Skip Beat!

.

Experiencias, vivencias y rarezas.

.

Skip Beat! no me pertenece.

.

Capítulo 8.

Ser madre no era sencillo, más aún cuando no tenías el mejor ejemplo a seguir, peor aun cuando la misma cultura en la que se creció tiene normas de etiqueta poco afectivas.

Así que no importaba que tan preparada se creía o cuantos planes había hecho para cuando el bebé llegará, nada resultaba igual a como lo había imaginado, muchas veces las técnicas de los expertos no funcionaban y peor los niños eran un factor tan variable que era imposible seguir un procedimiento.

Kyoko lo había aprendido a las malas, pero nada fue tan doloroso como una mañana cuando su bebé tenía el año y unos meses, por alguna razón se levantó lloroso; hacia unas semanas lo habían cambiado a una pequeña cama ya que era menos peligroso a que siguiera bajando de su cuna; así que se había acostumbrado desde hace tiempo a verlo caminar o jugar por el departamento a horas inoportunas. Kanae había dicho que su hijo no era normal, desde muy pequeño estuvo muy vivo y pendiente de su alrededor, su capacidad motora se desarrolló más rápido de lo que esperaba, camino cuatro meses antes de cumplir su primer año y comenzó a decir palabras desde los seis meses de edad.

Esa mañana Kyoko desde la cocina lo escucho lloriquear mientras caminaba por el apartamento, estaba segura que había buscado en la habitación principal y en el baño, pues su pequeño no era nada sutil al lanzar las puertas y golpearlas contra la pared. La mujer decidió esperar hasta que el llanto de hizo más fuerte, señal de que se acercaba a donde ella se encontraba, la joven esposa y madre limpio sus manos y se preparó para la llegada.

Su pequeño llegó a la cocina con enormes lágrimas manchando sus rosadas mejillas. Pero su bebé se detuvo al verla, no hizo ruido alguno, su llanto se detuvo, eso llamo la atención de Kyoko. Su retoño le miró fijamente con el rostro sonrojado, sin temor pero tampoco era una mirada que un bebé debía tener, menos hacia su madre, era una mezcla entre decepción y tristeza.

—No llorar, no llorar —dijo el pequeño mientras daba media vuelta y se marchaba con la dignidad de un príncipe— ¡quero papá! —grito mientras se alejaba de su madre quien estaba catatónica observando como su hijo indignado incluso cerraba la puerta de su habitación.

¿Era normal? ¡No tenía ni dos años! Entonces a su mente vinieron tantas veces las palabras que dijo una vez María chan "¿tú crees que por que un niño llora automáticamente vendrá alguien a ayudarle?"

.

Kuon llego veinte minutos después, la llamada de su esposa alterada le hizo abandonar el trabajo. A la mierda su record y reputación primero era su familia y su esposa que balbuceaba algo de haber dañado a su bebé. Cuando llegó a casa Kyoko estaba hecha un manojo de nervios y lágrimas, pero Kuon corrió primero en busca de su hijo, aunque su corazón se partía en dos, su esposa parecía físicamente bien.

Cuando entro en la habitación su pequeño estaba recostado en su cama.

—Lele papá —dijo señalando su cabeza. Kuon corrió a tomarlo en brazos y besar su cabeza sintiendo que había fiebre. Mientras alzaba a su pequeño con su otra mano llamaba al pediatra sin saber que su esposa le miraba marchitada desde la puerta.

.

No fue nada de gravedad, sólo una pequeña baja de defensas, nada por qué preocupar a los padres, pero mientras su pequeño dormía por el medicamento la madre lloraba bruscamente en su esposo mientras hablaba de sus errores y sus temores. Convertirse en su madre sin darse cuenta.

Esa noche su bebé durmió entre ellos, bañado en el amor de sus padres y su madre nunca volvió a desvalorar el llanto.

.

.

.

Gracias por leer.