Capítulo 8: Dudas

.

.

.

Encontró a Reborn justo en la puerta del local, y se alarmó al ver que tenía una pequeña herida en el rostro, a lo que el asesino le dio poca importancia pero él no dejó pasar.

Inmediatamente, le hizo entrar y pidió a Colonello un botiquín, ante lo que este rió debido a la preocupación que el castaño denotaba en sus orbes.

—No sé que clase de cuidador eres tú —le reclamó el azabache al rubio, mientras dejaba que Tsuna le curara la herida—. Te lo dejo cinco minutos y se te escapa.

—¿Qué querías que hiciera, kora? —cuestionó—. Cuando quise mirar, ya no estaba ahí. Al contrario que tú, yo estaba trabajando, kora.

—Deja de moverte —ordenó el castaño, viendo como movía su rostro para responder al militar.

—Está bien, chiquillo —sonrió, cediendo ante el menor—. ¿Desde cuándo eres enfermero? No me habías contado nada.

—Mi hermano solía hacerse más heridas que yo cuando se ponía a hacer algún deporte, a mí nunca me gustaron —respondió, sin dejar de centrarse en la curación—. Por eso, yo solía curarle... aunque no recuerdo quién me enseñó —le puso una tirita cuando terminó de desinfectar la herida—. Ya está.

—Una pregunta, chiquillo —Tsuna le miró con atención—. ¿Cuánto recuerdas de tu infancia?

—Lo cierto es que no mucho —respondió—. Apenas recuerdo a mis padres, y mi hermano me dijo que me di un golpe mientras jugábamos cuando tenía diez años —explicó—. Perdí algunos recuerdos, pero nada importante.

—Entiendo —entonces todo encajaba.

—¿Por qué lo preguntas? —castaño y rubio miraban con curiosidad al azabache, esperando la respuesta a la pregunta del menor.

Entonces el asesino empezó a relatar la razón por la cual había demorado tanto en regresar. Tsuna atendía con cierto deje pensativo, tocándose la cabeza con una expresión algo adolorida.

—No te fuerces —aconsejó Reborn, viendo que el castaño trataba de recordar algo respecto al joven que había atacado al sicario.

Estaba claro que se conocían. ¿Pero de qué?

—Es extraño, kora —habló Colonello—. Tal vez lo hayas conocido cuando eras niño y lo has olvidado, kora. Es lo único que se me ocurre, kora.

—No, mi hermano me ha dicho todo lo que olvidé y que aún no logro recordar —replicó—. Y nunca mencionó nada de ese chico, y además...

—¿Además? —instó el azabache, viendo que no continuaba.

Entonces el menor empezó a contarles su breve encuentro con Alaude, añadiendo que debería agradecerle la ayuda cuando lo viera de nuevo. Al describirlo, Colonello abrió los ojos sorprendido.

—Ese chico... lo he visto antes por aquí —comentó—. No sabía su nombre, pero frecuentaba este lugar. No era destacable pero tampoco jugaba mal.

—¿De verdad? —cuestionó—. Cuando lo veía, me daba la impresión de haberle visto antes... pero a la vez no sentía que le conocía...

—Aclárate —arqueó una ceja el sicario.

—Es... complicado de explicar —se sacudió sus cabellos castaños con frustración por no poder ser capaz de recordar.

Cerró los ojos con fuerza ante el dolor que le provocaba forzar su mente, con la intención de visualizar una imagen que pudiera darle alguna pista acerca de lo que estaba sucediendo.

—Ya te he dicho que no te fuerces —sintió un golpe ligero en la cabeza, y miró al azabache—. Solo te harás daño.

Tras vacilar unos momentos, finalmente cedió al aconsejamiento del mayor, suspirando con frustración. Tenía mil preguntas en su cabeza, y lo peor era que las respuestas a estas estaban en su memoria, en algún recuerdo sumido en el olvido.

—Por cierto, ¿recibiste mi regalo? —cuestionó divertido Reborn, con la intención de hacer que el castaño dejara de pensar en eso.

—Sí, ¿cómo demonios lo has hecho? No me di cuenta hasta que me cambié de ropa.

—No sería el mejor asesino del mundo si pudieras percibirme fácilmente, chiquillo —sonrió, molestando al menor.

—Dándote flores como siempre, kora —se cruzó de brazos el rubio.

—Presumido —Tsuna le dedicó una mirada molesta.

—¿Y cómo vas? ¿Crees que podrás ganarme? —claramente, las preguntas eran burlescas, algo que el castaño respondió con un puchero que pretendía pasar por un gesto de indignación.

—Sabes que no, kora —replicó Colonello—. Eres malo con el chico, kora.

Antes de que el menor pudiera agradecerle la defensa —si es que se le podía llamar así—, el rubio fue llamado para un pedido. Entonces el azabache propuso una partida en la que vería si había mejorado en algo, y se sentaron en una mesa cercana.

Tsuna se mentalizó los consejos de los ilusionistas, quien daba la casualidad de que tenían algunas nociones de los juegos de mesa como aquel. Contra Mukuro pudo siquiera rivalizar, pero Chrome parecía ser una auténtica experta. Esa chica no dejaba de sorprenderle, aunque claramente no tenía intención de comentárselo a Reborn, quien se burlaría hasta la saciedad.

—Esta vez sí te ganaré —esbozó una sonrisa, sabiéndose victorioso. Frente suya, el azabache arqueó una ceja.

—Pareces muy seguro, chiquillo —el menor tan solo sonrió más ampliamente, mostrando el trío que había conseguido hacer, ante lo que Reborn rió—. Lástima, he vuelto a ganar —sonrió con burla mientras enseñaba la escalera que poseía.

—¡No es justo! —se cruzó de brazos con un puchero.

Era el primer trío que hacía, antes tan solo había logrado hacer dobles parejas. La razón era que, cuando parecía que iba a ser capaz de conseguir una jugada mayor, daba la impresión de que el asesino leía su mente y le arrebataba las cartas que necesitaba.

Y lo peor era que le salían espléndidas jugadas que el castaño veía imposibles de hacer.

—Pensé que jugaba contra un chico de quince, no contra uno de cinco —se burló.

—¿Cómo lo haces para lograr eso? —señaló el juego de cartas que le había dado la victoria al azabache. Suerte que no apostaban nada, o ya estaría en bancarrota.

—En parte es porque eres un oponente muy fácil —Tsuna le miró con molestia—. Tus expresiones te delatan, es muy sencillo saber qué estás pensando.

—¿Mis expresiones? —ladeó la cabeza, confuso.

—¿Nunca has oído hablar de la cara de póker? —ante la pregunta, el joven negó—. Es cuando tu rostro no muestra ningún sentimiento, y por tanto, no muestras lo que piensas.

—¿Puedes saber qué pienso por mis expresiones? —preguntó sorprendido.

—Ese no es mi caso, yo directamente puedo leerte la mente —replicó divertido, haciendo que el castaño arqueara una ceja.

—No te creo —le dijo, incrédulo.

—Bien, pues piensa en algo y te diré lo que estás pensando —el menor aceptó y puso un dedo sobre sus labios, mirando a su alrededor para darse ideas. No quería ponérsela fácil.

Sintió quedarse sin aliento cuando vio una cabellera rubia sobresalir entre el cúmulo de gente que iba y venía, caminando en dirección contraria. No podía ser él, era imposible. Mukuro había hecho un magnífico trabajo imitándole.

Volvió a respirar cuando se percató de que el dueño de aquel cabello no era su hermano, sino un alto joven con un rubio similar al de Ieyasu.

—¿Estás bien? Parece que hubieras visto un fantasma —volvió su atención al azabache al ver como le pasaba una mano en frente del rostro.

—Sí... sólo pensé...

—¿Que era tu hermano? —Tsuna le miró sorprendido ante su interrupción.

—¿Cómo...? —intentó, pero fue interrumpido nuevamente.

—¿Cómo lo sé? —completó con diversión—. Te lo he dicho, puedo leerte la mente.

—¡¿Iba en serio?! —se levantó de su asiento exaltado, atrayendo algunas miradas curiosas.

—Lo tuyo no es el disimulo, ¿verdad? —rió al ver la cara avergonzada del castaño, que pasó a tener un matiz molesto ante sus palabras.

—Cállate —refutó, haciendo una mueca de enfado que solo lograba aumentar la diversión del asesino.

Ese chico no sabía que era un libro abierto para cualquiera que supiera ver con atención, por lo cual era extremadamente sencillo saber cómo hacerle rabiar o adivinar en qué está pensando. Y era tan ingenuo que estaba seguro de que, si le decía que el mar era amarillo con unos argumentos algo inventados, era capaz de creerle.

Sonrió divertido, tendría que probarlo.

—¿Qué estás pensando? No me gusta esa sonrisa tuya —declaró el menor, sacándole de sus pensamientos.

—¿Quieres saberlo? Puede que fueran cosas... inapropiadas para tu edad —apoyó su rostro en la abierta palma de su mano, sostenida por el brazo que apoyaba en la mesa, divirtiéndose con la expresión azorada del castaño.

—¡No quiero saberlo! —puso las manos frente suya, agitándolas con vehemencia.

—Pero ya que insistes, te lo diré —rió al ver el mayor azoramiento del castaño—. Estaba pensando...

Dejó la frase al aire mientras el joven se tapaba los oídos, cerrando los ojos con fuerza. Era una actitud sumamente infantil que se veía tierna en aquel rostro dulzón.

Minutos después el muchacho volvió a abrir sus orbes chocolate con cierta lentitud mientras separaba sus manos de la misma forma, mirándole con algo de sorpresa al no haber escuchado la continuación de la oración.

—Eres un ingenuo —se burló, recibiendo una mueca de molestia por parte del menor—. Estaba pensando en cuándo me vas a decir tu nombre.

—¿Mi nombre? —parpadeó—. ¿No te lo he dicho ya? Me llamo...

—Déjalo, no sabes mentir —sacudió su mano libre—. Ni Colonello se lo creyó, pero decidió seguirte el juego.

—¿Seguirme el juego? —cuestionó, en parte sorprendido pero también haciéndose el tonto.

—Sí, porque se notaba a leguas que te estabas inventando algo sobre la marcha —respondió—. ¿Y bien? ¿Me lo dices por las buenas o prefieres por las malas?

El castaño supo que no le convenía saber a cuál método se refería con "por las malas", a juzgar por su burlesca sonrisa junto a su mirada que prometía su diversión propia y dolor para el menor, añadiendo de que iba armado.

—Está bien, te lo diré —suspiró resignado, apoyando sus manos sobre la mesa—. Mi nombre es Tsuna —no mentía, sólo lo abreviaba.

—¿Tuna? ¿Atún? —dijo divertido, molestando al de orbes chocolate.

—¡No me llames así! —exclamó molesto—. Solo mi hermano lo hace —se defendió, cruzándose de brazos.

—Entonces... —la mano que no usaba para apoyarse se posó en su mentón, dándole un aire pensativo—. ¿Qué te parece Dame-Tsuna?

Su divertida sonrisa ladina no quería desaparecer de su rostro, menos al ver la actitud molesta del menor ante su nuevo apodo, diciendo mil y un razones por las cuales no quería que le llamara así.

—¿¡Por qué te empeñas en ponerme apodos?! —exclamó con enfado.

—Porque es divertido, Dame-Tsuna —respondió mientras jugueteaba con las cartas, barajeándolas.

—¡Que no me llames asi! —repitió por quinta vez.

—No me das órdenes, Dame-Tsuna —repitió el apodo solo para enrabietar más al joven, quien refunfuñó algo inaudible.

Indignado, el muchacho dio media vuelta y se perdió entre la multitud, pero al asesino no le preocupó demasiado. Sabía que no era tan tonto como para irse por su cuenta, pues corría el riesgo de perderse. Seguramente, iría al baño.

—Te diviertes mucho, ¿no, Reborn? —miró a su derecha, descubriendo a una mujer de cabello azul marino y orbes castaños, quien apoyaba una mano en la mesa con actitud desinteresada.

—Puede ser —dijo, mientras veía al rubio que atendía los pedidos sin percatarse de la presencia de la mujer—. ¿Vienes a vigilar a tu amorcito? Parece que se está divirtiendo.

—Ese idiota puede hacer lo que le dé la gana —replicó molesta, mirando con enfado como el militar estaba demasiado sonriente mientras preparaba una copa para una joven, quien vestía ropa muy ligera y portaba una sonrisa coqueta.

Reborn contó mentalmente hacia atrás, viendo como la entrenadora estaba por explotar en cinco segundos. Ni bien llegó al cero, Lal se encaminó con paso atemorizante hacia la barra, donde la muchacha se acercaba peligrosamente al rubio, quien trataba de alejarse, aunque en la opinión de la militar no hacía demasiados esfuerzos.

—Lo siento, pero yo... —murmuraba Colonello, poniendo las manos frente suya para marcar distancias.

—Está casado —el de orbes celestes y la joven pretendiente miraron con asombro a la mujer que había intervenido, quien no tardó en empujar a la chica y tomar la muñeca del rubio, enseñando la mano donde tenía un anillo de oro—. Ahora, lárgate.

Su mirada no daba lugar a réplica, y era sobretodo aterradora, asi que la muchacha se fue con la cabeza alta para mantener su dignidad.

—L-Lal... —tartamudeó Colonello, saliendo de su asombro—. Hola... kora.

Esquivó una patada voladora que pasó rozándole la nariz, y le hubiera dado un buen golpe en la cara de no habérselo esperado. Sin embargo, no fue capaz de evitar el rápido puño de su entrenadora, acabando con su cuello torcido hacia abajo y con un dolor de cabeza infernal.

—¡Eso duele, kora! —se acarició la parte adolorida, mirándole con reproche.

—Haberlo pensado antes de flirtear con esa tipa —se cruzó de brazos, importándole poco la opinión o refunfuños del rubio.

—¡Y tú deja de reírte! —Colonello le dedicó una mirada fulminante a Reborn, quien reía mientras se acercaba a ellos.

—Tendría que enmarcar este momento, lástima que no me haya traído la cámara —lamentó el azabache divertido.

—¿Qué ha pasado? —intervino una cuarta voz en la conversación. El castaño miraba con curiosidad a los tres mayores, sobretodo a la mujer que parecía estar de mal humor.

—Vaya, Dame-Tsuna, te has perdido un buen espectáculo —el menor le dedicó su mejor mirada asesina, ante lo que el azabache solo sonrió.

—¿Al final te ha dicho su nombre? —cuestionó el militar, sorprendido por el cambio de apodo—. ¿Cómo le has amenazado? El trato era que te lo dijera sin necesidad de usar tu pistola.

—Y no la he usado contra él —refutó—. Asi que ya sabes, mi expresso. Estás tardando.

—¿Habéis apostado? ¡Eso es injusto! —dijo incrédulo el castaño, viendo como Colonello chasqueaba la lengua y se ponía a preparar el pedido.

—Gracias a ti tengo expresso gratis durante un mes —sonrió más ampliamente Reborn.

—Siento interrumpir una conversación tan... interesante —intervino Lal antes de que el menor pudiera replicar—. Pero... ¿quién eres tú? —la pregunta era claramente para el castaño.

—¡Es verdad! No me he presentado —recordó—. Me llamo Tsuna, encantado —hizo una reverencia, sorprendiendo a la mujer.

—Eres muy educado, se nota que no eres de este barrio —comentó—. Yo me llamo Lal Mirch, encantada.

—¿Eres la famosa Lal? —preguntó Tsuna, haciendo parpadear a la militar.

—¿Famosa? —repitió intrigada.

—¡Sí! Colonello...

—¡Calla, kora! —fue interrumpido por un soldado rojo como tomate, y el azabache rió mientras tomaba un sorbo del café que le había sido entregado.

—Déjale acabar, idiota —el rubio recibió una colleja por su intervención—. ¿Y bien? ¿Qué va diciendo este de mí?

—Pu-pues está muy enamorado... dice que no ha podido encontrar alguien mejor... —tartamudeó, atemorizado por la mirada de Lal—. Aunque a veces das miedo, pero te quiere mucho...

La fémina se ruborizó ante las palabras del castaño y el de orbes azules no sabía dónde meterse.

—No veas cómo se pone cuando empieza a hablar de ti. Es un pesado —añadió el azabache.

—¡Reborn, kora! —exclamó Colonello, con un sonrojo que los tomates envidiarían.

—Idiota... —Lal le dio un suave golpe, aún con el rubor en sus mejillas—. Así no puedo enfadarme contigo, novato.

—¿Seguro que estáis casados? Parecéis novios no declarados —se burló el asesino, recibiendo miradas molestas por parte de los militares.

—Debe de ser bonito, ¿no? Se ve que sois felices juntos —comentó Tsuna con una sonrisa, avergonzando a la pareja aún más.

—Son muy empalagosos, no lo adornes —se quejó Reborn.

—Eso lo dices porque tú no te has enamorado nunca, kora —habló el rubio—. Te quiero ver cuando alguien haga el milagro. Será épico, kora.

—¿Reborn enamorado? Eso hay que verlo —rió Lal—. Tendría lástima por cualquiera que se acerque a quien le guste. Moriría a los cien metros.

—Pobre, no tendría vida social, kora —siguió el juego el soldado.

—Callaos de una vez —ordenó acabando su apreciado café—. Solo con veros a vosotros no me dan ganas de atarme a nadie. Suficiente empalagosos sois ya.

—Pues a mí me parece que hacen buena pareja —replicó Tsuna.

—Este chico me cae bien —sonrió la militar—. Pocos se atreven a contradecir a Reborn.

—No sabe ni lo que dice —refutó el azabache—. Es un crío.

—¡Oye! ¡Sé mucho! —exclamó molesto.

—¿Ah si? —se burló el asesino—. Bien, ya que tanto sabes, dinos, ¿cómo ha sido tu primera vez?

La pareja miró con incredulidad al sicario, como si no asimilasen lo escuchado, para luego centrar su atención en un confuso castaño, quien no se daba cuenta de a qué se refería.

—¿Mi primera vez? —repitió, ladeando la cabeza.

—¿Lo ves? No sabes nada —reforzó su comentario anterior, con una sonrisa divertida.

—¿Qué quisiste decir con eso? —exigió saber, con una expresión enfurruñada que, ante los ojos de cualquiera, era adorable pese a pretender pasar por molesta.

—¿De verdad quieres saberlo? —la sonrisa de Reborn se amplió, claramente divertido con el asunto—. Si insistes...

—Reborn, es un crío —le interrumpió Lal—. ¿Cuántos años tienes, por cierto? —miró con una ceja arqueada al menor.

—Quince —respondió algo sorprendido ante la mirada de incredulidad de la mayor.

—¿Quince? ¿Qué demonios enseñan a los niños ricos? —preguntó con asombro claro en su voz—. No saber eso con quince años es... increíble

—Es muy inocente, y creo que sería mejor que siguiera así, kora —opinó Colonello.

—¿Tú crees? Yo pienso que no es bueno el ser tan ingenuo —replicó Lal.

—Estoy aquí —recordó Tsuna, molesto—. ¿Se puede saber a qué os referís?

—¿No era que sabías mucho? —burló el azabache.

—Cállate —se cruzó de brazos, enfadado.

—¿De dónde ha salido este chico? No sabe ni enfadarse —comentó la militar.

—¡Eso no es verdad! —negó el aludido.

—Es un elemento único —respondió Reborn—. Es un chiquillo que se ha escapado de casa y que me debe la vida.

—Me lo recordará siempre —refunfuñó el menor.

—¿Tú, Reborn, salvando a alguien? —Lal estaba experimentando muchas sorpresas esa noche—. ¿Desde cuándo eres el defensor de los débiles?

—Desde nunca —negó—. Pero me daba curiosidad este crío, y lo cierto es que me divierte bastante.

—Eso es cierto, kora —afirmó el rubio—. Nunca lo he visto reírse tanto, kora.

—Se ríe de mí —se molestó Tsuna—. Adora hacerme enfadar.

—Es fácil y divertido, Dame-Tsuna —dijo el azabache—. Además, tu cara cuando tratas de enfadarte es muy graciosa.

—Eres... —dejó la frase al aire.

—¿Apuesto? Ya lo sabía —completó por sí mismo el asesino, molestando más al menor.

—Si que le encanta —murmuró Lal, divertida.

—Por cierto, Dame-Tsuna —el aludido solo suspiró resignado, rindiéndose ante el apodo que se le quedaría de por vida—. ¿No crees que va siendo hora de que regreses? A menos que no quieras dormir más que ayer.

Tsuna miró su reloj, dándose cuenta de que eran las cinco y media de la mañana.

—¡Tengo que irme! —exclamó preocupado.

—¿A dónde? —preguntó la militar.

—Está escapando de su casa por las noches, pero su hermano podría meterle en problemas si se enterase, kora —respondió su esposo—. Pero no conoce el camino, asi que Reborn le guía, kora.

—Entiendo —Tsuna se despidió con rapidez de ambos y tiró del brazo del azabache para que se diera prisa.

Recorrieron las calles con una velocidad mayor, pues el castaño sabía que sería sospechoso que pasara dos días seguidos sin dormir. Ieyasu no era tonto, y pese a que podría despistarle con una excusa una vez, no funcionaría dos. Asi que más valía que estuviera lúcido y descansado al amanecer.

—Tranquilo, siempre puedes decirle que no podías dormir, o que tenías pesadillas —calmó el asesino, viendo el nerviosismo del chico.

—Eso no funcionaría con mi hermano —replicó, caminando por delante de él, sin soltarle el brazo—. Me conoce muy bien, se daría cuenta de que es mentira.

—Pero ya le estás mintiendo y no parece darse cuenta —comentó pensativo, y se arrepintió de sus palabras al ver que el muchacho se detenía.

—Se dará cuenta, lo sé —dijo con tono lúgubre—. Pero eso lo sabía desde el inicio, asi que ahora da igual... ¿verdad? —dudó, agachando la mirada. El azabache se detuvo a su lado—. Aunque me siento mal porque él nunca me ha mentido, y yo...

—¿Estás seguro de eso? —interrumpió Reborn.

—¿Qué quieres decir? —alzó la mirada, desafiante—. Mi hermano nunca me mentiría.

—Y tú nunca le mentirías a él, ¿no? —el castaño apretó los dientes ante la ironía—. Piensa. Dices que te contó todo acerca de lo que olvidaste, ¿verdad? —el menor asintió—. Entonces, ¿por qué no recuerdas que saliste antes?

—¿Cómo estás tan seguro de que lo he hecho? —preguntó—. A lo mejor solo estoy confundido y no conozco...—la mirada de Reborn dejaba claro que eso no se lo creía nadie—. No... nunca lo haría...

Pese a sus palabras, su convicción era mucho menor que al principio, y las dudas florecían en su mente, destacando una entre todas ellas.

¿Era capaz su hermano de mentirle?

.

.

.


Salut lectores~.

Os traigo actualización de finde XD. Este lo he hecho mas largo, me he dado cuenta de que eran muy cortos para mi gusto XDDD.

Respondiendo a vuestros hermosos reviews.

Fiz-chan, me gustan tus teorias 7u7. Puede que estes bien, puede que estes equivocada pero me gusta seh.

¡Mis tartitas! —Martha-san le quita las 4 y le da un trozo pequeñito— Al menos me da algo…

Nah, eran mas cortos, yo tambien me di cuenta XD. Este si es mas largo n.n

Y como ya he dicho, me gustan tus teorias 7u7

Yi-chan, bueno, me alegro que te haya gustado. Si si, tengo que actualizar Travels más seguido que tengo muchas ideas… am, bueno, que yo no hago spoiler, no me gustan los spoilers XDDDD. Pronto tendras su actualización.

Dafnemm, si, escribo en Wattpad y aquí XD. Por cierto, ¿tu eres Daf-chan o es mi impresión XD?

Puede que vayas bien pero yo no digo nah XD. Y en cuanto a lo otro… bueno, quien sabe 7u7

Bien~ ¿Merezco review? ¿Disparo? ¿Tartita?

Au revoir, nos leeremos pronto~.

PD: ¡Es verdad! Casi se me olvida. Como Travels tiene 1k de votos (mi primera historia con 1k de votos. Shoro) voy a hacer un one-shoot (historia de un cap, para quien no lo sepa) de alguna pareja... Pero no se cual.

¿Propuestas? (Sí, pueden ser yaoi 7u7)