Capítulo 8
Señales
Me tapo con la falda como puedo y con el resto de mi ropa que está por el suelo. Me largo. No quiero mirarle, no puedo con la cara de vergüenza que se me ha quedado. ¿Cómo he podido caer nuevamente? ¿Cómo y por qué, no dejo de caer con este hombre? Era un juego que se está haciendo cada vez mas peligroso, que no puedo ya controlar y que me está sobrepasando.
Hablamos de Vegeta, esa persona que intentó matarnos a todos y que dejé que se quedara en mi casa por los dichosos androides. Pero esto... esto me supera. Quise jugar con fuego y me quemé de mala manera. Me acuesto con él, juega conmigo y encima me enamoro. No. No he podido decir eso, yo no estoy enamorada de él.
Todo está volviéndome loca poco a poco. Yamcha, el embarazo, el aborto, Vegeta... Aun tengo dolores en el cuerpo a causa de algún moratón por mi piel. Pero estar con Vegeta no es la solución a mis problemas con Yamcha, no se si es un problema peor incluso dado quien es.
Me meto en la ducha a pensar, recapacitar. Quizás debería irme unos días lejos, a algún sitio donde poder relajarme, tranquila y sin nadie que me recuerde los últimos meses aquí.
Podría ser una buena idea.
Cierro los ojos y me dejo llevar en el agua caliente, poco a poco me relajo sintiendo como el sueño me acecha y me recoge en sus brazos.
Me despierto cuando el frío empieza a molestarme, cojo la toalla y me la coloco en el cuerpo, lo mismo que con la del pelo, y salgo de la bañera y me siento en la cama. Miro el reloj, hora y media en el agua. ¡Madre mía!. Y hablando de madres quiero hablar con la mía.
Me visto poniéndome un chandal cómodo y llamo a mamá por teléfono, recordando que me dijo que se ausentaría. Sin embargo escucho el sonido en casa y cuelgo, comenzando a llamarla a gritos.
Está en la cocina, con Vegeta en la mesa y sirviéndole la comida.
-Bulma, cariño, ¿Dónde estabas? Vegeta está hambriento.
-Estaba... en la ducha, mamá. - consigo decir sintiendo un escalofrío de vergüenza por todo el cuerpo. Si mi madre supiera...
-Pobrecito, tenía mucha hambre. - Dice mi madre que no para de rellenarle como un pavo. - El día que tengas un niño serás más responsable, Bulma.
-Oye mamá, no tengo por que estar a cargo de este hombre. Demasiado hacemos dándole de comer.
Pero Vegeta interrumpe la conversación poniéndose de pie y dando un golpe seco en la mesa, que nos calló a ambas.
-Que yo recuerde me invitaste tu.
-Sí, pero eso no quiere decir...
-Si no quieres morir y que todo este estúpido planeta caiga, mas te vale que pueda entrenarme y comer.
-Tenemos a Goku al fin y al cabo.
Para que dije eso... En ese momento vi como a su alrededor un destello blanco se iluminaba y el viento nos iba a echar al suelo a mi madre y a mi.
-¿Crees que ese Kakarotto, podrá solo? Yo seré quien acabe con ellos.
-Bulma, tu padre me está llamando, no machaques tanto al pobre Vegeta.
-Mamá, ya basta de defenderle, parece que tu hijo es él.
-Bueno cariño, es como si lo fuera. - Me puse colorada como un tomate.
-¡Deja de decir estupideces, mamá!- Grité en furia enfrentándome a mi madre, dejando a Vegeta sin saber a que venía todo esto y extrañado por mi reacción.
-Me gusta mas que Yamcha.
-Mamá, ¡vete ya!
Mi madre salió de la cocina y yo hice lo mismo, sólo que un brazo me detuvo agarrándome el mío y me hizo girar bruscamente, encontrándome de lleno con la cara de Vegeta.
-Así que con Kakarotto es suficiente, ¿no? Confías demasiado en él.
Yo seguía en silencio, mirando al suelo mientras sentía como mi cara ardía.
-Algún día le mataré, así que no deberías tener tanta fe en ese imbécil.
Le miré, con un sentimiento que no podía describir, sin embargo me dolía que hablara así de mi amigo, el que tanto nos había ayudado siempre, y me solté de él bruscamente.
-Eres despreciable, no dejas de ser mas de lo que eres, un maldito simio.
Me soltó, sin embargo apenas pude percibir cuando el puño chocaba contra la pared que había a mi lado a escasos centímetros de mi. Se dio la vuelta y se fue, dejándome sola, extrañada, asustada... en shock.
Pasaron dos días, tres, cuatro, pero mi espera se hacía eterna y el príncipe no volvía. Se fue, se había ido por completo y no aparecía. Mi madre sabía lo que sentía, pese a parecer tonta de eso no tenía nada. Me pidió lo que yo pensé días atrás, que me fuera, que descansara, que desconectara de todo... que viviera tranquila unos días aunque sólo fueran. Lo hice. Me fui a un hotel con SPA e intenté desconectar de todo un poco, evitando pensar en Vegeta. Era imposible, mi mente lo tenía grabado a fuego, y mi cuerpo lo notaba, sentía sus caricias, sus arrebatos de pasión incontrolables, su brutalidad, y sentía como mi interior se estremecía ante eso.
Me fui a manos de un masajista y me dejé ir. Pero en cada caricia sentía a Vegeta, en cada movimiento eran las manos de él quien me recorría el cuerpo, pero con ese pensamiento me dormí durante el masaje. Poco después me despertó el chico y me fui a mi habitación. Estaba rendida, había sido un día agotador y el no hacer nada también cansa, algo que nunca había experimentado así.
Casi por impulso y sin saber muy bien por qué, llamé a Yamcha, y no me lo cogió, casi al momento agradecí que no lo hiciera, y me pegué mentalmente a mi misma por hacer aquella tontería. Me metí en la cama, me puse una película y me arropé. Cogí el teléfono y llamé a mi madre.
Hola cariño, ¿Como estás? ¿Todo bien?
Si. ¿Y tu como estás?- Realmente quería saber otra cosa.
Bien, aquí con tu padre que me tiene loca. - sonreí. - Y no, no ha venido Vegeta.
No he preguntado nada.
Te conozco hija.
Intenté desviar varias veces la conversación, pero mi madre me conocía demasiado bien. Sin embargo yo era Bulma, ¡Bulma Briefs!, ¿Cuándo yo me había venido a bajo por algo? Nunca. Ni cuando pensé que iba a morir en Namek me dejé intimidar... bueno quizás un poco si, pero le eché valor que es lo que importa.
Eso me hizo recordar el sueño que tuve con Vegeta, incluso antes de verle ya sabía como era por lo que comentaban de él. Ahora miro el presente y no logro entender en que pensaba cuando le invité a venir. Quizás fui una estúpida y una inmadura, una niña engreída que no pensó en las consecuencias, alguien que con su ego creía poder cambiar a una persona. Pensé que quizás si le daba calor y veía lo que era la humanidad él cambiaría, pero fui una ilusa, una estúpida niña que vio demasiados cuentos e historias de amor. Lo que me pasó con Yamcha. La chica loca se enamora del chico malo. Hoy día me doy cuenta de que la ficción y la realidad son dos cosas diferentes, que no puedo dejarme llevar y debo pensar las consecuencias de mis actos, y una de ellas es haberme enamorado de Vegeta. Quise enamorarle yo y acabé yo enamorada.
Ahora estaba sola, tenía claridad, podía pensar sabiendo que no me lo iba a encontrar en cualquier momento a la vuelta de la esquina. Ahora estaba sola con mis pensamientos y me aclaraba, aunque quizás lo mejor sería no haberlo hecho. Ahora podía reconocer a regañadientes y mientras las lágrimas caían, que estaba sufriendo por amor, y lo peor de todo es que era amor por alguien que no sabía lo que era ese sentimiento. No lo respetaba, no lo entendía, no lo conocía... simplemente se burlaba de el... de mi. Lo haría si se enterara. Por eso quería evitar seguir cayendo más y quería revertir esto lo antes posible. Quizás la frase de un clavo saca a otro clavo era la solución a mis problemas.
Mientras me estaba quedando dormida sonó el teléfono y casi sin poder articular palabra por el sueño, pregunté quien era.
-Bulma, ¿Me has llamado? - Yamcha me devolvía la llamada.
¿Era esta la señal que yo esperaba?
