Ese brillo en tus ojos
Celosa. ¿Celosa? ¿Por qué iba a estar celosa de semejante guarra?
Hermione se encontraba sentada en unos escalones de piedra mientras ante ella se abría la grandiosidad de los terrenos de Hogwarts. Cualquiera que la conociera y que la viera pensaría que se encontraba estudiando por el libro que tenía abierto ante ella. Pero la verdad era muy diferente.
Ese libro, uno de sus amados libros, estaba siendo usado como cortina de humo para permitirle pensar en tantas cosas que ocupaban un gran espacio en su mente.
A pesar de la claridad de los días, no muy en el fondo, se veían algo oscuros y tenebrosos. ¿Tendría que ver las terribles visiones de las que era testigo Harry? Puede que si o puede que no, pero lo que importaba de verdad era saber cómo se sentía ella y no, necesariamente, el por qué.
¿Por qué?
Bueno, bromas aparte, porque sabía el motivo y lo sabía tan bien pues no había variado desde principio de curso. Aunque pensándolo bien podía decirse que si que había cambiado pero para mejor, lo que podía significar que era a peor. Todo dependiendo del lado desde donde lo estuvieras mirando.
Desde la razón… entonces iba empeorando.
Desde el corazón… nunca antes se había sentido mejor.
Hermione tenía la certeza de que su vida solamente podría tener sentido cuando pudiera unir ambos puntos de vista en uno solo. Pero resultaba el ejercicio más complicado al que se había enfrentado en toda su vida. Y para alguien como Hermione Jane Granger, admitir algo así, era decir mucho acerca de este problema.
No sabía si él, si Draco, pudiera encontrarse en estos momentos inmerso en una situación idéntica a la suya, pero rezaba que así fuera porque significaría que podía estar buscando la misma respuesta que ella. La respuesta que podría permitirles estar juntos a pesar de todo lo que se opone a semejante unión.
Amigos. Familia. Tradiciones. Sangre. Sentido común…
Y ellos, ¿qué tenían ellos de su lado?
¿Amor?
Se dice que el amor todo lo puede. Y la presencia de su mejor amigo, Harry, en este mundo era un ejemplo viviente de dicha afirmación porque fue el amor de una madre por su hijo lo que le salvó de una muerte segura.
¿Podrá ser el amor que siente por Draco, y que reza que él sienta por ella, lo suficientemente grande y poderoso para permitirles superar todas las adversidades que se encontrarán en el camino de su felicidad?
Yo te amo, Malfoy-. Se dijo para si misma Hermione. Ni siquiera ahora decía su nombre pero no por miedo o respeto u otra cosa semejante, sino porque era tan hermoso y le gustaba decirlo que necesitaba que él la escuchara pronunciar su nombre. Y, a pesar de todo, sólo era capaz de decirlo cuando perdía el control férreo sobre su lengua.
Decir su nombre era como desnudar su alma. Y esto no se hace todos los días.
¿Tú me amas?
Esa era una pregunta que durante los meses de este curso no hacía sino intentar responderle afirmativamente a pesar de lo que la realidad trataba de imponerles.
Ella conocía su respuesta si él le llegase a realizar esa pregunta. Una respuesta que la haría inmensamente feliz y dichosa. Una respuesta afirmativa.
Y ahora, en cualquier momento, Hermione iría en ayuda de su mejor amigo. Lo que, sin lugar a dudas, la pondría bajo la mirada de Lucius. Se expondría ante su mayor enemigo por su felicidad pero con la certeza de que, en ese momento, él no sería consciente de eso pues sólo pensaría en cumplir las órdenes de su Señor.
Y pase lo que pase ahí, no hay ninguna duda de que será un momento elegido por el Destino, si es que algo así llega a existir, para colocarnos en las posiciones desde donde tendremos que movernos.
Tú en un bando y yo enfrente como tu rival.
Y a pesar de tan malos pensamientos, Hermione no podía dejar de ver a Draco enfrente suya mientras la observaba con suma atención con sus hermosos ojos grises acerados dispuestos a consumir cada instante para no dejar nada de ella para el olvido.
¿Tú me amas, Draco Malfoy?
El recuerdo de sus labios juntándose en un beso apasionado siempre volvía a su mente, algo calenturienta, cuando deseaba un ejemplo de lo que era la verdadera pasión entre dos personas.
Si pudiéramos confesarnos sin temor a represalias ya te lo habría dicho hace tanto tiempo que pensarías que estaba completamente loca… o tal vez lo estemos realmente para poder llegar a amarnos.
Hermione temía que, de no poder cambiar el futuro que los mantendría apartados el uno del otro, sólo les quedaría lo que faltaba de este curso más los dos últimos. Y eso contando con que Draco volviera a Hogwarts tras lo que fuera a suceder pronto con su padre, pues estaba segura de que sería Lucius quien actuase en nombre de Voldemort, en lo que le estaba sucediendo a Harry.
¿Y si sólo nos quedasen estos dos años? Que ni siquiera son dos años reales sino mucho tiempo menos al quitar todos los meses en los que no hay clases. Las fiestas y vacaciones que nos mantendrían alejados.
¿Qué es lo que debería hacerse?
-No quiero perderte, Malfoy. Pero no sé como puedo tenerte…
Sus murmullos, ahogados por el libro que se suponía que estaba leyendo, se esfumaron cuando vio a unos cincuenta metros, uno más o menos, a la persona que inundaba sus pensamientos. Tanto ahora como la mayoría del tiempo.
Draco Malfoy.
Pero se trataba de un Draco acompañado por una chica. Una chica que le parecía estar hablando con dulce coquetería mientras lo miraba con sus ojos entrecerrados como si estuviera ante la presencia de un sueño hecho realidad.
Lo que, en otros momentos, Hermione estaría totalmente de acuerdo pero que ahora, por culpa de una extraña sensación en su pecho, no podía llegar a pensar nada más que en situaciones de lo más dolorosas en las que aquella estúpida pareja eran protagonistas.
El color del uniforme, azules y estaños, la señalaba como perteneciente a la Casa de Ravenclaw. Pero no era su uniforme lo que llamaba la atención de Hermione, ni que se la viera tan hermosa que, ni en sus más locos sueños, ella pudiera llegar a parecerse aunque solamente fuera en una mínima parte.
¿Su nombre? No estaba segura pero creía recordar que su apellido tenía tintes franceses. Algo que la ponía aún más enojada por dejarse llevar por los tópicos que estas chicas arrastraban consigo aunque, viendo su manera de comportarse con Draco, no había ninguna duda de que en ella se cumplían.
Su cabello era tan negro como la noche pero se veía brillante y sedoso que daban unas ganas irresistibles de introducir los dedos por aquella dulce oscuridad. Llevaba un corte sencillo de media melena que caía justo por debajo de sus hombros mientras que, por la parte delantera, se mostraban unos delicados mechones a ambos lados del rostro enmarcándolo con gran belleza. Sus grandes ojos azules oscuros como una tormenta contrastaban con los grises de Draco, lo mismo que pasaba con la palidez del rostro del Slytherin en contraposición a la morena piel de la Ravenclaw. Todo aquel bello rostro quedaba rematado con unos labios generosos que incitaban a ser probados cual fruta madura y que pudiera saciar el hambre del que los saborease.
Se les veía conversar muy amigablemente, algo que, acerca de Draco, no era muy habitual el verlo así con una chica. Todos sabían que Draco Malfoy no hablaba con las chicas sino que las seducía para un único propósito. Y, aunque todas las chicas sabían esto, no podían reprimirse cuando resultaba ser alguna de ellas el objeto del nuevo deseo del Rey de Slytherin.
Fue entonces cuando Hermione vio, por encima de su libro de manera muy discreta, como la muchacha sacaba su varita y empezaba a realizar una serie de complicados movimientos ante Draco. Por un momento la idea de que aquella chica le fuera a lanzar un hechizo a Draco se le pasó por su cabeza, tanto que apartó el libro de pronto, pero cuando vio como Draco negaba lentamente con la cabeza y la muchacha lanzaba un suspiro, de lo más coqueto, y le lanzó una mirada suplicante al Slytherin, supo que no se trataba de ningún ataque.
Es una especie de depravada sesión de estudio.
Y lo de depravada venía por ver como Draco volvió a la muchacha para que le diera la espalda y, acercándose a ella hasta que dicha espalda descansó sobre su pecho, deslizó con un suave movimiento la mano sobre el brazo derecho de la muchacha. El brazo en donde sujetaba la varita.
A Hermione se le hizo un nudo en la garganta cuando vio como Draco sujetaba la mano de la chica con suma delicadeza y empezaba a realizar los movimientos de la varita mientras le hablaba, susurraba, al oído. Y viendo los gestos de aquel rostro, como el rubor de sus mejillas, no se trataban de comentarios explicativos sobre el hechizo que estaban practicando.
Maldiciéndose por no apartar la mirada, y con un gran esfuerzo por su parte, alzó nuevamente el libro para ocultarle semejante espectáculo a sus inocentes ojos.
Es un maldito… como se atreve a comportarse de esa manera a la vista de todos… un exhibicionista. Eso es lo que es ese Malfoy. Un maldito y egocéntrico exhibicionista.
Hermione intentó concentrarse en las páginas que tenía delante de ella pero no era capaz ni de ver las letras allí impresas. No. Lo único que sus ojos le mostraban era la imagen de Draco con aquella Ravenclaw con sus cuerpos tan juntos como si fueran uno solo mientras se movían al son de una música que solamente parecían escuchar ellos dos.
A pesar de todo su esfuerzo no pudo resistirse durante más tiempo para alzar su mirada por encima del libro. Por mucho que temiera lo que podía llegar a encontrarse era mejor que quedarse con la duda.
Se equivocaba.
No solamente seguían con sus cuerpos pegados el uno junto al del otro sino que ahora Draco tenía su otro brazo enroscado en aquella cintura tan delgada para mantenerla junto a él y que no pudiera escaparse.
¿Y que idiota querría alejarse de él?
Hermione no podía evitar preguntarse en dónde se metía Dolores Umbridge y todas sus reglas en los momentos en que se las necesitaba. Seguro que porque se trataba de Draco le dejaría pasar esta actitud tan indecorosa pero si fuera otras personas ya les habrían restado puntos a sus Casas.
Ella ya sabía de lo que era capaz Draco pero lo que le hacía hervir la sangre era la actitud de la Ravenclaw. Allí, a la vista de todos, no tenía ningún pudor en restregarse contra Draco. ¿Cuántas veces se ha tenido que morder el labio para no sacar su propia varita y lanzarles cualquier hechizo que los separase de inmediato?
Tan absorta se encontraba maldiciéndoles por el espectáculo que estaban dando y a ella misma por seguir ahí sentada viéndoles, a pesar del dolor que esto le estaba causando, cuando se encontró con que aquellos acerados ojos grises se encontraron con los suyos.
Hermione sintió como si el mundo hubiera desaparecido. No detenido ni nada por el estilo sino, directamente, desaparecido dejándoles a ellos dos solos.
¿Estaba hablando? ¿Movía los labios o era que le estaban temblando por los nervios? Hermione no podía saberlo con seguridad porque se encontraba en su propio mundo. Un mundo en el que existían solamente Draco Malfoy y Hermione Granger.
¡¡Será desgraciado!! ¡Maldito seas, Malfoy!
Era la ventaja de la velocidad del pensamiento. La reacción que tuvo al ver como Draco le enviaba una media sonrisa mientras se apretaba aún más, a punto de atravesarla de seguir por ese camino, a la Ravenclaw.
No necesitó estar cerca para escuchar un gemido surgir de aquellos labios. Aquellos labios que pronto se estarían besando con los de Draco.
Ese pensamiento fue lo que sirvió para hacerla reaccionar. No sabía quién se creía Draco que era ella pero, de ninguna manera, se le iba a quedar mirando como se besaba con otra chica delante de sus mismísimas narices.
-Pudriros ahí mismo-. Dijo Hermione poniéndose en pie de un brusco movimiento.
Draco vio como su hermosa castaña se levantó de los escalones con una furia en sus ojos que para si quisiera el mismísimo Voldemort. Estaba claro que de encontrarse a la distancia justa habría escuchado como la furia salía por cada poro del cuerpo de Hermione. Justo antes de que ella le diera una nueva muestra de la fuerza de sus manos propinándole una nueva bofetada. Que diablos, incluso merecería un buen directo.
Hermione no quería salir corriendo porque le daría más munición a aquella vil serpiente que se había estado burlando de ella. Pero eso no le impedía tener una máscara de pura cólera en su rostro. Tan visible que todos los que se la encontraban se apartaban temerosos de liberar toda aquella ira en contra de ellos.
La cabeza erguida de la Gryffindor le duró lo que su corazón tardó en obligarla a volver el rostro para obtener una nueva imagen que se le clavase en su dolido y sangrante amor.
Pero, ¿ahora qué…?
No pudo evitar la sorpresa de su rostro cuando atrás únicamente vio a la muchacha de cabello negro como pensaba que era el corazón de Draco por cometer semejante espectáculo ante sus ojos.
Podía ver claramente, a pesar de la distancia, la confusión en aquel bello rostro. Y, a pesar de que no se trataba de una reacción de la que sentirse orgullosa, no pudo evitar estar aliviada al no ver a Draco con ella.
Eso no quiere decir nada, Granger. Puede que viera a una chica con menos vergüenza que esa Ravencl…
-¡Ouch!
Era de esperar que por estar mirando hacia atrás terminara por golpearse con algo, o alguien como fue en este caso.
-Lo siento-. Se disculpó Hermione mientras unos brazos la sujetaron antes de que perdiera el equilibrio aunque, por desgracia, su libro no tuvo tanta suerte y cayó al suelo.-No estaba miran-… -do.
-¿Y qué estabas mirando si puede saberse, Granger?-. Una vez más aquello voz arrastraba las palabras hasta darles una carencia orgullosa y, últimamente a oídos de Hermione, sensual.
-No es de tu incumbencia, Malfoy-. Le espetó mientras se liberaba del contacto de aquellos brazos en los que deseaba perderse y ser abrazada por la eternidad.-Y podrías tener más cuidado y no andar por ahí agarrándote con toda chica que se te cruce en el camino.
Hermione aprovechó el tener que agacharse para recoger su libro para poder bajar la mirada al suelo y así coger aire y fuerzas que la permitieran salir de allí con su orgullo intacto. O el que le quedaba tras todo lo sucedido.
-Vaya, Granger-. Cuando Hermione se levantó y se disponía a marcharse, Draco se interpuso en su camino mientras en su rostro tenía aquella odiada mueca maliciosa.-¿Son celos eso qué se puede escuchar en tu voz?
Como no podía ser de otra manera, Hermione fue incapaz de controlar la reacción de su cuerpo que la puso completamente ruborizada. Y, a pesar de esta muestra clara de lo que sentía, fue capaz de enfrentarse a Draco con palabras. Tal vez no las más adecuadas o que alguien pudiera reconocerlas como salidas de boca de Hermione Granger, pero no pudo reprimirlas.
-¡¿Celos?! ¿Y por qué iba a estar celosa de semejante guarra que se comporta como una perra en celo restregándose con…?
Tarde pero el raciocinio siempre vuelve junto a Hermione.
-¿Conmigo?-. Le terminó la frase un sonriente Draco.
Hermione maldijo a Draco y sus sonrisas, junto a todo el resto del conjunto que pertenecía al joven Malfoy. Sabía que era una serpiente pero…
-… eres mi serpiente…
A Draco le encantó la manera en que Hermione susurró aquellas palabras. Había tanta necesidad en ellas, que podía sentirse con claridad lo que en realidad significaban. No era solamente un sentimiento de posesión.
Era de totalidad.
-Siempre, Granger-. Fue el turno de Draco para susurrarle al pasar al lado de Hermione que no pudo evitar morderse para impedir que sus ojos humedecidos liberasen las lágrimas que buscaban bañar sus mejillas sonrosadas.
-Porque sino… serás mi primer par de zapatos de auténtica piel de serpiente Slytherin, Malfoy.
Ahora fue el turno de Draco para sentir la sonrisa en las palabras de Hermione.
Ouch.
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ENDorFIN
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¿Cómo se puede empezar ahogada con las dudas de una posible relación abocada al dolor para terminar montando una secuencia de celos?
Pues siendo Hermione y Draco los protagonistas de dicho momento.
Creo que esto se está terminando. Así que no me matéis cuando eso ocurra. Aunque lo podéis hacer mediante vuestras reviews que siempre seguirán siendo bien recibidas.
Dar las gracias por los que me habéis mandado alguna en el anterior capítulo:
Gabe Logan.
Marce_Malfoy: Bueno, ellos se lo han buscado enamorándose de su peor enemigo. Pero ya ves, con besos siempre se llegará al Destino.
Ackanne.
Psychofee.
Muchísimas gracias por seguir y continuar con este fic. Espero no seguir perdiendo a nadie más por el camino que nos lleva hasta el final. Es que veo que las reviews bajan en número pero… bueno… a los que me seguís pues gracias por hacerlo.
Me despido hasta el próximo capítulo.
Nos leemos.^^
