Disclaimer. Los personajes presentados no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi. Historia creada sin fines de lucro.
Spoiler. Dos capítulos en uno.
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Capítulo 7 "Reminiscencia" Parte II
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"El pasado es la única cosa muerta cuyo aroma es dulce. (Eduard Thomas)."
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No quiero despertar, si despierto todo será verdad, y no puedo, simplemente no lo deseo…
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Sábado 1 de Abril
—Ranma, despierta —le murmuraba Nodoka a su hijo por décima vez sacudiéndolo con un poco más de fuerza.
—Mmm, no quiero ir a la escuela mamá... diles que estoy enfermo —balbuceó volviéndose a cubrir la cara.
—Hijo, Akane se va en 20 minutos —dijo Nodoka con voz suave.
De un brinco Ranma se levantó del futon. —¿¡QUÉ!? —gritó ronco por tanto dormir.
—Apresúrate, tienes tiempo.
Nodoka se puso en pie; del cajón de ropa sacó una camisa china blanca y de otro cajón un pantalón negro y se los acercó a su hijo que aún permanecía parado en la misma posición.
—Vístete rápido, te esperamos —finalizó con una sonrisa.
Ranma se vistió tan rápido como pudo, estaba bastante adormilado que se fue de bruces cuando intento meterse el pantalón; sentado en el piso hizo lo mejor que pudo con la camisa china, se anudó un cinturón rojo de tela en la cintura y salió de la habitación, se dirigió al aseo para lavarse la cara e intentar despertar de una buena vez; allí, abrió el grifo de agua tibia y la dejó correr entre sus dedos, acunó sus manos y espero a que un tanto de agua se acumulara, inclinó el rostro y lo frotó con el agua, eso ayudó mucho; se miró al espejo, y curvó sus labios en un mal intento de sonrisa, respiró profundo y salió del lugar para reunirse con los demás.
Sobre el genkan estaba una maleta de gran tamaño con ruedas, otra mochila grande color camello y una más pequeña de color verde agua con flores rosadas; frunció el ceño involuntariamente, pues esa simple visión hizo que de nuevo se formara ese doloroso nudo en su garganta y que aquella sensación extraña volviera a hacerse presente.
—¿Estás listo? —preguntó Nodoka que venía desde la cocina con un pequeña caja envuelta en un pañuelo amarillo.
—Sí —contestó mecánicamente.
—¡Ranma esta aquí, podemos irnos! —gritó Nodoka mientras se calzaba sus sandalias.
A su llamado apareció la familia Tendo, Genma y Ukyo, detrás de ella venía Akane platicando con Ryoga.
Ranma estiraba el cuello para intentar captar la mirada de Akane, pero entre el tumulto de personas que se formó en la entrada, accidentalmente su padre chocó contra él, por lo que empezaron a discutir hasta que Nodoka amenazó sutilmente con su katana; los demás se apuraron a salir, Soun tomó la maleta grande de ruedas y la arrastró detrás suyo, Nabiki y Kasumi iban con él; Genma alcanzó a Nodoka y salieron juntos de la casa; Ukyo se colgó del brazo de Ranma y lo arrastró para salir junto a ella; Ryoga cargó la mochila color camello y Akane se colgó la pequeña en un hombro; y así, todos juntos emprendieron la marcha hacia la estación de trenes, decidieron ir a pie pues iban con tiempo de sobra.
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Caminaban en grupos; pronto, los más jóvenes se separaron de los demás cuando mucho dos metros, Ranma veía de reojo a su prometida mientras ella le pedía a Ryoga que cuidará de P-chan a quién no veía desde hace bastantes semanas, Ryoga rió nervioso rascándose la cabeza y comprometiéndose a cuidar del cerdo mascota…
—Sí, seguro lo hará, es cómo si se cuidará a él mismo... —soltó sarcástico Ranma.
—¡Cállate! —gritó Ryoga— Akane, ten por seguro que lo cuidaré, sobre todo del bruto de Ranma —enunció con aire solemne.
—¡Ja!, ya lo creo P-chan... en ello te irá la vida —Ranma continuó molestando a Ryoga.
—Ya basta Ranma —siseó molesta Akane— Ryoga, te lo agradezco mucho... cuento contigo —dijo agradecida a su amigo, y él se tornó de un rojo brillante.
—Akane me despido, deseo que tengas un buen viaje, quizás algún día pueda visitarte —dijo de pronto Ryoga— me gustaría acompañarte hasta la estación, pero tengo una c-cita —continuó con un leve tartamudeo.
—Claro Ryoga, no te preocupes, por favor despídeme de Akari ¿si?, espero que en vacaciones pueda verlos —habló con una cálida sonrisa, extendió su mano y estrechó la de Ryoga con gran afecto.
—Toma Ranma, sirve de algo —dijo Ryoga entregándole la otra mochila de Akane.
Ranma la tomó y se la colgó al hombro. —Adiós P-chan, envíale mis saludos a Akari —bromeó mientras esquivaba un golpe de Ryoga que iba justo a su cara.
Akane rodó los ojos y jaló del otro brazo a Ranma para que siguieran caminando.
—¿Por qué siempre molestas a Ryoga? —preguntó frunciendo el ceño.
—Bueno, porque es un cerdo —soltó sarcástico.
Continuaron caminando en silencio, Ranma quería hablar con Akane a solas, pero Ukyo no se soltaba de su brazo; pronto llegaron a la zona comercial y fue en ese momento que Ukyo dejó a Ranma…
—Akane, me gustaría seguir acompañándolos, pero es tiempo de que abra mi negocio... los sábados siempre son buenos para la venta —dijo sonriendo de manera franca, se acercó hasta Akane y le dio un fuerte abrazo, la chica correspondió al abrazo— visítame cuando quieras, ah y no te preocupes cuidaré bien de Ran-chan —soltó divertida, Akane se limitó a asentir con la cabeza.— Nos vemos Ranma —gritó Ukyo mientras corría en dirección a Ucchan's.
Akane suspiró ruidosamente y Ranma la miró confundido.
—¿Sabes?... yo se cuidarme solo. —dijo en tono serio, cruzando los brazos frente al pecho.
—Supongo... —contesto bajito evitando la mirada azul de Ranma.— Vamos, se hace tarde —dijo emprendiendo la marcha nuevamente.
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—"Bueno... yo quiero decirte algo muy importante, algo que he sentido desde hace ya mucho tiempo, es un sentimiento que me cuesta expresarlo, pues tú bien sabes que soy muy torpe con las palabras... nunca encuentro las adecuadas y cuando habló siempre digo alguna estupidez, y... yo, bueno lo diré de una buena vez antes de que me arrepienta... me gustas Akane y tengo que decirte que siempre estaré a tu lado, siempre... Sí eso está bien, pero ahora como demonios se lo digo" —Ranma cavilaba mentalmente lanzándole furtivas miradas a su compañera; ella iba perdida en sus propios pensamientos.
Llegaron a la estación de trenes, durante el trayecto no pudieron siquiera cruzar palabra; y Ranma estaba molesto, pues cada vez que lo intentaba su voz parecía no querer cooperar; además ella iba tan distraída que realmente nunca se percató de sus burdos intentos de entablar una conversación; dispuesto a no rendirse, lo intentaría de camino a Kioto, bueno, eso esperaba.
Cerca de los torniquetes, los Tendo y Saotome se agruparon alrededor de Akane.
—¡Buaahhh! mi pequeña se va —Soun lloriqueaba dejando brotar los ríos de lágrimas de sus ojos negros, abrazó fuertemente a su hija y ella correspondía el afecto murmurando palabras consoladoras al patriarca; cuando por fin se separó de su hija, Soun abrazó fuertemente a Genma.
—Diviértete Akane —dijo Nabiki y abrazó también a su hermana, después pellizco sus mejillas como cuando eran pequeñas. Akane sonrió conmovida pues Nabiki siempre era fría con todos.
—Akane, llama en cuando llegues por favor —pidió Kasumi mientras abrazaba a su hermana, se apartó un poco y sonrió tiernamente— eres igual a mamá, siempre fuerte y muy valiente.
Akane se mordió el labio. —Kasumi yo... yo te quiero tanto hermana —musitó volviendo a estrechar a su hermana en un abrazo y susurró algo al oído de Kasumi, ella sonrió dulcemente y asintió despacio.
Akane se acercó a Genma y rodeó al hombre con sus brazos, él respondió con unas leves palmadas en la espalda de la chica.
—Tío Genma, no se meta en problemas por favor —dijo divertida, al hombre le recorrió una enorme gota de sudor por la frente y no dijo ni pió.
—Akane querida —dijo Nodoka mientras envolvía en un cálido abrazo a la chica.
Akane no pudo evitar sollozar y apretó fuerte a la matriarca Saotome. Nodoka acariciaba la corta melena de Akane como si la arrullará. Ranma observaba la escena embelesado, se empezó a sentir muy extraño, ¿por qué se ponía así?, como si ella nunca fuera a volver... trago en seco, estaba tan ensimismado que ni cuenta se dio cuando su prometida se encontraba frente a él con un rostro indescifrable; un calor empezó a recorrer su espalda.
—Nos veremos pronto, Ranma.
—¿Qué? —balbuceo extrañado, no se suponía que iría hasta Kioto con ella.
—Ranma te prometo que en cuanto arregle todos los trámites y pendientes en la Universidad, vendré a visitarlos y entrenamos ¿sí? —dijo al hilo mientras parpadeaba lentamente.
—Espera un momento... yo dije que te llevaría hasta Kioto y lo haré —dijo un tanto molesto poniendo los brazos en jarra.
—No lo harás —respondió Akane en tono calmado— yo sé que detestas viajar en tren y no es necesario que lo hagas.
—Te di mi palabra y la voy a cumplir... aunque odie esos armatostes.
—No hace falta, Yuka me verá en la estación de Kioto, además, quién sabe a qué hora terminarías regresando a casa... y es todo. —Ultimó decidida.
—Pero yo...
—Escucha... vendré en cuanto pueda, no te desharás tan fácilmente de mi —dijo acercándose más, eliminando todo espacio entre ellos.
Ignorando a los presentes, Akane puso su mano sobre la mejilla del confundido Ranma y él no se apartó; recibió la caricia como un niño pequeño, Akane sonrió y haciendo uso de todo su valor, rodeó con sus manos el cuello de su prometido; él de a poco fue estrechando con sus brazos la espalda de la chica hasta apretarla suavemente contra su pecho, apoyó la barbilla en la coronilla de Akane y aspirando su aroma cerrando los ojos, guardándolo en lo profundo de su memoria, quedando ahí para siempre; ella pego su nariz contra el pecho de Ranma, era un contacto tan íntimo y especial que nadie más existía en ese momento.
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—Ya es tiempo Akane —interrumpió Nodoka bastante apenada.
—Sí —contestó y se apartó de Ranma bastante turbada. Evitando la mirada de su prometido, se cargó al frente la pequeña mochila verde agua y en la espalda se colgó la color camello, con la mano izquierda tomó el asa de la maleta de ruedas, viró hacia su familia y sonrió de manera tímida— llamaré en cuanto llegue, los quiero mucho —dijo conteniendo sus lágrimas.
Para Ranma, todo el sonido desapareció a su alrededor.
La vio partir cargando a cuestas parte de su pequeño mundo, y se veía casi como una niña, al principio la vio caminar errática, pero conforme se adentraba más en la estación sus pasos se hicieron firmes, seguros, y él contenía el aliento, cada paso que ella daba él lo sentía como un fuerte aguijonazo en el pecho, su boca se abría queriendo gritarle que se detuviera, que no se fuera... pero se mordió la lengua; ella volteó una vez más y sus miradas hicieron contacto... la calidez de los ojos marrones de Akane, perdidos en el intenso azul cobalto de Ranma, y a través de sus ojos se decían más que con las palabras; los labios de ella se curvaron en una pequeña sonrisa y se movieron lentamente formando un "te amo"...
Ranma sintió como su corazón se detenía de golpe, probablemente sólo imaginó esas palabras.
—Akane… —dibujó con su boca sin emitir sonido alguno.
Después de que Akane se marchara, el resto de la comitiva empezó a abandonar la estación de trenes; Kasumi consolaba a su padre, mientras que Nabiki se había adelantado para buscar la parada de buses, Genma avanzaba cerca de ellos; Nodoka había dado unos cuantos pasos a la salida cuando se percató que su hijo seguía adherido al piso, se acercó y puso su mano sobre su hombro.
—Vamos, hay que volver a casa —dijo con dulce voz.
Él ni siquiera se inmutó, permaneció así, sin mover un sólo músculo y con la vista fija en el punto donde ella se había mezclado con la multitud. Nodoka tomó la mano de su hijo e hizo que la viera.
—Ella va a estar bien, no debes preocuparte —habló intentando darle ánimos, él sonrió sin ganas y suspiró. Finalmente juntos abandonaron la estación.
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Regresar a la casa Tendo sin Akane fue raro para todos. Nabiki se fue directo a su habitación en actitud aburrida, Kasumi y Nodoka fueron a preparar la comida, mientras que Genma y Soun intentaron comenzar una partida de shogi, pero Soun estaba tan distraído que después de algunos intentos decidieron dejarlo por la paz. Ranma se fue directo al Dojo, tenía la intención de entrenar un poco para distraerse, pero al final únicamente se tumbó de espaldas en la duela, concentrado en las grietas del techo.
—"Lo imaginé... estoy seguro, ella no... no lo dijo, ¿o sí?... sí, seguro lo imaginé... bueno yo quería decirle, pero… humm, ya no tiene importancia, algún día se lo diré". —Meditaba mientras cruzaba sus manos debajo de la cabeza.
Cerró los ojos y evocó su imagen, la vio sonriendo y pronunciaba fuerte y claro "te amo", Ranma sonrió de lado y caminó a su encuentro, tomó una de sus manos y la miró fijamente, "Akane yo también te …".
—Ranma... ¿me escuchas?, ya está la comida —decía Kasumi sacando de su ensoñación al chico— te quedaste dormido, ¿qué soñabas?... estabas murmurando y sonriendo.
—¿Yo?, n-no, no lo recuerdo... tal vez lo imaginaste —contestó desviando la mirada.
Kasumi arrugó la frente y miró con inquietud a Ranma.
—¿Te sientes bien? Estás muy pálido... ¡oh! tal vez es porque no has comido nada desde ayer —dijo con clara preocupación— me daré prisa, serviré ya mismo la comida no quiero que te vayas a desmayar —dijo y salió del Dojo.
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La comida transcurrió en completa calma, una que otra mirada se desviaba en dirección a Ranma que sólo picoteaba la comida, Soun estaba en la misma situación y no era para menos, ya eran cerca de las 5 de tarde y se suponía que como mínimo Akane tendría ya 3 horas en Kioto y aun no llamaba, estaban preocupados pero nadie decía nada por temor a alterar más al señor Tendo.
—Gracias por la comida —dijo Ranma poniéndose en pie dispuesto a marcharse.
—Pero casi no has probado bocado —habló Nodoka preocupada por su hijo.
—¿Eh?, mmm es que no tengo mucha hambre —contestó restándole importancia sacudiendo la mano.
—¿Seguro? —insistió su madre sin poder ocultar la preocupación en su timbre de voz.
—Sí, mamá —respondió con una media sonrisa y se retiró del lugar ante la atenta mirada de todos.
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Su andar era normal hasta que paso justo al lado del maldito teléfono, se paró frente al aparato y lo observo con curiosidad "¿por qué no llamas?", "quizás este descompuesto" torció la boca, "seguro se le olvido" bufó hastiado; sus dedos rozaron la superficie plástica e inerte del teléfono y como si lo hubiese despertado de un largo y profundo sueño, timbró, una vez, y él ya tenía el auricular en el oído…
—Bueno... —atendió con voz trémula.
—¡¿Ranma?!, ¡Hola!, me alegra que hayas respondido tú... lamento mucho llamar tan tarde, llegué hace poco más de 2 horas, hubo un pequeño accidente y…
—¿Estás bien? —interrumpió en un grito ahogado.
—¿Eh...? si, yo... si por supuesto, el accidente fue en otro lugar e hizo que el tren esperará un poco más en la estación, por eso llegué más tarde a Kioto y luego tuve que esperar a Yuka como treinta minutos en la estación, aparte moría de hambre y fuimos a comer y el tiempo se nos fue volando, lo siento de verdad si los llegue a preocupar. —concluyó Akane desde el otro lado del teléfono.
— … —Ranma había enmudecido, ¿por qué? ni siquiera él podía decirlo, quedó totalmente atolondrado al escuchar su voz y podía percibir la respiración agitada de Akane después de hablar a la velocidad que lo hizo.
—¿Ranma? ¿Sigues ahí?
—Si, si... aquí estoy, entonces ya estás con Yuka ¿cierto?
—Sí, ya estamos juntas... tú ¿cómo estás? —preguntó con una voz sumamente dulce que hizo que a Ranma se le erizaran los vellos del brazo.
—Bi-bien, yo te extrr… estoy bien, tengo un poco de sueño, sólo eso —contestó poniéndose de un rojo escarlata.
—Oh vaya, pues deberías de dormir, yo igual estoy agotada y … espera un momento… —la voz de Akane se hizo más tenue, lejana, Ranma alcanzaba a escuchar que hablaba con alguien más.
—...el casero dice que no podrá vernos hoy, que mañana estemos en el edificio a las diez de la mañana. —Esa era la voz de Yuka, reflexionó Ranma frunciendo el entrecejo.
—En serio... lo siento mucho Yuka, todo fue culpa mía, lo lamento de verdad. —Akane sin lugar a dudas.
—Ya les dije que no se preocupen, pueden quedarse en mi departamento hoy y mañana les acompaño con el casero. —la voz era de un hombre, pero ¿de quién?
—No queremos ser una molestia, ¿verdad Yuka?
—Es cierto primo, que tal si se molestan tus compañeros.
—Llegan mañana en la tarde y ustedes solo estarán por esta noche, no se preocupen por eso.
—¿Sí, Akane?, ya es tarde y para encontrar un sitio libre en sábado, lo veo complicado y no conocemos mucho Kioto.
—Pues… no sé… —hubo un silencio prolongado— bien, de acuerdo... además fue por mi culpa.
—Pues andando, que el departamento queda a 30 minutos de aquí, está cerca de la Universidad.
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Ranma escuchó atento toda la conversación, ahora no cabía duda, la otra persona que estaba con ellas, era el desagradable primo de Yuka, una palpitante vena empezó a apoderarse de su sien izquierda y ahora sólo escuchaba murmullos, nada coherente, inconscientemente apretaba la mandíbula y su mano libre formaba un duro puño…
—A... Akane —soltó en un susurro— Akane —volvió a repetir pero ella seguía en aquella conversación, sin prestarle atención— Akanee —habló varios decibeles más alto arrastrando las letras— ¡AKANE! —terminó gritando al teléfono con una furia indescriptible haciendo que todos en la casa fueran a donde se encontraba. Lo miraban extrañados.
—¡Hablas con Akane! —dijo Soun feliz arrebatándole el auricular al chico.— ¡Akane hija mía!, ¿cómo estás? ¿llegaste bien? ¿contestaaa? —suplicaba el hombre al aparato.
—¡Hola, papá!, estoy bien, cansada pero bien; sí llegue sana y salva, no te preocupes, sólo que ya no alcanzamos a ver al casero; y nos quedaremos este día en el departamento del primo de Yuka, ¿cómo están todos? —concluyó Akane resumiendo su travesía a su padre.
—Pero, ¿no será una molestia? —dijo serio Soun enarcando una ceja.
—Es lo mismo que le dije, pero insiste en que no puede dejarnos a nuestra suerte, ¿Quieres hablar con él?
—Sí, comunícame —resolvió Soun— escuchen todos, necesito silencio por favor retírense —ahora habló hacia sus hijas y los Saotome, lo dijo en un tono firme que no dio oportunidad de réplica alguna.
Ranma contenía su furia, estaba como un pasmarote, tanto que no opuso resistencia cuando su madre tiró de su brazo hasta la estancia y lo hizo sentarse. Nodoka lo observaba consternada, si bien ella conocía a la perfección el carácter volátil de su hijo, no dejaba de sorprenderse de la intensidad de sus emociones en cuanto de Akane trataban. Nodoka bien sabía el profundo amor que los chicos se tenían, sus ojos no mentían... pero por su orgullo ninguno lo aceptaba, y ahora con Akane lejos, su hijo parecía como si no encajara en ningún lugar, y viéndolo así, ella como madre se hizo la firme promesa de cuidar que su hijo no hiciera ninguna tontería, no permitiría que se llegará a comportar de forma tan irresponsable como su esposo, no señor, en ello le iría la vida; con ese fijo pensamiento, comenzó a dibujársele una encantadora sonrisa capaz de ablandar al más duro corazón. Ranma captó el semblante refrescante de su madre y de a poco empezó a relajar su postura, y volver a la realidad.
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—Bien, escuchen todos, Akane está bien, el tren donde viajaba se quedó parado un largo rato en la estación de Ishiyamadera y por eso ya no llegó a tiempo a la entrevista con el casero, me dijo que Yuka la estuvo esperando y por eso ella tampoco se entrevistó con el hombre, sólo por este día se alojaran con el primo de Yuka, me ofrecí a pagar por las molestias, pero el chico se negó... mañana como a medio día, Akane nos llamará para contarnos como le fue. —Resumió el patriarca Tendo la conversación que tuvo con su hija.
—Me alegra que este bien, estaba bastante preocupada —habló Kasumi con una tierna sonrisa.
—Que suerte tiene Akane, mira que quedarse en casa de un chico tan apuesto como Kenji —soltó Nabiki mientras apoyaba su barbilla sobre su mano y suspiraba encantada.
—Fue muy amable de su parte, ese chico debe ser todo un caballero —dijo Nodoka juntando las palmas de sus manos.
—¡Mamá! —exclamó Ranma— pero... que dices, seguro el muy imbécil se quiere aprovechar de la tonta de Akane —gritó poniéndose de pie de un salto— ¡oh! ya me lo imagino... debe sentirse encantada de recibir atención de un estúpido como ese, pero me va a oír —refunfuñaba hablando tan bajo, que sólo él se entendía.
—No digas disparates, Akane no es ninguna tonta —soltó molesto Soun mirando fijamente a Ranma, el chico nunca lo había visto así y no sabía ni dónde meter la cabeza.
—Bueno... y-yo lo siento, no debí decir eso, es sólo que… y-yo —habló nervioso mientras observaba detenidamente al piso.
—Lo que pasa es que estás celoso... que digo celoso, te estás muriendo de celos —apuntó burlona Nabiki señalándolo con su dedo índice.
—¡NO!, yo no estoy celoso —gritó casi como un demente— ¡me largo!, ustedes no entienden nada —finalizó saliendo en dirección a la calle, saltó hacia la barda pero no calculó bien la distancia y cayó directo al estanque.— ¡AHHH MALDITA SEA! —gritaba ahora en su forma femenina, volvió a saltar, esta vez sí llegó a la barda, saltó hacia la calle desapareciendo de la vista de todos.
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Viernes 5 de Mayo
Había transcurrido un mes desde que Akane entró a la Universidad; las cosas de a poco iban tomado su curso normal, llamaba a casa por lo menos 3 veces a la semana y en todo ese tiempo no pudo visitarlos ni una sola vez, siempre estaba ocupada con las clases, investigaciones, conferencias y demás actividades escolares; además se unió a dos clubes deportivos a los que asistía por las tardes, y tenía pensado iniciar un curso intensivo de inglés para mejorar su pronunciación, pero por una u otra cosa, el plan nunca se concretaba pues las clases serían los fines de semana y ella aun guardaba la esperanza de visitarlos por lo menos dos veces en el mes. Normalmente con quien hablaba era con Kasumi o tía Nodoka, Ranma evitaba contestar pues el demonio de los celos aun rondaba por su cabeza, y se sentía frustrado no quería empezar una discusión a distancia y tampoco se animaba a ir hasta Kioto, la extrañaba y mucho pero no estaba dispuesto a admitirlo.
Al principio de la primera semana de mayo, Akane les informó que le sería imposible ir durante la Golden Week ya que tenía que realizar una investigación en equipo, eso fue el domingo y desde ese día no había vuelto a llamar.
El miércoles por la mañana Soun y Genma salieron temprano por un problema cerca de un templo donde un "supuesto" demonio estaba robando prendas íntimas y era día que aún no volvían. Nabiki no estaba en Tokio, se había marchado desde el lunes con un grupo de amigos a Okinawa a la isla Miyako-jima a vacacionar con motivo de la Golden Week. Los únicos que estaban en casa eran Kasumi, Nodoka y Ranma. El viernes, ya un poco tarde, Ranma despertó con un hambre monumental, iba bostezando en dirección a la cocina y se asomó al lugar, pero no había nadie…
—Mmm... que raro, seguramente ya están desayunando —murmuró.
Fue al lugar, sobre la mesa baja estaba dispuesto el desayuno, pero únicamente para una persona, bajo los palillos estaba un trozo de papel; se sentó cruzando las piernas, tomo el papel y reconoció la escritura de su madre, leyó la nota. "Ranma querido. Fui con Kasumi a realizar las compras de la semana, después iremos a la junta vecinal, ¿recuerdas que ayer te lo mencione y te negaste a acompañarnos?, parece que habrá una comida después de la junta, si quieres puedes venir, empezará como a las tres, si no te es posible nos veríamos hasta la cena. El desayuno está frente a ti y la comida esta guardada en el refrigerador. Con cariño, mamá".
—Jum —se oyó resoplar dejando la nota de lado y procedió a desayunar; los últimos días siempre eran así, se quedaba solo, entrenaba todo el día y únicamente los veía a la hora de la cena. Durante ese tiempo había logrado dominar casi en su totalidad una técnica llamada Mizu no ryū no gihō*, que encontró en un viejo pergamino del maestro Happosai.
Al terminar se levantó perezosamente de la mesa, recogió los trastos y los llevó a la cocina, fue al cuarto de baño y cepillo sus dientes... una lluvia de bostezos lo acompañaron hasta su habitación dónde se vistió con su traje de entrenamiento y se fue directo al Dojo. El entrenamiento lo empezó tarde, otra vez, pero tenía todo el tiempo del mundo, así que realmente no importaba a qué hora lo empezase, comenzó con unas ligeras katas y de a poco fueron en aumento; entrenaba con mucho ahincó, su técnica cada vez era mejor, mucho más pulida y certera, superando a su padre en muchos aspectos, por lo general entrenaba solo y Ryoga ni siquiera había vuelto a aparecerse por ahí desde que Akane se fue, así que no había nadie con quién confrontarse.
Dio la una de la tarde y él seguía entrenando…
—Buenas tardes —gritó un hombre asomándose por la entrada de la casa, llegó hasta ahí porque el portón siempre estaba abierto.
Ranma escuchó al hombre y paró de entrenar, tomó la toalla que estaba en el piso y salió al encuentro con aquella persona.
—Hola —contestó Ranma extrañado ante el pequeño y regordete hombre.
—¿Usted es Ranma Saotome? —preguntó el hombre con una cándida sonrisa debajo del ralo bigote.
—Sí... ¿quién pregunta? —contestó con aire desconfiado pues nunca antes había visto a ese sujeto, aunque por su aspecto si intentaba algo seguro acabaría con él en un minuto.
—Pensé que exageraba al decirme que era muy desconfiado —murmuró el hombrecillo mientras le escurría una gota de sudor.
—¿Qué dijo? —indagó Ranma sumamente curioso
—¿Eh? nada, nada. ¡Ejem! —se aclaró la garganta— tengo un paquete para usted —dijo el hombre y sacó una pequeña cajita de su morral y lo extendió con ambas manos al muchacho.
Ranma miró el objeto con cierto recelo. —¿Quién te envía? —preguntó con voz fuerte y posando sus azules ojos en el hombre, este se encogió un tanto más.
—Bueno... y-yo soy del servició postal —respondió nervioso el hombre sin bajar las manos con la cajita.
—¡Ah! —exclamó— lo siento... aquí viene cada loco que hay que tener precaución —se excusó rascándose la nuca y tomando el paquete de manos del hombrecillo.
—Con su permiso —soltó el hombre casi huyendo. El chico bufó, otra vez se la había pasado la mano con un extraño.
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Miraba curioso el pequeño paquete en tanto se dirigía de nuevo al Dojo a continuar con el entrenamiento, toda su atención estaba puesta en ello; entró al lugar y deslizó la puerta hasta cerrarla completamente, en el aire había un olor distinto, muy familiar y añorado, su memoria olfativa no lo engañaba, era... era su aroma…
—Deberías abrirlo —habló suavemente haciendo que Ranma levantará la vista muy despacio hasta posarla en el origen de aquella voz.— Anda, o ¿le tienes miedo a esa caja? —continuó hablando ante el extraño mutismo del chico
—A…
Ranma apenas y balbuceó quedando mudo de golpe. Caminó tan rápido que la toalla que llevaba al cuello se le resbaló cayendo al suelo como si nada, sus ojos fijos en la figura que se encontraba a unos pasos más de él. Su abrazo la tomó totalmente desprevenida, él la acercó contra su tórax, aprisionándola con sus fuertes manos a la altura de los omóplatos; los brazos de ella permanecían lánguidos a los costados estaba sorprendida en demasía, él quería más de ella y su abrazo se fue cerrando más hasta sentir como el pecho de ella se apretaba contra él. Poco a poco, Akane empezó a salir del trance que le provocó aquel abrazo, rodeo con sus brazos la cintura de Ranma entrelazando sus dedos por detrás, y apoyo su cabeza contra Ranma, escuchaba su corazón latiendo fuerte y rítmico... Akane suspiró entrecortadamente.
—Feliz cumpleaños Ranma —susurró cerca de su oído poniéndose en pies de punta para lograrlo, no obtuvo respuesta alguna; parpadeó varias veces aún más sorprendida— hey, me escuchaste... ¿e-estás bien? —preguntó con clara preocupación.
Ranma asintió moviendo la cabeza en forma enérgica, aspiró profundamente y con una larga y sonora exhalación botó todo el aire de sus pulmones; de a poco empezó a regresar a la "realidad", su cuerpo tembló al descubrirse abrazando tan fuerte a Akane y como ella respondía a aquella muestra de afecto, su rostro se tornó totalmente rojo, le ardía la cara de vergüenza y quiso separarse de golpe, pero, no se sentía tan capaz; muy lentamente y costándole más de lo esperado, Ranma empezó a relajar el abrazo y separarse de ella.
—¿Qué haces aquí? —preguntó levantando la voz, realmente no quería hacerlo pero como siempre no pudo controlar el tono, otra cosa que agregar a su creciente vergüenza.
Akane cerró los ojos y se sobó con dos dedos la sien. —No es obvio, bobo —farfulló con clara molestia sin abrir los ojos.
—¿Eh...? no... no lo es… —contestó apenado.
En verdad no tenía ni la más mínima idea, se había negado a hablar con ella por teléfono en todos esos días, así que no sabía cuáles eran sus planes.
—No lo puedo creer… —negó meneando la cabeza— abre esa maldita caja —siseó apretando los dientes mientras lanzaba chispas por los ojos.
—¿Para qué? —preguntó tentado su suerte.
Los ojos de Akane parecían brasas ardiendo al escuchar aquella pregunta, Ranma trago en seco y en acto reflejo abrió rápidamente la caja rasgando el papel color azul que lo envolvía, retiró la tapa, abrió los ojos y la boca inconscientemente; dentro había una nota que sacó "notas otra vez" pensó, leyó el papel que en perfecta caligrafía tenía una frase que rezaba "Feliz Cumpleaños, bobo", reprimió una sonrisa entretenida, pero sus ojos brillaron de una forma especial; debajo de la nota había un costalito rojo, lo sacó tomándolo por el cordel dorado, colocó la nota nuevamente en la caja y se la extendió a Akane, ella la tomó sin perder detalle en la expresión curiosa de su prometido. Dentro del costalito había una figura de un muñeco rojo que no tenía ni brazos ni pies, con cara de hombrecillo regordete y por ojos, tenía dos círculos blancos, enarcó una ceja y puso la figurilla en la palma de su mano y esta se balanceo, pero no se caía, parecía como un trompo lento.
—¿Te gusta? —preguntó Akane con una enorme sonrisa que la hacía lucir como una niña pequeña.
—S-sí, pero… ¿qué es esta cosa? —preguntó sin despegar la vista del muñeco que se balanceaba.
—¿Estás de broma...?, ¿cierto? —contestó ella perdiendo la poca paciencia que le restaba. Ranma negó con la cabeza.— Bien —suspiró— es un daruma... es un amuleto que representa la perseverancia y el esfuerzo... y yo... yo, quería darte algo diferente por tu cumpleaños —finalizó sonrojándose por completo.
—Oh... —contestó en automático. Akane arrugó la frente ante la "flamante" respuesta de Ranma.
—Si no te gusta... devuélvemelo —masculló ella soltando la caja al piso y lanzándose sobre el amuleto. Caracterizado por sus rápidos reflejos, Ranma cerró la palma y levantó la mano por sobre su cabeza, mientras que Akane infantilmente trataba de alcanzar su mano dando brincos.
—Has perdido condición —dijo divertido al ver los inútiles esfuerzos de Akane por alcanzarlo.
—¡Cállate! —dijo dando un salto más alto y logrando atrapar el puño de Ranma, tiró bruscamente del brazo e intentaba abrir la palma que parecía una dura piedra.
—Date por vencida, además... me lo quedaré, es mi regalo ¿no? —habló con un deje de diversión en su voz.
Akane lo miró fijamente sin soltar el puño de Ranma. —¿Lo conservarás...?
—Por supuesto —contestó dedicándole una sonrisa capaz de detener el tiempo.
Akane expelió sonoramente el aire de sus pulmones y desistió en su empresa, dejó caer sus brazos a los lados y de súbito se dejó caer en el piso del Dojo, cruzó las piernas y las medio cubrió hasta la mitad del muslo con la falda, apoyo sus manos detrás suyo inclinando la espalda en un ángulo de 135 grados y luego cerró suavemente los ojos.
—Estoy muy cansada —habló simplemente mientras dejaba escapar un suspiro.
Ranma la observó desde su altura e imitando su proceder, se sentó a un costado suyo, pero él apoyo sus codos sobre las piernas flexionadas.
—Somos dos —atinó en responder— gracias... por el regalo —dijo mirando el amuleto.
—Jum... no es nada —contestó restándole importancia— y dime, ¿por qué nunca quieres hablar conmigo? —preguntó mirándolo intensamente.
—¡Ah!... bueno y-yo... en realidad... no lo sé —contestó sintiéndose realmente mal— es decir... no sabría de qué hablar contigo —concluyó devolviéndole la misma mirada; muy en el fondo tenía tantas cosas que quería decirle, pero sencillamente no sabía por dónde empezar.
—Vaya... no esperaba esa respuesta —musitó acercando sus rodillas al pecho y las rodeo con sus brazos— sabes... yo tampoco sabría que decirte —finalizó con un deje de tristeza.
No hubo replica por parte de Ranma, desde su perspectiva ellos se entendían mejor sin las palabras, sus silencios decían más de lo que otros pudieran llegaran a percibir, al menos así lo creía.
—¡Es verdad...! —gritó de pronto Akane— tía Nodoka me contó que estabas practicando una nueva técnica, ¿cómo la llevas? —preguntó con genuino interés.
—Oh, eso... b-bueno ya casi la domino —contestó poniéndose colorado— "así que mi madre habla sobre mí con Akane ¿qué otras cosas le habrá contado?" —pensó con una creciente ofuscación.
—¿Podrías mostrármela? —acotó con un tono de voz que denotaba mucha emoción— extraño verte entrenar —soltó sin darse cuenta lo que sus palabras provocaban en Ranma, él se había quedado de piedra.— Hey... ¿pero qué te pasa? estás más raro que de costumbre —apuntó mientras chascaba los dedos frente al rostro de Ranma, él tenía la mirada fija en un punto lejano al universo.— Si no quieres mostrármela, ¡no lo hagas! pero quita esa estúpida cara, que me pones nerviosa —finalizó muy molesta.
—¡¿Qué?! —pronunció espabilándose— no digas boberías... es sólo que aún no la domino del todo y no quiero hacer el ridículo —habló tropezando las palabras.– Quizás la próxima vez que vengas te lo muestre... ¿sí? —ofreció como tregua al ver la mirada de molestia mal contenida que ostentaba Akane.
—¿Lo dices en serio? —preguntó insegura.
—Por supuesto... ¿por quién me tomas?, Ranma Saotome nunca falta a una promesa —sentenció seguro sonando arrogante como siempre.
—Si tú lo dices... —comentó divertida— por cierto ¿has visto a P-chan?, lo extraño mucho —preguntó haciendo un puchero.
—No he visto a ese cerdo mañoso... —contestó con palpable molestia.
—¿Cómo puede molestarte tanto un animalito como él?, es tan tierno —volvió a decir enalteciendo al cerdo mascota.
—¿Tierno...?, esa cosa horrible proveniente del infierno, estás completamente loca, parece que la escuela te está dejando más tonta que de costumbre —soltó punzante.
Akane abrió la boca.
—Eres un grandísimo IDIOTA... el rey de los idiotas, contigo nunca puedo hablar de nada sin que termines insultándome, y yo todavía de tonta viniendo a verte en tu estúpido cumpleaños... pero no lo vuelvo a hacer —palabreó bastante molesta al grado de ponerse roja de coraje, se levantó a toda prisa y fue al rincón donde había dejado su mochila, la tomó con suma fuerza y salió del Dojo dando sonoros pisotones.
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Ranma no daba crédito de lo que sus ojos veían; hasta cierto punto gustaba el hacer enojar a Akane, pero según él, esta vez exageraba, bufó fastidiado y entorno los ojos hacia donde instantes atrás permanecía la mochila de Akane y vio con una risilla arrogante como ella había olvidado sus zapatos, no iría muy lejos. Se levantó del piso con la mayor calma del mundo, guardó el obsequio en la cajita y la dejó a un lado, tomó los zapatos rosa opaco y se dio el lujo de bostezar y estirar los brazos antes de ir en su búsqueda. Estaba caminando por el corredor que unía la casa con el Dojo, cuando percibió su voz, maldecía entre dientes pero era audible.
—No creo que llegues ni a la esquina sin zapatos —habló Ranma reprimiendo una carcajada.
—¡Claro que sí!... nada más los encuentro y me largo de aquí —siseó mientras sacaba todo el contenido de su mochila— pero, ¿dónde los puse? —murmuró mientras golpeaba insistentemente su labio inferior con el dedo índice.— ¡YA SÉ! —soltó de golpe dispuesta a ir al Dojo pero Ranma se interpuso en su camino— hazte a un lado —amenazó con los ojos entrecerrados.
Ranma alzó un hombro. —Como quieras... pero tal vez no te devuelva tus zapatos —dijo apartándose del camino para dirigirse a la estancia/comedor— tal vez sea buen chico y no los arroje al agua —dijo juguetón meciendo los zapatos ante la cara de incredulidad de Akane.
—Eres un… ¡argghhh! —lanzó en tono de guerra y de inmediato comenzó la caza.
Akane le lanzaba todo lo que encontraba a su paso, Ranma por su parte esquivaba todo con suma agilidad y dio un salto hacia el jardín, sacó la lengua mofándose del poco tino de Akane, ella lo siguió aún más molesta, consiguió levantar una enorme roca y la arrojó con todas sus fuerzas, Ranma saltó esquivando la roca, pero al caer resbaló cayendo dentro del estanque.
—¡Ja! eso te pasa por idiota —recalcó Akane sin contener una risotada, pero pronto se quedó callada ante la escena; Ranma tenía la mano levantada por sobre el agua, donde aferraba los zapatos rosados... ella se mordió el labio sumamente apenada y se acercó al estanque, en tanto Ranma asomó la cabeza ya convertido en chica, Akane se acuclilló a su altura— lo siento mucho —se disculpó con un ligero rubor.
—Bueno... al menos no acertaste ningún golpe —acotó burlonamente— hey... pero fui buen chico —dijo mientras le tendía los zapatos a la chica. Akane lo aferró de la muñeca y tiró hacia ella para ayudarlo a salir del agua.
—Gracias —musitó Akane desviando la mirada.
—Como sea —contestó encogiéndose de hombros.
Akane consultó su reloj de mano. —Tengo que irme.
—¿Tan pronto...? —contestó en automático sin poder disimular la desilusión en su voz— es decir, no esperaras a que lleguen los demás —habló dirigiéndole una intensa mirada.
—El caso es… —suspiró pesadamente y se balanceó sobre sus talones levemente— sólo vine a verte a t-ti —señaló con un ligero titubeó y giró el rostro en dirección a la casa.
Ranma fue presa de un sinfín de emociones, era claro que Akane y él tenían un vínculo muy especial que con los años se había vuelto más estrecho cuasi íntimo, recordó el día de su partida y las palabras que ella dibujo en sus labios, era el día que aún seguía pensando si sólo fue parte de su imaginación o en realidad paso…
—Akane… —murmuró con su suave voz femenina— no era necesario…
Akane suspiró levemente. —¿De verdad piensas eso...? —preguntó ella interrumpiendo la retahíla de su prometido— en serio crees que puedo dejarlo pasar así, sin más, se nota que no me conoces... —acotó un tanto dolida y sus ojos amenazaban con derramar lágrimas— tú eres importante para mí, siempre lo serás... creí que ya te había quedado claro —soltó amargamente enjugando con fuerza sus lágrimas con el dorso de su mano.
—Tú... tú también eres importante para mí —respondió lo mejor que pudo.
—Y ¿entonces? – habló con desespero.
Ranma la miró intentando leer su expresión, dejó escapar un suspiro. —Es muy difícil para mí verte partir... —concluyó en susurro.
—Ranma… —titubeó y sencillamente no supo más que decir, se acercó y lo envolvió en un abrazo, Ranma apoyo su cabeza en el hombro de ella y le correspondió rodeando su cintura— para mí también es difícil irme, pero, sé que todo valdrá la pena... además ya acomode mis horarios y podré venir cada fin de semana —mintió, pero desde su imaginario las cosas no podrían salir mal, él lo valía— pero ahora tengo que regresar, Yuka está de visita con sus padres, así que volveremos juntas —dijo separándose un poco para verle a los ojos, sonrió ante esa imagen, Ranma en sus dos formas le parecía el ser más bello del mundo, aunque estaba claro, no la aceptaría frente a él, ni frente a nadie, no por el momento.
—¿Estás segura...? ¿no te supondrá dificultades?
—No, aquí estaré sin falta —contestó separándose completamente— pero ahora tengo que irme, sino encontraremos el tren lleno —continuó mientras avanzaba hacia la casa, tenía que recoger su reguero de cosas que había dejado sobre el genkan.
Aquellas palabras lo dejaron con un sentimiento de calidez que lo dejó aturdido, Akane tenía ese poder sobre él; sacudió la cabeza intentando despejar sus ideas, aunque había una que lo perseguía desde ese día, eso que creyó ver, esas palabras que dibujaron sus labios, ese "te amo" que lo acompañaba en sus sueños y en sus ratos de soledad, tenía que preguntárselo, o sencillamente esperar, descartó la segunda opción, se lo preguntaría.
Su corazón palpitaba escandalosamente, al menos así se lo parecía, la fuerza y velocidad que le imprimía lo estaba dejando sordo, apretó sus manos, pequeñas en comparación a su forma masculina, avanzó más rápido y llegó a ella, la vio sentada en el genkan guardando sus pertenecías, los zapatos rosas estaban en posición para ser calzados, era ahora o nunca, estaba seguro, en cuanto ella atravesará esa puerta el valor lo abandonaría…
—A-Akane… —habló despacio.
—Mmm —musitó ella continuando con su labor.
—¿Puedo hacerte una pregunta? —acotó nervioso, el valor se le estaba escapando.
Akane giró el rostro para verlo. —Claro —contestó poniéndose en pie, prestándole toda la atención posible.
Exhaló fuerte. —¿Recuerdas el día que te fuiste, cuando estábamos en la estación de trenes? —indagó hecho un manojo de nervios.
—Sí, por supuesto.
—Antes de que te perdiéramos de vista —se oyó a sí mismo carraspear— ¿dijiste... algo? —concluyó.
Ya estaba, había hecho la pregunta que tanto le atormentaba.
El rostro de Akane se tornó sorprendido con aquella cuestión, un estremecimiento recorrió sus piernas y de momento se sintió tambalear, busco un punto de apoyo en la pared; clavó sus ojos en los del chico e intentó descifrar la intención de sus palabras ¿a qué venía esa pregunta? acaso él... no, imposible estaba muy lejos…
—Dije muchas cosas... ¿algún momento en específico? —arrojó tanteando el terreno.
—Ah... bueno p-pues —titubeó— "¿cómo le digo que creí ver que decía que me amaba?, ¿cómo?" —se lo pensaba— pues... la última vez que volteaste... yo, yo creí ver que decías algo... pero lo más seguro es que lo imagine —concluyó intentando restarle importancia.
—Oh, ¿entonces crees que dije algo? —indagó una vez más, la situación era inquieta.
—Ahora que lo pienso mejor, sólo creí haberlo visto —contestó desanimado, más claro imposible, esas palabras únicamente le pertenecían a su imaginación.
Akane analizó el rostro de Ranma. —Ya veo... y ¿qué se supone dije, podrías decírmelo? —pidió con voz neutra intentando que su voz no la delatara del todo.
Un largo suspiro escapo de boca de Ranma. —Creí ver... que decías "adiós" —respondió con la mirada pérdida.
—Sí, tal vez lo dije —apuró en contestar— bien, ahora sí tengo que irme —dijo calzándose.
—¿Quieres que te acompañe? —propuso con la voz más normal que podía fingir.
—¿Eh...?, no es necesario —consultó su reloj— el padre de Yuka pasará por mí en 5 minutos y él nos llevará a la estación —finalizó colgándose la mochila a la espalda y salió del lugar.
—El padre de Yuka o "El primo de Yuka" —siseó molesto tras ella.
—¿Qué dijiste? —contestó sorprendida— qué tiene que ver Kenji en ¿esto? —encaró a Ranma.
—Nada —contestó llanamente.
—¿Estás celoso? —indagó conteniendo la risa.
—¿Yo?... celoso de un tipo TAN insignificante como ese, ¡JA! no me hagas reír —contestó satírico.
—Humm, si tú lo dices —Akane se encogió de hombros— por cierto... si te interesa saber, no he visto a Kenji desde que iniciaron las clases —habló esbozando una sonrisa de suficiencia— digo, sólo si te interesa. —Finalizó dándose media vuelta para salir de la casa.
Inconscientemente Ranma dibujo la sonrisa más grande que sus labios le permitían.
—¡No me interesa! —contestó a grito de voz.
Akane ni se inmutó, continuó su camino no sin antes levantar la mano derecha por sobre su hombro y elevar el dedo medio en respuesta a su prometido.
—Nos vemos en una semana, Ranma —gritó cruzando el portón y desapareciendo de la vista.
—Nos vemos... Akane —dijo en un suspiro.
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Akane cumplió con su promesa; todos los sábado por la mañana estaba en casa, y se marchaba el domingo al medio día, Ranma siempre la acompañaba a la estación; algunas veces, muy pocas, Yuka también visitaba a sus padres, pero le parecía una locura que Akane lo hiciera ceremoniosamente todas las semanas, no entendía como tenía tanta energía después de las agotadoras horas de clases y las actividades extras que tenía su amiga, aunque en el fondo sabía cuál era el principal motivo.
Los días corrieron rápido convirtiéndose en meses, así hasta que llegaron las vacaciones, en las cuales decidieron quedarse en casa. Esos días se terminaron tan rápido como llegaron, Akane retomó sus clases a principios de septiembre y continúo con sus visitas cada semana; todo parecía marchar sobre ruedas, pero sólo lo parecía, en realidad ella se estaba esforzando de sobremanera, dormía poco, comía mal, ya no entrenaba y su condición física distaba mucho de ser lo que era antes, siempre estaba corta de tiempo. Cuando visitaba a su familia la mayor parte del tiempo estaba con sueño o dormitando en cualquier parte, Nodoka fue la primera en advertir sobre el estado de Akane y cada vez le insistía que descansará más, que cuidará de su salud, pero la chica siempre le restaba importancia al asunto. Cercano al final de octubre Nodoka tomo cartas en el asunto…
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Sábado 21 de Octubre.
Ranma y Akane se encontraban sentados entorno a la mesa baja, Akane apoyaba su cabeza sobre su mano mientras lo observaba, el chico hablaba animadamente sobre el último enfrentamiento "amistoso" que tuvo con Ryoga, el cual por supuesto ganó no sin un poco más de esfuerzo que en otras ocasiones…
—Me parece que Ryoga ahora sí se está tomando su entrenamiento más en serio, por poco y me… —paró de hablar al escuchar los suaves ronquidos de Akane. —Oye, Akane …
—Shhh... será mejor que la lleves a su habitación, se nota que está muy cansada —pidió Nodoka a su hijo, él asintió mecánicamente.
Ranma se acuclilló frente a ella, pasó una mano por debajo de las rodillas de Akane y con la otra rodeo su espalda a la altura de las costillas, la levantó sin ningún esfuerzo, la chica estaba demasiado liviana, mucho más de lo que recordaba; ella no sé despertó al contrario se acomodó en el pecho del chico provocandole un leve sonrojo en las mejillas.
Subió a la planta alta, la puerta de la habitación de Akane estaba entreabierta, así que con un leve puntapié se abrió de par en par, entró sin demorar más y la dejó caer suavemente, ella se hizo ovillo al contacto con la cama. Ranma la observó por unos instantes, ya lo había notado un mes atrás, Akane se veía más pálida que de costumbre, tenía ojeras que ahora eran mucho más notorias, perdió peso, eso era aún más obvio.
—Ranma… —susurro Nodoka desde el marco de la puerta— necesitamos hablar, ven por favor.
—Ya voy. —Contestó él, salió de la habitación y tomó el pomo para cerrar la puerta no sin antes dirigirle una mirada preocupada a su prometida, un suspiro se escapó de sus labios al cerrar la puerta por completo.
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Al llegar a la estancia, Ranma notó el semblante serio de su madre, una oleada de nervios recorrió cada fibra de su ser; Nodoka lo miró a los ojos y señalo uno de los cojines cercano a ella, él tomó asiento, la mujer expelió aire lentamente y fijo sus marrones ojos en su hijo y comenzó a hablar.
—Akane… —dudó un momento— ella está agotada, está rutina que lleva terminará por enfermarla, tiene que parar —habló firme
—¿Crees qué no me he dado cuenta? —contestó exasperado y más fuerte de lo que hubiese deseado— perdóname, es sólo que con ella… con ella siempre llevo las de perder —concluyó desviando la mirada hacia sus manos.
—Lo sé... pero antes que cualquier cosa, o deseo egoísta, debemos pensar en su salud, ¿coincides conmigo? —dijo tomando la barbilla del muchacho para que la mirase a los ojos.— Juntos lo haremos, hablaremos con ella y ya verás como todo saldrá bien —habló confiada, ese brillo en sus ojos lo denotaba por completo.
—¿Y si malinterpreta mis palabras? y si cree que no la quiero ver… —soltó sin darse cuenta de la desesperación en su voz.
Nodoka asintió despacio. —Es una posibilidad, pero ya veremos cómo solucionarlo —sentenció poniéndose en pie— prepararé la cena —dijo y se marchó.
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La noche llegó y el viento frío del otoño atenazó cada músculo de su cuerpo, llevaba horas sentado en el tejado, intentando despejar sus ideas, se sabía egoísta, pues ya le había tomado afecto a su "nueva" rutina, no era ni mínimamente lo que deseaba, pero se conformaba con ello y saber que todo tenía que acabar por el bien de Akane, lo tenía en una encrucijada, su madre tenía razón, como tantas otras veces, tenía que hablar con ella.
Tomó una gran bocanada del inclemente viento y se deslizó sin distracciones hasta su objetivo, la ventana de Akane; golpeó suavemente el vidrio deseando no ser escuchado, pero ahí estaba ella, deslizando la ventana ante su visitante nocturno…
—Ocurre algo Ranmaaa … —dijo mientras se le escapaba un largo bostezo.
—¿Puedo hablar contigo? —preguntó inseguro, demasiado para su gusto.
Akane arrugó la frente, ante la cuestión. —S-sí, adelante —se limitó en contestar. Ranma se adentró, quedando estático frente a ella. —Dime, ¿pasa algo malo? —lo cuestionó en cuanto hubo cerrado la ventana, sus ojos lo miraban curiosos.
—Akane, iré con mi padre a entrenar a las montañas, hace bastante que no lo hacemos y quiero medirme con él —mintió en parte, su padre anteriormente lo había incitado a irse con él una temporada, pero él se negó rotundamente por Akane, pero aquello le daba la respuesta correcta a su dilema.
—Oh... no me lo habías dicho —apuntó sorprendida sentándose al borde de la cama.
—Si, bueno, es algo que veníamos planeado hace no mucho, pero me gustaría ir antes de que comience el invierno —apuntó cruzando los brazos a la altura del pecho.
—Ya veo, me parece una gran idea y yo…—no pudo continuar, un sollozo involuntario escapó de su garganta.— ¿Cuándo partirán? —carraspeó levemente.
—Mañana —respondió, ya habría tiempo para explicarle al viejo sus planes, estaba seguro que aceptaría— te lo iba a decir por la tarde, pero te quedaste dormida y no bajaste a la cena —se excusó de manera rápida.
—Por supuesto… deseo que tengas un buen viaje —dijo mientras esbozaba un intento de sonrisa— ¿cuándo volverás?... digo volverán —lanzó esperando una respuesta.
—Tal vez estemos un mes o dos —respondió tensándose ante la idea, dos meses sin verla ni un solo momento le parecía inpensable.
No hubo replica por parte de ella, su mirada estaba perdida en el limbo.
—Pero estaremos aquí para navidad, igual tú ¿cierto? —Ranma retomó la conversación, sabía que la navidad era la fecha favorita de Akane.
Akane levantó el rostro, posando sus ojos en Ranma. —Por supuesto —contestó formando una sonrisa cálida. Él devolvió el gesto, su pequeño momento se vio interrumpido por un gruñido proveniente del estómago de Akane, llevó sus manos al lugar y su cara se tornó de un rojo encendido.— Creo que tengo hambre —dijo avergonzada.— Iré a ver si hay comida.
—Eh... espera voy yo, le diré a mamá que te suba algo, debes seguir cansada —apuntó Ranma apurándose a la salida.
—No es necesario yo…
—Si es necesario... espera aquí —ordenó sin atisbo de réplica.
Avanzó a paso rápido, pronto llegó a la cocina en dónde aún estaba su madre y Kasumi, él entró con ímpetu y ambas mujeres se sobresaltaron un poco.
—¿Qué pasa, hijo? —preguntó Nodoka con clara preocupación.
—Eh... nada malo, Akane despertó y tiene hambre, le dije que vendría a buscarle algo de comida, ¿podrías llevársela?, tengo que hablar con mi padre —enunció a velocidad rápida.
—Si, claro —contestó la matriarca. Entre ella y Kasumi prepararon algo ligero de comer para la chica.
—Yo lo llevaré —apuró a decir Kasumi tomando la bandeja con los alimentos.
—Gracias Kasumi —agradeció Ranma con una leve sonrisa mientras ella abandonaba la cocina.
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—¿De qué hablaras con tu padre? —preguntó curiosa Nodoka.
—Sólo espera un momento —murmuró a su madre, ella asintió casi imperceptiblemente; a lo lejos aún se escuchaban los pasos de Kasumi, Ranma estaba quieto casi como un depredador al acecho, achico sus ojos al grado de parecerse a dos rendijas, Nodoka lo observaba con curiosidad.
—¿Qué pasa, me asus…
No continúo porque Ranma puso su dedo índice sobre su boca en señal de silencio.
—Ya no se escucha... bien mamá acabó de hablar con Akane y yo…
—Oh, pero lo haríamos juntos —interrumpió a su hijo sin darse cuenta.
—Deja que termine de decirte todo, por favor —pidió suavemente a su madre, ella asintió. Lanzó un largo suspiro antes de continuar.— Le dije que iría con mi padre a entrenar a las montañas durante los próximos dos meses, no se me ocurrió otra cosa... realmente no sabía que decirle sin que lo malinterpretara, ahora, te pido que busques la manera de hacer que no venga tan seguido, invéntale cualquier cosa, lo que sea, mañana mismo me iré con el viejo y volveremos a tiempo para cuando ella vacacione y así no sienta como obligación tener que venir todas las semanas, ¿lo harás? —pidió, lo último salió en forma de súplica.
Nodoka miró a su hijo con una mezcla de compresión y duda, era visible desde la Luna su desesperación por no dañar a su prometida.
—Lo haré, cuenta conmigo —afirmó quitándole un enorme peso de los hombros, él liberó aire sintiéndose menos miserable.
—Gracias —dijo y acarició la mejilla a su madre— ¿dónde está?
—En la estancia, jugando una partida de shogi con Soun.
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No había marcha atrás, su padre tenía que aceptar sí o sí.
En unas cuantas zancadas llegó al lugar en donde ambos patriarcas intentaban jugar, pero siempre terminaban alegando de todo, estaban concentrados en sus múltiples discusiones que no se dieron cuenta que Ranma estaba de pie frente a ellos con una cara de pocos amigos.
—Tenemos que hablar —ordenó a su padre con voz grave.
—Habla —respondió Genma sin mirarlo siquiera.
—Afuera —acotó sin un ápice de duda.
—No haga trampa, señor Tendo —advirtió Genma mientras salía detrás de su muchacho.
—No soy como usted, señor Saotome —se alcanzó a oír al hombre de bigote cuando padre e hijo se encontraban cerca del portón.
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Cual ladrones, ambos hombres se refugiaron de la mirada de algunos curiosos detrás de unos arbustos, Ranma estaba decidido a no cruzar palabra alguna con su padre hasta cerciorarse de que realmente estaban solos, una vez comprobado botó aire pesadamente y prosiguió.
—Tenemos que entrenar en las montañas —sentenció firme.
—Ah, sí... ¿cuál es el motivo? —indagó Genma desafiante.
—Es obvio, necesito entrenar y tú necesitas enseñarme.
—Es por Akane —afirmó sin titubeos.
—¿Akane?... ella que tendría que ver en esto —dijo haciendo énfasis con los brazos extendidos.
—Puedes pensar que soy un bruto, o un ciego, da igual... pero me doy cuenta de muchas cosas, Akane se ve débil y cansada, si estás preocupado por su salud ¡díselo! y no huyas como un cobarde a esperar que las cosas se solucionen por arte de magia —replicó en un tono serio que Ranma nunca le había oído emplear.
—No es eso, es sólo que yo…
—¡Patrañas!, eres un cobarde y no recuerdo haber criado a uno —interrumpió molesto.
—Lo que menos quiero es discutir, ni contigo ni con nadie, así que te lo pregunto una vez más ¿irás conmigo a entrenar? o me largo SO-LO —habló elevando la voz por sobre el silencio que reinaba la noche.
Genma respiró cansinamente. —Iré —contestó— pero no tendré compasión alguna, el entrenamiento será el más duro de toda tu vida, ¿comprendes muchacho?... dejarás de ser un cobarde en muchos sentidos —acotó dándose media vuelta para marcharse perdiéndose en la oscuridad.
—Es lo que más deseo... —contestó para él mismo, espero un par de minutos y emprendió el regresó.
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Domingo 22 de Octubre.
La noche volvió a sentirse como el infierno, el sueño no se presentó ni un solo momento, agotado, abrumado e inseguro se levantó y se fue directo a la ducha, la cual tomó rápidamente, se vistió, tomó su mochila de viaje y descendió las escaleras, al pie de estás se encontraba su padre con semblante serio, junto a él estaba su madre con ese semblante dulce que hacía que las cosas parecieran mejores de lo eran... un poco más atrás estaba ella, con su rostro pálido adornado con una media sonrisa, él camino sin escalas hacia ella, la observó por espacio de unos cuantos segundos, poso su mano sobre el menudo hombro de la chica e iba a hablar, pero las palabras no salieron.
—Nos vemos en dos meses —habló Akane con voz chispeante apretando la mano de Ranma que tenía sobre su hombro.— Cuídate, cuídense ambos —continuó ante el mutismo de Ranma.
—Si, cuidaré a tu prometido, vámonos hijo —apuntó Genma haciendo ruborizar a ambos muchachos que de inmediato se soltaron.
—Entrenen duro y coman bien —pidió Nodoka limpiándose unas lagrimillas con su pañuelo de tela.
Ambos hombres asintieron, sus figuras atravesaban la ligera neblina matutina, el sol aun no lanzaba sus primeros rayos cuando abandonaron la casa Tendo; avanzaron unos cuantos metros con sus mochilas a cuestas cuando uno de ellos dio una última mirada a las figuras femeninas que los despedían desde el umbral. Él, fijó su mirada en aquellos ojos color bellota, sonrió ante ellos, alzó la mano y la meció al aire en señal de despedida.
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Nodoka cumplió su promesa, de una forma que ni ella supo el cómo, logró convencerla, la chica retomó su rutina, llamaba a casa un par de veces durante la semana; en el transcurso de esos dos meses volvió a ser la misma que cuando se marchó, estaba animada, había vuelto a entrenar, un poco más ligero, pero lo hacía, ahora distaba mucho de la muchacha frágil de finales de octubre, su mayor motivación tenía nombre y apellido. Se acercaba el periodo invernal de vacaciones y con ello su inminente regresó, y un montón de sensaciones y emociones acompañaron sus últimos días en la escuela, contaba las horas, estaba ansiosa y emocionada por verle nuevamente.
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Sábado 23 de Diciembre.
Estaba furioso con su padre, el cretino se la jugó nuevamente, pero encontraría una manera de cobrársela, ya vería cómo. Su insensatez hizo que retrasaran su regreso, el plan era estar en casa el jueves, pero no pudo ser. Según le informó su madre, Akane llegó desde el miércoles a primera hora y estaba totalmente recompuesta, volvía a ser la misma y él ansiaba verla con sus propios ojos; no faltaba mucho para llegar, un par de horas pero que a esas alturas se le antojaban eternas.
Sintió como si su corazón se fuese a escapar del pecho y maldecía sentirse así, vulnerable, nervioso, impaciente, ansioso hasta decir basta; llegar a Nerima le hizo sentir como si le quitasen un enorme peso de los hombros, ligero, empezó a avanzar más a prisa dejando a su padre varios metros atrás. El ambiente comenzó a sentirse más frío, pero no le dio importancia; unas gruesas gotas frías lo acompañaron durante el resto de camino mojando sus ropas y su, ahora, cabello color fuego.
Nodoka lo miró sorprendida, salió a su encuentro y estrecho el pequeño cuerpo de su hijo, apartó el empapado flequillo y besó con ternura su frente, ella vio la necesidad primordial en el azul cobalto de aquellos ojos ansiosos, con una sonrisa señalo en dirección al Dojo, él se limitó a asentir con la cabeza, dejó caer la pesada mochila y fue a su encuentro, ese que deseaba desde el primer segundo en que se marchó.
Silencioso entró al Dojo, olía a madera recién pulida mezclada con ese aroma que emanaba el cabello de Akane, ella estaba ahí, tumbada sobre su espalda con brazos y piernas extendidos, su pecho subía y bajaba acompasado, en momentos lento y profundo y en otros veloz y superficial, tenía la boca entreabierta y los ojos cerrados; llegó hasta ella sin que advirtiera su presencia, la observó desde su altura, su madre no había mentido, era nuevamente como antes, aunque para él lucía distinta, más encantadora, más madura, más hermosa. Embelesado ante tal visión se inclinó un poco más, su rostro quedó alineado al de ella, se dio permiso de analizarla mejor, tenía el flequillo despeinado por el sudor y sus mejillas estaban sonrosadas por el entrenamiento.
Una gruesa gota de agua proveniente de su cabello rojo se estampó en la punta de la nariz de Akane, ella en acto reflejo apretó los ojos; una gota más se estrelló en su pómulo derecho y lentamente abrió sus ojos, parpadeó unas cuantas veces, la imagen que estaba sobre ella hizo que se le formará una sonrisa perfecta y un leve suspiró escapó de sus labios.
—Llegaste —dijo incorporándose, su cabello había crecido un poco, ahora lo llevaba a los hombros.
—Tú también —contestó acuclillándose a un costado.
—Y bien... ¿cómo te fue? —preguntó entusiasmada cruzando las piernas.
—Pesado, el viejo se ensaño conmigo, pero le di una buena paliza —contestó con suficiencia, arrancándole a Akane una risita cómplice.
—Si es para mantener la escuela de estilo libre, hay que sopórtalo —dijo dándole un punto a favor a su próximo suegro.
—Humm... puede ser, pero creo que ya he aprendido todo lo que él pueda saber, o crea saber —contestó, esta vez los dos soltaron sonoras carcajadas.
El silencio abrazó al Dojo; esos instantes sirvieron para intercambiar miradas, unas que decían mucho, que lo decían todo.
—¿Sabes? —rompió el silencio— t-te extrañe mucho —habló en un susurro, en respuesta los ojos azules del chico se abrieron asombrados, pero no pudo emitir palabra alguna.— Podrías pasarme esa botella —dijo Akane desviando sus propias palabras.
—¿Eh? si —contestó espabilándose— toma— extendió su mano con la botella.
Akane la tomó, desenroscó la tapa y acercó la boquilla a su boca, bebía el líquido cerrando los ojos suavemente, sus labios presionaban la boquilla y Ranma empezó a sentir un creciente deseo por ser la botella y beber de sus labios para siempre, estaba embelesado ante la imagen; una gota empezó a resbalar por el labio inferior de Akane, él la observó con la boca abierta y sintiéndose incapaz de mover músculo alguno.
—¡Uff! —jadeó satisfecha— la necesitaba —habló rompiendo la burbuja.— Oye, ayúdame... —pidió extendiendo una mano.
Se levantó tan rápido como un resorte, tomó su mano y una corriente eléctrica recorrió su cuerpo desde la punta de sus dedos hasta la médula. Sus actos no los controlaba, aferró la mano de Akane temiendo que escapará, la acercó hasta él poniendo por detrás de su espalda sus manos enlazadas, de nuevo esa conexión especial atenazó sus miradas, avanzó más sabiéndose dueño del momento, con el pulgar de su otra mano recorrió el labio inferior de Akane llevándose consigo aquella gota, luego acarició suavemente su mejilla con el dorso de su mano; bajo su tacto la piel de su prometida era seda pura, las mejillas de Akane se colorearon aún más rosadas, él acercó su rostro un poco más, la punta de su nariz hizo contacto con los labios de Akane, embriagándose con su cálido aliento, ella cerró sus ojos dejándose llevar por las sensaciones que le provocaba Ranma, y él por su parte recorrió con sus dedos el cuello de la chica haciendo que esta liberará un gemido que fue música para sus oídos, sus dedos se encajaron en el cabello negro azulado de su prometida, y junto más su cuerpo, sintiendo los pechos de Akane y…
Algo no iba bien, se sintió como un intruso, dimensionó su estado y condición "que estoy haciendo" se preguntó "qué le estoy obligando a hacer" se reprochó al recordar que estaba en su forma femenina. Era claro, él necesitaba de ella como respirar, pero quería ser un hombre completo para ella, y besarla convertido en una chica lo hacía sentirse miserable. Deshizo la unión sintiéndose avergonzado, furioso y muy culpable…
—Yo... l-lo lamento... no puedo hacerlo… —balbuceó evitando mirar a Akane y salió del Dojo.
—Ran… Ranma —musitó entrecortadamente, sus piernas fallaron y se dejó caer sobre sus rodillas, no entendía que estaba pasando, lágrimas amargas se anegaron en sus ojos y no pudo controlar el llanto que irremediable se apoderaba de ella.
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Apenas se alejó unos pasos y la escuchó sollozar apagadamente, su primer instinto fue volver y explicar sus motivos porque lo que menos quería era hacerla sufrir, pero ganó su miedo, que tal si ella no lo entendía... no podía volver, tenía que poner distancia de por medio, necesitaba con urgencia aclarar sus ideas.
Vagó por la ciudad durante largas horas hasta que la noche cubrió el cielo, regresó a casa pasada la 1 de la mañana, todo estaba en completo silencio y tinieblas. Entró al aseo, puso el pestillo y se acercó al lavabo, unos ojos azules le devolvieron la mirada, se veían iracundos, analizó aquella imagen en el espejo, ángulos suaves y femeninos coronados con un cabello rojo fuego, contuvo el aliento y estampó su puño contra el reflejo... unos hilos de sangre empezaron a recorrer sus nudillos hasta perderse entre sus finos dedos, gruñó molesto.
Con el pasar de los años se acostumbró a esa parte suya, poco o nada había hecho para revertir la maldición al grado de olvidarla por completo, pero ahora, todo se tornaba distinto y él, así como su nombre era Ranma Saotome, se liberaría de la maldición a cualquier costo…
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Capítulo 8 "Divergencia"
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"El que teme sufrir, sufre de temor. (Proverbio Chino)"
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Nunca había temido un amanecer hasta esa mañana, ese día donde todo lo que creí parte de mi realidad se evaporó, y únicamente lo vi como una espectadora más…
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Domingo 24 de Diciembre.
—Akane —llamó por tercera ocasión— ¡hey, Akane! —levantó una octava más su voz, abrió de golpe y sin permiso la puerta— ¿qué demonios te pasa?, te he llamado varias veces... Kasumi necesita que la acompañes al mercado, se le olvido comprar algunas cosas para la cena —mascullaba molesta Nabiki asomada a la habitación de su hermana menor— ¿me escuchaste? —soltó perdiendo la paciencia.
—¡Sí, ya te escuché! —gritó dando un salto de su cama, salió furiosa por la intromisión.
—¡Pero que genio! —lanzó Nabiki, aunque Akane ya estaba lejos para escuchar cualquier cosa.
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Las hermanas Tendo, llevaban unas cuantas horas recorriendo la zona comercial, cada una llevaba un par de bolsas con las compras de último momento, Kasumi había advertido desde que salieron de casa, que Akane estaba sumamente distraída y no era para menos, desde la tarde anterior Ranma no se aparecía por la casa.
—Seguramente ya está en casa —empezó a hablar Kasumi.
—Eh, ¿dijiste algo? —contestó retraída.
—Ranma nunca se desaparece por tanto tiempo, lo más seguro es que ya volvió —concluyó la plática con una sonrisa conciliadora, Akane en respuesta se encogió de hombros.
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Por vez primera, Kasumi erró en sus palabras, en casa no había señal alguna de Ranma y parecía que ni siquiera había pasado la noche en casa, Nodoka confirmó que no lo había visto desde el anterior día. Akane empezaba a mostrarse nerviosa muy a su pesar, y aunque todos intentaban darle un lógico sentido a la ausencia de Ranma, ella conocía el motivo real... "acaso le soy tan repulsiva, que ni siquiera se atreve a darme la cara" se reprimía mentalmente cada tanto, su día favorito se estaba convirtiendo en uno que no deseaba vivir.
La noche llegó tan fría y agónica, del muchacho aún no se sabía nada, y ahora, todos estaban muy preocupados. Akane junto a su padre y los Saotome, salieron un par de veces y recorrieron los posibles lugares a los cuales Ranma hubiese podido ir, nada; el frío empezó a calarle hasta los huesos a Akane y aunado a su creciente angustia, temblaba como nunca, sus dientes castañeaban y sus pies se empezaron a entumir, derrotada emprendió el camino de regreso a casa, más adelante se topó con tía Nodoka, ella tampoco tuvo suerte, no quedaba más que esperar a que volviera y que estuviese bien.
Ambas mujeres se reunieron en el portón con Soun y Genma, ellos tampoco tuvieron suerte. El grupo se adentró en el hogar, los patriarcas fueron directo a la estancia y Nodoka a la cocina por un poco de té, Akane se encaminó a su habitación, no tenía humor de nada. Paso cerca de la puerta corredera de la habitación de Ranma, posó su helada mano sobre ella y muy despacio la abrió; su rostro formó una mueca indescifrable, avanzó con pasos tímidos, se dejó caer sobre sus rodillas y llevó temerosa su mano en dirección al futon... él, yacía profundamente dormido que ni siquiera el tacto de la mano fría de Akane le despertó, por fin pudo respirar tranquila, él estaba ahí, pero…
—Oye Ranma, despierta —demandó molesta, sacudiéndolo con mucha fuerza.
—Mmmhumm, no molestes —fue la respuesta que dio antes de volver a cubrirse.
—¿Molestar?... ¿qué demonios te pasa?, desapareces casi por dos días y … —no pudo continuar, un nudo doloroso se le formo en la garganta— tenemos que hablar —sentenció intentando serenarse un tanto.
—Mañana —fue su seca respuesta, en su voz no había rastro de sueño, pero seguía oculto tras las mantas.
—¿Cómo qué mañana? tenemos que hablar AHORA —soltó lo último en un grito de frustración.
—No... ya te dije, mañana, ahora déjame dormir en paz, quieres —respondió con voz ronca.
—Idiota —masculló saliendo de la habitación furiosa.
Apenas salió Akane de la habitación, Ranma giró el rostro en dirección a la puerta. —Lo lamento, Akane.
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Lunes 25 de Diciembre.
—"No debería de preocuparme tanto... quizás sea para decirnos donde estuvo todo el día, sólo eso... sí eso debe ser" —meditaba Akane vistiéndose, la cena de navidad se había pospuesto para ese día, Akane se miraba al espejo mientras cepillaba su cabello.
—Akane, ¿ya vienes? —habló Nabiki desde el pasillo.
—Si, ya salgo —contestó y fue al encuentro con su hermana.
—Y tú... ¿sabes qué es lo que quiere decirnos Ranma? —preguntó con real interés.
—No tengo la menor idea —respondió Akane en tono apagado.
—Oh... ya veo, tal vez… —dudó en continuar, sus ojos brillaron con picardía.
—Tal vez... ¿qué? —ahora era Akane la que estaba interesada en las teorías de su hermana.
—Mmm —detuvo su andar— quizás haga formal su compromiso —acotó entretenida ante la mirada atónita de la chica.
—N-no digas eso —balbuceó— no creo que sea eso —finalizó en tono melancólico.
—Si, tienes razón, él es muy cobarde para algo así —concluyó Nabiki dejando sola a Akane en el pasillo.
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Su corazón le advertía, algo andaba mal, latía distinto, no era la emoción que sentía cuando lo veía, no, esta vez era diferente, latía con miedo y esa sensación le desagradaba en demasía. Llegó a la estancia, todos desayunaban alrededor de la mesa baja, y ahí estaba él, la mano que sostenía los palillos estaba vendada desde los dedos hasta la muñeca; los ojos de Akane delataron una angustia creciente, buscó los de él y cuando se toparon, buscó esa sensación de paz que le regalaban y que le hacían sentir que todo estaría bien, pero Ranma rehuyó su mirada, eso acrecentó su miedo.
El espacio que ella siempre ocupaba a su lado estaba vacío, pero dudó y se sentó junto a su padre en el lugar que siempre ocupaba el maestro Happosai.
—Y bien muchacho, ¿qué nos dirás?, ¿dónde estuviste todo el día? y ¿qué te paso en la mano? —habló Soun Tendo, su timbre de voz denotaba molestia.
Ranma se observó la mano sin ganas. —Ah... esto, un ligero corte, una tontería —contestó restándole importancia.
—Ya veo, por eso no está el espejo del baño —acotó Nabiki con ironía. Ranma se limitó a mirarla con fastidio.
—Bueno... eso no tiene importancia, dinos ¿qué ocurre Ranma? —preguntó Kasumi.
Ranma bajó su tazón y palillos, cerró los ojos y exhaló aire pesadamente.
—Iré a China —dijo sin más.
—¿¡QUÉ!? —exclamaron al unísono los patriarcas levantándose de golpe de su sitio.
—Lo que oyen... hoy mismo me voy —habló sin ganas de entrar en detalles.
—Pero... ¿por qué tan pronto? acabas de volver de un duro entrenamiento —dijo Nodoka preocupada.
—Es algo que debí de hacer hace mucho tiempo y ya no puedo postergarlo más. —Dijo y continuó comiendo.
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El ambiente estaba muy tenso, los patriarcas hablaban cosas que para ella perdieron todo sentido. Nodoka miraba extrañada a su hijo, Nabiki se limitó a seguir en lo suyo y Kasumi hablaba suave intentando calmar a su padre que lloraba a mares. Akane estaba con los ojos fijos en el tatami de la estancia, no pensaba en nada en concreto, su cuerpo se relajó involuntariamente, apoyó sus manos sobre la mesa y se puso en pie, salió del lugar ante la mirada entrometida de los presentes, nadie habló, sólo la vieron alejarse. Ranma observó todo sin parpadear siquiera, dejó su cuenco y palillos sobre la mesa y abandono el lugar en busca de ella.
La encontró caminando de un lado a otro sobre la duela del Dojo; Akane intentaba encajar el rompecabezas que se le presentaba, y lo único que lograba era una creciente punzada en su sien derecha.
—Harás un hueco si sigues así —habló Ranma recargado sobre el marco de la puerta.
—Ese es mí problema, ¿no te parece? —contestó sonando más ácida de lo que le hubiese gustado.
—¿Por qué te molesta tanto qué quiera ir a China? —apuntó acercándose a una distancia prudente.
—No me molesta —respondió encarando su mirada, para jugar se necesitaban dos.
—¡Sí, claro!... te comportas como una niña estúpida, mira que salir corriendo —dijo Ranma perdiendo el poco tacto que poseía.
—En serio que eres un idiota —respondió agresiva.
—Mira quién lo dice —suavizó un poco más la voz.
Akane se dio vuelta y fijo su vista en el altar. —Te irás... por lo que paso…
Él tragó en seco, ese era el motivo pero no como ella creía.
—No…
—¿Entonces...?
—Tengo que hacerlo, ya espere demasiado —contestó acercándose a ella.
—¿Es realmente necesario? creí que ya lo habías aceptado y…
—¿Aceptar...? pero que tontería dices —interrumpió furioso las palabras Akane— crees que quiero vivir así —extendió los brazos haciendo énfasis a sus palabras— como un fenómeno.
—Pero... tú no eres un fenómeno —habló mirándolo con intensidad.
—Por favor, Akane... no me trates como si fuera idiota, tú siempre me lo recuerdas, soy un maldito fenómeno. —Dijo en tono condescendiente.
—Eso no es verdad... yo nunca lo he dicho en serio —se defendió, en realidad ella nunca había dimensionado sus palabras, muchas veces las decía sin sentirlas, pero mucho tiempo atrás ella había dejado de percibir su maldición como algo malo.
—Como sea, me iré y ni tú ni nadie podrá impedírmelo —decía mientras intentaba irse.
—Espera... —Akane lo tomó por la mano— si es lo que quieres —dudó un instante— yo iré contigo —sentenció con firme mirada.
Ranma sintió que el piso se abría bajo sus pies, ¿que se suponía que estaba haciendo?, llevarla con él se le antojaba impensable, su mente analizaba las opciones, pero su boca respondió antes.
—No.
Ella lo miró desconcertada. —¿Por qué no? —preguntó inocentemente.
—No es obvio —dijo soltándose del agarre— tú solamente me retrasarías y no tengo tiempo para estar cuidando de ti —espetó enérgico cruzándose de brazos.
—¿Cuidarme...? ¿qué piensas que soy?, una delicada flor... no me subestimes, eso no te lo perdonaría —respondió ofuscada.
—Delicada nunca has sido, pero eres muy bruta y no mides el riesgo —continuó sin tacto alguno, en su mente siempre estaba ese día, en el Monte Fénix— serías como una carga —se mordió la lengua, esas no eran las palabras que quería decir, pero, parecieron tener un efecto.
—Una carga… —musitó bajito— ¿es así cómo ves? como una carga —preguntó con lágrimas en los ojos.
Ranma negó enfáticamente. —No, no quise decir eso… es que esto debo hacerlo solo.
—Puedo ser de ayuda —ofreció, estaba claro, no se daría por vencida sin luchar.
—Ya dije que no, es que no puedes verlo…
Hubo un profundo silencio, pero este no se sentía bien, era agonizante, cruel y miserable. Akane empezó a llorar inconsolablemente, algo impensable en ella…
—Yo iré contigo... por favor, no me dejes —suplicó entre sollozos— no me dejes sola... no podría estar sin ti. —Esas palabras dejaron mudo a Ranma, verla así, quebraba sus defensas y de momento se sintió flaquear en su decisión, avanzó a ella, tomó su barbilla e hizo que lo mirará a los ojos.
—No puedo llevarte conmigo, tú vida está aquí… ¿entiendes? —presionó, tenía que hacerla entender de una buena vez.
—P-pero yo no puedo… —Akane hipaba y las palabras salían entrecortadas, no daba crédito a lo que decía su prometido, que no lo sentía, no lo veía, él era parte de su vida, era su vida.
—Vamos Akane, no puedes ponerte así —habló sarcástico— yo no dije nada cuando tu decidiste irte a Kioto, ¿no es así?, qué diferencia tendría lo mío con lo tuyo —reprochó molesto, era cierto, él había respetado la decisión de Akane de irse a estudiar lejos muy a su pesar, ¿por qué ella no aceptaba y respetaba su decisión?
—Oh, ya entiendo… —contestó, su voz sonaba apagada, se alejó tanto como pudo de él.— Vete —musitó apoyando su mano sobre la pared— ¡ya lárgate! —gritó con fuerza al ver que Ranma no se movía.
—Akane yo… —intentó acercarse.
—¿¡QUÉ!? —contestó furiosa— ¿acaso esperas que siga insistiendo?, ya me quedó claro… —mientras hablaba su voz se apagaba más.
—Bien, me voy —replicó secamente— Akane… yo volveré.
—No, no lo harás —dijo secando furiosamente sus lágrimas con el dorso de la mano— porque en cuando cruces esa puerta, nuestro compromiso... —titubeó un instante, realmente no estaba muy segura de lo que diría— nuestro compromiso se termina… estoy siendo clara.
—Akane... tú no puedes decir eso, ya te lo dije, volveré y yo…
—Ya te dije que NO, tú sigue tu camino, que yo seguiré el mío —sentenció hastiada— así que vete y no vuelvas —habló mirándolo con profundo rencor. Tomó rumbo hacia la salida, pero Ranma aferró su brazo fuertemente.
Bufó sonoramente. —No sé en qué idioma quieres que te lo diga... pero, volveré y tú y yo habláremos —respondió cegado por la furia, sus ojos se veían casi negros.
Akane apretó los labios. —Suéltame, me estas lastimando —siseó tironeando su brazo para zafarse— ¡suéltame! te odio Ranma Saotome y desearía nunca haberte conocido —esas palabras hicieron que Ranma la soltará; Akane siempre se molestaba con sus tonterías, pero esto se estaba tornando irreal, estaba demasiado enojada.— Eres un animal —dijo sobandose el brazo.
—No quise lastimarte...
—Muy tarde —murmuró, estaba dolida y no era por el brazo— si te vas a ir, hazlo de una buena vez —señalo la puerta.
—Si eso quieres… —articulo con desgano.
Sus ojos se unieron por última vez con los de Akane, pero aunque lo intento, esa conexión única ya no estaba, se había roto, ella bajó la mirada y poso su mano sobre el pecho, apretó algo y de un tirón rompió la cadena que rodeaba su cuello, extendió su mano, Ranma abrió la palma de su mano y ella dejó caer ahí el guardapelo.
—Pero…
—Adiós —fue la última palabra que ella le dirigió, abandonó el lugar dejándolo más solo que nunca.
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Akane se había encerrado en su habitación, él fue directo a la suya y tomó su enorme mochila de viaje, en su mano aun aferraba el guardapelo pues tenía la intención de devolvérselo y de paso hacerla entender, no quería que quedará todo así, con enojo en ambas partes.
Y estaba frente a aquel patito de madera, acarició la superficie con la yema de su dedo índice, y ahí estaba de nuevo ese miedo que lo paralizaba por completo. Exhaló aire y desistió, bajó las escaleras y al pie de estas se encontraban sus padres, Nodoka limpiaba unas lágrimas rebeldes y Genma, Genma cargaba una mochila…
—¿A dónde crees que vas? —preguntó extrañado.
—Contigo por supuesto... ingrato —respondió Genma ofendido.
—No lo harás —replicó sin ánimos de empezar otra pelea.
—¿Tú me lo impedirás? —acotó burlonamente— quisiera ver que lo intentaras, muchacho.
Ranma dejó caer su pesada mochila, se acercó decidido a su padre y lo agarró por la solapa de su ropa.
—Escúchame bien... necesito que te quedes aquí... no, no, te exijo que te quedes aquí —masculló enérgico— promételo, promete que cuidaras a Akane hasta que vuelva, por favor —pidió relajando el agarre— me aseguraré de que tú también tengas la cura.
—Hijo, yo…
—Dilo u olvidaré que eres mi padre —amenazó cerrando el agarre nuevamente.
Genma suspiró. —Lo haré.
—Ranma hijo, es necesario que te marches hoy, no podrías esperar un poco más —dijo Nodoka preocupada.
El chico negó con la cabeza. —Tengo que irme —se despidió de su madre en un abrazo.
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Aquella tarde, cuando Ranma tomó rumbo a China, se juró a sí mismo que volvería como un hombre completo, en su ideal pretendía que aquella aventura, por decirlo de algún modo, no le tomaría más que un par de meses, nunca sospechó, ni por un segundo, que demoraría poco más de 6 años y que a su regresó estaría más maldito de lo que alguna vez lo fue, nadie podía prever aquello.
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Época actual
Podía sentirla, aspiraba ese embriagante aroma que desprendía... otra vez era presa del miedo, la angustia se cernía sobre su mente y sus sueños, y ahí era su lugar favorito y ella su presa ideal, aquella que le fue arrebatada de su poder hace tantos años. Ella lo llama aun sin saberlo y estaba seguro, esta vez, nadie le impediría devorar hasta su último aliento…
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Continuará…
Nota:
* Técnica del dragón de agua - en realidad no pensé mucho como podría ser, tal vez más adelante la desarrolle.
Hola de nuevo! Con ustedes el capítulo 7.2 y capítulo 8 (si, dos en uno, no podía separarlos u_u y es mi regalo de cumpleaños para ustedes), nunca creí poder escribir tanto, espero no les parezca revuelto, cuéntenme que les pareció, me encantará leer sus comentarios.
Gracias a todos los que le dan una oportunidad a esta historia, me siento muy agradecida.
Haruri Saotome, hola gracias por comentar, sobre el primo es sólo un extra, nada importante, cuéntame que te pareció este capítulo; bustamantekayla si lo hice sufrir un poquito, a ver qué te parece este nuevo capítulo; Casaboom22 muchas gracias por leer, si también mi versión de Kuno me encanta; hola Marys espero que con esta entrega se aclaren tus dudas saludos y mil gracias por leer; Carol FVargas capítulo largo a la orden, espero te siga gustando la historia, saludos; Afrika me alegra saberlo, espero que este también sea de tu agrado; SusyChantilly te lo agradezco mucho, espero disfrutes este, saludos; nancyriny me encantan tus palabras y las agradezco de corazón, si Akane sufrirá parte por Ranma, pero habrá intervención de algo más; SHOJORANKO espero haber logrado impregnar las emociones correctas, y no haberme perdido en el limbo, agradezco una infinidad tus palabras (fangirl mode on); Nagasagu mil gracias aquí el nuevo capítulo, espero te guste.
12-06-18
Revontuli
