Si soy sincera no esperaba recibir ninguna respuesta, lo que me hubiese permitido dejar la historia en el aire sin remordimientos de conciencia. Veo que sigue teniendo interés (la única forma de averiguarlo era preguntando) así que, dado que no me gustaría que a mí me dejarán con la curiosidad de saber cómo sigue, la continuaré. Eso sí, las actualizaciones van a ser muy lentas (el que avisa no es traidor).

Gracias por los comentarios (sois geniales). Espero que os guste el siguiente capítulo. Perdón de antemano por los posibles errores (y por el rollo que he soltado). Va por vosotr s Un saludo :)

Abrió los ojos, sobresaltada. Alguien acababa de lanzarle un vaso de agua sacándola de su ensueño.

—¿Pero, qué…?

—Ya era hora, Supergirl. Estaba empezando a asustarme.

Una mujer le habló a través de una mascarilla. Levaba una bata blanca y unas gafas de protección

—¿Dónde estoy?

Se incorporó lentamente. Estaba mareada.

—En uno de los laboratorios de investigación de L-Corp —respondió la mujer.

—Has entrado de forma triunfal —añadió un hombre de pelo canoso que sonreía alegremente.

—El chistoso es John y yo soy Helena. Has tenido suerte. La sustancia a la que has estado expuesta no es dañina. Eso sí, supongo que habrás tenido un sueño de ensueño, valga la redundancia.

—¿Sustancia? ¿Qué sustancia?

—Aún está en desarrollo, por lo que no tiene nombre, todavía. Ahora que lo dices deberíamos ponérselo. No sé cómo no pensé antes en ello. ¿Por qué llamarlo gas que sale de una rosa no es muy original, verdad? Demasiado largo. No sé, quizás…

—¡Espera! —lo interrumpió Kara—. ¿Has dicho sueño? No he tenido ningún sueño. Vengo de hablar con… ¡Oh! —exclamó—. Es imposible. Parecía real. No puede… ¿No era verdad?

—No, no hagas eso —la interrumpió Helena al ver cómo iba a retirar una lágrima solitaria que salía de su ojo—. Déjame a mí. No puedo hacerte daño.

La mujer se acercó a ella y colocó un pequeño frasco sobre su mejilla con la intención de introducir en él la gota salina. Una vez la tuvo en su interior lo tapó con rapidez.

—Aquí está todo —dijo, mientras balanceaba el frasco en el aire—. O al menos debería. La señorita Luthor nos está metiendo prisa, pero sabe tan bien como nosotros que lo que tenemos entre manos bien merece la espera.

Kara los miraba sin comprender una palabra. Sin embargo, algo le decía que no mentían y sentía curiosidad sobre su trabajo.

—Muchos antes que nosotros han intentado llegar al inconsciente humano —continuó Helena—. Freud decía que podía llegarse a él a través de los sueños. No obstante, nadie sabe con certeza cómo interpretarlos. Parecen una mezcla de la realidad que vemos, de la que oímos y de la que deseamos.

—Nosotros intentamos centrar el sueño solo en los deseos, pero no es sencillo —explicó John mientras Helena manipulaba una especie de caja en la que había insertado el pequeño frasco que contenía la lágrima.

— Vamos a ver qué hemos logrado —mencionó John con entusiasmo.

Kara se aproximó hacia ellos sin saber muy bien que iba a ver. Su sorpresa fue mayúscula cuando se observó a sí misma en la pantalla del ordenador. Aparecía en el balcón, tirada de mala manera sobre unas plantas de flores rosáceas. Miraba a su alrededor percatándose del desastre causado y se retiraba una flor de la cabeza con cuidado. Con la rosa en el aire, la figura de Lena hizo acto de presencia. Inició el filtreo tal y como Kara pensó haber vivido y el…

—Páralo —gritó al darse cuenta de lo que seguía. Eso era demasiado personal cómo para que lo vieran unos extraños. Helena la obedeció sin decir nada. Su reacción implicaba que la sustancia había surtido efecto.

—Nada era real —aceptó con tono desolado—. No lo entiendo. ¿Por qué iba a desear que la entrada en L- Corp tuviese como objetivo controlar el sistema de seguridad? Es absurdo. No vi nada cundo estuve aquí.

Las facciones de Helena y John pasaron de la alegría absoluta a una decepción palpable.

—Estuvimos hablando de ello mientras estabas inconsciente. Se han endurecido las medidas de seguridad. Nos han pasado un protocolo.

Le mostró varios folios con indicaciones al respecto.

—Justo le decía a John que me parecía excesivo, además de inútil. Si Lillian Luthor ha conseguido librarse de la cárcel qué le va a impedir entrar como Pedro por su casa. Esa mujer es despreciable.

John asentía con la cabeza. Después, abrió la boca para mostrar su opinión.

—La señorita Luthor no va a estar contenta con el resultado. El exterior sigue influyendo en las ilusiones de forma demasiado significativa. Además, en tiempo real. Debemos lograr la forma de aislar el compuesto de las interacciones exteriores.

—Necesitaríamos verlo entero —añadió Helena dirigiéndose esta vez a Kara. Señaló el vídeo en pausa—. No saldrá de aquí, te lo prometo. Créeme, no quiero tener a Supergirl como enemiga —sonrió levemente—. John se va ahora, ¿verdad, John?

—Sí, sí. No me necesitáis.

Recogió sus cosas del escritorio y salió con paso acelerado.

—Bien. Veamos qué es verdad y qué no.

La imagen se puso de nuevo en movimiento y Kara pudo observar con sus propios ojos lo que había sido tan solo una ilusión.

—¿Lo de Maxwell es real o solo una justificación del comportamiento de Lena?

—Me temo que es real. John entró en el laboratorio totalmente escandalizado. Luego te vio y por poco no le da un infarto. Las noticias vuelan, sobre todo si salen publicadas en uno de esos medios sensacionalistas que todo el mundo jura no leer.

—¿Para qué quiere Lena un compuesto capaz de conocer los deseos de una persona?

—¿No te resulta evidente? —cuestionó sin entrar a valorar lo que había presenciado. Era una mujer de palabra y ante todo, una científica, a la que solo le interesaban los hechos, los datos. Por ello, borró el video y se deshizo del frasco de cristal rompiéndolo ante la atenta mirada de Supergirl. No iba a quedar constancia de nada.

—No. Nada de esto me parece razonable —apostilló, señalando con los brazos todo lo que la rodeaba.

—Me parece que sabes la respuesta. Conoces a la señorita Luthor mejor que yo, ¿o no?

No iba con segundas intenciones, ni lo había dicho con maldad. La miraba con admiración, admiración que Kara creía que se debía al emblema que llevaba en el pecho.

—Ella siempre ha estado sola —continuó al observar que Supergirl estaba pensativa—. Rodeada de mucha gente, pero sola. Y su única familia, su madre… —se detuvo. Kara había abierto los ojos, comprendiendo.

—Busca saber si su madre la quiere de verdad.

—Los Luthor siempre han tenido una extraña manera de encontrar respuestas. Son personas ambiguas, difíciles de definir, llenas de capas de relleno. Cuando crees alcanzar su verdadera esencia, te topas con otra más. Es muy difícil poder conocerlas y ese aislamiento no las lleva por el buen camino. No se puede vivir sin amor. El equilibrio se rompe y el lado oscuro termina venciendo. Supongo que sabes a lo que me refiero.

Claro que lo sabía. Aún le dolía recordar las palabras hirientes que había dedicado a sus seres queridos y los actos que había cometido cuando sufrió los efectos de la exposición a la kryptonita roja. No podía pensar que así se sentía Lena gran parte del tiempo.

—Todos necesitamos que alguien nos sujete a este mundo, que nos ayude a mantener a raya a esa maldad que como humanos poseemos. No se trata de negar su existencia sino de ser capaz de controlarla. Solo la luz pone fin a la oscuridad. Lena necesita encontrar esa luz en sí misma. Y por lo que veo tú estás dispuesta a ayudarla.

—Ojalá todo fuera tan fácil.

No sabía en qué momento sucedió, pero allí estaba, hablando con una desconocida sobre temas de los que no solía hablar.

—Las cosas son fáciles, pero las personas nos empeñamos en complicarlas. Si te gusta alguien, díselo. Esperar no sirve de nada porque no estás esperando a la vida sino a la muerte. Si te rechaza, bebes un vaso de agua, para hacer el trago más ameno —concluyó con una media sonrisa.

—Así que ese aerosol, por llamarlo de alguna manera, te permite ver con imágenes los deseos de una persona.

—Algo así. Tan solo es un prototipo. Nos muestra la parte del iceberg que no se ve. Cuanto más selectivo sea mejor. Quizás nuestros actos se encuentran bajo ese mar que todo lo cubre. Pretendemos usarlo como una medida de prevención. Y si no es posible, como una ayuda para entender por qué hacemos lo que hacemos. Las emociones guían todas nuestras conductas. Podríamos hallar esa conexión entre pensamiento y acto.

—Y controlando los pensamientos se podrán controlar los actos.

—Algo así. No deja rastro, puesto que como has visto se elimina a través de las lágrimas. Solo queda una pequeña marca en la palma de la mano que se pasa en un par de horas.

Kara estiró su mano para comprobarlo pero no vio nada.

—Eres Supergirl —respondió Elena a su pregunta no formulada—. Solo hay dos formas de que penetre en tu cuerpo, si lo bebes o si lo inhalas.

—No…

—Las rosas sobre las que te has caído no son unas rosas cualquiera. Por eso están en vidrieras.

Kara contempló el balcón cubierto por trozos de vidrio. Las flores estaban desperdigadas por el suelo sobre una pequeña cantidad de tierra.

—No estás de acuerdo, ¿verdad?

—No. Las personas han de ser libres a la hora de decir lo que sienten. Nadie debería forzarlas.

—A veces el fin justifica los medios.

—No. Nunca lo hace. Pensar así es solo autoengañarse.

—Es fácil decir eso cuando eres prácticamente invencible. Tienes la oportunidad de elegir. Los humanos no. Somos presos de las circunstancias.

—Siempre hay una alternativa.

Helena desistió en su intento de convencerla de lo contrario. No iba a conseguir nada.

—No diré nada. Soy demasiado mayor para ello. Lo único que me interesa es la ciencia. Eso sí, la próxima vez ten cuidado. Me gusta observar las estrellas desde el balcón.

Era hora de volver a la D.E.O. Seguro que Alex estaría comenzando a preocuparse.

—Gracias. Supongo que sabes que voy a estar al corriente de todo esto —dijo Kara antes de marcharse.

—No esperaba menos.

Helena la vio remontar el vuelo y no pudo evitar suspirar.

—La capacidad de amar es el único poder que merece la pena tener.

John había vuelto y portaba varias cajas en las manos.

—Y nadie nos enseña cómo usarlo —completó Helena por él.

— No te preocupes, estará bien —añadió al ver la preocupación instalarse en su rostro.

—Sólo deseo que sea feliz. Es a lo único a lo que aspira una madre. Quiero que Lena sea feliz.