Todos los personajes que reconozcan son de JK Rowling, lo demás es mío...


Harry despertó tarde esa mañana, se sentó en la cama y se quedó mirando alrededor, intentaba recordar lo que había pasado, por alguna razón estaba muy cansado pero al mismo tiempo se sentía ligero. Se sacudió el cabello con las dos manos, se alzó de hombros y se arrastró hasta el borde de la cama, desde arriba –increíble lo alto que podía estar una cama- buscó las pantuflas, ya una vez había bajado sin ellas y Lily casi lo mata en cuanto lo miró. Las encontró cerca de la puerta así que bajó de un brinco, pero se detuvo antes de ir por las pantuflas, sobre la mesita de noche estaba una nota pegada al vaso con agua que Lily le dejaba cada noche. Desdobló el trozo de pergamino y curioso comenzó a leer.

"Te espero en el despacho en cuanto despiertes, no te demores en nada más… mamá"

Leyó dos veces más y entonces recordó: ¡Ginny! Abrió la puerta de un tirón, las pantuflas fueron a dar contra la pared y rebotaron hasta la cama. Harry corrió hacia la escalera y bajó como una flecha. Apenas logró frenar en la estancia donde Remus y James platicaban tranquilamente.

-Buenos días -saludaron los adultos, Harry apenas los escuchó, su visión se posó rápidamente en la pelirroja que acababa de aparecer con tres tarros de cerveza de mantequilla, le sonrió como un niño enamorado. Remus rompió en carcajadas, se apartó de un ligero brinco del asiento que compartía con James que con el ceño fruncido había intentado golpearlo.

-Lo siento Harry -se disculpó Ginny, repartió las bebidas y se sentó en el sillón de una plaza donde Harry se había detenido

-Creí que era un sueño, que no estarías pero cómo llegaste, cómo…

-Lily ¿no te dejó una nota? -preguntó James

-Sí -se giró hacia su padre - ¿qué pasa? Espera… -abrió enormes los ojos - ¿volvió Sirius? ¿Me quiere poner una emboscada? ¡Me va a matar! Me voy, Ginny podemos ir a buscar… esos… ¡los horrcruxes! -desesperado tomó la mano de Ginny que lo siguió sin comprender, pero en la puerta hacia el recibidor lo detuvo Lily

-Buenos días y Sirius no ha salido del hospital pero ya preguntó por ti -tranquilamente tomó la mano que sostenía Ginny y jaló al niño que la siguió más tranquilo -tú y yo vamos a tener una muy larga charla sobre ocultar cosas a tu madre -empujó a Harry al despacho de James y cerró la puerta tras ellos.

Ginny regresó a la estancia, preocupada se dejó caer en uno de los sillones, de reojo miraba a los dos hombres que platicaban tranquilamente. No se atrevía a hablar, sentía que James la acusaría de ser un mortífago pero cuando el moreno captó la mirada de la joven, le sonrió de forma coqueta, ella le regresó la sonrisa y con un poco más de confianza se atrevió a preguntar.

- ¿Por qué Sirius está en el hospital?

James se acomodó en el sillón, compartió una mirada con Remus y su sonrisa se ladeó.

- ¿Harry no te dijo?

-Mencionó algo de un accidente

Y para sorpresa de Ginny, James rompió en carcajadas, Remus rió ante la diversión de su amigo pero negaba lentamente con la cabeza.

-Supongo que no dijo algo sobre ese accidente -Ginny negó, la sonrisa de James se amplió y comenzó a contar con lujo de detalle lo que sabía y conforme el entrecejo de la pelirroja se juntaba más y ese brillo demente que él bien conocía, aparecía en las avellanas que tenía frente a él, sonreía más, satisfecho por el amor que estaba seguro de mirar. Pero contrario a lo que él esperaba, entiéndase que la pelirroja se soltara renegando y asegurara matar a Harry, ella le sonrió y dijo:

- ¿No cree que si le diera la varita, Harry haría menos tonterías?

Remus soltó una carcajada ante la cara desencajada de James, Ginny solo los miró, respiró hondo y siguió.

-Año tras año mientras estudiaba, Harry encontró la forma o según dijo él, la forma lo encontraba a él para enredarlo en problemas

- Los problemas lo buscan ¿no? -preguntó una voz de mujer, James se giró de un brinco y regresó la sonrisa que lo saludó.

Mientras tanto, en el despacho, Lily estaba sentada del otro lado del escritorio y Harry en uno de esos enormes sillones justo frente a ella, se sentía en peligro de muerte. Hablaba en susurros a veces y otras simplemente se quedaba callado, también echaba mano de las lágrimas que estaban tan a flor de piel cuando Lily no quería creerle que no recordaba algo que ella insistía en saber, esta vez no se molestaba por llorar tan fácilmente porque eso ablandaba enormemente a la mujer.

- ¿Por qué no me dijiste cómo te trataba mi hermana?

-Papá me dijo que entre menos supieras de eso, sería mejor, que tú quieres a tía Petunia

-Mjm, pero te quiero más a ti

Harry le sonrió, pensó que como tonto, pero simplemente era una sonrisa infantil de felicidad.

-Pero ellos también me salvaron la vida, porque si no hubieran dejado que me quedara, esa protección que me diste no me habría servido y en cuanto Voldemort hubiera regresado me habría podido matar… -subió los pies al asiento y miró pensativo el techo -aunque el profesor Dumbledore los habría obligado a punta de varita

- ¡Harry!

-Es verdad -sonriente la miró -le dejó una carta a tía Petunia sin la que de seguro me mandan a un orfanato y les hice mucho para su forma tan muggle de ser y no me mandaron a ninguna parte -rió a carcajadas sin notar la mirada entre molesta y asustada que tenía su madre

- ¿Qué quieres decir con eso de que les hiciste mucho?

La risa de Harry terminó de golpe y entonces pudo mirar la expresión, ya más molesta de su madre; se removió incómodo en el sillón e intentó sonreír.

-Fue sin intención, te lo juro -respiró hondo al escuchar que llamaban a la puerta, pero la poca esperanza de salvarse se fue con la mirada que le dedicó la pelirroja a la puerta.

- ¡Les dije que no me molestaran, no termino aún!

Y el ruido de la puerta se detuvo en el mismo segundo, Harry dio un brinquito en el sillón cuando su madre le dedicó toda su atención.

-Ee… es…

-Sin tartamudear

Harry tragó saliva, deseó decirle que era un niño pequeño, que le tuviera consideración pero justo en ese momento no se sentía como un niño, estaba perfectamente consciente de que tenía diecisiete años y por alguna razón le asustaba su madre, se mordió la lengua.

-No era mi intención, solo pasó ¿recuerdas cuando miré a tía Marge cuando fuimos a cenar en navidad?

-Te reíste -asintió muy seria

-Pues la… es que ella estaba… y… los insultaba -hizo un mohín y la miró con ojos dulces -tía Petunia no dijo nada cuando te insultó, te comparaba con perros, hablaba de ellos sin corazón y… me enojé, la… inflé -se encogió en el asiento -rebotaba contra el… techo -terminó con una mueca.

Se encogió otro poco. Para su sorpresa, contra todo lo que esperaba, Lily soltó una carcajada que lo hizo dar un brinco, se giró sobre el sillón al verla ir hacia la puerta donde volvían a llamar.

-Lamento haberle gritado en esa forma pero…

-Descuida, James me dijo lo que estabas haciendo y te comprendo -suspiró.

Harry se estiró todo lo que pudo pero el respaldo del sillón era demasiado alto para él, se paró sobre el asiento, apenas alcanzó pero no pudo ver más que el pelirrojo cabello de su madre, de la señora con la que platicaba miraba su túnica rojo oscuro.

-Yo ya aclaré algunas cositas con él, esa terquedad -bufó, Harry bajó del sillón y se acercó unos pasos a Lily -desde antes de navidad, mira que mandarme de vacaciones fuera del país ¿y dónde está?

Intentó regresar corriendo al sillón cuando Lily se hizo a un lado pero la pelirroja lo tomó de la túnica y prácticamente lo arrojó al frente, al menos así pudo ver a la mujer. Era alta como su madre, de cabello entrecano, su mirada cálida como el chocolate y su sonrisa lo embrujó, se quedó mirándola sin poder ver a otra parte.

-Aaw -la mujer se arrodilló frente a Harry, él seguía sin poder dejar de mirarla pero su mano se alzó rápidamente en cuanto miró las lágrimas que resbalaban por las mejillas de la mujer que tanta ternura le inspiraba, las limpió torpemente y se dejó llevar cuando lo abrazó -es… -miró a Lily, sollozó y volvió la vista a Harry -eres igualito a James cuando tenía tu edad, solo tienes…

-...los ojos de mi mamá -le sonrió con un asentimiento, después miró a la pelirroja -Lily -titubeó.

El entrecejo de la pelirroja se juntó rápidamente cuando miró a Harry.

- ¿Podemos… hablar en privado?

- ¡Harry!

-Está bien, no te preocupes, iré a ver qué preparo para la comida

-No es necesario que se… -apenada intentó detener a la mujer pero ésta ya había salido del despacho, molesta bajó la mirada - ¡Harry, eso fue grosero! Además ¿Lily? ¿Qué pasó con mamá?

- ¿Por qué le dijeron? -estaba demasiado preocupado como para asustarse ante la molestia de Lily, si le iban diciendo eso a todas las personas que conocieran… de alguna forma Voldemort se iba a enterar

- ¿Qué? -la molestia se esfumó rápidamente, se acuclilló frente a él y lo miró a los ojos

-Se suponía que solo ustedes lo sabrían, agradezco que no le hayan dicho a Pettigrew pero… ¿por qué no me preguntaron? No pueden decirle a todo mundo…

-Harry -dibujó una sonrisa dulce mientras pasaba el dorso de su mano por la contraída expresión del niño -si mis padres vivieran me gustaría presen… -se apresuró a limpiar el par de lágrimas que había derramado y la sorpresa que la invadió la hizo olvidar la tristeza que empezaba a aparecer -no sabes quién es ¿verdad?

- ¿Eh? -el molesto y herido "adulto" desapareció por un momento mientras miraba sin comprender - ¿debería?

-Cariño -lo jaló hacia ella y lo abrazó, lo mantuvo contra su pecho por algunos segundos, después se puso de pie con una gran sonrisa -esa mujer a la que tan groseramente acabas de correr, es tu abuela, la madre de James

-La… -boquiabierto se quedó mirando a la sonriente pelirroja, apenas sintió que lo tomaron de la mano, sus piernas se movieron automáticamente.

En cuanto llegaron a la estancia y sus ojos se cruzaron con los de James, perdió el color, sus pequeñas manos intentaron aferrarse a la túnica de quien sentía su única salvación pero Lily no estaba así que solo manoteó en el aire. James se le acercaba con una terrible calma, por su rostro, estaba seguro de que ya estaba enterado de que él había corrido del despacho a… su… abuela. Tragó saliva, miraba desesperado hacia todas partes, Remus estaba tras James, sentado en un sillón y nadie más alrededor.

- ¿Corriste… a… mi madre… del despacho?

A pesar de que le daba miedo la cara que tenía James y además, el que murmurara tan lentamente solo indicaba que estaba más que molesto, no puedo evitar abrir la boca.

- ¿Estabas escuchando atrás de la puerta? Eso es grosero

- ¡Harry!

El niño dio un brinco y corrió hacia la cocina donde para su tranquilidad se encontró con las tres mujeres que platicaban.

- ¡James me quiere matar! -anunció y contrario a lo que Lily esperaba, que corriera a sus brazos, fue y se aferró a las piernas de la mujer mayor que sonriente le acarició el cabello.

- ¡Ven acá! -la puerta se abrió con tanta violencia que se estrelló contra la pared.

- James, las puertas no se azotan

-No, lo que se azota es otra cosa -sonrió mirando directo a los ojos de Harry que se aferró con más fuerza.

-James, asustas al niño

-No es un niño mamá y tú lo sabes

La mujer bajó la vista y no pudo evitar sonreír ante la tierna mirada que le regresó Harry.

-Yo lo miro como un niño…

James volvió a ver a Harry pero él solo le sonrió e ignoró las señas que le hacía para que fuera con él.

-Dile a Remus que la comida está lista, anden a lavarse -se agachó y besó la cabeza de Harry, después para estupefacción de James, lo levantó fácilmente y se dispuso a lavarle las manos.

Ya en la mesa, Harry se aseguró de sentarse cerca de su abuela, no la había conocido y quería aprovechar ese momento… aunque también se sentía completamente seguro con ella y por alguna razón James parecía molestarse más cada segundo. Por lo que duró la cena, Harry se olvidó de que tenía diecisiete años y hasta de Ginny ya que ella solo lo miraba ya que tenía suficiente con las miradas que Lily le echaba de vez en cuando, aunque la pelirroja mayor sabía disimular mejor que James.

-Bueno ¿dónde está Sirius?

Harry que comía el postre, sintió el pastel atorarse en su garganta, por poco y se traga el tenedor al mirar la enorme sonrisa de James.

-En el hospital porque Harry le robó la varita y se metió al bosque prohibido -soltó de corrido, no quería que lo interrumpieran, amplió su sonrisa al ver las expresiones que hacía su madre.

Harry intentó apartarse pero no logró moverse, Lily rodó los ojos ante la actitud infantil de su marido pero sonreía levemente, Ginny solo miraba y Remus sonreía igual que Lily.

- ¡Por Merlín! -exclamó la señora Potter con una mano en el pecho, bajó la mirada y abrazó a Harry - ¡James cómo dejaste que un niño tan pequeño se metiera al bosque prohibido! Por muchos diecisiete años que tenga está pequeño, su cuerpo no puede hacer demasiada magia -con un movimiento ofendido hizo desaparecer los platos.

Harry se mordió los labios para no reír ante la cara de James, su mandíbula casi llegaba hasta la mesa, estupefacto abría y cerraba la boca al parecer sin saber qué decir, cuando la señora Potter levantó a Harry y salió del comedor con él, el labio de James se alzó de un lado en una mueca graciosa y alzó los brazos al cielo al escuchar lo que su madre dijo antes de desaparecer hacia la estancia.

-James, sabes que no me gustan esas muecas… cielos cariño -le sonrió a Harry -apenas pesas, Lily ¿seguro come bien?

-Bastante bien, solo que es muy pequeño

-Como su padre -suspiró, se sentó con Harry sobre las piernas.

Pocos segundos después aparecieron James, Remus y por último Ginny que parecía querer quedarse en segundo plano o último. Harry por otra parte se estaba divirtiendo de lo lindo y poco le importaba seguir sobre las piernas de su abuela, además James se miraba más molesto que antes de la cena.

-Harry ¿por qué tomaste la varita de Sirius?

Harry miró a Lily, después a James, quería que le regresaran la varita, la necesitaba pero… no se la querían dar y estaba seguro de que era James quien no quería. Ahora su abuela le ponía en charola de plata todo ¿se aprovecharía? Sería muy fácil hacer que ella obligara a James a devolverle la varita pero por otra parte, ella no estaría ahí por siempre y si hacía lo que su cerebro estaba insistiendo, James se iba a molestar en verdad y no tenía ni idea de lo que podría hacerle pero no tendría otra oportunidad, podía aprovecharse y rogar por poder escaparse para buscar los horcruxes, con ayuda de Ginny podría recordar lo que eran. En un par de segundos asintió, sacó el labio inferior y levantó la carita más tierna que pudo.

-Es que me llegan recuerdos de mi vida… de lo que pasó en donde vengo y estoy seguro de tener una misión, puedo ayudar o por lo menos defenderme pero James no me quiere dar mi varita, si la tuviera, Sirius estaría bien.

Y al pensar en Sirius, las lágrimas amenazaron con estallar, causando una mayor ternura en la abuela Potter.

-Mamá no te dejes engañar, es un maestro de…

-Tiene seis años James

-Pero…

- ¡Y tiene razón, deberías darle esa varita!

- ¡Pero yo no la tengo!

-No me grites James

-Perdón, perdón mamá -la mirada que posó en Harry le heló la sangre aunque pareciera echar fuego -pero el profesor Dumbledore la guarda, no tengo idea de para qué.

Harry intentó tragar saliva, esa había sido una muy mala táctica y ahora James iba a despellejarlo lentamente y después lo descuartizaría.

-Oye Harry ¿y esta cicatriz? -como si nada hubiera pasado, rozó la cicatriz en forma de rayo, Harry pensó en qué decirle, no quería contarle la verdad pero ni siquiera pudo abrir la boca, la abuela siguió hablando -se parece mucho a la del nieto de una querida amiga

- ¿Qué? -a como pudo se revolvió en los brazos de la señora Potter y la miró - ¿qué quieres decir con eso? ¿Qué cicatriz?

-El pequeño Neville tiene una cicatriz igual a esta -tocó con un dedo la cicatriz de Harry

De alguna forma, Harry se escurrió de los brazos de su abuela y se paró en el piso, ansioso miró a James pero dio un paso atrás y decidió que era más seguro mirar a su madre.

- ¿Longbottom? ¿Neville Longbottom?

Fue Ginny quien se acercó, compartió una mirada con Harry que a Lily no pareció agradar.

- ¿Lo conoces? A propósito querida, no nos han presentado -sonrió y se puso de pie, mandó una mirada molesta a James y dijo: -porque éste hijo mío no parece pensar que sea importante decirle a una pobre vieja que su nieto apareció y en cambio me mandan fuera del país, supongo que viniste con Harry

- ¡Pero si acaba de aparecer! ¡Llegó ayer!

-Soy Ginny… -miró a Harry y sonrió al verlo sonrojado -y sí, vine con su nieto

-Será mejor que nos vayamos -Lily se puso de pie, echó una mirada a Ginny y salió de la estancia.

James suspiró, se estiró mientras lentamente se ponía de pie. Se despeinaba cuando se acercó a su madre, preocupado miró a Harry.

- ¿Crees que no lo puedo cuidar? -antes de que James siquiera abriera la boca, la mujer arrugó el entrecejo.

-Mamá, comprende que no tiene seis años es muy…

- ¡James! -la voz tronó en la estancia, el aludido dio un brinco, después una patada al piso y se giró.

- ¡Bien! Vámonos Ginny, Moony

- James Potter ven aquí

Aunque fue solo un susurro de la señora Potter, James que casi corría hacia la puerta principal, se frenó gruñendo. Harry miraba en silencio, estaba seguro de que si se le ocurría abrir la boca, James lo iba a matar. Miró a su abuela que volvía a llamar a su padre por lo que se hizo a un lado, lo más cerca que pudo de ella.

-No eres un niño, ven aquí ya deja ese berrinche

-No y él tampoco -masculló, empujó a Remus para que siguiera caminando

Harry rodeó el sillón cuando su abuela se puso de pie y corrió tras Remus cuando el licántropo se llevó a Ginny hacia el recibidor, dejando a James solo con su madre.

- ¿A dónde van?

- ¿Recuerdas el libro que te trajo?

Harry asintió a la pelirroja a la que miraba embobado y con la edad que aparentaba no podía controlar mucho el embelesamiento. No sabía que un niño podía dar tanto tan fácilmente.

-Pues yo no lo solté -le mandó una mirada seria pero él ni lo notó arrancándole una sonrisa a ella -y el profesor Dumbledore quiere mirarlo, además de querer platicar sobre lo que tú olvidaste

-Y te vas a quedar con mi mamá -Harry dio un brinco ante el susurro de James, llevaba mala cara, el niño se apresuró a pegarse a la pared -pórtate bien, ya es mayor

Harry asintió rápidamente. Cuando Lily volvió y se despidió de Harry con un beso, Ginny se acuclilló y le sonrió, se acercó todo lo que pudo hasta tener la carita infantil frente suyo. Le acarició los labios con un beso inocente y le susurró al oído de forma que solo él la pudiera escuchar.

-Me saludas a Neville -le sonrió y siguió a los demás.

-Bueno, eso ha sido divertido

Harry se giró lentamente, sin comprender se quedó mirando a la mujer que le sonreía, ella le guiñó el ojo, de repente miró a James en esa expresión traviesa.

-Tu padre sigue siendo un niño, ve a vestirte para salir, si tienes una túnica nueva mucho mejor porque Augusta es especial para esas cosas -la mujer se recargó contra la pared y sonriente miró a Harry -anda ¿no quieres ir a ver a Neville? No se van a quedar con Albus todo el día

Harry parpadeó un par de veces, cuando la abuela regresó a la estancia, él patinó al dar media vuelta y correr escaleras arriba. Se desvistió lo más rápido que pudo y se metió al closet, las túnicas y ropa muggle comenzaron a volar por toda la habitación, tenía una túnica nueva que Lily le acababa de comprar, el único problema era que no tenía ni idea de donde estaba. Siguió buscando y revolteando hasta que no quedó ropa colgada y solo entonces encontró la túnica, era azul cielo con algunos hilos plateados. Se puso la túnica y un pantalón corto que encontró de paso, habría olvidado su edad en algún punto pero por alguna razón seguía fresco el recuerdo de Snape colgando con la túnica de sombrero y los calzones al aire, Neville no era como su padre pero era mejor prevenir. Se calzó los zapatos nuevos y sonriente regresó con su abuela.

Aparecieron frente a una imponente y tétrica casona después de que Harry convenciera a su abuela de no usar la chimenea, no tenía ganas de perderse sin varita y pareciendo un niño pequeño. Un elfo les dio la bienvenida y guió por el enorme recibidor hacia una gran estancia decorada con motivos igualmente tétricos que el resto de la casa, justo como se la había imaginado, aunque era mejor que la casa de Sirius, eso por mucho. En la estancia los esperaba una mujer mayor, quizá más que su abuela pero no podía decirlo con exactitud, nunca había sido bueno para notar eso y ahora teniendo seis años era mucho peor. Y quizá por la edad que aparentaba pero se pegó a las piernas de su abuela tan pronto un enorme pájaro se lanzó sobre él, aferró más la túnica cuando el ave insistía en avanzar y un par de segundos después maldijo tener seis años, el ave seguía moviéndose y entonces él bajó la mirada hacia la anciana que se quitaba al enorme pájaro de la cabeza, le dio sombrero y bolso al elfo y le pidió que llamara a su nieto. Atónito miró al elfo maniobrar con el ave que parecía más grande que él y se preguntó si sería el mismo sombrero que había dicho Neville que usaba su abuela.

Saludó a la señora Longobottom, no daba tanto miedo sin el sombrero y él la recordaba de cuando había ayudado en la batalla de Hogwarts. El elfo que los había recibido lo llevó a una de las habitaciones del piso superior. Cuando entró se encontró con un niño un poco más alto que él, ¿acaso todos eran más altos que él? Qué clase de herencia le había dado James. Neville le sonrió titubeante y Harry le regresó la sonrisa, no podía dejar de verlo e incluso ahogó un sollozo al recordar como ese niño rechoncho moría convertido en un gran mago. Neville no era tan gordo como su primo Dudley, solo un poco llenito, tenía una cara realmente tierna, nada que ver con él que parecía que siempre pensaba en travesuras. Aunque, no recordaba si Neville era rubio o castaño cuando estaba grande porque ahora era rubio, no le importó mucho y se acercó al otro niño. Se presentó y a pesar de no sentirse como un niño, se sentó con él a jugar. La habitación era grande, en un extremo bajo la ventana estaba una gran cama, el resto eran algunos muebles y juguetes, muchos juguetes.

-Neville -murmuró Harry dejando una figura a un lado - ¿vives solo con tu abuela?

-No, tengo tíos que viven aquí, como mi tío abuelo Algie que me regaló este juego -sonriente señaló las figurillas que se movían

Harry asintió y siguió jugando, tenía que saber qué tanto había cambiado la vida de Neville en esa dimensión y… ¡la cicatriz! Olvidó a los padres del niño y tragó saliva, ahora ¿cómo le preguntaba por la cicatriz? Como Ron quizá, total que Neville tenía seis años, siempre había sido inocente.

-Oye ¿jugamos a las cicatrices? -se le ocurrió algo mejor, le sonrió a Neville cuando desconfiado lo miró -yo te enseño una cicatriz que tenga y tú me enseñas otra

-Solo tengo una -triste se alzó de hombros

-Descuida, ¿es pequeña?

Como respuesta, Neville se levantó el flequillo rubio, Harry se puso a cuatro patas y se acercó a Neville. Embobado miró la pequeña cicatriz que efectivamente tenía forma de rayo pero algo le faltaba, estaba ahí delineada perfectamente, era como si en ese momento se mirara en un espejo y viera su frente… el rayo parecía hecho con un filoso cuchillo o en este caso con un hechizo, pero sentía que algo no estaba bien, sin pensarlo estiró el brazo y tocó la cicatriz, después se sentó y miró al niño.

- ¿Cómo te la hiciste?

Aunque la carita redonda se entristeció, Neville siguió moviendo las figurillas, con la vista fija en ellas comenzó a hablar:

-No recuerdo, dice mi abuela que tenía un año y que me iban a matar pero mi mamá lo evitó

- ¿Murió?

Neville afirmó con la cabeza, Harry sintió que todo daba vueltas.

-Tu papá…

La sonrisa de Neville descolocó a Harry, la carita se iluminó con una mezcla de orgullo y felicidad.

-Es auror ¡y el mejor!

Harry miraba a Neville sin poder hacer algo más que abrir y cerrar la boca como pez fuera del agua. Sacudió la cabeza y volvió a mirar la cicatriz que parecía dibujada, era idéntica a la suya, incluso la obtuvo de la misma manera que él, bueno, casi porque el padre de Neville estaba sano y salvo y al parecer era bueno haciendo lo que hacía. Pero la mente de Harry seguía jugándole malas pasadas y de momento su atención cambio de foco y pensó en lo que él podía hacer o había podido hacer antes de matar a Voldemort y dado que Neville tenía la misma cicatriz por el sacrificio de su madre… sonrió, se puso de pie de un brinco y… volvió a sentarse, necesitaba una varita porque dudaba que el jardín estuviera tan descuidado como para tener lo que necesitaba.

- ¿Sabes dónde hay una varita?

-Mi abuela tiene una

-Sí pero…

-Mi papá otra -siguió enumerando el niño sin comprender, Harry deseó darle una patada porque actuaba como un niño pequeño, después recordó que él sí era un niño pequeño y respiró hondo, pero Neville ajeno a los deseos agresivos de su compañero de juegos, siguió hablando -y mi tío abuelo Algie que está durmiendo la siesta también tiene…

Los ojos de Harry brillaron, ayudó a levantar a Neville y casi lo arrastró fuera de la habitación. Contrario a lo que esperaba, apenas batalló para que lo llevara a la habitación del tío abuelo. Neville se quedó fuera para cuidar la puerta aunque apenas entendía lo que Harry pretendía hacer. El pequeño Potter se tiró pecho tierra en cuanto entró, rápidamente se cubrió la nariz con las dos manos para no estornudar por el olor raro que había, olía a "viejo", los ojos se le llenaron de lágrimas pues con la rapidez para cubrirse, se había estrellado contra el piso. Se arrastró sorbiendo la nariz para no llorar, ni siquiera miraba al mago, le bastaban los ronquidos para saber que seguía bien dormido. Cerca de la cama sonrió, podía mirar la varita esperando ser robada sobre la mesa de noche, se arrastró hasta ahí, se acuclilló y con la vista fija en la cama, agarró la varita, la metió entre su túnica y reptó hasta la puerta.

Con una gran sonrisa tomó la mano de Neville y por la cocina salieron al jardín.

Sin avisar o explicar, Harry sacó la varita ante la estupefacta mirada de Neville.

-No debes agarrar la varita de los mayores -susurró el niño, Harry solo le sonrió y movió la varita.

- Serpensortia

Neville dio un grito al ver la enorme cobra que escupió la varita del tío abuelo, Harry dio un brinco hacia atrás, él no quería una serpiente tan peligrosa o grande. Maldijo la varita defectuosa, si le dieran la suya, todo estaría bien.

-D-dile que no… que no se mueva -masculló Harry mirando a Neville pero él estaba petrificado -N-neville por-por favor, tú… tú puedes… -Harry se empezaba a desesperar, escuchaba sisear a la serpiente o por lo menos lo imaginaba pero no entendía nada - ¡demonios Neville, dime qué dice!

- ¡Las serpientes no hablan! -gritó Neville en medio de un chillido.

La cobra se irguió, estaba mucho más alta que ellos dos o al menos el corazón que intentaba escapar por su garganta distraía lo suficiente a Harry como para mirar bien y menos le ayudó al ver como ensanchaba la parte trasera de su cabeza. Harry sintió los pies anclados a la tierra, aterrado miraba como la cobra iba sobre Neville. Escuchó que alguien gritó y entonces la cobra desapareció, ni siquiera pudo guardar la varita que tenía en la mano cuando llegó su abuela. Miró los ojos avellana fijos en él pero seguía sin poder moverse, la señora Potter le quitó la varita. No dijo más y lo levantó en brazos.

En la estancia, la señora Longbottom intentaba interrogar a su nieto pero él estaba aterrado y solo balbuceaba entre sollozos. Harry poco a poco se fue recuperando, lo primero que miró fue a Neville escondido entre los brazos de alguien, levantó la mirada y por alguna razón sintió ganas de llorar. Un hombre lo miraba, por un momento pensó que era James pero al mirarlo bien se dio cuenta de que ni siquiera se parecía, el nudo en la garganta se le pasó y respiró hondo, ese hombre debía ser el padre de Neville.

- No entiendo por qué habría una cobra aquí -dijo el hombre aún con Neville en brazos, Harry se removió incómodo y la mirada de su abuela lo hizo ver al piso, ni siquiera quiso pensar en dónde estaría la varita.

-Creo que fue demasiado para el pequeño Neville -dijo de pronto la señora Potter, los otros dos adultos asintieron al mismo tiempo.

-Para Harry también -suspiró el hombre, Harry se sintió peor.

-Sí, claro…

La señora Potter se puso de pie lentamente, dejó a Harry en el piso y le tomó la mano.

Salieron en silencio de la estancia, pero tan pronto abrió la puerta principal la volvió a cerrar, empujó a Harry arrojándolo contra la pared, el niño se golpeó la cabeza, con los ojos llenos de lágrimas se sentó y miró a su abuela pero ella tenía la varita en ristre.

-Regresa a la estancia Harry ¡Frank! ¡Ve a la…! -la mujer intentó girarse hacia Harry pero justo en ese momento tres rayos atravesaron la gruesa puerta de madera, uno de ellos impactó en el pecho de la señora Potter.

- ¡Abuela! -gritó Harry, gateó apresurado hacia ella.

-Tranquilo, Frank -tomó la mano que le extendía el auror y se puso de pie -conté cinco, al parecer rompieron la protección de la casa por un lado, uno de ellos brincó por ahí

-Concentraron los encantamientos en un lugar pequeño para poder romper algo -explicó, revisaba por una ventana -hacen lo mismo -regresó a la puerta y la miró -así lograron esto, quizá fueron ellos los de la cobra -volvió a espiar por la ventana por lo que no notó la mirada severa que dirigió la abuela Potter a su nieto -se habían tardado, señora Potter, tiene que salir de aquí, abrí la chimenea

-Todavía puedo luchar muchacho -cuatro rayos más se impactaron en la puerta

-Lo sé señora, pero tiene que ver por los niños, mi madre está en la estancia con Neville, vayan a un lugar seguro -empujó a la mujer a la estancia, la señora Potter arrastró a Harry justo en el momento en que la puerta se venía abajo.

Cinco mortífagos irrumpieron con violencia, el auror Longbottom los enfrentó pero no tardaron en ganar terreno. Harry escuchó una risa maniática llenar la casa, la había escuchado antes pero ésta vez si la reconoció, quiso regresar pero su abuela lo mantenía bien sujeto, buscaba los polvos flú. Deseó pisarla y salir corriendo para enfrentarse a la desgraciada de Bellatrix Lestrange, pero no podía hacerle eso a su abuela, no después de lo que había pasado con Sirius. Se estremeció al escuchar gritar al padre de Neville.

La puerta se abrió y su abuela se puso delante de él, dos mortífagos atacaron al instante pero aunque la señora Potter era mayor, pudo con ellos, era hábil pero ellos dos. Un rayo le rozó el hombro mientras en el piso superior Neville daba un grito, intentó correr pero la fuerte mano que lo aferraba del brazo se lo evitó. Se armó un escándalo en el piso superior, en el recibidor el padre de Neville seguía gritando y su abuela sangraba mientras él solo miraba, se retorció del agarre pero no pudo soltarse.

-Ve a la chimenea y…

- ¡No! -Harry la interrumpió, lloraba sin darse cuenta.

-Obedece, ve a casa, de ahí manda una lechuza…

- ¡No, no, no! Dame tu varita puedo ayudar, abuela por favor yo puedo…

-James no me lo perdonaría -sonrió, mandó a volar a un mortífago pero el otro le lanzó un rayo a la pierna que solo le rozó –de nuevo- haciéndole una gran cortada -y yo tampoco, solo tienes diecisiete, yo ya he vivido más -repeliendo hábilmente los ataques y cojeando un poco, empujó a Harry hasta la chimenea, arrojó los polvos flú y gritó.

Harry ni siquiera intentó salir, gran parte del piso superior se venía abajo envolviendo el lugar en una nube de polvo en la que solo alcanzó a mirar rayos de colores volando hacia todas partes cuando las llamas esmeralda lo cubrieron. No miraba los cientos de chimeneas que pasaban frente a él, ni siquiera sentía el hollín en sus ojos, seguía mirando a su abuela a punto de ser cubierta por el piso superior de la casa Longbottom y más lágrimas bañaban su rostro sucio. Poco después salió despedido hacia el pulcro piso de la estancia, se fue de bruces al intentar pararse y ahí se quedó sin moverse llorando a mares, sentía que el pecho le iba a explotar, dejó salir toda la ira que podía envolver a un niño pequeño y pataleó hasta que sintió entumecidos los dedos de los pies que impactaban en el piso. Después se levantó y corrió al despacho de James donde garabateó en un trozo de pergamino, sorbió la nariz y se la limpió con el brazo mientras envolvía el pergamino con un cordel.

- Por favor -sollozó mirando a la lechuza -llévaselo a mi papá, dáselo a James Potter rápido, lo más rápido que puedas.

Miró al ave hasta que se le perdió de vista, regresó al sillón en la estancia y se hizo bolita, no podía hacer más que esperar. Se abrazó las piernas y siguió llorando, Hogwarts estaba demasiado lejos. Hipó un par de veces, las lágrimas siguieron saliendo, se sentía indefenso, solo y en una casa tan grande.

- ¡James, llegué!

Harry se enderezó en el sofá, no conocía la voz, miró hacia todas partes, nada para defenderse. Se le escapó un sollozo mientras bajaba, a paso lento fue al recibidor.

- ¡James! ¿Hay alguien?

Harry asomó la cabeza, en el centro del recibidor un mago se quitaba una capa de viaje, se ajustó unas gafas y miró a su alrededor. De cabello cano, alto y elegante, el mago se sacudió la túnica y mientras se enderezaba, miró a Harry, le sonrió pero el niño llorando aún se encogió contra el marco de la puerta.

-Debes ser Harry y por tu cara no sabes quién soy ¿qué pasa, por qué lloras? ¿James es tan malo? -seguía sonriendo, una sonrisa despreocupada y pícara. Se acuclilló a poco de Harry y le extendió una mano -soy Charlus Potter y…

Harry no esperó más aclaración, le bastó con el "Potter" para lanzarse a los brazos del mago. Él lo abrazó divertido, se irguió con Harry en brazos e intentando tranquilizarlo, comenzó a palmearle la espalda y pasar su mano por la pequeña cabeza que se estremecía con el llanto. Harry balbuceaba desesperado pero el hombre lo interpretaba como acusaciones contra su padre, justo como hacían los niños con sus abuelos. Con Harry en brazos se paseó por gran parte de la planta baja sin encontrar a alguien.

- ¿Te dejaron solo? -se sentó en el sillón donde Harry había estado llorando.

Con la pregunta, Harry reaccionó, ni siquiera tuvo tiempo de avergonzarse por estar en brazos de su abuelo, se giró y de un brinco bajó al piso.

-Tienes que ir a la casa Longbotttom, atacaron, estaba con mi abuela allá y me mando por chimenea para acá, tienes que ir a ayudarla. Mandé una lechuza a mis padres pero están en Hogwarts y no sé cuánto tardarán, por favor, ve -había hablado sin descansar, respiraba entrecortado por el esfuerzo y los sollozos involuntarios -me quedaré aquí, por favor ayúdala

El señor Potter se levantó, un mundo de preguntas acudieron pero no hizo ni una, solo corrió fuera de la casa, Harry pudo ver por la ventana como desaparecía. Un poco más tranquilo regresó al sillón, al menos ya no se sentía como un niño abandonado, no, ahora la parte adulta-adolescente hacía acto de presencia y comenzó a culparse, ahora podía notar un patrón en los ataques, cada vez que robaba una varita pasaba algo malo, de alguna forma los mortífagos hacían acto de presencia… pero, pero cuando habían ido con los Weasley él nada había hecho, ni siquiera robado una varita, entonces en esas ocasiones Peter tenía que ver, él iba con el chisme. No le importó que no tuviera sentido, simplemente tenía que culpar a alguien, se acurrucó y se quedó mirando la pata rayada que tenía el sillón frente a él, todo daba vuelta en su cabeza.

- ¡Harry! -dio un brinco, rodó sobre sí y cayó al piso, algo desorientado se sujetó la cabeza que empezaba a punzarle, se había quedado dormido - ¿estás bien? -le sonrió a la pelirroja que lo levantó pero cuando su vista atrapó unos ojos avellana, corrió hacia ella, se sintió extraño abrazando las piernas de Ginny pero no le importó

- ¡Mi abuela! -se separó de Ginny y miró alrededor, tragó saliva al mirar a James sentado pensativo en el sillón de una plaza, se acercó lentamente - ¿James? -apenas susurró, tenía un hoyo hecho de mariposas en el estómago.

El hombre separó la cabeza de sus manos con lentitud, tenía una mirada que a Harry le removió todo, las lágrimas volvieron a brotar de sus ya ojos rojos . En silencio, James se quedó mirando a Harry y el niño esperaba que el adulto brincara sobre él, peor se sintió cuando James respiró hondo y una solitaria lágrima rodó por su devastado rostro.

- Creí…

-No… no robé… ni-ninguna varita -sollozó.

Y al diablo el adolescente-adulto que había estado intentando mantener a raya al niñito. Grandes chorretes de lágrimas marcaban el rostro cubierto de hollín. James levantó el sucio rostro, se quedó mirando a los ojos verdes por un momento, después abrazó a Harry tan fuerte como pudo. Lo separó lentamente y volvió a verlo a los ojos.

-Creí que habíamos superado la etapa de llamarme por mi nombre

Harry lo miró un segundo, después soltó el llanto más fuerte.

-Tranquilo, tranquilo, tu abuela es un hueso duro de roer, mandó al hospital a los mortífagos antes de llevarlos a azkabán, si mi padre no hubiera llegado a tiempo…

- ¿En verdad? -esperanzado levantó la carita cubierta de manchones, sonrió ante el asentimiento de su padre, seguía abrazado a él por lo que se separó de un brinco al ver como la expresión de James cambiaba drásticamente, intentó apartarse pero el hombre estaba listo y logró detenerlo de la mano.

-Ahora me vas a explicar qué demonios hacían en casa de los Longbottom, te dije que te portaras bien

- ¡Lo hice, lo hice! -gritó Harry, el adolescente se había llevado la tristeza y despreocupación infantil, ahora solo podía mirar la ira asesina de James -mi abuela me llevó, ¡ni siquiera me dio oportunidad de chantajearla! -exclamó desesperado, guardó silencio un segundo, abrió los ojos como platos y se jaló con más fuerza

- Chantajearla…

- ¡No, no, no, no, James por favor!

James tironeó un par de veces, sonreía pero Harry gritaba demasiado como para poder darse cuenta.

-Creo que te daré una nalgada cada vez que me llames por mi nombre, es como si ni me conocieras

- ¡Si te quiero mucho Papá!

-Ya James, deja de jugar con él -escuchó la risa frente a él, el abuelo Potter se sentó junto a Remus, parecía divertido

-Se lo merece -rió James, lo soltó después de tirar un poco de él -temprano mamá se puso como nunca y todo gracias a él

Harry se sobó la mano aunque no le dolía, aun podía sentir los dedos de James. Boquiabierto miraba la conversación tranquila, todos estaban cubiertos de tierra, Remus y Ginny tenían algo de sangre seca en sus ropas, James solo estaba sucio y se burlaba de él, todo había sido una burla, incluso… ¿también el abrazo tan desesperado que le había dado? Y entonces las hormonas de sus diecisiete años pusieron todo de cabeza de nuevo, sintió algo caliente subiendo desde sus pies, llenarlo completamente y explotar en su cabeza. Ginny que lo conocía lo suficiente guardó silencio al mirarlo, pero Harry solo podía mirar rojo, dio una patada al piso, dio media vuelta y subió a su habitación sin hacer caso a los gritos de Lily que lo regañaba por alguna razón que no escuchó, llegó arriba y estrelló la puerta. Furioso consigo mismo por dejarse llevar, comenzó a pasearse por la habitación.

- ¡Lárgate! -gritó a la puerta.

Por un momento sintió que el corazón se le detenía al mirar una pelirroja cabellera asomarse, después de comprobar que los ojos que lo miraban no eran como los suyos y que no estaban molestos, volvió a respirar normal, pero no detuvo su ir y venir. Ginny se sentó en la cama y solo lo miró, un par de minutos después, Harry se frenó justo frente a ella.

- Sabes lo que a tu madre le habría molestado…

-No importa, ya estoy harto Ginny, me tratan como un niño pequeño y a veces me lo creo, dejo que… ¿Neville está bien? -ansioso esperó, continuó cuando ella asintió -dejo que todo empeore, si sigo así no podré hacer nada y Voldemort toma poder, si hubiera tenido mi varita esto no habría pasado

-Harry, intenté pedirle al profesor Dumbledore que te regresara la varita pero dice que tiene que revisar unas cosas en ella, creo que empieza a tener teorías sobre…

-Todo con él son teorías, yo necesito mi varita y encontrar los horrcruxes

-Harry pero… tienes seis años

Harry seguía con su ir y venir, se detuvo un segundo, miró a Ginny y siguió caminando.

-Hoy no, debemos aprovechar que pienso como debe ser -sonriente corrió hacia la cama, brincó un par de veces para agarrar impulso y poder subir, ya en la cama brincoteó con una gran sonrisa para después sentarse tranquilamente. Ginny se quedó mirándolo, tragó saliva, no parecía tener más de seis años -iremos por mi varita

- ¿Robársela al profesor Dumbledore?

-Claro que no, es imposible, esta noche después de la cena nos escabulliremos y me llevarás a…

-No, no, no, no te llevaré a ninguna parte, ya tengo suficiente con no caerle bien a tu madre como para que repentinamente decida envenenar mi comida porque te arriesgo.

Harry la miró con la boca abierta, no comprendió ni una sola palabra. Le quitó importancia con un movimiento de la mano.

-Mi mamá nunca haría eso, si no me llevas me iré yo solo

-Harry…

-Aunque me acuses, encontraré la forma de irme, necesito mi varita y después averiguaremos sobre los horrcruxes

-Harry por favor…

-En el callejón diagon no hay mucha vigilancia, en la noche Ollivanders debe estar…

-Pretendes escabullirte a Ollivanders y buscar en miles de cajas para encontrar tu varita…

- ¡Exacto!

-No te llevo -sentenció la pelirroja, se puso de pie, alisó su túnica y salió.

-No me esperaba eso -murmuró pensativo, miró la ventana, estaba demasiado alto como para simplemente salir.

Aunque durante la cena, James aseguró que dormiría con Harry, él ni siquiera se molestó con Ginny por haberlo echado de cabeza porque de hecho le interesó más el saber por qué James no le había dicho a Lily por más que le preguntó.

Fue una gran sorpresa para Harry cuando en lugar de ir a la habitación de huéspedes cuando Lily lo mandó a dormir, que James lo llevara a otra habitación ya que sus abuelos se quedarían esa noche.

-Aquí debiste dormir desde el primer día -sonrió James y abrió la puerta.

Lentamente y en silencio, Harry entró a la habitación que había estado prohibida, ya no era una habitación de bebé y aunque no era completamente infantil, le agradó, así se había imaginado su habitación cuando era niño. Las snitch entraban y salían desde la cenefa en la parte de arriba de las paredes, una roja, otra dorada y las demás solo blancas. Había una litera junto a la pared, un escritorio frente a la ventana, una televisión, un sofá y un enorme radio. Su madre había tenido que ver con la televisión, estaba seguro. Sonrió al mirar un rincón repleto de cojines rojos, dorados y blancos, en algunos un león rugía en silencio al menos y entre los cojines encontró los únicos juguetes de la habitación, cuatro peluches, un enorme perro, un ciervo con imponentes cornamentas que era más grande que el perro, un lobo castaño más grande de lo normal y una pequeña rata. Fuera de la rata, era la mejor habitación que podría imaginar.

-Es…

-No sé si será de tu agrado pero fue lo mejor que pude hacer, Lily ayudó un poco o casi nada, solo puso la tevelisión esa

-Televisión -corrigió Harry extasiado, sonreía como un niño pequeño - ¡me encanta, gracias! -se abrazó a su padre y corrió a la cama - ¡pido la de arriba!

Olvidó todo, que tenía diecisiete años o que pretendía escapar de una casa protegida y salir a un lugar en el que los mortífagos parecían aparecer sin ton ni son, no se acordó de robar su varita o buscar los horcruxes, subió las escaleras lo más rápido que pudo y sentado sobre el colchón se puso a brincar. James sonrió al mirarlo, tomó algunas fotos y se quedó mirándolo hasta que llegó Lily.

- ¡Harry por Merlín bájate de ahí!

-Pero…

- ¡Ahora mismo! -molesta se acercó a la cama -y dormirás abajo

-Pero…

- ¿James?

El aludido balbuceó algunas palabras, sonrió, señaló la cámara fotográfica y salió de la habitación. Harry seguía con un mohín pero Lily lo bajó con cariño y acostó en la litera de abajo, le susurró muchas razones para no dormir en la litera de arriba, lo besó y acarició, incluso le cantó una canción que por un momento lo hizo salir de los seis años, pero nada hizo por apartarse, se giró con los ojos cerrados para que no lo viera llorar. Se quedó quieto mientras Lily tenía un momento materno y esa canción le recordó lo que tenía que hacer y haría en cuanto James subiera a dormir.

Dormitó un par de veces para cuando estuvo seguro de que James se había dormido, bajó de la cama con cuidado y maldijo cuando la cama de arriba rechinó, se frotó un ojo con una mano y con la otra se despeinó, pisaba irregularmente, pero antes de salir fue al rincón con los cojines, recogió la rata de peluche y fue al baño, se sentó sobre el inodoro y esperó, miraba el peluche que tenía en las manos, bajó de un brinco y levantó la tapa del inodoro, no, era un peluche demasiado grande así que volvió a bajar la tapa y se subió, se paró de puntillas estirándose todo lo que podía pero ni así pudo alcanzar la ventanita sobre el inodoro. Afuera escuchó cerrarse una puerta así que bajó del inodoro, apuntó y arrojó el peluche, pero este era demasiado ligero. Miró la rata, deseó arrancarle la cabeza, pero esta no era la original.

- Ya sé -sonrió con la mirada en el peluche, levantó la tapa del retrete, dejó en el interior el peluche y se bajó el pantalón, se dispuso a hacer sus necesidades asegurándose que el peluche quedara bien mojado, lo agarró con cuidado, retrocedió unos pasos y lanzó.

Deseó gritar "canasta" como en un juego de basketball pero se conformó con un extraño baile, satisfecho, bajó la palanca, se subió el pantalón y se lavó las manos antes de salir. El pasillo estaba vacío así que fue a la habitación principal, con todo el cuidado que pudo abrió la puerta. Ginny y Lily compartían la cama aunque cada una estaba envuelta en cobija diferente, por un momento se quedó mirando todo lo que se parecían, agitó la cabeza para despejarse y siguió su búsqueda.

No tenían por qué ocultarlo así que no debía estar muy escondido, sonrió por la lógica de su padre cuando abrió el primer cajón que miró, metió la mano, había extrañado mucho la textura. Se cubrió con la capa de su padre y salió de la habitación. El pasillo seguía vacío así que con tranquilidad fue a las escaleras, bajó más lento de lo que le habría gustado, era difícil maniobrar con una gran capa y bajar las escaleras sin caerse. Suspiró cuando pudo lograr llegar abajo.

- ¿A dónde vas pequeño?

Se detuvo por instinto, miró a todas partes pero estaba solo, siguió hacia la puerta principal, puso la mano sobre la perilla cuando la voz se acercó.

- ¿Harry? Anda sal de ahí y ven, tengo chocolate caliente

Sin creerlo miró a su abuelo que regresaba a la estancia, se pensó en seguirlo o continuar con sus planes, quizá solo lo hacía para probar si estaba ahí porque había escuchado algún ruido.

-Harry, iré a decirle a tu padre que robaste su capa de invisibilidad

Harry se acercó a la puerta que daba a la estancia, sin creerlo se quedó mirando las dos tazas que estaban sobre la mesa del centro, en el sofá de dos plazas su abuelo sonreía y lo miraba directamente a los ojos, se preguntó si la capa seguiría sirviendo o solo llevaba una sábana encima. Se descubrió la cabeza y bajó la mirada, la capa servía, no podía ver su cuerpo, se terminó de quitar la capa y fue hacia su abuelo.

- ¿Cómo hacen eso? -preguntó al momento en que se sentaba, recordaba al profesor Dumbledore y su recuerdo se afianzó cuando su abuelo solo le sonrió.

- ¿Excursión nocturna?

-Tengo cosas que hacer

-A escondidas…

- James me limita

- ¿James? ¿Sabes que suenas muy grosero llamando a tu padre por su nombre?

Harry miró al hombre que le sonreía, no supo que decirle así que solo se llevó la taza a los labios con la primera intención de solo desviar el tema pero terminó tomándose casi todo el chocolate.

-Tengo cosas que hacer, no puedo simplemente quedarme aquí y jugar a ser un niño por mucho que quiera hacerlo, Voldemort debe dejar de tomar poder

-Entiendo -el hombre asintió pensativo, tomó un sorbo de chocolate sin apartar la mirada de Harry -estuve hablando con mi esposa y llegamos al mismo acuerdo

El abuelo Potter volvió a tomar chocolate, se recargó en el respaldo y siguió mirando a Harry por largos minutos mientras el niño no se separaba de la taza, la vació y con cuidado la dejó sobre la mesa.

-Tengo algunas condiciones -cruzó los dedos de las manos y se inclinó un poco -no quiero volver a escuchar que llamas a tu padre por su nombre y yo te ayudaré a conseguir esa varita

Harry se quedó mirando a su abuelo, apenas entendía lo que le estaba diciendo. Bajó la mirada cuando el mago estiró la mano.

- ¿Trato?

-Con solo decirle papá a James, ¿me llevarás y ayudarás a meterme ilegalmente a Ollivanders? -le sonaba estúpido así que se quedó mirando a su abuelo, el anciano sonrió divertido

-Y deberás hacer algunas cosas más cuando te las diga, ¿aceptas? Se nos va la oscuridad

Harry se apresuró a estrechar la mano de su abuelo, quizá él podía ayudarle a encontrar los horrcruxes, lo que sea que fueran esas cosas.


P.D... Espero señales de vida...