Hola a todos. A algunos se les ha de hacer raro que actualice tan pronto, digamos que me llego la inspiracion y me puse a escribir mucho desde el capitulo anterior y para este capitulo tenia que hacer algunas correciones. Por cierto Sams Efron mi idea si era dar un susto jejejeje así que me deslindo de la resposabilidad si alguien tiene algun problema cardiaco jajajaja (es broma :P). AH y antes de que se me olvide rickhunter17 tenia razon, Brainy fue el que introdujo el celular de Helga en el saco de Gerald (con algunas modificaciones claro, poniendo su nombre en el identificador de llamadas como "contestame")
Este capitulo en especial se lo dedico a Mimi Star, Esperando que le guste y lo más seguro es que esos "deditos de rodillas" van a seguir en el siguiente Review (o bueno eso creo yo) Te aviso que esta ligeramente subido de color :P (solo un poquito) ¡y espero tu Review!
Disclaimer: Hey Arnold y sus personajes son propiedad de Nickelodeon y Craig Bartlett. A excepcion de los creados por mí para este fanfic.
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MAS QUE AMIGOS
Sentimientos del Ayer y de Ahora
Flashback…
Arnold corría lo más rápido que sus piernas lo permitían, siendo tal su velocidad que en más de una ocasión choco con algún chico que se encontraba distraído en los pasillos de la P.S.118. Su vestimenta, ahora a sus 12 años estaba compuesta por su clásica camisa de franela roja, que en ese momento usaba por fuera, remplazando su polera/sudadera azul como la ropa de fondo. Sus jeans azules ahora tienen un aspecto gastado y los zapatos tenis que ahora usa son de color blanco con franjas azules. Su cabello un poco más largo, lo peina ligeramente hacia atrás junto con su inseparable gorrita. El recorrido del joven rubio estaba a punto de finalizar, al ver en el fondo de la cafetería a su mejor amigo Gerald junto con Phoebe y su novia Helga G. Pataki.
– ¡Helga, Gerald… Phoebe! – Decía con la respiración entrecortada, sonrojado por el calor que le había provocado la carrera – llego… por fin llego…
Gerald tiene el cabello igual de largo, pero en su rostro se veía la sombra de una diminuta barba, su vestimenta no había cambiado mucho, solo añadió una chaqueta que en este caso era color negra con mangas blancas y franjas negras en el cuello junto con los puños – cielos viejo cálmate… con solo verte ya me siento agotado – se recarga en la silla cruzándose de brazos al ver a su mejor amigo tratar de articular palabra.
Helga no había cambiado mucho a sus 12 años, aun tenía su única ceja y su cabello que ahora era discretamente más largo, peinándolo de la misma forma con su clásico moño rosa. Llevaba puesta una playera larga color rosa con una franja roja que marcaba la cadera (y que recordaba mucho su antiguo vestido) y unos jeans azules que estaban algo holgados, dándole un aspecto poco femenino – cierto melenudo, el cabeza de cepillo tiene razón – se levanta de la silla y hace movimientos con las manos – aspira, respira… aspira, respira…
Siguiendo el movimiento de las manos de Helga, el chico de rubia cabellera hizo lo que su novia le estaba indicando, logrando recuperar gran parte del aliento – creo que ya me siento mejor… muchas gracias Helga
– muy bien Arnold ahora que tu organismo ha recuperado su balance normal en el equilibrio acido-base ¿Qué querías decirnos? – pregunta la pequeña oriental, que ahora luce su cabello un poco más largo (ligeramente por debajo de los hombros) trae su clásica polera/sudadera azul y unos pantalones pescadores color blancos.
Recargándose en la silla, y poniendo las piernas sobre la mesa, la pelirrubia comenta – si chico listo, concuerdo con Phoebe ¿a qué viene tanto alboroto?
– ¡Helga no seas sucia! No subas los pies sobre la mesa que todavía no hemos comido – comenta Gerald bastante molesto al ver como se había acomodado la chica rubia.
– ¡hey pelos de espagueti este es un país libre! si quiero me puedo acostar sobre la mesa ¿y qué piensas hacer? ¿Volverme a regañar? Jajajaja por favor no seas zopenco.
Gerald frunce el entrecejo al igual que su contrincante, pero antes de que el moreno pudiera responderle a Helga, Arnold rueda los ojos e interviene – chicos por favor no comencemos.
Encogiéndose de hombros, Helga mira a Arnold fingiendo inocencia – ¿Qué? Si yo solo estaba defendiendo mis derechos cabeza de balón.
Mirándola con reproche, Arnold le responde – Helga…
En respuesta, Helga se volvió a encoger de hombros, ahora con los brazos cruzados y mirando a otro lado.
– mph, mph – Phoebe se aclara la garganta para cortar la tensión en el aire – ¿querías decirnos algo Arnold?
Abriendo grande los ojos, Arnold levanta su mano izquierda mostrando un paquete postal tamaño oficio, el cual se apreciaba a simple vista que ya había sido abierto – ¡Cierto! – Toma el paquete y saca un sobre tamaño carta el cual pone sobre la mesa – amigos quiero decirles que hoy llego la carta de aceptación del Instituto de Educación Secundaria de San Lorenzo.
Phoebe abrió grande los ojos al tiempo que volteaba a ver a Helga, que rodo los ojos hacia el paquete junto con el sobre, enarcando una ceja, tal parecía no haber entendido (o captado) lo que Arnold estaba tratando de comunicarles.
– ¿Y porque tendría que llegarte una carta de aceptación de…? Oh Dios… – el moreno levanto las dos cejas al creer entender lo que estaba pasando.
– Gerald… Arnold está diciendo que se va de Hillwood…
El agudo rechinido que solo provoca el resbalar de una silla sobre el piso, seguido de un fuerte sonido seco, interrumpió las palabras de Phoebe y distrajo a tres de los que permanecían en la mesa, siendo la pérdida de equilibrio en Helga el responsable del estruendo – ¡AAAH! ¡AAAUCH! – se quejaba la rubia desde el piso, apenas con las suficientes fuerzas para moverse.
– ¡HELGA! – gritaron Arnold y Phoebe al unísono en el mismo instante que corrían a socorrer a la chica de las dos coletas – ¿te encuentras bien? – pregunto Phoebe.
Sin voltear a ver a Phoebe, la rubia dirigió sus dulces zafiros al cabeza de balón – ¿t-te… te vas?
Sin prestar mayor atención a Helga, Gerald puso las manos sobre la mesa, provocando un sonido hueco – ¿Te vas? ¿Pero no dijiste que eso sería hasta que entráramos a preparatoria? ¡Viejo estamos en séptimo grado!
– Lo sé Gerald, pero mis padres están tan entusiasmados que no quisieron… – Arnold trata de continuar pero es interrumpido por Helga.
– ¡Un momento camarón con pelos! ¿Ya tenías pensado irte y le dijiste primero al estúpido del cabeza de cepillo y no a mí? ¿Cuándo pensabas decírmelo?
– ¡Oye Helga! Arnold será tu novio pero es mi mejor amigo, probablemente tenga más confianza en mí porque no soy tan escandaloso.
– ¡Gerald! – Con el ceño fruncido, Phoebe le hace una seña de "cierra la boca"
Tomando de nueva cuenta el paquete y metiendo el sobre, Arnold trata de calmar las cosas – Helga, ya te había comentado la posibilidad de mudarme con mis padres a San Lorenzo y Gerald – al voltear a ver a Gerald, frunce un poco el ceño – Eres mi mejor amigo, pero Helga es mi novia y la quiero. En verdad quisiera que por una sola vez se respetaran, por lo menos delante de mí.
– ¡Pero si fue tu novia la que empezó! – comenta el moreno al tiempo que acerca su rostro con el ceño fruncido a Helga, quien en respuesta se cruza de brazos y le saca la lengua.
Phoebe poniéndose en medio de los dos, comienza a hablar – Oigan, aquí lo importante no es quien empezó a insultarse; sino que Arnold… – entonces los tres dirigen su rostro al chico cabeza de balón, que con la mirada baja metía entre sus ropas el paquete que les había mostrado – Arnold se muda.
– gracias Phoebe, agradezco mucho que por lo menos tú pusieras interés en mi noticia – levanta la vista y mira a los tres que ahora lo veían estupefactos – esto en verdad es muy importante para mí y quería compartirlo con mis mejores amigos… pero creo que me equivoque de mesa – y sin decir más se dio la vuelta y salió de la cafetería.
– ¡ARNOLD ESPERA! – gritaron al unísono el moreno y la pelirrubia, que al cruzar miradas por la coincidencia, esta ultima le gruñe y frunce el entrecejo a Gerald para después voltearse y salir corriendo de la cafetería en busca de su novio – ¡ARNOLD!
Fin del Flashback…
– ¿Arnold? – Pregunta Miles al ver a su hijo sentado en la cocina, mojando una galleta de chocolate en leche caliente y apoyando los codos en la barra – ¿te encuentras bien hijo? Te veo muy pensativo.
El rubio levanta la vista, mostrándole a su padre las primeras marcas debajo de sus ojos por la falta de sueño – mmmh sí… ¿Por qué la pregunta?
– Bueno, para empezar – Miles señala el vaso que tiene Arnold bajo su mano – esa galleta que tenías en la mano absorbió tanta leche que… bueno…
Bajando la vista hacia el vaso de leche, Arnold se da cuenta de que solo tenía sujeto un pequeño pedazo de galleta, los dedos llenos de leche por el efecto de absorción y restos de galleta flotando en el interior del vaso – vaya… no me di cuenta.
– Si eso pensé – jalando una silla para sentarse con su hijo, Miles toma una galleta de la caja que tiene Arnold – y por lo visto es la única galleta que has tomado ¿puedo? – hace señas de meter la galleta en la leche.
– Adelante, yo… mejor me voy a dormir – Arnold se levanta de la silla pero Miles lo toma por el hombro.
– vamos hijo, se que algo te preocupa… tal vez no sea bueno en estas cosas de adolescentes, pero tu mirada me dice que algo no anda bien.
Dando un largo y profundo suspiro, Arnold se vuelve a sentar junto a su padre – ¿recuerdas a mis amigos de la escuela? Gerald… Helga…
Poniendo una mano en su barbilla, Miles rueda los ojos tratando de hacer memoria – ¿Gerald? Mmmh ¿no es aquel chico que estaba contigo en la selva, ese de una larga cabellera oscura y piel morena?
– el mismo.
– Aja… y creo que Helga es esa chica rubia de dos coletas y una sola ceja… que siempre andaba con un enorme moño color rosa y estaba en medio de los nativos… ¿o me equivoco?
– no papá… no te equivocas… ella es Helga.
Miles tomando un poco de leche para su segunda galleta responde – mmmh y que me cuentas de ellos ¿Helga todavía tiene una sola ceja?
– no lo sé… el detalle es…
Miles mira paciente a su hijo, esperando a que comience a hablar. Arnold en respuesta mira a su padre y dando otro suspiro, continua – Gerald, es mi mejor amigo y Helga era mi novia – pone las manos en la frente al tiempo que posa sus codos en la barra – y hoy me entere que Gerald ahora es novio de Helga.
– Ya veo… – el padre de Arnold toma una tercer galleta que también es sumergida en el vaso de leche, mientras analiza una respuesta a lo que Arnold le había comentado – ¿Y eso es malo por…?
– ¡Mi mejor amigo esta con mi exnovia papá! – se recarga en la silla de la cocina, con las manos en la nuca, mirando el techo – y no sé como tomarlo.
Miles se rasca un poco la cabeza, tratando de asimilar lo que Arnold le estaba diciendo – creo entender la razón de tu molestia Arnie… pero entonces ¿dónde queda Frieda?
Frieda es la actual novia de Arnold, es una hermosa chica alta, de cabello rubio que le llega a los hombros, ojos color miel y una vitalidad en los deportes que la hace bastante atractiva para el sexo masculino, que solo era opacado por su carácter siempre alegre.
– ¿Frieda? ¿Qué tiene ella que ver en todo esto?
Miles se levanta para tomar el cartón de leche del refrigerador, se gira a un mueble de cocina y toma otro vaso, donde se sirve un poco de leche – mira Arnie, por cómo te veo, entiendo que estas molesto y según parece la razón de tu molestia es porque aparentemente lo que está haciendo Gerald está mal… – se regresa a la barra y se sienta junto con su vaso y el cartón de leche – supongo entonces que eso significa que todavía sientes algo por esta chica… ¿verdad?
Abriendo grande los ojos, el rubio niega rotundamente la conclusión a la que su padre ha llegado, pero mostrando cierto grado de nerviosismo – ¿Por Helga? No… bueno veras… es que siendo ella mi exnovia y el mi mejor amigo… pues tu entiendes… su noviazgo…
– ¿Qué sientes por Frieda?
– ¿por Frieda? Papá tu sabes que la quiero… y mucho…
– pero… ¿la amas?
Arnold quedo en silencio, sus labios estaban a punto de abrirse, queriendo decir que sí, pues estaba convencido de que amaba a su actual novia, a tal grado que está cerca de dar una respuesta positiva a la pregunta que su propio padre le estaba haciendo; pero algo en su corazón no se lo permitía, había algo en esa palabra de cuatro letras que no encajaba con sus sentimientos, aun no.
Al darse cuenta de esto, Miles le pregunto casi lo mismo, pero refiriéndose a otras personas – ¿quieres a Gerald y a Helga?
– claro que los quiero, el es mi mejor amigo y ella… bueno ella fue mi novia y es mi amiga.
– ya veo… ¿puedo preguntar cuál fue la razón por la que terminaron Helga y tú?
Bajando la mirada a sus manos, Arnold comenzó a relatar – sucedió poco después de que les participe mi transferencia…
Flashback…
En la habitación de Arnold, la pelirrubia daba vueltas en círculos, bastante enojada – ¿te vas? ¿TE VAS? Santo Cielo cabeza de balón ¿es que acaso pensabas irte sin siquiera decírmelo?
Sentado en el sofá rojo reclinable, Arnold trata de "razonar" con su novia – Helga, esto ya te lo había dicho y tú lo sabes… sabes perfectamente que…
– Se PERFECTAMENTE que ibas a irte hasta ENTRAR A LA PREPARATORIA en TRES AÑOS– responde la rubia levantado los brazos al cielo y gritándole muy de cerca al rostro de Arnold, remarcando las palabras "importantes" – ¿Por qué diablos tiene que ser ahora?
En un rápido movimiento que Helga no pudo anticipar, Arnold se levanto y tomo las manos que la rubia tenía al aire – Helga por favor escúchame, no me voy a ir ahora ni mañana sino hasta dentro de un mes, que terminen las evaluaciones parciales.
Helga bajo su mirada y vio como Arnold tiernamente estaba acariciando el dorso de sus manos con los pulgares, a modo de calmarla y demostrarle algo de cariño. Esa sensación se percibía casi como si le estuviera dando pequeñísimos toques de electricidad que recorrían los brazos de la rubia y llegaban justo al corazón, dándole un suave impulso para que su ritmo cardiaco se acelerara.
– Arnold… yo… – Helga elevo su vista y se encontró con las preciosas esmeraldas de los ojos soñadores de Arnold (ahora tenían casi la misma altura, siendo aun Helga más alta). La mirada que este le dirigía era tan tierna y profunda, que fácilmente podría haberse pasado horas contemplando tan bellas gemas, pero en cambio, muy despacio fue frunciendo el ceño y soltó las manos de Arnold para darle un empujón tan fuerte que terminó sentado en el sillón.
– ¡Ni creas que así me vas a convencer Arnoldo! No importa que sea en dos, tres días o una semana… ¡te vas! Y no vas a volver hasta quien sabe cuando…
Aun sentado en el sillón, Arnold cruza nuevamente miradas con Helga, su mirada en esta ocasión era más triste de cuando comenzaron a hablar; pero no solo se veía triste, algo en esa mirada le impedía responder el último comentario de Helga.
– No espera… no vas a volver… ve-verdad…
– veras Helga, mis padres no solo andan en San Lorenzo, sino que viajan por todo el mundo… La última postal que recibí desde que se fueron provenía de…
El chico cabeza de balón continúo hablando, pero en los oídos de Helga la voz se iba haciendo cada vez más y más lejana, como si su mismo inconsciente sintiera el dolor y tratara de evitar que aquellas palabras tan lastimeras siguieran resonando en su cabeza.
– ¿Helga? ¿Me estas escuchando? ¿Helga? – Arnold extendió la mano y estaba a punto de darle una caricia a la mejilla de la chica, cuando ella de un fuerte manotazo la aparto de su trayectoria.
– ¡En verdad que eres una persona egoísta Arnold Shortman!
– ¿Egoísta yo? Pero Helga debes entender…
– ¿Entender qué? Hola Helga como estas ¿quieres ser mi novia? Oye Helga que crees ¿no te dije? nuestro noviazgo tiene fecha de caducidad y se cancelara en mi próximo viaje a San Lorenzo – respondió con un tono bastante sarcástico.
– Helga no es así como se dieron las cosas, veras yo…
– Tú sabias que algún día te ibas a ir Arnold Shortman y aun así quisiste que me ilusionara por ti como una estúpida… ¿y para qué? ¿Para que tengas quien te llore el día de tu partida? – esto último lo dijo con la voz entrecortada, algo que por supuesto percibió Arnold.
– Helga no es lo que tú piensas… Helga…
La pelirrubia se dio la vuelta para salir de la habitación de Arnold, pero la voz del chico la detuvo antes de cruzar la puerta – ¿tú crees que para mí es fácil verdad? ¿Tú crees que me voy solo para lastimarte? ¿No es cierto?
– y si no es así… ¿Por qué te vas? – Pregunto Helga ya con enormes lagrimas rodando por sus sonrojadas mejillas – ¿Por qué me abandonas?
Al verla en ese estado, Arnold rápidamente se acerco a darle un fuerte abrazo, el cual la chica correspondió por un breve momento hasta que, juntando las últimas fuerzas que tenia, lo volvió a empujar haciendo que Arnold cayera brutalmente en el piso de su alcoba – hipócrita…
Aun atónito por la caída, estaba seguro que Helga había susurrado algo – ¿Cómo?
– ¡QUE ERES UN HIPÓCRITA! Es que acaso no escuchas ¿o no quieres escucharlo?
– ¡Está bien Helga! si quieres que las cosas terminen así… – parecía que esas últimas palabras le habían comido la lengua a Arnold, pues ya no pudo decir más.
– si Arnoldo… voy a terminar algo que JAMAS debió haber empezado – y con su ya conocido paso firme, abrió la puerta y bajo las escaleras, continuando así hasta el parque donde no pudo más, se sentó debajo de un árbol y lloro como nunca había llorado.
La puerta de la habitación de Arnold continuaba abierta. El joven rubio se encontraba de rodillas en su cama, mirando con suma tristeza las fotos donde se encontraba junto a Helga y en repetidas ocasiones rodo la vista hacia la puerta, con la esperanza de ver a su novia entrar de regreso. Bajo la vista y con mucho cuidado, fue sacando las mismas fotos y las fue acomodando en una de las cajas que había conseguido para transportar sus pertenencias a San Lorenzo.
Fin del Flashback…
Miles ahora se encontraba recargado en la mesa de la cocina, escuchando los últimos detalles de la historia de Arnold – Vaya… ¿y de ahí ya no la volviste a ver?
Afirmando con la cabeza, Arnold prosiguió – siendo compañera de la escuela y estando en mi clase, se podría decir que la veía a diario, más sin embargo no volví a cruzar palabras con ella… de hecho no me fue a despedir al aeropuerto.
– mmmh… tomando el último trago de leche, Miles analiza la situación – entonces se podría decir que fue ella la que rompió contigo ¿verdad?
– no exactamente… veras cuando…
– ¿papá? ¿Arnold? ¿Qué hacen levantados tan tarde?
– Mitzi – respondió Miles al ver a su hija levantada – ¿Qué haces despierta a esta hora?
– voy al baño, es que Phil esta en el de arriba y no quise despertar a mi mamá.
Los dos varones cruzaron miradas al ver pasar a Mitzi, la hermana menor de Arnold – ¿Por qué se me quedan viendo tanto?
– por nada Mitzi, continua.
Aprovechando que su hija menor se encerró en el baño, Miles se acerca a su hijo y le habla en voz baja – Antes de que vuelva Mitzi quisiera hacerte una pregunta ¿Qué es exactamente lo que te incomoda sobre que Helga y Gerald sean novios?
Abriendo grandes los ojos, Arnold trato de responder pero su padre se le volvió a adelantar – Porque si tus amigos encontraron la felicidad en el amor al estar uno con en otro… creo entonces, que ellos no están tan mal.
El joven cabeza de balón no podía estar más boquiabierto, su propio padre no le estaba dando la razón a él, pero ¿Por qué? ¿Será que en realidad Helga si sea para Gerald y viceversa?
– ¿Quiénes están mal? – pregunta Mitzi de diez años.
– Mitzi, es de mala educación escuchar la plática de otras personas – la reprende Arnold adoptando su papel de hermano mayor.
– No es justo, ustedes si se pueden desvelar y yo no – comenta haciendo un pequeño puchero mientras va subiendo las escaleras.
Con respecto a tu situación – comenta Miles al ver a su hija subir las escaleras – Algunas veces… lo mejor y más valioso que puedes hacer por la persona que amas no siempre es lo más fácil… Eso es algo que siempre me decía tu abuelo.
– Extraño los consejos del abuelo… sin ofender claro.
Con una enorme sonrisa, su padre responde – yo también… como desearía que viniera a visitarnos por más tiempo.
– "nunca comas frambuesas" – dijeron Miles y Arnold al unísono, soltando una relajante carcajada siendo seguidos por una pequeña espía.
– jijiji así dice el abuelito Phil.
– ¡Mitzi! te voy a enredar en las sabanas para que entiendas – decía Miles en son de broma.
Miles se levanta y acomoda el vaso de leche junto con el de Arnold, (que quedo a medio consumir) acomodándose las mangas de su pijama dispuesto a lavarlos, pero el joven rubio se le adelanta y comienza la tarea – déjalos papá, yo los limpio.
– Gracias Arnold – le acomoda el secador en el hombro y se dirige a las escaleras – por cierto hijo, espero haberte ayudado aunque sea un poco.
Con una sincera sonrisa responde – si papá, gracias.
– Y Arnold… piensa en lo que te dije.
Afirmando con la cabeza, Arnold se regreso a sus labores, pero ahora en su mente una nueva frase comenzaba a hacerse presente – "Algunas veces… lo mejor y más valioso que puedes hacer por la persona que amas no siempre es lo más fácil"
Durante la noche, la frescura de la brisa de verano hizo deliciosamente adormecedora la velada en Hillwood, ejerciendo un fuerte efecto en Helga, que se había quedado dormida recostada en el hombro de Gerald; mientras el moreno, que para poderse librar de James (y a pesar que andaba a toda prisa) bebió una lata de cerveza casi de un solo golpe, ganándose un aliento a alcohol sin estar embriagado. Por lo que decidió cargar a la chica y subirla a su automóvil y esperar a que disminuyera su aliento a cerveza para que no lo infraccionaran, pero poco a poco fue sucumbiendo por el sueño.
El tenue resplandor del alba comenzó a despertar a Helga, que se había quedado dormida sin darse cuenta, por lo que después de un largo bostezo parpadeo un par de veces, abrió los ojos y se percato que no estaba en su habitación.
– un momento… ¿respaldos de asientos?... ¿espejo retrovisor?... ¿ambientador con olor a pino? ¿Pues donde rayos estoy?...me quede dormida en… esperen… – la chica da pequeñas olfateadas al percibir una fragancia conocida, rueda los ojos hacia su cuerpo y se percata que esta recostada, llevando encima a modo de manta la chaqueta roja con dos líneas blancas a los lados, perteneciente a Gerald.
– Es la chaqueta de Gerald… y ¿Dónde está él? – La rubia trata de levantarse pero siente un peso extra sobre ella – ay no… no me digan que… – rueda los ojos hacia arriba y al fin se da cuenta que había dormido sobre el pecho de Gerald, quien se había sentado junto a ella en el asiento trasero de su propio automóvil, recargando el codo en el borde de la ventana, su cabeza apoyada en la mano del mismo brazo y con el otro estaba abrazando a Helga, siendo este el responsable del peso sobre sus hombros que al sentir el movimiento de la rubia, la halo más para sí.
La sensación de escuchar los latidos cardiacos de Gerald, así como el suave sonido del aire llenando sus pulmones más la mezcla de maderos con toques de ámbar, proveniente de la fragancia que desprendía la playera/polera negra del chico; hizo que la rubia se tensara y al mismo tiempo sus mejillas comenzaron a tomar un fuerte color rubí. Más sin embargo, lo que la puso como volcán en erupción fue cuando se percato que cierta "parte" de Gerald estaba muy "despierta"
– ¡GERALD! – Grito Helga dando un salto y soltándose del abrazo del chico – ¡eres un maldito pervertido! ¡Todos los estúpidos hombres son iguales!
Dando un gran sobresalto, el chico despertó – ¿Qué que paso? ¿Qué ocurre? – Preguntaba el moreno parpadeando varias veces – ¿dónde estoy?
– ¿Ocurre? ¡Ocurre que eres un degenerado pervertido pelos de espagueti eso ocurre! Te aprovechaste de que estaba dormida para abrazarme y usarme como fuente de inspiración de tu sucia imaginación – termina y le avienta su chaqueta, poniendo las manos en la cintura.
– ¿Pataki? Espera un momento… ¿yo te abrace?... No sé de qué demonios me estás hablando.
Sin responder verbalmente, Helga entrecerró los ojos con el ceño fruncido y señalo la entrepierna del moreno que al bajar la vista, se le subieron los colores al rostro e inmediatamente tomo la chaqueta para cubrirse.
– este… yo… no te estaba abrazando… Pataki.
– ¡Claro que me estabas abrazando! Si yo me desperté primero Geraldo.
– ¿¡Y si te despertaste primero porque no me hablaste!
– Porque… tienes el sueño muy pesado cabeza de cepillo ¡Criminal! Eres peor que un oso hibernando.
– Entonces si te molestaba tanto mi "abrazo" Helga, te hubieras soltado sin despertarme ¿no crees? – le espeto el chico que se había volteado hacia la ventana para que la rubia no viera su cara de vergüenza.
Abriendo grande los ojos, Helga por primera vez no tenía ningún argumento para responder, puesto que lo mencionado por Gerald era lógico. Pero esa sensación que le dio al tener su cabeza en el pecho del moreno escuchando las palpitaciones junto con su respiración, además de percibir su fragancia; prácticamente la habían "hipnotizado" pero ¿Por qué? ¿Qué fue lo que hizo que permaneciera así?. Si no se hubiera percatado de las latentes hormonas de Gerald ¿hubiera continuado en esa posición? Esas cuestiones rondaban la cabeza de Helga hasta que la voz de Gerald la trajo de vuelta a la realidad.
– ¡Rayos! Viene un oficial para acá… ¡pronto salte del automóvil!
– ¿Qui-quién? ¿Yo?
– ¿Quién más? ¡Rápido salte!
Levantando manos al cielo (y para mala suerte de Gerald haciendo un gran alboroto) la rubia respondió dando de gritos – ¡Por Dios Geraldo! es TU vehículo TU salte.
Se acerco un oficial de cabello rojo y piel muy blanca cuyo aspecto recordaba un poco a Eugene – buenos días jóvenes ¿hay algún problema?
Dándole una sonrisa bastante nerviosa por parte de ambos, Gerald respondió – bu-buenos días oficial… no está pasando nada solo… – los jóvenes cruzaron miradas e inmediatamente volvieron la vista al oficial mostrando todos los dientes – ¡solo estamos conversando!… ¡eso! – responde Helga tratando de no sonar tan nerviosa.
– escuche unos gritos.
– ¿gritos? – Los chicos nuevamente cruzaron miradas y de inmediato se abrazaron de lado – no sé de qué nos habla oficial, estamos platicando muy a gusto – respondió Helga bastante nerviosa.
Sacando una pequeña lámpara para alumbrar el interior (ya que aun no salían por completo los primeros rayos de sol) busco alguna botella de licor – muy bien chicos, necesito que el dueño del automóvil me muestre su licencia de manejo y sus documentos.
Con ojos desesperados, Gerald volteo a ver a Helga, pero esta frunció un poco el entrecejo, dándole a entender que no se iba a bajar del automóvil – muy bien oficial, en un momento le muestro los papeles – concluye y con mucho cuidado tomo su chaqueta tratando de ocultar cierta "parte" de su cuerpo. Fue entonces hasta que Helga entendía la razón por la que Gerald le pedía que saliera ella.
Abriendo la puerta de golpe, Helga se dejo caer al otro lado del vehículo – ¡OOUCH!
El oficial al ver la acción de la chica, corrió rodeando el auto para auxiliarla, a lo que el moreno aprovecho y se amarro la chaqueta a modo que las mangas "disimularan" la acción de las hormonas – señorita ¿se encuentra usted bien?
– No… la verdad me duele el tobillo – respondió desde el piso tomándose la pierna. Helga no recordaba que se había torcido el tobillo llegando al muelle – pero ¿Por qué me duele mi tobillo?
– Helga ¿te duele tu tobillo? – ya "disfrazado", Gerald se inclino y recargo la pierna de Helga en su rodilla y con mucho cuidado retiro la bota vaquera que le había prestado Rhonda, dejando al descubierto su tobillo inflamado y amoratado – Oh Dios… ¿te duele?
– no cabeza de cepillo… ¡Claro que me duele! ¿Qué no lo estás viendo? – respondió la chica en su clásico tono sarcástico.
– Será mejor que la lleves a un hospital jovencito – comento el oficial quien junto con Gerald, ayudaron a Helga a llegar al asiento del copiloto.
Gerald rodeo su auto, se subió y está a punto de arrancar cuando el oficial se recarga en el marco de la puerta y lo detiene – ¿y su licencia?
– Ah sí – toma su cartera y le muestra la licencia de conducir.
– ¿Eres hijo del comandante Johanssen verdad?
– Si señor… perdón, quiero decir oficial – posa su mano izquierda en la nuca debido al nerviosismo.
– Está bien – le entrega de vuelta la identificación y se levanta, pero inmediatamente se vuele a agachar – ¡Ah por cierto! antes que se me olvide…, para la próxima vez que tengas problemas con disimular "algo" prueba con ropa más holgada y desfajado… Aunque lo de la chaqueta fue buena idea… y no sean tan obvios.
Después de decir esto, el oficial se fue caminando tranquilo a su patrulla, dejando al pobre de Gerald más colorado que su chaqueta y a Helga completamente roja. Cualquier fruta o vegetal rojo se hubiera visto cual ligero rubor al lado de ellos.
–… conduce – dijo Helga
Sin responder verbalmente ni voltear a ver a Helga, el chico afirmo con la cabeza y se puso en marcha rumbo al hospital.
–… ¿Gerald?
– ¿sí?
– si dices una palabra de esto a alguien… voy a sacarte el apéndice sin anestesia.
–… está bien.
Durante el camino, la tensión que existía dentro del automóvil fue desapareciendo y una vez que llegaron al hospital, Helga no se sentía tan incómoda a tal punto que le pidió a Gerald su celular prestado y le mando mensajes de texto a Rhonda para que esta le avisara a su familia que se había dormido en su casa; recibiendo el siguiente mensaje de texto en respuesta.
-/pero Helga ¿donde estuviste?, te fuiste con Gerald y no se quedaron al resto de la fiesta, el señor Reignman nos dijo algo sobre un baile de disfraces/-
-/Rayos Rhonda tu solo avísale a mis papás/ – escribió la rubia algo estresada, pues sabía que si no tenía una cuartada, las cosas se le iban a poner difíciles en casa.
– ¿Qué haces? – pregunto el moreno al verla tan entretenida mientras estacionaba su vehículo a un costado de la entrada de urgencias en el hospital.
Rodando los ojos al cielo, la rubia le contesta – ¿tú qué crees? ¿Qué piensas que hará el gran Bob cuando se dé cuenta de que no llegue a dormir a la casa?
Dándose una pequeña palmada en la frente, Gerald se da cuenta de que él tampoco llego a dormir a su casa – ¡Es cierto!, tengo que mandarle un mensaje a James para que diga que me quede en su casa a dormir, pero antes de eso – se baja del coche y le abre la puerta a Helga para ayudarla a llegar a la sala de urgencias – permíteme ayudarte.
Empujando la mano que Gerald le estaba ofreciendo, la chica sale del automóvil guardando el celular del moreno en su short – Yo puedo ponerme en pie sola Geraldo gracias.
– sí pero tenemos que llegar hasta el área de urgencias, si gustas puedes esperar aquí mientras yo voy a traer una silla de ruedas para que…
– ¿estás loco? No necesito de tu ayuda pelos necios, yo puedo caminar hasta la entrada – muy decidida la rubia, dio unos cuantos pasos alejándose del auto pero no se percato que había unos pequeños topes para disminuir la velocidad vehicular, pisándolo con el pie izquierdo lastimando su tobillo y en consecuencia cayendo sin remedio en medio del estacionamiento.
– ¡AAY! tontas leyes de urbanización – Helga maldecía mientras Gerald la ayudaba a ponerse en pie, ya sin poder apoyar su muy adolorido pie izquierdo.
– Pataki… así nunca vamos a llegar al hospital.
– Claro que vamos a llegar cabeza de cepillo no seas impaciente… – sumida en su terquedad, la rubia comienza a dar pequeños brincos, disminuyendo la paciencia de Gerald.
– Mmmh… espera… – rápido se regresa al automóvil donde saca de nueva cuenta su chaqueta, se acerca a Helga y se la amarra a la cintura.
– ¿Y esto?
– traes un short bastante corto Helga – y sin decir más se inclina y la toma entre sus brazos, llevándola cargada hasta la entrada de urgencias.
La chica no podía estar más impresionada. Sin previo aviso de nueva cuenta estaba ahí, recostada sobre el hombro de Gerald y para mala suerte de la rubia, el fresco roció de la mañana parecía acentuar la fragancia de maderos con toques de ámbar, además que debido al movimiento y esfuerzo del chico, su respiración era algo acelerada; desconcertando una vez más a Helga que comenzó a renegar aunque su rostro ya se veía bastante colorado – ¡Suéltame degenerado! ¿No te fue suficiente lo de esta mañana?
– ¡Helga no te muevas tanto! Nos vas a tumbar a los dos – debido a esto, Gerald se detuvo solo para acomodarla más hacia él – estate quieta Pataki o te suelto y hablo en serio – le respondió mirándola bastante serio frunciendo el entrecejo pero con las mejillas sonrojadas.
Abriendo grande los ojos, la rubia solo asintió con la cabeza e inmediatamente bajo la mirada. No tenía más que decir, pero si mucho que pensar – ¿Qué…? ¿Qué me está pasando?...
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ConTinUarA...
Vaya... comenzaron a aparecer confusiones entre los sentimientos de los involucrados, como dijo mi amiga Ground Spirit Minerva en uno de sus Reviews, amigos que se comportan como novios = relaciones peligrosas. Arnold esta bastante confundido y en cuanto a Helga ¿que le estara pasando a la rubia? Esa cercania con Gerald la han afectado pero... ¿que pensara Gerald de esto?. Una vez más agradezco los Reviews que me han dejado y a todos que anonimamente leen mi fic hasta hoy.
MaRyMoRaNTe:)
