Aclaración: Harry Potter pertenece a J.K. Rowling


Capítulo 7- Las cenizas de un nuevo fuego.


Hermione despertó un poco perdida. No recordaba haberse acostado, ni mucho menos haber dejado que Voldemort se acomodara tan pegado a ella. En aquella ocasión tenía ambas manos por debajo de su camiseta, por su tripa, y sus piernas rodeaban las suyas. Además, sólo llevaban un pantalón corto de pijama por el que él le habría cambiado. La imagen del beso vino a su mente con gran potencia.

Se intentó liberar al menos de uno de sus brazos sin despertarle. Fue inútil. Casi al notar el cambio en su respiración Voldemort se despertó. Apretó a la chica que se intentaba liberar contra él, accediendo a más cantidad de su poder. Sintió detener sus esfuerzos cuando Nagini se deslizó sobre la cama, dando los buenos días. Disfrutó de mayor magia cuando Hermione se apretó contra él. Al parecer cuando le buscaba para que le salvara su magia se multiplicaba, seguramente como otro mecanismo de defensa. Saboreó el momento con los ojos cerrados sin que la chica se diera cuenta.

Unos golpes en la puerta borraron cualquier rastro de satisfacción del rostro.

-¡Mi señor, tenemos problemas!- escuchó la voz de uno de sus Mortífagos. Tomando una larga respiración se separó lentamente de la chica y le agarró de la muñeca, tirando de ella hacia la puerta. Sin darse cuenta Hermione ya estaba yendo por el mismo camino para no tener que ser arrastrada. Él sí que lo notó. La niña ya se estaba acostumbrando.

-¿Qué sucede?- su rostro haría enmudecer a cualquiera. El Mortífago agachó la mirada al momento de abrir la puerta.

-Al parecer Potter y sus amigos van hacia la casa de los Malfoy. Creen que su amiga se encuentra allí, mi señor.

Los ojos de Voldemort se iluminaron.

-Bien, es nuestra oportunidad. Manda a Lucius a mi presencia. Luego ordena que la seguridad en la Mansión Malfoy sea reducida al mínimo en la entrada. Quiero que sean capturados dentro.

El mortífago se inclinó y se marchó corriendo por donde había venido.

-¿Por qué no se desaparece?- preguntó con curiosidad Hermione tras la puerta. Voldemort no le había dejado ser vista en el pijama, de lo que estaba algo agradecida.

-Sólo se puede desaparecer en ciertos puntos de este lugar. Los Mortífagos conocen uno y yo el resto.

Aquel mago estaba obsesionado con la seguridad. Aunque no era para menos.

-Esta vez tienes tres minutos- dijo de pronto. Hermione salió corriendo de la misma forma que el Mortífago, sólo que ella al baño. Justo cuando estaba terminado Voldemort abrió y le agarró fuertemente de ambos codos, con su varita en una mano.

En un parpadeo le tuvo cambiada de ropa por una capa negra y ropa cómoda de bruja.

-Nagini, avísssame sssi ocurre cualquier cosssa extraña- ordenó antes de desaparecerse.


-¡Mi señor!- exclamó Bellatrix extasiada- ¡Qué alegría que se una a nosotros!

-La muerte del joven Potter es algo que pienso protagonizar, Bellatrix.

Hermione apartó la mirada. No le gustaba oír hablar de muerte tan a la ligera, mucho menos de la de uno de sus mejores amigos. Se concentró en olvidar su mareo fruto de la maldita desaparición.

-Mi señor, ¿me llamaba?- Lucius apareció por el lujoso pasillo en el que se encontraban. Pasó la vista brevemente por la mano con la que su señor mantenía agarrada por el codo a aquella sangre sucia sin pronunciar un comentario.

-¿Dónde se encuentran Potter y sus amigos?

-Están entrando por los pasillos subterráneos. Creen que porque estén abandonados desconocemos de su existencia, mi señor.

-¿Cuáles son sus acompañantes?

-No estamos seguros, pero creemos que su amigo el pelirrojo, uno de los profesores y tal vez un elfo doméstico.

Una inhumana carcajada provocó un escalofrío en Hermione.

-Así que Potter cree que él sólo podrá vencerme. Eso o…- se giró hacia Hermione- que su amiga nubla su juicio... Manda un mensaje a Severus- de golpe se giró hacia Lucius- ordénale permanecer en Hogwarts.

-¡Mi señor!- Narcisa se apareció al lado de su marido- Los jóvenes han llegado.

-¡ ¡ ¡HERMIONE! ! !

El corazón de la chica latió con esperanza y miedo. Esa había sido la voz de Harry.

-Encargaros de ellos- ordenó Voldemort- pero dejad que el joven Potter venga a mí.

Los tres magos desaparecieron del lugar. Hermione se mantenía en su sitio con la mirada clavada en el suelo.

-Si temes un segundo por tu vida ordenaré que sean torturados antes de morir- le advirtió el mago.

-Son mis amigos, ¡no puedes hacerles esto!- exclamó.

-Te creí más inteligente, Hermione- no le gustó nada el tono con el que pronunció su nombre. Dio un paso hacia delante que ella recuperó con otro hacia atrás- ¿qué clase de razón es esa?

-Haré lo que me pidas, por favor…

-De nuevo no me imaginaba esto de ti. Dumbledore y sus aliados tienen sus días contados, ¿qué consigues alargando lo inevitable?

-¡No es así! ¡Siempre hay una razón por la que luchar! ¡Harry representa esa razón para muchos! ¡Otros luchan por la libertad y otros por miedo! ¡Pero luchan! ¡No puedes acabar con ellos! ¡No puedes negarles sus deseos!

-La pasión de los Gryffindor…- murmuró Voldemort. Dio otro paso hacia delante, encarcelando cada vez más a la chica- tan… ciega, y a la vez deslumbrante.

-¡Hermione!

-¡Harry!- la chica giró el rostro hacia su amigo sin creerse lo que estaba viendo. Harry respiraba agitadamente con alguna mancha de sangre en su capa, pero por lo demás parecía que estaba bien.

-¡Hermione, cuidado!

No lo vio venir. Voldemort fue mucho más rápido. Manteniéndole sujeta por la nuca se acercó y juntó sus labios de manera mucho más ardiente al día anterior. De la sorpresa aquella vez Voldemort pudo internarse con su lengua mucho más rápido, dominando cada rincón. Ladeó el rostro, besándola insistentemente en busca de una respuesta. Pronto la encontró. Hermione trató de separarse por todos los medios posibles, lo que pareció gustar al mago, que ante la lucha sólo devoraba con más y más exigencia.

-¡ ¡Expelliermus! !

Harry les obligó a separarse. Hermione temblaba tanto que sus rodillas no sostuvieron su peso y se dejó caer al suelo. Voldemort simplemente le mantuvo sujeta por la muñeca mientras que con la otra mano repelía los hechizos de Harry.

-¡Suéltala! ¡ ¡Te prometo que ésta será la última vez que puedas usar esa vieja varita! !

-Los Gryffindors no sois más que exigencias- comentó observando al mago- y amenazas que no podéis cumplir.

La batalla comenzó. Voldemort no se tuvo que mover de su lugar. Hermione contempló horrorizada la lucha entre Harry y el mago. Harry se encontraba más cansado pero aún así aguantaba el nivel. Todavía no había tenido que retroceder, pero notaba que se contenía. Por ella. Estaba al lado de su enemigo y no se podía separar. Por su culpa otra persona iba a morir. Sus mejores amigos. Por ella. No lo iba a permitir. Un miedo atroz por su vida la invadió de lleno, logrando que el hechizo que estaba realizando Voldemort se detuviera en el momento. En vez de girarse hacia ella se dio la vuelta dando la espalda a Harry. Extrañada le imitó. Esa vez temió de verdad por su vida, y por una buena razón. Una llamarada de fuego se dirigía hacia donde se encontraban. Sus piernas se paralizaron nada más sentir el calor.

Unos fuertes brazos le rodearon, alzaron y llevaron corriendo hacia una ventana. El ruido de cristales rotos seguido del de una explosión acabó con parte del tercer piso. Hermione sintió el aire golpearla fuertemente. ¡Se acababan de lanzar a través de la ventana de un tercer piso! Comenzó a respirar fuertemente con lágrimas saliendo de sus ojos. Iba a morir aplastada contra el suelo, como siempre había temido.

Alzó la mirada de golpe cuando una suave mano la acarició la mejilla. Se encontró con unos verdes ojos que la tranquilizaron como nunca nadie había hecho. Al instante desaparecieron del lugar.

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-¡Aghh!- aterrizaron de un duro golpe sobre la mesa donde se había reunido por primera vez el Señor Oscuro con sus Mortífagos. Voldemort había aprovechado los pocos segundos que le pudo tranquilizar para desaparecerse, pero había vuelto a tener miedo tan rápido por la sensación que por poco no logra desaparecerles a tiempo.

Cogió en brazos a la temblante chica y se dirigió a paso rápido al cuarto donde guardaba sus pociones. Abrió la puerta con algún que otro problema al no poder acceder plenamente a su magia. El dolor de la niña hacía que llegara a él a trozos.

Tumbó a la chica sobre la mesa y comenzó a buscar las pociones contra las quemaduras. No habían podido huir del todo del fuego. Uno de los brazos y pierna de la chica había terminado gravemente quemado y el golpe en la cabeza y hombro al aparecerse no había mejorado la situación. Ignorando sus propias heridas abrió el frasco que necesitaba y untó lo máximo que se podía echar sin que supusiera peligro para la vida. Comenzó a aplicarle el peligroso ungüento por la pierna, cortando con un hechizo parte del pantalón. Aplicó menos presión cuando escuchó un sollozo de dolor. Cuando continuó por su brazo ya casi había terminado de absorberse en su pierna. El medicamento se caracterizaba por no poderse aplicar en grandes cantidades de una sola vez, sino que una vez absorbido debía de volverse a aplicar.

A la cuarta aplicación comenzó a notar mejoría en el rostro de Hermione. Echó la crema una última vez y vendó toda la zona. Al dejar de notar tanto dolor su magia volvió a él como normalmente, sin esta vez cortarse. Con un hechizo revisó los golpes en el hombro y cabeza, descubriendo que con un conjuro se podrían solucionar. Por fin terminó con ella.

Se dejó caer en una silla cercana, sosteniendo la muñeca femenina no herida. Se untó a sí mismo la poción contra la quemadura en el antebrazo y con un hechizo se lo untó en la espalda. Cerró los ojos pensando en lo que casi había ocurrido aquella mañana. Había sentido una presencia tras él y al dejar de sentir su propia magia se giró para ver la "causa" del miedo de Hermione. Sólo tuvo tiempo a agarrarle y saltar por la ventana. Para su desgracia descubrió en plena caída que tenía miedo a las alturas, lo que no le provocó rabia alguna, sino un nuevo… sentimiento. Sólo se ocupó de tranquilizarle y desaparecer a ambos.

-¿Qué essstá ocurriendo, Nagini?- inquirió con un tono que hacía años que no usaba- essta dependencia es intolerable.

-Puede que la niña sssea essspecial- respondió la serpiente subiendo encima de la mesa donde en esos momentos descansaba.

-En essstos momentosss no me parece una niña.

-Una vez le essscuché decir que la guerra cambiaba las persssonas, mi sseñor.

-Y parece que a "nuessstra querida" Hermione no le ha quedado otra alternativa que crecer- abrió los ojos y los clavó en su cuerpo tumbado. Aunque hubiera pronunciado "nuestra querida" con mofa todavía le daba vueltas a lo dicho.

Cogió a Hermione en brazos y salió del cuarto cerrando tras Nagini. Subió sin esfuerzos las escaleras y se dirigió a su cuarto, donde depositó a la chica sobre la cama tras cambiarla por el pijama que había usado aquel día. Observó las notas que había realizado el día anterior sobre el hechizo que estaban desarrollando. Decidió echarlas un vistazo mientras ella se recuperaba y sus Mortífagos volvían a informarle de lo ocurrido. Si la niña moría, él se quedaba sin magia.


No fue hasta la hora de la cena que la chica despertó. Abrió los ojos con pesadez extrañada de no sentir el peso acostumbrado sobre ella. Se incorporó con algo de dolor hasta quedar sentada en la cama. Voldemort le observaba fijamente desde el escritorio.

-Veo que te has recuperado- "saludó".

-¿Qué ha ocurrido?- se aclaró la voz ante el gallo que salió.

-Temiste por tu vida- respondió con un tono monótono. Entonces lo recordó todo. Harry, el beso, su decisión por salvarle, el fuego,…

-¿Me vas a castigar?

Mantuvieron sus miradas durante largos segundos hasta que por fin respondió.

-Ya has tenido suficiente castigo- increíblemente respondió.

Sólo necesitó eso para que una especie de culpa se instalara en su pecho. No le quería deber nada a nadie y mucho menos al Señor Oscuro.

-M-Me salvaste… y aunque lo hicieras por egoísmo creo que te debo la verdad…- Voldemort entrecerró la mirada- Y-Yo n-no tuve miedo por el fuego… es más, ni siquiera lo vi hasta que tú lo hiciste, yo… tuve miedo porque no quería que mataras a Harry.

Reinó el silencio. De repente Voldemort apareció sobre ella en la cama, tumbándole y con la varita apuntando a su cara. No pudo evitar que se internara en su mente.

Sin siquiera pensar Voldemort comenzó a ver los recuerdos de Hermione, a pasearse entre sus memorias y descubriendo secretos, secretos que ni sus mejores amigos habían imaginado. Como su curiosidad por la magia oscura, su pánico a las alturas, su extrema lealtad a ciertas personas, y sobre todo descubrió que en algún punto estaba dejando de odiarle a él aunque ella no lo supiera, que estaba comenzando a ver en él a un hombre poderoso, alguien que infundía respeto. Ni sus Mortífagos pensaban eso de él, ellos sólo les seguían por miedo o ansias de poder.

Rompió el hechizo sin necesitar ver nada más. La miró por un instante y juntó sus labios brutalmente con los suyos. Hermione luchó por poder respirar. No sabía qué le había ocurrido para que de repente le atacara de aquella manera. Le quería meter algo en la cabeza y le besaba salvajemente, reclamando una parte que nadie más había reclamado. Al terminar se separó bruscamente de ella y se dirigió al baño. Dio un portazo y poco después se escuchó el sonido del agua de la ducha caer.

¿Por qué le había besado en lugar de atacarle?


-Lo siento, mi señor, pero al parecer no eran tan pocos como creímos en un principio- informó Lucius con una mirada nerviosa- aparecieron refuerzos en el último momento que hicieron explotar el tercer piso y se llevaron a Potter.

-Siéntate, Lucius- ordenó Voldemort. El rubio no dudó en obedecer. El Señor Oscuro observaba a cada Mortífago a lo largo de la mesa donde siempre se reunían cuando el tema era de suma importancia. Mantenía una mano bajo la camiseta de Hermione y con el dedo pulgar la acariciaba de forma distraída, recordándola de cierta manera a cuando estaba con Nagini. Le había sacado del cuarto sin mediar palabra y sin darle tiempo a reaccionar le llevó a la reunión.

-Bellatrix.

-Mi señor, ese estúpido pelirrojo tuvo ayuda del elfo de Lucius…

-Antiguo elfo- interrumpió éste.

-Y consiguieron mantenerme ocupaba- continuó Bellatrix con una mirada asesina hacia la chica que estaba sobre el regazo de su señor- Luego Dumbledore apareció con la Orden y nos retiramos como usted ordenó.

Voldemort asintió. No tenía sentido aquella batalla. Por ello hizo desaparecer a sus Mortífagos y ordenó a Lucius mandar al ministerio para desalojar un ataque no autorizado. De aquella forma, y al no tener la Orden pruebas de la presencia de Mortífagos o Hermione, habían recuperado la Mansión Malfoy.

-Draco- Hermione levantó la vista de golpe para clavarla en una figura que había pasado desapercibida por completo para ella. El rubio únicamente miró a su señor- tengo otra misión para ti. Te encargarás de conseguir una entrada para nosotros en Hogwarts. Te comunicarás conmigo a través de Severus y cuando todos los detalles estén listos atacaremos el colegio y nos libraremos de una vez de Dumbledore. Los vampiros colaborarán en esta ocasión.

Aunque a ningún mago que se precie le gustara la compañía de vampiros, nadie hizo comentario alguno, valorando más su vida después de aquel desastre.

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-¿Ni siquiera tienes respeto por uno de los mejores magos de nuestra historia?- inquirió Hermione de vuelta a la oficina, como ella lo había bautizado- La muerte de Dumbledore no es algo que se deba lograr a la ligera.

-Tendría cuidado con tus comentarios, Hermione.

-Sé que sí le tienes respeto, por eso lo pregunto- murmuró la chica sabiendo que estaba pasando sus límites.

El sonido de algo deslizarse la hizo volver a elevar la vista de un libro que le servía para su hechizo.

-B-Buenas noches, N-Nagini- trató de saludar educadamente. Juró que la serpiente sonrió entretenida.

-Buenasss nochesss, Hermione.

La serpiente se dirigió hacia donde la chica estaba trabajando. Se enrolló a lo largo de la silla y sin esfuerzo quedó a su altura, observando su progreso.

-El hechizo va avanzando- confirmó tras una rápida lectura. Hermione le miró impresionada.

-¿Sabes acerca de Runas Antiguas y Aritmancia?

- Hace tiempo que mi ssseñor me enssseñó. ¿Por qué añadisste esssta ecuación?- señaló con la cola a su último cálculo.

-Contrarrestaba los posibles efectos secundarios que pudiera tener en el paso anterior. Consume un par de minutos pero ahora lo voy a arreglar.

La serpiente asintió. Voldemort observó cómo Nagini se llevaba bien por primera vez con otra persona que no fuera él. La verdad es que estaba impresionado, y más con que hubiera sido con su cautiva. Sabía que la chica tenía una gran mente y siempre andaba buscando respuestas. Justo ahora estaba seguro que en alguna parte de ella se estaba preguntando por qué le había vuelto a besar.

El sonido de una lechuza llamando a través de la ventana hizo que se levantara a por el correo. Nagini y Hermione seguían concentrados en discutir su trabajo por lo que casi ni escucharon al ave.

Cuando terminó de leer la nota la quemó en su propia mano, agarrando fuertemente a la chica.

Dos de tus magos no han sobrevivido.

El resto me sirve pero me gustaría comentar tu próximo ataque contigo.

Una semana a partir de hoy, a las nueve de la noche en mi castillo.

Mis más cariñosos saludos a tu hembra.

Blaine.