Disclaimer: La historia es original, pero los personajes que aquí se muestran son propiedad de Michael Dante DiMartino, Bryan Konietzko.

Notas:

Gracias a todos los que se han molestado en dejar una review o postear un MP:

Zaruko Hatsune (no te disculpes jamás por la tardanza, tu siempre estas animándome. Gracias, de verdad) , Obini (Me alegr verte por aquí y espero ganarme a pulso todos esos comentarios que prometes), LadyKorrasami (Espero que todo haya ido bien), Misticgwen (Gracias por comentar y que sepas que a mi también me apetecieron bombones), Devil-In-My-Shoes (Muchas gracias por comentar y darme tu opinión. Significa mucho para mi), Tasiakrood (todo el mundo querría a esas dos como amigas), LupitaAzucena (Me alegra que te guste esos capítulos, aunque este es algo parado), A18mx (adoro tu avatar, ¡me encanta!) ,giginee (me encanta tu desparpajo cuando comentas y que vuelvas cada vez), MaryVessalius-Kurosaki (Asami es un alma torturada y Korra a veces es muy infantil xD ), MisticGwen (No seras golosa, pero tus review divertidas, amables y dinámicas, son un bocado muy dulce para mi) , Sexy-Tomboy (Cuanto orgullo xD) ,Murasakii-11 (me alegra haberte arrancado una sonrisa), Bangon (Espero que sigas) y Annimo (Me alegra tenerte enamorada. Descuida, tendrá continuación en breves),Carolina (Gracias por comentar dos veces y demostrar que eres una lectora fiel), Dama07 (me alegro que leas lo que escribo y consideres que merezco una review. Ojala pueda ganarme otra pronto), (Gracias por volver a escribir, demuestras tu apoyo y créeme, se agradece), Diana (Te agradezco mucho el comentario), lay (Me alegra de que lo leyeras de golpe y te gustase. Espero que sigas posteando).

Capitulo 8

-¿Cómo dices?- preguntó Korra, casi sin creerse lo extraña de la petición de la otra joven.

-Digo que quiero acompañarte hoy durante todo el día. Así me quedaría más tranquila - la joven heredera le devolvió la más dulce de sus sonrisas.

-¿Es qué no entiendes que te he dicho que no quiero que te metas en mi vida?.

-Si, lo sé, pero solo te pido esto. Nada más.

La joven de corta melena deseaba negarse, pero la joven que tenía ante ella era la figura personificada de la esperanza y de las buenas intenciones, casi como si no fuera real y simplemente su existencia fuera una broma del destino que coloca en alguien puro en un mundo sucio y gris.

A la joven de piel oscura le daba vergüenza comparar su vida con un ático de lujo en el centro de la ciudad, pero sabía que solo haciendo algo así podría separarse de su fresón sin que a ninguna de las dos les molestase luego la conciencia.

-Esta bien, comeremos algo, tu te arreglarás en lo que tarda en prepararse mi ropa y nos iremos a mi barrio- pero en ese momento Korra tuvo que hacer un inciso muy importante- y nada de cosas caras. Si vas enseñando diamantes podríamos meternos en problemas.

-Casi nunca llevo joyas pero ¿tan malo es tu barrio?- la mente de la empresaria ya viajaba a una zona de guerra en medio de una urbe tranquila.

-No, pero siempre hay algún idiota que quiere pelea. Es un barrio obrero, así que hay de todo.

Le heredera dio un brinco para levantarse y se apresuro a sus aposentos en busca de una reconfortante ducha matinal. No había discutido nada más con su nueva amiga, solamente se había erguido para entrar ya en la ducha y darse prisa, no siendo consciente de que aun faltarían horas para su salida. Se sentía como cuando era pequeña e iba a las excursiones del internado, un día diferente, lejos de la monotonía aburrida y caduca del día a día. Habrían pasado años, pero para Asami, la vida seguía siendo algo aburrida, con la única diferencia de que no podía dibujar en las esquinas de sus libretas, ni distraerse mientras se explicaba la lección; ahora debía estar atenta para dar buen nombre a los Sato y los viejos cascarrabias eran ahora miembros del consejo directivo en vez de profesores.

En la ducha, la piel nívea de la joven Sato se deleitaba con cada gota de agua, calentando sus músculos adoloridos después de los esfuerzos y las prisas de la noche pasada. Era algo difícil de asimilar, pero en el fondo sentía que de haber sido rechazada por Korra, se pasaría el día llorando y sintiéndose una muñeca rota, así que agradecía a los espíritus que la joven morena hubiera cedido.

"No entiendo el porqué de su carácter" divagó en sus pensamientos mientras aclaraba su oscura melena, "sigue siendo infantil, pero ahora puede llegar a ser muy arisca. Tendré que hacerle ver que puedo estar a su lado", aunque estas afirmaciones se iban por el sumidero, al igual que el agua, cuando ella misma repasaba sus propias inseguridades. Inseguridades que se mostraban incluso en las cosas más simples, como que ropa ponerse para ir con la chica de brillantes ojos azules. En una ocasión normal, la empresaria sabía como vestir, y siempre había preferido lo práctico y cómodo para su día a día, a lo ostentoso; pero en el trabajo se había acostumbrado a trajes femeninos y vestidos de corte ejecutivo, no ha ropa informal salida de un baratillo. Lo que la joven de piel mármolea no quería hacer era elegir una prenda demasiado glamurosa, o algo demasiado aburrido; no quería que Korra creyese que no tomaba en serio sus indicaciones, ni tampoco parecer una mosquita muerta. Al final, se decidió por unos vaqueros oscuros, una camiseta roja acompañada de un chaleco y una gorra gatsby a juego con el chaleco y por ultimo, una bufanda para envolver parte de su rostro y cubrirse del frío. No era que su rostro fuera conocido lejos de las altas esferas, pero la bufanda y la gorra le quedaban bien, al tiempo de que la ayudaban a calmar sus ánimos y encontrar cierto anonimato.

Los nervios de una salida a lo desconocido eran tales que bajo las escaleras dando pequeños saltitos, como si fuera un explorador ante la emoción de cruzar el ancho océano por primera vez. En su mente veía a la joven morena como una nativa, salvaje e indomable, y a ella como una de esos descubridores que tenía que estudiar de pequeña.

-La señora Sato, supongo- enunció divertida en voz alto ante la idea de verse con un sombrero salacot y unos pantalones cortos caquis. Esto era toda una novedad dentro de la monotonía en la cual se había convertido su vida.

-¡Asami, te necesito!- escuchó la voz de Korra detrás de los enormes portones que escondían sus aposentos.

Con cierto apuro terminó de vestirse para asistir a su nueva conocida, pero cuando abrió la puerta se encontró a la joven de ojos como el cielo traspasando el dintel de las puertas y se adentrándose en la habitación.

-¡Madre mía!- exhaló impresionada ante semejante estancia- ¡Tienes un maldito salón en tu dormitorio!.

-¿Como dices?.

-¡Fresón, tu maldito cuarto es casi tan grande como mi apartamento!- enuncio para después poner un semblante serio como el de un detective interrogando a un sospechoso- Definitivamente te van a atracar en mi barrio, semejante olor a dinero no se puede ocultar.

-Venga, no uses esa excusa para que no te acompañé- comentó con una leve sonrisa ante el rostro taciturno de la joven que estaba ante ella- Hicimos un trato.

-Lo sé, lo sé- comentó la joven de tez morena antes de dejarse caer en uno de los dos sillones de la estancia- Es que necesito unos calcetines. Solo tengo uno y no quiero pedirte que me devuelvas el que te regale.

-Mujer, como que lo tiré- en ese momento Korra puso una mueca de fingido dolor ante el desprecio que había recibido su regalo – No te quejes, solo me diste un calcetín. Ni tan siquiera la pareja.

-Podías haber hecho una preciosa muñeca de trapo que te recordase a mi por las noches – el comentario bromista tuvo el añadido de una voz excesivamente dulce y un rápido batir de pestañas.

Era una burla constante a la joven heredera, pero le agradaba más ser el blanco de sus bromas que el impertérrito silencio de antes. Podría sonar muy triste, pero detestaba esa indiferencia en la gente, como si unicamente le hablasen o la saludasen por su apellido y no por ella misma. Con la chica que reclamaba unos calcetines no ocurría eso, parecía que a ella le importaba más bien poco el dinero que ella poseía más allá de lo rotundamente obvio.

Con gesto despreocupado, la empresaria abrió un cajón y le entregó a la sobria ebria un par de calcetines.

-Toma. Lamento que no me queden calcetines de ricos.

-¿De esos con hilo de oro y cosidos por jóvenes vírgenes en una isla solitaria?- las exageraciones de Korra iban a peor. En breves, la gente como Asami solo se bañaría en piscinas llenas de lagrimas de niños de ojos azules que nacieran en año bisiesto.

-No, esos solo los puedes adquirir después de pasar dos años en lista de espera- replicó la joven Sato sabiendo que lo mejor era tomarse las provocaciones y las mofas de Korra con humor.

Con cierto buen humor, ambas chicas descendieron al segundo piso en busca continuar devorando los sándwiches que Pema había dejado en la barra de la cocina. Aunque la joven de melena corta era algo más baja que la empresaria, estaba más musculada y en mucha mejor forma, denotando su gusto por el ejercicio. Añadida a esta constitución atlética, estaba la voracidad de la joven que no dudaba en engullir en par de bocados cada emparedado que agarraba.

-Están buenísimos, ¿de qué son?- preguntó la joven de fuertes brazos.

-¿Llevas comido cuatro y no lo sabes?- la chica de labios rojizos no podía creerse la pregunta que había escuchado. La persona que tenía ante ella podía meterse cualquier cosa en la boca, comerla y luego preguntar que era, como si no le importase nada que no fuera llenar su insaciable estomago.

-A ver, sé que es un tipo de ensalada con mayonesa, pero quiero saber que más lleva porque noto algo picante. No soy alérgica a nada, así que tranquila, solo es curiosidad.

-Es una ensalada, pescado y marisco. Lo picante que notas es el pimiento suave que lleva y que la salsa es una salsa de mayonesa y mostaza – La joven Sato conocía esta ensalada a la perfección porque la primera persona que le hizo ese plato fue su niñera, Kya. Ella había hecho esa receta para fomentar que una pequeña niña de trenza negra como el azabache, comiese por fin pescado y pimiento. Desde la primera vez que la probó se convirtió en su plato preferido y comer esa ensaladilla le recordaba a la sonrisa de una niña que había hecho muy feliz a su querida niñera.

-Ya decía yo.

-Es una especial.

Terminaron de comer y Korra comenzó a caminar por el salón sorprendida ante las hermosas vistas que los enormes ventanales regalaban. Inconscientemente daba pequeños saltos entre los pasos, como si no pudiese guardar tanta emoción dentro de ella, algo que hacia a la joven Sato sonreír. Después estuvo observando los cuadros, ante la silenciosa mirada de la anfitriona que no quiso importunar esa especulativa y curiosa revisión de la estancia.

-Asami, ¿tocas el piano?- preguntó curiosa, señalando el piano de cola Baldwin que descansaba a un lado de la enorme estancia.

-Si, me gusta tocar, aunque me estresa. Detesto cometer errores.

-Eres una perfeccionista, ¿eh?.

-Podría decirse que en ciertas cosas es así- contesto la heredera. Le hubiera molestado confesar que intentaba tocar el piano de forma perfecta porque al equivocarse le venía a la mente aquella maestra que le castigaba cuando erraba una tecla.

-Toca algo para mi- enunció la joven de ojos celestes mientras alzaba la tapa que escondía las teclas blancas y negras de aquel maravilloso instrumento.

A decir verdad, la joven de labios rojizos no había tenido tiempo para practicar en los últimos meses y había descuidado sus dos horas de práctica semanales, las cuales unicamente buscaban que sus dedos y su mente no perdieran agilidad musical. Casi resignada a la petición y sintiendo que debía hacer algo por la joven que había accedido a su capricho, la joven Sato se sentó en el taburete a la vez que su acompañante ocupaba parte del espacio con una mirada curiosa.

-¿Alguna vez has visto como se toca un piano?.

-He visto tocar un teclado a una amiga mía, pero dudo que tu consideres un teclado como un instrumento a la altura de esa belleza de cola- enunciaba Korra ante la idea de estar tan cerca de semejante obra de precisión.

Sin decir nada, la heredera cerró los ojos y dejó que sus dedos se extendiesen a la vez que su mente vagaba por cientos de partituras memorizadas a lo largo de los años. En su palacio mental pudo elegir una de entre tantas, y sus dedos comenzaron a viajar por las piezas claras y sombrías son enorme simpleza. Después de unos segundos pudo relajar su mente ante la correcta sucesión de tempos y ritmos, para por fin decidirse a abrir los ojos y observar como a su lado una joven en silencio observaba el piano y mecía su cabeza al compás.

-Me suena terriblemente esta música- la chica de ojos ceruleos lo comentó, sin darse cuenta de que su cuello mecía su cabeza al ritmo de los tonos- ¿Cómo se llama?.

-Es la versión de piano de una opera, La Traviata de Verdi- respondió la joven de tez mármolea como el tono claro de las teclas dominantes en el instrumento- concretamente es la canción del brindis en una versión simple para iniciados.

-Pues es preciosa.

-La opera lo es más, esta parte es icónica. Seguro que hasta tu podrías aprender.

-Y tenerte de profesora con anteojos y vestido con falda de tubo sería un añadido- rió despreocupada .

Durante un rato más ambas quedaron en silencio, a la vez que la empresaria iba apurando el tempo para preparar el ultimo gran movimiento de la pieza. Cerraba los ojos durante unos segundos, recordando cuando debía de cambiar de clave y de compás, hacia donde debían ir sus dedos y con que tecla casarlos. Todo en un ballet medido y precisado durante años, durante todas las clases, de institutriz a institutriz, para mejorar siempre un paso más. Una prueba grabada de su constancia, eso era el piano.

-Oye, Asami- la voz dubitativa de la chica de tez morena se hizo eco entre las teclas- ¿Por qué tienes esa cara?.

Ante tal pregunta, que impedía cualquier contestación rápida o lógica, la empresaria detuvo la pieza en el ultimo compás del penúltimo movimiento.

-¿Qué cara?- la mirada que le envió a Korra fue una mezcla de molesta incertidumbre y leve enfado por ser interrumpida al piano - siempre he tenido la misma, al menos desde que yo recuerde.

-Digo el ceño fruncido, fresón- la joven de melena corta apretó las cejas con insistencia para parodiar a su compañera de taburete- Estas así todo el rato. Entiendo que la música clásica es compleja, pero es que no semejas que estés disfrutando con nada que tocas. Maldita sea, es como si a mi me pusieran un examen de matemáticas.

-Pues en matemáticas soy muy buena.

Aceptar que para ella tocar se había convertido en algo social de lo que presumir antes que en un medio de expresión le provocaba cierto disgusto, así que prefirió que su buen humor se mantuviera con este día de paseo. Con leve disimulo intentó bordear aquella pregunta, y ,para su fortuna, en ese momento Pema llegaba al salón portando las ropas perfectamente dobladas de la joven de ojos cerúleos.

-Aquí tiene su ropa señorita Korra- dijo mientras se aproximaba a la joven morena y le entregaba su ropa – Espero que le agrade.

-Eres muy rápida Pema- comentó la joven sorprendida al ver sus ropas limpias y perfectamente planchadas.

-La presteza es mi especialidad señorita Korra- asertó enunciando sus cualidades.

-Muchas gracias, Pema. Puedes retirarte- enunció la joven empresaria a la vez que cerraba cuidadosamente la tapa del piano – No estaré en toda la tarde. Si alguien desea algo importante que me envíe un mensaje.

-Como desee la señorita. ¿Van a comer?.

-No, ya nos hemos hinchado con tus deliciosos emparedados – añadía la señora de la casa.

-Si, estaban riquísimos Pema- sonreía amable la joven de piel morena- Ahora voy a cambiarme al baño.

-¿Sabrás llegar o necesitas un mapa?.

-Muy graciosa fresita. ¿Donde crees que he ido cuando me dieron ganas?- replicó con un ligero mohín ante la ofensa que era que le devolviesen sus propias palabras.

Con paso firme dobló la esquina del pasillo, rumbo al servicio donde ayer la adecentaron. Resultaba increíble que recordase tan bien el lugar, aunque la sirvienta formo un cuenco con las manos y aclaró en voz baja.

-Antes me preguntó donde estaban los servicios y me dijo que casi se orina encima al no encontrarlos.

Una risa sorda despertó en la Asami ante la idea de imaginarse a aquella chica eléctrica y vivaz, correteando por todo el lugar en busca de un servicio donde poder aliviar su vejiga.

"Seguro que estuvo a punto de maldecir a gritos", cuestionó en su mente ante la idea, "suerte que Pema le ayudó o seguro que hubiera orinado desde la azotea".

Cuando Korra salió del baño dejo que la joven Sato pudiera volver a verla con aquellos pantalones grises de cintura baja que, aunque holgados, le ajustaban en las caderas; aquel top ajustado azul sin mangas y aquella chaqueta con pelo alrededor de la capucha. Era una forma urbana, contracultural, casi rebelde de vestir en una ciudad llena de trajes y gabardinas, pero por los mismísimos Espíritus que a esa chica le quedaba tremendamente bien esa forma de vestir.

-Ya estoy lista fresón. Vamos – aclaraba con cierta decisión al caminar – pero si te quejas, te retrasas o molestas, se acabó. ¿Vale?.

-Descuida, no andaré molestándote, solo quiero pasar el día contigo.

-Un día y en paz.

-Y te dejaré tranquila- la heredera no entendía porque la joven a veces actuaba de forma tan arisca e infantil. Era como si quisiera distanciarse de forma preventiva, como si se negase a tenerla cerca. A veces podía ser divertida y alegre, y luego desgarrarte con un semblante serio si no aceptabas sus condiciones. Asami no lo comprendía.

En cierto modo, la terquedad y vehemencia de Korra le recordaba a la obstinación de su padre, aunque ella no usaba argumentos hirientes en contra de todos los que la rodeaban, o al menos no por ahora. El primer objetivo de la chica de labios rojizos era demostrarle que podían ser amigas.

Sin embargo, apenas hubo más palabras hasta la salida del edificio. Asami se dedicaba a pulsar los botones de los ascensores, mientras la joven de ojos celestes miraba alrededor, embelesada por la decoración y los finos acabados de cada pasillo, de cada sala, y hasta del ascensor. Lo único que aquella joven respondía eran sonidos de afirmación o monosílabos, casi como si estuviera ignorando que llevaba una compañía al lado.

La empresaria decidió armarse de paciencia hasta lograr salir del edifico. Ya en el vestíbulo, la joven de labios rojizos prefirió cubrir su rostro con la bufanda y la gorra, para evitar que cualquier curioso del vestíbulo pudiera ver como la hija de Hiroshi Sato salía acompañada por una extraña. Por suerte, la joven que iba a su lado no se había dado cuenta de la actitud esquiva de su acompañante debido a que estaba más preocupada en observar la elaborada lampara de araña de la entrada. Cuando cruzaron la puerta principal del edificio, la joven de tez morena observó curiosa a su acompañante.

-¿Por qué te cubres tanto?- enunció la chica de ojos cerúleos al ver como su compañera de paseo solo dejaba entrever sus esmeraldinos ojos entre las telas.

-Eh...- no sabía que decir- es que siempre tengo miedo de acatarrarme por el contraste entre el calor del vestíbulo y el frio de la calle.

La mentira era torpe, estúpida y le hacia ver como una maniática delirante, pero Asami estaba rogando que la inocencia de la joven morena entrase en acción y la reconfortase admitiendo que bien podría ser cierto aquel embuste tan obvio.

-No seas tan rara, fresón. Apenas hace frío, no te preocupes- Korra habló con el ceño levemente fruncido y el tono de una madre reprendiendo a una hija. Sin decir palabra alguna, tomo por el cuelo a la empresaria y aflojó la bufanda para dejar las mejillas sonrojadas de esta ultima expuestas.

Aquello había sido un acto muy tierno, pero sumamente vergonzoso para una persona que apenas tenía interacciones físicas. En los últimos años, desde que regreso al lado de su padre, muy poca gente había entablado contacto físico con ella; las normas de protocolo eran muy severas y Asami sabía que ella tenía que cuidar de su fama y sus formas, puesto que representaba a su padre, su empresa y el legado familiar de los Sato. Todas estas obligaciones la habían convertido a simple vista en una muñeca de porcelana que nadie procuraba tocar y que debía permanecer quieta, sonriente y callada, solo enunciando su opinión cuando se le preguntase, y siendo siempre esta sesgada por la mirada severa de su padre, preocupado por el "¿qué dirán las malas lenguas?". Para una persona acostumbrada a eso, la confianza que se tomaba Korra resultaba de lo más sorprendente, casi perturbador, puesto que en ningún momento añadió un "disculpa" o un "lo siento", simplemente lo hizo.

-¿A donde vamos a ir?- preguntó la joven de labios carnosos para huir un poco de la vergüenza que había pasado hacia un minuto.

–Primero tengo que ir a ver a unas amigas, luego debo ir a hablar con el casero, y después a mi apartamento – esa ultima frase fue dicha entre dientes, como si la estuvieran suturando sin anestesia. Ambas sabían porque la joven de melena corta había hablado de esa forma pero ninguna hizo preguntas ni dijo nada más en todo el camino hasta la parada del tranvía.

El tranvía había sido uno de los grandes inventos de su bisabuelo, un regalo de los Sato a la ciudad que los vio crecer, pero lo que otrora fuera un transporte lúdico para bordear las playas, se había convertido en un elemento usado por la clase baja para poder moverse por poco dinero. El tranvía descongestionaba el tráfico y permitía a la gente ir y venir, siendo necesario y casi obligatorio para el transitar diario de la urbe.

Aunque fuera herencia de su familia, Asami jamás se había montado en uno y le resultaba sorprendente como tantas personas se amontonaban en unos escasos metros. Al escuchar el sonido del tranvía llegando a la parada, la joven Sato supo que tendría su primera experiencia con el tranvia. Este era de color ocre y negro, con una rueca que permitía acceder a los pasajeros previo pago de un billete. Dinero, ese era el problema, y no por el hecho de que la heredera fuera pobre, sino porque no llevaba monedas y no sabía si aceptaban billetes de veinte yuanes.

-Korra- susurró mientras se preparaban para hacer colar y entrar lentamente en el gigante metálico- no tengo monedas.

-¿Qué?, ¿estas de broma?- no podía creerse que la señorita "mi apartamento ocupa una planta entera" no tuviese monedas – billetes muchos, monedas ni una, ¿no?.

-Por favor, luego te lo devolveré. Lo juro.

-Siempre puedo entrar yo y dejarte aquí. Así me libraría de mi – el tono divertido de la amenaza que lanzó la chica de piel oscura desapareció en el momento que observó el rostro desencajado de su acompañante, la cual la observaba como un cachorro al que alguien había pateado cruelmente – tranquila, te pagaré el billete con mi bono.

-Gracias- y el rostro sombrío de la joven volvió a iluminarse mientras entraba en el transporte, sintiéndose como una valiente exploradora adentrándose en una gruta en busca de tesoros, aunque esta vez lo encontrado era el fuerte olor a sudor matutino, acompañado de caras largas y espaldas encorvadas.

No semejaba para nada un lugar donde una persona querría estar a esas horas, pero lo que no comprendía era que hacían allí todas esas personas, siendo casi la hora de comer. Supuso que para algunos la jornada terminaba a esas horas y para otros era la pausa para ir a comer. Puede que los más afortunados pudieran disfrutar de una comida casera antes de volver al arduo trabajo. En esos momentos, la joven empresaria agradeció el poder disfrutar de la comida de Pema todos los días, puesto que las expertas manos de su sirvienta sabían cubrir de cariño todo lo que preparaban. Asami no dijo nada en todo el trayecto, temía dejar ver que era rica y ser atracada en pleno tranvía, tal y como le había advertido su acompañante antes de salir.

Pasada media hora, ambas mujeres bajaron del transporte público y cruzaron un pequeño parque empedrado, donde los columpios y las zonas de juegos estaban destrozados. Los balancines desvencijados ya no escuchaban risas, y las estructuras de metal oxidado y madera carcomida, denotaban el poco interés por conservar un lugar digno donde un niño podría jugar. Solo sobrevivía un tobogán con la silueta dragón serpenteante de color purpura en el costado.

-Aquí estamos, el barrio de Jang Hui, ¿A qué es bonito?- enunció la joven, como mostrando a la joven su error al venir a tal lugar y ver que el mundo a veces carecía de color y solamente era un sin fin de diferentes tonos de gris.

-¿Por qué no arreglan el parque?, Korra.

-No lo sé fresón, aunque tampoco lo he preguntado nunca. Supongo que no les importará- su voz destilaba indiferencia, pero la que se adquiere ante una situación tan común como la crecida del mar con marea alta – Venga, no te entretengas, tenemos que ir a ver a unas amigas.

-¿Vas a presentarme a tus amigas?- interrogó a la joven de ojos celestes con cierta sorpresa.

-No- negó tajantemente- Voy a presentártelas porque hoy tienes que estar conmigo todo el día y quiero hablar de ciertas cosas con ellas, así que nada de decir que comes bombones que cuestan más que lo que ellas ganan en una semana.

-Jamás diría tal cosa – se defendía de los arrebatos exagerados de la morena con una mueca de leve enfado, pese a que en realidad Asami quería dar saltos de alegría ante la idea de conocer a gente nueva.

La emoción del momento se transformo en miedo a medida que giraban calle y la joven de ojos celestes le comentaba que llegarían en pocos minutos.

"¿Les caeré bien?, ¿como me presentó?, ¿que digo?";la mente de la empresaria bullía entre- ficticias interacciones al ver como la otra chica se detenía en un portal y timbraba ; "Hola, soy la chica que evito que vuestra amiga se suicidase dos veces, no tenéis que agradecérmelo. Mejor no, o Korra me matará".

-Maldita sea- masculló la joven de tez morena al observar que nadie abría la puerta- Ya deberían estar en casa. Mejor llamamos a los vecinos y que nos abran.

Justo cuando la joven de ojos celestes iba a probar suerte con algún vecino, ambas jóvenes escucharon un grito detrás de ellas.

-¡No molestes a los vecinos pies ligeros!- la voz pertenecía a una joven delgada y de baja estatura, de piel pálida y cabello oscuro. Era una joven con un rostro adorable, aunque lo que sorprendía eran los ojos grises apagados y el bastón que llevaba consigo. Aquella chica era ciega.

-¡Imbécil!, ¡nos has tenido preocupadísimas!- enunció una joven de ojos pardos y melena cobriza. Era delgada, pero muy atlética, de cuerpo ligero y delicado, casi semejaba una bailarina.

-¡Hey, chicas!- y sin decir más nada, Korra se abalanzó sobre las chicas para darles un fuerte abrazo - siento haberos preocupados.

-¡Abrazos no, abrazos no!. Vas a ahogarme con tus tetas – se quejaba la chica del bastón, la cual curiosa, olfateo a Korra – Oye, desde cuando usas jabón tal dulce. Hueles bien, aunque no eres solo tu. Huelo a perfume,

-Hay una chica en la escalinata Toph – le aclaró la otra joven, que cargaba unas bolsas.

-¡Ah!, perdonad. Asami, estas son Suki y Toph. Son dos grandes amigas y las adoro. Toph, Suki, ella es Asami. La conocí hace unos días.

-Encantada – pronunció tímidamente la heredera, dándoles una leve reverencia.

-¡Vaya educación!- se mofó Suki con cierta sorna en el tono – sino fuera por el asunto del capullo de Mako diría que ella es tu nueva conquista.

-No hablemos de eso, por favor.

-Oye, pies ligeros- Toph semejaba bastante molesta- vamos a hablar mejor de porqué no hemos sabido de ti en casi dos malditas semanas. Ahora, ayuda a Suki con las bolsas, mientras yo abro la puerta.

La empresaria se apuró para intentar ayudar la invidente a subir con la escalinata, pero se encontró con que era apartada con cierta rudeza.

-Escúchame, guapa – la voz de la joven del bastón se aceró como una navaja- solo porque sea ciega no significa que sea inútil. Llevo moviéndome por el barrio años y sé donde demonios están estos escalones. Así que, salvo que beba como un tejón-topo, no necesito ayuda.

-Lo siento – fue lo único que pudo decir la chica de labios carnosos ante tan extraña riña.

-Cálmate bandida – instó la joven que había venido con ella.

-¿Bandida? - preguntó extrañada la heredera.

-Es mi apodo. Soy la bandida ciega - dijo con una enorme sonrisa que mostraba hasta las encías - Agradezco el gesto pero yo soy de las que no se rinden y superan sus problemas. No lo tomes a mal.

-Es admirable - alabó la joven Sato pensando que una invidente tenía más orgullo y agallas que ella.

-Bueno, subimos y nos cuentas que demonios ha pasado con el famoso tema – añadió Suki mientras estiraba los brazos.

-¿Con qué tema?- cuestionó curiosa la joven de ojos celestes.

Asami estaba helada de miedo ante la mirada severa que la chica más delgada había regalado a Korra. Si las miradas fueran puñales, ahora mismo esos ojos celestes habrían sido completamente apuñalados.

-Mako, tu y las drogas.

Continuará...

Se agradece una review...

Reflexiones:

Después de cinco días, ¡nueva actualización!. Creo que vamos a buen ritmo, aunque no puedo prometer que vaya a ser siempre así, pero lo intentaré.

Este capítulo es algo aburrido porque es una presentación de situación, personajes y nueva ambientación. Como Korra esta sobria hubo menos bromas. En compensación, intentaré apurar el próximo capítulo y traerlo cuanto antes. Las reviews animan a escribir más rápido – si, os extorsionó y os chantajeo, pero sin malicia y con humor -

Para los que lo preguntan por MP y review: Si, mi kyalin tendrá continuación, aunque de quedar bien en el Reto del Cometa de Sozin, lo continuaré en otro Fic.

Pues aquí esta el siguiente capítulo de estos andares. Por si lo preguntáis, no me he olvidado de Kuvira, pero ambas señoritas necesitan interactuar sin la tercera de por medio, además que es más simple ir presentando personajes de esta forma, porque Kuvira estaría preocupada por la seguridad de su jefa.

También estoy Kuvira la estoy dejando por ahora en el banquillo por motivos de cronología y lógica temporal. Traducido: debe hacer ciertas cosas y debe parecer que le da tiempo. Es como si hubiera hecho que Korra volviese al puente a los dos días, no estaría tan sucia y hecha tal piltrafa.

Luego deciros que me encanta la llegada de nuevos comentarios y nuevas personas que me animan a seguir, aunque los que empezasteis conmigo y siempre posteaís sois el motor que me arenga. No es que quiera despreciar a quien escribe ocasionalmente, pero siempre termino pensando que la gente que lleva varios capítulos comentándome esperan con ansias una actualización y que no puedo fallarles después de que se toman la molestia de dejar una reseña.

Si os interesa, en el capitulo 10 ocurrirá algo sorprendente, aunque no llevaremos ni la mitad de la historia, así que aun quedará para rato. Es que prefiero avisar para los nuevos de que este es un fic largo y no sé aun cuanto se extenderá. Ojala todos os animaeís a seguir leyendo hasta el final.