Lily se levantó sin saber muy bien que iba a decir para no herir a James. Sabía que aquello era imposible, pero decidió elegir las palabras con cuidado para causarle el menor daño posible.

Se colocó los zapatos, y cuando estaba a punto de salir, James entró con una gran bandeja de desayuno, su sonrisa hizo que el corazón de Lily se hiciera añicos.

-El desayuno a la cama, creo que califico muy bien como esposo -dijo guiñandole un ojo.

El chico se sentó junto a ella. Al darse cuenta de que Lily estaba triste dejó de sonreír.

-James... tengo que decirte algo... -dijo la chica evitando mirarlo a los ojos.

James sonrió.

-¿Hay otro, verdad?

Lily se sorprendió.

-Lo sé desde aquel día en el jardín que volviste a hablarme... la forma en que lloraste delante de mí... cuando me culpaste de que si yo no la hubiera cagado no estarías llorando... era muy obvio que debía tratarse de algo así -confesó tristemente.

-Lo siento tanto... -dijo Lily con los ojos llenos de lágrimas.

James tomó su mano.

-Yo debería disculparme, te descuidé, pero te prometo que ahora te ayudaré a olvidarlo, he cambiado Lily, se que puedo hacerte feliz... -le prometió el mago.

Lily lo miró asombrada. No se esperaba aquello, James no había entendido.

-En realidad... quiero que terminemos -soltó sintiendose tan mala persona que fue como si otra persona lo hubiera dicho.

James la miró sorprendido, había tanto dolor en su rostro que Lily apenas lo pudo mirar.

-¿Terminar? -preguntó como si no pudiera creerlo -¿Por qué?

-La verdad es que... no puedo dejar de pensar en el.

James la obligó a mirarlo.

-¿Quién es?

Lily negó con la cabeza sintiendo como las lágrimas comenzaban a caer.

-¡Tienes que decirmelo! ¡Por lo menos tengo derecho a saber quien es el chico que me robó a mi novia! -gritó enojado.

-No puedo James, lo siento mucho... -dijo levantandose de la cama dispuesta a irse.

James tomó su mano.

-Dime... por favor... -suplicó el chico con la voz quebrada - necesito saberlo...

Lily se alejó, salió de la casa de los Potter y comenzó a caminar hacia la suya, sintiendose la peor chica del mundo.

El cielo se veía gris, lleno de nubes y sin señal del sol, exactamente como su estado de animo.

Lily caminó por las calles mojadas, y cuando comenzó a llover apenas le importó.

Lo tomó como un castigo, como si aquella gran tormenta se hubiera originado por culpa de ella.

Había hecho sufrír a James por sus caprichos, en aquel momento se dio cuenta de que había sido tan estupida al volver con el, se sintió una perra sin corazón, lo había ilusionado... había cometido tantos errores... y entendía si James no volvía a hablarle.

La lluvia caía con fuerza, como si el cielo estuviera enojado, los truenos resonaban en el cielo como un moustro gigante entre las nubes grises.

Lily estaba empapada, su ropa estaba tan pesada que su caminar se había vuelto mas lento. Al llegar a la esquina de su casa se encontró con una figura oscura y conocida sentada en la vereda. Apenas era visible por la lluvia, pero al ver que aquella persona se levantaba al encontrarla confirmó sus sospechas.

Lily se acercó, sintiendo como las lágrimas volvían a confundirse con las gotas de lluvia.

Sirius se acercó hasta estar frente a ella. Estaba tan mojado como la chica, el cabello se le había pegado al rostro, y la ropa estaba pegada a su cuerpo como una segunda capa de piel.

Sirius la miró profundamente con aquellos ojos grises que la volvían loca.

-¿Lo has hecho? -le preguntó tristemente.

-Si... -contestó temblorosa -soy la peor persona del mundo...

-Lily, no te culpes, es mi culpa que James esté sufriendo, si me hubiera dado cuenta antes que no iba a poder alejarme de ti... esto no hubiera pasado.

Aquella excusa para Lily no fue suficiente.

-Creo que nunca me perdonaré haberle hecho daño...

-Yo tampoco pero si lo piensas... era lo mejor... -suspiró Sirius.

Se quedaron mirandose por unos segundos sin saber que hacer, si hacer algun movimiento, si decir alguna palabra...

Había pasado tanto tiempo del último beso que los dos se habían vuelto torpes, no sabían como acercarse... como comenzar de nuevo...

Sirius se acercó y llevó una mano a la mejilla de Lily para acariciarla lentamente. La pelirroja cerró los ojos como si aquel contacto fuera lo único que necesitaba para respirar. Suspiró mientras sentía su mano recorrer su rostro hasta llegar a sus labios.

Se estremeció simplemente con el contacto de sus dedos.

La lluvia era lo único que se escuchaba, cayendo sobre ellos sin cesar.

Lily abrió los ojos. Sirius la miraba desde cerca a punto de besarla, la pelirroja colocó una mano en su pecho tomándolo de la camisa mojada.

-Hazme olvidar de todo... -le suplicó en un susurro.

Al instante, sus bocas chocaron con fuerza, con tanta necesidad que el mundo desapareció alrededor de ellos. Sirius introdujo su lengua en su boca, y Lily se unió a el en un baile desesperado.

El mago la pegó a su cuerpo con rudeza, mientras ella colocaba una mano en su cabello empapado y lo atraía aún mas.

La boca de Sirius no dejaba de moverse contra la de Lily, con tanta desesperación que apenas podían respirar. Sus manos grandes acariciaron a la pelirroja sobre la fina tela de la blusa, recorriendo desde lo alto de su espalda hasta sus caderas.

Canuto bajó sus besos hasta su cuello. Lily gimió, escuchar aquel sonido de sus dulces labios lo volvió completamente loco.

Sirius besó aquella parte con fuerza, inundandose en su delicioso perfume a rosas.

Lily se aferró a el con fuerza rodeando su cuello con sus brazos, sus besos la hacían marear de una manera peligrosa, porque cuando estaba tan cerca de el a veces olvidaba hasta de respirar.

Sirius corrió un poco su blusa y besó uno de sus hombros.

-Sirius... -jadeó Lily -, alguien nos puede ver...

El mago volvió a su boca y la calló con un beso, subiendola a horcajadas a el.

-No hay nadie en casa... -susurró Lily dulcemente en su oído.

Sirius la miró sorprendido. Lily volvió a besarlo avergonzada, y mientras se besaban, Canuto caminó hasta su casa.

Cuando entraron, el perro cerró la puerta con el pie.

-¿Dónde está tu habitación? -gruñó mientras la besaba.

-Arriba -contestó jadeando.

El chico subió las escaleras con cuidado, aferrando a Lily con fuerza.

-Es la segunda habitación del pasillo -murmuró Lily.

Sirius abrió la puerta y volvió a cerrarla con el pie. En el camino a la cama Sirius se fue chocando con diferentes muebles, se cayeron libros, lapices, incluso una lampara de escritorio, pero a ambos no les importaba, estaban inmersos en sus besos con frenesí.

Cayeron en la cama apenas pudieron, completamente mojados. Canuto sobre ella, besándola sin detenerse.

Lily pasó sus manos por debajo de su camisa y acarició su piel mojada, sintiendo sus fuertes musculos que la volvian loca, cuando llegó a su espalda pasó sus uñas con suavidad, haciendo que la piel de Sirius se erizara rápidamente. Sirius gruñó sobre sus labios. En menos de un segundo, el chico se sacó aquella prenda.

Mientras la besaba, el mago también pasó una mano por debajo de su blusa, y acarició su piel desnuda, era tan suave como la recordaba, tantas veces había querido volver a sentir su piel, que casi parecía un sueño. Su mano se deslizó hacia arriba por su piel empapada hasta rozar su sostén.

-¿Puedo... puedo sacarte la blusa? -tartamudeó el perro.

Lily asintió.

Sirius le sacó la blusa lentamente, temiendo a que la pelirroja se arrepintiera, pero aquello no sucedió. Lily se veía nerviosa pero no lo detuvo.

Sirius la miró embelesado, Lily era demasiado hermosa. No era la primera vez que miraba a una mujer así, en realidad, había llegado mucho mas lejos, pero esta era la primera vez que veía a una chica con sostén de algodón rosa, algo que le hizo sonreír dulcemente, las chicas con las que había estado siempre usaban ropa interior oscura con encaje.

-¿Por-por qué estás... estás sonriendo así? -le preguntó una preocupada y sonrojada Lily.

Sirius se acercó y le dio un dulce beso en los labios.

-Porque eres jodidamente hermosa -mustió el chico con una sonrisa traviesa.

-Mentira -dijo tercamente la chica bajando la mirada -, ¿estás arrepentido? Seguramente las chicas con las que sueles estar no son como yo...

Sirius sintió que se moría de ternura.

-Es verdad -murmuró -, no son como tu, por eso es que me maravillas tanto Lily... -dijo rozando su nariz con la de ella.

Lily se sorprendió. Miró a Sirius a los ojos y se dio cuenta de que era sincero.

-Sirius... -dijo con las mejillas ardiendo -, yo nunca lo he hecho...

Canuto rio.

-¡¿Por qué ríes?! -exclamó enojada.

-Porque eso es obvio -dijo con una ceja levantada.

Lily se tapó la cara con las manos.

-Con James... ni siquiera llegamos a esto, nunca...

Sirius se sorprendió.

-¿En serio? ¿Ni siquiera te ha visto... así?

Hablar de lo que Lily había hecho con James lo hacía sentir terriblemente mal, pero no pudo evitar preguntar.

-No. Nunca se lo permití... -confesó.

Sirius tomó sus manos y la miró a los ojos.

-¿Estás segura de que quieres hacerlo conmigo? La mayoría de las veces no pregunto esto, pero... tu eres diferente -murmuró -, si quieres que nos detengamos no me importará.

Lily se sorprendió, no podía creer que Sirius Black estuviera diciendole aquello.

-Yo... quiero que sigas -dijo avergonzada.

-Esta bien... -susurró Sirius y la volvió a besar en la boca.

Lily lo tomó del cabello y la obligó a besarla con mas fuerza, en pocos segundos volvieron al estado anterior.

Sirius besó su cuello y comenzó a bajar. Sus besos pasaron por la corvatura de sus pechos hasta llegar a su ombligo.

Le desabrochó el jean y comenzó a bajarlo. Sus braguitas de algodón quedaron a la vista, Sirius le sacó los zapatos y así pudo sacarle el jean por completo.

Lily estaba en la cama, en ropa interior esperandolo, Sirius creía que en cualquier momento iba a despertar del sueño.

Se sacó las zapatillas rapidamente, también sus jeans oscuros hasta quedar en boxer, volvió a colocarse sobre Lily y los besos se volvieron cada vez mas fogozos.

Lily rodeó a Sirius con sus piernas mientras el volvía a jugar con su cuello. La pelirroja gimió, nunca creyó que sentir a Sirius tan cerca iba a ser la mejor sensación del mundo. Recordó aquel libro que Sirius había leído en la Biblioteca, se dio cuenta de que estaban pasando por lo mismo, y que en ese momento nunca hubiera imaginado que terminarían así.

Las manos de Sirius pasaron por debajo de ella, y se mantuvieron en los ganchitos que sostenían su sostén, estaba a punto de sacarselo. Iba a pasar. Iban a hacer el amor.

-¡Lily! ¡¿Estás en casa?! -el grito de su madre desde el piso de abajo los hizo saltar a los dos.

Sirius y Lily se miraron sorprendidos y asustados a la vez.

-¿Tu madre...? -preguntó Sirius con los ojos muy abiertos.

Lily asintió.

-Tendrás que irte por la ventana -dijo ella apresurada -, nunca pensé que volvería tan temprano...

Sirius comenzó a colocarse la ropa, y Lily lo imitó. Se escucharon unos pasos, su madre estaba subiendo las escaleras.

-Vete -susurró Lily aterrorizada abriendo la ventana lo mas silencioso posible.

Sirius se acercó y la besó.

-Otro día no te me escaparás -dijo con una traviesa sonrisa perruna.

Sirius saltó por la ventana. Lily tomó un libro y se sentó en la cama rápidamente.

Su madre entró a la habitación.

-Estabas aquí, ¿por qué no contestabas?

-Estaba concentrada en mi libro mamá.

-¿Por qué estás toda mojada? ¿No piensas cambiarte?

Lily se mordió el labio para evitar una sonrisa.

-Estaba a punto de... hacerlo.