Capítulo 8: El Rey del infierno.
Al entrar en la habitación la pelirroja sintió una pequeña punzada en la mente, se sentía extraña como si aquel lugar ya lo conociera, por algún tipo de razón extraña le era muy familiar aquel gran despacho… Había un hombre sentado en un gran sillón negro, la pecosa no pudo verle bien ya que el hombre se encontraba de espaldas a ellos. El despacho no era el típico despacho, este desprendía un ambiente tenebroso y algo oscuro. Al fondo habían varias estanterías repleto de libros, con mucho polvo como si nadie los hubiera usado desde hace décadas, las paredes llenas de estanterías con velas que alumbraban el gran despacho, por las esquinas de las habitaciones se podía apreciar unas pequeñas telarañas. Finalmente en el centro se encontraba el escritorio con él aun dándoles la espalda.
Hola hija mía. – Hablo con un tono serio y severo mientras se giraba para observarla. Aun que con la poca luz que había aun no se podía apreciar el físico ni el rostro del hombre.
No soy su hija – Le contesto
Sin duda alguna lo eres, te pareces tanto a mí que no hay duda. – dijo sin vacilar.
No lo soy.- Dudo un poco al contestarle. Aquel hombre no le hizo falta elevar la voz para transmitir respeto y miedo.
No puedes negar lo que es evidente- le contradijo.
Se incorporo para salir del escritorio, con pasos lentos y seguros se acerco a ella. Su vestimenta era oscura, su camisa negra a juego con sus pantalones negros tenían la cabeza de una serpiente dibujada alrededor del cuello hasta llegar al pecho, la otra extremidad de la serpiente bajaba hasta continuar por el pantalón finalmente su cola acababa enroscada en su pierna derecha. La ropa era ajustada y se ceñía a su cuerpo perfectamente, unas cadenas de hierro que enganchaban desde el bolsillo hasta la cintura del pantalón donde una pequeña llave colgaba de aquella cadena. La ropa dejaba notar una excelente forma física del hombre, apenas aparentaba unos 30 años. Era igual de alto que la pecosa, su pelo negro como la noche le llegaba por el cuello, su flequillo a pesar de ser largo no tapaba sus ojos. La pecosa poso sus ojos en las alas negras que salían de su espalda. Los ojos rojizos del hombre mostraban poder y seguridad, sin dudarlo la miro fijamente.
Tienes los ojos de tu madre – le dedico una pequeña sonrisa inusual en el.
Que…. ¡No soy tu hija! Mis padres murieron en un incendio – le Grito. El hombre frunció el ceño, alargo su mano cogiéndola de la camisa y sin ver una pequeña piza de duda en sus ojos, se la arranco. Ella dio un grito asustada y rápidamente se tapo el pecho con los brazos. El señor alado le obligo a darse la vuelta
A esos que llamas padres no son tus padres biológicos. Esta marca que tienes, es la que tengo yo en la espalda. – gruño.
Mi padre también tenía una marca – contesto. - Pero si en realidad me está diciendo la verdad, demuéstremelo con pruebas médicas. Si de verdad soy su hija, lo aceptare.
Está bien. – Le contesto sin pensárselo. – Ryuku trae una nueva camisa - le ordeno
Nerumi… llámame Nerumi – le dijo con un poco de ellaedo
Está bien, solo hasta demostrarte que eres mi hija. – Le dijo sin mirarla. A los cinco minutos Ryuku entro con una camisa negra. Se la tendió a la princesa
Aquí tienes, Hime-sama – agacho la cabeza en muestra de respeto
Gracias. – Le contesto.
Hija vamos sígueme. – dijo mientras caminaba hacia la puerta, ella le siguió mientras se colocaba la camisa.
Empezaron a caminar por un largo pasillo hasta llegar a unas escaleras, bajaron por ellas para luego entrar a una pequeña sala. Allí no corría mucho aire, parecía un pequeño laboratorio Había estanterías por todos lados con botes llenos de fetos… o eso parecía aunque la pecosa no tenía intención de preguntar que era.
Por cierto…. Señor…. ¿cómo puedo llamarle? – Hablo dudosa y con temor.
Padre … que para eso eres mi hija.- contesto
Pero aún no es seguro – intento contradecirle.
Llámame Lucifer. – Gruño de mala gana. - ¡LARA! – Sin más una pequeña diablesa con unos pequeños cuernos en la cabeza apareció de la nada enfrente a ellos, inmediatamente se inclino ante Lucifer pero con torpeza tropezó cayó al suelo.
¡L-lo siento! ¡Majestad! - se disculpo temblorosa.
Levántate. – le ordeno con voz tenebrosa
¡Si señor! – se levanto rápidamente.
Quiero que nos hagas unas pruebas a mí y a Nerumi para hacerle ver que ella es mi hija. Así que hágalo ya – Ella enseguida se puso manos a la obra, de un cajón saco dos jeringuillas y dos botes pequeños junto con una goma elástica.
Lucifer-sama… ¿puede sentarse aquí por favor? – pregunto dudosa mientras le señalaba una silla al lado de un escritorio. Él asintió
Extienda el brazo y apriete el puño, majestad- Lucifer sin queja alguna hizo lo que le pido la chica.
La diablesa ato la goma alrededor del brazo pero por encima del codo de Lucifer apretando fuerte para poder hacer visible la vena. Después de esterilizar el brazo y la aguja, pincho sin miedo extrayendo un poco de sangre, para finalizar coloco la sangre en un pequeño tubo de ensayo. Al poco se acerco la pelirroja con ojos temblorosos y sin rechistar se dejo hacer.
Tardare unas horas en dar los resultados- anunció Lara.
¿Cuánto?- exigió saber Lucifer
Pues quizá una hora o dos... – dijo temblando.
Al terminar salimos de nuevo al pasillo, volviendo de nuevo al despacho, con sorpresa para la pecosa al volver vieron unos sofás con una pequeña mesa enfrente. Cansada suspiro, la cabeza de la pecosa aun seguía dando vueltas, su cabeza estaba llena de pensamientos sobre el pecoso y el resto de sus amigos. "¿Qué estarían haciendo? ¿Estarán bien?"
Lucifer se acerco al sofá sentándose, la miro para hacerle unas indicaciones para que se sentara junto a él.
Ven, siéntate aquí a mi lado- ordeno dando unos pequeños golpes en el sofá. Sin rechistar se sentó donde él indico. Temblorosa desvió la mirada, los ojos de aquel hombre la inquietaban. - Dentro de una hora veras la realidad
Aunque el resultado sea el que me dices, no cambiara nada, los que me criaron murieron y esos serán mis padres.- Le contesto.
Cambiaras de opinión – dijo con total seguridad
No, además no pienso…- pero entonces le miró fijamente a los ojos.
¿No piensas que? ¿quedarte aquí? ¿Quieres volver con esos que llamas "amigos"? – le corto.
Yo… yo…- no consiguió pronunciar palabra
Contéstame. – ordeno.
Yo quiero irme con ellos… - contesto temblando. Hubo unos minutos de silencio entre ambos.
Duerme un poco, pareces agotada. – dijo con una voz más serena.
Se levantó del sofá y se sentó en la silla del escritorio. Como si fuera una orden la joven se tumbo en el sofá a pesar de cerrar los ojos no podía dormir, aun su cabeza pensaba en él. Lucifer la observaba en silencio, soltó un pequeño suspiro, sabía que su "hija" no se había dormido, y por la cara que tenía parecía no poder hacerlo. Se acerco a ella y poso su mano en su cabello, se acuclillo enfrente de ella, ella abrió los ojos observándole en silencio. Él simplemente acaricio su pelo mientras brotaban unas pequeñas palabras de sus labios en un idioma totalmente desconocido para la pelirroja. Los ojos verdes de la joven empezaron a cerrarse, ella no pude entender el por qué pero un pequeño sueño se apoderaba de ella, finalmente sin resistirse más cayó en un profundo sueño.
Al cabo de un tiempo la joven pirata abrió los ojos, se desperezo y observo el cuarto, desorientada y sin tener la menor idea de que hora era, se levanto y volvió a observar el lugar percatándose que se encontraba en su camarote del Sunny. Abrió mucho los ojos incrédula, "¿Cuándo he llegado aquí…?" ese pensamiento se le pasaba una y otra vez por la cabeza. Desconcertada salió rápidamente a cubierta.
¡CHICOS! ¡ACE! ¡ya estoy aquí! ¿Dónde estáis? – Grito
Pero no había nadie a pesar de que busco por todos lados no encontró a nadie, suspirando volvió por sus pasos de nuevo al los camarotes, de pronto una voz familiar la llamo.
Nerumi! – grito Ace.
A aquí estabas, ¿Dónde te habías metido? ¿Y los demás?
En la cocina. – dijo sonriendo el pecoso
Pero si he ido allí y no había nadie. – contesto extrañada
Que dices, te habrás confundido de sitio venga vamos que están todos allí esperándonos.- Le agarro la mano con fuerza y tiro de ella para que le siguiera.
Espera. – le dijo la pecosa, él se giró y se abalanzó encima de ella. Sin dejarla protestar la beso.
Se dirigieron hacia la cocina. Al entrar se encontraban todos felices de volver a verla, se abalanzaron hacia ella.
¡Vamos a dar una fiesta por tu regreso!– grito Luffy
¡Te hemos echado de menos! – dijo Nami
Yo también os eche de menos a todos.- Dijo sonriendo.
Mi segunda pelirroja, te he preparado un montón de comida - el cocinero parecía el mas feliz.
Gracias Sanji – la pelirroja rió
Enseguida montaron en la cubierta una mesa donde Sanji sirvió la comida, todos empezaron a cantar y a bailar mientras Brook tocaba el violín, esta vez la pelirroja se unió a ellos. Pero sin más el cielo oscureció y una sombra se abalanzó contra ellos, provocando un pequeño temblor en el barco, todos acabaron en el suelo. Ace se tiró encima de la pecosa protegiéndola, del susto la pecosa cerró los ojos abrazándose al pecoso.
Abrió los ojos al notar algo húmedo en la espalda del joven pirata, se llevo las manos a la altura de los ojos, de pronto se quedo pálida, tenía las manos llenas de sangre, miro al pecoso, su cara mostraba palidez y dolor.
La pecosa observo al resto, todos tirados en el suelo con heridas graves….
¡Chicos! – Dijo mientras le caían las lágrimas - ¡ACE!
Quito a Ace de encima y comprobó su respiración, aun respiraba, hizo lo mismo con todos. El único que estaba vivo era Ace… Estallo en llanto tapándose la cara mientras gritaba el nombre del pecoso.
Tú nos has traicionado- dijo Ace casi sin aliento.
¡Pero qué dices! Yo no hice nada, no fui yo – Dijo llorando
Si… lo has hecho tu…. – el joven pecoso soltó su último suspiro cerrando los ojos para no abrirlos más.
¡Noo! No te mueras Ace no me dejes sola – Grito desesperada. Entonces una mano me toco el hombro.
Buen trabajo. – dijo una voz siniestra.
Sobresaltada se levanto, estaba sudando, aturdida aun observo de nuevo el lugar, volvía a estar en el despacho… todo había sido una pesadilla…
Todo ha sido una pesadilla….- se dijo para sí misma.
Lucifer entro junto con la diablesa en la habitación, la observaron unos segundos mientras Lara, la diablesa le saludo respetuosamente.
¿Ya están los resultados? –le pregunto mientras se levantaba
Si- contesto Lucifer
¿Y? – le dijo
Eres mi hija. – Le contesto
No….nooo…..- se puso pálida.
¿Aún te niegas aceptarlo? –Le pregunto
Yo yo…no puede ser…-le dijo
Pues así es hija, hazte a la idea de que no eres hija de esos humanos. – Le contesto.
¿humanos?... ¿estás intentando decirme que no soy humana? – pregunto
Pues claro que no eres humana. Eres mi hija y yo soy un demonio, más bien soy el rey de los demonios. – Le contesto.
No. Mientes. – le dijo
Puedo demostrarte que eres como yo.
¿Cómo? – pregunto
Mira, solo tienes que concentrarte, piensa como si intentaras sacar alguna parte del cuerpo de algún agujero pero mandando toda tu concentración en la espalda. – Le ordeno, ella obedeció
Empezó a notar un cosquilleo en la espalda hasta convertirse en dolor. La pecosa noto como en su espalda como algo si algo le trepara por la espalda rápidamente se toco una parte de la espalda, hasta donde sus brazos le permitían llegar, unas plumas le salían de la camiseta que ahora tenía raspada por detrás se miro a los lados viendo unas alas negras. Resignada aceptó la noticia.
¿y ahora como las escondo? –le pregunto
De la misma forma. – Le contesto. A lo que lo volvió hacer pero esta vez no ocurrió nada
No funciona. – le dijo
Sigue intentándolo. – Le dijo mientras me miraba las alas
Nada. Ahora tendré que llevarlas así .- Dijo suspirando
Bueno yo las llevo así – Le dijo mientras se sentaba en la silla.
¿y qué piensas hacer conmigo? – le pregunto
Solo quiero conocerte mejor y ejercer de padre. –contesto
¿Ahora? ¿y qué pasa con estos 18 años? ¿Por qué cuando nací no te ocupaste de mí? No lo entiendo ahora vienes a obligarme a quedarme contigo y en su momento me abandonaste. – se quejo
Tu madre se fue contigo y te oculto de mí. – Le contesto
¿Mi madre? ¿Quién es mi madre? ¿está aquí? – le pregunto
No, tu madre no está aquí, ella es un Ángel. – dijo mientras desviaba los ojos.
Vaya eso es nuevo. Un ángel y un demonio… soy mitad ángel y mitad demonio que bien – Dijo irónicamente
Si – afirmo.
¿y se me está permitido salir y estar con mis amigos? – Pregunto suspirando
Llámame padre. – le exigió
Está bien, padre….
Te dejare ir a donde quieras con una condición – Le dijo
¿Cuál? – le pregunto
Que vengas a visitarme de vez en cuando y mantengamos una relación de padre e hija- Le contesto
Está bien – acepto con mala cara. – ¿puedo irme ya padre?
Sí. Ten cuidado. – Le contesto- a una cosa más. Ryuku ira contigo.
¿Cómo? ¿me vas a poner un guardaespaldas? - le pregunto enfadada
Si, lo tomas o te quedas aquí- dijo sin vacilar.
Lara – grito
¡si majestad!- contesto enseguida.
Trae aquí a Ryuku – le ordeno. Lara sin rechistar fue rápidamente a por él y en un par de minutos estuvieron los dos presentes.
¿me llamas Majestad? – dijo mientras se inclinaba ante él.
Sí, quiero que vayas con mi hija haya donde vaya y obedezcas sus órdenes y la protejas. – le ordeno
Si majestad como vos deseéis. – dijo mientras se volvía a inclinar.
Ya podéis marcharos. – dijo sin más
Salieron del despacho, empezaron a caminar de nuevo hacia el portal por donde habían entrado.
¿y ahora como los encontrare? – se quejo en voz alta.
Tranquila Hime-sama, ahora mismo os llevo hasta ellos sígame. – Le contesto
Al llegar al portal, Ryu alzo el vuelo, La pecosa intento imitarle pero sin ningún éxito, el sirviente volvió a descender para cogerla el brazos y así volver alzar el vuelo.
Tendrá que aprender a volar Hime- sama, yo le enseñare más tarde
En un par de minutos encontramos el Sunny y Ryuku empezó a disminuir la altura hasta aterrizar en el barco. La poso en la cubierta con mucho cuidado.
¡Chicos! – Grito – ya estoy aquí.
