Los Nasgûl
A la mañana siguiente Alewin se despertó al sentir que el cuello le dolía, no se había dado cuenta de a que hora se había dormido.
Miró a su alrededor y vio que los hobbits aun descansaban y que la fogata se había apagado. Se incorporó con cuidado y al estirar las piernas un cosquilleo le impidió caminar por al menos cinco minutos.
Las luces grisáceas del alba hacían que el frío fuera mas penetrante. Alewin buscó en lo poco que aun le quedaba de equipaje algo con que contrarrestar las bajas temperaturas.
-¿Tienes frío?- la voz de Aragorn le dio un pequeño susto. Intentó mantenerse implacable ante la temperatura,pero su físico delataba otra cosa.
Alewin tenía los labios teñidos de un ligero lila y su piel había palidecido gravemente. Aragorn se sorprendió al verla tan desgastada, sabía que aunque Alewin le aseguraba que seguía en buenas condiciones el viaje la estaba cansando. Aragorn se acercó hasta ella y le sujetó la capa al cuello. Alewin pudo sentir las manos frías de Aragorn rozar su piel, se giró un poco hacia él y por primera vez se percataba del bello color que tenían los ojos del montaraz. Aragron por su parte se quedó contemplando la piel de Alewin, la forma en que la chica titireteaba a causa del frío despertaba en él un extraño instinto.
Sam se levantó y con su pie movió una cacerola que estaba cerca de la fogata apagada. Aquel ruido hizo que tanto Alewin como Aragorn salieran de su trance y volvieran a preparar las cosas para el viaje. Alewin se acomodó la capa y levantó a los demás. Merry y Pippin protestaron pero Frodo logró ponerlos en pie. Rivendel se encontraba a tan solo dos días mas.
...
Aragorn insistió que fueran mas rapido, pues anoche, mientras hacía guardia, había dislumbrado en el norte un jinete más oscuro que la noche. Alewin al escuchar aquello se llevó una mano a la herida de sus costillas, se preguntaba como estaría en esos momentos, pues aunque ya no le dolía mucho, algo le decía que no estaba curada del todo.
...
El grupo desansaba cada hora un periodo de diez minutos, algo que desesperaba al montaraz, pero que era necesario, ya que los hobbits no estaban acostumbrados al ritmo que Aragorn les estaba exigiendo.
Alewin se dio cuenta de que el único que en lugar de empeorar estaba mejorando era el asno llamado Bill. Sam le había puesto así a su nuevo amigo y gracias a los cuidados del hobbit, el animal cada día estaba más sano y fuerte. Alewin sentía que en el fondo de su corazón Bill se sentía orgulloso por llevar una montura de caballo aunque esta le quedara grande y nadie la ocupara.
La chica aprovechó un descanso que Aragorn les dio para estar un rato con el asno, le dio de comer una manzana y le acarició el hocico. Sam la había vigilado todo este tiempo y se sentía algo celoso de que Bill no se resistiera al cariño que Alewin le daba; aunque a Sam le pesara, tenía que reconocer que la chica no era tan mala como lo había creido a su debido momento.
El viento del otoño hacía que el cabello de Alewin fuese indomable, y para su mala suerte el único cepillo que llevaba se había perdido junto con todo lo demás, pero aun así, con todo el cabello hecho una maraña, Alewin estaba tranquila; su falda también había sufrido de los estragos del viaje, ya que se encontraba toda enlodada y un poco rasgada. Esperaba que en cuanto llegaran a Rivendel pudiera comprar algo de ropa.
Aragorn decidió continuar, dejó que los hobbits fueran primero y él se quedó con Alewin hasta atrás
-Ten- Aragorn le entregó el cinturón de sus armas
-¿Por qué?
-Las necesitaras si algo sale mal
Alewin se colocó su cinturón y se dio cuenta que estaba más delgada que nunca, los huesos de su cadera se notaban mas y su cinturon se sostenía en ellos
-Espero que no haga falta
-Espero lo mismo
-¿Como sigue tu herida?
-No la he revisado, la ultima vez aun se veía algo mal
-¿Te duele?
-No
Aragorn se preocupó por aquella respuesta, sabía que si aun no mejoraba la herida, pero dejaba de doler, no era buena señal. Revisaría a Alewin en la noche, ahora no la quería preocupar
-Bien
...
Por las noches el frio la consumía y por el día el sol hacía que se agotara rápidamente. La fuerza que hasta el momento la había acompañado se estaba acabando. Alewin se amarró una pañoleta a la frente para que absorbiera el sudor, su arco y carcaj se le clavaban en los huesos de la espalda y sus manos se veían mas delgadas ¿Qué le estaba ocurriendo?
Frodo también se veía algo cansado y distraído. Aragorn comenzaba a preocuparse, y lo único que lo hacía continuar era la distancia que los separaba de Rivendel, la cual era cada vez menor.
Decidieron acampar en Amon Sûl, donde se encontraban algunas ruinas del antiguo reino del norte. Alewin nunca había ido por aquellas regiones. Ver el verde de las tierras extenderse hasta donde la vista alcanzaba la maravilló.
Fue a pasear por las cercanías mientras los demás preparaban el campamento. Cerca del bosque se encontró con unas bellas florecillas blancas, decidió que sería buena idea descansar un rato y se sentó en la hierba. Arrancó un par de flores, y mientras el viento alborotaba su cabello comenzó a tejer una corona.
Había mentido, ella en realidad nunca había estado en Rivendel, todo lo que sabía de aquella tierra maravillosa se lo debía a Gandalf y a un par de elfos que se encontró una vez por los caminos hacia los Puertos Grises; estaba emocionada por conocer el mundo, pero algo siempre la había retenido en el Norte o quizá algo no la dejaba ir hacía el sur, temía que un día frente a sus ojos se encontraran las puertas de Mordor o peor aun las de Rohan... aquello era algo para lo que aun no estaba lista.
Su herida le dio una punsada y recordó su estadía en el calabozo de Sauron "El calor que la amenazaba en aquella repugnante celda nunca lo olvidaría. Alewin había golpeado los barrotes de hierro toda una semana con un trozo de hueso que se había encontrado, y justo ese día el hierro había cedido y un barrote salió de su sitio, entonces había aprovechado aquella oortunidad. Salió corriendo como pudo entre los pasillos de roca caliente mientras una manada de orcos la seguía y cuando creyó que la alcanzarían una luz cegadora la lanzó por los aires. Sus ojos vieron estrellas y el viento proveniente de todos lados la mareaba y aunque trataba de gritar, nadie la escuchaba."
Cuando abrió los ojos se encontró con que ya había oscurecido; en lo alto de la torre en ruinas, se alzaba un ligero fuego. Los hobbits habían comenzado a cocinar. Se incorporó de nuevo y vio la corona a medio terminar, el blanco de las flores reflejaba los halos de la luna. Vio que las estrellas al fin se habían dignado en salir a darle una mirada, su fría luz la alegraba, pues le daba esperanzas. Aquella luz era pura y la oscuridad aun no la alcanzaba y mucho menos la intimidaba. Antes de regresar decidió dar un rápido recorrido por el bosque quizá podría encontrar algunos frutos o semillas, a parte, debía encontrar a Amirendes, no lo veía en todo el día y lo extrañaba.
Su falda era ya un horror y se atoraba por todas las ramas y raíces.
-estupida falda-murmuraba la chica con cada rama que tronaba a su paso
Pero un sonido diferente hizo que se detuviera en seco. El bosque estaba invadido de sombras distorcionadas de los árboles y le ocstaba trabajo diferenciar una de otra. Cuando estaba dispuesta a regresar, su herida ardió con la misma intensidad que la primera vez que la tuvo. La corona se cayó de sus manos y tuvo que recargarse contra un tronco para no caer.
Un poco mareada pudo ver que una sombra era mas oscura que todas las demás y se acercaba a ella. Alewin trató de gritar pero fue en vano, el Jinete la sujetó del cuello y le levantó un par de centímetros del suelo, sentía que el aire comenzaba a faltarle y trató de defenderse con patadas, pero nada sirvió, solamente provocó que el Nasgûl se riera de ella. Tan detestable era el sonido de aquella voz espectral que si hubiera podido, Alewin se hubiera arrancado los iodos.
-El amo quiere saber si ya cambiaste de opinión, Bruja
-Yo...no soy ninguna bruja, maldita rata- Alewin le tomó la muñeca de la armadura de hierro y trató de jalarla para que le permitirá respirar, sentía como su rostro comenzaba a enrojecer y la presión en su cabeza pronto la haría desmayarse
El Nasgûl solo se rio de ella, abrió su mano y Alewin cayó bruscamente al lodo, el espectro arrojó un pedazo de tela roja envolviendo un objeto esférico a un lado de la chica. Alewin reconoció la tela, se apresuró a revisar su bolso, ahí continuaba el ojo de aquel tipo, pero entonces...
Alewin abrió la tela que el espectro le aventó y cuando vio lo que contenía se quedó horrorizada. Tres ojos de diferentes personas salieron rodando
-¡¿Qué es esto?!
-La ayuda que el amo te ha brindado
Alewin entendió entonces todo
-Ustedes...-se puso de pie y con cautela sujetó el pomo de su espada-Mataron al sujeto que me golpeó en la taberna y también a los dos sujetos que se querían llevar a Merry
-El amo ha dicho que ahora le debes el favor
-Yo no debo nada, no pedí su ayuda, ustedes se metieron en mis asuntos sin consentimiento
-Si tienes gratitud tienes que pagar-
Alewin se quedó pensando por un momento y luego recordó a su caballo. No hizo falta que preguntara para saber que en efecto, ellos lo habían asesinado. A lo lejos pudo escuchar el grito de alguien. Alewin vio salió corriendo
-¡Frodo!-gritaba desesperada
El espectro se quedó un momento viendo como la chica corría hacia las ruinas y cuando debió la mirada en el suelo pudo ver la corona de flores, las cuales no se inmutaban ante la presencia de la oscuridad. Con un movimiento de su mano las flores se marchitaron.
-Ella es una flor...y acabará igual que estas- la corona fue aplastada por su bota de hierro y se convirtió en cenizas que volaron con el viento.
-Tendras que pagar niña...tarde o temprano
Bueno hasta aquí el capítulo. Gracias por leer.
Sé que este es algo corto, pero pronto habrá demasiado por leer, comenten que tal les parece y que creen que ocurrirá. ya saben que toda sugerencia es aceptada siempre y cuando sea con respeto
