-¡Eh! ¡Espera un momento, señorita!- A pesar del apelativo formal "señorita", la palabra no habia sido pronunciada con el respeto que suele acompañarla.

Por su parte, Merian, tan chulesca como siempre, agito con aires de grandeza su bonita melena pelirroja ahora, continuando con su rapida caminata en completa soledad.

En soledad porque, por desgracia, debido a la carrera frenetica que habian comenzado en huida de sus perseguidores piratas, Louie y Merian se habian separado. Y no lo habian hecho por gusto o decision propia, la verdad. El problema habia sido que, siendo Louie mucho menos atletica y de piernas mas cortas, cuando Merian conecto su modo de buena asidua al deporte y avanzo a una velocidad pasmosa, Louie, la pobre y pequeña Louie, no habia podido seguirle el ritmo.

Para cuando Merian se dio cuenta, estaba sola ¡Genial!

Habia abandonado a su mejor amiga.

Sintiendose la mujer mas malevola y traicionera del planeta, Merian aparento solemnidad y orgullo, dandole vueltas en realidad una y otra vez a como daria con Louie de nuevo y donde diablos estaria, la desdichada. La idea de imaginarla sola, perdida, con su carita bonita tan inocente e infantil a mercez de cualquiera, hizo que un escalofrio de culpa y panico le recorriera la columna vertebral.

Luego recordo con algo de alivio que Louie tonta, precisamente, no era. Sobreviviria.

-¡Señorita!- Esta vez canturrearon desagradablemente, despertandola de sus preocupados pensamientos y haciendola caer en la cuenta de que la estaban siguiendo, los muy descarados y asquerosos, y que no parecian dispuestos a dejarla en paz tan solo con ignorarles. -¡Para un momento, señorita!- Nada, que no callaban. Harta y con su poca paciencia caracteristica, Merian se detuvo en seco, comenzando a girarse con su expresion mas superior y sus peores palabras para aquellos vandalos pesados.

Pero cuando comprobo la situacion en la que se encontraba con sus propios ojos, no pudo mas que quedarse en silencio.

-¡Jah! ¡Lo sabia!- El mas descarado de aquellos vandalos callejeros y mal vestidos se dirigio a sus compañeros con orgullo, portando entre sus manos lo que parecia, sin duda alguna, un cartel de busca y captura. Y Merian sabia ya cual era la imagen que aparecia en dicho cartel. -¿Veis como es ella?- La sangre se le bajo hasta los pies, no pudiendo evitar quedarse en blanco, parada y tensa como una ramita espigada. La de los planes y reacciones astutas rapidas era Louie, no ella. Ella era mas de accion violenta y directa y, en situaciones limite, solia perder los nervios y la calma.

O quedarse en blanco, como en ese preciso instante.

-Pero tio... - Otro de los vandalos, que debia ser un subordinado del primero, se acerco un poco al susodicho lider, analizando el cartel detenidamente. -Esta es morena... - Señalo la foto con desconfianza, haciendole saber a Merian que no debia ser el mas espabilado del grupo, precisamente. Se dio cuenta entonces, la pobre, que con el correr y la rapida fuga, se habia olvidado de ponerse las gafas de sol en el lugar correcto, dejandolas de diadema desde el momento en que observo a aquel comandante y nuevo perseguidor ¡Mierda! ¡Jodida suerte la suya! Penso la perdida ahora Merian. -Y aquella es pelirroja... - La señalo descaradamente, no pudiendo evitar Merian dar un respinguito, comenzando a pensar como diablos iba a darse a la fuga ahora que andaba, practicamente, cada vez mas arrinconada por aquel grupo contra la pared de algun comercio. Era una supuesta delincuente buscada, aqui, en plena calle, nadie iba a ayudarla y, si gritaba para lograr un cable, otros la reconocerian.

-¿Y eso que?- Como regañandole, el lider de la pandilla callejera de carteristas (Merian dio por hecho que lo eran) se encogio de hombros, volviendo a analizar el rostro de la foto del cartel para posar los ojos de nuevo sobre la verdadera Merian. -¿No ves que es la misma? Las mujeres se cambian el color del pelo todo el tiempo.- Asintio con solemnidad ante sus propias palabras, como si aquello le hiciera un experto en mujeres.

-Llevemonos su bonita cabeza, entonces.- Otro de los vasallos hablo con sadismo, provocando que Merian no pudiera evitar comenzar a entrar en un horrible estado de nervios.

-¡Ah!- Grito sin haberlo podido contener, llevandose rapido las manos a la boca como si aquello lograra que se olvidaran de ella. Por desgracia, esto no funciono evidentemente, notandose la pobre con que ahora si que estaba completamente arrinconada.

-¡No podemos llevarnos su cabeza, anormal!- El lider, no sabia Merian si para su alivio o mayor desgracia, la señalo firmemente, mirando a su compañero sadico con expresion de disgusto. -¿No ves que la quieren viva? Si la matamos, no habra recompensa.-

-¡Os equivocais de persona!- Desesperada, Merian asintio un par de rapidas veces, como queriendo dotarle de mayor veracidad a sus palabras, hablando por fin.

-Mentira, señorita.- Con una sonrisa cargada con algun que otro diente de oro (conseguido robando, sin duda), el lider de la manada callejera se rio incluso, volteando aquel cartel para mostrarle a la mismisima Merian su propia foto. -Tu eres Merian Vegnantine. Y la recompensa por capturarte es aun mas atractiva que tu.-

-¡¿Yo? ¡¿Meri-que?- Haciendose la loca, Merian se llevo una mano al pecho teatralmente. Por desgracia, aquellas actuaciones se le daban mucho mejor a Louie que a ella. -Yo me llamo... eh... - Incluso divertido, el lider espero el invento, mientras que algunos del grupo parecian hasta creerselo. Era bastante humillante encontrarse arrinconada por semejantes descerebrados, quitando al jefe y a alguno que otro con dos minimos dedos de frente. -Eh... Lillian... - Merian habia visto una florecilla salvaje que crecia entre la via y la carretera, no ocurriendosele otra cosa mejor.

-¡Que no, que tu eres Merian Vegnantine!- El lider señalo con insistencia y falta de paciencia la foto del cartel.

-¡Que no, joder! ¡Que me llamo Lillian!- Merian, por muy aterrada y en la estacada que estuviera, seguia siendo Merian, y su mal humor venia de fabrica.

-¿Ves como esta es otra?- El menos listo de todos, aquel que habia dudado debido al color del pelo de la muchacha, chasqueo la lengua. Idiota... ¿Por que no podian ser todos igual de memos?

-¡Bueno, ya esta bien!- El jefe, enfadado de pronto, dio un enorme pisoton en el suelo acompañado de su grito reciente, provocando que tanto Merian como toda la pandilla dieran un respingo asustado. -¡Yo digo que tu eres Merian Vegnantine, y eres la puñetera Merian Vegnantine!- Dirigiendose ahora mas a sus subordinados que a su presa, continuo. -¡¿Queda claro?- Y para desgracia de Merian, todos asintieron. -Bien... y ahora, te vienes con nosotros, señorita.- Con aquella sonrisa malevola y desagradable, el lider peligroso avanzo un par de pasos hacia ella.

Merian comenzo a pensar como diablos iba ella a pelear contra semejante mastodonte, curtido en las calles, y su panda de lobos con cerebro de borrego.

-¡Espera!- Casi se desmaya de alivio repentino cuando uno de los secuaces se detuvo en seco, provocando que los demas hicieran lo mismo. -¿Y si es peligrosa? Al fin y al cabo, piden mucho por ella ¿No? Algo horrible ha tenido que hacer.-

-¡Exacto! ¡Soy jodidamente terrible! ¡Un peligro! ¡Halla donde voy, estalla el caos y la destruccion!- Pero no sono muy convincente. Mas bien, se escucho como amenazas vanas y falsas de alguna macarra vocazas.

-No lo parece... ¿Por que no lo comprobamos?- Pero nada, que el lider de dientes de oro no era ni tan idiota, ni tan cobarde como para dejarse amedrentar por una nerviosa y asustada Merian. Y, para colmo, el resto del grupo parecio completamente deacuerdo, acercandose cada vez mas y mas. Merian se pego contra la pared cuan alta y esbelta era, rogando al cielo que pudiera teletrasportarse o atravesarla por milagro divino. Evidentemente, esto no sucedio.

-O sea, que podemos hacerla lo que queramos, mientras no la matemos ¿No?- Aquel sadico que habia pedido su cabeza hacia apenas unos instantes hablo con una sonrisa que a Merian no le gusto absolutamente nada.

-Aja... - El lider, en pleno modo pasivo-agresivo, asintio, continuando su cercania hacia la pobre Merian, que ya comenzaba a estar dispuesta a repartir patadas, mordiscos, arañazos y todo lo que se le ocurriera a diestro a siniestro.

-Yo sigo diciendo que no es ella... - Aquel idiota hablo y, para desagradable sorpresa de Merian, el lider chasqueo la lengua, sacando un rifle repentino de su espalda para dispararle un tiro sorpresivo a su supuesto aliado. En la calle comenzaron a esparcirse algunos gritos ahogados, y la gente empezo a desaparecer para horror total de Merian que, tras aquel disparo y ver como el compañero menos inteligente caia al suelo (Muerto el infeliz, posiblemente) estaba al borde de un infarto.

No debia ser un pueblo muy seguro a pesar de la base naval.

-Era muy pesado. Nunca me cayo bien.- Ante su expresion aterrada, el culpable del nuevo fiambre adornando la calle se encogio de hombros como disculpa mientras que el resto del grupo no parecio ni inmutarse por el ataque sin sentido. -Se acabo, señorita. Te vienes con nosotros.-

Y ya estaban encima, y ya la iba a agarrar, estando Merian pegadita contra la pared con expresion de panico y a punto la pobre de ponerse a gritar como una histerica cuando, caido del cielo, llego su salvacion.

Caido del cielo literalmente.

Habiendo, posiblemente, saltado desde la azotea del edificio en cuya pared se resguardaba la pobre Merian, el comandante de la primera division de los piratas de Barba Blanca cayo impasible hacia el suelo, con tan buena suerte, que le dio de lleno en la cabeza con los pies al lider de la pandilla callejera.

-Vaya... - Como si no hubiera sido culpa suya, Marco se llevo las manos a los bolsillos, analizando en pie y sobre el al pobre infeliz que, desmayado ahora por el impacto, yacia bajo su peso con la cabeza hundida en la arena. -Lo siento, amigo.- Se disculpo sin mucha gana ni culpa, rascandose la nuca algo perdido al no haber calculado correctamente la caida.

-¡Ah!- Merian no pudo hacer otra cosa mas que dar un bote y soltar un gritito nervioso, llevandose las manos a la boca. Ahora no sabia si su situacion mejoraria o empeoraria.

-¡Hola, hermanita!- Marco saludo tan tranquilo y amable como habia sido hacia apenas un par de horas, cuando Merian se habia retirado las gafas para comprobar su identidad. Iba a gritar otra vez, pero cambio de idea.

-¿Hermanita?- Merian siempre seria Merian. Con expresion de disgusto y mal humor, observo a aquel desdichado pirata confianzudo.

-Oh, es cariñosamente ¿Te molesta?- Como si no pasara nada, Marco la observo algo despistado, ignorando al parecer como el resto del grupo de delicuentes callejeros se aglomeraban en torno a el.

Merian iba a contestar algo desagradable, pero se le adelantaron.

-¡Hijo de perra!- Uno de los vasallos del lider desmayado, aun bajo los pies de Marco, le señalo, mas cerca de lo que el despistado comandante imaginaba. Es mas, parecia que acababa de percatarse de la existencia del grupo.

Silencioso, Marco le observo, a los ojos, fija y claramente.

Todos se quedaron callados.

Un silencio que a Merian casi le destroza los nervios de cuajo.

Finalmente, Marco chasqueo la lengua, rompiendo aquel ambiente tenso y extraño.

-¿Quereis pelea?-

Esas serian las ultimas palabras que escucharian aquella tarde la banda callejera mas peligrosa de la isla.

(Cambio de escena)

Casi desmayada de tanto correr, jadeando y con las piernas a punto de estallarle por un esfuerzo total al que no estaban acostumbradas, Louie se resguardo en el primer callejoncito solitario que encontro.

Ultimamente, se habia vuelto una autentica asidua a los callejones, penso con autocompasion ¡Que glamour!

Pero no era momento de compadecerse de si misma y su falta de estilo.

Con tension y pensando en donde diablos se habia metido Merian, si estaria bien y en como iban a encontrarse de nuevo, la pequeña Louie se dejo, practicamente, caer contra la pared, vigilando por fin a la sombra del muro hacia la calle principal, arida y soleada.

No parecia seguirla nadie.

Al menos, era un punto a su favor.

Suspirando mas tranquila, se llevo una mano al pecho, notandolo aun subir y bajar dolorosamente mientras su corazon no paraba de bombear sangre. Estaba cansada y le temblaban las piernas, ella no era tan buena deportista como Merian. Aun se preguntaba como la tia podia correr tanto si ademas de bebedora empedernida, encima era fumadora. Louie supuso que se debia a que ella, en lugar de pasar las tardes muertas leyendo y jugueteando con el jardinero desde la ventana (con el que nunca hizo nada, pero era divertido y ademas, a su padre le crispaba los nervios, por lo que era aun mejor) como Louie, Merian hacia deporte, corria, o jugaba al futbol con los marines encargados de la seguridad de su familia. A los que, por cierto, mas de una vez pego un violento balonazo en la cabeza. Merian era una jugadora aterradora y muy mala perdedora, y los desdichados del equipo contrario pagaban las consecuencias a menudo.

Pero Louie no. Louie se habia dedicado a vagar por sus mundos imaginarios constantemente, algo antisocial y ¿Para que negarlo? "algo rarita", como decia el propio servicio de su casa como si ella no pudiera escucharlos tras la puerta. Se habia dedicado a escaparse de casa en plena noche, saliendo por la ventana en actos de locura, para recorrer los sitios cercanos que mas le llamaban la atencion, casi siempre en compañia de Merian que, orgullosa y chula, salia directamente por la puerta principal de su casa, habiendose percatado antes de que todos durmieran. Pero esto ultimo, no lo admitia nunca.

Louie no es que fuera antisocial, es que, en el mundo de su padre, que ella no consideraba suyo, estaba completamente perdida y marchita. No le gustaba. No habia nunca nada divertido, nada interesante y, para agravar aun mas la situacion, tampoco se le estaba permitido salir a buscarlo para calmar la enorme curiosidad que tenia su cabecita trabajadora constantemente. No es que se viviera mal, por que carencias basicas no faltaron nunca, es mas, sobraron. Es que no se vivia. No en el sentido amplio de la palabra. Louie queria emociones, queria aventuras, salir airosa de peligros como las heroinas de sus libros y ¿Por que no? Vivir un amor prohibido, como todos los grandes amores de las novelas. El jardinero no contaba, por muy bien que le cayera a Louie.

Se habia resignado a vivir en su cabeza imaginativa un millar de aventuras, donde cada dia era un personaje nuevo. Un dia era una peligrosa y sanguinaria capitana pirata; otro dia era una fiera y justiciera heroina enmascarada; otro, una doncella inteligente secuestrada por bandidos y salvada por algun muchacho interesante; otro dia una picara y atractiva ladrona nunca puesta entre rejas; y, otro dia, era una sirena que se perdia en su camino hacia la mismisima Isla Triton.

Entonces, Lafayette pidio su mano, su padre acepto rapido y contento, y todo se vino abajo.

Louie nunca le presto demasiada atencion al Capitan Lafayette, pero sabia que el sentimiento de indiferencia no era mutuo y este trataba de cortejarla malamente, ya que el tipo era un perro de presa, y ya sabia Louie que los perros de presa nunca dejan de ser eso: cazadores. Y Louie no queria ser cazada, mucho menos por ese perro en cuestion.

Una vez su padre acepto, viendose sin escapatoria posible si permanecia entre los muros de su casa y del mundo del "Señor Comodoro JeanPierre", Louie decidio que era la hora, el momento y la noche indicada para largarse. Despues de llorar amargamente como la niña sensiblona que seria siempre (Lo era de naturaleza, no por educacion), Louie llamo a Merian, casi igual o mas amargada que ella, concertaron la cita de fuga y ¡Puff! Se esfumaron. Merian tampoco era feliz, porque Merian, al igual que ella, nunca encajaria en aquel mundo cargado de galanterias, falsas apariencias, cosmeticos y buenas maneras. Asi que, se fugaron, niñas desesperadas pero valientes, quiza incluso temerarias y ¿Para que negarlo? Inocentes e impulsivas todavia, que poco mundo habian conocido, las pobres.

Porque si se quedaba, Louie no podria ser capitana pirata, no podria ser heroina enmascarada, no podria nunca ser una inteligente doncella ni una picara ladrona, mucho menos podria entonces ser sirena buscando la vuelta a casa.

Esto ultimo era lo mas imposible de todo, por mucho que se escapara, pero soñar es gratis.

-¿Como tan solita?- Sorprendida por la repentina pregunta, habiendo estado perdida en su cabeza imaginativa, como de costumbre, Louie dio un respingo asustado, aun cansada de correr. -¿Te han abandonado, acaso? ¿O te has perdido?- Reconocer la voz hizo que se le helara la sangre. Nerviosa y tragando saliva pesadamente, Louie se giro sobre sus propios pies dispuesta a comprobar si no seria su imaginacion que le jugaba una mala pasada, topandose con la verdad con horror.

No, no era su imaginacion.

El comandante de la segunda division de los piratas de Barba Blanca, Portgas D. Ace, se encontraba apoyado en la pared del mismo callejon, apenas a un par de metros de ella, pensando Louie como diablos podia ser tan rapido el muy condenado.

O mejor, cuanto tiempo llevaria alli divirtiendose con verla asi, apurada, cansada y buscando peligros en el exterior, cuando el problema se encontraba ya dentro.

Ademas, no parecia contento a pesar de su sonrisilla, la cual a Louie le dio bastante mala espina.

-Eh... - Louie volvio a tragar saliva, preparandose para salir corriendo hacia fuera del callejon en cualquier momento. -Hola... - ¿Que podia decir? No hacia falta mucho mas.

Lo mas veloz que pudo, cansada todavia por desgracia ademas de, como ya habia comprobado, mala deportista, Louie iba a echarse a la carrera.

Evidentemente, no lo logro.

-No, esta vez no.- Ace era mas rapido, con mejores reflejos y en plena forma, agarrandola del brazo antes de que la pobre pudiera apenas dar un pasito.

-¡Sueltame!- Louie grito como una niña caprichosa, tironeando sin conseguir absolutamente nada. Por su parte, Ace dejo escapar una carcajada jocosa.

-Eso es algo que sabes que no voy a hacer.- Louie se vio perdida, buscando la ayuda de alguien con la mirada. Alguien como Merian, que se lanzaria como una fiera sobre cualquiera que se atreviera a tocarla un solo pelo de la cabeza sin su permiso. Pero Merian no estaba alli y, aunque lo estuviera, Louie recapacito que mucho no podria hacer contra aquel pirata, la pobre. -Asi que, porque no lo dejas ya... - En menos de un segundo, un tiron mas fuerte hizo que Louie casi se estampara contra el, evitandolo el propio Ace al cogerla de los hombros pequeños facilmente para elevarla sobre el suelo un par de palmos. - ...y me facilitas el trabajo.- Louie pataleo un poco, pero no consiguio nada mas que el agarre se hiciera mas fuerte, viendose completamente sin escapatoria cuando comprobo aun mejor que Ace podia con ella como si fuera de juguete. Entonces se quedo estatica, elevada sobre el suelo, teniendo la mirada de Ace a demasiada poca distancia de la suya, intimidandola. Al fin y al cabo, era Portgas D. Ace, un peligroso pirata, un tipo cuya fama se extendia por todo el Grand Line y no traia rumores esperanzadores y agradables, precisamente. La sonrisa de Ace se esfumo por una expresion de rabia contenida. Asi, ahora si daba miedo. -Tu... - Molesto, tragandose la furia de la mejor manera que pudo, la mirada peligrosa de Ace se clavo directa en las pupilas de la pobre Louie. -Tu... pequeña... - Parecia que masticaba las palabras, como si le costase una barbaridad no ponerse a gritar o pegarle una bofetada, asegurando el agarre de una forma que la zarandeo una firme y ligera vez. Louie no se atrevio a decir palabra. -Pequeña... arpia.- Ya esta, lo habia dicho, y no pronuncio nada mas fuerte porque, a pesar de todo, Ace se habia dicho a si mismo una y otra vez que era un hombre de principios. Y como tal, no se atrevio a cruzarle la cara, aunque ganas no le faltaron mientras la buscaba por toda la maldita isla. Mientras la buscaba, porque ahora que la tenia delante, agarrada y elevada sobre el suelo, con carita asustada, era mas dificil concentrarse en el enfado y no verse a si mismo como el malo de la pelicula.

¡¿Como diablos lo hacia? Ace no lo sabia, pero Louie tenia un maldito don para encandilar a la gente hasta sin proponerselo.

-L-lo siento.- Amedrentada y habiendo dejado de resistirse, que decidio que precisamente el momento idoneo para tratar de huir no era, Louie puso casi sin pensarlo sus mejores ojitos negros brillantes y asustados.

Vale, le estaba poniendo las cosas dificiles, pero Ace no iba a dejarle ganar otra vez. Se nego en rotundo, decidiendo que, si tenia que ser el primer hombre inmune a sus encantos naturales, lo seria. Y punto.

Seria lo que el quisiera que fuera. Nada mas.

-Me engañaste.- Apreto un poco mas el agarre, observandola con verdadera furia trabada en la garaganta a punto de salir, y Louie temio que incluso acabara por hacerla daño. Pero esto, no sucedio.

-¡Tenia que hacerlo!- En su defensa repentina, Louie fue la que grito para su propia sorpresa, tratando de buscar comprension en la mirada del otro pero, esta vez, de verdad y sin trucos de por medio.

-Me engañaste... y me robaste.- Ace la acerco un poco mas, analizandola malamente y mostrandole que, realmente, le guardaba bastante rencor por haberla permitido estafa semejante.

-¡Si no lo hacia, me devolverias a casa!- Louie salto en su propia defensa, no decidiendo hacer nada mas que resguardarse en el dialogo, a pesar de lo tenso y peligroso de su situacion. -¡No quiero volver a casa!- Louie era sensiblona, y de lagrima facil, estando repentinamente a punto de echarse a llorar.

-¡Pero tu me engañaste!- Vale, Ace ahora no sabia porque le sentaba peor el hecho de que le hubiera embaucado y engañado en lugar del robo. Sin embargo, era lo que le salia, dejando de controlar tanto lo que realmente le estaba deseando replicar a la muchacha que, aun atrapada bajo su agarre y elevada sobre el suelo, le observaba con miradita lacrimosa y ¿Culpable? Quizas si... pero tambien combativa.

-¡Tenia... - Pero Ace no le dejo repetirlo.

-¡Me engañaste como a un idiota y yo me lo crei!- Ahi estaba. Esa era la verdad, lo que mas le habia dolido. Y Ace ya no sabia si habia sido por orgullo o, a lo mejor, solo a lo mejor, por otra cosa que todavia no se habia parado a pensar del todo. Tampoco iba a hacerlo ahora.

-E-escucha... - Louie trato de calmarse a si misma, mordiendose el labio inferior con su dentadura de dientes separados, observandole llorosa y suplicante. -No te engañe... del todo... - Esto era nuevo, y Ace no pudo evitar desconcertarse de pronto.

-¡Quitale las manos de encima a Louie, animal!- Por suerte o desgracia, la voz repentina y malhumorada de Merian estallo entre las paredes del callejon, provocando que Ace perdiera la atencion sobre la pequeña Louie y no pudiera evitar observar el lugar de donde provenia el sonido.

Alli estaba, combativa, enfurecida como siempre y con cara de pocos amigos en la entrada del callejon, dispuesta a echarse sobre el en cualquier momento.

Casi igual de estupefacta, Louie miro a su amiga con los ojos aun llorosos, sostenida todavia por el agarre de Ace.

-Tranquila, hermanita, Ace es un buen chico.- Marco aparecio en escena, tan tranquilo como era su caracter, con las manos en los bolsillos descuidadamente mientras observaba la escena pareciendo indiferente. Pareciendolo, exacto, porque Ace lo conocia bien, y Marco estaba preocupado.

-¡¿Un buen chico? ¡Es un jodido psicopata ¿No lo ves?- Merian le señalo despectivamente, provocando que Ace no pudiera evitar pensar como debia verse la imagen desde fuera ¿De verdad tenia tan mala pinta? Y lo que era mas importante ¿Por que Merian estaba junto a Marco tan tranquila, sin necesidad de llevarsela a la fuerza? Ace no pudo evitar desconcertarse.

-Ace... ¿Estas bien?- Marco, extrañamente, le cuestiono, provocando que el pobre Ace no pudiera contener una expresion confusa ¿De verdad parecia un verdadero psicopata? O era, quiza, la imagen de su rostro, que, para Marco, Ace era como un libro abierto, y habia algo que le comenzaba a encajar.

-Eh... si... - Pero tampoco sabia como estaba, dejando a la pequeña Louie finalmente sobre el suelo mientras observaba a ambos recien llegados. Casi instintivamente, la cogio del brazo, adivinando sus intenciones constantes de darse a la fuga y, aunque la niña no parecia muy por la labor en ese momento, igualmente mas valia prevenir que curar.

-Ya... - Marco asintio y, sin embargo, a Ace no le parecio muy convencido, notando no sabia si debia ser con horror como por la cabeza de su compañero comenzaban a pasar miles de planes e ideas que podrian tornarse peligrosas. A Ace la situacion le estaba desconcertando cada vez mas y mas. -Bueno... vamonos.-

Y se encogio de hombros, girandose sobre sus propios pies y esperando seguro que lo seguirian, siendo para sorpresa de Ace, la primera en hacerlo la indomable y maleducada Merian.

Ella que, insegura de dejarlo sin vigilancia, le lanzo una ultima mirada de advertencia al confuso Ace y otra de cariño a su amiga llorosa, comenzando a caminar finalmente tras el primer comandante.

Y, pasados tan solo un par de segundos, Ace no pudo hacer mas que lo mismo, llevando a la pobre Louie consigo.

(Cambio de escena)

-Volvemos a Liberty.- Seguro y tranquilo, pero firme a la vez, Marco comenzo a preparar el viejo y simple bote que el mismo habia traido cuando acudio en ayuda de Ace.

-¿Que?- Ace no se lo podia creer aun, queriendo quitarse cuanto antes el chanchullo de encima y deshacerse de Louie, que tantos problemas y quebraderos de cabeza le estaba dando. Ademas, estaba deseando con todas sus fuerzas ser libre, libre como un pajarito y hacer arder cualquier cosa que se le antojara igual a un autentico piromano.

-Que volvemos a Liberty.- Repitiendo lo que habia dicho con la misma tranquilidad y no dignandose si quiera a mirarle, Marco coloco la vela en una posicion mas optima para el corto viaje.

-¡Pero ¿Por que?- Y alli sobre el suelo del puerto, frente a su recuperado bote, Ace se quedo completamente pasmado, siendo observado curiosamente por una Louie cada vez mas atenta a sus movimientos.

-Se esta haciendo de noche, y no me gusta viajar de noche.- Marco era de soluciones rapidas y simples. -Ademas, el sitio donde esta el padre de esta chiquita... - Con un cabeceo suave, Marco señalo a la pequeña y, extrañamente, ahora silenciosa Louie, continuando con su labor preparatoria para zarpar. -Esta al lado de Liberty ¿No?-

-Si, pero... - Sin embargo, Marco interrumpio su ansiedad.

-Pues ya esta. - Seguro y conciso que, al fin y al cabo, por muy amigos que fueran seguia siendo su superior, Marco finalmente puso los pies sobre el suelo del viejo bote de madera, el cual esperaba listo para partir en cualquier momento. -Sube, hermanita.- Sono mas agradable, y Ace se escamo observando como Merian subia al bote junto a Marco. Como si no se conocieran... ¡¿En que diablos estaria pensando ese idiota descarriado? Ace iba a decirle algo, pero decidio contenerse. Al menos, de momento. Quizas eran imaginaciones suyas, o eso esperaba.

-¿No vamos a ir en el mismo bote?- Sabedor de sus posibles intenciones, Ace elevo una de sus cejas con escepticismo, observando como su compañero se disponia a comenzar el viaje junto a una Merian que se le hacia demasiado tranquila.

-Somos cuatro.- Marco asintio convencido de si mismo.

-¿Y?- Por su parte, Ace se encogio de hombros.

-No cabemos todos en el mismo bote.- Respuesta rapida y de clara huida.

-Mentiroso... - Entre dientes y susurrando, Ace entrecerro sus ojos para observar al astuto Marco con mala cara. Louie, a la cual no habia soltado todavia desde que la encontro en el callejon, contemplo la escena tan curiosa e inocente como parecia casi en cualquier situacion.

-Bueno, hasta ahora.- Antes de que le dijeran nada mas, Marco ya estaba zarpando con una mas que gustosa Merian como compañera de viaje.

-¡Ey! ¡Espera!- Pero no iba a hacerlo, quedandose Ace alli como un imbecil, molesto mientras veia como su compañero de tripulacion era mas espabilado de lo que pretendia aparentar. Ace ya tenia suficientes problemas en apenas un par de dias, mirando con preocupacion como Marco acaso le ocasionaria mas, indiferente a su desesperada y semipresa situacion, con la esposita maldita todavia pesandole sobre la muñeca cual animal peligroso.

-¡Nos vemos!- Feliz y sereno, Marco se despidio con la mano, casi pareciendo que se estaba burlando de el. -¡Quedamos en el puerto!- Y finalmente, se sento sobre la madera, observando el horizonte y dandose a la fuga rapidamente. Ace penso desde cuando diablos ese maldito bote viejo y destartalado podia correr tanto.

Definitivamente, estaba huyendo de el y de cualquier mirada curiosa.

¡Maldito sea Marco y su astucia cuando le convenia! ¿Por que siempre ganaba?

Con cara de pocos amigos, rechinandose los dientes (Ace ultimamente no estaba tan contento y optimista como solia ser) Ace se quedo con la mirada perdida en el mar.

Un carraspeo suave pero provocado le hizo dar un respingo.

Entonces, Ace volvio a poner los pies en la tierra, girando la cabeza hasta su prisionera que le miraba con una expresion inocente como mascara para unos ojos divertidos. La situacion le estaba haciendo gracia a la muchacha y, avergonzado, Ace evito el contacto visual, soltando un gruñidito protestante para continuar pareciendo un tipo duro.

-Vamonos.- Fingiendo orgullo a pesar de su vergüenza, el joven pirata tironeo suavemente del brazo de Louie, a la que mucha falta no parecia hacerle ya que la tuviera que llevar a cuestas. Seguramente, Ace penso que ya se habria resignado.

Nuevamente, le dio lastima...

Pero rapido evito los pensamientos compasivos, recordando que, con aquella chavala, debia andarse con ojo de halcon constantemente.

Subio de un salto agil a su querido, genial y recuperado bote y, si no fuera por la presencia de Louie, Ace estuvo seguro de que se habria lanzado en plancha hacia el, abrazado al mastil y, si le apurabas, hasta besado la vela con amor verdadero.

No hay amor mas grande que el que un hombre siente por su vehiculo, penso Ace. Eso es. No hay amor ni atraccion, ni tampoco cariño, semejante, al que un pirata siente por su barco, por muy pequeño que este fuera... ¿Verdad?

Pero Louie volvio a carraspear y, el hecho de que no pudiera evitar prestarle repentinamente mas atencion a ella que a su bote, derribo su teoria sin que se diera cuenta.

Alli, paradita al borde del muelle, frente al vehiculo maritimo ya ocupado por Ace, Louie le observaba signficativamente, pareciendo que esperaba algo, divertida.

¡Vamos! No estaba tan lejos. Ace miro la distancia entre la tierra firme y el suelo flotante del bote, analizando que, quizas, no lo estuviera para un salto suyo... pero... Bueno, Louie era una chica de casa, pequeña y algo torpe en cuanto a cualidades fisicas, cosa que ya le habia demostrado durante las dos cazas que tuvo que darle. Las chicas no debian tener muchas dotes de navegacion, habiendo atracado el barco algo lejos del borde. Tampoco queria que se hiciera daño, o que cayera al mar... Ace no era tan malo, despues de todo.

-Esta bien... - Suspiro para si mismo, resignado, llevandose una mano al cabello para mesarselo y retirarse el sombrero chillon. -Venga.- Chasqueando la lengua, casi condescendiente, Ace le indico con un gesto de la mano a la chiquita que se acercara un poco mas.

-¿Tengo que saltar?- Ahora, Louie ya no parecia tan divertida, llevandose una manita al pecho con preocupacion mientras observaba la franja maritima existente entre el bote ocupado y el propio suelo donde ella se econtraba. Se conocia, y era torpe. Bastante torpe.

-Claro, chica.- A Ace casi le llego a hacer gracia, no pudiendo evitar que le resultara bastante mona. Esos pensamientos eran peligrosos, se recordo. Debia estar atento, alerta, o volverian a jugarsela. -Solo salta.-

-P-pero... esta lejos... - Temerosa, Louie contemplo con una expresion de miedo la distancia mas que respetable para sus piernas y dotes de atletismo. Finalmente, con ojitos suplicantes dirigidos directamente hacia los de el como un arma letal, Louie nego con la cabeza. -Me hare daño... o me caere.-

-No, no lo haras.- Vale, si era bastante mona. Por admitirlo, no pasaria nada. Era bastante mona y a la vez una pequeña arpia manipuladora ¡Mala combinacion! -Yo te cogere ¿Vale?- Realmente, esa habia sido la idea desde el principio.

-¿Lo prometes?- Louie se mordio el labio inferior con su dentadura simpatica de incisivos separados, contemplando primero la distancia, y despues al pobre y manipulable Ace.

-Si, lo prometo.- La verdad que aquel dialogo infantil era hasta divertido, provocando que Ace no pudiera evitar sonreir sin darse ni cuenta. Definitivamente, Louie tenia un don. -No es para tanto. Vamos.-

-Esta bien... - Louie volvio a tragar saliba, echandole una ultima miradita al mar cargada de reproche, como si este se hubiera convertido en su repentino enemigo mortal. Armandose de valor, la muchacha parecio recomponerse malamente, y a punto estuvo de saltar cuando se detuvo en seco, de pronto. -Confio en ti ¿Eh?- Seria y con advertencia, le señalo, como si se estuviera jugando la vida en sus manos.

-Si, si... ahora salta.- Ace se coloco en el borde del bote, dispuesto a cogerla sin que la asustada chiquilla se cayera al mar o bien se hiciera daño. Alargo una mano, dispuesto a mejorar la situacion y seguridad asi como acortar la distancia. -Sabes nadar ¿Verdad?- No se le habia ocurrido preguntar eso.

-¡Claro que si!- Louie asintio, acercandose cautelosa al borde. -Pero no quiero mojarme... ademas ¿Y si me golpeo contra el borde del bote o del muelle?- Como si aquella franja que separaba el bote de la tierra firme fuera de pura lava, Louie comenzo a estirar la mano sin apartar la vista del agua. -O quizas... quizas venga un monstruo marino... o algo de eso... tiburones, a lo mejor... -

-Tienes demasiada imaginacion ¿Lo sabias?- Ace no sabia si perder la paciencia o reirse a carcajadas.

-¿Tu que sabes?- Pero Louie no se dejaba convencer, no habiendo salido mucho de casa y habiendo vivido demasiadas aventuras y peligros inminentes en sus libros.

-No comen muchachas... - A Ace no se le ocurrio cosa mejor que meterse en el juego, no sabiendo porque lo hacia exactamente.

-¿Y comandantes?- Pero Louie no pudo decir mucho mas por el momento, habiendo aprovechado Ace que estaba con el brazo estirado y justo al borde del puerto para cogerla, finalmente, de la mano y tirar de ella hacia si.

-¡Ay!- Con un gritito agudo de susto por lo repentino y sorpresivo del agarre seguido del tiron correspondiente, Louie cayo sobre Ace, que la cogio facilmente de los hombros una segunda vez, mas amable sin embargo ahora. La niña observo que ya estaba sobre el bote por fin, pero muy cerca todavia del borde, sin embargo, achuchandose un poco mas al pobre Ace que no sabia muy bien que hacer. Esta vez, parecia que ella no lo estaba haciendo a proposito. Con la mirada fija en el agua, Louie era indiferente al apuro que le estaba haciendo pasar, y Ace no sabia exactamente como reaccionar. Lo correcto seria dejarla hacer, ya que como buen caballero (Los piratas tambien pueden ser caballeros, oiga) estaba asustada y era su obligacion dejarla resguardarse. Pero como chico astuto y alerta... Bueno, lo mejor era dejarla hacer y permitirle resguardarse. Conclusion final sin sentido, pero mas agradable. -¿No hay tiburones, ni montruos marinos?- Y nada, que Louie no apartaba aun la mirada del mar.

-No. Nada.- Ace nego con la cabeza, inmerso de pronto en el juego sin sentido de la imaginacion de la pequeña Louie.

-¡Que decepcion!- La muchacha se encogio de hombros, negando repentinamente decepcionada con la cabeza.

-Estas loca.- Ace no entendia absolutamente nada.

-Pero ¿Que tipo de aventura maritima no tiene monstruo?- Louie hizo un mohin infantil, mirandole finalmente como si no notara la peligrosidad de semejante cercania moralmente incorrecta. Ace podia contemplar y analizar a la perfeccion ahora sus ojos negros como la noche, su naricilla pequeña y bonita, las mejillas suaves y llenas, los labios de boca pequeña pero carnosa...

Entonces Ace desperto del embrujo y se dio de bruces con la realidad.

No podia dejarse embaucar, aunque ella ahora no pareciera estarlo haciendo a proposito.

-Esto no es una aventura, niña.- Algo insensible, la verdad, Ace se separo de ella, dejandola alli plantada para soltar la cuerda que amarraba el bote todavia con el puerto recientemente abandonado. -Es una vuelta a casa. A tu casa.- Desato el nudo facilmente, conteniendo el regañarla por haberlo amarrado tan mal, dejandolo de facil perdida a la deriva. Gracias al cielo, eso no habia ocurrido. Muchachas despistadas e irresponsables... Niñas de papa, al fin y al cabo.

-Te dije que no quiero volver a casa.- Caprichosa, Louie produjo un pequeño mohin de molestia, dando un saltito para caer en pie sobre el suelo del bote.

-Y yo que eso me trae sin cuidado. - Chulesco y orgulloso, Ace se dejo caer sobre el borde de su preciado bote, comenzando a curiosear para ponerlo en marcha. Bien, estaba perfecto. Las chicas no parecian haberlo tratado demasiado mal, despues de todo.

-Eres una mala persona.- Como muchacha sentimental, Louie aludia a menudo a las emociones, cruzandose de brazos para dictar su sentencia.

-Soy un pirata.- Y Ace se encogio de hombros, pareciendo indiferente a lo que ella pensara de su condicion como persona.

Molesta, Louie bufo suave, alejandose de el lo mas que podia en la pequeña distancia que el suelo del vehiculo permitia para sentarse mirando hacia el mar.

Por primera vez, Ace pudo verla enfadada.

(Fin del capitulo)

A que ha sido bonito y sensiblon este capitulo *-*?

Un besito, y gracias por leer señoritas (se que casi todo son señoritas yeah! XD) Volvere pronto xke estoy bastante inspiradilla (8)

Nos leemos =D