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Quiero ser padre.

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Disclaimer: Algunos personajes de esta historia son propiedad de J.K. Rowling y la Warner Bros. El resto de ellos son propiedad de Kishimoto-sama. Esto es puro entretenimiento y no me reporta beneficio económico alguno.

Sumario: Envidia era algo que Sirius nunca pensó sentir al ver a James con Harry, pero era verdad y éste sentimiento creció hasta que lo hizo tomar una decisión: adoptar un bebé. No encontrando respuestas en su mundo, él se aventura a otros y justo antes del Halloween de 1981, Sirius recibe la llamada que estaba esperando.

Negando la petición de sus amigos de ser su encargado secreto, Sirius Black viaja este lugar lejano, Konoha, en busca de su nuevo hijo. Un hermoso bebé rubio de ojos azules y con extrañas cicatrices en ambas mejillas.

Parejas: Sirius Black/Severus Snape. Lucius Malfoy/Remus Lupin.

Aclaraciones y Advertencias: UNIVERSO COMPLETAMENTE ALTERNATIVO. Probablemente Mpreg, mucho OOC… y Sirius siendo Sirius.

Aclaraciones de lectura:

-Letra normal: dialogo, relato.

-Letra en cursiva: pensamientos de los personajes.

-Letra en 'blah': Será el inglés en Konoha y japonés en Inglaterra.

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Capítulo 7: Crecer.

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Jiraiya suspiró y decidió que este país no tenía lo que buscaba. En dos años de viaje, no había encontrado ni rastro de su ahijado. El primer lugar a buscar era obviamente el que estaba más cerca de la barrera que separaba a los Países Ocultos del resto del mundo; y ese lugar fue Japón. Pero en la Comunidad Mágica de ese lugar no pudo hallar nada de un bebé rubio adoptado por un mago; después se trasladó a China, que le costó mucho, puesto que tenía mucha cantidad de población, y separada en diez diferentes comunidades alrededor de todo el país. Tampoco encontró nada.

Y ahora estaba en Rusia, porque aquí vivían muchas personas rubias de ojos azules, que probablemente, si querían adoptar un bebé, tendría que ser con las características parecidas. Pero tampoco encontró nada, y si seguía con este patrón, el próximo lugar tendría que ser Alemania.

-Alemania será entonces –masculló mirando el mapa mundial que había comprado-. Espérame Naruto, que este tonto te encontrará aunque sea lo último que haga.

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*Grimmauld Place*

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-Anda, Naruto, cómete tu desayuno, que papá tiene que ir a trabajar.

-¡No! –gritó Naruto, empujando la cuchara que su papá le alcanzaba. Lo hizo con tanta fuerza que la cuchara saltó de la mano de Sirius, cayendo al piso, por suerte, un elfo doméstico apareció enseguida para limpiarlo. Después de todo, éste era un ritual que se repetía casi diario.

El animago cerró la mandíbula y se contuvo de gruñirle a su bebé. Sus amigos le dijeron que era normal, después de todo, él y Naruto estuvieron prácticamente sin separarse desde que él lo adoptó y ahora que Sirius había decidido volver a su trabajo, hace una semana, la separación trastornaba al pequeño rubio.

-¡No va, papi! –sollozó el rubio, con enormes lágrimas de cocodrilo y su labio inferior temblando.

Sirius casi se derritió en su silla.

-Hay, mi amor –abrazó al niño-. Tal vez puedo llamar para decir que llego un poco tarde…

James puso los ojos en blanco.

No, Sirius! –gruñó Potter implacable-. ¡Naruto tiene que entender que debes trabajar! Ayer llamaste para decir que llegabas tarde y sólo hace una semana que te reintegraste. ¡No voy a dejar que lo hagas hoy otra vez!

Harry siguió comiendo su avena, mirando con curiosidad como su primo Naruto lloraba dramáticamente. ¿Por qué lloraba? Tío Padfoot no le había pegado, gritado o sacado su juguete preferido. Naruto era demasiado llorón para su gusto. Pero era el único niño con el que podía jugar en la casa, así que él lo soportaba.

-Pero…

Naruto lloró más ruidosamente, al ver que su padre vacilaba. ¡Su papi era suyo! ¡Y no iba a dejar que se vaya por tantas horas! ¿Quién iba a hacerle caras divertidas mientras comía su almuerzo? ¡Tipsy era divertida, pero ella no era su papi! ¿Quién iba a acompañarlo al baño cuando tuviera ganas? ¡Apenas había aprendido hace poco y Tipsy tenía manos frías! ¿Quién iba a acariciar su cabeza, leerle un cuento o cantarle cuando quisiera dormir su siestecita? ¡Él quería a papá Sirius para eso! ¡Nadie se comparaba a papi en eso!

-Ve, Prongs, me quedaré cinco minutos más.

-¡No, Sirius Black! –gruñó-. ¡Tú te vienes ahora conmigo!

Sirius lo fulminó con la mirada.

-¿Quieres que lo deje como esto? –Hizo girar la cara de Naruto. James suspiró al ver los ojos azules medio rojos, inundados de lágrimas y el labio temblando.

-Bien –suspiró, derrotado-. Pero si no vienes dentro de cinco minutos, mandaré a Ojoloco por ti.

Sirius recién pudo irse veinte minutos más tarde, sólo porque chantajeó a su ahijado con dulces si es que distraía a Naruto, para que pudiera escaparse. De más está decir, Naruto lloró desconsoladamente cuando se dio cuenta que su papá no estaba. Desesperado por tanto grito, Harry metió la mano en su bolsillo y sacó una rana de chocolate sin abrir. Inseguro de si su padrino se enojaría si le daba eso, Harry sopesó sus opciones. Siendo un niño de cuatro años, la solución era fácil.

-Toma, te daré esto si te callas.

Naruto paró de llorar, sorbió sus moquitos y miró el paquete que le daba su primo con curiosidad. Tentativo, lo agarro e intentó abrirlo. Tipsy estuvo en un segundo a su lado y le abrió el paquete, la rana saltó, pero la elfina la detuvo con rapidez y la entregó a su pequeño amo.

Pestañeando varias veces, Naruto miró la rana con curiosidad.

-Tienes que comerlo –instruyó Harry.

Naruto abrió los ojos como platos y después miró la rana, antes de darle un mordisco tentativo. Sus ojos azules se abrieron aún más y comenzaron a brillar con emoción. La rana desapareció de su mano en cuestión de segundos.

En ese mismo instante, las ranas de chocolate se convirtieron en lo que hubiese sido el ramen, si es que Naruto se criaba en Konoha.

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Severus gimió y agarró con más fuerzas la espalda de su amante. ¡Por Salazar! ¡Si es que el chucho pulgoso lo seguía empujando con tantas fuerzas, iban a romper la cama!

-¡Contrólate, perro sarnoso! –gruñó y después gritó, cuando el pene de Sirius dio justo contra su próstata-. ¡Tengo que caminar por la mañana, ¿sabes?!

-¡Oh, calla, Snivellus! –jadeó Black-. ¡Sé que te gusta duro! –gruñó, probando su punto, haciendo sus embestidas más fuertes. Su amante gritó y arqueó su cuerpo en placer. Sirius hizo muecas. –Además, ha pasado mucho tiempo desde la última vez.

-Tenía que ir a esa convención, Black –jadeó, inclinando su cabeza para que Sirius pudiera morderlo en el hombro-. Necesitaba encontrarme con otros Maestros en Pociones, para hablarles del proyecto que Lucius me está financiando.

-No menciones a Malfoy mientras te estoy cojiendo, Snape –gruñó el animago.

Severus puso los ojos en blanco y atrajo la cabeza del idiota para darle un beso caliente y mojado. Sirius gruñó contra su boca y sacó la lengua, para empezar una danza frenética con la de Severus. El pocionista lo abrazó aún con más fuerzas, si es que era posible, y comenzó a menear sus caderas, para que su miembro duro frotara contra el estómago del chucho. Notando esto, Sirius se separó, jadeante, y coló una mano entre ellos, para poder masturbar a Snape.

Severus volvió a arquear su cuerpo, de una manera que hizo pensar al Gryffindor que su amante debería haber sido contorsionista. Los ojos negros se cerraron y éste no pudo ver la mueca satisfecha que estaba haciendo el animago. Porque era él, no otra persona, que hacía que Severus Snape se perdiera en la locura de la pasión.

-Te gusta que te coja, ¿verdad, Severus? Dime que te gusta –murmuró, golpeando aún con más frenetismo dentro del ano de su amante.

Severus gimió y cerró con más fuerzas sus ojos.

-N-No –jadeó.

-¡Dilo! –gruñó Sirius, embistiendo con más fuerzas. –Deseo escucharlo.

-T-te quedarás con las ga-ganas.

Pero Sirius no fue amante de Snape por tanto tiempo para nada. Así que con un movimiento rápido, volteó el cuerpo de su amante, dejándolo de cara contra el colchón y volvió a penetrarlo con fuerzas, más profundo, mientras una de sus manos se movía rítmicamente sobre el pene duro del otro.

-¡Dilo! –gritó.

Esto era tortura pura y Severus quería tanto que parara, como que continuara.

-¡Sí! ¡Me gusta, maldición! –respondió al fin.

Inmensamente satisfecho, el dominante siguió su ritmo, hasta que ambos llegaron al clímax. Saciados y somnolientos, ambos se dejaron caer en la cama, respirando agitadamente.

-Mierda, tengo que irme y no puedo mover un músculo. –Se quejó Sirius, sentándose en la cama.

Severus frunció el ceño y le dio la espalda a su amante.

-Siempre te vas después del sexo –Intentó que su voz no demostrara su decepción.

-Er… es por Naruto, tú ya sabes –suspiró y después sonrió malicioso-. Además, no me imaginaba que seas del tipo que le gusta abrazarse después de una cojida, Snivellus.

Severus se giró para fulminarlo con la mirada.

-No hagas asunciones estúpidas –siseó-. Sólo era un comentario al azar.

-¿Seguro? –ronroneó Sirius, agachándose para quedar cara a cara con el pocionista.

Los ojos negros miraron disimuladamente esos labios que le daban esa sonrisa tan tentadora.

-Sí y ya vete de una vez, a mimar a ese pobre niño que tiene la mala suerte de ser tu hijo.

-¡Qué cruel! –Fingió dolor-. Y podrías conocerlo algún día de estos, ahora que lo pienso tú sólo lo viste cuando era un bebé y no tenía capacidad de recordar. Ahora él sabe hablar y todo.

-¡No! –contestó apresuradamente-. Tú y yo sólo tenemos encuentros sexuales, Black. Conocer a tu hijo sería muy… personal.

Sirius le dio una mirada rara, pero después se encogió de hombros.

-Si tú lo dices –murmuró, antes de levantarse de la cama.

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*Meses después*

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-Anda, Naruto, debes tomar tu medicina.

El rubio se cruzó de brazos y puso mala cara.

-¡No! ¡Quero mi dana de pochodate!

-Vas a comerla después de que te tragues esta poción –gruñó Sirius, dándole la peor de sus miradas a Naruto. Pero el niño tenía años de conseguir lo que quería de su padre y era imposible que se sintiera intimidado.

-¡Poción fea! ¡Yo no quero!

Sirius suspiró, sabiendo que nunca pondría una mano en su hijo para obligarlo a tomarla y tampoco usaría la magia. Por suerte, en ese momento el fuego de la chimenea se volvió verde y Molly Weasley llegó con sus gemelos, Ron, Percy y Ginny.

-¡Molly! –gimió Sirius, con revelación-. ¡Al fin llegas! ¡Naruto no quiere tomar su medicina y tiene una tos espantosa desde ayer!

La mujer puso los ojos en blanco y caminó enérgicamente hacia donde estaba el animago desesperado. En vista de que necesitaban una niñera, Sirius usó sus métodos de convencimiento para atrapar a Molly en este trabajo. El trato era que cuidaría de Naruto y Harry mientras sus padres trabajaban y ella podría traer a todos sus niños a la casa, ya que aquí contaba con la ayuda de los dos elfos domésticos del hogar. Sirius no pudo encontrar a alguien de más confianza para el trabajo y a Molly no le venía mal el dinero extra. Además, era un trabajo que ella podía hacer a la perfección.

Sin embargo, no podía ser todos los días, puesto que ella tenía una casa que atender y, mucho a la consternación de los animagos, la otra opción fue dejarlos en casa de Moony. El hombre lobo sólo vivía para cuidar de sus niños y tenía un ejército de elfos domésticos para ayudarle.

-Trae acá –dijo bruscamente la pelirroja, arrebatando la cuchara y la poción de las manos de Black-. Ahora Naruto, vas a tomar esto sin rechistar, porque no queremos que te sientes otra vez en la esquina mientras Harry y mis niños juegan, ¿mh?

Naruto frunció los labios y le mandó una mirada desamparada a su padre.

-Papá Sirius no te va a ayudar en esto –dijo ella, notando la mirada del niño-. O te tomas la medicina o el rincón y sin jugar.

-¿Dana de pochodate después? –preguntó inseguro.

-Sí –contestó Sirius, antes que Molly pudiera abrir su boca-. Si te tomas tu medicina, te daré todas las ranas que quieras.

Naruto asintió y después abrió su boca, cerrando los ojos fuertemente. Era toda una exageración, puesto que la poción no sabía tan fea, pero el niño tenía gusto de ser dramático, porque eso ponía a su papá a sus pies aún más. Porque él sabía que si hacía teatro, después papá lo abrazaría y le diría cosas lindas al oído, mientras él devoraba sus sabrosas ranas de chocolate.

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Naruto tenía ya cuatro añitos y hoy caminaba de la mano de su papá por la vereda del Callejón Diagon. Sus ojos azules seguía todo el movimiento a su alrededor, la verdad era que estaba un tanto asustado como curioso, no era común que su papi lo sacara a caminar entre medio de tanta gente; él siempre decía:

-"Tú eres demasiado lindo, Naru. Si te llevo por ahí, donde hay mucha gente, alguien podría enamorarse de ti y robarte de mí."

Naruto frunció su nariz, no gustándole nada eso, él amaba a su papá y no iba a querer estar nunca con otra persona. Un tanto nervioso, apretó con más fuerzas a su perro negro de peluche y después estironeó la mano de su papá.

-¿Qué pasa, hijo? –preguntó Sirius, deteniéndose brevemente.

-Quiero upa –dijo Naruto, haciendo un lindo puchero.

Sirius sonrió suavemente y luego se agachó para cargar al niño en sus brazos.

-Pero sólo hasta que entremos a la tienda, ¿eh? Papá tiene que elegir algunas cosas que necesitamos para la casa y no voy a poder tenerte upa.

El rubito puso mala cara, pero no dijo nada, mientras entraban a una tienda que vendía artículos para el hogar. Es que el día anterior, en una impresionante demostración de magia accidental, Harry había roto la mayor parte de las copas de la casa, sin posibilidad que éstas puedan repararse con el encanto Reparo.

Este fue un motivo tanto de alegría como de preocupación para Sirius. Porque Harry ya había demostrado muchos indicios de magia accidental, no así su bebé. Él sabía que era porque al ser nacido en los Países Ocultados, su bebé no tenía la magia inculcada en su cuerpo y mente del mismo modo que un mago, sino que estaba preparado para usarla como un "shinobi". Era por eso que Sirius ya había concretado una cita con un especialista de estos casos.

-¿Busca algo en especial, señor?

Una bonita vendedora sonrió tímidamente al hombre imponente, que llevaba al niño en sus brazos. Sirius le devolvió una sonrisa coqueta, mientras Naruto fruncía el ceño.

-Por supuesto, querida –ronroneó Sirius, bajando a Naruto al piso-. Puedes ayudarme.

Ella le sonrió más ampliamente y lo guió al pasillo que tenía las copas que estaba buscando. Naruto los siguió, tomado fuertemente por la mano de su papá, pero, eventualmente, un niño de cuatro años hiperactivo como él, se aburrió. Había muchos objetos bonitos en la tienda, que él podría tocar y jugar, pero él recordaba que había visto una tienda de dulces al llegar aquí y tenía ganas de comer una rana de chocolate.

Angostó sus ojos y miró a su papá. Sirius todavía lo sostenía de una mano, así que él esperó pacientemente. Un minuto más tarde, su papi tuvo que soltarlo, para poder examinar mejor una copa y el rubio tomó su oportunidad. Corrió como loco hasta la puerta y después miró hacia atrás. Su papá no lo seguía. Perfecto.

Esperó que alguien abriera la pesada puerta y entonces aprovechó para salir. Esto demostraría ser una gran aventura.

No muy lejos de allí, media hora después de que el rubito saliera del local, Severus Snape terminó de comprar todos los ingredientes de pociones que necesitaba. Su experimento estaba casi terminado, gracias a la financiación de Lucius, había encontrado la forma de perfeccionar la Poción Matalobos, que haría que el hombre lobo de Malfoy no sufriera tanto los días antes y después de la luna llena. Remus y Lucius ya tenían tres hijos y venía en camino otro, todo esto se llevaba todas las energías del Gryffindor y él necesitaba esta poción mejorada.

Después de pagar y darle un cabeceo tieso al vendedor, Severus salió del negocio. Se paró por un segundo en la entrada, pensando en que si necesitaba algo más.

-Creo que necesito algo de pergamino y tinta –murmuró para sí, antes de dar media vuelta, para dirigirse al negocio que tenía lo necesario.

Sólo dio dos pasos hacia la dirección, cuando algo golpeó fuertemente su rodilla derecha. Algo duro, que lo hizo tambalear.

-¡Ow! ¡Mi cabecita! –chilló una voz de niño, antes que un llanto escandaloso dejara casi sordo a Severus.

El pocionista bajó su mirada y vio un montón de pelo rubio despeinado, de un ser que le llegaba a las rodillas.

¿Un niño…?

Inseguro, Snape se agachó, para poder mirar a la cara al pequeño lloroso e hizo una mueca de dolor cuando le vio la cara. Por supuesto, todo el mundo sabía de las características que únicamente Naruto Black tenía en sus mejillas, además, la ropa costosa, el perro en sus brazos y, sobre todo, el pequeño anillo con la cresta de los Black en su dedito lo decía todo.

-¿Naruto? –El bebé no hizo caso de la llamada de su nombre, así que Severus respiró varias veces, para calmarse y después estiró una mano, para colocarla en la espalda del niño y darle unas ligeras caricias. –Hey, Naruto, no llores, no te golpeaste tan fuerte.

Finalmente, los ojos azules inundados de lágrimas se levantaron. Snape sonrió de lado. Este niño era en verdad adorable, con su cara de bebé y su labio inferior temblando. Ahora sabía por qué el idiota pulgoso babeaba por su hijo.

-¿Cómo sabe mi nombre? –preguntó Naruto, mirándolo con sospecha.

Eso es bueno, si él se pone a hablar con cualquier extraño que encuentre por ahí, Sirius enloquecerá, pensó elogioso.

-Conozco al pul– tu padre. Fuimos a Hogwarts juntos.

El labio de Naruto volvió a temblar y más lágrimas salieron de sus ojos. Mucho a la sorpresa de Severus, el niño se prendió del frente de su túnica y enterró su cara allí.

¡Me va a llenar de mocos!

-¡Me perdí! –gimió Naruto-. ¡No sé dónde está mi papi!

Snape suspiró. Típico de Black, dejar que su hijo se le pierda en medio del Callejón Diagon. Porque él no culpaba al niño, no, era responsabilidad del idiota tenerlo siempre cerca suyo y no quitarle la mirada. Tenía suerte de que fuera él, Severus Snape, el que lo encontró, porque algún otro no estaría consolando al niño y podría usarlo para motivos frívolos.

-Ya, ya –Acarició la cabeza del niño y después, con mucho valor, lo alzó en sus brazos-. Te voy a ayudar a encontrar a tu papá, ¿mh? ¿Está eso bien para ti?

Naruto pasó un brazo sobre el hombro de Severus y lo miró con sus ojos azules intensos.

-¿Va a ayudarme a buscar a mi papi, señor? –preguntó con voz inocente.

-Eso es lo que dije –resopló Severus, reuniendo todas sus fuerzas para no derretirse ante el encanto de este niño. ¡Igual que su padre! ¡Ten fuerzas, Severus!

-Quero una dana de chocolate primero.

Severus lo miró con incredulidad.

-Pensé que querías ver a tu padre cuanto antes.

-¡Sí! ¡Pero me escapé porque quería una dana! ¡Quero una dana primero! –gritó obstinado.

Snape negó con la cabeza y caminó hasta la tienda de dulces. Era una de las primeras y estaba bastante alejada. ¡Pero qué mocoso malcriado! ¿Pero qué podía esperarse de un niño que estaba siendo criado por Sirius Black? Severus no tenía mucha experiencia con niños pequeños, sólo con los hijos de Lucius y el licántropo, pero Remus nunca iba a dejar que sus hijos sean de esta forma, siendo que él fue pobre en su niñez, él educó a sus niños para que sepan lo que es la humildad y nunca los malcrió.

Más que nada porque teniendo tantos hijos, no tenía tiempo de cumplirle cada capricho a uno en particular.

Pero Black vivía para este niño, le tenía tanta devoción que Severus se sintió celoso un par de veces, pero no iba a admitir eso ni bajo Cruciatus. Tsk. Este niño lo que necesitaba era una mano dura, que equilibrara con regaños todo el consentimiento que le daba su papá.

Tú podrías ser esa persona, Severus –dijo una voz que sonó sospechosamente como la de Albus Dumbledore en su cabeza.

¿Yo? –Respondió con incredulidad-. Nunca me iría a vivir con el pulgoso y menos ser padre de su cría. Que ya demuestra estar estropeado.

Pero yo soy tu conciencia y sé que este niño se metió en tu corazón desde el momento que lo viste llorando hace un rato. Sé que querrías que la influencia de tu amante no lo convierta en el matón que fue su padre en Hogwarts.

¡Por-Por supuesto que no! –chilló casi-. ¡Este niño no significa nada para mí!

¿Oh? ¿Entonces por qué lo estás cargando y vas a comprarle el dulce que te pidió? No recuerdo que seas así ni siquiera con Draco, que es tu ahijado –había jocosidad en la voz.

Severus se ruborizó, mientras fruncía el ceño.

¡Ca-cállate, conciencia maldita!

Una manita pequeña, alisando el pliegue entre su entrecejo lo distrajo de la pelea con su conciencia. Los ojos negros se movieron, para encontrarse con los ojos curiosos del niño que tenía en brazos.

-¿Qué? –gruñó.

-¿Por qué frunces el ceño? –preguntó, inclinando su cabeza adorablemente. Severus no respondió-. Y nunca me dijiste tu nombre.

-Soy Severus Snape.

-Seve-Seve… rus. –Probó el nombre y frunció la nariz cuando no le salió. -¡Sev es mejor!

-Es profesor Snape para ti, niño.

Naruto lo miró fijamente.

-¡Sev!

Snape suspiró.

-Está bien, está bien –masculló, mientras entraban a la tienda.

Naruto se tomó sus cinco minutos enteros para elegir qué rana de chocolate quería, eran todas iguales, pero el niño le dijo a "Sev" que él necesitaba elegir aquellas que no tenían las tarjetas repetidas. Así que el niño las tocaba, las sacudía en su mano y la dejaba si es que su "instinto" le decía que no era la correcta. Al final salieron del local con tres paquetes de ranas y una ya estaba abierta y en la boca del rubio.

-¡¡¡Naruto!!! ¡¡¡Naruto!!!

Ambos, Severus y el niño, miraron hacia el lugar de donde provenía el grito. Snape puso los ojos en blanco al ver al animago mirando para todos lados con frenesí, con la varita en su cuello, activando el encanto Sonorus, no importándole que estuviera dejando sordo a todos en el Callejón.

-¡Black! –gruñó Severus, al mismo tiempo que Naruto gritaba: "¡Papi!"

Sirius, que podía reconocer esas dos voces en cualquier lado, giró su cabeza hacia el sonido. Severus tuvo que sonreír de lado al ver la revelación en la cara del Gryffindor y esperó estoicamente a lo que sabía iba a ser una situación embarazosa.

Dicho y hecho, Sirius corrió hacia donde ellos estaban y los encerró a los dos en un abrazo de oso. Black empezó a regar besos por toda la cara del niño, mientras murmuraba palabras de cariño, luego miró a Snape y, mucho a su vergüenza, le dio un sonoro beso en los labios.

-¡Contrólate, pulgoso! –siseó el pocionista, rojo como un tomate.

-¡Encontraste a mi bebé! ¡Oh, Sev! ¡Nunca voy a dejar de agradecértelo!

-¡Sev! –chilló Naruto.

Y fue así como Severus Snape entró definitivamente a la vida de Naruto y Sirius Black.

Continuará…

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-.-Importante: fíjate que te molestó en mi fic y que te agradó. Dímelo. Pero trata de mantener la cortesía y hazlo de una manera que pueda entender.-.-

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Notas de Uko-chan: ¡¡¡Hola!!!

Ok, antes que nada, deseo disculparme con aquellas personas que malentendieron mi nota del chap anterior. Tal vez no soy buena para explicarme… por eso siempre supe que ser profesora no era lo mío XD

Mi intención no fue amenazar con que no volvería a actualizar. Si entendieron esto, lo siento.

Lo que pasó es que entré en un estado de paranoia. Al principio este fic tuvo por capítulo unos 30 comentarios, lo cual me hizo muy feliz. Sin embargo, a partir del capítulo 4 más o menos, los comentarios disminuyeron considerablemente. Entonces, en mi mente paranoica yo pensé: "Mis comentarios disminuyeron, esto quiere decir que la gente dejó de leer mi fic, porque algo no les gustó" y esto dio como consecuencia mi nota anterior.

Sin embargo, creo que al sentirse amenazadas, muchas/os me hicieron saber que de hecho, lo leen. Vamos, mis queridas lectoras/es me esfuerzo un montón en presentarles un capítulo cada semana, lo único que pido a cambio es una pequeña línea que me digan que siguen leyendo y que esto les gusta. Si no, mi paranoia aumenta y todos salimos perdiendo :S

¿Y por qué me retrasé un día? Tuve un problema con mi beta, ella está a prueba ahora, así que les pido que si ven algún error me lo hagan saber.

¡¡¡Gracias Ros Potter por betear este fic!!!

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¡Hey, espera! Si ya has leído todo, por favor, pásate por mi LiveJournal, donde encontrarás divertidos retos que he estado escribiendo.

Aquí: h t t p : / / utenapuchiko. livejournal. com (solo recuerda quitarle los espacios ;D)

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Atte: Uko-chan!

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