Disclaimer: si tuviera el dinero, intentaría comprar la propiedad sobre Harry Potter. Sin embargo, no lo tengo... y me da la sensación de que Rowling no lo soltaría ni por todo el oro del mundo. Sé que yo no lo haría.
Epílogo: 15 años después
Septiembre 1, 2012
Estación King's Cross, Londres
Andén 9¾
Era una mañana como todas las mañanas de ese día. Fría, despejada y con promesas de una tarde soleada. El andén estaba, como siempre, repleto de magos en diferentes estados de nerviosismo y estrés. El reloj daba quince minutos para las once, y el consecuente comienzo del año escolar en el colegio al que llevaba la solitaria locomotora escarlata que descansaba en las vías.
La pequeña familia se apresuró a subir las cosas de su hija en el tren.
– Mamá, quiero ir – se quejó un niño, tirando de la chaqueta de su madre.
– Todavía no, Victor. Dentro de unos años será tu turno. Ahora le toca a tu hermana.
– ¡Falta mucho!
– Solo dos años, llorica – su melliza le sacó la lengua.
Hermione suspiró.
– Mamá, ¿puedo ir a conocer amigos? – le preguntó la niña mayor.
– Adelante, Lily. Pero recuerda que debes estar aquí...
– Cuando falten cinco minutos, ya me lo dijiste cuatro veces.
Con eso, la pequeña de cabello castaño salió disparada hacia la parte delantera del tren. Su madre sonrió. Lily era una niña demasiado sociable y hasta un poco hiperactiva, pero en realidad encantadora. Definitivamente, nada como lo que ella y su esposo habían sido a su edad.
A propósito, ¿dónde se había metido? ¿Y Victor?
Comenzó a recorrer el andén intentando encontrar a los hombres de la familia. En su camino, se cruzó con varios amigos y ex-compañeros, a quienes preguntó por su desaparecido esposo. Finalmente, Neville Longbottom (sosteniendo a su hija de dos años mientras trataba de ayudar a su hijo de doce a subir sus cosas) le indicó la misma dirección en la que ella estaba marchando. Aliviada, siguió caminando.
– Quítate de mi camino, Potter.
Rayos. Justo lo que no necesitaba.
Apresuró el paso, procurando que su hija de nueve años seguía a su lado.
Cuando se topó con la escena, supo que en el fondo lo había extrañado.
Harold Potter y Ronald Weasley parecían a punto de empezar una nueva discusión que, seguramente, no habría tenido nada que envidiar a sus antiguas peleas escolares. Y eso no era bueno.
– No estoy en tu camino, Weasley – respondió el Lord con voz contenida.
Ignorándolo, Harry volvió a concentrarse en la tarea entre manos. Subir un baúl de quinto año al tren es difícil, pero dos... toda una odisea aún con la ayuda de los propietarios.
– Ron, no comiences una pelea ahora por favor – dijo Hermione, depositando una mano sobre le hombro del pelirrojo.
El hombre se relajó de inmediato, y ambos volvieron al punto donde tenían que encontrarse con Lily seguidos por un Victor absolutamente decepcionado de no haber visto un duelo.
Se cruzaron con la rubia hermana de la igualmente rubia cuñada de Ron, que cargaba a un bebé rubio de ojos verdes mientras intentaba que su otro hijo, de cabello negro y ojos verdes, no saliera disparado en dirección contraria. Su hija, de idéntico cabello oscuro y ojos azules, intentaba convencerla de que la dejara cargar al bebé.
Gabrielle era todo lo que se esperaba de una mujer de sangre pura. Por el rabillo del ojo, Hermione vio a Harry acercarse casi corriendo a su esposa para ayudarle con los niños. Danielle y Jules iban a comenzar el primer curso, y el pequeño Claude tenía apenas dos años. Artemis iba a cumplir dieciséis a fines de septiembre.
¿En qué momento se había vuelto tan consciente de todo lo que ocurría con Harry? Oh, claro, debió ser a fines de su propio séptimo curso en Hogwarts, cuando se enteró de que él finalmente se había comprometido con Gabrielle Delacour, una heredera de sangre pura francesa dos años menor que ellos. Se casaron cuando ella terminó Beauxbatons y poco después los mellizos fueron concebidos.
¿Cuándo se volvió una persona tan lenta que debía ser golpeada con la realidad en el rostro para darse cuenta de sus propios sentimientos?
No valía la pena ya.
Todos eran felices, ¿verdad? Ginny y Draco estaban casados y tenían un hijo de once años, uno de nueve y una bebé de tres meses. Neville tenía un hijo con su esposa fallecida y una niña con su segunda mujer.
Ella misma estaba casada con Ron y tenía tres hijos: una niña de once y los mellizos de nueve. Harry y Gabrielle tenían tres también: los mellizos de once y un niño de dos años, y se hacían cargo de Artemis, la hermana de Harry, y Theodore Lupin, su ahijado (cuyos padres fallecieron cuando él tenía cinco y siete años).
Todos eran felices, ¿verdad?
Mirando a los Potter, y luego a su propia familia, se dio cuenta de que, aunque todos eran felices, no era así como las cosas se supone que tenían que ser.
Ella debería haberse dado cuenta de sus sentimientos antes de que Harry se comprometiera con la francesa. No después.
Ella no tendría que haberse casado con Ronald. Tendría que haberse casado con su amigo de la infancia. El presente no era como se suponía que fuera.
Pero... las cosas habían resultado mejor de lo esperado al final, ¿cierto? Después de unos años, ellos volvieron a ser más o menos amigos, aunque nada como antes. Se veían en el Ministerio casi cada día, al ser ella la secretaria del ministro y él ocupar el segundo más alto cargo del Wizengamot, y tras un cierto tiempo la formal relación de trabajo se transformó en una sutil y pequeña amistad. Lejana, pero presente.
Hermione suspiró.
El pasado ya estaba escrito en piedra. No era posible cambiarlo. Y, en el fondo, no querría cambiarlo. Tenía a Lily, Victor y Emma, aunque no fuera con el hombre que hubiera querido, pero eran sus niños y había aprendido a querer a Ronald.
– ¡Mamá, mamá, mira, tengo nuevos amigos!
Lily, la única de sus tres hijos que había heredado todos sus rasgos físicos de ella y ninguno de Ron, se le acercó corriendo junto a una niña de cabello oscuro y ojos azules, ambas arrastrando por los brazos a otro niño de cabello oscuro y ojos verdes. Sonrió al reconocerlos.
Jules Potter era idéntico a su padre, y a pesar de una fachada de irritación podía notarlo fascinado con la hiperactiva Lily Weasley. Y, ¿quién sabe? Esa fascinación se podría convertir en algo más...
Tal vez, el que las cosas no resultaran entre Harry y ella significaba que no era el momento ni el lugar para que sus almas estuvieran juntas. Tal vez significaba que otras almas debían reunirse.
Era pronto para pensarlo de ese modo, pero... tal vez, Jules se enamoraría de Lily. Tal vez, Lily se descubriría enamorada de Jules.
Tal vez, al final, ellos sí serían lo suficientemente inteligentes para no cegarse con miedo y confusión. Tal vez, ellos no llegarían tarde para seguir a sus corazones.
Tal vez, en otra vida, sería el turno de Harry y Hermione para conocerse en el andén 9¾, ir a la escuela juntos, pelear, reconciliarse, enamorarse otra vez y, finalmente...
The end~
Juro que no tengo la menor idea de cómo perdí el punto e_e! Originalmente, H&H quedaban juntos... pero de alguna forma a medida que iba escribiendo los personajes se negaban rotundamente a mis intenciones.
Ah, como sea. El punto es que ha terminado, ¡al fin!
Ayla~
PD: ¿Será esto el inicio de una nueva historia?... nah, mejor dejo la situación Jules&Lily a su imaginación :3 Aunque quizás venga un OS Artemis&Harry&Teddy, y... si me inspiro, tal vez un epílogo del epílogo con los enanos ya mencionados (a.k.a. tercera generación).
PPD: El reloj de mi computador dice que es apenas viernes, un poco pasada la medianoche. No actualicé antes porque estaba demasiado ocupada arreglándomelas para terminar el año escolar sin tener un ataque de estrés por todas las cosas que se me juntaron en los tres primeros días de esta semana. Digamos que me había olvidado de eso cuando dije que actualizaría el domingo...
