Continuación…

Subió las escaleras del edificio con tanta rapidez que incluso él se sorprendió. Cuando llegó al lado de su compañera en el almacén, le recriminó que había tardado mucho y él tuvo que excusarse diciendo que había estado en el servicio.

Después de aquello, lo único que deseó, es que las horas pasasen rápido para que pudiese terminar de inmediato su turno. De no haber estado trabajando en el momento en el que se enteró, hubiese salido tras Masamune para pedirle explicaciones. Pero para su desgracia, el trabajo se lo había impedido.

Todo lo que pudo hacer, fue echar a correr en su trayecto hasta el metro y hasta el edificio, esperando que el pelinegro le abriese la puerta.

Se paró frente a ésta y la tocó con insistencia, intentando recuperar el aliento mientras tanto.

Masamune había preparado su equipaje nada más llegar del trabajo y sólo le faltaba repasar que todos los objetos estaban guardados en las cajas, para el tema de las mudanzas. Por su bien, había decidido no decirle nada a Ritsu sobre su vuelta a Osaka. Quería recordarle por el tiempo que habían estado juntos en esos meses y para él sería más fácil poder marcharse sin haberle visto una última vez. Si lo volvía a ver, dudaría, y no quería eso. Seguramente el de ojos verdes se enfadaría con él por no despedirse, pero ya no lo volvería a ver para que le pudiera reprochar su comportamiento, así que daba igual en cierta forma.

Takano estaba arrodillado en el suelo, entre el comedor y la cocina, y pegaba con celo una de las cajas que tenía abiertas. Al tener esa cerrada, gateó hasta otra caja que estaba abierta y la cerró con las manos. Cuando estuviera bien sujeta, la cerraría con celo, cómo había hecho con las anteriores. Tenía pensado hacerlo, pero se quedó con ese pensamiento cuando escuchó cómo alguien tocaba la puerta. Miró hacia ella unos segundos. Alguien la tocaba desesperadamente y eso le dejó curioso. Dejó el celo en el suelo, se puso de pie y caminó hacia la puerta. Tan pronto como la abrió, se encontró con que la persona que la tocaba, era un Ritsu jadeante.

–Onodera, ¿qué pasa? –¿Habría pasado algo malo?

–Tenemos que hablar. –le hizo saber, viendo cómo ahora el mayor, desviaba su vista hacia otro lado.

"Sí lo dejo pasar ahora, se dará cuenta de lo que pretendo". Lo siento, no es buen momento. Estoy muy ocupado.

¿Qué no era buen momento? ¿Entonces cuándo lo era si se suponía que se iba mañana? Vio al otro con intenciones de cerrar la puerta, así que puso sus manos en la superficie de ésta y empujó hacia delante para impedírselo.

–Sólo serán unos segundos –insistió, mientras forcejeaba con Masamune, para que esa puerta no se fuese a cerrar.

–Hoy no puede ser –le informó, sin dejar de hacer fuerza en la puerta con una mano, apoyándose con la otra en el marco de la misma para ejercer más presión, e intentar que Ritsu no pudiese entrar. Verle antes de marcharse, sería realmente duro y no quería caer en la tentación de cambiar de idea.

Onodera frunció el ceño cuando escuchó eso. Iba a entrar ahí tanto si era por las buenas, como si era por las malas. Colocó su pie derecho en el espacio entre la puerta y el marco para evitar que ésta se cerrase y dio un fuerte empujón a la misma con las manos. Aprovechando una abertura, se coló por debajo del brazo izquierdo de Masamune, que estaba sobre el marco de la puerta.

La puerta se cerró de golpe al sólo ejercer fuerza el más alto. Takano chasqueó la lengua al ver que Ritsu se había salido con la suya y había entrado a su apartamento. No le gustó la forma en la que entró, le podía haber pillado la cabeza, o algún brazo si él hubiese ejercido más fuerza al empujar cómo tenía pensado. Se dio la vuelta, dispuesto a regañarle– ¡Eso ha sido peligroso!

Onodera se dio la vuelta enfadado para mirarle ya que le había dado la espalda desde que entró. Al ver que el pelinegro le miraba, estiró su mano derecha hacia un montón de cajas de distintos tamaños que había en el suelo entre la cocina y el comedor.

–¿Qué significa todo esto? –Ante el silencio de Masamune, decidió continuar– ¿Cuándo pensabas decírmelo? –al ver que el mayor desvió la mirada hacia su lado izquierdo, no pudo evitar enfadarse más al pensar que quería ocultárselo. Aunque si lo pensaba con calma, la ausencia anterior de Masamune, había sido debida a su madre. Quizás ella estaba peor y por eso iba a regresar a Osaka– ¿Tu madre está peor? –se atrevió a preguntar, ya que el mayor parecía no estar por la labor de contestar.

Se cruzó de brazos–. Está perfectamente –contestó como si nada, desviando su mirada ahora hacia el suelo.

–¿Entonces te vuelves a Osaka sin más? –preguntó, esperando por fin una respuesta que pudiera entender.

Miró a Ritsu, sorprendido. Estaba claro que al estar un montón de cajas a medio cerrar y los muebles más vacíos de objetos, indicaba que había una mudanza, pero podía ser a cualquier lugar. ¿Cómo sabía Ritsu que justamente era a Osaka? ¿Se lo habría escuchado decir a Kisa o a su encargado?– ¿Cómo te has enterado?

–Eso da igual. –Le intentó restar importancia a ese asunto–. Creí que éramos amigos, ¿por qué no me has contado algo tan importante? ¿Ni siquiera pensabas despedirte de mí? –le preguntó, sintiéndose un cero a la izquierda.

–No me gustan las despedidas –añadió, como si ese fuese su verdadero motivo–, además, eso no es asunto de nadie y no va a cambiar nada. Así que por favor, márchate. –le pidió, tan frío como pudo.

Ritsu sintió una sensación de escalofrío recorrer su cuerpo. Era como si le hubiesen tirado agua congelada encima a la vez que sintió su corazón revolucionarse por la rabia que sintió a continuación– ¡¿Cómo que no?! ¡Te metiste en mi vida sin pedir permiso y haces lo que te place! ¡¿Y ahora no es mi asunto?! –Intentó tranquilizarse de algún modo–. Hemos hecho las paces y he olvidado ese incidente, así que si tu razón es esa para irte, no tienes porqué hacerlo. –aclaró, sintiéndose enfadado, porque claramente el pelinegro había pretendido irse sin despedirse.

Masamune comprendía que Ritsu debía de seguir muy enfadado por aquel beso. Pero escuchar por parte del menor que había olvidado aquel "incidente", era de lo peor. Después de todo, para Ritsu aquel beso que él le había dado por amor, no era más que un "incidente". Levantó su mano derecha y se miró las uñas como si viese algo interesante en ellas–. Te lo dije hace tiempo. Si no tenía motivos para quedarme, no lo haría. Y ya no los tengo –aclaró–. Nada me retiene aquí. –concretó, dejando de mirarse las uñas para mirar al joven de cabello castaño, sabiendo que Ritsu le entendería en su juego de palabras.

Al escuchar aquellas palabras con esa voz ronca y esa firmeza, Onodera se sintió paralizado de algún modo y bajó la mirada. "Si nada le retiene aquí, significa que he dejado de gustarle. ¡Jeh! Es comprensible, después de todo, nunca le dije lo que sentía y los sentimientos cambian". Se llevó su mano izquierda a la frente, a la vez que bajaba la cabeza y la vista, sintiéndose afligido y decepcionado. "Qué pronto se ha desenamorado de mí, después de repetir una y otra vez lo enamorado que ha estado de mi durante diez años. Y ahora en dos semanas de ausencia, eso se ha esfumado" No te entiendo –susurró, quitándose la mano de la frente a la vez que levantaba la cabeza y le miraba con cierto rencor– ¡Muy bien, si esa es tu decisión, está bien! ¡Entonces vete! –frunció el ceño y comenzó a caminar, pasando de largo a Masamune.

El pelinegro al ver que el menor pasaba de largo de él en ese estado, se sintió arrepentido. No quería herir a Ritsu, no le gustaba verle enfadado tampoco y saber que ahora estaba en ese estado por su culpa, le hacía querer golpearse a sí mismo. Si se paraba a pensar, ese sería el último recuerdo que albergaría en su corazón del chico que siempre había amado.

No le hacía gracia tener que portarse así, pero ya no había marcha atrás–. Es lo que haré –contestó con firmeza, intentando que su tristeza no saliese a flote.

El joven de ojos verdes, escuchó esas palabras al tiempo que llevaba su mano a la perilla de la puerta y la giraba. Se detuvo en su movimiento e intentó cambiar la expresión de dolor de su cara. Se dio la vuelta para mirar al otro–. Muy bien. Hasta nunca –siseó, viendo la espalda del otro.

Takano cerró los ojos con pesar y se dio la vuelta–. Lo mismo digo. –contestó con seguridad.

Onodera abrió la puerta y la cruzó sin miramientos. Takano al encontrarse solo, caminó hacia la puerta. Se detuvo a unos centímetros de ella, reflejando en su mirada el dolor que había sentido. No quería dejarlo ir, pero sin embargo tenía que hacerlo por el bien de ambos. Dejó que su frente se apoyase sobre la base de la puerta y con su mano izquierda, golpeó con fuerza la pared.

–Maldición –susurró, dando otro golpe, mientras cerraba los ojos y los apretaba–. ¡Maldición! –volvió a repetirse–. Esto es lo mejor para los dos. –sentía el corazón tan oprimido que pensaba que se asfixiaría de un momento a otro, pero ya había pasado por algo similar hacía tiempo, aunque el dolor había sido más leve. Así que sabía que el tiempo curaría sus heridas. Pondría empeño en olvidarle y comenzaría una nueva vida, lejos de él, aunque le costase años hacerlo.

Por otra parte, Ritsu estaba arrodillado sobre su cama. Había cogido la almohada y le estaba propinando una soberana paliza con ella, al colchón– ¡Takano–san, eres un idiota! –lanzó la almohada hacia el colchón y no sintiéndose satisfecho, la volvió a coger y la tiró al suelo. Cerró su puño derecho y comenzó a golpear el colchón una y otra vez– ¡Eres un idiota! ¡Te odio! ¡Ojalá nunca te hubiese conocido! –decía dolido, sintiendo cómo se formaba un nudo en su garganta, debido al coraje. No sintiéndose satisfecho todavía, cerró su puño izquierdo y comenzó a golpear también el colchón, usando los dos puños– ¡Eres un idiota! –Masculló, sintiendo su propia voz quebrarse– ¡Yo soy un idiota! –Se quejó, sintiendo unas lágrimas resbalar de sus ojos–. ¡¿Por qué no puedo decirte que te quiero?! ¡¿Por qué no puedo decirte cuánto me importas?! –dejó de golpear la cama, dejando sus puños sobre ésta. Afligido, se dejó caer poco a poco hacia delante, apoyando su frente sobre el colchón–. Quiero que te quedes conmigo –decía en un hilo de voz, escuchándose sollozar. Sentía una profunda tristeza, una gran impotencia al no poderle decir todo lo que verdaderamente sentía por él– ¿Por qué no puedo ser honesto con mis sentimientos? –decía dolido, sin poder moverse de su postura inclinada.

&&&&MasamuneRitsu&&&&

Al día siguiente, Masamune miraba por última vez su apartamento, más concretamente el comedor. Había un montón de cajas cerradas y apiladas en el suelo, junto a sus maletas. El camión de la mudanza iría más tarde a por sus cosas. El día anterior había hablado con el casero del edificio y quedó con él en que se encargaría de que la mudanza se llevara a cabo en su ausencia. Su avión salía en cuatro horas, así que tenía el tiempo suficiente para bajar su equipaje al coche y desayunar algo en el aeropuerto, después de facturar las maletas.

Ese apartamento ahora estaba tan vacío como cuando llegó por primera vez allí. Sonrió al recordar lo feliz que se puso cuando vio que Ritsu era su vecino de enfrente. Tenía buenos recuerdos de ese lugar después de todo. Sonó su móvil, así que lo sacó del bolsillo de su pantalón y miró la pantalla.

Era otro mensaje más que indicaba otra llamada perdida del mismo número que apareció desde que cargó su móvil y lo encendió. Al parecer, Onodera si lo había estado buscando después de todo, al ver la fecha en la que supuestamente lo había llamado. Pero eso ahora no debía de tenerlo en cuenta. Simplemente haría como que no recibió nada. Le dejaría en paz de una vez. Saldría de su vida para siempre y así el menor podría ser feliz.

Se metió el móvil de nuevo en su lugar y se agachó para coger las maletas. Una era bastante grande y con ruedas y sobre ésta había otra más pequeña. Así podría llevarlas en una sola mano. Al lado de esas, en el suelo había un macuto. Lo cogió y se lo colgó al hombro. Caminó hacia la puerta y la abrió, saliendo bastante cargado, aunque sólo sería desde ese trayecto hasta el aparcamiento, donde estaba su coche. Al pasar la puerta, la cerró con llave y por reflejo al darse la vuelta, miró hacia la puerta de enfrente.

Flash Back

Takano subía las escaleras del edificio. Había sido su primer día de trabajo en el restaurante familiar y ya se había declarado a Ritsu, aunque había sido rechazado. El otro había salido antes que él del trabajo debido a su horario, pero no importaba. No dejaría de insistir en querer salir con él, después de todo, no iba a desaprovechar más oportunidades. Al doblar la esquina, caminó por el pasillo, encontrándose de lleno con un Ritsu sorprendido que tenía una bolsa de basura en la mano.

–¡¿Qué haces tú aquí?! –se detuvo en sus pasos, al ver que era el chico que en el trabajo se le había declarado de forma tan insistente y fugaz.

–Hola –saludó con una sonrisa, deteniéndose en su paso.

–¡¿Me has seguido?! –preguntó confundido.

–No. –contestó.

Por alguna razón, sentía que estaba mintiéndole–. Oye. ¿Eres una especie de acosador? –preguntó, después de todo, no encontraba lógico que ese chico estuviese ahí como si nada.

–Vivo aquí –comentó.

–Jajaja. –No pudo evitar echarse a reír al pensar que se trataba de una broma–. No es posible –al ver que el otro no se reía, dejó de reír poco a poco, empezándose a preocupar de que aquello fuese verdad–. ¿Lo dices en serio? –preguntó sintiéndose nervioso. Al ver al otro asentir, decidió hacer la otra pregunta– ¿Dónde? –Takano levantó la mano para señalar con el dedo índice hacia su puerta. Ritsu siguió ese dedo con la mirada, viendo que señalaba la puerta que estaba frente a la suya– ¡No es posible! –Miró a Masamune–. ¡¿Por qué enfrente de mi puerta?! –le preguntó, intentando buscarle alguna explicación lógica a aquello, a la vez que estaba sorprendido.

Se alegró al escuchar aquello, así no tendría que buscar el apartamento de Ritsu– ¿En serio? Qué suerte. Así no perderé tiempo en encontrarte para poder conquistarte –sonrió confiado y continuó su camino, hasta detenerse en su puerta. Se sintió observado, así que giró su cara hacia la izquierda y vio al menor con una cara que no sabía describir muy bien, pero seguramente estaba sorprendido por aquello. Levantó la mano izquierda y con ella le saludó junto con una sonrisa.

Onodera sintió un escalofrío recorrerle la espalda y no pudo evitar temblar– ¡Pervertido! –Se dio la vuelta y continuó su camino, sintiendo que una verdadera pesadilla iba a comenzar para él con ese nuevo inquilino.

Fin Flash Back

Sonrió al recordar cómo Onodera cuando lo vio allí, le acusó de ser un pervertido y un acosador. Ese era un buen recuerdo. Dio un par de pasos hacia la puerta de Onodera y abrió la boca para susurrar–. Te quiero –dejó escapar una diminuta sonrisa, esta vez marcada por la tristeza y giró su cuerpo hacia la derecha para continuar su camino.

&&&&MasamuneRitsu&&&&

Onodera estaba sentado en su cama. Faltaba poco para que llegase la hora en la que tendría que salir a la calle para hacer su trayecto hasta el trabajo. Sobre sus rodillas descansaba el diario abierto y en sus manos, tenía la carta de amor que una vez le escribió Masamune y la estaba volviendo a leer. Sus ojos dejaron de pasearse por las letras y bajó sus brazos para que sus manos descansasen sobre el diario.

Había releído esa carta varias veces y desde que empezó la primera frase, no pudo evitar sentir sus mejillas arder. Los sentimientos de Takano–san hacia él realmente eran profundos. No sólo por lo que había leído en el diario, sino que esa carta también se lo demostraba.

También estaba el hecho de haber pasado con él día a día desde que se conocieron. La forma pícara en la que a veces le hablaba y le trataba. El mimo con el que pretendía cuidar de él. Varios recuerdos llegaron a su mente, como cuando Takano le secó con un pañuelo cuidadosamente la cara cuando lo esperó en la salida del restaurante el día de la tormenta. O cómo cuando le dijo que pasarían una noche pasional en el Ryokan.

Aunque al principio Takano había sido alguien molesto, ahora no podía desprenderse de él. Se había adueñado de su corazón de tal forma, que sentía un enorme peso en su pecho ahora que sabía que no lo volvería a ver y esta vez, para siempre.

"¿Qué debería hacer? Siento que he provocado todo esto, a pesar de que le he pedido disculpas por lo sucedido. Él está en su derecho de querer marcharse, pero yo quiero que se quede a mi lado. ¿Estaré pidiendo mucho? Puede que lo mejor para él, definitivamente sea estar lejos de mí, pero…" negó con la cabeza, sintiéndose más indeciso. "Esta indecisión sobre lo que debo hacer o no, me está matando. Él parece no querer estar más a mi lado, ¿pero qué hay de mí? ¿Acaso mis sentimientos por él no cuentan?" En ese momento, llegó a su mente un recuerdo en el que Takano y él hablaban acerca de su pasado, más concretamente de la relación con Yanase.

Flash Back

–En mi opinión, creo que te arrepientes de no haber intentado recuperarlo en aquel entonces. De no haber luchado por él. Ritsu, a ti te faltó el egoísmo que a él le sobraba entonces. Está mal que yo lo diga…–puso su mano sobre la cabeza de Onodera, como era su costumbre–… pero podías haberle dado un poco de batalla.

Onodera agachó la mirada– ¿Y de qué hubiese servido? –Preguntó con voz ronca y pesada–. Él ya había tomado su decisión. Si no quería estar conmigo, lo mínimo que podía hacer era apartarme de su lado. ¡Jeh! De todas formas no hubiese podido soportar el hecho de mirarle a la cara. –confesó–. Me sentiría incómodo. Mirar a alguien del cual estás enamorado y saber que esa persona no te corresponde –negó con la cabeza–. Es demasiado duro. Además, no quería ser un problema para su nueva relación. Aunque hubiésemos sido amigos de la infancia, también estuvimos saliendo como pareja y no creo que a su nueva pareja le hubiese gustado ese hecho. Seguir viéndonos aunque fuese solamente como amigos.

Suspiró al escuchar sus palabras–. No eres nada codicioso. –Acarició sus cabellos y llevó su mano de nuevo a su posición original–. Deberías ser más egoísta.

Fin Flash Back

–Luchar por lo que quiero. –se susurró a sí mismo. Como si alguien le hubiese avisado de pronto, miró el reloj de su muñeca y dio un salto de la cama al ver la hora que era–. ¡Llegaré tarde! –apresurado, dejó el diario encima de la cama y echó a correr para salir de la habitación y también del apartamento.

&&&&MasamuneRitsu&&&&

Como Ritsu esperaba, en el trabajo no podía concentrarse. Su encargado le había dado la noticia a él y sus compañeros de que de ahora en adelante tendrían que trabajar más duro hasta que un suplente de Takano cogiese el puesto. Mirase a donde mirase, no podía evitar ver al pelinegro por el restaurante, a pesar de que sólo era su imaginación de algunos recuerdos que guardaba en su mente. Se iba a volver loco si aquello continuaba así.

Es por eso que se había metido en el aseo desde hacía un rato, con la intención de poder despejarse un poco. Como algunos de sus compañeros estarían dándose un respiro en la sala del descanso, seguramente le preguntarían si algo andaba mal si se lo encontraban ahí parado. Por eso tomó la decisión de encerrarse en el aseo, ya que aunque estaba en la misma habitación, ahí dentro nadie lo podría ver.

Los ojos verdes apuntaban hacia el inodoro, aunque realmente no lo estaba viendo. "Este es el resultado de mi miedo. Al final, no tuve el valor de decirle cuanto le quería. Puede que al final, este sea mi merecido." Sin poder evitarlo, sintió un nudo formarse en su garganta. A su mente llegó el recuerdo en el que Takano le decía que ya nada le retenía ahí.

Levantó su mano derecha y se miró las uñas como si viese algo interesante en ellas. –Te lo dije hace tiempo. Si no tenía motivos para quedarme, no lo haría. Y ya no los tengo –aclaró–. Nada me retiene aquí. –concretó, dejando de mirarse las uñas para mirar al joven de cabello castaño, sabiendo que Ritsu le entendería en su juego de palabras.

Abrió los ojos en señal de sorpresa al darse cuenta de algo. "¡Un momento!" .Ahora que lo pensaba, el pelinegro no le miraba en aquella ocasión. Tampoco lo hizo otras veces cuando le hablaba. En su momento, pensó que Takano no quería mirarle porque estaba enfadado con él, pero ahora que lo pensaba, había otra posibilidad.

¿Y si Takano le estaba mintiendo en aquel momento? Parecía un disparate o una esperanza albergada en su corazón, pero no era una idea imposible. Después de todo, cuando él mismo sentía vergüenza de algo o mentía, nunca miraba a Masamune. Puede que en esa ocasión Masamune estuviera actuando igual que él.

"Piénsalo con calma, Ritsu. Si mentía respecto a sus sentimientos hacia mí, ¿por qué regresaría a Osaka? No tiene sentido. Él es muy persistente y estoy seguro de que continuaría intentar conquistarme, cómo lo ha hecho hasta ahora. Algo no encaja, ¿pero qué es?" se rascó la cabeza, como si con ello pudiese encontrar antes la solución y por más que lo pensaba, no la encontraba. "¿Puede ser por la fecha? Él una vez me comentó que tenía una fecha límite para regresar si no lograba conquistarme. ¿Podría ser esa la causa?

Se llevó la mano con la que se rascó la cabeza a la barbilla. Sin que tuviera eso en mente, llegó de nuevo el recuerdo en el que Masamune le decía que creía que se arrepentía por no haber intentado conquistar de nuevo a Yanase y que le faltaba egoísmo–. Luchar por lo que quiero. Ser más egoísta –se susurró a sí mismo y mostró una diminuta sonrisa. Retiró su mano de la barbilla y miró su reloj de pulsera con rapidez. Tendría que darse mucha prisa si quería llegar a tiempo. Se dio la vuelta y fingió la peor de sus caras. No tardó en abrir la puerta y en hacer unos pasos algo raros que constaban de apretar el culo mientras intentaba andar. Caminó hacia el despacho del encargado y tocó la puerta. Tan pronto el hombre le recibió, comenzó a hablar.

–¿Qué te pasa? No tienes buen aspecto. –preguntó, soltando los papeles que tenía en las manos, para dejarlos en el escritorio.

–No me encuentro bien. –Se llevó ambas manos a la barriga de repente y juntó sus piernas, cruzándolas– ¿Podría irme a casa? –preguntó un poco acelerado y con un tono de voz un tanto ansioso.

Se puso de pie–. Podemos mirar si en el botiquín hay alguna pastilla para el dolor de barriga –se aventuró a decir, al ver que el otro tenía sus manos puestas ahí.

–No creo que tenga ese tipo de pastilla. Al decir verdad, no me sentía muy bien esta mañana, y le hice más de una visita al inodoro –comentó avergonzado–, pero pensé que se calmaría. –se vio forzado a decir, ya que el encargado parecía no estar dispuesto a dejarle ir tan fácilmente.

El hombre asintió un par de veces al comprender por donde iba la conversación–. Podemos decirle al cocinero que te prepare un arroz, quizá eso te ayude.

"Déjame ir simplemente" No. Esta mañana ni desayuné, y no es que haya mejorado mucho. No quiero ni pensar en lo que pasaría si como algo. –le contestó, como si se sintiese alarmado al pensar en esa posibilidad.

El hombre se rascó la cabeza, preocupado–. Vamos a tener demasiado trabajo aquí. Con la baja de Takano–san… –chasqueó la lengua–… No me pides esto en un buen momento. –confesó.

"¿Qué le pasa hoy? Normalmente cuando tenemos un problema o algo, siempre nos ayuda en todo." Al ver lo difícil que se lo seguía poniendo, no tuvo más remedio que forzar más la situación. Repentinamente se llevó la mano izquierda desde la barriga al trasero y puso la cara más dolorosa que pudo–. Lo sé. –Abrió la boca repentinamente intentando buscar más aire como si no pudiese respirar bien del todo–. Pero si pudiese trabajar como lo hago siempre, no hubiese venido a su despacho. Esto no me deja ejercer mi trabajo como pretendo. –Agachó la cabeza, ya que si fingía agacharse para hacer una reverencia, lo más probable es que eso que intentaba sujetar imaginariamente, se saliese–. Por favor. Le prometo hacer horas extras gratis si es necesario.

Tras unos segundos de silencio, por fin dio su respuesta–. Está bien. De todas formas no podrás rendirme en el trabajo como debes. Asegúrate de recuperarte bien. Te llevaré a casa. –se ofreció.

Levantó la cabeza de golpe al escuchar aquello. Si el encargado lo llevaba hasta su casa, eso lo alejaría mucho de la parada de taxis, que era a donde pretendía ir para que un taxista lo llevase al aeropuerto. Además, si se iba desde ahí hasta su casa, entre ir y volver se le pasaría el tiempo, y no llegaría a tiempo para detener a Takano–san–. No es necesario. Seguramente iré al médico antes, además no hace falta que se tome esas molestias por mí. –agregó con rapidez, esperando que el otro no le diera más vueltas al asunto.

–Bueno, tú sabrás lo que haces. Sólo espero que no te dé un ataque en el camino. –tomó asiento.

–Sí. Gracias –le hizo una reverencia con la cabeza y procedió a andar como si estuviese escocido para darle la sensación al encargado de que realmente algo se le escaparía de las piernas de un momento a otro.

Cuando Ritsu cerró la puerta, algún que otro compañero le preguntó que le pasaba al verle andar tan raro y con las manos en la barriga y para no entrar en detalles, les dijo que no se encontraba bien y que iría al médico. En cuanto entró a la sala de las taquillas para recoger sus pertenencias, salió del restaurante, tan pronto se lo permitió su paso fingido. No fiándose, continuó con ese paso, hasta perder de vista el edificio.

Al ver que no había nadie a su alrededor que fuese conocido del restaurante, echó a correr lo más rápido que pudo por las calles, para dirigirse hasta donde se encontraba la parada de taxis.

"Espérame Takano–san, ya voy.

&&&&MasamuneRitsu&&&&

Tan pronto bajó del taxi, echó a correr hacia el gigantesco edificio. Miró su reloj de pulsera sin dejar de correr. Chasqueó la lengua al ver que iba muy justo de tiempo. No tardó en cruzar una de las muchas puertas de entradas automáticas de cristal. Abrió los ojos en señal de sorpresa y no pudo evitar detener su carrera y abrir la boca.

Miró de izquierda a derecha asombrado al ver lo gigantesco que era aquel sitio por dentro. Al ver el edificio por fuera desde el taxi se hacía una idea, pero aquello era más inmenso de lo que él se estaba imaginando. Había muchos mostradores de información y en todos había grandes colas. También estaban las típicas sillas de plástico, pegadas unas a otras en forma horizontal, de doble fila. Giró hacia otro lado su cabeza con rapidez. Ascensores, pantallas que anunciaban algunos vuelos, escaleras mecánicas, cintas de equipaje llenas de maletas y mucha gente. ¡Demasiada! ¿Cómo encontraría a Takano entre tanta gente? Además estaba el hecho de que había más de una planta y el aeropuerto estaba dividido en tres terminales. Le llevaría horas encontrarle. Y no podía esperar a que la pantalla de los vuelos lo pusiese, ya que cada dos por tres estaba cambiando los letreros.

De repente se le ocurrió una idea. Con desesperación llevó su mano derecha al bolsillo trasero de su pantalón y sacó el móvil. Con nerviosismo, buscó el número de Takano y procedió a llamarlo, poniéndose el artefacto a la oreja. No tardó en escuchar cómo daba llamada, con un primer sonido. Se mordió el labio inferior, esperando a que se lo cogiese pronto con el segundo toque–. Vamos Takano–san, contéstame –pedía, escuchando un tercer sonido. Miró desesperado a su alrededor, para ver si por casualidad lo veía, pero nada. Cuando dio todos los toques permitidos, se vio obligado a cortar la llamada o de lo contrario, le saldría un mensaje y le cobraría.

Ahora sabía a ciencia cierta que si el móvil daba señal, Masamune tendría que haberse dado cuenta de la llamada inevitablemente, pero probablemente no quería cogérselo.

Frunció el ceño al pensar en esa posibilidad. Se puso el móvil frente a él y procedió a mandarle un mensaje. "Será mejor que me contestes, idiota". Pensó enfadado. Al no recibir respuesta rápida, se guardó el móvil en el bolsillo y con pasos rápidos y largos, caminó hacia el frente, dirigiéndose a una de las colas. Pero no iba a ponerse tras la enorme cola. No. Su tiempo se agotaba y él no estaba dispuesto a dejar que Takano se marchase así. Bajo la atenta mirada atónita de algunos y las quejas de otros, caminó hasta ponerse en el mostrador, donde una joven con el traje del personal, atendía a un cliente a la cola.

–Buenos días. –le saludó a la mujer, interrumpiendo la conversación que la mujer tenía con el cliente.

Con la mirada atónita, ignoró el saludo del joven de ojos verdes–. Señor, tiene que ponerse a la cola.

–Sólo quiero hacer una pregunta, será rápido.

–Señor, todos aquí quieren también informarse y llevan bastante tiempo a la cola. Por favor –señaló a la cola, más concretamente el final, que parecía estar bastante lejos.

Ritsu ni siquiera se molestó en girar la cabeza. Con ambas manos, dio un golpe en el mostrador. ¿Es que todos hoy estaban en su contra?–. Señorita, no voy a comprar ningún billete. Necesito saber hacia donde tengo que ir para encontrar a una persona que tiene el destino Osaka.

–Señor, los demás están esperando…–no le dio tiempo a finalizar la frase, ya que fue interrumpida.

Golpeó de nuevo la mesa con las palmas de ambas manos–. Por favor, es de vida o muerte. Tengo que entregarle a mi jefe unos importantes documentos de la empresa. Mi jefe pensaba que los llevaba en su portafolio, pero cogió el equivocado. La reunión es en Osaka y si no le entrego esos papeles antes de que se vaya, la empresa tendrá grandes pérdidas. Incluso podría quebrar. ¿Dejaría que cuatrocientas personas se quedaran sin trabajo porque usted me impidió hacer mi trabajo a tiempo?

La mujer estaba empezando a sentir un gran cargo de conciencia–. No. –Contestó, a la vez que tecleó en el ordenador, para acto seguido mirar al joven–. El vuelo con destino a Osaka se efectuará por la puerta G–7, que se encuentra en esta terminal. Tienes que subir esas escaleras mecánicas –señaló hacia su derecha, viendo que el joven prestaba atención–. Allí tuerce a la izquierda nada más subir en la primera bifurcación que hay y mira los carteles de arriba. En ellas viene la letra, sólo tiene que buscar el número de ese bloque.

Sonrió–. Gracias –le hizo una breve reverencia y echó a correr.

La mujer se puso de pie, para mirar al chico. Se llevó una mano al lateral de la boca para elevar su voz– ¡Espero que lo consiga! –le animó. Acto seguido se sentó, sintiéndose más tranquila, viendo al cliente que había dejado a medias al mirar al frente–. Lo siento –se disculpó, por haberle dejado a medias.

El joven de cabellos castaños por su parte, subió corriendo las escaleras mecánicas que ascendían ya de por sí, al piso de arriba. Pero no podía esperar a que aquello subiese a su curso, sería demasiado lento. Tan pronto, subió las escaleras, vio la bifurcación de pasillo que le dijo la mujer–. Izquierda –se recordó a él mismo en voz alta, tomándola. En ese momento, escuchó la musiquilla que anunciaría un anuncio del aeropuerto.

–El vuelo con destino a Osaka efectuará su salida en veinte minutos en la puerta G–7, gracias.

"Se me acaba el tiempo", pensó, deteniéndose unos segundos para mirar a su alrededor. Al finalizar ese ancho pasillo, dio a una enorme sala abierta, dividida a su vez en pequeños departamentos. Tanto a la izquierda, como a la derecha de aquel lugar, desde donde se encontraba él, había carteles con letras del abecedario que se iban mostrando a la vez que avanzabas hacia delante. Dentro de cada pequeño departamento con distinta letra, se encontraba un mostrador y unos asientos de espera, lleno de pasajeros y alrededor de estos, unas entradas con dos números seguidos. El uno y el dos, el tres con el cuatro, el cinco con el seis, el siete con el ocho y el nueve con el diez. Tras pasar alguna de esas entradas, se encontraba un pasillo bifurcado con una posible salida a la izquierda y a la derecha.

Miró a la derecha comenzando a caminar. Se encontró con la letra B y al mirar a la izquierda se encontró con la A. Echó a correr de nuevo hacia delante, a la vez que se fijaba en los carteles a medida que pasaba. Tenía que encontrar la G y esperaba encontrar allí a Masamune, a no ser que ya estuviese montado en el avión. Continuando su vista por los carteles de ambos lados, por fin dio con la G. Al contrario que los demás departamentos, ese estaba vacío, salvo por la recepcionista y un chico que ya estaba a punto de tomar el pasillo que pertenecía a los números siete y ocho.

Reconoció de inmediato esa espalda y se detuvo en su carrera. Aunque le faltaba el aire por tanto correr, tomó el que pudo y se llevó ambas manos a la boca para intentar hacer más eco– ¡Takano–san!

&&&&MasamuneRitsu&&&&

Masamune estaba sentado en una de las sillas continuas del aeropuerto. Había comprado el billete y las maletas habían pasado por la cinta, así que solamente era cuestión de esperar ahí sentado a que anunciaran su vuelo y la puerta por la que saldría, que según ponía en el billete era la G–7 y era donde él se encontraba esperando, dándole la espalda al mostrador.

Aunque todavía no se había marchado, ya echaba de menos al más bajo y daba gracias a que su madre fuese a recogerle en ese viaje en avión, aunque estuviese trabajando como azafata, de lo contrario se hubiese echado hacia atrás en el último momento. Pero sentía que si su madre estaba ahí durante ese vuelo, apoyándole, al menos su regreso a casa se le haría más llevadero.

Tenía el móvil en el bolsillo de su pantalón y lo escuchó sonar. La melodía era la que sonaba cuando recibía mensajes. Con su mano izquierda, sacó el artefacto del bolsillo del mismo lado y procedió a mirar la pantalla. De nuevo era ese número, el de Onodera.

–Doscientas quince –contó en un susurro y borró el mensaje, ya que tenía la memoria llena. Dejó escapar un suspiro y guardó su móvil de nuevo en su lugar. No es que fuese masoquista y le gustase escuchar el móvil sonar avisándole de un mensaje de llamada perdida que fuese de Ritsu. Tenía que tener el móvil encendido por si su madre le llamaba en cualquier momento, después de eso, cambiaría de número en Osaka si era necesario para olvidarse del menor.

Incluso estaba dispuesto a meter en una caja sus diarios para olvidar su pasado. Y ahora que lo pensaba, no sabía donde había metido su primer diario. Miró dentro de las cajas de la mudanza después de haberlas llenado, pero no lo encontró por ningún lado. Y miró incluso en el interior de los muebles de la cocina por si se había extraviado entre tanto cacharro. Pero no lo encontró.

Dudaba que se hubiese quedado en Osaka, ya que ese diario llevaba mucho tiempo terminado y no le serviría para seguir escribiendo en el. Así que no tenía sentido que se lo hubiese llevado allí para escribir, ya que no podría hacerlo, pero con las prisas por ir al hospital, ya dudaba de que cosas fue las que se llevó a Osaka o no. Quizás estaba en casa de su madre, al igual que algunas de sus ropas que dejó allí en su reciente estancia. Pensó que era una tontería regresarlo todo a Shibuya, si finalmente se había decidido a regresar a su ciudad. Además, así tendría que traer menos cosas durante la mudanza.

Escuchó de nuevo su móvil sonar, pero esta vez era la melodía que indicaba que lo llamaban. Sin perder tiempo lo sacó y miró el número que había reflejado. Esperaba que fuese el de su madre, pero no lo era–. Onodera –dijo, pero no lo cogió y en su lugar, esperó a que terminase la llamada. "Lo siento, pero no quiero echarme atrás", pensaba al saber que lo haría si escuchaba su voz. Fue a guardar el móvil, pero antes de meterlo en su bolsillo volvió a sonar, ésta vez indicando que había recibido un mensaje. Miró la pantalla y abrió el mensaje– ¿Dónde estás? –Leyó– ¿Qué es esto? ¿Por qué está tan insistente? –se preguntó a sí mismo. En ese momento escuchó la megafonía del aeropuerto.

–El vuelo con destino a Osaka efectuará su salida en veinte minutos en la puerta G–7, gracias.

Al escuchar eso. Se puso de pie y se metió el móvil en el bolsillo de su pantalón. No tardó en rodear los asientos que estaban contiguos y caminar hacia el mostrador. Sonrió a la recepcionista que se ocupaba de esa sección y le entregó el billete. Ésta lo selló y se lo entregó –. Que tenga un buen viaje –sonrió.

–Gracias. –aceptó de nuevo el billete y dio un par de pasos hacia el pasillo, pero se detuvo al escuchar que lo llamaban.

–¡Takano–san! –gritó jadeante, mientras ponía sus manos sobre las rodillas y mantenía su mirada fija en el más alto.

Se dio la vuelta, algo confundido y sorprendido. Indudablemente era la voz de él, pero el verlo ahí en persona, no se lo esperaba–. Onodera, ¿qué haces aquí?

–Tenemos que hablar. –Dijo incorporándose, al poder recuperar un poco el aire–. Siento que no estamos siendo sinceros. –ante el silencio del otro, decidió continuar–. Lo estuve pensando toda la noche. Alguien tan conservador y persistente como tú, que incluso me ha llegado a agobiar diciendo que me quiere, ahora me insinúa que ya no siente lo mismo por mí. –Negó con la cabeza un par de veces–. Ni de lejos tiene lógica.

Daba igual si eso tenía lógica o no para Ritsu o para él. Ahora sólo tenía que hacer lo que debía de hacer–. Tengo un avión que coger. –se dio la vuelta, dispuesto a marcharse.

–¡Quiero que te quedes conmigo! –le aclaró, haciendo que el otro volviese a darse la vuelta para mirarle, atónito por lo que acababa de escuchar–. No te vayas, por favor. –le pidió.

El más alto pensó en lo escuchado. Si se quedaba a su lado, estaba seguro de que haría infeliz al menor cada vez que intentase acercarse a él y en lo que se refería a él, sufriría al ver la relación de Ritsu con otro, a pesar de intentar apoyarle–. Ya nada me retiene aquí –le recordó–. Tu mismo dijiste una vez que los sentimientos cambian. Los míos han cambiado y ya no hago nada aquí. –al ver que el otro tenía toda su atención puesta en él, decidió continuar–. Es verdad que prometí ser tu amigo, y apoyarte en tu felicidad, pero eso puedo hacerlo desde mi ciudad. Mi familia me echa de menos y yo a ellos. –le hizo saber.

–No dudo de que eches de menos a tu familia. –caminó unos pasos para acercase más a él, aunque seguía guardándole la distancia–. Pero lo otro simplemente no cuela.

"Esto no va bien". ¡Jeh! ¿De qué vas? –Se cruzó de brazos, mostrando cierta arrogancia–. No sabes nada acerca de mí. Crees que porque siempre te he hablado con respeto y tratado bien, soy una buena persona. Pero no es así. Soy una persona frívola y también egoísta.

Ritsu no pudo evitar sonrojarse al pensar en la pregunta que iba a hacerle–. Takano–san, ¿en qué momento he dejado de gustarte?

Por la megafonía se escuchó el aviso del vuelo a Osaka y daba gracias a eso, porque esa pregunta le había desarmado y no sabía cómo contestar–. Onodera, tengo que irme. –fue lo único que atinó a decir.

–Claro. –Apretó uno de sus puños para armarse de valor–. Te dejaré marchar, pero sólo si me juras que ya no sientes nada por mí.

Silenció unos segundos, mirándole con seriedad–. Oye, no sé qué es lo que estás intentando, pero…

–Lo sé. Sé todo por lo que has pasado cuando te enamoraste de mi y se cómo eres realmente. Leí tu diario y leí la carta –confesó, viendo cómo Masamune le miró sorprendido.

¿El diario lo tenía Ritsu? Con razón no lo encontraba por ninguna parte. Pero si lo tenía él, quería decir que el diario había estado en su apartamento y no se lo había llevado en ningún momento a Osaka y el menor en su ausencia había entrado a su apartamento. ¿Pero cómo? – ¿Entraste en mi apartamento en mi ausencia? –se le ocurrió preguntar, aunque ya era más que obvio. Al ver que en los ojos de Ritsu había reflejada sinceridad, sabía que no le engañaba. Recordó varios fragmentos resumidos de lo que allí escribió sobre sus sentimientos y situaciones vividas– ¡No tenías derecho a leer algo tan personal! –le recriminó.

Frunció el ceño– ¡Sí, tienes razón! ¡Al principio pensé igual, pero ahora me alegro de haberlo leído todo! ¡Es por eso que sé que me estás mintiendo y algo no está bien! ¡Tus sentimientos no pueden cambiar de la noche a la mañana!

Ritsu lo estaba desenmascarando antes de lo que esperaba, así que tuvo que enfocar la situación desde su ángulo. Suspiró, intentando calmarse–. Parece que no entiendes algo aquí. Puedo permanecer a tu lado, pero no soy de piedra. –le explicó con cierto dolor–. Los rechazos duelen y no puedo ser el chico bueno por siempre. Simplemente me cansé de esperarte tan fervientemente y no conseguir nada a cambio. –se dio la vuelta, dejando de ver el ceño fruncido del más bajo. Anduvo un par de pasos, pero se detuvo al sentir cómo los brazos del menor lo detenían al abrazarle por la espalda.

–Todavía no hemos terminado de hablar. –aseguró.

Sintió que en cualquier momento dejaría salir su verdadero yo y todo lo que había hecho hasta ahora no serviría para nada. Intentando armarse de valor otra vez, decidió hablar–. Oye, te lo estoy poniendo fácil. Voy a dejar de ser una molestia para ti. ¿No es lo que querías?

Onodera se sintió culpable de alguna forma, pero esta vez no se rendiría. Miró hacia la recepcionista y vio que estaba muy pendiente de ellos dos. Estar en un sitio público y ser vistos por los demás no era muy agradable por el hecho de que a nadie le importaba sus vidas. Soltó al mayor del abrazo, para cogerle de una mano y tirar de ella con fuerza hacia el interior del pasillo–. Ven conmigo. –Al final de ese pasillo había una bifurcación hacia la derecha y hacia la izquierda, haciendo forma de T.

Masamune se vio arrastrado por Ritsu hasta el final del pasillo, girando finalmente hacia la izquierda. Y cuando el menor se detuvo, así lo hizo él, quedando uno frente al otro. El menor le miró con cara de pocos amigos y abrió la boca para hablar, pero fue interrumpido por la voz de una mujer.

–Masamune.

Ambos jóvenes miraron hacia la dirección en la que provenía la voz, y aunque para Ritsu la mujer era desconocida, para Takano era todo lo contrario–. Mamá. –respondió, viéndola usar su uniforme de azafata.

–¿Todo va bien? El avión va a salir en diez minutos. Tendrías que estar dentro –le recordó, a la vez que veía que no estaba solo.

–Sólo será un minuto –aclaró. Miró al más bajo–. No puedo retrasar el avión, ni quiero causar problemas, así que me voy. –le refirió, soltándose del agarre del menor. Al final se vería forzado a decirle la verdad a Onodera–. Tu mismo lo dijiste una vez. Mirar a alguien del cual estás enamorado y saber que esa persona no te corresponde, es demasiado duro.

Ritsu se quedó estático al escuchar aquellas palabras y sabía lo ciertas que eran. Pero hoy no se rendiría, porque aunque Masamune no lo sabía, él si le correspondía. Señaló con el dedo índice de su mano derecha hacia el pasillo que conducía a la entrada de la puerta del avión, en el cual se encontraba la señora Takano esperando–. ¡Claro! ¡Vete! ¡Vuelve a tu ciudad! –Le animó– ¡Pero que no se te olvide esto! –dejó de señalar ese pasillo, para señalar a Takano, mostrando en sus ojos decisión– Cogeré el próximo vuelo hacia tu ciudad y voy a encontrarte tarde o temprano, aunque tenga que ir casa por casa, buscándote. –sentenció.

El pelinegro se sorprendió al escuchar aquello y no pudo evitar que en sus ojos se reflejase–. Oye, ¿tienes idea de lo grande que es Osaka? –preguntó, para ver si el otro sabía el disparate tan grande que acababa de decir.

–No me importa. –Refunfuñó sin llegar a gritar, regresando su mano a su postura original–. Una vez me dijiste que en el pasado me faltó egoísmo. Bien, pues ahora lo estoy teniendo. Quiero luchar por mi felicidad y me da igual si has dejado de sentir por mí esos sentimientos. Yo haré que vuelvas a enamorarte de mí –aclaró con decisión, aunque no pudo evitar sonrojarse al decir todo aquello. Miró a la madre del más alto, la cual parecía estar sorprendida por todo aquello y caminó hasta ella–. Su hijo se ha convertido en alguien realmente importante para mí y no estoy dispuesto a dejarle ir. –aclaró sonrojado, a la vez que sintió cierta timidez.

La mujer dejó de mirar al joven de ojos verdes y miró a su hijo que estaba tras el otro, por unos segundos. Su mano izquierda cubría su boca, estaba abochornado, sorprendido y ahora parecía indeciso tras lo que acababa de escuchar. Sonrió al ver que sus miradas se acababan de cruzar. Estiró sus manos hacia delante y Masamune no tardó en caminar hacia ella, cogiendo esas manos entre las suyas. Su madre ya sabía lo que él estaba pensando. Ahora comprendía que ese joven del que le había hablado su hijo, estaba frente a ella.

–Mamá. Lo siento. No voy a poder cumplir mi promesa todavía. –Decía con pesar–. Después de todo, sigo enamorado de un imbécil. –reconoció, desviando un poco la mirada, sintiéndose mal por su madre.

La madre sonrió con una mezcla de tristeza y alegría. Se sentía triste de pensar que su hijo no volvería a su lado, pero entendía que era muy querido por ese chico y que seguramente la felicidad de Masamune estaba allí y no en Osaka–. Os recibiré con los brazos abiertos cuando nos visitéis –dio con ello su consentimiento a la relación y vio que su hijo la miró entonces, más relajado–. Pero espero que sea pronto.

Onodera decidió hablar–. Gracias, señora. –habló más calmado y avergonzado por la forma en la que se había comportado–. Siento todo esto.

Negó con la cabeza, mirando al joven de cabellos castaños–. Sólo espero que lo cuides por mí.

Sonrió haciendo una reverencia–. Lo haré. No se preocupe.

La mujer volvió a mirar a su hijo y le puso una mano en la mejilla a modo de despedida. Una azafata se acercó hasta ellos, más concretamente hasta la mujer–. Vamos a despegar ya. –le avisó.

Miró a la chica–. Está bien –le contestó. Miró a su hijo y le dio un abrazo, que fue correspondido–. No te preocupes por las maletas, yo arreglaré eso y lo del billete.

–Está bien. Te quiero.

–Yo a ti también. –se separó del abrazo y echó a correr hacia la puerta de embarque.

Tan pronto como Masamune perdió de vista a su madre, miró a Ritsu y se cruzó de brazos–. Oye, ¿de verdad no te arrepentirás de lo que has hecho y dicho? –preguntó con cierto tinte rojizo en sus mejillas.

–No lo haré –aseguró algo avergonzado–. Desde hace tiempo me gustas mucho, pero mi miedo me impedía decírtelo hasta ahora y fue por eso que me asusté y te di ese puñetazo cuando me besaste. Pero en este caso, tenía más miedo de no volverte a ver nunca. –aclaró con sinceridad, sintiendo sus mejillas arder.

Sonrió al escuchar aquello, pero cayó en la cuenta de que estaban en un pasillo y que cualquiera que fuese a entrar en ese avión tendría que pasar por ahí y quizá escuchasen su conversación–. Onodera. ¿Sabes que estamos en un sitio público? –le recordó, por si se le había olvidado y le daba vergüenza admitir que estaba enamorado de él.

–Me da igual. –bajó la mirada y se miró las manos algo nervioso–. Sólo quiero que te quedes conmigo.

Se llevó una mano a la boca para cubrírsela al notar que Onodera hablaba enserio a la hora de declararse de esa forma–. No tengo maletas, mi mudanza estará por hacerse y estoy sin trabajo. ¿Qué se supone que haga?

Levantó la vista para mirarle, para intentar convencerle sobre lo que diría–. Yo pagaré el recargo de todo eso y te quedarás en mi casa si el casero ya ha alquilado tu apartamento.

Takano retiró su mano de la boca para ponerla sobre la cabeza castaña y proceder a acariciarla. Todo aquello le estaba pareciendo un sueño demasiado dulce para ser verdad. El menor decidió romper la distancia que les separaba, dándole un abrazo, que fue correspondido con la mano libre del otro. Al ver esa reacción por parte del menor, sintió una mezcla de emociones que ya no tenía esperanzas de sentir con él. Miedo, felicidad, preocupación… Ritsu por fin se le había declarado a su manera y le había pillado totalmente desprevenido y no en el mejor ambiente, pero a fin de cuentas, el chico que había amado y seguía amando con locura durante todo este tiempo, le estaba diciendo que le quería. Sólo para cerciorarse de que aquello no era un sueño o su mente no estaba divagando, quiso asegurarse de que aquello no era simple palabrería, aunque lo dudaba al ver cómo Ritsu se sonrojaba cada vez más con cada frase que decía–. ¿Tan importante soy ahora para ti? ¿No te hará daño el que quiera quererte como te quiero? No podré reprimir mis sentimientos más por ti. ¿Entiendes el significado de eso? –preguntó algo preocupado por si la reacción de Ritsu volvía a ser la misma que cuando lo besó.

Asintió con la cabeza puesta en el pecho del más alto–. Te necesito a mi lado. –reconoció sincero, pero abrumado.

Cerró los ojos unos segundos, para después volver a abrirlos–. Entonces no tendré más remedio que aceptar tu propuesta –sonrió sonrojado.

Ritsu al escuchar aquella respuesta sonrió y se separó de él para mirarle a los ojos, mostrándole al más alto su inmensa sonrisa sincera–. Sí, volvamos juntos a casa. –empezó a caminar, siendo seguido de cerca por el otro.

&&&&MasamuneRitsu&&&&

Nada más entrar en el coche, el pelinegro le preguntó al joven de ojos verdes cómo había conseguido escapar del trabajo, y Ritsu le contó todo lo que tuvo que hacer para salir de ahí y lo que sucedió después hasta que lo encontró en el aeropuerto. Mientras Masamune conducía por las calles, sonreía interiormente al ver cómo Ritsu se había aferrado con el dedo índice y pulgar de su mano izquierda al costado derecho de su camisa. Los dos estaban en silencio y Ritsu miraba hacia delante, seguramente avergonzado, ya que a veces bajaba la mirada hacia sus rodillas.

–Takano–san.

–¿Qué? –preguntó, frenando el coche, debido a un semáforo.

–Quiero que sepas que… sólo rechacé tu beso por miedo. No fue ningún incidente y…– bajó más la cabeza, sintiendo arder sus mejillas–…dentro de la situación, me gustó bastante. –reconoció, al tiempo que sintió un peso en su cabeza. Levantó su cabeza y miró hacia su izquierda, encontrándose con que Masamune le estaba sonriendo y parecía muy feliz mientras le acariciaba la cabeza.

–Me alegra escuchar eso, ya que creí que te había hecho un daño irreparable. –confesó.

Ritsu abrió los ojos en señal de sorpresa al escuchar eso. Estaba realmente sorprendido y lo reflejó en su cara. Pensó rápidamente en lo que el más alto acababa de decir. ¿Con daño irreparable se refería al beso? ¿Sería esa la razón por la que Takano iba a marcharse?–. Por eso, ¿ibas a marcharte? –le preguntó, para salir de dudas.

–Me sentía culpable de haberte hecho tanto daño. Y como te dije hace tiempo, quiero protegerte, aunque sea de mi mismo. –escuchó el sonido de un claxon. Seguramente el semáforo había cambiado de color y él no se había dado cuenta por estar mirando hacia el menor. Retiró su mano de la cabeza castaña y la puso en el volante, al igual que puso su vista al frente y pisó el acelerador del coche para que comenzase a circular.

Ritsu regresó su vista hacia el frente con una sonrisa–. Me alegra de haber ido a por ti. –susurró. Finalmente todo había sido un malentendido y como siempre, el más alto sólo intentaba protegerle cómo lo había hecho siempre.

&&&&MasamuneRitsu&&&&

Ritsu abrió la puerta de su apartamento. Se habían entretenido más de lo que esperaba al tener que hablar con el casero para lo de la mudanza. Las cosas ya estaban casi cargadas en el camión cuando llegaron y Takano tuvo que responder al recargo que le metieron por no haber hecho la mudanza, además de hacerles trabajar esas horas y descargar de nuevo las cosas.

Takano imitó a Ritsu y entró también en el apartamento, cerrando la puerta tras de sí. Miró al menor. Éste se había agarrado a su camisa desde que se subieron al coche desde el aeropuerto, para regresar al bloque de pisos y no lo había soltado durante ese trayecto, hasta que se bajaron. Sonrió al ver la espalda de Onodera, caminar hacia el sofá. Masamune creía que eso lo había hecho para evitar de algún modo que pudiera escaparse, aunque no lo haría.

Onodera se dio la vuelta para mirar al más alto–. Siéntate, por favor. ¿Quieres algo de tomar?

–Estoy bien así, gracias –respondió, caminando hasta el sofá, donde tomó asiento.

–Espérame aquí, ahora vuelvo –aclaró, un tanto nervioso. Seguramente sería debida a su reciente declaración y le daba vergüenza mirar a Masamune durante mucho tiempo a la cara.

En cualquier caso, esperó sentado a que Ritsu regresara a su lado. No tardó mucho tiempo en hacerlo, llevando las manos escondidas tras su espalda. Con las mejillas sonrojadas y la mirada un tanto esquiva cuando sus ojos chocaban con los del más alto, se mordió el labio inferior.

–¿Qué pasa? –le preguntó el pelinegro, poniéndose en pie. Parecía asustado de alguna forma.

Armándose de valor, Ritsu le mostró lo que había estado ocultando. Nada más y nada menos que el diario que había leído, junto a la carta–. Esto es tuyo –agachó la cabeza, esperando una reprimenda.

Takano por su parte, soltó un suspiro y miró a Ritsu con compresión. Ahora entendía porque se había comportado tan temeroso hacía un momento y lo peor es que quería enfadarse con él, pero no podía. Aceptó ambas cosas que estaban juntas y se llevó su mano izquierda a la frente–. En serio, ¿en qué pensaste para cogerlo? Sabes que un diario es algo personal.

–Lo sé, pero sucedieron muchas cosas y al final no pude evitar traerlo conmigo –levantó la vista y miró al pelinegro para ver si su cara reflejaba mucho enfado, ya que su tono parecía más bien neutro. Para su sorpresa, se lo encontró sonrojado.

–¿Cómo cuánto has leído?

–Todo –confesó, sintiéndose peor, por lo que había hecho finalmente.

Chasqueó la lengua y giró la cabeza hacia un lado para evitar mirar a Onodera a la cara, mientras su cara se tornaba totalmente roja, aunque esto no pasó desapercibido para el más bajo–. Me siento avergonzado. Has leído esto y aquello. –pasó su mano de la frente a la boca, para cubrírsela.

Se había imaginado a Takano de más de una forma en su imaginación cuando le hiciese entrega del diario, pero nunca esperó verle así de sonrojado y no parecía enfadado, es más, con ese sonrojo, estaba realmente adorable y únicamente ese comportamiento se lo estaba mostrando a él–. Lo siento de verdad, pero… –no pudo evitar que su voz temblase durante unos segundos, debido al nerviosismo–. Ahora me alegra de haberlo hecho. Gracias a eso he podido conocerte mejor y entender tus fuertes sentimientos hacia mí.

El más alto le miró, retirando su mano de la boca. Bajó su mirada hacia el diario–. Bueno, ya nada se puede hacer.

–Etto… –pronunció con timidez, llamando de nuevo la atención del pelinegro, el cual no tardó en mirarle–. ¿Me leerías la carta?

–Pensaba que la habrías leído. ¿No lo has hecho? –preguntó confundido.

–Sí. Más de una vez –le confesó–, pero me gustaría que tu lo hicieras. –aclaró, con algo de tartamudez.

Estudió la mirada verde y se dio cuenta de que realmente Ritsu lo deseaba, así que así lo haría–. Está bien –le dio el diario para que se lo sujetara y procedió a sacar del sobre abierto, el papel. Lo abrió ya que estaba doblado y procedió a leerlo con lentitud, sintiéndose algo nervioso, aunque no quisiera aparentarlo frente a Ritsu. Lo que sucedía, es que no sabía si lo estaba consiguiendo. Procedió a leer el contenido con lentitud.

Hola, Onodera–kun. Te escribo esta carta para decirte que desde hace tiempo siento un fuerte sentimiento de amor hacia ti. Probablemente pienses que se trata de una broma, pero créeme cuando te digo que no es así. Nunca te faltaría al respeto de esa forma. Realmente me gustas.

Probablemente nunca me hayas visto o sepas mi nombre, aunque pertenezco a este instituto. Pero sin embargo yo si me he percatado de tu presencia. Aunque al principio me pareciste raro por tu forma de actuar, creo que tu corazón está lleno de bondad. Te he estado observando desde las sombras y si algo me gusta de ti es tu sonrisa, esa sincera y despreocupada que muestras a todos. El esfuerzo y la dedicación que pones en entrenar cada tarde para dar lo mejor de ti en cada partido. La forma en que quieres cuidar de los animales aunque te hieran una y otra vez.

Definitivamente eres alguien especial en el buen sentido de la palabra, pero para mí eres algo más que eso. Por eso un día como el de hoy me he armado de valor y te he hecho entrega de esta carta, para que sepas de mis sentimientos. Por supuesto no espero una respuesta rápida, después de todo para ti soy un perfecto desconocido. Pero si me gustaría que ahora lo tuvieses en consideración y me respondieras con el tiempo, que será el que te dé la respuesta.

Si en el futuro quieres darme una oportunidad, creo que podríamos empezar a conocernos, ya que no sabes nada acerca de mí y empezar por ser amigos, aunque si por otro lado te gusta alguien, me conformaré con tu amistad que ya es algo muy valioso para mí. Esperaré lo que haga falta tu respuesta, sea cual sea. Gracias por existir.

Takano Masamune.

Dobló la carta de nuevo y la metió en el sobre. Dejó escapar un suspiro por la boca y levantó la vista avergonzado para mirar a Ritsu, quien le sonreía con cierto sonrojo–. Estoy abochornado –confesó–. Esta carta pensaba dártela un día en persona. Luego cambié de idea y quise dejártela en tu taquilla, pero te vi correr hacia el otro edificio y… vi cómo tu ex se te declaraba en la azotea del edificio contrario, así que finalmente esta carta nunca vio la luz. Comprendí que había perdido mi única oportunidad y esperanza al ver cómo le besaste y lo feliz que te veías. –al decir esto último, cogió el diario de la mano de Ritsu y metió la carta dentro del éste, para dejarlo finalmente sobre la mesita.

–Lo siento. –se atrevió a coger la mano derecha del mayor, tan pronto éste se incorporó–. Sin pretenderlo te hice sufrir mucho en el pasado. Pero tú tenías razón. El tiempo me ha dado una respuesta y es que quiero estar contigo. Sé que tendremos nuestros problemas y ahora sé que no soy tan despreocupado como antes en el tema de los celos debido a lo que me sucedió en mi antigua relación, pero intentaré cambiar eso con tu ayuda.

–No tienes que cambiar nada. –Agarró con ambas manos la de Onodera–. Te quiero por lo que eres, no sólo por lo que recuerdo de ti o por lo que fuiste. –aclaró, sin perder el contacto visual.

–Pero estabas dispuesto a irte. –le recordó, aunque sabía que la culpa la había tenido él.

–Estaba confundido. Pensé un millón de cosas, como que lo nuestro iba a ser imposible, que necesitaba un cambio de aires, pero sobre todo, que te hice daño con ese beso. Como una vez te dije, quiero protegerte, aunque sea de mi mismo –le repitió por segunda vez en el día. Takano observó que la atención de Ritsu estaba totalmente puesta en él y que sus ojos verdes buscaban los suyos –. Estaba dispuesto a dejarte tranquilo, si eso te iba a dar felicidad. Supongo que estaba asustado de tu rechazo. Siempre me has rechazado desde el principio, pero parecía ya más bien una costumbre o un juego. Pero cuando te besé, pude notar que realmente no me querías cerca cuando me pegaste. –explicó con palabras sedosas.

–Ya te lo dije en el aeropuerto. Estaba muy asustado, pero en esta ocasión me daba más miedo perderte. –le volvió a repetir, sintiéndose culpable.

–Ya veo –sonrió, mostrando segundos después una sonrisa pícara–. Por fin te he conquistado. Ah, que feliz soy –comentó, intentando hacer molestar al menor con su comentario, como era su costumbre, para intentar arrancarle un sonrojo, como siempre conseguía.

Ritsu sacó su mano de entre las manos del mayor y procedió a llevar las dos con rapidez hacia las mejillas del otro. Con decisión, se puso un poco de puntillas y separó la distancia entre ellos, dándole un tierno beso que apenas duró unos segundos, dejando a Takano de una pieza. Cuando el joven de cabellos castaños se separó un poco para mirarle a los ojos, vio que estaba estático y sorprendido–. Nunca más vuelvas a intentar irte lejos, ¿entendido? –le regañó de alguna forma.

–Oye, eso ha sido peligroso –susurró, sin saber muy bien si debía tocarle o no–. Si me dejo llevar... –no le dio tiempo a terminar la frase, cuando el menor le interrumpió.

–Desde ahora no quiero que vuelvas a contenerte. Si deseas besarme, tocarme o cualquier otra cosa, sólo hazlo –confesó con cierto rubor en las mejillas.

Takano estudió su mirada y vio que era sincera y que estaba llena de decisión– ¿Podré hacerte todo lo que quiera? ¿Qué pasa si hago esto y aquello? –preguntó juntando su frente con la del menor.

Sonrió como hacía tiempo no lo había hecho–. Me harías muy feliz –contestó, sintiendo las manos de Takano rodearle la espalda y sus respiraciones chocar, al encontrarse uno tan cerca del otro.

–Jouh. –sonrió alargando la frase. Agachó un poco su cuerpo para que el otro no tuviese que alzarse tanto– ¿Sabes? No es tan divertido sino me lo pones difícil –comentó–. Tengo mi modo pervertido encendido en este momento y no parece importante –continuó hablando con gracia, acariciando el labio inferior del menor con los suyos.

–Takano–san. Dime que me quieres. –susurró, sintiéndose embriagado por ese roce de labios–. Necesito escucharlo de tus labios.

Afirmó el agarre en la espalda, para después abrir la boca–. Te quiero. –Le mostró una diminuta sonrisa aunque debido a la cercanía, quizás Ritsu no pudiese verla del todo–. Y pretendo hacerlo por siempre. –dicho esto último, capturó los labios del menor y tan pronto sintió que el otro le correspondía, se abrió camino con su lengua, hasta entrar en la cavidad bucal contraria. Su lengua no tardó en encontrarse la otra e inmediatamente iniciaron una guerra entre ellas. Sus manos recorrían la espalda de Ritsu, para evitar separarse de él, a la vez que sentía que el menor subía su mano izquierda desde la mejilla hasta su nuca y jugaba con su cabello y mejilla en unas suaves caricias, mientras movía su cabeza con lentitud hacia los lados para corresponder con más facilidad ese beso apasionado.

Takano no pudo contenerse y procedió a bajar las manos lentamente por la espalda de Ritsu hasta el trasero, donde ascendió en su recorrido para colarlas dentro de su camiseta. Abandonó los labios del menor y buscó su cuello con cierta desesperación.

Onodera se dejaría llevar por esos besos que estaba sintiendo en su cuello pero él tampoco se detendría, había tenido muchos sueños eróticos con el pelinegro y esta vez los haría realidad. Abandonó sus manos de la mejilla y cuello del pelinegro para llevarlas hasta la bragueta del pantalón, donde procedió a desabotonarle el botón y a bajarle la cremallera a tientas.

Masamune el sentir eso, abandonó el cuello de Ritsu para mirarle a los ojos–. Algo me dice que este día será pasional. –comentó con cierta gracia y picardía.

Onodera no pudo evitar sonrojarse por completo al escuchar aquel comentario. En un rápido movimiento le robó un fugaz beso, mostrándole durante unos segundos su timidez al mirarle, para finalmente darse la vuelta, y echar a correr hacia su habitación.

Takano sonrió al ver aquello. Primero le iba a meter mano y ahora salía corriendo. ¿Lo estaba excitando más a propósito?– ¡Oye, espera! ¡Sin mí no puedes empezar! –gritó, echando a correr él también, entrando a la habitación de Ritsu.

&&&&MasamuneRitsu&&&&

Onodera estaba sentado a la mesa de su comedor. Con su codo izquierdo recargado en la superficie de la mesa y la mano puesta en la mejilla, contemplaba sonriente un pequeño cuadro.

En él había una foto en la que Takano miraba a la cámara sonriente, mientras el menor le daba un beso en la mejilla.

Desde que se había declarado a Masamune, todo fue felicidad para ellos, aunque habían pasado por sus momentos difíciles también. Ya habían pasado diez años desde aquello. Takano se quedó a vivir finalmente en el piso de Ritsu, ya que el menor veía una tontería que viviesen separados si estaban saliendo. Tras hablar con el encargado, Takano consiguió regresar a su puesto, aunque tuvo que inventar una mentira para respaldar su regreso a Shibuya.

El joven de ojos verdes, escuchó el ruido de las llaves en el pasillo y a continuación como ésta se metía en la cerradura. Miró hacia la puerta y no tardó en verla abierta, seguida de la entrada del pelinegro que no tardó en cerrar la puerta mientras miraba a su alrededor.

–Hola. –saludó el recién llegado.

–Hola –saludó el menor, poniéndose de pie–. Pensaba que hoy salías antes –comentó, caminando hacia él.

–Lo siento, me he entretenido –le comentó, caminando hacia él. Tan pronto se encontraron se dieron un sonoro beso en los labios.

–¿Vas a querer curry para la cena?

–Claro. –Le sonrió durante unos segundos, antes de reflejar en su rostro algo de preocupación–. Pero antes tenemos que hablar.

–Está bien. –contestó, viendo que el más alto se puso a mirar a su alrededor– ¿Qué pasa?

–No es nada –miró hacia el sofá–. Sentémonos allí. –le cogió de la mano y lo guió hasta allí, donde tomaron asiento uno junto al otro. Los ojos marrones miraron los verdes, preguntándose cómo sería más apropiado decírselo.

–Masamune, te noto algo preocupado. ¿Pasa algo?

–Tengo que decirte algo, pero no sé por dónde empezar –confesó, rascándose la cabeza.

Onodera sintió un tic nervioso en el ojo derecho. Aquello le resultaba tan familiar que no tenía un buen presentimiento. La frase de Masamune, el sofá… definitivamente sentía que si eso continuaba así, la historia se repetiría, así que no diría aquella frase de, empieza por donde te sea más fácil. Con la rapidez de un rayo y escamado por la situación, se puso de pie de un salto como si le hubiesen puesto una chincheta en el trasero. Con nerviosismo señaló a Takano con el dedo índice de su mano izquierda–. Ponte de pie. –le ordenó.

–¿Por qué? –preguntó confundido.

–El sofá no es bueno. Es un cúmulo de malas noticias. –le informó con voz ronca mientras sus ojos reflejaban desconfianza.

–¿Ah? –preguntó más confundido que antes, enarcando una ceja.

Cogió de las manos al más alto para obligarlo a ponerse en pie–. Tu sólo hazlo –le dijo al tiempo que lo levantaba. Sin soltarle de la mano, lo distanció del sofá unos pasos–. Habla ahora. –le animó con el mismo tono de voz.

–Eres raro –confesó al ver ese comportamiento. Se encogió de hombros y metió la mano en el bolsillo trasero de su pantalón–. Llevamos saliendo un tiempo y pienso que nuestra relación va bastante bien, pero… –alargó la frase al ver que las palabras no le salían cómo había planeado de alguna forma al ver esa expresión en el rostro del menor–. Nt, me lo imaginaba mejor, pero no soy bueno –se quejó de sí mismo. Sin más preámbulos, sacó del bolsillo de su pantalón lo que guardaba. Una cajita de terciopelo negra que mostró sin más miramientos.

–¿Qué es eso? –preguntó estupefacto.

El pelinegro se arrodilló, estirando la cajita hacia arriba–. Cásate conmigo. –miró con atención a Ritsu. Se había quedado de una pieza, no decía ni una palabra. Era como si hubiese enmudecido. Tras ese silencio incómodo, decidió continuar–. Sé que hemos vivido como un matrimonio hasta ahora. Y sé que la ley de aquí no lo permite, pero sé de un país en el que podemos… –fue interrumpido por el menor.

–¡Sí! –Se agachó con rapidez y abrazó al otro por sorpresa– ¡Lo haré, me casaré contigo!

Sonrió al ver la reacción de Onodera y correspondió el abrazo con más calma–. ¿No vas a ver los anillos?

–Después, ahora sólo quiero abrazarte hasta dejarte asfixiado. –confesó emocionado.

–Jouh –alargó la frase, ampliando su sonrisa– Algo me dice que está noche será algo más que pasional. –comentó gracioso.

–Puedes darlo por hecho –aseguró sonriente. Se separó un poco del abrazo para poder mirarle y darle un merecido beso apasionado. Tras romper el beso por falta de aire, juntó su frente con la del mayor–. Te amo. No sabes lo que esto significa para mí.

–Sientes la misma inmensa felicidad que siento yo. –respondió con una sonrisa. El menor le dio un beso y quitó las manos de la espalda del más alto, momento que el otro aprovechó para darle la caja.

El más bajo la aceptó ilusionado y la abrió, encontrándose con dos alianzas de oro. Se puso una de las dos alianzas con cuidado en el dedo de la mano correspondiente, como si con un mal movimiento se fuese a romper y estuviese temeroso de que fuese así–. Es precioso, desde ahora, lo llevaré siempre. –recibió un beso en la frente, por parte del otro, mientras él contemplaba su mano ahora. Con su otra mano, cogió con el mismo cuidado la alianza que quedaba en la caja y se la colocó a Masamune en su mano y dedo correspondiente.

Takano sonrió y volvieron a unirse en un abrazo cálido. Jamás pensaron que podrían ser tan felices. Masamune había luchado por su amor durante mucho tiempo y por fin había sido premiado. El esfuerzo y la espera sin lugar a dudas, habían merecido la pena.

En cuanto a Ritsu, no estaba seguro de que le depararía el futuro, pero esta vez, lucharía por estar siempre con la persona que más amaba.

FIN

Espero que os haya gustado esta historia, tanto a las personas que me leyeron y comentaron, como los que me leyeron y no comentaron. Este capítulo ha salido un poco más largo que los demás, pero no podía partirlo tampoco para hacer otro capítulo, ya que hubiesen quedado dos, demasiado cortos. No metí lemon porque desde el principio esta historia no le tenía, cuando es así lo pongo en la advertencia. Pero bueno, supongo que algo parecido a un lemon es lo que soñó Ritsu, ¿no?

Elarhy: Gracias por tu review y al final has podido ver que hizo Ritsu. No sé si te esperabas algo así, pero espero que la historia finalmente te haya gustado.

Gracias por sus reviews a todos los que me comentaron:

Guest, Takaita Hiwatari, Vat, Brokeen Youth, Cerezo 21, Karu–suna, Maruke, Laua, Elarhy y Juliex19.

Los reviews recibidos para este capítulo los contestaré por PM si son por Login. Eso es todo por ahora, cuidaos mucho y hasta otra historia.