Prompt: #10 You say you're honest but love is for thieves.
Palabras: 451.
Advertencias: cambié el prompt por otra parte de la cancion xP.
—¿De verdad no recuerdas dónde los dejaste, Ed?
—No tengo la menor idea —resopló Edward al otro lado del teléfono—. Son tus pendientes. ¿Te los quitaste para darte un baño?
—No —respondió Winry con pesar en el tono de su voz. La idea de haber perdido tan a la ligera sus pendientes la carcomía—. Ed, lo digo muy en serio. La última vez estaban en mi mesita de noche. Tú entraste antes de irte para recoger tu maleta, los tuviste que ver…
Edward tardó varios segundos en responder, dejando que el silencio le diese a entender a Winry que estaba recapitulando los momentos de aquel día en Resembool.
—No recuerdo nada, Winry. Ni siquiera me fijé en lo que había.
Winry lanzó un largo suspiro de resignación, que Ed escuchó con interferencias a través de la línea telefónica.
—Los seguiré buscando. ¡Tienen que estar en alguna parte!
—Bueno… —comenzó a decir Edward, carraspeando un poco. Había un ligero brote rojizo sobre sus mejillas que Winry, por fortuna, no pudo ver—. Creo que se me ocurre un lugar en el que podrías buscar.
—¿Sí? —respondió con entusiasmo recuperado la joven.
—Creta.
Winry, desde la tranquila sala de estar, arqueó una ceja y su ceño se arrugó.
—¿Creta? ¿Qué quieres decir con eso, Ed? —increpó.
Edward bufó. Winry lo escuchó revolverse, donde quiera que estuviese sentado con el auricular, y mascullar.
—Que los pendientes podrían estar en Creta.
—¿Y podrías explicarme, Edward Elric, por qué mis pendientes estarían en Creta? —repuso ella, que empezaba a imaginarse lo que de verdad había sucedido allí.
—Quiero que vengas, Winry. No sabía cómo decírtelo…
—¡Habría sido tan sencillo como decir iWinry, ven conmigo a Creta/i, zoquete! —Edward apartó un poco el teléfono ante el grito enfurecido de Winry. Se ajustó el nudo de la corbata.
—Pero tú habrías dicho que no… —logró decir Ed en voz baja, casi inaudible.
—¡Por supuesto! Tengo mucho trabajo aquí, Ed. No puedo irme unos días del país así como así.
Edward se masajeó el puente de la nariz y se reclinó un poco sobre el escritorio, donde el teléfono estaba pulcramente colocado.
—Quería enseñarte el mar. Es increíble, Winry; no te lo puedes imaginar. Hay callejuelas con adoquines por toda la ciudad, flores en cada balcón y siempre huele al agua salada.
Hubo un silencio en el que sólo pudo escuchar la respiración lenta de Winry. Tras lo que parecieron largos minutos, la muchacha respondió entre risas y carcajadas suaves.
—¿Dónde tengo que ir a por mis pendientes?
—Cirenia, posada Hermes.
Con una sonrisa de satisfacción, Edward colgó el teléfono y se reclinó en la silla mientras jugueteaba con las pequeñas piezas de plata en su bolsillo.
En breves subo el siguiente y con eso acabamos la tabla.
