Acá está la actualización que se suponía publicaría ayer, pero la terminé MUY tarde, me dolía la cabeza (lo cual puede provocar que escriba muchas estupideces) y recién pude revisarla con detalle hoy. Acabo de leer un comentario de un anonimus diciendo que me extrañaba y me sacó la sonrisa más grande del día!
Disfrútenlo y mil gracias por sus reviews que me llenan de alegría la semana.
VIII
Los ojos oscuros de Leia se abrieron con el primer sonido de la alarma de su celular y lo apagó rápidamente para evitar que su acompañante se despertara, pero Han apenas se removió, sus enormes brazos rodeándola de manera posesiva. Esa era la palabra para describir a la noche anterior: posesiva. Se habían marcado mutuamente rogándole implícitamente al otro que no se fuera y, a pesar de la satisfacción física con la que terminaron, el enojo persistía por el golpe que les había dado recordar lo fugaz y terminal que era su relación.
Se soltó del abrazo despacio y fue al baño para darse una ducha rápida y tapar todas las mordidas de su cuello y clavícula; bajo el agua pasó sus dedos por esos puntos y, con una involuntaria sonrisa, recordó cómo se sentían los labios y dientes de Han contra su piel. Suspiró intentando olvidarse de eso, pensando en el momento en que tendrían que decirse adiós.
El sonido del agua no había hecho efecto en el hombre, que seguía roncando en la cama; Leia aprovechó para vestirse, peinarse, salir a comprar café en el camino e irse a la oficina rápido. En el fondo sabía que quería evitar una discusión pendiente con Han a toda costa porque no estaba lista para enfrentarse a los hechos.
Pasó la mayor parte del día, cómo ya estaba acostumbrada, sentada detrás de un escritorio leyendo contratos, completando y analizando planillas, atendiendo llamadas de inversionistas y asesores y mirando la foto de sus padres que tenía ahí, que le daban fuerzas para seguir con todo esto que habían construido. Pensó en cuán bien le vendría un consejo amoroso de su madre que nunca había llegado a necesitar, o lo gracioso que sería ver la reacción de su padre si se enterara de que su niñita estaba saliendo con un tipo al que había conocido en la puerta de un mugroso bar. Los extrañaba con locura a ambos, y en momentos así pensaba en que había tenido que aprender a ser fuerte desde muy joven, casi desde su nacimiento: un trágico abandono, la muerte de su madre adoptiva a los 10, ahora la de su padre… parecía demasiado triste hasta para una chica que por el dinero y poder de su familia podía tenerlo todo. Recordó el respiro que había significado encontrar a su hermano gemelo poco después de haber perdido a su papá y cómo su relación había avanzado tanto en menos de seis meses; con Han había sentido algo parecido, pero por supuesto de maneras físicas y emocionales muy distintas e intensas que jamás había creído posibles. En su adolescencia no se había hecho tiempo para el romance y este le llegó en el momento menos esperado; claro, con la poca suerte que tenía era imposible de concretar. En unos días volvería a su hogar a seguir manejando empresas y Solo… bueno, Dios sabe que demonios haría de su vida.
Sin darse cuenta se había salteado el almuerzo y cuando miró la hora se dio cuenta de lo tarde que era. Tenía que llegar al hotel y arreglarse rápido para la muy importante cena de esa noche, donde conocería a unos socios que su padre había hecho para abrir una nueva empresa. La primera impresión era muy importante en los negocios y todo tenía que salir perfecto, así que le envió a Han un mensaje avisándole que fuera a prepararse; estuvo por dejar de lado el celular cuando decidió agregar que no protestara porque no estaba de humor. Él respondió con un simple "ok", haciéndole entender que no estaba mucho mejor que ella.
Cuando llegó a la habitación saludó a Han, quien estaba con pantalón de vestir, sin camisa y el pelo mojado, con un simple "hola" y este la miró con preocupación.
-¿Qué?-preguntó Leia.
-¿Te sientes bien? Luces muy pálida.
-No pasa nada.
-¿Comiste algo?
-No tuve tiempo y ahora estoy apurada-murmuró, dejando su bolso por ahí y sacándose los tacones. El hombre se le acercó a ella y le colocó las manos en los hombros.
-Ve a darte un baño para tranquilizarte y te pediré algo para comer-dijo. Leia iba a protestar pero la interrumpió-no digas nada, que no quiero tener que cargarte desmayada esta noche.
La joven se resignó, pero mientras se colocaba la gorra de baño para no mojarse el pelo y hacer más rápido, sonrió ante la ternura del gesto. Al terminar no se visitó enseguida, pero ya peinada salió para ir a la mesa por reclamo de su pobre y vacío estómago. Han le sonrió, acercándole una taza de café y algunas porciones de fruta. Aún estaba sin camisa, y cuando se sentó a su lado notó los rasguños en su musculoso pecho.
-Creo que estaba enojada anoche-susurró Leia, escondiendo una sonrisa-lo siento.
-Ambos lo estábamos-Han extendió uno de sus dedos para presionar un punto morado en el cuello de la joven que con la ducha había quedado al descubierto. Ella se encogió y ahogó una risa-no nos dijimos muchas cosas lindas.
-Supongo que no, pero quizá… son la verdad, Han. Digo, ¿qué demonios somos? Y tú señalaste algo que también es cierto: estás aquí porque te pago, lo cual está bien porque me estoy beneficiando de tu compañía. Pero más allá de eso…
-Leia-él la tomó de la mano y se miraron a los ojos-más allá de que todo eso sea verdad no le demos importancia. Nos quedan tres días juntos y la pasamos muy bien en compañía del otro, así que tratemos de disfrutarlo, no lo se, cómo amigos…
-¿Amigos?
-Sí bueno, claramente con algunos beneficios, pero amigos-forzó una sonrisa. Leia hizo lo mismo y le tendió la mano cómo si acabaran de cerrar un contrato millonario, aunque ninguno de los dos podía ocultar del todo la decepción mientras se preguntaban si algo pudiera dar vuelta un triste destino que parecía inminente.
El lugar adonde habían sido citados era uno de los más lujosos que Leia había visto, y eso era decir mucho. Podía decir que estas personas con las que se había asociado su padre antes de fallecer eran exageradamente millonarias, por lo que quizá esta vez tendría que agachar un poco la cabeza (cosa que no le hacía gracia ni por asomo). La notoria incomodidad de Han a su lado no ayudaba mucho.
-¿Todo bien?-inquirió.
-¿Eh? Sí.
-Esto es demasiado hasta para mí.
-Sí, creo que sí.
Tomaron aire y él le tendió el brazo antes de entrar a la ostentosa recepción del restaurante. Los hicieron pasar a una parte reservada, donde las mesas estaban bastante separadas entre sí; al fondo, estaba sentada una alta mujer rubia e impresionante, que seguro en su juventud había sido muy hermosa. A su lado, un hombre entre los 20 y los 30 también muy alto y hermoso, se erguía en su silla con un semblante que imponía respeto; Leia recordó a esos galanes de telenovelas, musculosos, rubios y fornidos cómo superhéroes. A simple vista se notaba que eran madre e hijo.
Cuando estuvieron lo suficientemente cerca, ambos personajes se pusieron de pie para saludarlos y el hombre recorrió el cuerpo de Leia con sus ojos azules de arriba a abajo. Han lo notó, y casi instintivamente la acercó un poco más a él.
-Es un placer conocerte finalmente en persona, Leia. Soy Tai Chume-dijo la mujer, dándole un apretón de manos-él es mi hijo, Isolder.
El hombre le sonrió galantemente a Leia, le besó la mano con exagerada caballerosidad y ella solo pudo sonreír con timidez.
-Es un gusto. El es Han Solo mi…
-Amigo-completó este, tratando de disimular su molestia. Se sentaron en sus lugares con un silencio incómodo de por medio, hasta que un camarero fue a tomar el pedido. Cuando se retiró, la mujer mayor reanudó la conversación.
-Entonces, supongo que estarás enterada de los negocios que estábamos por concretar con tu padre.
-Sí, por supuesto. Hoy terminé con las últimas fichas que había que completar, firmé los últimos formularios y mi secretaria los envío todos al fisco. Ya está todo confirmado.
-¿De qué trata el negocio?-inquirió Han luego de beber un sorbo de vino. Leia suprimió una risa al verlo actuar de interesado en el asunto.
-Compraremos empresas en quiebra para estabilizarlas y luego vender sus acciones revalorizadas-explicó Isolder, mirando a Han cómo si fuera un ignorante; este no se sintió menos si no que se enderezó aún más en su silla y lo miró desafiante. Una sutil competitividad había estado ahí desde que se presentaron, y la causa podía llegar a ser pequeña y de ojos marrones-de hecho, ya tenemos algo en mente, Leia.
Ella se volteó a mirarlo con atención.
-¿En serio?
-Una importante financiera en Londres. Vamos a tener que viajar-lo último fue con un tono más personal que profesional.
-Supongo que será necesario.
-Y bastante urgente-agregó Tai Chume-¿hasta cuándo tienes pensado quedarte aquí en Los Ángeles, Leia?
-Tres días.
-¿Tienes que volver por algún compromiso?
-No en verdad.
-Entonces supongo que podríamos arreglar para que tú e Isolder partan desde aquí a Londres, no será difícil conseguir boletos para el avión.
Leia casi pudo sentir la tensión de Han cómo un ente con vida propia y le dirigió una mirada tranquilizadora, aunque ella tampoco podía ocultar su sorpresa.
-Parece demasiado repentino-sugirió la joven. En verdad lo era, pero también sabía que en este ámbito el tiempo era dinero y que nadie estaba dispuesto a perder ni siquiera un maldito centavo.
-Es necesario-el tono de la mujer mayor se tornó algo más autoritario-es muy importante empezar cuanto antes, además de que por el momento Europa será nuestro principal mercado con la crisis. Creo que deberían ir no solo a Londres, si no a otras capitales cómo… promocionando nuestro emprendimiento, dándose a conocer. Tus contactos serán de gran ayuda, Leia.
-Es una gran idea-aprobó su hijo, sonriendo. Luego clavó los ojos en la chica-puede llegar a ser hasta divertido, ¿no?
Leia respiró profundo y puso su cabeza en frío, intentando apartar de su mente sus emociones, la tensión de Han y la presión a la que se estaba viendo sometida.
-No podemos arreglar una mudanza a Europa en tres días-musitó.
-Podemos ir solo a Londres esta vez, volver por un par de días e irnos de nuevo. Después de todo, al final recuperaremos lo gastado-bromeó Isolder. Su madre también sonrió y por un momento parecían mimetizados de manera casi espeluznante.
Leia tomó aire, sabiendo que este no era un buen momento para discutir.
-Podemos ir a Londres, pero tendré que pensarme lo del resto del viaje. Aunque claramente, cómo han dicho, es la opción más factible.
Se atrevió a sonreírle tímidamente a Han para que se tranquilizara, pero en respuesta solo hubo una frívola mirada que intentaba esconder algo de tristeza; ambos supieron que las últimas esperanzas de quedarse juntos empezaban a desmoronarse frente a sus ojos.
El viaje de regreso fue tenso, un ambiente que se estaba haciendo casi costumbre entre ellos. Todo había sido casi color de rosa al principio, pero las diferencias e imposibilidades eran más notorias a cada momento casi cómo señales del destino que les decían que no iba a funcionar.
Han Solo no creía que ninguna tontería o señal controlara su destino y Leia Organa era demasiado racional para pensar en semejantes estupideces, pero ninguno negaría su tiempo juntos estaba llegando a su fin de manera inevitable.
La joven sabía que su compañero estaba enojado y no lo quería así; quería disfrutar de los últimos momentos que les quedaban porque, cómo él había dicho por la mañana, disfrutaban mucho de la compañía mutua. Isolder y su madre habían mirado a Han desde arriba durante toda la cena, y algunas actitudes del primero quizá habían empeorado su humor. Ella tampoco estaba del todo convencida con sus nuevos asociados, pero sí habían sido dignos de la confianza de Bail Organa no había de que preocuparse (aunque se preguntaba seriamente cómo era que su padre había llegado a confiar en esa clase de gente).
Han no tenía palabras, aunque tampoco podía decir mucho: no podía pedirle a Leia que se quedara y abandonara sus responsabilidades cuando ni siquiera él estaba seguro de que pasaría entre los dos: todo podía ir muy bien en una semana en un hotel de lujo donde solo tenían que salir por la noche bien vestidos, pero la vida real era otra cosa. Tenía que calmarse porque no tenía ganas de pelear con ella, a quien tampoco veía del todo bien, y se decidió a ir por un vaso de aquel buen whisky que había en la barra, que seguramente extrañaría al irse (aunque no tanto cómo la joven que había estado acompañado).
Fue a sentarse en uno de los sillones del balcón y vio a Leia desaparecer en dirección al dormitorio; no le dio demasiada importancia, suponiendo que se iría a dormir. Fue pensar un microsegundo en ella que se le llenó la cabeza de momentos que habían vivido esos días y una sonrisa se escapó de sus labios: fuese cómo fuese a terminar todo esto, no había dudas de que había conocido a una persona maravillosa de la que no se olvidaría nunca más. Tenía una belleza tan natural que escapaba de cualquier comparación posible y una inocencia casi incorruptible que invocaban en ella curiosidad por cada cosa nueva que se le presentara. Conociéndola, sabía que la habían tenido creciendo entre almohadones y que recién estaba saliendo a la vida; Han se sentía feliz de haberla acompañado aunque sea durante un pequeño tramo de ese recorrido.
Por su parte, él también había aprendido un par de cosas que seguramente lo cambiarían para siempre. Leia había demostrado que no todos los ricos podían ser engreídos oportunistas que él pensaba que eran y que puede haber algo bueno en otros a pesar de los prejuicios. Para resumir, Han podía decir que una semana con ella lo había vuelto más optimista; su vida no había sido fácil y eso lo había hecho ser una persona realista, pero la joven había implantado en él algo que podía describirse no como optimismo, si no como esperanza.
El sonido de una puerta lo sacó de sus pensamientos y, minutos después, la causa de sus divagaciones apareció silenciosamente con una copa de vino entre los dedos y cubierta solo por una corta bata negra de satén. No se sentó siquiera, si no que se apoyó en el balcón y le clavó una seductora mirada acompañada de una sonrisa sugestiva. Se agachó de una manera en particular para dejar su bebida en la pequeña mesa que allí había, dejando al descubierto una buena parte de la piel de su escote: lo estaba tentando, y muy bien. Y Han queria, pero también necesitaba preguntarle.
-Entonces-empezó-¿te irás a Londres?
-Sí-contestó ella, sin darle demasiada importancia-no es algo que pueda evitar.
Se acercó a él y Han tuvo que inclinar la cabeza para mirarla a los ojos. Sonrió de lado, intentando calmar su creciente excitación.
-¿Y te irás a vivir a Europa?
-No es una decisión fácil de tomar en tan poco tiempo.
-Pero no lo descartas.
-Es un negocio nuevo, Han, y tengo que poner mi parte.
-Ese Isolder parecía bastante decidido y contento de poner la suya-dijo mordazmente antes de tomar un trago del líquido ámbar que quedaba en su vaso. En el momento que volvió a mirarla, casi escupe la bebida: Leia, con actitud audaz, se desató su bata y bajó los hombros para que se deslizara por su cuerpo hasta el piso, quedando completamente desnuda frente a él allí, en el balcón. No tenía palabras y se preguntó adónde había ido la joven sonrojada que conoció perdida en un barrio turbulento de Los Ángeles.
-No quiero hablar de esto, Solo-siseó ella, mirándolo fijamente con esos ojos tan profundos.
Leia no tenía idea de donde había sacado el coraje, pero por una vez quería ser ella quien lo dejara sin palabras. Quería despojarse de todas las presiones y sentirse una mujer normal seduciendo a su chico, rebelarse contra todas las cosas que le habían impuesto durante su vida y pretender que, en ese momento, eran solo ella y Han. Queria ser tan buena con él cómo lo había sido con ella.
Ante la falta de palabras y acciones de su compañero, la joven se dejó caer de rodillas entre las piernas masculinas y sin pensarlo empezó a desabrocharle el cinturón y los pantalones.
-¿Qué haces?-no la detuvo, pero la miró cómo si fuera un freak o algo así.
-Quiero hacer esto-dijo Leia. Se sentía tan poderosa dejando sin palabras a Han Solo y se rió recordando todas esas pláticas de educación sexual en su escuela religiosa en las que condenaban estas prácticas. Ahora era una chica "corriente y vulgar" haciendo eso, no una niña rica cargada de trabajo y responsabilidades. La excitación, la libertad, la diversión y la picardía la invadían. Desde su posición miró hacia arriba y habló con algo de timidez (la poca que le quedaba)-es la primera vez que lo hago.
-Solo no muerdas-rió él. Leia sonrió, más confiada, y con una mano empezó a masajear el palpitante miembro de Han, quien gimió ante el contacto. Se inclinó para tomarlo con la boca despacio y luego aumentar cada vez más el ritmo, motivada por los roncos gemidos que salían de los labios del hombre. Paró para tomar aire y continuó acariciándolo con la mano, aprovechando para deleitarse con la vista de un jadeante Han Solo frente a ella.
-¿En serio es la primera vez?-cuestionó, burlón, entre gemidos.
-Ajá-respondió ella inocentemente, antes de reanudar el trabajo con su boca.
Han sintió que podría llegar solo con esa vista, Leia desnuda ante él, con su largo pelo cayéndole por la espalda y dándole placer de una manera tan íntima. Enterró los dedos en la mata de oscuro cabello y eso pareció incitarla aún más, y cuando lo miró a los ojos desde esa posición, juro que podría haber estallado.
Pero se detuvo.
Leia se puso de pie con una mirada desafiante y su bata en la mano
-En cinco minutos en la habitación, Solo-murmuró, antes de irse. Han pensó que moriría en ese instante, pero hizo su mayor esfuerzo por seguirla.
La encontró sentada en la cama, aún desnuda, desenredando su cabello con toda la tranquilidad y paz de la galaxia en medio de la tenue luz que daban los veladores. Se puso de pie al verlo, caminó hasta él y se abrazó a su cuello, pegando sus cuerpos por completo. La acercó aún más, apretándola por la cadera y haciéndola gemir cuando sintió su excitación.
-¿Yo hice eso?-inquirió Leia.
-Sí princesa-gruñó él en su oído-tendrás que hacerte cargo ahora.
No perdió tiempo y empezó a desabrocharle la camisa, haciendo saltar algunos botones.
-Lo siento-se disculpó.
-Tú pagaste por ella.
De la mano lo llevó hasta la cama y lo ayudó a deshacerse de sus pantalones y boxers mientras se acariciaban, robándose mordidas y besos en el cuello. Leia obligó a Han a acostarse, y este la miró expectante mientras ella se sentaba a horcajadas sobre él, rozando contra su excitación.
-¿Arriba, cariño?-inquirió el hombre, levantándose un poco para llegar a besarle los pechos. Leia jadeó ante el contacto de los labios y las manos rugosas en esa parte tan sensible.
-¿Sorprendido?
-Solo me pregunto donde quedó la tímida chica que conocí hace un par de días.
Lo calló arrancándole un gemido cuando se unió a él carnalmente y empezó a montarlo con animosidad; sus jadeos se fueron acompasando con el tiempo, cómo si dos instrumentos musicales se coordinarán en una lujuriosa canción.
Han estaba recostado, recorriéndole con las manos las piernas, el trasero, la espalda, el torso y los pechos mientras se deleitaba con la visión divina de Leia sobre él: sus ojos oscuros mirándolo con deseo, sus hinchados labios rojos y su alborotado pelo. Le pellizcó con fuerza las nalgas cómo reacción al verla sacudirse el pelo con la mano, tirándoselo hacia atrás: era erótico, casi cómo una obra de arte que roba suspiros. Verla gemir con ansiedad por llegar al orgasmo mientras lo montaba lo enloqueció y levantó sus caderas hacia arriba para penetrarla con mayor intensidad, provocando en ambos una descarga de placer en forma de gritos y temblores que los dejaron jadeantes y agotados.
Leia se acostó sobre el masculino pecho, con su corazón latiendo en descontrol.
-Me cansas-dijo-en el buen sentido.
-No te quedas atrás-contestó Han en su oído. Le dio un par de besos en el hombro y en el cuello, y con delicadeza la acostó a su lado. Extendió el brazo para agarrar las sábanas dispersas y luego apagó la lámpara. Ya podía sentirla cerca de dormirse y supo que no abriría los ojos de nuevo hasta la mañana siguiente.
-Haces que tomar la decisión sea difícil-susurró en la oscuridad la joven.
-Es mi trabajo, princesa-respondió, besándole la frente.
¿Qué les pareció la última parte? Fue bastante difícil escribir el momento en donde Leia complace (por decirlo de algún modo) a Han porque es la primera vez que hago una escena así. Dejenme sus opiniones y sugerencias en los reviews porque de verdad me ayudan a escribir mejor.
Los nombres para los socios comerciales de Leia los saqué del libro del cannon Legends The Courtship of Princess Leia (por dios, no vayan a creer que alguien puede llamarse así en el mundo real). Recomiendo que lean ese libro no porque sea bueno (de hecho es horrible y Han y Leia están completamente fuera de personaje) si no porque es tan bizarro que da risa.
Estoy emocionada por escribir el próximo capítulo porque pasa algo RE importante -ya se imaginaran que- y me lo vengo imaginando desde que comencé el fic, así que espero poder sacar lo mejor de mí cuando lo empiece y alcanzar sus expectativas (y las mías también).
Un beso muy grande desde Argentina!
