Capítulo 8. Oscuridad

Mis ojos se pierden en el cielo cuajado de estrellas de esta noche helada, una de las primeras noches de invierno en Nueva York. Mis ojos marrones están completamente abiertos, es como si mi mirada quisiera absorber el frío resplandor de los astros y hacer que esa luz se quede en mí. Porque la pasarela de Chris es mañana y necesito ser fuerte, más fuerte de lo que he sido jamás.

Todo el mundo ha estado concentrado en la seguridad del evento en los últimos días y aunque me digo que debo confiar en ellos, hay miedo en mi corazón, mucho miedo. No, no temo por mí, no temo que el acosador imbécil que tan bien se oculta de la policía y de las pesquisas de Victor y los demás chicos de mi escolta, quiera hacerme daño solo a mí, de hecho estoy preocupado por ellos, por todas las personas que podrían salir lastimadas de esto por mi culpa.

Durante estos días, mientras Victor y los demás discuten planes a diestra y siniestra yo he empezado a preguntarme por qué vale la pena intentar proteger a una persona como yo, a alguien que en el orden del universo no es más que una cara bonita y un cuerpo deseado. Yo no valgo la pena ¿o sí? ¿Por qué personas que tienen una vida más allá de mí, están arriesgándolo todo por protegerme? En el mundo, a diario mueren personas que hacen de todo por hacer de este mundo algo diferente, algo mejor y ahora mismo me pregunto qué es lo que estoy haciendo yo. Si yo muero, el mundo no dejaría de girar y un nuevo dios se alzaría en las pasarelas haciendo que todo el mundo se olvide de Eros.

Suspiro e intento alejar esos pensamientos de mi cabeza. Supongo que todo el mundo tiene su lugar en el universo, supongo que las personas también necesitan de la belleza para seguir andando en este mundo cruel y lleno de cosas que no son agradables. Quizá esa sea mi misión en el mundo, quizá vender sueños de una realidad mejor sea mi contribución a la mejora del mundo. Cierro los ojos deseando que mi mente deje de pensar tonterías pero me es difícil controlarla y ahora mismo me encuentro deseando que Victor, mi niñera, esté aquí a mi lado parloteando las miles de cosas estúpidas que siempre parlotea y a las cuales me he acostumbrado con el paso de los días.

Es como si su voz y su presencia se llevaran la oscuridad que me habita, es como si su sonrisa pudiera competir con el fulgor de las estrellas. Victor Nikiforov es un mundo sin oscuridad y por eso me hace sentir tranquilo cuando está aquí pero ahora está resolviendo los últimos detalles de su plan de seguridad y me pregunto por qué demonios le di permiso de ir si mi mente ha estado molestándome el día entero.

Sí, sé que es estúpido sentir eso pero cuando él está a mi lado todo mi interior parece callarse y su voz es todo lo que existe. Sé que él y los demás han estado preocupados por mi silencio de las últimas semanas pero no he estado sintiéndome bien, no consigo sentir en mi interior la fuerza de Eros, es como si Eros se hubiera ido de vacaciones y me hubiera abandonado ante las amenazas del acosador imbécil. Todo está mal, todo está mal excepto cuando Victor está aquí y se lleva la oscuridad que vive en mi con el calor de su presencia y su… su todo.

—Te dije que no quería que estuvieras solo, Yuri — dice una voz alegre y yo sonrío a la aparición de Minami quien se sienta al lado mío en uno de los cómodos sillones de la terraza de su casa. De algún modo agradezco su presencia porque así puedo dejar de pensar la sarta de idioteces que he estado pensando.

—No estoy solo, estoy rodeado de estrellas… — digo con una sonrisa seria y Minami toma mi mano con una sonrisa triste.

—No es una buena señal que quieras estar rodeado de estrellas y alejado de la gente — dice él y sé que el sermón del día viene en camino —. Yuri, quisiera hablar contigo ahora, creo que estás haciéndote daño de nuevo y no me gusta esta situación…

Mis ojos se quedan fijos en los ojos de mi amigo pero no digo nada. Sí, yo sabía que él empezaría a notar que mis antiguos hábitos han retornado con fuerza, era imposible que él no los notara cuando me la he pasado encerrado en su casa como un espíritu errante que apenas dice algo y que se distrae llevando a cabo extenuantes rutinas de ejercicio en el gimnasio y en la alberca de su casa.

—Solo estoy nervioso — digo al fin —. Lo que ocurrirá mañana es una pasarela importante que además está amenazada por los actos de un loco. Sé que no querías que me enterara pero sé que han recibido más amenazas. Una carta diaria ¿No es así? Esta es una situación estresante y por eso he estado actuando de forma extraña pero debo continuar Kenjirou, debo continuar y si tú no me apoyas…

—Claro que te apoyo pero no estás lidiando bien con esto, eso es lo que me preocupa — dice mi amigo con calma-. Yuri, apenas has comido en estos días y sé que has estado vomitando. Sé lo que te preocupa, pero tu cuerpo es perfecto, y si tú no lo notas es porque tu problema ha vuelto a aparecer ¿no es así?

Suspiro y Minami me impide alejar mi mirada de sus ojos tomando mi barbilla entre sus dedos. Cuando dice esas cosas siempre termino por odiarlo aunque sé muy bien por qué lo hace pero yo ya no soy un niño al que se deba cuidar siempre. Sí, he estado comiendo mal. Sí, he estado vomitando de nuevo pero puedo controlar esto, es él quien no parece notar que puedo controlarlo y dejarlo cuando sea suficiente. Porque sé que pronto será suficiente, sé que pronto volveré a ser perfecto. Quizá Eros se ha ido de mí porque he vuelto a ser un cerdo y debo recuperarlo y hacer lo que hago es la forma más sencilla de lograrlo.

—Debes detenerte ya— dice Minami con firmeza —. Si te sientes mal, sabes que podemos lidiar con esto de una mejor forma. La doctora Minako te hizo bien la última vez, volvamos a consultarla ¿quieres? Yuri, el problema con la comida vino antes que todo lo demás y no quiero que vuelvas a eso ¿entiendes?

—Minako volvió a Japón la primavera pasada, ella me lo dijo — digo intentando controlar mi furia—. Ella ya me ayudó todo lo que pudo ayudarme, no la molestemos más.

—Quizá nosotros también debamos volver a Japón ¿sabes? — dice él sin rendirse—. Creo que necesitas unas vacaciones, necesitas volver a Hasetsu y ver a tu familia, ver a los amigos que dejaste allá. Yuri, esta es la última pasarela del año, ¿qué te parece volver a Japón unos días? Quizá podamos ver a Minako, yo creo que…

—Kenjirou, te amo pero debes detenerte — digo yo sin poder controlarlo más—. Escucha, no me pasa nada ¿entiendes? Solo estoy nervioso, es eso. Si el problema es la comida, está bien, comeré bien mañana ¿contento? Pero no quiero vacaciones, no quiero ir a Japón. Voy a quedarme aquí y lo enfrentaré, eso es lo que haré…

—Yuri…— dice él con la mirada dolida.

—Perdóname por ser un necio, Kenji, pero sabes que debo hacer esto. No voy a rendirme, no puedo rendirme y no echaré a perder el trabajo de toda una vida por algo tan estúpido como un acosador de mierda…— digo, tratando de borra la tristeza de los ojos de mi amigo de toda la vida.

—Solo quiero que seas feliz…

—Soy feliz en la pasarela, soy feliz siendo Eros. Además, ni tú ni Victor dejarán que algo malo pase ¿no es así? Eso es lo que tú y él dicen siempre, ahora deben demostrarme que lo decían en serio…

— ¿Cómo van las cosas con Victor? — pregunta Minami con un profundo suspiro que me hace pensar que no insistirá con el otro tema aunque de verdad quisiera hacerlo.

— Él es una buena niñera…— digo yo con sinceridad.

— Viniendo de ti, eso es un halago inconmensurable…

— Hace su trabajo con eficiencia, eso es todo… — digo y sin saber por qué mis ojos se pierden en las estrellas de nuevo—. Él me hace sentir protegido ¿sabes? Cuando tomo su mano…

— ¿Has tomado su mano? — pregunta Minami con una sonrisa traviesa.

—Solo una vez, hace días… fue un impulso ¿sabes? Solo quería saber…

— ¿Qué cosa?

—Saber cómo se veía el mundo de la mano de Victor Nikiforov— digo sin que las palabras pidan permiso para ser expresadas—. Siempre tuve ese ridículo sueño ¿sabes? Cuando lo veía caminando de la mano de alguien en los pasillos de la secundaria de Detroit, me preguntaba si el mundo se vería distinto al lado suyo, si él podía llevarme a un mundo nuevo de su mano…

— ¿Y es así? — susurra Minami, como si él no quisiera romper el embrujo que parece flotar en mis palabras que están llenas de un doloroso anhelo que no había vuelto a sentir en mucho tiempo.

—Sí, todo es diferente cuando él te toma de la mano ¿sabes? — digo yo con las mejillas sonrojadas—. Él sostenía mi mano sin decir nada pero yo era capaz de sentirlo todo. Fue extraño y hermoso y… no sé por qué estoy diciéndote todo esto…

—Tú no has dejado de sentir algo por Victor— dice Minami causándome un pequeño infarto que me hace volver a la tierra de un modo nada agradable.

— No quiero sentirlo…— digo y de pronto siento un terrible deseo de llorar—. Sentir algo así por alguien te hace débil, no quiero ser débil. No quiero que Victor se dé cuenta de que en el fondo sigo siendo aquel Yuri idiota que le regaló su corazón sin siquiera conocerlo…

—Mi pequeño Yuri, el corazón desea lo que desea y no hay nada que podamos hacer para detenerlo — dice Minami con una sonrisa dulce —. Además, sentir algo es un acto de valentía, solo un hombre fuerte como tú podría hacerlo. Si Victor tiene tu corazón, él debería saberlo ¿no crees? Sobre todo porque cualquiera que tenga dos ojos puede ver que el corazón de Victor está también en tus manos… ¿sabes por qué él es capaz de mostrarte un mundo nuevo con el solo roce de sus dedos?

—No lo sé, ya no quiero saberlo…

—Victor te muestra el mundo que quiere compartir contigo cuando te toma de la mano, una persona que es así especial en la vida de alguien tiene ese poder — dice Minami con calma—. Yuri ¿No crees que has pospuesto ese viaje a un mundo nuevo por mucho tiempo? El hombre que vive en tu corazón está contigo, él toma tu mano porque quiere protegerte. Yuri, apostaría mi herencia a que Victor Nikiforov muere de amor por ti…

— ¿Tú crees? — pregunto y no sé por qué mi corazón desea con intensidad que lo que dice Minami sea cierto.

—Tú sabes que es cierto, Yuri — dice él sin dejar de sonreír—. Incluso te has cansado ya de torturarlo ¿no es así?

—No lo he visto con tanta frecuencia como para torturarlo. Los ensayos con Chris son agotadores y cuando él llega de ordenar todo lo que hay que ordenar con Phichit yo suelo estar dormido y…

—Déjate de tonterías y acepta que estás enamorado de él — dice Minami riendo divertido—. Hoy llegará temprano ¿sabes? Phichit me dijo que el plan de seguridad está listo ya así que… ¿y si te preparas para agradecerle a tu guardaespaldas por todo el amor y dedicación con el que está cuidándote? Vamos Yuri, si no vas a hacerme caso en todo lo demás, regálate esta felicidad al menos ¿quieres?

Minami se levanta del sillón y diciéndome que irá a supervisar la preparación de la cena, me deja solo una vez más mientras yo suspiro diciéndome que Kenjirou definitivamente ha perdido la chaveta. Parece que a mi amigo se le olvida que yo no soy una persona normal, que por más que lo deseo no puedo lanzarme a los brazos de Victor y nada más. Si hago eso, estaría condenando cualquier posibilidad a las sombras de la noche porque Chris tiene razón en algo: si el mundo sabe que Eros tiene dueño, Eros dejará de existir. El dios del amor no puede conocer el amor sino a riesgo de dejar de existir.

Suspiro profundamente y cuando estoy a punto de levantarme del sillón, escucho que un par de pasos lentos asciende por la escalera y no puedo evitar que mi corazón imbécil empiece a latir de forma alocada cuando pienso en la sola posibilidad de que sea mi niñera quien acaba de llegar y juro que pierdo el aliento cuando lo veo aparecer en el umbral, y su figura alta y fuerte se dibuja en mi mirada.

Mis ojos lo siguen sin que yo pueda evitarlo y una sonrisa feliz aparece en sus labios como si después de la larga jornada que seguramente ha vivido, verme a mi sea lo más hermoso que le ha pasado en el día y apenas puedo creer que yo sea la razón de esa sonrisa. Pero lo soy, sé que lo soy porque a medida que se acerca, Victor parece brillar con más intensidad y la noche de mi interior se ilumina y de pronto siento que mi corazón arde con el fulgor de un nuevo día de verano.

—Estoy muerto…— dice él y se deja caer a mi lado y siento en mí la imperante necesidad de tomarlo entre mis brazos y decirle que debe descansar, que puede descansar entre mis brazos.

—No te quejes de tu trabajo, Nikiforov, juraste protegerme ¿te arrepientes ya? — pregunto al fin, y él me sonríe con esa alegría natural con la que suele sonreírle a todas las estupideces que digo.

—Jamás, Yuri, pero solo soy humano ¿sabes? — dice y suspira con un aire dramático que me hace reír.

—Eres un humano muy quejumbroso — digo y él no deja de mirarme con intensidad.

—Y tú eres un humano hermoso ¿te has visto hoy en un espejo? Disculpa que lo diga Yuri, pero hoy te ves más guapo de lo normal…— dice él y al decirlo sus mejillas están sonrojadas.

—No te voy a dar un aumento, Nikiforov — digo, intentando que sus palabras no me derritan el corazón de una vez y para siempre—. Coquetear de forma infantil con tu jefe no viene en el contrato ¿sabes? Así que contrólate, ya sé que soy hermoso, gracias…

—No te estaba coqueteando, jefe, estaba diciendo la verdad…— dice él y sus ojos azules se quedan quietos en mí como si él quisiera mirar hasta el fondo de mi corazón, como si él quisiera atraparme en su mirada para no dejarme ir jamás.

Su mirada me atrapa al fin y un silencio eléctrico nos rodea cuando el eco de sus palabras se pierde en el silencio de la terraza. Las estrellas siguen brillando en el cielo y yo me quedo perdido en esos ojos azules que me ven de un modo diferente, esos ojos azules donde se esconde el universo entero. Y de pronto empiezo a preguntarme si bastaría con tomar su mano de nuevo y no soltarla para ser algo más, algo más de lo poco que somos ahora. Porque ahora solo somos dos personas que han vuelto a colisionar por accidente, solo dos personas que están juntas y a la vez, a mil kilómetros la una de la otra, ¿Algún día podré romper esa distancia?

—Nikiforov, creo que después de todo sí mereces un premio… — digo, sintiendo una súbita corazonada a la que no puedo resistirme—. La pista de hielo del Rockefeller Center se inaugura el fin de semana ¿sabes? La familia Rockefeller es amiga de la familia Minami y ellos siempre dejan que Kenjirou y yo vayamos ahí cada año antes de que enciendan el enorme árbol y sea prácticamente imposible patinar sin perderte en medio de la multitud y me preguntaba si…

— ¿Te gusta patinar? — pregunta Victor sin dejar de sonreír.

—Es una afición nada más, en principio acompañaba a Kenjirou y le tomaba fotografías pero después descubrí que es divertido así que… ¿quieres ir conmigo esta vez? — Pregunto y los ojos de Victor se abren de par en par—. Evidentemente no irás como mi guardaespaldas, es un premio, ya sabes, por lo que has hecho toda esta semana y esas cosas… yo… es mi cumpleaños además y me gustaría festejarlo con una persona que me agrade para variar y no en medio de una enorme fiesta como lo vengo haciendo desde hace años y…

— ¿Te agrado? — pregunta Victor, y el tono sorprendido de su pregunta hace que mi corazón se derrita, de verdad debo estar actuando como un imbécil pero no me importa, al menos no cuando él me mira así como lo hace ahora.

—No eres tan idiota como creía y una persona decente siempre debe saber agradecer a quienes son buenos con ella— digo con una sonrisa sincera—. Solo… ven conmigo ¿quieres? no te haré trabajar de más, de verdad, solo quiero agradecerte…

—Será un honor…— dice él y sus ojos azules podrían iluminar a la ciudad entera por el brillo que hay en ellos—. Cuenta conmigo, Yuri, iré contigo a donde tú quieras ir…

Su sonrisa al decir esas palabras es cálida, muy cálida y sé que él me sonreiría así incluso si le pido que me acompañe a caminar entre las llamas del infierno y me digo que tenerlo a él en mi vida, que tenerlo a mi lado como algo más que mi fiel guardián sería hacer eso exactamente: convertir su vida en un infierno, exponerlo a un mundo en el que alguien como él jamás tendría un lugar.

—Vamos a cenar, después irás a descansar…— digo para ahuyentar esas ideas de mi cabeza—. Este trabajo va a matarte por mi culpa…

—No es tu culpa— dice él levantándose y estirando su cuerpo como si estuviera pidiéndole a sus músculos solo un último esfuerzo más—. Estoy cansado pero estoy feliz ¿sabes? Nadie te hará daño mañana, brillarás en la pasarela y nadie te hará ningún mal, me aseguré de ello de mil formas distintas. Así que el cansancio no importa porque este cansancio significa que te tengo protegido, Yuri, y tú solo tienes que hacer algo por mí…

— ¿Hacer algo más por ti? No seas abusivo, Nikiforov, ya te invité a mi fiesta de cumpleaños…— digo haciéndolo reír.

— Bueno, quizá pueda aprovecharme de tu buen humor un poco más… — dice él arrancándome una sonrisa divertida.

— ¿Qué más quieres de mí, Nikiforov?

—Diviértete en la pasarela ¿está bien? Hechiza a todo el mundo y muéstrales que nada puede amedrentarte. Quiero que el mundo te vea feliz, que te vean fuerte y seguro. Sé el dios que has sido por años, brilla mañana como no has brillado hasta ahora ¿puedes hacerlo?

—Dalo por hecho, Nikiforov…— digo y él sonríe satisfecho—. Prepárate para ver la mejor versión de Eros que el mundo ha visto hasta ahora…

Victor sonríe y sin darme tiempo de decir o hacer nada más, él asiente y me toma de la mano para llevarme al comedor y cuando lo hace, el mundo nuevo y luminoso que él hace existir con su presencia me rodea de nuevo y vuelvo a sentir la necesidad de quedarme a vivir ahí, de que Victor me deje quedarme ahí y poder habitar a su lado ese universo donde no existe la oscuridad…


Las luces se apagan y en solo un segundo sé que todo está mal.

Los gritos de la multitud me ponen alerta e intento no entrar en pánico ante la ausencia de luz y por ende, ante la oscuridad pesada que me cubre. Escucho el sonido de pasos apurados, el grito de una voz que da órdenes en un idioma que me cuesta descifrar.

Mi corazón late asustado y en medio de la oscuridad me siento más desnudo de lo que me había sentido durante la pasarela, esa pasarela que hasta hace uno minutos había dominado como siempre suelo hacerlo. Los comentarios en las redes sociales eran los mejores que había tenido en mi carrera, la línea de lencería de Chris estaba agotada en preventa y estaba exhibiendo ya el último modelo de la colección, el atrevido conjunto que Chris había nombrado "deseo de media noche".

Mis labios sonreían al sentirme dueño de la noche, dueño de las fantasías de los hombres y de las mujeres que me contemplaban en ese silencio de adoración en el que las deidades suelen ser alabadas. Eros había vuelto a mí desde el primer instante, desde que la música y las luces de la pasarela rebotaron en mi piel recordándome en un segundo la clase de modelo que soy.

Estaba triunfando, estaba seguro de que había cumplido incluso con lo que Victor me había pedido la noche anterior durante nuestra idiota platica en la terraza y de pronto, esto sucedió, las luces se apagaron haciéndome sentir indefenso, haciéndome sentir un estúpido.

Me quedo quieto en medio de la pasarela lo que me parece una eternidad, intento controlar mi respiración para que el pánico no gane la batalla pero me es difícil hacerlo y cuando doy un paso hacia atrás, mi cuerpo impacta con lo que sin duda es un cuerpo humano y de pronto me siento aliviado al pensar que he encontrado a alguno de mis compañeros.

—Yura… — susurro, deseando que el cuerpo que he encontrado sea el de mi compañero pero sé que aquel cuerpo que me resulta duro y grueso al tacto, no tiene nada que ver con la anatomía delicada del chico rubio al que estoy llamando.

—Te dije que no quería verte mostrándote ante todos como una puta cualquiera, Eros…— dice una voz rasposa que me hace sentir terror porque suena demasiado familiar aunque no puedo recordar en dónde la he escuchado antes.

— ¿Quién eres? — digo, sintiendo que las manos de la figura oscura se enredan en mi cuerpo y que la criatura sin rostro que me sostiene, coloca una fina cuchilla de acero en mi cuello.

—Un fantasma, un espíritu que tiene sed de ti…— dice el monstruo, y hace que su cuchilla se deslice por mi cuello y suba lentamente por mi rostro, deteniéndose después en mis labios donde él hace un corte que me hace gritar—. Estás marcado, te he marcado… volveré por ti, ten por seguro que volveré por ti y esta vez seré yo y no mi cuchillo el que deje un beso de muerte en tus labios…

La figura me suelta con violencia y lanza mi cuerpo al vacío en el justo instante en el que las luces vuelven a encenderse y es como si el mundo volviera a la normalidad en un solo segundo porque sé que la pesadilla en la que la pasarela se ha convertido sucedió en cuestión de segundos. Siento que mi cuerpo sigue cayendo a la deriva, siento que el monstruo ha lanzado mi cuerpo más allá de la pasarela, siento que caigo y sigo cayendo en un pozo sin final no solo de forma material, sino también de forma metafórica.

Porque los fantasmas del pasado han sido llamados a atormentarme una vez más, porque estoy marcado y el sabor metálico de mi sangre escurriendo en mis labios es una prueba de ello, y cuando caigo al suelo en medio del estupor de los asistentes de la pasarela y de la confusión de pasos que me rodea, el impacto con él y el sonido de un hueso rompiéndose me lleva de nuevo a aquel contenedor de basura en el que estuve varias horas cundo no era más que un niño, hasta que me encontraron convertido en un desecho también.

Mis ojos se cierran como si con ello pudiera contener el dolor, la humillación, la vergüenza de ser de nuevo solo un estúpido que no puede defenderse, de ser Yuri el cerdo al que los matones han hecho daño otra vez.

— ¡Yuri! ¡Dios mío, Yuri! — dice una voz preocupada que enseguida reconozco como la voz de Victor—. Estarás bien, nada pasó, arreglaremos eso en el hospital, Yuri, lo haremos…

Sus brazos me cubren y la lacerante sensación de dolor en mi brazo derecho hace que pierda la conciencia sin que pueda decirle a Victor que no estoy bien, que nunca lo estaré. Que sí pasó mucho, que todo volvió a suceder de la misma forma y que hay algunas heridas y algunos recuerdos que un hospital no puede curar. Es entonces cuando la oscuridad me rodea por completo, me traga como una bestia hambrienta lo haría y yo la dejo hacer porque después de todo no soy más que eso: carroña pestilente, solo el despojo de un chico herido que tiene prohibido soñar con un mundo lleno de luz al que definitivamente no podrá pertenecer jamás porque su alma le perteneces a esta oscuridad de la que deseo no salir jamás si con eso los fantasmas me dejan en paz de una vez…


NDA: ¡Feliz víspera de navidad a todos! Sí, ya sé que este capítulo es todo menos festivo, pero juro que después de esto, Yuri y Victor se encontrarán el uno al otro en medio de las sombras así que no pierdan la fe y espero puedan seguir acompañándome en la aventura un ratito más.

Me gustaría desearles mucha felicidad en estas fiestas y en su vida en general. Compartir estas historias con ustedes, ésta y las demás en las que me han acompañado, fue una de las pocas cosas que salieron medio bien en este año de mierda que gracias al cielo ya se va a terminar¡ xD Como sea, pásenla genial hoy con sus familias y les mando miles de abrazos de oso; ojalá sus vidas estén llenas de un amor tan enorme como el de Victor y Yuri, y bueno, sea en lo que sea que crean, recuerden que lo que importa hoy es festejar con quien los ama y a quienes ustedes aman :3

¡Cenen rico ustedes que pueden! ¡Tengan muchos regalos! ¡A mi regálenme un comentario lleno de amor! ¡Les mando mil abrazos de oso! :3