Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Himaruya. Esta awesone historia a Locked Up. La imagen de portada es creación de la fabulosa Zeemo. Lo único mío es la traducción.

OXOXOXO

Capitulo ocho: No está mal.

Mattie Mattie Mattie Mattie Mattie Mattie.

Alfred rebotó alrededor de su cuarto, preparándolo para la llegada de su primo. Su mamá se había ido al aeropuerto una hora antes y él apenas podía contener su emoción. Una sonrisa que se ensanchaba más y más se le había pegado a la cara desde que despertó y se dio cuenta de qué día era. (Puede que haya influenciado el que recibiera un mensaje de texto de Girasol que decía Buenos días, querido.)

Como sea, estaba a punto de saltar del techo mientras empujaba su ropa en el armario y sacaba el colchón de repuesto del ático para ponerlo en el piso. Alfred no había visto a su primo durante casi un año y tenía mucho qué contarle. Principalmente sobre Girasol. Esperaba que Mathew pudiera darle un nuevo punto de vista, una opinión externa de la situación.

Cuando su habitación estuvo lista, se dirigió a las escaleras, entrando a la sala. Ya adentro, sus ojos recorrieron el área. Todo parecía estar en orden… bueno, excepto por la bolsa de frituras abandonada que estaba torcida en la mesita del café. Alfred la tomó, arrugando la nariz cuando metió la mano y encontró una sola papa marginada. El resto se había ido.

Tiró la bolsa en el basurero de la cocina justo cuando el teléfono empezó a sonar. El muchacho saltó, dejando escapar un suspiro cuando el segundo timbrazo vino. Sin comprobar quien era lo cogió, la sonrisa reafirmándose en sus labios.

Hellooooo —saludó, girándose para así poder apoyarse en el mostrador.

Alfred… ¿Es Alfred? —preguntó una robusta voz femenina, sonando muy preocupada.

Yeah.

¡Dios, lo siento mucho! Debería haber llamado a alguien o algo… ¿Estás bien?

Le tomó un momento a Alfred que su mente hiciera clic con la identidad de la persona que llamaba.

—¿Emma…?

¡Lo siento mucho! —continuó ella —. Creo que escuchaste lo que pasó, ¿no? Te juro que no te dejé plantado a propósito.

—Está bien —respondió Alfred, los ojos abriéndoseles en sobremanera al darse cuenta de que todo el incidente con Emma se había deslizado de su mente. Escuchó un suspiro de alivio al otro lado de la línea.

El resto de la conversación continuó torpemente mientras Emma seguía disculpándose y agradeciendo con efusión que él no estuviera enojado. Alfred se quedó callado mientras tanto, dejándola hablar. Entonces, cuando estaban a punto de colgar, tuvo una idea.

Hey, eh… ¿Emma? ¿Puedo hacerte una pregunta?

¿Mmm?

—¿La palabra "girasol", eh, significa algo para ti?

Son lindos, creo. ¿Por qué?

Esa era la respuesta que necesitaba.

—No importa. Okay, gracias. Hablamos luego.

Colgó, suspirando. Se quedó contra el mostrador por un segundo, buscando alrededor cualquier cosa que necesitara ser limpiado. Entonces escuchó el maravilloso, hermoso, glorioso sonido del motor de un auto que se avecinaba al camino de la entrada.

Mattie Mattie Mattie Mattie

Saltó hacia la puerta, tirándola y corriendo hacia las gradas, ignorando por completo que no llevaba zapatos ni chaqueta en la frialdad del tardío nuevo octubre. Cuando el auto se detuvo, su mamá salió. Entonces la puerta del pasajero se abrió, la sonrisa de Alfred ensanchándose mientras su primo Mathew se revelaba.

Inmediatamente se lanzó hacia el otro chico, el grito de "¡Mattie!" saltando de sus labios. Mathew se tensó cuando los brazos lo envolvieron, pero luego de un breve momento de entendimiento, le devolvió el abrazo.

Hey, Al —dijo el chico con cariño, sonriendo ligeramente.

Era imposible que la sonrisa de Alfred se hiciera más grande de lo que ya estaba, respiró profundamente.

Ohmygod, yo estaba como esperando por mucho tiempo y ahora es awesome porque estás aquí y tengo mucho qué contarte, como, ¡todo! Y tengo algunos juegos nuevos y no sé si te gustarán pero son realmente cool y deberías yyyyy he dibujado algunas cosas y mierda, tengo que contarte sobre Ivan también, ¿no? Porque ha pasado taaaaaaanto desde que estuviste aquí y no te he contado nada desde hace un año, ¿verdad? ¿Cómo has estado?

Mathew parpadeó y con ojos vidriosos intentó descifrar algo del incoherente balbuceo de su primo. Entonces su rostro se iluminó cuando se dio cuenta de que tenía algo qué responder.

—He estado bien.

—Alfred —lo regañó su mamá —. Mathew ha estado sentado en un avión durante cuatro horas. No creo que quiera ir a tu cuarto de una vez.

—Está bien —respondió Mathew con su voz suave. Alfred le lanzó a su madre una mirada exagerada.

—Creo que deberíamos dejar a Mattie elegir. C'mon, Matt. ¿Video juegos o parloteo vergonzoso?

—Eh… bueno…

—No es vergonzoso, Alfred. Es sólo ponerse al día, quiero saber qué ha estado haciendo Mathew.

—Cualquiera está bien… —Math se mordió el labio, mirando a su primo y luego a su tía. Alfred negó con la cabeza.

—Puedes hablar con él siempre que quieras —razonó el menor.

—Y tú puedes jugar a los videojuegos en cualquier momento.

No —replicó Al —. No puedo.

—¡Chicos! —dijo Mathew un poco más fuerte. Alfred pareció darse cuenta de que su primo aun estaba allí, volviéndose a él con una sonrisa.

—¿Vamos arriba?

La mamá de Alfred suspiró con exasperación, sacudiendo la cabeza mientras entraba a la casa. Mathew se encogió de hombros, siguiendo a su primo a través de la sala hasta las escaleras. Cuando entraron a la habitación, Mathew se derrumbó en la cama de su primo.

—¿Cansado? —preguntó Alfred. Math asintió entre las sabanas.

—Entonces, ¿Cuál era el juego que querías mostrarme?

La sonrisa de Alfred se ensanchó.

—La verdad, es que no hay juego. Sólo le dije eso a mamá para que no pudiera hacer ninguna… —estrechó los ojos, rostro dramático —… pregunta.

Las orejas de Math dieron un respingo.

—¿Entonces qué?

—Tengo algo awesome qué mostrarte —dijo el chico con una sonrisa, abriendo los últimos mensajes de Girasol. Entonces sostuvo su móvil frente la nariz de Mathew, saltando arriba y abajo de pura emoción.

Los ojos de Mathew se abrieron mucho.

—¿Son para ti?

—¡Mejor créelo!

Math releyó las palabras, las comisuras de sus labios elevándose un poco.

—¿Quién es?

Y esto detuvo a Alfred, que apartó la vista con torpeza y bajó el móvil.

—Aquí es donde voy a necesitar un poco de tu ayuda —dijo y Math asintió, comprendiendo —. Ella quiere que la llame Girasol.

—¿Tienes alguna idea de quién sea?

Nope.

Su primo parpadeó un par de veces en su mente.

—Pero yo no conozco a nadie aquí.

—Y está bien —dijo Al —. Sólo necesito algo de intervención. Puedo enseñarte los otros mensajes. Y los primeros que ella me envió eran cartas e hizo este enorme banner en la pared del gimnasio diciendo que me amaba.

—Eso es intenso —opinó su primo.

—Como acampar, dude.

—Esa broma es vieja, Alfred.

Yeah, bueno… —se encogió de hombros, entregándole su móvil a Mathew —. Esto es awesome.

Sin embargo, cuando Mathew empezó a buscar los mensajes, dio un salto y estuvo a punto de dejar caer el móvil. Este vibró otra vez, lo que significaba otro mensaje. Alfred se lo arrebató, levantado las cejas mientras leía el mensaje.

—Oh, Dios.

Hola, Alfred. Ahora que somos amigos quiero pasar tiempo contigo. Estaré en tu casa a las cuatro.

El dueño del móvil cerró los ojos, pasándoselo a Math para que leyera el mensaje.

—¿Quién es ese? —preguntó Mathew.

—Braginski. Es el chico ruso del que te hablé, el imbécil.

—Él dice que son amigos.

Yeah, bueno, aparentemente ahora lo somos. Ha estado actuando realmente raro últimamente. Como si ser amable conmigo no fuera raro. Creo que está intentando molestarme.

—Y dice que viene a las cuatro.

—Puede esperar afuera.

Mathew se rió un poco.

—Oh, qué bien. Entonces, volviendo a la chica girasol. ¿Estás seguro de que es real?

Alfred asintió.

—Lo es. Digo, tenías que haber visto lo que escribió en el muro. Era enorme.

Mathew se tomó unos segundos para buscarlo, presionando un par de botones.

—Awww…

Alfred no pudo evitar sonreír.

Yeah, ella es muy linda.

Pasaron unos minutos en silencio y entonces Math cerró el móvil.

—Bien, creo que deberías encontrarte con ella.

Alfred se detuvo de cualquier cosa que estuviera haciendo.

—¿Qué?

—Eh. Que deberías encontrarte con ella. Cara a cara.

Oh. Alfred ya había pensado totalmente en ello.

—Ya le pregunté quién era y sin embargo me dijo que no podía decírmelo, aun.

Su primo se mordió el labio.

—Tal vez ella quiere encontrarse contigo en persona. Pero no tomes mi palabra en serio.

Shit, ahora no sé.

—Pregúntale.

Alfred se rascó la cabeza.

—¿Tú crees?

—¿Qué daño podría hacer?

El muchacho deslizó su mano dentro de su bolsillo, sacando de nuevo el móvil.

'Kay. Aquí voy —se dio valor. Escribió el rápido mensaje en tan sólo unos segundos, viéndolo antes de poner el dedo encima del botón de enviar —. ¿Y si dice que no?

Math inclinó la cabeza hacia un lado, su cabello rubio, que era más largo que el de Alfred, se balanceó con el movimiento.

—Entonces ella dice que no.

Alfred suspiró, enviando el mensaje.

—Casi son las tres. Braginski vendrá en una hora.

—Buen trabajo —lo felicitó su primo —. Realmente quiero ver un poco a ese tal Ivan.

—Oh —dijo Alfred, riendo sin alegría —. No, tú no quieres.

OXOXOXOXO

En el momento que el reloj marcó las cuatro, hubo un golpe en la puerta y un timbrazo simultaneo. Alfred gimió, esperando a que su madre atendiera la puerta. Él y Mathew acababan de volver a la habitación después de que se dieran cuenta que este último podría necesitar su maleta y otras cosas del auto.

Después de que sonara el timbre hubo un momento de silencio antes de que Alfred escuchara la puerta del frente abrirse y un poco de conversación amortiguada. Mantuvo la oreja pegada a la puerta de su cuarto, Mathew esperando en la cama detrás de él por alguna actualización sobre cómo iba la situación con Ivan. Alfred escuchó la voz de su mamá y luego una ligera voz masculina. Yep. Ese era Ivan, bien.

—¿Está ahí? —preguntó Math y Al movió su mano frenéticamente para que se callara. Hubo algunos pasos y entonces la puerta fue cerrada otra vez. Luego más pasos y entonces…

—¡Alfred, Ivan está aquí!

—Mierda —murmuró el adolescente, sentado detrás de la puerta. Si no respondía tal vez su mamá captaría el mensaje. Sin embargo, cuando su voz llegó unos pocos minutos después, supo que este no sería el caso.

—¡Lo enviaré arriba!

Alfred dio un salto para alejarse de la puerta, tropezando cuando se puso de pie.

—Mierdaaaaa —siseó.

Mathew parecía muy intrigado y observó la puerta mientras los pasos se acercaban más y más. Entonces estos se detuvieron en frente de la puerta, esperando un momento antes de tocar la puerta.

Alfred le hizo mala cara a la puerta, cruzándose de brazos. Mathew negó con la cabeza, yendo a abrir. Mientras lo hacía, se quedó de piedra con ojos muy abiertos. Al se mordió el labio, esperando que algo sucediera.

—Alfred —dijo Ivan con sorpresa, aun oculto por la puerta de la vista del chico nombrado —. Cambiaste tu peinado.

—Eh… —Mattie parecía haberse quedado sin palabras, probablemente porque la altura de Ivan aumentaba el nivel de intimidación —. Soy Mathew.

—¿Qué hiciste con Alfred? —inmediatamente exigió el ruso y Alfred podía imaginar la cara que él estaba haciendo. Mathew se encogió, ya no tan ansioso por conocerle.

—¡Nada! —dijo Math, señalando con un dedo la dirección de Alfred —. ¡Allí está!

—Oh —soltó Ivan, empujando totalmente la puerta para revelar al verdadero Alfred —. ¡Hola! ¿Quién es tu amigo? —sus palabras sonaron amigables, pero estaban llenas de malicia.

—Mattie es mi primo —respondió el menor, mirándole. El ruso parpadeó antes de sonreír.

—Adorable. Si me permites preguntar, ¿qué está haciendo aquí?

Si Alfred no lo conociera mejor, habría pensado que el eslavo sonaba decepcionado.

Él está aquí porque él es awesome. ¿Por qué estás aquí?

—Bueno —Ivan se preparó para responder, brillando considerablemente —. Supuse, desde que saliste corriendo la última vez, que todavía debemos trabajar en nuestro proyecto. Y no habrá mención de ningún pariente o la falta de este. ¿Te parece aceptable?

Mathew se escondió detrás de la puerta mientras todo esto pasaba. Era extraño como actuaba él alrededor de otros. Con Alfred o alguno de sus otros amigos él era muy extrovertido e incluso un poco cínico y sarcástico. Pero en multitudes, o con alguien que no conocía, él se encerraba. Esta era una de esas veces.

—Eh, estoy poniéndome al día con mi super awesome primo y, y'know, desde que realmente no me agradas

La expresión alegre del ruso se esfumó. Vio al americano por un momento, pareciendo muy confundido.

—Pero somos amigos, ¿no?

—Supongo. Digo, sólo accedí un poco —Al se encogió de hombros y apartó la vista. La mirada en el rostro del ruso era muy dolorosa de ver.

—El muchacho japonés es tu amigo. Y ustedes dos visitan la casa del otro siempre que quieren —razonó Ivan, frunciendo el ceño.

Yeah, bueno, Kiku y yo hemos sido amigos desde no sé cuánto —contrarrestó —. Así que, tal vez si tú me preguntaras la próxima vez que quisieras venir… tal vez diría que sí —intentó sonar lo más enérgico posible.

—Eso es irrelevante —dijo mientras entraba a la habitación por cuenta propia —. Porque ya estoy aquí y tenemos un proyecto en qué trabajar.

—Sin embargo, Mattie está aquí y quiero hablar con él.

—Él puede ayudar —propuso el eslavo, de seguro intentando sonar dulce.

Mathew estaba ocupado escondiéndose detrás de la puerta.

—Pero eso no es cool —se quejó el menor —. ¡Acaba de llegar!

—Yo también.

—Yeah, pero yo quiero que él esté aquí.

Ivan no parecía entender que no era bienvenido, porque caminó hasta sentarse en la cama de Alfred. Mathew se asomó desde detrás de la puerta con ojos muy abiertos. El dueño de la cama sólo gruñó, poniendo los ojos en blanco.

—Entonces —dijo el mayor, abriendo un cuaderno que había traído con él —. Tu tema es "Amor verdadero".

—En serio man, vete.

Ivan miró al chico a su lado, los ojos brillando peligrosamente.

—… y mi tema es "Naturaleza humana" —continuó —. ¿Te has puesto a pensar en cómo deberíamos conectarlos?

—Eh… —Alfred se movió un poco, inconscientemente —. No lo sé…

—La naturaleza del amor verdadero —susurró el chico tras la puerta.

Toda la atención fue volcada hacia Mathew, cuya cabeza apenas era visible en el borde de la puerta. Entonces retrocedió, oculto de toda vista otra vez. Ivan se quedó pensativo.

—Eso suena bien —concedió este.

Alfred se encogió de hombros. Obviamente el ruso no planeaba irse y aunque había estado actuando de manera extraña, Alfred no quería presionarlo mucho.

—Supongo.

—Ven, siéntate. Tu primo se puede unir a nosotros.

Desde su punto de vista, Mathew no mostró ninguna intención de moverse de detrás de la puerta, por lo que Alfred no insistió. Estaba siendo muy fácil de convencer hoy, ¿no? Como fuera. Cualquier cosa para conseguir que Ivan se vaya lo más rápido posible, se dijo a sí mismo.

—Por lo tanto, tenemos que hacer una representación visual. Como un video, ¿no?

—Yo tengo una cámara —dijo Alfred, sentándose cuidadosamente en la cama tan lejos de Ivan como fuera posible, pero sin caerse. Por el rabillo del ojo vio a Mathew agacharse, viendo toda la escena. Suertudo.

—Perfecto. Escribiré el guión de inmediato.

Hey, hey —le paró Al, sosteniendo las manos en alto —, no tan rápido. Primero debemos averiguar de qué va. Y no voy a permitir que hagas todo lo divertido.

Ivan alzó una ceja.

—Entonces, ¿Cuáles son tus ideas?

—Déjame pensar —dijo el menor, frunciendo las cejas —. Podríamos, como, actuar y eso —por alguna razón, se sentía un poco más cómodo hablando con Ivan ahora que Mathew estaba en su habitación y su mamá en la planta baja. Se cruzó de brazos —. Siempre y cuando yo sea el que filme.

—Me gustaría verte actuar —dijo el eslavo con una sonrisa.

Alfred volvió a ver a Math en busca de una reacción, pero no había ninguna.

—Eh… ¿qué tal si hacemos una lluvia de ideas? Y´know, hasta que tengamos algo que nos guste.

Y así es como eso fue. Ivan sólo parecía ser capaz de ofrecer escenarios en los cuales Alfred interpretaba a Psique y tenía que usar vestidos. Sólo otra forma de burlarse del americano. Mathew no ofreció otra idea útil, si no que optó por escabullirse del cuarto hacia la planta baja; probablemente a tener esa conversación que la madre de Alfred tanto había esperado. El menor intentó decir que deberían hacer una cosa tipo metáfora de fantasía con un montón de simbolismos y otras cosas que Ms. Héderváry pudiera devorar. Ivan no quiso saber nada de esto.

—Creo que tu popularidad subiría si llevas toga, Alfred.

Yeah, bueno, sólo si te disparas a ti mismo en el trasero.

—Cualquier cosa si te hace llorar.

—Sólo cuando empieces a bailar.

—Tango. Me la pondré.

—Al diablo, sí que te la vas a poner. Soy el hombre en esta relación.

Y en ese momento, Ivan se movió hacia él hasta que estuvieron espeluznantemente cerca, moviendo las cejas sugerentemente.

—Creo que ya habíamos hablado de eso.

Alfred se echó hacia atrás, lanzándole al ruso una mirada de preocupación.

—Eres tan gay, dude —había un poco de pánico allí. Ivan simplemente rió con ligereza, sacudiendo la cabeza. El americano puso los ojos en blanco —. Como sea, ¿qué tenemos hasta ahora?

—Absolutamente nada hasta que aceptes usar la toga.

—Entonces supongo que no haremos el proyecto.

—Alfred —le regañó juguetonamente —. Es una simple petición, de verdad.

—Si tanto te gusta la toga, ¿por qué no haces tú de la chica esa?

—¿Eso te gustaría?

El menor se burló con disgusto y se cayó de la cama. Se retorció en el suelo por un momento cuando Ivan se echó a reír. Entonces, Alfred se detuvo. Se congeló en medio espasmo, mirando al ruso con ojos muy abiertos. Porque Ivan estaba riendo. Y esta no era la risa "ha ha, estás sufriendo" y tampoco su risa malvada. Era una especie de risa feliz, y era completamente extraña para los oídos de Alfred.

—¿Qué? —preguntó el eslavo después de un momento, viendo al chico en el suelo.

Este sólo parpadeó, sacudiendo la cabeza. ¿Qué demonios estaba haciendo? Era Ivan del que estamos hablando. Ese Ivan. El que no le caía bien.

El que estaba resultando no ser tan malo.

—Nada —respondió, rascándose la cabeza mientras se sentaba —. Y´know, podemos hacer esto en clase. Y es probable que ya sea hora de que… eh… te vayas…

—Claro —corroboró el mayor, aunque se veía un poco decepcionado. Alfred trató de ignorarlo —. Pero antes, ¿puedo preguntar dónde está tu baño?

—Oh, yeah, abajo. Al lado de las escaleras, pero no al lado de la sala. Hay una gran casa de madera en ella. Ya lo verás.

Spasibo.

Alfred frunció las cejas, pero no dijo nada. Había escuchado a Ivan hablar en ruso algunas veces, como si olvidara el inglés de vez en cuando. Aun era raro de escuchar.

En cuanto Ivan se fue, Alfred se levantó del suelo, sacudiéndose. Probablemente debería ir a ver a Mathew, tal vez rescatarlo de la ociosa conversación de su mamá. Sin embargo, hubo un pequeño zumbido antes de que pudiera irse. Provenía de su móvil, que estaba recostado en su mesita de noche.

Lo tomó, abriéndolo y leyendo el último mensaje. Este era de Girasol.

¿Cómo estuvo tu día, Alfred?

Alfred pensó por un momento antes de sonreír y escribir la respuesta.

No estuvo mal.

OXOXOXOXO

¡Mucha dulzura en este cap! Y no lo digo por la aparición de Mathew… no… ejem. Bueno, sí. Me encanta Mathew.

¿Les gustó el coqueteo a base de insultos? Aunque Alfie no se diera cuenta de que lo era e.e

¡En el próximo cap nos encontraremos de nuevo a Arthur!

¡Muchas gracias por sus reviews! ¡Nos vemos en una semana!