros y siguió caminando. — Yo como que lo odio. Sólo hay mucha gente. — Rachel la miró mientras caminaban. — Pero, nos llevara hasta allí, y el destino es, um, una parte importante.
Rachel sonrió. — ¡Por supuesto! Ahora, el destino del que hablas es... — miró a la rubia con expectación. Quinn rodo los ojos y Rachel le apretó el brazo con más fuerza.
Tomaron el metro a Brooklyn, y al momento en que bajaron, Rachel era una bola pura de anticipación infantil. Ella estaba saltando sobre sus pies y colgando del brazo de Quinn, mientras la rubia simplemente caminaba en silencio con una pequeña sonrisa en su rostro, jugueteando con el guante en su mano libre.
Rachel se congeló cuando se dio cuenta a dónde se dirigían. Quinn se echó hacia atrás y la miró con preocupación.
— ¿Estás bien?
— Me estás llevando a Coney Island — Dijo Rachel, mirando hacia los ojos grandes de color avellana.
La expresión de Quinn se relajó un poco. — Sí. — dijo con cautela. — Um, es que, ¿hay algo de malo en eso?
Rachel negó con la cabeza rápidamente y apretó el brazo de Quinn con más fuerza. — ¡No! No, por supuesto que no. Es como-se trata de un clásico de las citas aquí en Nueva York. Es perfecto.
Rachel estaba asombrada; ella nunca había estado en una cita que no implicara la cena o una película. O ambos. O las dos cosas además de vómitos, llanto y gritos. Quinn estaba observando cuidadosamente su reacción, por lo que se aseguró que su rostro transmitiera lo bien que estaba con el plan de Quinn.
— En serio, Quinn. Esto es perfecto. Ahora sólo quiero saber qué hay en tu bolsa de asesino en serie.
Quinn resopló, era lo que Rachel quería en ella, y comenzó a arrastrar Rachel a lo largo de la calle de nuevo. Llegaron a la playa después de unos minutos más de caminata. Ya que estaba demasiado frío para meterse en el agua, a menos que seas un loco de mierda, sólo había pocos grupos de personas que se relajaban en la arena. El paseo marítimo estaba ligeramente más poblado, y Rachel podía oler la comida, pero estaba sin duda satisfecha de que los paseos no estuviesen trabajando hoy. Claro, ella era un gran fan de las montañas rusas, pero Dios, se congelaría allí. Y la perfecta oportunidad para perder todas sus pertenencias personales y enfermarse frente a Quinn.
Rachel miró a la rubia y la encontró tirando de las solapas de sus guantes nerviosamente y observando la reacción de Rachel ante todo.
Rachel simplemente sonrió y se soltó del brazo para tomar la suave mano enguantada. Señaló a la solapa y articuló "no". Quinn se sonrojó.
— Así que, si tienes hambre, pensé que podíamos comer en la playa. — Dijo Quinn, los labios se curvaron hacia arriba. — Eso es lo que hay en mi, um, en la bolsa de asesino en serie.
Rachel asintió con la cabeza y aspiró el aire salado mientras Quinn sacaba una manta y encontraba un lugar soleado en la arena. Se sentaron con las piernas cruzadas una junto a la otra, y Quinn comenzó a sacar la comida de su bolso. Galletas de mantequilla de maní. Más galletas de mantequilla de maní. Querido Dios, más galletas. Rachel trató de contener su sonrisa. Quinn agregó sandwiches, papas fritas, pasta, Fruit-by-the-Foot y leche con chocolate a la pila, luego miró expectante hacia Rachel.
— Quinn, creo que tienes un problema. — dijo Rachel completamente en serio. El rostro de Quinn cayó; la miró consternada.
— ¿Cuál es? — preguntó con preocupación.
— Yo creo que tienes un problema hacia las galletas de mantequilla de maní — Sonrió Rachel. Quinn procesó aquello por un momento, y luego lanzó un guante a Rachel, tratando de contener su sonrisa.
— Tú las amas. Es probable que comas más de la mitad — Murmuró Quinn, desenvolviéndolas ansiosamente.
Rachel le sacó el recipiente de plástico lleno de galletas, y echó un vistazo. Arrojó el guante de Quinn de nuevo hacia ella. — Una galleta menos, setecientas mil para comer.
Quinn colocaba tres Fruit-by-the-Foot juntos para crear una enorme bola afrutada, cuando Rachel terminó más de la mitad de las galletas. Se recostó en la manta con las manos cruzadas sobre su estómago y suspiró con satisfacción. Ella no solía ir mucho a la playa, pero el sonido de las olas era muy relajante. Rachel miró de reojo a Quinn; la otra mujer también la estaba observando, sus mejillas infladas como un hámster masticando su enorme creación bola de goma.
Rachel sonrió. — ¿Esta buena? — le preguntó con sarcasmo.
Quinn asintió con la cabeza sin vergüenza. Ella subió sus dos pulgares para arriba, y Rachel se acercó y le tocó la mejilla. — No te atragantes, cariño.
Una vez más, Quinn asintió. Respiró profundamente como si fuera la mas agotadora masticada en su vida. Rachel se rió entre dientes, y esperó hasta que Quinn finalmente tragó hacer su pregunta.
— ¿Vienes mucho por aquí, Quinn?
Quinn se tiró en la manta junto a Rachel, ambas mirando al cielo, tomando sol. — Mmhmm. — afirmó.
Rachel tarareó. — Es agradable y calmo. Y tranquilo. Bueno, ahora mismo.
Hubo un silencio cómodo antes de que Quinn hablara. —Me escapé aquí. — dijo en voz baja.
Rachel giró la cabeza para mirar el perfil de Quinn. La rubia sacudió la cabeza hacia atrás y hacia adelante, de manera que su cabello se movió alrededor de su cara. Rachel llegó hasta tocar suavemente su oreja colocando un poco de cabello detrás de ella, y Quinn se quedó inmóvil, sin dejar de mirar al cielo.
— Vinimos aquí en un, um, viaje de campo o algo así cuando tenía siete años, y fue... no sé, ¿feliz? Como si, no me sintiese... encerrada. Es tan grande.
— Lo es — Rachel acordó en voz baja, mirando como el sol se reflejaba en los ojos de Quinn.
Quinn continuó. — Y luego, cuando yo tenía-cuando yo tenía nueve años, tuve un ataque de pánico cuando algunas de las chicas-algunas de las chicas mayores eran um, me llamaban con nombres. Era mi cumpleaños, así que traté de venir-de venir aquí... pero ni siquiera llegué a la estación de metro.
Rachel cogió con cuidado una de las manos apretadas en los bolsillos de Quinn, instando a la mujer para continuar. Ella había tenido alguna experiencia con chicas malas en los cumpleaños; no era agradable.
— Luego, cuando mi tía me adoptó, solía venir aquí todo el tiempo. Ella se enojaba, pero... creo que una vez me dormí en el paseo marítimo. Y en la playa.
Quinn finalmente giró la cabeza para encontrarse con los ojos de Rachel. La morena simplemente esperó, y Quinn sonrió ligeramente. Los labios de Rachel se arquearon cuando vio que la lengua de Quinn era azul.
— Es mejor ahora. Creo que te dije que lo haces mejor. — Dijo Quinn sonrojada. Ella sonrió cuando vio a Rachel mirando su lengua. — Y yo sólo quería compartirlo contigo.
Rachel besó la mano que sostenía con una pequeña sonrisa. — Gracias, lengua azul.
Quinn se mordió la lengua entre los dientes con una sonrisa y se sentó. Empujó a Rachel con ella y dejó sus cosas detrás para caminar por el paseo marítimo, con las manos aún entrelazadas.
Definitivamente estaba más concurrido por allí. Incluso con los paseos cerrados, la comida y los juegos y la música atrajeron la atención. Rachel miraba todo. No tenía idea de por qué no había estado allí antes. Seguro que probablemente no comería la mitad de lo que se vendía, perritos calientes fritos, en serio, pero Quinn y Barnaby seguramente lo harían. Oh Dios. El pensamiento la hizo sonreír. Rachel vio a Quinn mirando a su alrededor con los ojos brillantes, apretando aun más la mano de Rachel cuando la gente se acercaba demasiado.
Se detuvieron para ver el break dance de un chico, y luego por un mago, que sin duda parecía que podría ser un pedófilo. Quinn mantuvo mucha distancia entre ellos; Rachel no se quejaba, pero ella aplaudió alegremente cuando el hombre sacó un conejo de peluche de su sombrero "vacío".
Cuando llegaron hasta los perros calientes de Nathan, Quinn se dio la vuelta frente a Rachel e insistió en que pararan para tomarse una foto.
Rachel miró hacia el letrero y luego a Quinn. — Es un puesto de perritos calientes, Quinn. Hemos pasado como, diez, ya.
Quinn se balaceó sobre sus talones tomando las manos de Rachel tirando ida y vuelta. Rachel no pudo evitar sonreír.
— No, esto es-aquí es donde el-el perro caliente- en-en cuatro de julio.
— Quinn. — Rachel levantó las cejas y sonrió hacia la rubia con gusto. Se veía tan emocionada.
—Despacio, está bien. Palabras, ¿de acuerdo?
Los brillantes ojos de Quinn se centraron en los de Rachel. — En cuatro de julio, aquí es donde-donde tienen el concurso de comer de perros calientes. Es simplemente divertido de ver. Me gustan los perros calientes. Con ketchup.
Rachel rió. — ¿Sólo ketchup? ¿Nada de mostaza, condimentos?
Quinn arrugó la cara y negó con la cabeza.
Rachel miró hacia el puesto. — Está bien. Vamos a tomar una foto. — Rachel estaba demasiado contenta de documentar esta excursión. Nadie creería que una primera cita podría implicar estar de pie fuera de un puesto de perritos calientes por, como, ahora diez minutos. En realidad Rachel había participado en un concurso de comer antes; tenía diez años, y era pastel de cereza en Acción de Gracias, ella sólo logró comer uno, y se veía como si hubiera sido golpeada en la cara, pero... sí, fue muy divertido.
Quinn sacó su cámara de su bolsillo trasero y miró a la gente caminando alrededor de ellos un poco ansiosa. Jugueteó con la correa de la cámara mientras Rachel observaba, pero no se movió para acercarse a nadie. Rachel quitó suavemente la cámara de las manos de Quinn con un guiño y una sonrisa, y saltó hasta una bonita pareja justo pasaban caminando.
— ¡Hola! — dijo, mirando a los ojos. Ellos le sonrieron. ¿Te importaría tomarnos una foto a mí y a mi amiga? Ella tiene una especie de obsesión con este lugar de perros calientes. — Rachel susurró la última parte e hizo el movimiento "loco" con la mano libre. Miró a una Quinn ruborizada con una inocente sonrisa brillante.
La pareja se rió y asintió con la cabeza. Rachel regresó de nuevo hacia Quinn y puso su brazo alrededor de la cintura de la mujer más alta.
— No estoy obsesionada. Es simplemente genial. — Murmuró Quinn a través de su sonrisa, envolviendo su brazo alrededor de los hombros de Rachel. La morena agarró la mano que colgaba sobre su hombro y se inclinó hacia el lado de Quinn.
— Lo sé. — Dijo en el oído de Quinn. — Es lindo.
El chico tomó la foto cuando Rachel le devolvió la sonrisa a la cámara y Quinn miró a Rachel con una sonrisa, mordiendo un poco su labio. Fue perfecto.
Después de tomar más fotos en Astroland y la rueda de la maravilla, y viendo a Quinn recrear un cartel de una mujer tragadora de espadas, sin la espada, terminaron su caminata por una barandilla que separaba el paseo marítimo de la playa. Se apoyaron contra ella y vieron como el sol se ponía en el cielo. Rachel esperaba que nadie hubiese robado sus cosas en la playa. ¿Quién podría? Realmente, un tupper con olor a mantequilla de maní y un montón de envoltorios fruit-by-the-Foot.
— Esto fue perfecto, Quinn. — Dijo Rachel sinceramente, volviéndose hacia ella.
Quinn sonrió tímidamente. — ¿En serio? ¿Te ha gustado? ¿Te has divertido?
Rachel asintió con la cabeza y envolvió sus manos alrededor de la barandilla frente a ella. — No creo que-en realidad, no. Esta es la mejor primera cita que he tenido. — Rachel decidió no mencionar que ella sólo había tenido un par de primeras citas, ya que la segunda cita nunca pasaba.
Quinn no pudo contener su sonrisa, quedando en un cómodo silencio, escuchando el sonido de las olas. Quinn comenzó a tamborilear lo largo de la barandilla unos minutos más tarde. Rachel miró sus dedos.
— Rachel — Dijo Quinn abruptamente. Rachel la miró de nuevo, poniendo una mano sobre la de Quinn en la barandilla.
— Quinn.
La rubia tragó y Rachel frunció las cejas. Oh-oh.
— Nunca he tenido un verdadero-un verdadero beso antes — Los oídos de Quinn eran de color rojo brillante.
Oh Dios. ¿Hacia dónde iba todo esto? Y, oh buen Señor, deja de mirar fijamente sus labios, Rachel. Frénate ahí. Sólo frénate ahí. Rachel esperó con calma, bueno tranquila en el exterior, hasta que los ojos color avellana, finalmente encontraron con los suyos. Ella sonrió suavemente a Quinn.
— ¿Qué quiere decir un beso de verdad? —Le preguntó en voz baja. Rachel se preguntó qué podría ser un beso falso.
Quinn dudó. — Um, bueno, algunos de-algunos de los niños adoptivos me besó, pero... Pero solo eran como, no fue agradable... — susurró.
Rachel sintió que las manos se desplazan bajo su propia cuenta. No sabía si debía hacer un movimiento. Dios, se sentía como la vida o la muerte. ¡Cable rojo o azul! ¡El tiempo se acaba!
Ella tomó una decisión.
Rachel alejó una de las manos de Quinn de la barandilla, y luego dio un paso delante de ella. Y luego más cerca. Y más cerca. Los ojos color avellana de Quinn estaban fijos en ella todo el tiempo. Puso una mano en el cuello de Quinn, acariciando el cabello rubio ligeramente, manteniendo la otra mano sobre la de Quinn en la barandilla. Luego se inclinó de puntillas y le dio un beso.
Dios, y el mundo se detuvo en su lugar. O algo así. Realmente, Quinn estuvo vacilante al principio, pero cuando ella respondió, y envolvió su brazo alrededor de la cintura de Rachel, fue perfecto. Malditamente perfecto. No fue largo, ya sabes, Rachel no quería convertirlo en un beso francés de ramera o algo así en la primera cita, en el primer beso de Quinn pero, Dios ella quería hacerlo una y otra vez ahora.
Miró a Quinn, quien sacudió un poco su cabeza, erizando su pelo rubio alrededor. Rachel ausente la tocó de nuevo, hormigueo en sus labios, su cara en llamas. Quinn la miró aturdida; ella sonrió dulcemente y se mordió el labio mientras Rachel la miró. La morena sonrió como una maldita idiota. Ni siquiera se molestó en tratar de controlarlo; que era imposible, porque, Dios, ella sólo besó a la chica más hermosa en el mundo. La sonrisa de Quinn se transformó en una sonrisa tonta, y ella tiró de Rachel en un abrazo. Lo que sea, podrían ser tontas juntas.
Santana: Berry. ¿Estás ahí?
Rachel: Sí, Santana. Son las cinco la mañana. Y es domingo. ¿Qué pasa contigo?
Rachel se frotó los ojos los ojos de sueño y se apoyó contra su cabecera. En serio, ¿quien le enviaba mensajes a alguien antes de que el sol, incluso saliese?
Santana: ¿Cómo fue tu cita?
Rachel: ¿En serio? ¿Quieres saber estuvo mi cita? Qué dulce.
Santana: Cierra la maldita boca. Esta conversación sería más corta si me contestaras.
Rachel: Fue perfecto. :)
Santana: Me das asco.
Rachel: Fuimos a Coney Island.
Santana: Asqueoso.
Rachel: Y me besó.
Santana: Muuuy asqueroso... pero, buen trabajo, Berry. Ahora vete a la mierda porque son las 5:00a.m… Quién envía mensajes a las cinco de la mañana. En serio.
Rachel: Estúpida.
Rachel estaba a punto de volver a dormir cuando oyó movimiento en la cocina. Claro, era probablemente Barnaby, que había estado durmiendo con Quinn, y debe haber decidido hacerse un bocadillo en la mañana temprano. Se levantó para investigar todos modos.
Caminando a través de la cocina, encontró a Quinn con la boca llena de gusanos de gomitas en la barra de desayuno, un tazón de Froot Loops y helado en frente de ella. Rachel se quedó mirando. Oh Dios, quería vomitar.
Quinn se giró cuando se dio cuenta que no estaba sola, y levantó una mano en señal de saludo, tratando de tragar apresuradamente todos sus gusanos de goma.
— Quinn. Tú no puedes-¿cómo puedes comer así? No es sano, cariño. — Dijo Rachel, sonriendo ligeramente cuando Quinn agachó la cabeza mientras Rachel le revolvió el cabello. — Vas a enfermarte.
Quinn frunció el ceño y miró a su comida. Rachel podía ver que quería comer. Estaba gritando su nombre.
— Me gusta. — Dijo Quinn. Miró a Rachel a los ojos, y la morena sacó un gusano gomoso del mostrador y mordió la mitad.
— No me gusta la parte amarilla. — Dijo Rachel, dejando caer la otra mitad en el colorido tazón de Quinn. Dios, que necesitaría una carretilla de insulina para calmar tanta azúcar.
Quinn tomó una cucharada del helado con cereal y se lo comió, gimiendo exageradamente. Rachel rió y empujó su hombro a la ligera.
— ¿Por qué estás despierta antes del amanecer? Odias las mañanas.
Quinn volvió a mirar a su comida. — No podía dormir.
Rachel caminó hasta el otro lado del mostrador y se apoyó en ella, mirando a Quinn. — ¿Son los ruidos?
Quinn negó con la cabeza. — No. Me gusta-Barnaby me ayudó. Con eso. Yo estaba... — Quinn se sonrojó y comenzó a apilar Froot Loops en el mostrador. — Estaba recordando lo que pasó ayer. Una y otra vez.
Una sonrisa se abrió camino en el rostro de Rachel mientras escuchaba a Quinn. Ella tocó la mano de la rubia para que la mirara cuando las torres de Froot Loop se derrumbaron por todo el suelo. Barnaby limpió los restos.
— Deberíamos hacerlo de nuevo. — Dijo Rachel. Quinn sonrió. — Sé que mis shows hacen que las citas en la noche sean un poco difícil, pero, ¿qué tal una cita para comer mañana? ¿Durante tu descanso?
Quinn asintió con entusiasmo y golpeó la cuchara de su tazón. Rachel rió.
— Oh, Rachel, yo quería preguntarte algo.
Rachel se sirvió un poco de café, ya que ella no iba a regresar a la cama pronto.
— Quinn, acabo de invitarte a salir de nuevo. No es necesario que me preguntes. — Dijo Rachel en tono de broma. Quinn lanzó algunos Froot Loops hacia ella.
— Hay un cachorro donde trabajo. Es una mezcla de border collie... Y él es muy peludo y dulce...
Rachel dejó de jugar con el café y sonrió con complicidad a Quinn. — Y lo quieres. —indicó.
Quinn asintió vacilante, viendo la reacción de Rachel. — Pensé que podríamos ponerle el nombre Cornelio, de esa película que me hablaste. Y, sabes, podría ser amigo de Barnes cuando no estemos en casa...
Rachel centró sus ojos en la cafetera pensando por un minuto. Sí, podrían rescatar a un cachorro y darle a Barnaby un nuevo amigo. Tal vez podría calmar algunas locuras de B; eso sería increíble. También podría ser el primer paso para ser dueño de rebaños en manadas de perros y ser arrestado por el acaparamiento. Quinn parecía el tipo de persona que deseaba enjambres de animales alrededor.
— Prometo que él te gustará — Aseguró Quinn en voz baja. Su helado se derretía.
Dios, "no" ni siquiera era una opción para Rachel aquí. Se volvió hacia Quinn con una sonrisa de mala gana y rodo los ojos.
— Está bien. Trae Cornelio a casa después del trabajo y veremos cómo le cae a B.
Los ojos de Quinn se iluminaron y un grito emocionado escapó de su boca. Se deslizó cuidadosamente fuera del taburete de la barra de desayuno y caminó alrededor para darle a Rachel un abrazo. A la morena le hizo gracia, devolviéndole el apretón con fuerza.
— Pero no se lo puede alimentar basura. Y tienes que enseñarle modales. — Añadió Rachel en el hombro de Quinn. La rubia asintió con la cabeza.
— Por supuesto. Lo amaras, lo prometo.
