Como siempre sus comentarios me alegran, iluminan, modifican, de vez en cuando preocupan, y otras veces recuerdan la existencia de estos fics...
Pero el punto es que igual los amo. ¡A todos!
¡Disfruten!:
.7.
—Hmmmm... —murmuró semi dormido. Las sabanas lo abrazaron con fuerza como negándole el despertar.
Dos segundos pasaron, y el brillo blanco seguido de un sonido muy particular le hizo parpadear y enterrar con más fuerza la cabeza entre las cobijas. Minutos después de detuvo, pero no pasó mucho antes de volver a comenzar al instante.
—Ugh —se quejó. El teléfono brilló con más fuerza en respuesta.
Suspiró.
—Noche... Dormir... Matar... Bastardo... —declaró.
Estirando la mano Zoro palpó continuamente la mesita de noche al lado de su cama. Palpó, palpó y volvió a hacerlo hasta que por fin sus dedos chocaron contra la familiar sensación plástica del forro de su celular. Estaba frío, demasiado (inserte escalofrío aquí).
Lo atrajo hasta debajo de las sabanas con él y cerrando fuertemente los ojos por el brillo de la pantalla, deslizó el pulgar derecho en donde sabía que estaría el icono y esperó.
El sonido de zapatos de tacón al caminar sonaron al fondo y Zoro volvió a reposar su frente entre las sabanas.
Se quedó esperando en silencio con el auricular en su oreja. Casi un minuto después, y prácticamente dormido de nuevo, una voz sonó al otro lado.
—¿Monster...? —preguntaron con duda—. ¿Estás despierto? ¿Hey, imbécil si estás dormido por qué me contestas? —le gritó molesto.
Zoro murmuró algo in entendible y apretó los párpados con más fuerza. En estos momentos odiaba a su amigo. De verdad.
—Uhgggg —gruñó dejando caer el teléfono contra su oreja y volviendo a poner su mano derecha estirada frente a su cabeza. La voz de Blonde le hizo fruncir el ceño de molestia.
—Oy, ¡Oy! Despierta que tengo algo que decirte mal nacido. No, no te duermas. Para los ronquidos. ¡Monster! ¡Bájate de esa nube! —gritó con más fuerza de la necesaria. Oyó también el sonido de mujeres riendo y tal vez el chirrido de una silla al ser empujada, el sonido de la voz de Chewaka, como dicen muchos.
¿Acaso Zoro había pensado que le agradaba los cambios de humos de Blonde? Olvídenlo. Los detestaba.
—... ¿Qué? —preguntó luego de un rato y con la voz sorprendente mente ronca. Se dio cuenta que tenía sed. ¿Por la cocina parecía tan lejos repentinamente? Debía haber puesto un vaso de agua a su lado antes de dormir, lo sabía
—Gracias —soltó de repente haciéndole preguntarse si de verdad lo había escuchado o estaría hablando con otra persona—. Por todo, —aclaró Blonde, sí era con él entonces—. Por la sartén, por tu amistad, por escucharme cuando más lo necesitaba. Acabo de terminar el servicio y fue todo un éxito, estoy muerto en vida.
Una risa sin gracia vino al fondo y Zoro frunció el ceño por ello.
—Creo —dijo—, que estoy tan cansado que por eso no estoy pensando lo que ando diciendo, llevo más de once horas trabajando sin detenerme y más de tres días sin dormir nada. Tal vez estoy loco, tal vez la cafeína ya hizo efecto en mi cuerpo... No sé, pero aún sabiendo que debe ser como la madrugada por tu casa. Quería agradecerte.
Hubo un suspiro que resonó en el auricular, con tal cercanía que Zoro juró que podía escucharlo a su lado.
—Gracias...
Y colgaron, antes que pudiera decir nada y dejándole más despierto, apoyado en sus codos, y viendo a la pared frente a su cama sin saber qué pensar y mucho menos hacer.
—Yo debería ser el agradecido, Blonde... —murmuró tratando de volver a dormir. Cosa que resultó ser infructuosa, desastrosa y al final se encontró a las cuatro de la mañana semi despierto en su cama y sin tener un horario que le obligase a despertar temprano.
Afuera aún ni el sol había salido. Y ahora era que le faltaba.
—O tal vez no tantas gracias —murmuró entre dientes resignado a dormir y levantándose de la cama. Sus músculos de los brazos se quejaron del movimiento y una vez parado, frente a su cama, y sin nada que hacer comenzó la rutina de todos los días y fue al baño.
Ahí se lavó la cara, dientes y manos, y de repente, curioso, se detuvo con ambas manos ahuecadas y el chorro de agua abierto cuando se dio cuenta que no sentía tantas dificultad en el movimiento como antes. Con una idea en mente cerró el grifo y llegó hasta su cuarto donde tomó el teléfono de la cama y lo desbloqueó abriendo la cámara.
Volvió al baño, puso el teléfono recostado a la pared y se alejó unos cuantos pasos.
Se miró.
—No está mal —admitió con una media sonrisa luego de un tiempo. La panza seguía ahí, las piernas, papada y todo seguía ahí, excepto por una cosa, o mejor dicho dos: sus brazos. Ya no eran tan gruesos y grumosos, los levantó y movió de lado a lado y vio que la grasa se mantenía en su sitio con cada movimiento, no temblaba, al tocarlo tampoco se hundía con tanta facilidad el dedo.
Inclusive pudo jurar ver algún indicio de músculo cuando hizo las posiciones correctas.
Y la imagen... Le gustó, mucho. Le hizo sentir seguro de sí mismo de nuevo, menos como él.
—Me encanta —admitió para sí mismo. Caminó hasta el teléfono y lo bloqueó de nuevo sin uso. Estuvo a punto de volver a la cama como había pensado hacer minutos antes pero pensó en la hora. Y tal vez, sólo tal vez, una parte de él supo que quedarse en cama no cambiaría nada, o al menos no del día a día, al menos que él cambiara lo que hacía. Que dormir ahora o simplemente ponerse a jugar aunque fructuosos en un sentido, no traerían mayores ventajas a un futuro.
Que tal vez tenía un día completo por delante para hacer cosas que normalmente no acostumbraba a hacer por el bien de otro más. Que Blonde llevaba once horas trabajando en su sueño.
Y esa pequeña parte fue muy fuerte y decidida.
Por lo que media hora después, a un cuarto de hora para las cinco de la mañana. Con nadie en la calle, de noche aún, frío en cada aliento y sus pies protestando a cada paso. Zoro caminó fuera de la casa con zapatos de correr y un suéter con capucha ocultando sus facciones.
Tal vez mentiría luego de ser necesario, pero en un momento cuando supo que no había nadie que lo viera se quitó la capucha con cuidado, y no se sintió tan mal como pensó que sería.
Puedo hacer esto, se decidió.
—Lo odio —declaró Sanji golpeando la madera con su puño, más de un comensal se quejó por otra vez ese puto golpe, pero él siguió hablando como si nada—. Lo odio demasiado, es un hijo de puta desgraciado gamer, que no hace nada a parte de jugar y hacer esas putas traducciones entre Ingles y japonés, ¿sabías que él también habla español? —preguntó de repente, no esperó la respuesta—. ¡Lo habla! ¿¡Dime quién coño habla tres idiomas en estos días cuando sólo es necesario levantar un teléfono y ya?!
Tomó otro trago de alcohol, esta vez no frunció tanto el ceño como antes. Frente a él el cantinero hizo una mueca por la obvia aflicción del hombre por la bebida que él mismo había pedido.
—Y noooo, no puede ser sólo un desgraciado hijo de puta gamer y ya, también tiene que ser conocedor de kick-boxing y ser comprensivo hasta el punto de escuchar cada maldito problema que tengo apoyándome más de lo que ningún amigo lo ha hecho en años —gritó subiendo de volumen a cada palabra.
Su mano izquierda sujetó con más fuerza el vaso antes de llevarlo a su boca y vaciar el fondo de golpe.
—¡Otra! Por ese hijo de puta que ni siquiera tiene las bolas de decirme su nombre! —gritó colérico, sus largas y rizadas cejas fruncidas y la mirada aguada tal vez por tanta bebida, tal vez no. El cantinero, Kid, acostumbrado al señor Sanji que venía al bar siempre gritando y queriendo liberarse no se asustó. Pero el tópico de esa tarde en específico sí le hizo mirar al rubio sorprendido.
Llevaba demasiado tiempo conociendo al rubio como para estarse enterando en ese mismo instante de ese tal Monster.
¿Y quién creería que Sanji eran los del tipo de jugar juegos en línea? Kid sabía que ese era un gran material de chantaje, tanto que explicaba por qué Sanji venía a contarle sus problemas a él en vez de ir con algún amigo suyo.
—Aquí tienes —le ofreció un nuevo vaso de ron oscuro en silencio preguntándose la razón de estar tomando ese tipo de alcohol cuando su preferencia siempre había sido el vino. Se preguntó si tenía que ver con la razón por la cual que bebía en primer lugar. Sonrío por ello—. Pero ve más lento Sanji, no comprendo, ¿estás tratando de decirme que has estado hablando por un año entero con este tipo y no sabes nada de él, ni su nombre? —preguntó incrédulo y con burla. Los demás clientes del bar podían esperar, el chisme estaba demasiado bueno como para dejarlo incompleto.
Sanji lo miró entre sus párpados caídos y hebras de cabello, notó que movía los labios como si quisiera un cigarrillo entre ellos. Perdón amigo, reglas del Estado pensó Kid mirándolo.
—¡Eso es lo que te estado diciendo desde que llegué bastardo! —gritó, atrayendo la mirada de algunos hombres—. No sabemos nada uno del otro, ese fue el trato que hicimos al principio por seguridad.
—¿Y quien ofreció ese trato? —preguntó, sabiendo ya la respuesta. Sanji lo miró molesto antes de bajar la mirada, de repente deprimido y siendo toda la respuesta necesaria para Kid.
Le hizo la seña a un cliente que esperara un poco más y miró las hebras doradas del rubio con lástima.
—Pensé que eso era lo mejor... —murmuro aún viendo entre sus manos con tristeza—. Pero ahora creo que me arrepiento de haberlo si quiera propuesto.
Sanji suspiró, en su mente de verdad considerándolo así. Cuánto quería saber el nombre del hombre, se repetía en su mente a deshoras. Poder conocerlo, susurrarlo. Poder ponerle un nombre al responsable de sus emociones, no Monster, prque no era un monstruo para nada, era un ángel.
Sanji sintió sus mejillas arder por su último pensamiento y oyó a Kid reír encima suyo. El bastardo no se había movido de su lugar.
—Nunca pensé que te vería caer tan bajo Sanji —comentó con risa, el ruido lo miró una parte molesto y triste. Pensó que tal vez se refería al hecho de amar a un hombre y se corrigió negando—. No eso imbécil, me refiero en el amor. Jamás habría pensado que alguien, (hombre o mujer) lograría domarte tan efectivamente sin si quiera tener que tocarte. Ese es un logro enorme.
Caminó y guardó dos botellas desde detrás de la barra. Volvió limpiando un vaso de cristal con un trapo.
—Y lo admito: menos por un hombre —continuó diciendo—. Toda tu vida has sido hetero hasta la coronilla. Jamás te he visto si quiera tratar a una mujer ni la mitad de mal de lo que tratas a un hombre —levantó la mano cuando vio al rubio a punto de hablar, él cerró la boca al instante—. Sí, lo sé, ellas son hermosas y perfectas y hay que protegerlas. Pero es eso mismo Sanji.
Le señaló con el trapo, sabía que tenía que atender a otros.
—Si un hombre pudo hacerte caer así de feo por él sin ni siquiera tener interacciones de por medio, creo que es algo de lo que mereces aferrarte a.
Se fue después de eso. Sanji no levantó la mirada del vaso y su líquido dorado por minutos enteros. La risa de Monster, su timidez, sus insultos, la sartén, su presencia y los cambios que había traído en su vida. Ya no fumaba tanto, ya no se molestaba con la misma frecuencia con el mundo e inclusive habían pasado meses desde su última agresión a un mal cliente del restaurante (y no era por falta de malos clientes, porque de ellos nunca se escaseaba). Estaba feliz con su vida, coño, por fin sentía que podía admitirlo. Ahora disfrutaba más de los amaneceres, ahora sentía que su trabajo sí tenía un propósito al final de cada día. Estaba feliz, y no quería dejar ir a esa felicidad, al contrario: quería atraparla entre sus brazos y nunca dejarla ir.
No le importaba si era blanco, negro, ¡inclusive feo! Sanji ya se había imaginado todas las situaciones con Monster y no le importaba su físico, por un año entero el hombre le había enamorado por su personalidad y palabras; como se viera era irrelevante para Sanji. Le amaba, era simple. Pero necesitaba hacerle entender eso al jugador.
Decidido, Sanji subió la mirada y se encontró con un vaso de agua limpia a su lado y ninguna señal del cantinero. Sonrío, se tomó el vaso, y dejó la cantidad que debía pagar más su típica propina.
Claro, no fueron horas sino después que Sanji recordó la llamada borracha que le había hecho a a Monster cuando aún no había llegado Kid al bar y había estado bebiendo sin descanso por cuenta.
Decir que no salió de su casa por dos días de la vergüenza aún cuando sabía que no se iba a encontrar al jugador en la calle sería mentir. Él había estado enfermo, es lo que le dijo a sus amigos.
Zoro en su casa rió por esos mismos dos días al notar la ausencia de Blonde en la página, la llamada había sido demasiado buena y sin sentido (entre insultos y murmuros) y dudaba que fuera a ver señales de él por un largo tiempo.
Tres semanas después Zoro volvió a casa para encontrarse el teléfono sonando. Lo había dejado por accidente antes de salir y ahora vibraba boca abajo sobre su cama.
Limpiándose el sudor de la cabeza con una toalla y tomando del agua restante de su botella caminó hasta él y lo desbloqueó.
El mensaje era simple, corto y hasta confuso de alguna forma. Lo releyó tres veces para estar seguro y cuando quiso revisar quién lo había enviado vio que era de un número desconocido.
Lo dejó de lado sin pensarlo demasiado y caminó a la cocina pensando en qué comer. La pantalla se mantuvo iluminada unos segundos más antes de bloquearse, las palabras en ella más que una advertencia, siendo una amenaza. Para Zoro, u otra persona.
La queremos a ella. Entrégala.
Ten cuidado de los problemas, ellos no desaparecen, sólo hibernan.
Buenas buenas!
La historia sigue su rumbo y por fin pensé en el plot del siguiente capítulo!
No, no me morí, solo comencé a escribir (otra vez) sobre otras cosas.
Muchas gracias por sus comentario sobre! Saben que de verdad los amo.
Un CAP antes de que Sanji se entere del nombre de Zoro!
Bye...
