Disfruten la lectura.


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Encantador Psicópata

VIII

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Con esto definitivamente podía asegurar que Dios era real y no producto de la desesperación humana de aferrarse a algo para poder seguir adelante.

'Tengo un examen mutante, el cual se opone a nuestro ferviente amor. Descansa por esta semana de mí, nena. Intenta no extrañarme demasiado ;)', fue el whatsapp de Fred que le provocó aquella epifanía.

¿Conocen esa sensación que embarga cuando recibes noticias que posiblemente cambien tu mundo para mejor, algo que siempre esperaste o que llegó a bendecir tu vida? Como encontrar la falda que tanto has buscado, que quede una en la tienda y sea justo de tu talla. O cuando vas caminando por la calle y encuentras el billete más alto de tu país, momentos en los cuales sólo deseas saltar y gastar todo el dinero hallado en un instante.

Bueno, fue exactamente ese tipo de felicidad que invadió el ser de Hermione mientras tomaba su té verde mañanero. El lunes comenzó de manera excepcional.

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Llegó al café con una gran sonrisa, e incluso se atrevió a tararear Yellow Submarine a medida que vestía el delantal característico del local, ignorando las miradas incrédulas de sus compañeros.

Saludando a un descolocado Malfoy sin mencionar los despectivos motes con que solía insultar al rubio, comenzó atendiendo a los recién llegados clientes.

―No me malinterpreten, porque de hecho esto significa menos trabajo para todos y un ambiente más ligero, pero la energía positiva que desprende Hermione hoy es espeluznante.

Nadie, por primera vez en I Should Have Know Better, rebatió la opinión de Draco, pues apocalípticamente estaban todos de acuerdo.

Nada podía estar bien cuando ocurría algo así.

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El reloj cucú que Sirius había heredado de unos ancestros amigos de Tutankamón sonó dando las cuatro de la tarde, hora en la que usualmente su pesadilla con piernas aparecía por la puerta del local, haciendo sonar la melodiosa campanilla, trayendo consigo el constante estrés al que Hermione era sometida por los diferentes tipos de acoso que el pelirrojo imponía con su presencia.

No obstante, por la puerta no aparecieron ningunos ojos azules picarones, ni la sonrisa ladeada o las camisetas holgadas típicas de hipster. Ninguna campanilla sonó ese día y por alguna extraña razón la desazón se instaló en su pecho.

«Ugh, deberías alegrarte. Así no debes lidiar con subnormales», reclamó descolocada por su reacción.

Una vez resuelto el problema existencial que la invadió por escasos segundos, prosiguió atendiendo a las personas que demandaban su atención para complacer sus necesidades. Sin embargo, la sonrisa que pintó su mueca durante el transcurso del día se esfumó en un santiamén.

Sus compañeros de trabajo, pendientes de la actitud de la extraña que entró esa mañana al café, notaron el imperceptible cambio en su estado anímico. Se miraron entre sí con el ceño fruncido preocupados por la castaña y su actual situación.

Pero al momento de verla poner una mueca de asco debido a su inesperada meditación, atinaron a encogerse de hombros y seguir con sus vidas.

Si Hermione Granger estaba bien no había nada de qué alarmarse.

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Pero en el trayecto de la semana concluyeron que no había nada bien con ella.

Pasaron los días para Hermione, obligándose a no pensar en el desgraciado que después de tanto joder con una maldita cita, una vez que no sólo consigue eso, sino además logra que una pseudo relación comience, se da el lujo de desaparecer dejando un miserable mensaje en su teléfono que probablemente esté lleno de telarañas y polillas gigantes, pues el condenado no ha dado señales de vida.

La noche del miércoles, ya asustada por su nivel de desesperación, pues ese día confundió a un chico con Fred durante el periodo laboral, pero el muchacho tenía los ojos verdes y ¡Oh demonios, estaba delirando!; se vio en la obligación de pasear casualmente fuera de la puerta del ojiazul.

Apoyando la oreja en la madera, agudizó sus sentidos para poder captar lo que fuere que se estuviera cociendo dentro del departamento, pero contra todo pronóstico no escuchó nada, ¡nada!

Frunciendo el ceño, tecleó un rápido '¿qué haces?' y a velocidad supersónica volvió a la posición anterior, apoyando todo el cuerpo en la barrera que la separaba de Fred. Nuevamente nada le dio la bienvenida.

Enfadada con su acosador personal y consigo misma por llegar a esas instancias, se refugió en su casa y se dispuso a visualizar alguna película, mas no pudo focalizar su atención en los problemas amorosos de un homosexual Colin Firth, ya que cada cinco minutos se pillaba desviando la mirada hacia la pared que obstaculizaba su misión de enterarse qué estaba haciendo Fred.

«Ojalá no estuvieras ahí, desgraciada, así podría saber qué pasa con él», recriminó fulminando a la pobre construcción.

Cuando se percató de su acto, quiso tener un látigo y autoflagelarse. No sentiría pena si su coeficiente intelectual huía despavorido, tenía totalmente merecido quedarse sin éste.

Aunque sospechaba que una vez conoció al pelirrojo, este alienígena la abdujo y drenó toda su inteligencia.

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En su apartamento tenía como único testigo de sus arranques de locura a la soledad, por lo que no debía preocuparse de la opinión ajena a sus recién adquiridas capacidades acosadoras y depresivas que jamás admitiría poseía. Pero cuento aparte era cuando estaba en la universidad o en el trabajo.

Debía soportar preguntas y miradas que, estaba segura, la catalogaban de loca.

Ronald, el jueves, ya no pudo soportar su aura oscura y explotó:

―Tal vez debas empezar a traer paraguas, porque la nube que está encima de tu cabeza va a soltar todo lo que tiene en cualquier momento.

Demasiado agotada para pelear con su mejor amigo, decidió omitirlo y seguir tomando apuntes, pero Harry no iba a permitir que su amiga siguiera contaminando el ambiente con su estado deprimente, menos cuando sabía a qué se debía.

―Lleva casi toda la semana así; dile a tu hermano que dé señales de vida o nosotros terminaremos en alguna bañera con las muñecas cortadas.

Ron le rió la broma, pero Hermione, harta de extrañar tanto a un idiota que no la merecía, aunque aún no cayendo en ello, decidió cortar a sus compañeros, agradeciendo que el timbre había sonado y las clases terminado.

―Escuchen, par de imbéciles mononeuronales insensibles, no necesito de nadie para que mi ánimo esté bien o no. Fred Weasley no es nada para mí y puedo perfectamente sobrevivir sin él, porque desapareciendo una jodida semana sin decir pío me da la razón de que jamás debí sentir algo por él. ¿Que si estoy triste? No, bastardos, estoy cansada de tener que soportar su nivel de estupidez rebosante de testosterona.

Ambos parpadearon aturdidos por los insultos lanzados por su amiga, pero el salón fue colmado de estruendosas carcajadas.

Sólo el recién llegado se dio cuenta del desliz en aquella perorata y lo que significaba.

Hermione giró enojada hacia la fuente de tan desagradable sonido, casi sufriendo un infarto al chocar la mirada con un par de ojos cielo, pero pronto se recobró del susto y un feroz gesto dejó en claro que no estaba para bromas.

―Tengo un mensaje: "Mañana espérame en el parque donde te vi por primera vez, sabes cuál es. Gracias por esperar, preciosa, el examen desgraciado no nos venció" Sugerí terminar con un beso, pero el golpe que recibí me dejó en claro que no era buena idea. El mensaje no es tal cual, pero la esencia se mantiene ―Terminó George con una sonrisa mientras le guiñaba.

Esas emociones que la embargaron el lunes volvieron con mayor fuerza; era irónico advertir que fuesen por motivos tan contradictorios. Ganándole al enojo sentido porque hubiese utilizado a su gemelo en vez de contactarla directamente.

Ignorado las mofas de sus amigos y la mirada pícara de George, incluso omitiendo la extensa sonrisa que adornó sus facciones rápidamente, pensó en algo que no quiso notar.

El muy cabrón tuvo razón en muchas ocasiones sobre la relación de ambos, y la seguía teniendo al caer en cuenta que lo había echado de menos como a nadie, tal como predijo Fred, en contra de sus propios principios de que los estudios eran la prioridad crucial en cualquier circunstancia.

Soltando un suspiro de resignación que no pasó desapercibido por ninguno de los presentes, se rindió totalmente al atractivo muchacho de cabello flameante.

Estaba tan jodida.


Tenia este capítulo listo hace mil años, pero me daba cosita publicarlo xD Ahora ya no importa, démosle no más.

Espero que les guste y lo disfruten como yo mientras lo escribía.

Besitos, cuídense.

Lizbeth