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Chapter 8: OdioNotes:
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Chapter TextLleva 7 partidas seguidas al tetris superando dos veces su propio récord y ya va por la octava cuando unos pasos subiendo la escalera a toda velocidad le obligan a agudizar el oído sin apartar los ojos de la pantalla.
-Hola bella durmiente- no ve la cara de horror de Isaac cuando este se apoya en el marco de su puerta pero la imagina. Nenaza.
-Me he dormido, joder...el entrenamiento...Derek me va a...- sea cual sea la lista de cosas que piense que el lobo le hará cuando lo pille por banda seguro que no es ni la mitad de interesante que la de Stiles.
-Le he llamado y nos disculpé hasta mañana a primera hora, relájate. Hay batido de plátano en la nevera- cuatro líneas desaparecen en la pantalla tras marcar tetris por quinta vez en aquella partida.
-¿Y no ha dicho nada? o sea, normalmente...-Stiles decide cerrar el juego para poder dedicarle al rubio una de sus mejores miradas de "¿Quién es el perdedor ahora, listo?" haciéndolo suspirar- mierda, pero tú querías verle.
La afirmación derrotada, algo arrepentida del licántropo le hace encogerse de hombros, porque sí, es cierto, joder estaba desesperado por tener a Derek frente a frente (o encima, o debajo, no-Stiles-no-sigas-por-ahí) pero la verdad es que tiene el cerebro tan blando como su padre y Isaac le había parecido un niño desprotegido y falto de horas de sueño al verlo hecho un ovillo en su sofá aunque ahora le tenga entrecerrando los ojos con malicia en el marco de la puerta, como meditando un instante antes de coger la chaqueta de Stiles y tirarsela por la cabeza.
-Venga, vamos. Te llevo a verle y me largo.
-Por Dios, no te preocupes ahora por eso, son casi las 9 de la noche.
-Joder, vamos te digo. Te prometo que no me quedo a escuchar,-un segundo de duda- no quiero oír nada de lo que pase en esa casa...
-¿Quieres ayudarme?- alza la ceja juguetón ante la sonrisa con los dientes apretados del licántropo.
-Favor por favor, no quiero deberte nada- rasca entre sus rizos tratando de recordar dónde ha puesto su cazadora oscura. - Además, si esta noche le cansas lo suficiente tal vez mañana me rompa menos huesos- y tras decir eso suelta una última carcajada y sale de la habitación sin esperarle, rumbo al jeep.
-En el fondo eres un bastardo, ¿lo sabías?- y sonríe juguetón porque no está enfadado de verdad con él; no sabe siquiera si es capaz de volver a estarlo. Espera que esa nueva y extraña relación no se vuelva como la que tiene con Scott, quien ahora puede hacerle cualquier cosa porque sabe que siempre acaba perdonándosela. uhm.
Y en el coche hablan de nada; de lacrosse, de música, de algún programa de MTV y del nuevo peinado de Rihanna. Le caen un par de puyas más pero la ignora porque sabe que si se cabrea tendrá recohineo todo el viaje.
Pero el bosque se acaba (se tenía que acabar tarde o temprano) dejándoles frente a la antigua y oscura cueva del lobo, que tiene forma de casa quemada, como el atrezzo de una película o un videojuego de zombies.
No se molestan en esconderse en modo alguno, pero Derek no sale a la puerta a esperarlos como siempre. Todo sigue en calma y tranquilo.
-¿Derek?- e incluso vacío. Vacío sí...probablemente el estúpido está cazando ciervos en vez de esperar a ver si en algún ataque infantiloide adolescente ha tenído la idea de cruzarse el bosque de noche para conseguir un polvo.
-Mierda ¿donde habrá ido?¿está en casa?
-No hay nadie, y tampoco le oigo por los alrededores.
-No me jodas- un gruñido descontento de Stiles, porque tal vez que tal vez hubiese sido mejor llamar para anunciar la visita en lugar de jugar al romántico y presentarse a las bravas.
-Y su teléfono está sobre esa mesa, así que...
-Joder- y Isaac le dedica otra de sus miradas. Esas que Stiles no acaba de saber muy bien cómo interpretar porque todavía no le conoce lo suficiente y los lobos son gente complicada.
-Quédate aquí, voy a buscarle- es lo único que dice tras un breve gruñido, metiéndose las manos en los bolsillos antes de desaparecer entre la oscuridad de la arboleda tras el rastro del alfa, y él tiene que obedecer como un estúpido porque no tiene superpoderes mutantes con los que recorrer el bosque a las tantas de la madrugada tras un licántropo de forma efectiva, así que solo le queda eso. Esperar...y bueno...tal vez reconocerse mentalmente que no es cosa de llamar o no llamar, sinó de que no fué tan buena idea venir al fin y al cabo, que han sido demasiado inocentes al pensar que Derek estaría durmiendo en su camita a las 10 de la noche como un buen lobo.
Mira a su alrededor y la fría mansión de los Hale le parece casi amenazadora; hollín, humedad y crujidos de madera porque sí. Imagina al moreno solo allí en medio, cuando no hay nadie alrededor ante quien deba aparentar ser el gran jefe de la manada y el resultado es triste, oscuro y extraño.
Como el propio Derek.
Sus propios pasos le tensan mientras avanza hacia las escaleras, porque, la verdad, no ha visto más de esa casa que el recibidor y el comedor y tal vez, solo tal vez, la parte de arriba no sea digna de una película de terror. Quiere pensar en ello, quiere imaginar que hay algo de luz en la vida de aquel chico grandullón que se le había colado entre las sábanas haciéndose dueño absoluto de su cerebro en pocos segundos hacía apenas una semana. Aquel gruñón irritante de quien nadie parecía saber más allá del nombre y las trágicas condiciones en las que había perdido a su família. Bueno, y que no era humano, pero en fin, tal como estaban las cosas eso ya daba un poco igual.
No quiere que la imagen de Derek solo en el bosque como un perro perdido sea la realidad, por más que a éste el mundo parezca molestarlo y lo demuestre una y otra vez con la actitud de "da un paso más y te hago trozos". Porque ahora a Stiles le importa: le importa desde que le apretó contra la pared, le importa desde que sintió que su cuerpo era más cálido que el de ningún humano, le importa desde que lo oyó sonreír a través del auricular de un teléfono; desde que supo que besaba mejor que nadie pese a no haber besado jamás a otra persona.
Desde que al perderle las manos por la piel le había enseñado que los lobos pueden ser los seres más atentos del mundo.
Vale, está algo más que colado. Está muy colado y eso debería empezar a preocuparle, porque claro, él es mayor, hosco, oscuro y los días de luna llena saca garras y colmillos, pero no lo hace.
Casi se siente como Bella asaltando el ala oeste del castillo de la bestia cuando llega al último peldaño y gira lentamente la cabeza esperando ver algo.
Pero no. La decoración de arriba sigue estrictamente el estilo de la de abajo, aunque con ligeramente menos hollín.
Una única puerta abierta a su derecha le muestra un baño desarreglado con un tendedero del que cuelgan un par de pantalones y al menos tres camisetas, sacados sin duda de la lavadora destartalada que se sitúa en el centro de la sala. Y eso le hace sonreír, imaginar a Derek haciendo cosas normales de chico normal, sin cazadores ni vida arruinada. Algo tan mundano como una colada.
Toma aire antes de mirar una larga fila de puertas frente a él, éstas todas cerradas y suspira porque sabe que no tiene que hacerlo, que se la va a ganar pero bueno..si no le mató el kalima...¿que demonios?
Empuja la que tiene más cerca sin pensarlo demasiado, porque ya está entreabierta, haciéndola crujir con un sonido lastimero para dar con lo que parece un viejo estudio de estantes de libros comidos por la humedad llenando las paredes. Una habitación sencilla que en otro tiempo debió ser bonita; el estudio que sabe que a su padre le gustaría tener para trabajar y en el que puede imaginarse a cualquiera de los de Derek consultando facturas, revisando las notas de sus hijos o coleccionando libros sobre magia y licantropía.
Un gran escritorio de caoba en el centro de la habitación impertérrito, como si el tiempo no hubiese pasado para él. Tiene papeles viejos, enmohecidos y acartonados a los que cubre el polvo de seis años, y Stiles se siente como un viajero en el tiempo: como debió sentirse Howard Carter al entrar en la tumba de Tutankamon, o algo. Como estar en un lugar fuera del tiempo, ver un pedazo de vidas que ya no existían.
Aparta los ojos de la mesa para clavar la mirada en lo que al instante no comprende pero un segundo después le encoge el corazón hasta que siente dolor: un colchón. Algo tan sencillo y que dice tanto.
Un colchón individual viejo sin más cobertura que una desastrada sábana que no debería estar en aquel estudio, casi escondido tras la puerta.
Lo aprieta sintiendo los muelles rotos rechinar bajo su mano; porque huele a Derek y eso lo siente pese a no tener un olfato super desarrollado; porque él duerme allí, cerca de sus padres en aquel modo y ese pensamiento le obliga a apartarse como si todo quemara de repente y salir de la habitación para tratar de encontrar el aire perdido, doblándose sobre si mismo para apoyar los brazos sobre sus muslos como cuando acabas de correrr: pero no ha corrido. Sabe que solo es ansiedad.
Ni siquiera se plantea no abrir la segunda puerta tras la cual se dibuja una habitación que es distinta, está más limpia y ha sido habitada recientemente.
Le falta el colchón a la cama y sabe que es el que ha visto en el estudio, pero no es el cuarto de Derek; es el de una chica.
Hay ropa nueva, un cepillo para el pelo y un par de botas; así como maletas y algunas libretas que no llevan allí demasiado.
Y sabe que es la habitación de Laura. Por eso decide no tocar nada y salir como si nunca hubiese estado allí, dirigiendo sus pasos a la tercera habitación cuya puerta resiste cuatro veces su intento de abrirla porque la madera se ha hinchado por la humedad y por seis años sin moverse, pero al final, con un seco CLAC cede a los empujones.
Sabe que ha encontrado la habitación de Derek casi antes de abrir los ojos; porque huele a él, a un él de hace muchos años.
La habitación de un chico de 16 años en la que se acumulan más libros de los que Stiles había imaginado nunca que tendría.
La ropa desordenada sobre la silla, polvorienta y amarilleada, y una mochila de instituto de la que sobresalen libretas.
Coje una solo para descubrir que Derek es bueno en química, y tiene una letra limpia y ordenada; y se siente triste porque entiende por primera vez como era la vida del lobo antes del gran incendio.
Porque ahí están sus cosas, tal cual estaban el día que la casa ardió: resguardadas porque el fuego se había cebado sobre todo en la planta baja dejándolas congeladas en el tiempo; en una habitación que no se había abierto, probablemente desde que el propio Derek dejase aquella mochila ahí para después marchar con Laura de fin de semana, prometiendo a su madre no hacer ninguna barbaridad y quizás una llamada cuando llegasen al destino.
Deja la libreta en su sitio y sigue rebuscando con los ojos por las estanterías; y ve una pelota de baseball, un coche teledirigido y algunas fotos de un Derek mas joven junto con gente a la que no conoce.
Y sobre la cama un libro raído parece llamarle, obligándole a sonreír cuando lo tiene entre sus manos y hace crujir las páginas al pasarlas. Porque él ha leído aquel libro; porque se lo regaló su madre al cumplir los 12 años en una edición más sencilla que aquella, porque "la guía del autoestopista galáctico" es un gran libro y porque en la primera página unas letras escritas en vieja tinta de boli negro le aprietan un poco más el corazón:
"Aunque seas un gruñón siempre compartiría contigo mi toalla. -L-"
Y está a punto de dejarlo donde lo encontró pero algo le golpea violentamente, siente sus pies separarse del suelo y durante unos instantes no sabe lo que ocurre; sólo oye un estruendo terrible y de repente está en la planta de abajo, con la espalda apretada contra la pared y unos ojos rojos encendidos mirándole fijamente.
Se ahoga.
Se está ahogando.
Maldita sea, va a morir.
Puede sentir la presión aumentar y como su cara se vuelve roja.
Una garra entorno a su cuello le corta el aire; y trata de decir algo, de hacer pie en el suelo, de librarse apretándo la muñeca con sus manos, pero ésta le parece hecha de piedra.
Y duele.
Lo único que consigue es emitir un quejido agónico y agudo más digno de un gatito que de un humano de casi setenta kilos de peso.
Solo un golpe contra ambos derriba a Derek haciéndolos caer y este se gira furioso buscando el origen
-¿Qué cojones estás haciendo Derek?- Isaac entre ellos en su forma de lobo trata de recuperar el aliento-¿es que te has vuelto loco? ¡es Stiles!¡Casi le matas, animal!
Y esas palabras parecen hacer reaccionar al alfa, que parpadea volviendo a su estado para encontrarse frente a dos adolescentes aterrorizados. Mira a Stiles sentado en el suelo, que apenas puede disimular el sonido que hacen sus dientes y no entiende lo que ha ocurrido; porque hace demasiados años que no pierde el control de aquel modo, y se acerca para tocarle porque huele a sangre y no llega a ver la herida, pero instintivamente el chico retrocede hacia la pared empujándose con los talones y el cuerpo de Isaac se tensa poniéndose en guardia, aunque sepa que no tendría la más mínima oportunidad en un combate real.
Y los dos jóvenes ven la duda en el alfa, e incluso su miedo, y le ven salir sin decir nada más, dejándolo todo en silencio tras él durante unos segundos.
-Mierda, Stiles, ¿como estás?
Es esa frase la que le golpea sacándolo del trance mientras el rubio le aparta la camiseta buscando el origen de la hemorragia.
Tiene las garras clavadas en el hombro y la base del cuello. Ni siquiera sabe en qué momento ha sido pero es doloroso y hace que su sangre empiece a empapar la camiseta.
-No...no- tiene un nudo en la garganta mucho calor detrás de las orejas.
-Tranquilo, no es muy grave, vamos a tu casa...yo me encargo.
La voz de Isaac suena lejana. Le encantaría decir que es maravilloso no ser por una vez el que se está comiendo el marrón de todo pero no puede. Ni siquiera sabe en qué momento se ha puesto a llorar de miedo como un crío.
Porque en los ojos de Derek, durante un segundo ha leído odio real. Porque sabe que todo es culpa suya por ser siempre el metomentodo que prefiere pedir perdón que pedir permiso y eso trae consecuencias. Porque teme que el lobo no quiera volver a verle, porque necesita a Derek pero sus piernas tiemblan con solo recordar como le escrutaban aquellos malditos ojos rojos.
Notes: La guia del autoestopista galactico es una novela de Scifi que realmente recomiendo si no la conoceis. Obviamente la dedicatoria de Laura tiene que ver con la trama XD
