Capítulo 8
¿Casarse con él? ¿Casarse con Sasuke Uchiha ?
El hombre que la había seducido y poseído. El que, a pesar de lo que él dijera, había empezado todo. El que la había seguido hasta el baño, cerrado la puerta, levantado sobre el mármol del tocador, corrido sus bragas y hundido profundamente en ella…
Aún ahora, a pesar de todo, pensar en ello hacía que su cuerpo se acelerara.
¿Qué pasaba con ella, que aún sentía este deseo por él? No podía culparlo de dejarla embarazada, pues ella no había pensando más claramente que él esa noche, pero sí de haberle hecho el amor…y luego llamarla puta, porque creía que formaba parte de algún plan macabro de su abuelo.
¿Por qué no pensaba él en eso? Sasuke era tan despiadado e impulsado por un corazón de piedra, como el anciano insensible que la había criado.
Kakashi estaba dispuesto a venderla por el bien de su reino. Sasuke estaba dispuesto a comprarla por la misma razón. Probablemente había estado dispuesto a hacerlo desde el instante en que su abuelo lo sugirió. Toda esa indignación de esta mañana, ese show de fiero desprecio hacia ella y su abuelo, había sido una mentira para aplacar su propio ego. Había necesitado una justificación para aceptar ese pacto diabólico, y ella y su contestador automático se la habían dado, envuelta para regalo y atada con moño.
Ella estaba embarazada de él. ¿Qué mejor manera de aceptar el acuerdo de casarse con ella, que haciéndolo parecer un gesto de caballerosidad? Pero ella sabía la verdad.
El Príncipe de Todo lo que le rodea era tan valiente como un monarca del siglo quince al sopesar los beneficios de un matrimonio real, excepto por una diferencia enorme. No importaba lo que él creyera, ella no se regía por las reglas del reino de Kakashi Haruno. Ella no era una princesa. Ella no tenía que casarse con un tirano que no conocía, no amaba, y ni siquiera le gustaba.
— ¿Y bien, cara? ¿Mi propuesta te dejó anonadada, o debo tomar tu silencio como una aceptación entusiasta?
Sakura levantó los ojos para mirarlo. Las palabras de Sasuke fueron sarcásticas, pero sus ojos estaban fríos y atentos. Tenía que saber que no estaría de acuerdo…o quizás no. Era lo suficientemente arrogante, lo suficientemente imperioso, como para asumir que su propuesta, y era asombroso tener que llamarla así, era todo lo que una mujer en su situación podría desear.
Casi se rió. ¡Estaba a punto de experimentar una gran sorpresa!
Enterarse de que estaba embarazada, saber que, en consecuencia, tendría que tomar todas las decisiones difíciles, sin que nadie que la ayudara, era la cosa más aterradora que había le sucedido jamás. Sólo una cosa la aterraba más: el matrimonio con un hombre parecido al príncipe del mal.
Sakura sacudió la cabeza, como si nada de esto valiera la pena la discusión.
—Tengo mucho para decir—dijo de manera monocorde—pero por el bien de ambos, me quedo con "gracias, pero no" y, ¡oh, por cierto, al salir no dejes que la puerta te golpee el trasero!
Bueno, pensó, no había sido original, pero sí conciso. Hubiera sido mejor que él tuviera algún tipo de reacción, pero no la tuvo. Ni una mirada de sorpresa, ni siquiera de ira. Todo lo que hizo fue sonreír y, Oh Dios, cómo odiaba esa insolente sonrisa de sabelotodo.
—Tal vez "propuesta" no es la palabra apropiada—dijo él suavemente.
—Por lo menos estamos de acuerdo en eso. "Decreto" es la palabra que me viene a la mente—Sakura también sonrió, y levantó la barbilla—Hay un sólo problema. Tú puedes ser un príncipe, pero yo no soy uno de tus súbditos. Tus ridículas declaraciones no tienen ningún efecto en mí.
—Hasta aquí llegó mi intento de ser galante.
Ella había estado en lo cierto. ¿Y por qué entonces esta pequeña punzada de pena? Sabía que era un peón en el juego entre Sasuke y su abuelo.
Ahora, él sabía que ella sabía. El rey negro toma el peón.
Jaque mate.
—Qué pena, Sakura—otra de esas sonrisas rápidas e irritantes levantándole una comisura de la boca—porque siempre es preferible el camino más sencillo para llegar a un objetivo.
—Y el camino más sencillo hacia la puerta está detrás de ti. Adiós, Sasuke. Espero que nunca tenga la desgracia de volver a verte.
Todavía no había reacción. ¡Maldita sea, quería una! ¿No sabía este hombre cuándo estaba siendo insultado? Al parecer no.
En vez de dirigirse hacia la puerta, volvió a sacar las cosas que se había guardado y tomó un pequeño cuaderno negro de su bolsillo, lo abrió, encontró la página que quería y frunció el ceño.
—Miércoles—dijo enérgicamente, después frunció más el ceño—No. Pensándolo bien…
Otra mirada, otro movimiento de cabeza y a continuación garabateó algo con la pluma.
—Debo estar en Roma el miércoles, pero mañana estoy libre.
La pluma y el cuaderno volvieron a su bolsillo, cruzó los brazos y la miró con una expresión indescifrable.
— ¿A las diez de la mañana te parece bien?
—No tengo idea de qué estás hablando.
—De nuestro matrimonio, cara. ¿De qué otra cosa hemos estado discutiendo?
Sakura se echó a reír, y eso, finalmente, produjo una reacción. ¡Oh, si las miradas mataran…!
— ¿Encuentras esto divertido?
—Lo encuentro increíble. Estoy segura de que las personas se tropiezan entre ellas para complacerte, pero te tengo noticias de última hora, príncipe—su risa se desvaneció y su cara se volvió tan pétrea como la de él—No me caso contigo.
—Estás embarazada.
—Estoy embarazada, estoy embarazada—repitió, golpeándose el pecho con un puño para dar más énfasis—Y soy perfectamente capaz de manejar la situación yo misma.
—Lo que sucedió es mi responsabilidad.
—Hasta hace unos momentos decías que era mía.
—Estaba equivocado—se irguió—Soy el hombre y cosas así son responsabilidad del hombre.
En otro momento, ese ridículo discurso le habría hecho poner los ojos en blanco. Ahora no. Lo decía en serio o al menos eso era lo que él quería que ella pensara. Cualquier cosa con tal de poner sus manos en el banco de su abuelo y ampliar el alcance y poder del imperio Uchiha .
—Qué bien—dijo ella suavemente—Y qué increíble que debas convertirse en esta…criatura ética, en vez del hijo de puta que ambos sabemos que eres.
Dio un pequeño grito cuando él le apretó los hombros.
—Llámame como quieras. Ódiame tanto como te plazca. Eso no cambia nada. Me rijo por unas reglas que requieren que acepte la responsabilidad de mis acciones—Su agarre se aflojó—Quizás me llevó un tiempo aceptar esto, pero enterarme así, en este momento, me tomó por sorpresa.
— ¿Has contado alguna vez cuántas veces utilizas las palabras "yo", "me" y "mi"? Hazlo alguna vez, puede que te sorprenda. Ah, y aquí va otra cosa que te puede sorprender—se soltó de sus manos— ¿Crees que no me doy cuenta de que el matrimonio haría que Stafford-Coleridge-Haruno cayera directo en tus manos?
—Un hecho innegable, estoy de acuerdo.
—Entonces, permíteme ser más directa—los ojos de Sakura brillaban en advertencia—No me casaré contigo bajo ninguna…
Sasuke maldijo, la atrajo hacia sus brazos y capturó su boca. Fue repentino y ella no tuvo tiempo de pensar, no tuvo tiempo de hacer otra cosa que no fuera permitir que suceda…No hubo tiempo de evitar que sus labios se abrieran hambrientos bajo la presión de los de él.
Cuando él se retiró, ella se quedó inmóvil, con el corazón acelerado y una sensación de hormigueo en el cuerpo, mientras él la miraba con los ojos entrecerrados.
—Hay una expresión muy estadounidense—dijo él quedamente—win—win[1]. ¿Sabes que significa, cara? Es la manera perfecta de describir lo que tengo en mente.
—Yo sé qué tienes en mente, y no quiero ser parte de eso.
—Tu abuelo quiere un heredero. Yo quiero el SCH.
—Y te casarías conmigo para conseguirlo.
—Kakashi dice que eres una mujer inteligente. ¿No puedes ver más allá de tu orgullo?
¿Pensaba que por eso no estaba de acuerdo? ¿Por orgullo? ¿Pensaba que si la propuesta hubiese sido por ella, por ella y no para expandir su imperio, habría estado de acuerdo con este matrimonio escandaloso?
—Tienes razón—le dijo, con voz temblorosa—tengo demasiado orgullo para casarse con alguien como tú.
Los ojos masculinos se volvieron fríos.
—Esta discusión termina aquí.
—Ya dijiste eso antes, y estoy de acuerdo. Se acabó. También tus patéticos intentos para convencerme de que me case contigo.
—Iba a decirte que estaría dispuesto a dejar que me ayudaras a manejar el SCH, una vez que fuera mío—Su boca se apretó—Ahora, ni siquiera te permitiría ser la encargada de mensajería.
— ¡Qué bastardo insensible eres!
—No—dijo con calma—no del todo. A los efectos prácticos no tuve padre, y por eso deseo que mi hijo tenga algo mejor.
— ¡Qué sentimiento tan noble! Lástima que sé que todo esto es por el SCH. ¡Bueno, a mí me importa un carajo el SCH! Y no hay nada que digas o hagas que me haga cambiar de opinión.
Sasuke sonrió levemente.
—Me pregunto si sentirás lo mismo cuando le diga a tu abuelo que estás embarazada de mí, y que me he ofrecido casarme contigo y tú me rechazaste.
—Hazlo—dijo imprudentemente—Te odio. Y lo odio a él.
—Podrás odiarme a mí, cara, pero no a ese viejo. Si fuera así, no te habrían afectado tanto las cosas que te dijo esta mañana—su mirada se endureció y dijo sin rodeos—Tu abuelo no tiene mucho tiempo de vida. ¿Dejarías que muera negándole las cosas que sólo tú puedes darle?
Las manos de Sakura formaron un nudo.
— ¿Hay algo que no seas capaz de hacer con tal de salirte con la tuya?
—Win-Win, cara—dijo suavemente—Un final tranquilo para la larga vida de tu abuelo: La legitimidad de nuestro hijo—La atrajo hacia él, presionando su rápida y evidente excitación contra de la V de sus muslos—Con un bonus extra—le dijo en voz baja y ásperamente— ¿O debo recordarte cómo fue cuando hicimos el amor?
—Fue sexo, no amor. Y si en verdad piensas que te dejaría tocarme de nuevo…
Sasuke se rió, la acercó más y la besó. Ella luchó y trató de oponerse, pero su beso fue profundo y pareció consumirlo todo, y en un instante, ella le estaba devolviendo el beso. Fue como la noche en que se conocieron.
El fuego. El hambre. La aceleración del corazón. La única manera de evitar el desmoronamiento fue agarrarse firmemente a su chaqueta y ponerse de puntillas, aferrándose a él hasta que la soltó.
Le tomó un momento recobrar el aliento. Para entonces, él había llegado a la puerta.
—A las diez—le dijo por encima del hombro—y se puntual, no tengo tiempo para perder.
—Tú, tú…
Ciegamente Sakura agarró una copa de la mesada y se la lanzó. Se estrelló contra la pared, a una pulgada de la cabeza masculina, pero él no se dio vuelta. Si lo hubiera hecho, pensó sombríamente mientras abría la puerta y salía al pasillo, sólo Dios sabe lo que habría hecho. Había un límite a la cantidad de ira femenina que un hombre podía aguantar. A mitad de la escalera, sacó su celular y llamó a su abogado.
—Soy Sasuke Uchiha . Deseo casarme mañana—dijo bruscamente, consciente, y no importándole, de que esta era exactamente el tipo de arrogancia de la que Sakura lo había acusado—El nombre de la mujer es Sakura Haruno—Escuchó un momento y luego hizo un sonido impaciente—Las normas y reglamentos son su competencia, signore, no la mía. Encuéntrele la vuelta, haga los arreglos necesarios y envíeme un informe, el papeleo, y lo que sea necesario, a mi hotel. No, no, tan pronto como le sea posible. Esta noche—Sasuke cerró su teléfono y salió a la calle. Volvía a llover.
Dio, ¿Qué pasaba con esta combinación? Lluvia y Sakura Haruno. Era como si el cielo estuviera tratando de decirle algo. No tenía abrigo, ni paraguas y por lo que podía ver, no había una estación de metro en las cercanías, ni paradas de autobús, y, como siempre que llovía en Manhattan, los taxis parecían haber desaparecido.
Había por lo menos cuarenta cuadras hasta su hotel. Comenzó a caminar. El ejercicio le haría bien y tal vez podría despejar algo de su enojo. Sakura no era la única que estaba furiosa. Él también lo estaba.
Con ella, y consigo mismo. Por la facilidad con que lograba hacerle perder contacto con la lógica y el auto-control, las mismas cualidades que le habían ayudado a construir lo que ella tan despectivamente llamaba «su reino».
Él conocía hombres que vivían de la generosidad de los que se impresionaban por un título inútil. Pero no Sasuke. Había trabajado duro para tener todo lo que tenía, a pesar de que Sakura dejó en claro que no le creía. A ella no le gusta él, no lo respetaba.
¿Por qué demonios iba a casarse con ella? ¿Para obtener el Stafford-Coleridge-Haruno? Ridículo. Lo quería, sí, pero no lo suficiente como para atarse a una mujer que no amaba. ¿Para darle a su hijo por nacer un nombre? Ni siquiera estaba seguro de que el niño fuera suyo. ¿Cómo se había olvidado de eso?
E incluso si lo fuera, no necesitaba casarse con Sakura para aceptar las responsabilidades de la paternidad. Podría, también, hacerse el propósito de formar parte de la vida del niño. Bueno, tanto como pudiera.
Si hubiera estado más tranquilo, habría visto todo esto de inmediato. Pero Sakura lo había obligado a una confrontación. Su ira había echado combustible a la de él, y se había dejado arrebatar el control de la situación. Era buena para eso. La única vez que él había estado al mando fue la noche en que habían hecho el amor. Había sido suya, gimiendo por su toque, suspirando por sus besos, temblando por sus caricias. Sasuke maldijo.
No había sido más que sexo, como ella había señalado tan fríamente. Lo que sucedía es que el paso del tiempo lo hacía parecer más emocionante de lo que había sido en realidad.
Y aunque hubiera sido extraordinario, ¿por qué iba querer atarse a ella? O a cualquier mujer, pero sobre todo a ésta, que tenía la disposición de una tigresa.
Eso estaba bien en la cama, pero fuera de ella un hombre buscaba una mujer de carácter dulce y obediente. Conocía docenas de mujeres así, una más bella y sexy que la otra, y mil veces más fácil de manejar.
Eso lo trajo de vuelta a la realidad y al conocimiento de que no existía ni un solo motivo racional para seguir adelante con esta boda. Un pensamiento endemoniadamente aliviador.
Sasuke desaceleró sus pasos. La lluvia había cesado y el sol había salido. Los taxis nuevamente merodeaban por las calles. Eligió uno, se metió adentro y le dijo al conductor el nombre de su hotel.
Iría al departamento de Sakura mañana a las diez, porque así le había dicho que haría, pero cuando llegara le diría que había cambiado de opinión, que no quería casarse con ella. Y también le diría el resto, que iba a apoyar al niño y a ella, por supuesto y así, en general, haría lo correcto. Problema resuelto.
Sasuke se cruzó de brazos, se sentó y sonrió. Estaba empapado hasta los huesos, pero feliz.
Horas más tarde, el botones le entregó un sobre delgado tipo manila, de parte de su abogado.
La nota en su interior le aseguraba que todo lo que tenía que hacer en la mañana era presentarse con los documentos adjuntos y su futura esposa en un edificio del bajo Manhattan, pedir por un juez en particular, y él y la dama en cuestión estarían casados dentro de la hora.
Que ya no hubiera una futura novia no venía al caso. Los documentos eran simplemente un recordatorio de lo tonto que había llegado a ser, y los desechó a un lado.
Se acostó a las once. A la medianoche se levantó y comenzó a pasearse por los rincones de la suite. Cuando se acostó de nuevo, más de una hora después, cayó en un sueño inquieto. Estaba oscuro y desapacible, e involucraba a un niño vagando por los pasillos sombríos del Stafford-Coleridge-Haruno buscando algo desconocido y difícil de alcanzar. Cada vez que el niño estaba a punto de encontrarlo, Sasuke despertaba.
Al amanecer se dio por vencido. Se levantó, telefoneó para pedir café, tostadas de centeno, el Times y el The Wall Street Journal. Duchado, afeitado y vestido con pantalones y una camisa azul marino arremangada, se sentó junto a la ventana de la sala de estar para tomar su desayuno y leer los periódicos.
El café estaba bien. La tostada estaba seca. Pasó a los diarios…el Times…el Journal… ¿Por qué era incapaz de concentrarse en alguno de los artículos?
Sasuke los arrojó a un lado y, más o menos por décima vez desde que se había despertado, miró su reloj. Las siete y media. Muy temprano para presentarse en la puerta de Sakura y decirle que se olvidara de casarse con él.
Podía imaginar lo feliz que eso la haría, incluso hasta quizás sonriera, algo que no la había visto hacer desde la noche en que la había llevado a la cama.
Él estaba feliz, también. Si se sentía sombrío, era sólo porque quería terminar con todo esto de una maldita vez.
Siete cuarenta y cinco…
Siete cincuenta…
Siete cincuenta y siete…
—Merda—gruñó, y salió disparado desde su silla.
Podía ir verla en el momento que quisiera, cualquier momento era oportuno para dar una buena noticia. Además, ella no tenía que estar lista, dado que no tendría que ir ninguna parte.
El tráfico estaba pesado, y eran casi las ocho y media cuando subía por las escaleras del edificio de Sakura. La lluvia de ayer no había hecho demasiado para limpiar la escalera sucia. Lo primero que haría sería comprarle un departamento en un barrio decente. Este no era un lugar apto para criar a su hijo.
Se detuvo frente a su departamento y tocó el timbre. Volvió a tocar. Quizás estuviera en la ducha, preparándose para su llegada. O, a sabiendas de cómo era, no estaría preparándose.
Eso casi lo hizo sonreír.
Independientemente de lo que fuera, ella era brava. Nunca había conocido antes a una mujer que se le enfrentara. Él sabía de sobra que la discusión de ayer no se había terminado. Cuando abriera la puerta y lo viera, levantaría la barbilla con ese modo que tenía, y le diría lo que podía hacer con su propuesta de matrimonio.
Él dejaría que siguiera con su perorata unos segundos y luego le diría: No hay ninguna propuesta, cara. He decidido que es mejor vivir con un escorpión que contigo.
La puerta se abrió.
Todo lo que había imaginado estaba equivocado.
Sakura ni levantó la barbilla, ni despotricó. Y, a pesar de que había aparecido más de una hora más temprano, pudo ver que ella ya lo estaba esperando.
Llevaba un sencillo vestido amarillo y sandalias blancas de tacón pequeño. Llevaba el pelo recogido en una coleta, la cara sin maquillaje y tenía los ojos sospechosamente brillantes, como si hubiera estado llorando.
Se veía dolorosamente joven, desgarradoramente vulnerable…e increíblemente bella.
Por un momento descabellado, Sasuke imaginó tomarla en sus brazos, diciéndole que no tenía nada que temer, que sería bueno con ella, que se haría cargo…
Frunció el ceño y luego se aclaró la garganta.
—Sakura. He venido a decirte…
— ¿Qué? ¿Más amenazas?—Ahora sí su barbilla se levantó, justo como él esperaba.
—Déjame ahorrarte el trabajo—dijo ella con el aliento entrecortado—Lo estuve pensando detenidamente—se rió de forma insegura—En realidad, no he pensado en otra cosa desde que te fuiste ayer. Y…y tienes razón, Sasuke. No tengo más remedio que casarme.
Él la miró con incredulidad. ¡Di algo!, se dijo, ¡Dile que has cambiado de opinión!
—Tenías razón acerca de mi abuelo. Querría odiarlo, pero no puedo. Él me crió, me dio todas las cosas que creyó que necesitaba, y si necesité más, como su amor, su respeto…
Sakura detuvo el torrente de palabras. ¿Por qué desnudar su alma? Iba a casarse con Sasuke Uchiha . Eso era suficiente.
—Él es una persona de edad—continuó suavemente—y cada vez más frágil. No quiero mirar atrás, después de que se haya ido, y saber que le negué las únicas cosas que alguna vez me pidiera, el banco en tus manos, y—sus mejillas se tiñeron de rosa—tu hijo.
Sasuke no dijo nada. Después de unos segundos, Sakura se aclaró la garganta.
—Entonces, me casaré contigo…
—Pero…—él esbozó apenas una sonrisa—No me mires así de sorprendida, cara. Habría que ser sordo para no haber oído la palabra tácita.
—Este matrimonio…será sólo de nombre. Una conveniencia legal que terminará con la muerte de mi abuelo.
Sakura esperó, tratando de leer la expresión de Sasuke, pero no él no dijo nada.
Luego, al fin, con voz sedosa, dijo.
—Nada de sexo.
Ella asintió con la cabeza.
—Nada.
—Y dime, cara. ¿Qué debo hacer si quiero sexo?
La mujer aparentemente sumisa de los últimos minutos desapareció, ahora los ojos de Sakura irradiaron su antigua actitud desafiante.
—Harás lo que debas, pero siendo discreto.
Sasuke se echó a reír. Ella sintió que sus manos se empuñaban. ¡Cómo le gustaría abofetear esa risa de su cara!
—Déjeme ver si entendí bien. Me caso contigo. Te doy mi nombre y mi título. Y en algún momento del futuro, nos divorciamos y termino con los pagos de la pensión alimentaria y manutención de hijos. A cambio de todo eso, no te quejarás si tengo una amante. ¿Es así?
No esperó una respuesta. En cambio, la atrajo hacia sus brazos y la apretó contra sí.
—Así es como será—gruñó—Tú serás mi esposa, y estarás disponible para mí cuando yo lo desee. De noche, de día, en cualquier momento y en cualquier lugar. Y si también quiero una amante, tendré una.
— ¡No me casaré contigo bajo esas condiciones!
—Sí. Lo harás. Y si hay un divorcio, será porque me he cansado de ti—Ella trató de liberarse retorciéndose, pero él apretó su agarre—Y antes de decir, "no, Sasuke, no me casaré contigo bajo esas condiciones", ten en cuenta esto—se inclinó hacia ella, con los ojos brillantes—Puedo quitarse este niño desde el mismo día en que nazca. ¡No niegues con la cabeza! Soy el príncipe Sasuke Namikaze Uchiha . Ningún tribunal me negará el derecho a mi propia carne y sangre. ¿Está claro?
— ¡Tú…bueno para nada, demonio, bastardo vicioso—chilló—hijo de…!
Sasuke le capturó la boca y la besó una y otra vez, hasta que ella comenzó a temblar en sus brazos. Luego tomo la maleta pequeña cerca de sus pies y con la cabeza señaló hacia la puerta.
[1] Win–Win: Expresión informal que significa "Todos ganan" (beneficio para ambas partes)
