Parte Ottava: FRIST!
Una parte importante era recalcar que no tenía un lugar dónde regresar cuando volviera a su casa, a ese mundo frío, a esa atmósfera viciada y a esa vida ficticia armada por apariencia. Su hogar había sido siempre Martín y ahora que había aclarado sus dudas, éste ya no lo era, no podía serlo... No era justo que lo fuera.
Pasó dos noches más con Arthur. Y aunque parecía un juego para ellos, ambas veces despertaron juntos entrelazando sus cuerpos en una búsqueda insoportable por encontrar calor, por llenar el vacío. Despertar entre sus brazos había sido una de las sensaciones más gratificantes que lograría tenrr, y ambos lograron arrancar de la realidad por un pequeño momento.
Pero había acabado.
La sonrisa de Martín... Sus lindos ojos verdes y su cabello tan no naturalmente rubio.
Martín ¿Cómo no amar a ese idiota tan transparente? Orgulloso, arrogante, pero a la vez simpático... Martín era el chico perfecto para amar, cualquiera lo haría, había que estar ciega para no darse cuenta lo guapo que era, acompañado de su físico trabajado digno del deportista que era, tenía una personalidad seductora y una apariencia bella.
Un Adonis hecho hombre... Y, aun así a ella no le atraía. Ella no lo amaba. Y Dios sabe cuánto intentó amarlo, una y otra vez. Cada vez que amanecieron juntos, ella intentó amarlo con todo su corazón, pero cuando el sol salía... Cuando la luz entraba al cuarto... Nada había cambiado. No amaba a Martín, pese a que era un buen chico para amar, no lo lograba.
A veces pensaba que había algo malo con ella. "Quizás soy incapaz de amar... Quizás sólo podía hacerlo una vez y ya gasté aquella oportunidad... Yo soy horrenda".
Si se miraba en el espejo, encontraba una mujer, joven. Una mujer con rostro de "nada", una mujer que podía tener el rostro de otras miles ¡No tenía algo especial! ¿Y por qué no describir su físico? Caderas estrechas para un torso tan fornido, no quería verse en el espejo, porque solo veía su obligo caído y triste, y esa pequeña panza... Ella no era deportista, pasaba sentada mucho tiempo, así que la tenía ahí ¿Por qué Martín se había fijado en Ella? Ella que no tenía nada que ofrecerle, ni siquiera un cuerpo hermoso que pueda darle por una noche al menos.
Martín era su pilar. En esa vida de mentira, aquella falsa felicidad comenzaba con Martín. Si Martín era feliz, ese mundo, aunque falso y simple, también era feliz.
Si Martín no era feliz... Esa vida se tornaba un martirio, en donde ella iba a su departamento, cerraba con seguro y lo arrinconaba con la mirada... Estaba molesto. Pero ella le clavaba los ojos y caminaba hacia él mientras se quitaba ropa, terminaba con la camiseta y sostenes subidos frente a él "¿Pasamos la noche juntos o espero a que se te pase la wéa?" Él la abrazaba y le pedía perdón ¿Por qué ese orgulloso y perfecto Adonis le pedía perdón a ella cuando era ella quien siempre le hacía sufrir? E intentaba amarlo, amarlo y hacerlo sentir bien, hacerlo sentir feliz.
Manu creía que Él era su única salida, su luz, su vida, su felicidad. No amaba al argentino, pero hay muchas parejas que no se aman y están juntas de todas maneras porque se dan compañía y se hacen felices, aunque no haya romance, se utilizan para ser feliz. Pero cada vez que Martín la besaba, ella se sentía peor.
Que fuera el primero en su vida... "Dios, por favor, si puedes cumplirme solo un deseo, para toda la vida, no pido ni pediré más nada, pero por favor... Déjame amar a Martín. Por favor..." Pero al parecer Dios nunca escuchó sus plegarias.
No es que fueran novios, no es que no fueran algo a la vez... Era complejo. Él que la respetaba mucho y ella que huía de él. No se dejaba besar en público, Martín tenía prohibido besarle en jugarreta las manos o los brazos o la piel, como solía hacer con Itzel para molestar a Pedro... Y tal vez el chico también buscaba alguna reacción en ella.
Era difícil tenerlo delante con un anillo, hincado ante su persona, eso fue difícil. Creía que cuando el argentino le pidiera matrimonio seria en un futuro, cuando ella le amara, cuando tuvieran unos 3 niños... Y es que el de los ojos verdes, rehuía del matrimonio. Y de pronto lo tenía ahí... Después que los chicos organizaran aquello, a él con su traje formal en medio del barullo frente a ella. Y ella que veía aterrada al rubio, mirando de reojo a todos sin saber qué hacer, y estaba por aceptar cuando clavó la mirada en el brasileño. El moreno solo observaba la escena ¡Como todos los demás!, pero ella le pedía ayuda con los gestos y mirada ¡Estaba aterrada!, y él abrió los ojos con sorpresa, dejó de sonreír de golpe. Ese fue el momento en que Luciano se dio cuenta que Manuela no amaba a Martín. Todos esperaban un "Si, acepto", pero ella dejó al novio con un "Cuando vuelva respondo".
Cuando vuelva... ¿Volver a dónde? ¿Volver a quién?
Arthur la abrazó por última vez en el aeropuerto mientras le susurraba un hechizo de buenaventura. William estrechó su mano, al fin y al cabo, ellos terminaron encontrando varias cosas en común. Además, fue Will quien la ayudó a dar aviso a todos que estaba bien y que llegaría a América dentro de poco... Aunque no quiso avisarle a Gil o a Ludwig.
Subir a ese avión, significaba un profundo adiós. Todo acababa para ellos. El inglés quedaba fuera de su viaje. Era en ese momento cuando Arthur se giraba y comenzaba a hacer su vida.
― She's gone...
― I know... ― Suspiró.
― Arthur? Lille bro?
― ¿Crees tú que Dylan se moleste mucho si decido irme a España?
― Aye... Le dará un ataque de histeria, a Ryan también ¿Qué piensas hacer en España?
― El Reino Unido obviamente es el mejor... ― El peli rojo no sabía a dónde iba esa charla ― Oye Will, quiero inscribirme a algunos cursos de Historia.
¿Cuánto tiempo necesitaba una chica pensar una propuesta de matrimonio? Martín estaba sentado en el balcón de su departamento mientras fumaba. La prima Tiana le había dejado su pipa, quizás era lo mejor. Una botella de Fernet en las manos y cada trago era más amargo que el anterior, necesitaba relajarse porque sus nervios en cualquier momento harían un cortocircuito.
"Martín... Manu está en América, espérala unos días por favor, ahora se está quedando con el negro" Si, si... Que la espere unos días, unos días nomás. Sebastiana le comunicó, no fue ni Luciano ni Manuela, y eso es perfectamente normal, porque él sabe que ninguno de los dos le ocultaría algo, es decir, puede confiar... ¿Confiar? Claro confía... Aún confía. Tiana no le haría ilusiones ¿No? Es como su hermana, su niña, oh por el papa, si el incesto no se hubiera dado ya en las generaciones anteriores, Martín pensaba que casarse con su intrépida y elocuente prima era una grandiosa idea, es que no estaba pensando con claridad.
"Manu se acostó primero con Ludwig... Si, se acostó con Ludwig. Seguro que no pasó nada con el inglés, por favor que no haya pasado nada con el maldito Luciano ¡Que pelotudo! Debí irla a buscar y traérmela aquí... Y en el caso que suceda... ¿En el caso que si haya pasado algo seré capaz de reprochárselo?" El rubio se levantó del suelo y corrió a su habitación, sacó las sabanas a tirones y las metió a la lavadora, fue por un perfume que arrojó dentro, y luego también tiró un fósforo y así las sabanas ardieron... No duró mucho, cerró la tapa y puso el lavado rápido.
Por Maradona... Esas sabanas eran testigo de su infidelidad... ¡No debió irse a buscar problemas a un bar! Estaba borracho, sí, sí, pero aún recordaba muy bien que una chica pasó delante suyo y le miró directamente a los ojos sonriendo. La señorita escote, sí, escote, porque ni siquiera recordaba su nombre, le escuchó toda su pena con su novia. No sabía muy bien cómo, pero 10 horas después, despertó en su cama, en su departamento, y abrazando a miss escote.
Un pelotudo... un despechado. Por la re mil puta que lo re mil parió, era un zopenco, un trabuco ¡No merecía perdón! Ni siquiera se acordaba lo que había pasado, y se había convencido que sólo había pasado allí la noche, quería tragarse la mentira, pasar por alto que estaban desnudos ¡Pero la maldita caja de condones en el velador le decían lo contrario! Él se lo había buscado ¡Había buscado los besos de otras! Recordaba bien claro que antes había besado a una rubia... Pero nada se comparaba a los besos de Manu. Nada se comparaba a sus caricias, a su sonrisa, a su ingenio.
Ninguna de esas minas era Ella ¡Eso era lo único que importaba! Ninguna se comparaba con ella, su chilena, su chinita era especial.
¿Y qué iba a hacer?
Si, qué hacer. Se preguntó mientras empinaba otra vez su botella de fernet y dejaba resbalar sus piernas hasta sentarse en el suelo. Él estaba irremediablemente enamorado. Estaba irremediablemente sentido, ósea, ella se había escapado con otro hombre ¡Por más que la amara no la podía perdonar! Y no es que ella quisiera su perdón... Al parecer la respuesta estaba tomada desde siempre...
"Pero che... Un NO bien claro hubiera sido mejor que esto, mi chilenita linda me viste la cara de pelotudo, y lo sabés aprovechar bien", unas lágrimas bien marcadas de macho, le surcaron el rostro, él sabía que esa sensibilidad era una cosa que ella no resistía... ¡Quería un cariñito! ¿Cómo hacerla sonreír otra vez? La amaba. La amaba tanto, que necesitaba verla feliz, sonreír alegre, con esa emoción, esa vitalidad... Quería que ella riera como cuando eran niños y no había problemas.
Sin importarle como... quería devolverle su sonrisa, porque sí, así de grande era su amor por ella ¿Esto era el alcohol o su increíble racionalidad? Bah, eso último ni él se lo creía. Era el alcohol sin dudas, pero era lo correcto, según él era lo más correcto. Tomó su teléfono y marcó a un número... Mientras se calmaba y practicaba abrir la boca.
―¿Hola? Si... ¡Me importa un carajo que hora es allá! Yh, más quilombo para vos ¿Por qué crees que yo sería amable con vos? ― Se escuchaba mucho regaño, que estaba cabreando al argentino, hasta que suspiró ― Vos podés ser muy inteligente, cauto y todo lo que quieras parecer ¡Pero sos tan estúpido! Escucháme... ¡Si estoy borracho, pero no es asunto de vos y escucháme, la puta madre! ¿La querés ver feliz? Yo igual, trae tu trasero aquí y no le sigas dando vuelta al asunto... Ella te quiere a vos. Siempre te ha querido a vos ¿Verdad? Jajajajaj Y yo fui tan pelotudo como para no darme cuenta... que hijo de puta ― Susurró para sí y colgó el teléfono, aunque la otra persona le estaba gritando al otro lado.
Se bebió de un solo trago lo que le quedaba en la botella, y cuando estaba pasando el último trago, Manu apareció en su puerta. Se atragantó, comenzó a toser, obvio, se estaba ahogando ¡Maldito fernet y la concha de la lora! Se paró, canchero, se sorbió los mocos y se secó las lágrimas, obvio "Aquí no ha pasado nada".
― Bonita, llegaste de Europa ― No sonrió.
― Por Dios, Martín, estás hecho un asco ― Ella caminó hacia él, dejando su bolso en el suelo. Se veía preocupada ― Ven... Te ayudo a llegar a la cama.
― ¡No te acerques! ― Gritó alejándola con la palma de la mano abierta. Al mismo tiempo su rostro cambió inmediatamente y retrocedió asustada ¿Qué estaba haciendo? No quiere que ella tenga miedo de él, claro que no, él no le haría daño, él no... ¿No?
― Lo siento, no me acercaré ― Ella se abrazó a sí misma, y al retroceder más, sus pies chocaron con algunas botellas de fernet y vino arrojadas por el suelo ― No me acercaré Martín, te lo prometo, pero vine aquí, porque... Tengo muchas cosas que decir, y necesito que me escuches. Sobrio, Martín... ¿Puedes descansar un poco y después hablamos?
― Che... Si es lo que creo, prefiero que lo digas y ya. Yh... ¿Para qué vamos a alargar tanto esto? Andá, décilo de una vez, puedo escucharlo, décimelo que estoy prepar... ― Respiró un poco y comenzó a toser, nauseas...
¡Baño!
Salió corriendo de ese lugar ¿Y Manu? ¡Por Dios, jamás tendría esa escena frente a ella! Se sentía ahogado, no podía respirar... Estallaba en vómito, y el mismo dolor y molestia en su garganta le provocaba las lágrimas que no podía contener ¡Se iba a morir! Lo sabía, se iba a morir en el baño de su departamento, con su novia en el recibidor ¡Ni siquiera sabía si era su novia! Y dolía tanto, más que la situación... Ojalá dejara de respirar y muriera ahí mismo, porque en este momento, seguro morir era la única forma de apagar el dolor que sentía su corazón.
¡Dolía como ser quemado por el fuego del infierno! Incluso era peor que eso, peor que todo. Era tan doloroso y le frustraba tanto, que ya no tenía ánimos de putear, sólo dolía como los mil demonios.
Manu apareció abriendo la puerta del baño, no le importó lo que estaba sucediendo, lo tomó por la espalda y lo abrazó del torso con un brazo, mientras que con su otra mano sujetaba su frente, haciéndole el trabajo más fácil... No lo pensó mucho, no quería pensarlo mucho. Ella levantó su cabello y puso su mano para que él se sintiera un poco más cómodo vomitando. Ya no podía contener ni siquiera sus lágrimas, nada.
Pero incluso en ese estado, cuando se calmó, cuando comenzó a escupir los últimos residuos que aún quedaban en su boca y ella tiró de la cadena, se sentía miserable... Se sacó la camiseta, aún semi hincado en el baño frente al inodoro y se limpió la cara, la boca, incluso la nariz, no es que fuera sucio, es que no tenía animo de seguir teniendo aquella prenda, Manu la vería y le recordaría ese día, y si no era ella, él lo haría.
A torso desnudo y limpiándose la boca con la camiseta, sintió los brazos de ella cruzarse en su pecho, sintió su frente en su espalda y luego un lado de su rostro pegado a él...
― Siempre eres como un niño Martín...
Y sus palabras, resonaron por todo su interior.
Un estado patético, eso era lo que le había mostrado a su amada Manu, un estado patético y lamentable. Para coronar los hechos... ¡Un niño! Ella lo consideraba un niño, sin embargo en la cama... ¡Ordinario, eso no es digno de un hombre! No son tus pensamientos reales Martín.
De la nada, se vio siendo desnudado, por su querida chilena, pero esta vez no era la gloria. Ella encendió la ducha y le ayudaba a subir los pies, lo sentó en el frío fondo y le pasó la esponja, el jabón y el shampoo. Miserable, así se sentía. ¿Humillación? No, él era demasiado maravilloso para algo tan mundano, se tenía en alta estima, obvio, si no se quería él ¿Quién? Manu no, claro... "Jajaja que humor más zarpado, en esta situación ya no queda nada más que el humor negro"
Al rato, Manu volvió. Traía una toalla y un pijama limpio. Le ayudó a salir de la ducha, le ayudó a secarse, a ponerse el pijama y luego también le secó el cabello. Martín se lavó la boca y los dientes. No se dio cuenta de las cosas, ella lo guio a su cuarto, a su cama, necesitaba dormir.
Hasta el momento, todo parecía un sueño, un hermoso y doloroso sueño.
― Manu... Quedáte conmigo ― Susurró en un tono lastimero.
― Duerme, yo mientras ordenaré un poco, tengo la cazuela de levanta muerto tradicional en el fuego y...
― Bonita, recostáte, vení... ― Él abrió la cama para ella también.
A Manu no le quedó otra opción más que acostarse a su lado, pero a una distancia prudente, aun no se olvidaba que Martín le había gritado que se alejara, ahora estaba cerca, pero no quería arriesgarse, por eso no quería tocarlo y prefería mantener su distancia. Ella sabía que Martín era una especie de explosivo, un poco histérico y chillón.
― Vos te arrancaste ― Ella suspiró y asintió con la cabeza ― Te fuiste con un puto inglés por allá en Europa, sin comunicarte... No sabés lo preocupado que estaba por vos ― Él suspiró y su cara cambió a una tristeza infinita ― Nunca quisiste casarte conmigo che, no tenés que seguirlo fingiendo, estúpido no soy.
― No, ciertamente no eres estúpido ― Y no supo por qué, pero ella comenzó a llorar ¡Él odiaba verla llorar! ― No quiero casarme contigo Martín... No creo que quiera casarme ¿Lo entiendes? No puedo hacerlo.
― No querés... ― Él sonrió y suspiró aliviado, al menos ya tenía la certeza de su rechazo ― Manu bonita, mi chilena ¿Cuánto tiempo ya nos conocemos? Años, muchos años ¿Vos crees que no me doy cuenta? Tu carita de bombón se ha ido apagando con el tiempo, ya no sonreís.
― Martín, la razón por la que me fui... ― Ella tomó valor, aún podía aferrarse a la seguridad, decirlo, significaba perder todo y caer al abismo, no tenía otra cosa ¡Nada la ataba a esta vida! Pero, ella no era tan egoísta como arrastrar a ese averno a Martín también ― Necesitaba tiempo. Martín, yo no te amo ― Parecía que el rubio quería decir algo, pero ella no se lo permitió ― ¡Lo intenté! Martín, intenté amarte. Martín, tu eres perfecto dentro de tu imperfección, weón, mírate, erís el tremendo mino, además, eres, no sé, un tipo transparente, a veces actúas como un niño, pero ta, eres un hombre de bien, siempre intentaste hacerme feliz y por eso intenté corresponder a esas muestras de cariño que tenías... Por eso no puedo hacerte esto. Mi vida no te hará feliz, nunca podrás tenerme por completo y no creo que sea justo hacerte eso ¿Cachaí? Yo no podré amarte, no, no podré amar a nadie... Martín, tú eres la persona que más he querido, yo quiero más tu felicidad de lo que crees.
― No me amás... ― Repitió dolorido y con una sonrisa.
No podía mostrar sus lágrimas a la mujer frente suyo, pero antes que se diera cuenta ya estaba llorando otra vez. Era como si su vida se viniera abajo de golpe ¿Qué iba a hacer ahora? Ya no tenía nada ¡Nada! ¿Qué era lo que quería hacer? Necesitaba cariño, a sus primas ahí, a sus amigos, necesitaba las palabras de los demás, no quería estar solo, ya había estado solo y no terminó del todo bien.
La chilena se levantó sin más y salió, no volvió a aparecer... Él se quedó dormido. Cuando despertó, a su lado, estaban Tiana y Dani, se dio cuenta que también estaba Miguel haciendo más comida y Rosaura cruzó por su puerta. Y las cotorras de María Miranda y María Catalina al verlo despierto comenzaron a abrazarlo y mandarle los saludos de Francisco. El timbre sonó y apareció Luciano también.
― ¿Ya lloró lo suficiente? ― Luci se acercó al rubio ― No va a quedarse en cama toda la vida, Martinciño.
― ¡Ay, claro que no! Oye mi chama, trae eso que le trajimos.
― ¿Qué? ― Lo pensó Rosa mirando el horizonte.
― Ah, ya, ya recordé ― Daniela se levantó y le acercó a Martín unas arepas y al mismo tiempo un mate ― Te traje yerba mate.
― ¡La comida está lista! ― Gritó Migue desde la cocina.
― ¿Para mí? ― Martín se sorprendió, todo le había descolocado un poco.
― Jajajaja ¡Para ti hermano! ― Sebastiana lo abrazó ― ¿Creíste que te íbamos a dejar solo?
― Marti, Marti, Tiana llegó un poco antes que Manu se fuera ¡Nos tenías muy preocupado primo! ― Daniela lo estranguló ― ¡Te amo Martín!
― ¡Te amo Martín! ― Sebastiana también lo abrazó.
Parecía un acto exagerado de amor, pero de todas formas... Martín no podía sentirse del todo mal con eso. Las hermanas y su alegría, mientras Luciano hablaba algo que nadie entendía, pero aun así les hacía reír, sobre todo a Tiana... Martín tendría los ojos puestos en esa relación. Rosa en su silencio dubitativo y su ceño fruncido, y la sonrisa de Miguel cuando los demás probaron su comida y alabaron lo buen cocinero que era.
Era para no creerse aquello, pero Manu mientras estuvo allí, tomó el teléfono fijo y la agenda del rubio. Antes de dar cualquier explicación sólo llamó a todos y les dijo que Martín los necesitaba.
Sí... Martin los necesitaba. Ellos estaban preocupados por él y querían brindarle todo su apoyo, ellos querían a Martin y necesitaban saber que estaba bien, que podría superarlo, querían hacerlo feliz, alegrarlo...
Ninguno se preocupó por ella. Manuela sabía que, en esta historia ella era la mala. Nada superaría lo que hizo, porque sí, fue su error, ella lo abandonó, ella le hizo sufrir, ella lo hizo llorar, y jamás se perdonaría del todo aquello.
Nadie se preguntó si ella estaba bien, y no, no lo estaba. Luciano la llamó pero ella sólo le alejó de sí, y le insistió a que fuera con Martín... él lo necesitaba.
Desapareciendo de la vida de Martín, ella estaba sola. Incomprendida y a veces hasta odiada. Pero se lo había buscado.
Manu se estaba preguntando cuánto valía su vida en esa sociedad. Y si antes valía poco, ahora valía mucho menos. A diferencia de Arthur, sentía que no tenía la suficiente fuerza para continuar. Todo el viaje le hizo comprender que no podía vivir de falsedades y que no podía arrastrar a otros a una mentira, si... Pero también le sirvió para darse cuenta lo negra que era su vida real, lo apagada... lo violenta y solitaria que podía ser.
A diferencia de los demás, no tenía una vida que retomar.
