Cap. 8: Tras la pista.

Acabaron de ver el jardín botánico y después lograron llegar a las oficinas del CBI de una sola pieza. El coche de Jane llegó enterito hasta su plaza de aparcamiento. Lisbon salió de él de un salto en cuando notó que Jane había apagado el motor. Había recuperado su ánimo en una hora, de la cual cosa Jane se sentía orgulloso. Entraron en el gran edificio del CBI, donde se encontraban bomberos, artificieros y demás. Acordonaron la zona de la explosión y también la planta de abajo, pues el agujero era tal que había hecho un paso entre las dos plantas sin necesidad de ascensor o escaleras. La pared de al lado estaba negra, igual que los muebles de su alrededor. Fueron directamente a la oficina de la unidad, donde los tres agentes abasallaron a su jefa tan sólo al verla entrar.

- Jefa -saludó Van Pelt levantándose algo preocupada.

- ¿Dónde se había metido? -preguntó Rigsby.

- Sí -continuó Cho-, Hightower te lleva buscando desde hace un buen rato.

- Ah -dijo sin sumo interés-. Pues ya estoy aquí. Si quiere algo que venga y me lo pida.

- Bien dicho, así se habla -celebró Jane.

- Agente Lisbon -dijo una voz femenina detrás suyo. Lisbon se congeló en el acto-. Tengo entendido de que ha salido de las instalaciones hará una hora más o menos sin permiso y ni siquiera se ha dignado a avisar a alguien de su huida.

Lisbon se giró hacia su jefa, aunque antes de que abriera la boca Jane se adelantó.

- Fue culpa mía, madame. Yo me llevé a Lisbon sin decir nada a nadie.

- Pues entonces la reprimenda recaerá sobre usted, señor Jane.

- Me la llevé prestada, pero la he devuelto -se defendió para intentar regatear su "castigo"-. Eso vale aunque no tenga el ticket, ¿no? -bromeó.

Lisbon cerró los ojos, pues no quería ver la cara de Hightower, la cual, y para sorpresa de todos, esbozó una sonrisa.

- Parece que está más animada. Buen trabajo.

Y desapareció por el pasillo dejando a todos pasmados. Jane y Lisbon sacaron sus cabezas para comprovar que realmente Hightower se dirigía a su despacho sin pedir o reprocharles nada más. ¡Ni siquiera un informe! Jane estaba con la boca abierta, aunque también con una sonrisa de oreja a oreja.

- Nunca entenderé a esa mujer.

- Yo tampoco -dijo Lisbon volviendo adentro-. Bueno, volvamos al trabajo.

Jane la siguió, aunque interno en sus pensamientos- y mira que hace tiempo que la estudio, pero...

- Cho, tú y Rigsby id al lugar de trabajo de la víctima; creo que es una empresa constructora -dijo ignorando por completo a su asesor-. La dirección está encima de mi escritorio. Cógela e id para allá, a ver qué encontrais.

- A la orden -dijo Cho comenzando a andar.

- Van Pelt, revisa cuentas, etc. Averigua todo sobre Gina Hoops.

- En seguida.

Después de que Cho y Rigsby se fueran apareció el agente Frederly con una caja de cartón hasta arriba de archivos, bolsas y papeles. Lo dejó todo en la primera mesa libre que encontró, que fue la de Rigsby.

- Buenos días agentes -saludó tocándose el sombrero-, señor Jane -Jane movió la cabeza en señal de saludo-. Estas son las pruebas del caso Hoops -dijo tocando la caja.

- Gracias, agente Frederly -le agradeció Lisbon.

- No es nada. Por cierto, ya me han contado el origen de ese agujero que tienen ahí fuera. Vaya susto a primera hora, eh.

- Y que lo diga -dijo Jane.

- ¿Qué le ha pasado en la ceja?

- Oh -Jane se tocó la herida-, ha sido esta mañana.

- Vaya, aún suerte que sigue vivo -miró a Lisbon-, los dos.

Mientras, Cho y Rigsby ya habían llegado al lugar de trabajo de la víctima. Lisbon tenía razón, se trataba de una empresa constructora. Entraron decididos a hablar con el jefe de todo aquello, pero el edificio era enorme.

- No se veía tan grande desde fuera -comentó Cho.

- Sí, a ver cómo encontramos al director o lo que sea -dijo Rigsby con las manos en la cintura-. Este edificio está muy bien para ser una empresa constructora -dijo mirando arriba.

- Apuesto a que el gran jefe está arriba.

Ambos comenzaron a andar hacia el ascensor.

- Pasando por una secretaria.

- ¿Rubia o morena?

- Rubia, y de ojos azules.

- Mmm... yo digo verdes. ¿Gafas?

- Depende -Cho le miró algo estrañado- si es guapa sí que llevará unas, de lo contrario creo que no.

- ¿Es que a caso una chica menos guapa no puede ser míope?

- No me refería a eso -se defendió Rigsby-, tan sólo que las gafas le dan un toque más sexy.

Cho le miró de reojo y luego llamó al ascensor.

- ¿Un dólar?

- Cinco.

- Hecho.

Después de la apuesta subieron por el ascensor y efectivamente, se encontraron con una secretaria y al fondo una puerta en la que ponía "director". Salieron del ascensor y comporvaron que era rubia de ojos verdes, pero no llevaba gafas.

- No me lo puedo creer -dijo Rigsby.

- Has perdido. Paga.

- Pero era un tópico -se defendió Rigsby-. Se suponía que era la típica secretaria guapa. Nunca falla.

- Pues esta vez sí. Me debes diez pavos y si les sumas los de la semana pasada son veinte.

Rigsby le miró de reojo y luego suspiró. Estas apuestas empezaban a mosquearle. Ya era la tercera vez consecutiva que perdía. Se acercaron a la chica y le enseñaron las placas.

- Somos los agentes Rigsby y Cho, CBI. Venimos a hablar con el director.

- ¿Tienen cita previa?

Los dos agentes se miraron.

- Señorita, ¿ha visto nuestras placas? -preguntó Rigsby algo irónico.

- Así es. Pero no les puedo dejar entrar si no es con cita previa o con una orden. Son las normas del señor Spencer.

- Del señor Spencer, eh -dijo Rigsby poniendose al lado de la mesa-. Muy bien.

Cho se dirigió a la puerta sin vacilar.

- ¡Eh! -se levantó rápido de la silla-. Les he dicho que no pueden entrar sin...

- Alto ahí -la paró Rigsby.

La sentó algo brusco en la silla.

- ¿Pero qué hace?

Cho abrió la puerta seguido de Rigsby. La secretaria se levantó e intentó detenerles, pero ellos ya estaban dentro. Aunque cuando entraron se llevaron una buena sorpresa. La sala estaba vacía. Incluso la secretaria se quedó pasmada.

- ¿Pero donde...? -dijo la chica acercándose a su asiento.

- Maldita sea -dijo Rigsby.

- ¡Vamos!

Los dos salieron a toda prisa de la sala.

- Odio que hagan eso -dijo Cho abriendo la puerta del ascensor.

- ¿Pero cuando se habrá ido? Estamos a trece pisos de altura. No puede haber saltado.

- A saber.

Llegaron abajo y salieron como un cohete. Miraron a ambos lados, nada. Entonces vieron como un hombre que llevaba un traje gris paraba un coche en mitad de la calle y echaba al conductor.

- ¡Ahí está!

Fueron corriendo hasta su coche. Rigsby fue quien se puso en el asiento del conductor y Cho de copiloto. Empezó la persecución. Se saltaron todas las normas de tráfico habidas y por haber tras de Spencer, el cual no les daba tregua alguna. Era bueno, muy bueno. Pero Rigsby no se daría por vencido tan pronto.

- Casi te tengo, maldito -decía Rigsby cogiendo con fuerza el volante.

- ¿Pido refuerzos?

- ¡No me desconcentres!

- Casi que mejor llamo al 911 -dijo cogiendo el asidero con fuerza.

- ¡Ya eres mío!

Se metieron por un callejón algo estrecho. Un fallo de volante y se estampaban contra la gran pared de homrigón que les rodeaba. Hacer un giro cerrado a esa velocidad era muy difícil, pero no imposible. Y Spencer lo hizo. Giró justo antes de llegar al final y se escabullió por un callejón que desenbocaba en otra calle.

- ¡Será...! -dijo Rigsby aprentando los dientes.

Cho cerró los ojos- ay, Diós.

Pero Rigsby tampoco se quedó corto. Clavó el freno y realizó un giro perfecto. Spencer ya empezaba a cansarse. Pero un despiste suyo le causó un accidente. No miró en un cruce y otro coche chocó contra él. Spencer fue directo contra una esquina y destrozó el coche. Rigsby detuvo el coche justo al lado. Él y Cho bajaron del coche y vieron cómo Spencer salía por su propio pie. No haría falta ninguna ambulancia. Rigsby sacó su arma y le apuntó desde lejos.

- ¡Eh, tú! -Spencer se llevó la mano al cinturón-. Ni se te ocurra, figura.

- Date la vuelta con las manos en alto -dijo Cho apuntándole algo más cerca que su compañero.

Spencer suspiró, pues vio que no tenía escapatoria. Lo arrestaron y se lo llevaron al CBI. Tan sólo llegar se encontraron con Hightower.

- ¿A quién traéis?

- Es el jefe de la víctima -dijo Cho cogiéndolo con fuerza de las esposas.

- ¿Víctima? -preguntó Spencer- ¿Se refieren a Gina Hoops? Una verdadera lástima, en serio, pero yo no he matado a nadie.

- Eso ya lo veremos -dijo Rigsby.

- Bien, llévelo a la sala de interrogatorios número 2 . Haga el interrogatorio usted mismo, agente Cho.

- De acuerdo.

Rigsby, por otra parte, volvió a la oficina para explicarle lo ocurrido a Lisbon, la cual le felicitó por la exitosa persecución. Acto seguido le dijo a Van Pelt que buscara información sobre Spencer.

- Su nombre es Brus Spencer, treinta y dos años. Vive aquí, en Sacramento. Trabaja en la empresa constructora desde hace seis años. Hace dos meses llegó al cargo de director, pero nadie sabe cómo. Un día el antiguo director desapareció dejando una nota en su escritorio. Parecía una nota de suicido. En ella dejaba al mando a Spencer.

- Qué trájico -dijo Jane con cierto sarcasmo mirando la pantalla de su ordenador.

- Aquí hay gato encerrado -dijo Lisbon.

- De momento eso es todo -dijo Van Pelt.

Lisbon se dirigió hacia la puerta- ahora Cho está a punto de interrogarle. Vamos. Tú también, Van Pelt.

- Esto se pone interesante -sonrió Jane siguiendo a su jefa.

Entraron en la sala tras el cristal, donde se encontraron con Cho y Hightower. Una vez dentro, Van Pelt le dió el informe a Cho y éste entró en la sala. Se sentó frente a Spencer, el cual estaba relajado y con una leve sonrisa en los labios.

- Esto no me gusta -dijo Jane.

- Sí, está muy tranquilo -afirmó Lisbon.

- Demasiado. Voy dentro.

Y salió sin decir palabra a Hightower, la cual tan sólo cruzó los brazos. Lisbon la miró de reojo, pero tampoco dijo nada. Jane entró mientras que Cho abría el expediente.

- Ya puedes empezar.

Cho le miró de reojo y luego miró a Spencer, el cual se mostraba tranquilo y relajado, con una sonrisa algo impertinente en su rostro.

- Pareces muy tranquilo después de haber matado a una chica.

- Yo no fuí.

- Qué original -dijo Jane-. ¿Sabes? El 99'4% de la gente que pasa por aquí dice lo mismo.

- Pero también los hay que dicen la verdad.

- ¿Cómo tú? -preguntó esta vez Cho.

Spencer le miró impertinente- no sé, usted es el poli. ¿Qué cree usted, agente Cho?

- Creo que estás a punto de ganarte unos años en prisión.

Y así se estuvieron durante un rato. Hightower, al otro lado del cristal, sacudió la cabeza mientras daba un pequeño suspiro.

- No va a decir nada -se adelantó Lisbon.

- Cierto. A menos de que hagamos un trueque o algo por el estilo no va a soltar prenda.

Estuvieron unos segundos en silencio. La paciencia de Lisbon se empezaba a acabar, y fue entonces cuando su bombilla se encendió.

- Es un hombre de negocios, ¿verdad?

- Así es.

- Déjeme probar.

- Lisbon, si no nos ha dicho nada, ¿qué te hace pensar que contigo sí lo hará?

- Seré sutil -dijo con segundas intenciones.

Salió de la sala y entró en la sala de interrogatorios sin esperar a la aprovación de Hightower. Le dijo a Cho que se fuera, y él obedeció sin rechistar. Cuando se fue, Lisbon sacó su arma y apuntó a la cabeza de Spencer, lo que hizo que Jane sacara las manos de los bolsillos y las levantara dando dos pasos atrás.

- O nos dices quién te consiguió el cargo de director o te mato aquí mismo.

Aquello dejó helado a Jane y a todos los que había tras el cristal. Lisbon estaba violando como unas cinco reglas importantes del departamento en aquel instante. Aunque, para sorpresa de todos, Hightower tan sólo observó la escena aún con los brazos cruzados sin decir nada al respecto.

- Lisbon -Jane se acercó un poco a ella con las manos a la vista-, ¿no crees que esto ya es pasarse?

- Cállate.

- Vale, me callo -dijo apartándose de ella.

Spencer la miró desafiante y luego miró a Jane. Entonces volvió a mirar a Lisbon con una pequeña sonrisa.

- No vas a hacerlo.

- ¿No? -Lisbon cargó su arma-. Prueba.

- Yo de ti no la haría cabrear mucho, está muy irritable últimamente.

Sin embargo, Spencercontinuaba igual de tranquilo. Esbozó una estúpida sonrisa, la cual acabó con la paciencia de Lisbon. Bajó el arma y disparó contra la mesa metálica, dejando la bala clavada en ella a tan sólo unos centímetros de Spencer, el cual dio un gran grito. Aquello sorprendió hasta a Jane, la cara de susto del cual no era ficticia en absoluto.

- ¿Te has vuelto loca? -gritó Spencer.

- He fallado a propóstio. La próxima vez te aseguro que no tendrás una segunda oportunidad -Lisbon cargó su arma y le apuntó de nuevo-. Y bien, ¿nos lo vas a decir o no? -la respiración de Spencer aumentó, pero seguía callado- muy bien.

- ¡Espera! -gritó casi al instante-. De acuerdo, te lo diré.

Lisbon miró a Jane de reojo con una pequeña sonrisa. Hightower también esbozó una sonrisa que dejó alucinados a Van Pelt y Cho.

- Se hace llamar LS.

Al oir esas siglas la respiración de Lisbon se cortó. Jane la miró, y al cruzarse con su mirada Lisbon recobró el aliento. No podía permitirse el lujo de ablandarse ni de dar el más mínimo signo de duda.

- ¿LS? -prosiguió sin inmutarse- y ahora dime que no sabes su nombre -dijo con ironía.

Spencer tragó saliva mientras miraba a Jane. Lisbon no tardó un segundo en coger de nuevo su arma.

- ¡Vale, vale! -Lisbon bajó su arma-. Se llama Luke Stone.

- Van Pelt, averigualo todo sobre ese hombre -ordenó Hightower.

- Ahora mismo.

Salió casi trotando de la sala donde se encontraban hacia su ordenador. Lisbon miró a Spencer exigiéndole más información, el cual pilló el mensaje al instante.

- Él mató al antiguo director y logró que me hiciera con el cargo. A cambio yo tenía que protegerle.

- ¿Protegerle? -preguntó Jane.

- Lo contrario de lo que estoy haciendo ahora.

- Oh.

- Y seguro que lo sabe. Él siempre se entera de todo, no sé cómo, pero siempre lo acaba sabiendo.

Jane y Lisbon se miraron. ¿Estaría hablando de John el Rojo? Spencer notó preocupación en sus caras, así que prosiguió.

- No es un genio ni un psicópata superdotado, si es lo que están pensando. Él no es calculador, ni mucho menos. Su arma es la fuerza, no la cabeza. Estoy seguro de que alguien le tiene que pasar la información, pero no sé quién.

Jane y Lisbon se miraron y después Lisbon cerró su expediente- de acuerdo.

- Pero me van a proteger, ¿no?

- ¿Proteger?

- Después de esto va a ir a por mí -dijo algo desesperado.

- Tranquilo, en la cárcel no podrá hacerle nada -dijo Jane con las manos en los bolsillos.

- ¿Cárcel? -se estrañó algo asustado- ¿por qué?

- Por haber ejercido en un cargo que no le corresponde -aclaró Lisbon-, y dé gracias a que tan sólo serán cuatro años.

- ¿Cuatro años?

- Eso sin contar el homicido -dijo Jane-. ¿O tal vez usted mató a Gina Hoops? Porque eso sumarían unos...

- Oigan -interrumpió antes de que pronunciara la cifra de la condena-, yo no he matado a Gina. Era una buena trabajadora, hacía horas extra y eso, incluso me estaba planteando ascenderla. Yo no fuí, de verdad.

- Tranquilo, sabemos que no fue usted -dijo Lisbon cogiendo el expediente.

- ¿Ah, no? -se estrañó.

- No, fue John el Rojo -soltó Jane con toda naturalidad-. Tan sólo quería asustarle un poquito -dijo con una sonrisa en los labios.

Ambos salieron de la sala de interrogatorios dejando a Spencer patidifuso, aunque sólo salir se encontraron con Hightower.

- Muy sutil -dijo con segundas.

- Gracias, jefa -dijo Lisbon con una pequeña sonrisa.

- He de reconocer que me has asustado ahí dentro -dijo Jane.

- ¿En serio? -se sorprendió.

- Esa entrada ha sido lo que ha dado fuerza a tu actuación -dijo Hightower-. ¿O no era una actuación? -Lisbon miró a Jane de reojo-. ¿Le hubieras disparado de verdad?

- No -hizo una pausa- bueno, tal vez en un brazo.

Hightower suspiró poniendo los ojos en blanco-. Mejor no quiero saber nada más.

Y desapareció por el pasillo con su marcha característica. Jane y Lisbon se miraron e hicieron una leve risa.

- No ha ido tan mal -dijo Jane con las manos en los bolsillos.

- Es verdad -le miró con una pícara sonrisa-, podría haber sido peor.

Jane sonrió ampliamente, igual que Lisbon. Parecían dos niños haciendo travesuras. Entonces vieron a Cho entrar de nuevo en la sala de interrogatorios, aunque no fueron a ver. Seguramente iba para llevarlo abajo, pues estaba acusado de fraude por ocupar un puesto que no le correspondía. Fueron a la oficina, donde tam sólo se encontraba Van Pelt en su ordenador, como de costumbre.

- ¿Donde está Rigsby? -preguntó Lisbon.

- Creo que en la cocina.

- Seguro que haciéndose un sandwich, cómo siempre -dijo Jane con una sonrisa estirándose en su preciado sofá.

- Bueno, en estos momentos tampoco pasa nada porque no esté en la oficina durante diez minutos -entonces vio a Van Pelt tocarse los ojos a causa del cansancio-. Van Pelt, tómate un descanso. Llevas mucho rato frente a la pantalla del ordenador. Ve a la cocina y come algo, te hará falta.

- De acuerdo, gracias.

Se levantó, apagó la pantalla y se fue en busca de algo refrescante, pero a la vez saludable. Todo lo contrario de Rigsby, el cual se había hecho un sandwich de tres pisos. Mientras, Jane cerró los ojos y puso las manos tras la cabeza, pensando, lidiando con los cabos sueltos. Lisbon se sentó en su silla y apoyó su brazo en el escritorio y su cabeza en la mano. Era increíble lo que había pasado en tan sólo tres horas. Entonces su móbil empezó a sonar, y al ver de quien se trataba no pudo evitar hacer una pequeña sonrisa. Cogió el teléfono y se levantó de la silla, apartándose del sitio de trabajo para tener un poco de intimidad.

- Hola -contestó tímidamente.

- Hola, Teresa. ¿Cómo estás?

- Mejor, gracias.

- Si necesitas cualquier cosa tan sólo dímelo.

- Tranquilo, estoy bien.

- Oye, ¿te apetece ir al cine? He oído que dan una película muy buena.

Jane se hacía el despistado, sin inmutarse lo más mínimo, aún con los ojos cerrados y estirado en el sofá cómodamente. Pero en realidad estaba prestando toda la atención del mundo a aquella conversación telefónica, aunque tan sólo escuchaba las respuestas de Lisbon.

- ¿A las ocho? De acuerdo. Allí estaré -y colgó.

Emprendió el camino de vuelta a su mesa aún con el móbil en la mano. Mientras que se lo guardaba en el bolsillo, Jane se levató como un rayo del sofá, poniéndose delante de Lisbon.

- ¿Qué sucede a las ocho?

- ¿Estabas escuchando una conversación privada y personal, Patrick Jane? -preguntó con cierta énfasi, esquivándolo.

- Una cita, ¿eh? -dijo persiguiéndola divertido-. ¿Con quién?

- ¿Y a ti qué te importa?

- Tranquila que no iré a espiaros. Veamos, alguien que hayas conocido hace poco y que cumpla con tus requisitos... -dijo pensativo.

- ¿Qué? -se giró hacia él-. ¿De qué requisitos hablas?

Pero Jane la hizo callar con el dedo suavemente-. Puede ser... no, no creo. Tal vez... no, tampoco -Lisbon arqueó las cejas sin decir nada. Jane meditó unos instantes más en silencio.- No se tratará de Tayler, ¿no? -Lisbon se enrojeció al instante, lo que afirmó la suposición de Jane- lo sabía -dijo con una sonrisa en los labios.

- No es una cita oficial, tan sólo vamos a ver una película.

- El cine y su magia -entonces Lisbon se alejó de él lo suficiente como para no escucharlo-. Con que una película... -dijo más sereno aún mirándola.

- ¿Qué estás murmurando? -le dijo ya desde su escritorio.

- Nada, tan sólo que mejor que no sea de acción. Ya has tenido suficiente esta mañana -le dijo para picarla. Y lo logró.

- ¡Anda ya! -y le lanzó un lápiz desde su mesa.

Jane lo esquivó y por poco les da a Rigsby y Van Pelt, quienes volvían de la cocina ya con las pilas puestas.

- ¿Y ese proyectil? -preguntó Rigsby limpiándose los restos de comida.

- Sí, iba como una flecha -dijo Van Pelt sentándose en su sitio.

- Culpa de Robin Hood -acusó Jane divertido con el dedo a Lisbon.

Todos hicieron una leve sonrisa. Lisbon sacudió la cabeza sin perder la sonrisa, pues Jane siempre sería un niño, un Peter Pan cuarentón de la era moderna, y esa idea siempre le esbozaba una sonrisa en la cara. Pero ahora debían centrarse en el caso. Necesitaban cuadrar las piezas para seguir adelante. Estuvieron lidiando durante unos minutos, pero siempre había una pieza que fallaba. Pero ahí estaba Jane para darles esa pieza.

- Ha dicho que él siempre lo sabe todo, pero que es un bruto -al decir ésta última palabra Jane no pudo evitar mirar a Lisbon, la cual bajó la mirada. Ella sabía mejor que nadie lo bruto que era. Sin embargo prosiguió sin decir nada al respecto-. Está claro que Luke Stone tiene contacto con John el Rojo, pero no directo. Alguien más tiene que haber para que la información pase de mano en mano.

- ¿Y el otro hombre? -preguntó Rigsby. Todos se giraron hacia él- bueno, la jefa dijo que eran dos hombres.

- Es cierto -dijo Lisbon con los ojos abiertos-. El otro hombre será quien tenga contacto con John el Rojo.

- Hay que averiguar quién es ese hombre -dedujo Van Pelt.

- Sí, y para eso hay que encontrar a Luke Stone -sentenció Jane.

Entonces apareció Cho por la puerta.

- ¿Alguien ha hablado de encontrar a Luke Stone? -todos se giraron hacia él- porque he conseguido su dirección -dijo con un papel en la mano.

- Genial -dijo Jane.

Lisbon cogió el papel-. ¿Pero cómo?

- Con sutileza, por supuesto.

Todos hicieron una pequeña risa y luego Jane y Lisbon pusieron rumbo hacia la dirección que ponía en el papel que les había dado Cho por cortesía de Brus Spencer. Al fín las cosas les empezaban a cuadrar; o eso era lo que pensaban.