Bleach
Rukia / Ichigo
Advertencia: lenguaje explícito.
Capítulo VIII
—¿Y se supone que eso debiera hacerme retroceder? —me interrogó —. Porque no lo has conseguido.
Supuse que lo miré interrogante, porque él volvió a hablar.
—Eres tú la que no quiere tener hijos, no yo… desde el primer día que lo hicimos y no nos cuidamos yo sabía que cabía la posibilidad de embarazarte ¿o acaso crees que no esperaba que sucediera? —aclaró —. ¿Y por qué tuviste que dejar de tomar los anticonceptivos? ¿Hay algo mal contigo?
La pregunta había sido hecha y había llegado el momento de contestarla.
—Me detectaron algo que podría hacer que tuviera dificultades para concebir —dije de golpe.
Él mutismo se apropió del lugar y yo simplemente asumí que él estaba complicado con la información otorgada.
—El que sea difícil no significa que sea imposible —respondió.
Su respuesta era firme y también su voz.
—¿Estás hablando en serio? —pregunté.
—Sí —expresó con seguridad.
No podía creer que meses de preocupaciones e inseguridades con tan solo medio minuto se esfumaran y se transformaran en esperanza.
—Entonces me dijiste que no querías tener hijos porque pensaste que tal vez no podrías tenerlos —concluyó él.
Me sonrojé, eso era cierto y sin mirarlo asentí.
—Eso es un alivio —contestó.
Estaba completamente sin palabras.
—Entonces, si ya dijiste lo que tanto querías decirme… ¿podemos continuar con lo nuestro? ¿O hay algo más con lo que pretendas hacerme huir? —inquirió.
—Eres increíble —susurré.
—Si lo tienes claro entonces está todo bien —dijo jactancioso.
Y podía vanagloriarse todo lo que quisiera. Me acerqué a él y lo hice recostarse, renovando lo que yo me temí que hasta ahí quedaría en algún momento y comencé a besarlo completamente entregada, sin ya ningún remordimiento por estar ocultándole algo. Estaba maravillada con ese hombre, parecía irreal que alguien como él fuera así.
—Si mal no lo recuerdo estabas a poco de hacer algo interesante antes —dijo sin apocarse al pedirlo.
Sonreí, por su descarada petición.
—¿Eso quieres? —comprobé.
Él movió su cabeza afirmativamente.
Descendí para encontrarme que aunque su pene estaba duro, no lo estaba como yo sabía que podía estarlo, de hecho como había estado tan solo unos minutos antes, y decidí que debía reparar el daño. Observé que Ichigo estaba apoyado en sus antebrazos mirándome, pero poco después de que lo sostuve en mi boca él se recostó y sólo se dedicó a sentir. A él le estaba gustando mucho cuando alternaba jugando con mi boca y mis labios, y ni hablar cuando pasaba mi lengua por su longitud porque llegaba a temblar y yo, que era medio reticente a esa práctica antes de conocerlo a él, disfrutaba haciéndolo sentir así y decidí que esa noche él obtendría lo que me había pedido, y cerré mis ojos y cerré mi boca entorno a él, cuidando que mi dentadura no lo afectara de ningún modo. El sonido inconfundible e inevitable estaba provocando que me excitara como si fuera yo la que estuviera recibiendo toda la atención.
—Rukia, detente —pidió él.
No le hice caso, yo quería que él cumpliera sus fantasías, así no me sentiría avergonzada luego cuando le contara qué era lo que quería hacer. Seguí chupando como lo había estado haciendo, sin aminorar la velocidad, hasta que el mismo me apartó.
—¿Por qué? —le pregunté.
—No quiero que lo hagas como modo de agradecimiento o algo así —respondió él.
—No es agradecimiento. Quiero hacerlo —insistí.
Él me miró desconfiado, pero negó.
—Ya me podrás demostrar cuánto quieres hacerlo luego —aseguró él.
Comprendí qué era lo que él quería, y aunque estaba agradecida de que no hubiese dramatismo en toda la situación, tampoco es que hubiese tenido tiempo para pensar con detenimiento todo.
—¿Estás seguro? Si por algún motivo llegara a resultar… quedarás atado a mí toda la vida —advertí —. Un hijo no es algo que después podamos deshacer.
—Una sola traba más y te juro que me voy —dijo él irritado —. Y no te garantizo que vaya a volver.
No dije una sola palabra más en toda la noche y sólo abrí mi boca cuando los gemidos purgaron por salir al sentirlo invadirme de un solo movimiento, y me quedé unos segundos sin aire.
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Desperté violentamente y recordé que era sábado, así que me relajé hasta que me percaté que Ichigo no estaba a mi lado.
—¿Ichigo? —lo llamé.
Él no contestó.
Me senté y traté de quitarme la pereza propia de la mañana y no comenzar a tener pensamientos como los que me amenazaban. Me levanté y lo busqué y no lo encontré, pero media hora después apareció sudado y reclamando.
—Tu edificio podrá ser de lujo, pero es muy viejo —exclamó —. Los dos ascensores dejaron de funcionar.
—Me gusta porque es amplio, pero estoy al tanto de lo que dices; ¿Por qué saliste? —pregunté.
—Fui a darle de comer a Kon. Anoche me olvidé… y como sé que no te gusta Inoue —recalcó.
—No es que no me agrade Inoue. Es que a ella le gustas tú —manifesté.
—¿Y eso qué? —refutó.
—Sé que para ti Kon es importante y ella y él se llevan bien… no quiero que gane terreno contigo por ningún lado —reconocí.
—¿Eres tan celosa? —dijo sorprendido.
—¿Y qué si lo soy? —rebatí.
Él fue al baño y volvió después de asearse un poco y regresó al salón. Su mirada indicaba que quería preguntarme algo.
—¿Qué quieres saber? —consulté.
Ichigo sonrió y soltó lo que sabía que rondaba por su cabeza.
—¿Por qué Renji estaba tan serio anoche? —soltó.
—Y hablando de celos… —dije sarcástica y divertida.
—No puedes decir que no fue extraño… —justificó.
—En realidad no lo fue, ya sabes que Renji y yo nos conocemos hace mucho y lo cierto es que él sabía que yo salía con alguien y e insistió en querer conocerlo. No se enojó contigo o algo así, él se molestó conmigo por no contárselo antes. Entre él y yo no hay secretos, o bien no los había… —corregí —. Él se sintió traicionado por mí.
—Me cuesta un poco aceptar que seas tan cercana a tu ex-novio —soltó.
—Él no es mi ex-novio, es mi mejor amigo —increpé.
—Tuvieron sexo —dijo con evidente molestia.
—No vayas por ese camino, porque no me arrepiento de nada que haya hecho —respondí —. No voy a disculparme por cosas que hice antes de conocerte.
—No se trata de eso —acotó —. Sé que es cosa mía, no sospecho nada. No te preocupes por eso.
Moví la cabeza afirmativamente y prontamente él cambio el tema a algo que nos implicaba a ambos directamente.
—Necesito que me expliques mejor lo que me dijiste ayer —dijo más serio —. Además de pedirte que me digas las cosas antes de tener sexo y no cuando estás a punto de chupármelo. Lo que haces es cruel.
Asentí sonrojada por su poca delicada elección de palabras y le expliqué con detenimiento que todavía me faltaba el examen que me diría con certeza cuál sería el plan más adecuado para seguir.
—Lo cierto es que no creo que pueda llegar a tener seis hijos —admití.
Ichigo se acercó y se sentó a mi lado, abrazándome.
—Era una exageración, voy a estar bien y feliz incluso si lo intentamos y no resulta. Vamos el lunes a hacer esos exámenes. Voy a ir contigo —anunció.
Pasamos el fin de semana medio desnudos, teniendo sexo y ordenando comida, esperando el lunes. Ichigo pidió un día administrativo y fue conmigo al médico quien le explicó de mejor manera los procedimientos y posibles resultados. Sólo quedaba esperar a que pasaran los días y pudiera hacerme el examen y finalmente llegó el día determinado. El resultado estaría luego de cuarenta y ocho horas. Dormía apenas y en el trabajo apenas podía cumplir con las expectativas.
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El médico sostenía el informe en sus manos, yo no había querido abrirlo por temor a malinterpretar cualquier cosa. Jugando con mi paciencia llegué a pensar que casi a propósito, lentamente abrió el sobre, leyó el resultado con detenimiento y a mí, cada segundo inmersos en el mutismo apenas interrumpido por el sonido del ventilador del computador, me ponía enferma.
—Muchacha –habló por fin —. Tienes todavía tiempo para poder intentarlo de manera natural y tienes una reserva nada despreciable de ovocitos. Señorita Kuchiki, usted podrá ser madre.
—¿Está seguro? —pregunté.
Él me miró como si lo hubiese ofendido en lo más profundo de su profesionalismo.
—No quiero ofenderlo es sólo que estoy de verdad ansiosa y sólo quiero confirmar si lo que oí es lo correcto —afirmé.
—Sin lugar a dudas mi pronóstico es seguro. Léalo usted misma. Inténtelo naturalmente durante dos meses. Debería poder hacerlo, es inesperadamente regular con su ciclo —recalcó —. Venga a verme al tercero.
Me sentía aliviada al punto de llorar sin poder controlar las lágrimas, meses de incertidumbre y cuestionamientos se habían acabado y no podía esperar para contárselo a Ichigo, quien al parecer había olvidado que ese día iba a obtener el resultado.
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—Hoy vi una mujer muy parecida a ti —mencionó nada más al verme —. Era igual a ti… casi la beso a ella.
Sonreí, yo sabía bien quien era esa mujer, aunque no la había vuelto a ver desde entonces.
—Lo sé, la he visto —admití —. Sé quién es.
—¿Quién es? —consultó interesado.
Sabía que era una conversación que debía tener en algún momento así que dejé de darle vueltas y le respondí con la verdad. No era que quisiera mentir con aquella situación, pero no me había dado el tiempo aún para pensar en qué era lo que haría a partir del momento en que lo aceptara por completo. Lo cierto es que tenía una madre, estaba viva, no era mucho mayor que yo y no sólo eso, sino que tenía un hermano pequeño.
—Es mi madre —solté —. Descubrí no hace mucho que en realidad mi hermano no es mi hermano.
La expresión de Ichigo me daba a entender que no comprendía a qué me refería. El solo exteriorizarlo era ya complicado. Verbalizarlo y contárselo a él lo hacía todavía más real de lo que ya tenía más que claro que lo era.
—Byakuya es mi papá, no mi hermano —desvelé —. ¿Recuerdas cuando desaparecí dos semanas?
—Cómo olvidarlo… —contestó sentido.
—Fue en ese tiempo que lo supe —manifesté.
—Pero Rukia… tú… —intentó hablar sin saber qué decir.
Le conté la historia de mi nacimiento y quedó sorprendido y sin palabras, no era para menos, yo aún ahora no sabía bien qué pensar o hacer al respecto, por lo que no esperaba que me dijera nada, así que bruscamente cambié de tema.
—Ichigo hoy fui a buscar los resultados de los exámenes —anuncié.
Él se sentó y su postura era rígida. Era evidente que se estaba preparando para ser notificado de lo peor.
—¿Y? ¿Qué te dijo el médico? —preguntó.
Estaba nervioso y rehuía de mi mirada. Ichigo estaba tratando de ocultar lo que sentía y fue inevitable pensar que de haber sido las cosas distintas cabía la posibilidad de que lo hubiese hecho infeliz…y yo no quería hacerlo infeliz de ningún modo, y ahí supe que quería ser la madre de los hijos de él. Uno o seis… los que pudiéramos tener.
—Si estás seguro de que soy la persona adecuada para tener y cuidar de tus hijos… podemos tenerlos, Ichigo —revelé.
La noticia de que en realidad mis problemas no me afectarían tan pronto como había imaginado, Ichigo la tomó como si hubiese sido su regalo de cumpleaños y sin perder más tiempo teníamos sexo hasta que nos quedábamos dormidos, fueran días fértiles o no.
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No pensé nunca que tener sexo me iba a cansar, pero lo había hecho. Temía llegar a casa, porque mis impulsos me podían, a pesar de lo que pensaba, pero es que no ayudada ni siquiera un poco que él siempre estuviera dispuesto, así que ese día le dije claramente que necesitaba esa noche para mí, quien tomó mi petición como la más serio de los agravios.
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Esa noche sola hizo que recordara inevitablemente a Byakuya, Hisana y al pequeño niño que era mi hermano y del que desconocía hasta su nombre. ¿Sentía deseos de conocerlos? Mi relación con mi… padre era tensa, pero existía. Debía acomodar mis sentimientos por él. Lo cierto es que como mi "hermano" siempre había sido un ejemplo a seguir y comprendía muy tardíamente el por qué su palabra tenía tanto poder e incidencia en lo que se refiere a lo que fue mi crianza. Creía que en todas las familias el hermano mayor tenía ese poder de decisión cuando no habían padres, pero resultó ser que él siempre había sido mi progenitor. Si se sabía que yo era su hija y que había mantenido esa mentira todos esos años, la imagen pública de él se desmoronaría. Había crecido sin padres y a mis casi treinta años tenía ambos. Decidí llamar a Byakuya.
—Hola —lo llamé.
—Rukia… —dijo él.
Si no supiera que era muy difícil que eso sucediera en realidad hubiese dicho que él sonó contento de escucharme.
—Necesito que hablemos —expuse.
—Cuando quieras. Estoy en la ciudad ahora mismo —aclaró.
Miré la hora y eran casi las once de la noche. Él no era de la clase de persona que se saltara los protocolos.
—Está bien. ¿Dónde estás? —quise saber.
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—Quiero una cita con esa mujer —expresé.
—¿Estás segura? —inquirió.
—¿La amas? —le pregunté.
Él me quedó mirando seriamente. Nosotros no éramos ese tipo de hermanos, pero la relación entre nosotros había cambiado y si no lo había hecho aún, era algo que debíamos hacer.
—Sí —respondió sin titubeos.
—¿Y si la amas por qué no estás junto a ella ahora mismo? —averigüé.
—Las cosas no son tan fáciles —respondió evasivo.
—¿Cómo se llama tu hijo? —averiguó.
Byakuya no se esperó esa pregunta, lo cierto es que yo tampoco. Me era difícil dirigirme a él como "hermano" y a esa mujer como "mi madre".
—Él se llama Sōjun —aclaró —. Tiene once años. Él desde siempre ha sabido quien eres y quiere conocerte.
—¿Cómo es que la prensa no ha descubierto que existe otro Kuchiki? —consulté.
—Él no es oficialmente un Kuchiki —reconoció.
De todas las cosas que no esperé, que no reconociera a su hijo y no portara su… nuestro apellido era algo no dimensioné nunca. Y me indignó.
—¿Por qué le niegas su apellido a tu propio hijo? —exigí saber.
—Las cosas no son tan simples para alguien como yo —volvió a destacar.
—¿Qué importa quien seas si ni siquiera puedes estar con tu familia? —dije indignada.
Nunca había alzado la voz o reclamado algo, pero eso me había superado.
—Me hubiese gustado que me lo dijeras antes… yo lo hubiese comprendido. ¡Diablos! Me hubiese gustado que hubieses sido mi papá y no me distante hermano mayor. No cometas el error de nuevo —espeté con franqueza.
—Quiero ser tu padre —admitió él —. Necesito la oportunidad.
—No me niego de plano, eres mi padre y no voy a cerrar los ojos a eso. De algún modo siempre has tenido ese tipo de autoridad sobre mí. Es difícil, voy a tener que asimilar muchas cosas… pero no me parece bien lo que estás haciendo. Ninguna imagen pública puede ser a costa de tu propia felicidad. Cuestiónatelo, ¿qué es lo más importante al final del día? En este momento de mi vida te necesito como un ejemplo, dámelo. Nunca te he pedido nada —demandé.
Él me miró severamente, pero calmadamente cambió de tema.
—¿Cuándo quieres reunirte con Hisana? —consultó.
—Cuanto antes mejor —respondí.
Me despedí y salí de su lujoso departamento, que tenía todo en el lugar correcto y pulcro, pero que no lucía como un hogar en lo absoluto. Tenía tan poca alma como un cuarto de hotel.
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Miré la hora y ya era pasada la media noche. Di unas vueltas en mi auto porque no quería llegar a casa aun y entre queriendo y no, me detuve frente al edificio de Ichigo y le mandé un mensaje. Tan pronto lo mandé, él me respondió.
—Creí que no querías interrupciones en tu noche sola —encasquetó él.
—¿Estabas con el teléfono en la mano? —adiviné.
No respondió. Había acertado.
—¿No tienes amigos Ichigo? —pregunté.
—Si tengo amigos, pero no es con ellos con quien quiero estar —respondió.
Sin hacer mucho ruido me bajé del auto y me encaminé a su edificio.
—¿Y con quien quieres estar? —intenté sonsacar.
—Con mi novia, pero ella no quiere estar conmigo —sostuvo —. Ella habló conmigo y salió de pronto con que necesitaba tiempo a solas. Lastimó mis sentimientos diciéndome eso.
—¿No has pensado que tal vez ella estaba muy acostumbrada a no compartir su tiempo con nadie? —interpelé.
—Pero ella debería acostumbrarse a que no está más sola —recalcó él —. Ella ahora tiene a alguien que la quiere cuidar y acompañar en todo momento.
Sus palabras cálidas entibiaban mi corazón.
—Debes tener paciencia con ella. Ella probablemente te quiera más de lo que sea capaz de expresar —revelé —. Quizá ella te quiera ver justo ahora.
Estaba frente a su puerta y pude escuchar como hacia ruido al levantarse.
—Voy de inmediato —avisó él —. Le daré de comer a Kon y sólo tardo lo que me demore en llegar.
Toqué la puerta y pude escuchar un claro: "estás bromeando".
Su mirada al verme me emocionó. Él me vio como si fuera lo mejor que le hubiese podido ocurrir en la vida, y justo detrás de él, un muy curioso Kon.
Tenía deseos de echarme encima de Ichigo, besarlo y tener sexo con él, pero lo empujé y cerré la puerta.
—Hola Kon —saludé haciéndole cariño en la cabeza.
Él movió la cola tímidamente. Nuestra relación seguía siendo un poco ajena, pero trabajaba por vencer mi temor a los perros y particularmente a él, que me había mordido.
—Ignora al perro y toma en cuenta al dueño —reclamó Ichigo.
Me volteé hacia él e hice un ademan para indicarle que nos fuéramos a la habitación, lugar donde no salimos hasta entrada el ocaso del domingo.
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Habían pasado dos meses y lamentablemente no había logrado quedar embarazada, aun cuando teníamos sexo cuando mi temperatura basal era la adecuada. Iba a tener que ir nuevamente donde el médico.
—No ha funcionado aun cuando lo hemos intentado —respondí —. Hemos incluso practicado sin tener sexo los días previos a los fértiles.
Hablar tan claramente con el médico de que me conocía desde hace tanto de esos temas era complicado, sobretodo considerando la edad del señor Yamamoto.
—No es fácil conseguirlo a veces, ya sabemos tus problemas, pero quizás es el donador de esperma el factor a analizar ahora —expuso.
Aquello no lo había sopesado nunca.
—A veces es posible que no sean genéticamente compatibles. Lamentablemente es pronto para decirlo, pero no tenemos el tiempo para comprobarlo. Vamos a tener que analizarlo a él —indicó.
¿Genéticamente compatibles? Lo que faltaba… tenía al hombre que quería, que por esas casualidades afortunadas de la vida me quería a mí también, y que ambos queríamos procrear una nueva vida juntos y nada quería al parecer que lo concretáramos.
Esa noche Ichigo había tenido una cena con sus compañeros de trabajo por lo que no nos vimos, le iba a tener que decir que pedir que se realizara los exámenes e iba a ahorrarme eso de que tal vez no fuéramos compatibles, porque era justo lo que faltaba.
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—Hola Renji —saludé.
—Hola —contestó.
Renji no me saludaba con la misma efusividad desde que había anunciado que tenía una relación con Ichigo.
—¿Sigue molesto? —consulté con Tatsuki.
—Traicionado en lo más recóndito de su alma —respondió.
—¡No hablen como si no estuviera! —exigió.
Con Tatsuki nos reímos y justo después ella se fue a la cena a la que iba Ichigo también.
—¿Quieres hacer algo? —intenté.
—No —negó él.
—¿Quieres que me vaya? —pregunté.
—No —reiteró.
Renji siempre tomaba esa actitud cuando se enojaba. No era algo particular que hiciera conmigo.
—Le dije a Byakuya que quería conocer a esa mujer —solté.
Él que había estado cambiando los canales sin detenerse en ninguno desde hacía quince minutos dejó de hacerlo. Me estaba prestando atención por primera vez en días.
—¿Estás segura? —averiguó él.
—Es algo que debo hacer, es mejor que sea pronto —respondí.
—Debe ser extraño de un día para otro tener madre y padre —acotó él.
Y sí que lo era. Renji al igual que yo no tenía padres. Había sido criado por unos parientes que aunque le daban todo lo básico, el cariño no fue algo que estuviera incluido, así que era algo que compartíamos… o eso creíamos.
—Y no te olvides, un hermano menor —agregué.
Renji sonrió.
—No te veo de hermana mayor, a su lado parecerás su madre —dijo molestoso.
—Ni que lo digas —acepté resignada.
—¿Serás capaz de disculparme, Renji? —pregunté.
—Sólo si prometes no volver a esconderme algo como eso. Estoy contento por ti, Ichigo es un buen hombre y si te hace daño sé bien dónde encontrarlo y cómo atacarlo —habló él.
—No te conté antes porque tuvimos unos problemas —mencioné —. Ya sabes que para mí no es fácil dejar entrar gente en mi vida y a él se lo hice especialmente difícil.
—No me cabe ninguna duda que no fue fácil para él —admitió —. Eres una mujer horrenda como novia.
Lo miré asesinamente y él se carcajeó.
—¡Lo eres! Tienes un carácter voluble —sostuvo —. Ahora que lo pienso pobre Ichigo… no tiene idea en lo que se está metiendo. ¿Debería ser bueno con él o contigo? Si se lo advierto cabe la posibilidad de que te quedes soltera para siempre, pero por otro lado ¿cómo podría dejar que un buen amigo se embargue en una pequeña fragata en un mar tempestuoso?
Le pegué un combo en el estómago y él siguió riendo.
Después de un par de horas me fui a mi casa y él se quedó esperando a Tatsuki.
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—¿Qué tengo que hacer qué? —dijo atacado Ichigo.
—El médico quiere descartar cualquier variable. No es tan complicado solo un par de… —hice el gesto técnico nada decente con la mano —. Y eso sería todo.
Él me miró poco conforme con lo que acababa de contarle, pero finalmente aceptó, no era invasivo en lo más mínimo, al contrario de la mayoría de mis exámenes.
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—Muchacha —me habló el médico —. Tenemos problema con la muestra de tu donante. No es que no sean compatibles, es que sus espermatozoides no llegaran a fecundar el ovulo de manera natural.
—¿Qué…? —dije sorprendida.
—La motilidad de sus espermatozoides es baja. Es un trastorno en el que la capacidad de los espermatozoides para nadar hacia el óvulo y penetrarlo está reducida. Si el movimiento es lento, no es en línea recta o ambos, los espermatozoides tienen dificultades para entrar al moco cervical.
¿Me estaba diciendo que el motivo por el que no podía quedar embarazada no era yo…? ¿Sino él? Estaba perpleja.
—Una prueba normal de motilidad indica que dos tercios de los espermatozoides en el semen puede moverse a través del moco cervical y penetrar el óvulo. Si una prueba de fertilidad en el hombre determina que una cantidad menor a ocho millones de espermatozoides por mililitro de semen muestra un movimiento normal hacia adelante —explicó él.
No podía creerlo.
—¿Y eso qué significa? —anhelé saber y hacerlo hablar más rápido.
—Significa que es muy difícil que quedes embarazada a través del método natural, más no imposible. No tenemos tiempo, me hubiese gustado que tratáramos más, pero no es el fin de todo —manifestó —. El único problema que tiene es que no llegan, pero si podemos hacerlos llegar… de todos los problemas que pudieron presentarse tengo que decirte que es casi el menor. Necesitamos hablar con un especialista y con tu novio. Voy a tener que derivarte a otro médico.
¿Cómo iba a dejarlo averiguar algo así sin antes prepararlo? Casi lamenté no haber sido yo la del problema.
—Ichigo… —lo llamé.
Fui a verlo a su departamento, donde estaba descalzo y con pantalones holgados. Se veía increíblemente bien.
—No esperaba verte hasta más rato —me saludó.
Kon se me acercó y le acaricié la cabeza y me quedé un poco ida acariciándole bajo el hocico.
—¿Rukia? –preguntó él —. Está todo bien.
Después del tiempo que llevábamos juntos no era de extrañarse que él detectara cuando las cosas no iban bien.
—De hecho no, pero no es tan grave tampoco… es decir podría ser peor —desvarié.
—¿Qué? ¡Es cierto! Hoy debíamos ir al médico ¿alcanzo a arreglarme? Disculpa es que estuve ordenando algunas cosas y se me pasó el tiempo —se excusó.
Ichigo estaba con vacaciones de invierno. Las ventajas de ser profesor.
—No es necesario, ya fui —aclaré.
Él entonces percibió por donde iba el asunto.
—¿Están los resultados? —quiso saber.
No quería ser yo el mensajero de las malas noticias, pero era mejor que lo supiera por mí y no que lo tomara por sorpresa luego.
—Sí —confirmé.
¿Estás embarazada? –quiso comprobar.
—No lo estoy —negué.
—Ya será el próximo mes —me consoló él.
Ichigo no tenía la menor idea.
—No sé cómo decírtelo —le expliqué —. Es que vamos a necesitar asistencia al final.
—Está bien, era algo que sabíamos… —dijo él consolatoriamente.
—Nos derivaran a otro médico, un especialista —relaté.
—Lo que tengamos que hacer, mi amor —respondió él.
Finalmente no fui capaz de decirle yo misma que el que tenía problemas de fertilidad era ahora él…
Continuará...
¡Hola! Espero que estén bien. Este capítulo evité escribirlo hasta que fue inevitable el tener que hacerlo... el asunto es que queda poca historia ya, pero algo surgió en el camino, y es que debo informarles que este fanfic entra en receso hasta nuevo aviso. Voy a viajar y no creo que vuelva a actualizar (me voy el próximo sábado y regreso a fin de mes) hasta ya mayo. Lo siento en lo más profundo de mi alma y espero contar con su apoyo hasta entonces. Les puedo jurar que no voy a abandonar después de todo lo que me han dicho y el cariño que he recibido.
Vimos que dio un giro la historia y queda esperar a ver cómo reaccionará Ichigo cuando finalmente se entere de que él es quien está fallando.
¡Por favor sepan disculparme!
¡Hasta pronto!
