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Utopía
VIII
Dejó a sus amigos preparando bocadillos para los invitados, mientras ella maniobraba para llevar los vasos y el líquido. Salió de la cocina, encontrándose con un joven de cabello rojo, los cuales le caían en la frente otorgando una vista adorable a los ojos de la chica. Sonriendo con suavidad el muchacho le ofreció los brazos para cogerlos por ella y se encaminaron juntos a la sala de estar.
Sin embargo, Hermione fue consciente de lo que hacía el chico fuera de la cocina.
—Sabes, es de mala educación y pésimo gusto escuchar conversaciones ajenas.
—Pero si sólo volvía del baño —Se defendió al instante, demasiado rápido para ser creíble.
—Después hablaremos sobre esto —Advirtió, después de escuchar el timbre. Aunque sabía que lo dejaría pasar.
¿Quién rayos vendrá tan tarde? Se preguntó extrañada.
Pero al abrir la puerta, supo que era estúpido cuestionarse aquello, después de todo sólo Luna Lovegood creería conveniente llegar a semejante hora.
—Herms, cómo te extrañé —Le dijo con dulzura, al mismo tiempo que la abrazaba con fuerza —. Te ves muy guapa. ¿Quién es el afortunado? Veo muchos torposoplos volando alrededor de tu cabeza, ten cuidado, provocan que la gente se bese.
—Luna, hace tanto que no nos vemos. Te he dicho miles de veces que esos seres son mitológicos, no existen —Le respondió, omitiendo la última frase.
— ¿Luna? —Le preguntó una voz a sus espaldas a la rubia recién llegada —, ¿Qué haces aquí?
—Hola, Dean —Dijo simplemente —. Supongo que has notado que Hermione tiene un montón de torposoplos rodeándola, ¿Tú sabes quién es el muchacho que la cautivó?
Escuchó varias risas a sus espaldas, tapó su rostro con las manos y dejó a la pareja sola. Refunfuñó cuando se encontró con la mirada de Seamus, sus ojos brillaban con cierta satisfacción.
—Ambos sabemos que cuando Luna supone algo, nunca se equivoca —Declaró el hombre divertido.
—Oh, cállate.
La velada pasó sin inconvenientes, entre divertidas anécdotas del trío de Manchester, bromas de los gemelos, acotaciones extrañas de Luna y conversaciones entretenidas. Pasadas las dos de la mañana, y después de ordenar la sala de estar, se fueron a dormir.
Se despertó al escuchar la alarma, se acurrucó en el duro colchón e intentó taparse con las sabanas, pero lo único que pudo percibir fue la fría bienvenida de la alfombra de la habitación.
Luna nuevamente la había empujado lejos de la cómoda cama, adueñándose del confortable inmueble.
Suspiró y, dirigiéndose a la mesita de noche, tomó entre sus manos su móvil, apagando el estridente sonido. Calmada se encaminó al baño, para tomar una relajante y larga ducha, que bien merecida la tenía. Se atrevió a ignorar descaradamente el constante bullicio que provocaba su celular, presionando el botón que alargaría su momento feliz.
Al salir sus ojos se abrieron desmesuradamente, esto era algo que agradecía admirar. Sus hermosos y amables amigos le habían preparado el desayuno y la esperaban para poder devorar de forma ávida y voraz el delicioso manjar que estaba en su mesa.
El brillo en su rostro fue suficiente para que sus amigos no la molestasen con su vecino, sin embargo, aquello sólo duró en el desayuno, pues los chicos decidieron atosigarla cuanto podían con Fred, obligándola a admitir sentimientos que, según ella, no albergaba.
No obstante, se asustó al escuchar detenidamente los síntomas que, según ellos, padecía; coincidían perfectamente con lo que ella sentía y con lo que Fred le transmitía (en cuanto a señales)
Eso no quiere decir que te estés enamorando de él, estúpida Hermione Se regañó.
Quitó todo pensamiento de su mente cuando escuchó el sonido de su puerta, anduvo calmadamente, obviando el hecho de que los pitazos sonaban en reiteradas ocasiones, con cierto desespero. En el momento que abrió una delatora sonrisa se asomó en su rostro, al encontrar dos piscinas azules que le devolvían la mirada, traviesos.
—Hola —Saludó con más entusiasmo del que sentía antes.
—Hola a ti, nena —Le sonrió con coquetería —. Vengo a hacerte una interesante propuesta.
—Sorpréndeme.
—Tengo entradas para el concierto de R.E.M. Eran de un amigo, pero su novia se enfermó y no podía ir sólo; decidió vendérmelas, pues sabe que me gusta el grupo. ¿Te gustaría ir, Mione?
—Estás bromeando, definitivamente sí —Y adoptando una pose afectada, jugó con él —. Acepto esta propuesta romántica y apasionada.
Acercándose el muchacho, tomó su barbilla y la alzó.
—Podríamos hacer que este momento sea aún más maravilloso, y así contárselo a nuestros nietos, si nos besamos, con amor y babas de por medio.
Lo alejó de un manotazo y tiró de sus cabellos, juguetona.
—No te pases de listo, pelirrojo. ¿Cuándo y a qué hora es?
—Hoy a las nueve de la noche, pasaré por ti a las seis; hay que escoger buenos asientos.
—Por supuesto —Le respondió, mirando extasiada los boletos que reposaban en las manos del muchacho —. Muchas gracias por invitarme Fred.
—Gracias las tuyas, por supuesto —Expresó ufano, causando la risa de la mujer —. Bueno, nos vemos más tarde. No me extrañes.
—No te preocupes, no lo haré.
Cerró de golpe la puerta, ocultando el rostro ofendido del chico. Riéndose fue a su habitación, en donde se encontró con sus invitados discutiendo acaloradamente.
—Que sí.
—Vamos Seamus, ella acaba de llegar. No puede estar enganchada en tan sólo unas semanas. Le atrae, eso es obvio, pero de ahí a más. No sé.
—Estoy de acuerdo con Seamus, Dean. Herms está alegre y está sanado más rápido. ¿Viste cómo le brillaba la cara cuando hablaba con él o simplemente lo miraba?
—Debo aceptar que eso es completamente comprobable, pero no debemos dejarnos guiar por conjeturas y tendríamos que ser directos, preguntarle de frente.
Reparó en que era el mejor momento para hacerse notar.
—Muy sabio, Dean. ¿Qué preguntas tienen? —Les incitó, sarcástica.
—Vamos, cielo. No te enojes y admítelo —Le dijo Seamus, sonriendo socarrón —. Estás coladita por Fred Weasley ¿A que sí?
—Herms, sabes que te queremos y no queremos que estés obligada a decirnos. Pero tendrás que escupir si no quieres que el chico se entere de cosas algo vergonzosas —Amenazó sutilmente Luna.
—Sólo debo ser honesta, ¿No es así? —Esperó el asentimiento general y continuó —. No me gusta Fred Weasley, no siento nada por él, no me interesa en lo más mínimo en el sentido sentimental y no caeré por ese arrogante pelirrojo.
—Es una lástima que te mientas a ti misma, sólo porque no eres capaz de ser feliz. Supongo que es una especia de autocastigo ¿No? —Lamentó la rubia con un deje de pena.
—No es eso —Rugió furiosa.
—Debes ser sincera, Herms. Te fuiste porque el fantasma del accidente no te dejaba tranquila —Explicó Dean —. Cuando sonreías, apretabas los labios de inmediato. Cuando disfrutabas de los momentos, te enojabas contigo misma y te amargabas por estupideces. No fue tu culpa ser la única.
Seamus se acercó y la abrazó al notar que las traicioneras lágrimas se escurrían de sus ojos.
—Debes ser feliz. Sobreviviste por el esfuerzo de tus padres, ellos lucharon para mantenerte con vida después de la colisión, gastaron sus últimos alientos para dártelo a ti. Ellos no querrían que te negaras una oportunidad como esa.
Hizo una breve pausa y continuó.
—El chico es agradable y simpático, y puedo ver a leguas que te hace bien. Has confiado en él, y eso debe ser por algo. Lo quieres y lo sabes. Estoy seguro que aún sin conocerlo ya lo extrañarías ¿A que sí? Pero debes ser valiente, como la Hermione Granger que todos acá conocemos. Esa mujer que tuvo el coraje de marcharse, para ser independiente, para poder crecer y conocer por su propia cuenta. Te amamos, precisamente por eso te decimos todo esto; debes dejarlos marchar, debes darte un respiro, después de tanto dolor. Si quieres suicidarte, tatuarte o no sé qué ridiculez, sólo hazlo. Porque serás feliz y porque tú así lo decidiste.
La sostuvo con más fuerza cuando los sollozos se intensificaron.
—Llora lo que necesites, despoja todo lo que guardas y dedícate a disfrutar. Tendrás miedo y caerás, pero te levantarás, porque eres tú. No te dejes consumir, precisamente para eso te fuiste; que su muerte no sea en vano, cielo.
—Es tan difícil, es demasiado… —Pero no fue capaz de terminar.
Luna tomó su mano con cariño y besó dulcemente el dorso. Alzó la vista para mirar sus saltones ojos azules y sonrió entre hipidos al advertir que utilizaba sus pendientes de rábano.
—Las situaciones siempre se deben a algún factor desconocido, cosas que deben pasar para que todo esté bien —Citó Luna a su padre en un melodioso susurro —, tú vas a estar bien.
—Muchas gracias por todo chicos —Limpió sus mocos con la camisa de Seamus, causando las risas de los chicos —. No sé qué sería de mí sin ustedes.
—Probablemente no sobrevivirías —Observó Dean muy pagado —. Si bien acabamos de darte nuestra bendición, queremos saber cómo te sientes cuando estás cerca de él. Sólo para comprobar algo.
Tomó aire, para conseguir algo de valor e inició su explicación.
—Es divertido rondar a su alrededor, siempre tiene una broma o un comentario sarcástico que te hace reír, aún así no resulta molesto. Tiene demasiados conocimientos en su retorcida mente, puedes hablar con él de lo que sea. Derrocha simpatía, es muy popular en la universidad por su agradable trato. Te induce a cometer locuras, a vivir cada momento con adrenalina; he hecho cosas que nunca antes se me hubiesen ocurrido hacer. Asegura lealtad y, por ende, podría confiarle cualquier cosa. Es muy atractivo, a pesar de tener un hermano idéntico, él me resulta más guapo.
Exhaló al notar el modo en que describía a Fred.
—Me siento cómoda con él, no tengo que pensar qué hacer o qué decir; casi como si estuviese con ustedes. Puedo dar rienda suelta a mis emociones. Soy completamente espontánea al accionar, no pienso demasiado cuando está cerca; eso es otra cosa, me distrae constantemente, no puedo analizar con claridad, apenas sí puedo respirar. Es como si la Hermione Granger de siempre estuviere de vuelta, riendo, disfrutando, bromeando. Por todos los cielos, incluso he coqueteado con él.
Escuchando el jadeo de los presentes, inspiró para continuar.
—Físicamente es complicado. Se me corta la respiración de golpe y, en un segundo, se acelera. Las piernas me suelen fallar y las manos me sudan, y tiemblan también. Me mareo con su perfume o su aliento; tal vez soy alérgica. Unos odiosos gusanos se mueven en mi vientre cuando me toca y un grotesco monstruo se remueve cada vez que me defiende o me halaga. Es extraño, pero mi corazón se acelera cada que está próximo, de un modo alarmante.
Esperó pacientemente a que sus amigos explicasen los extraños síntomas, aún si ella tenía una ligera sospecha de lo que significaba.
—Estás completa e irrevocablemente… —Comenzó Seamus, perplejo.
—Profunda y hermosamente… —Agregó Luna con una mirada soñadora.
—Enamorada de Fred Weasley —Concluyó Dean atónito, al igual que todos los presentes.
—No —Carraspeó al fallarle la voz —. Eso es imposible, no. Lo conozco hace cosa de un mes y fracción. No puede ser. Nunca me he enamorado.
—Siempre hay una primera vez —Acotó Dean.
—Compruébalo —Retó la chica rubia con su dulce voz —. Debes estar segura que lo que sientes y las causas de ello. Definitivamente tendrás que comprobarlo.
— ¿Cómo lo haré?
Las macabras sonrisas no auguraban nada demasiado placentero.
El timbre interrumpió su meditación, obligándola a reaccionar y, más nerviosa de lo normal, recibió a su pelirrojo vecino. Se sonrojó ligeramente al notar que el joven se veía realmente apuesto. Con unos jeans desgastados, una camisa cuadrillé con tonalidades en rojo, unas zapatillas negras raídas y un encantador gorro negro, que dejaba ver los mechones rojos que caían graciosamente sobre su frente.
Definitivamente he muerto y estoy en el cielo. Sacudió la cabeza para despejar su mente de los inoportunos pensamientos.
—Wow, creo que nuevamente me has deslumbrado —Halagó el muchacho con sus orbes cielo irradiando luz —. Estás jodidamente exquisita.
—Me alegra que te sea apetitosa, pero no vamos a comer. Quiero ver a Michael Stipe bailar y cantar, aquello no tiene precio —Dijo, seguido de un profundo suspiro.
—No te emociones mucho, es un total mariquita —Le dijo serio —. Yo sí soy un íntegro macho.
Rió divertida, pero decidió molestarlo un rato; después de todo un Fred fastidiado le alegraba el día y le ayudaría a despejarse.
—Vamos, puede que haya declarado su homosexualidad, pero eso no quita que se vea bastante sexy, en especial cuando baila —Bailó las cejas sugestivamente, como para dar énfasis a su frase.
—No puedo creer que te atraiga un calvo viejo, quien además es gay.
—Ya te dije, obviando el hecho de que es homosexual, es demasiado guapo para ser ignorado.
Fred soltó un bufido y guardó las manos en los bolsillos del pantalón. Cuando llegaron al estacionamiento, se subieron a una camioneta vieja que Hermione había admirado antes; es que era tan antigua. Gruñendo incoherencias, de la que sólo pudo entender un "Calvos homosexuales…yo estoy mejor", el chico hizo partir el auto.
Se dedicó en exclusiva a molestar al muchacho, irritándolo aún más. Es que era tan satisfactorio devolver las jugarretas.
Cuando llegaron, el joven le abrió la puerta y le sonrió con mofa.
—Tal vez si me comporto como marica me aceptes —Fue toda la explicación que dio, aligerando el ambiente notoriamente.
La gigante mano de Fred engulló la suya al entrar al recinto, después captó el por qué de esta acción. Estaba abarrotado de gente, por todas partes y de todo tipo de personas, ahora recordaba el motivo por el cual declinaba ofertas como estas, era demasiado caótico.
—Vamos, tenemos que hacer la fila —Le dijo al oído para hacerse escuchar entre tanto bullicio. Provocando las reacciones que le describió a sus amigos.
Fred la situó atrás de su ancha espalda, para protegerla de cualquier inconveniente. Caminó atravesando la marea de gente que esperaba ansiosa su turno, comentando sus canciones favoritas o lo que acontecería en el concierto. Cuando sintió que no podía seguirle el paso a su acompañante, resolvió tomar al chico por los hombros, de este modo podría estar pegada a él y no se extraviaría.
Llegaron a un sector que estaba algo despejado, se situaron rápidamente en la fila y no tuvieron que esperar mucho para entrar a la zona donde estaban las sillas.
—No puedo creer que para éste asiento haya tenido que pagar tan poco —Dijo Fred maravillado del lugar en el que estaban.
—Tu amigo es un ángel caído del cielo, estos asientos son los mejores —Concedió la castaña observando a su alrededor.
— ¡Hey! Quedamos en que yo sería gay para atraer tu atención. Intenta, al menos, no fijarte en otro.
—Mis disculpas.
Riendo y hablando esperaron a que comenzara el espectáculo. Agradecía que fuese Fred su acompañante y no otro, si no las largas horas de espera serían tediosas.
Se apagaron las luces, interrumpiendo la charla sobre sexualidad, dando paso a vítores e incansables aplausos. Hermione no podría estar más complacida con el cambio, sentía toda la sangre acumulada en sus mejillas. Cuando la música comenzó a sonar, gritó a pleno pulmón y se dedicó a disfrutar.
Ya es hora de que seas feliz, Granger.
Salieron con los rostros radiantes, con las gargantas adoloridas de tanto cantar y gritar, con los ojos emocionados por el espectáculo que pudieron presenciar y con las manos inconscientemente tomadas.
—Te dije que aunque fuese gay, ese hombre es gloriosamente orgásmico.
— ¿Orgásmico? —Preguntó divertido.
—Sí, es una palabra que resume bastante a algo o alguien… indescriptible.
No le importó que el chico se burlara de su inusual término, tampoco le importó que, cuando llegaron al departamento, éste tomara nuevamente su mano y subieran las escaleras de este modo.
—Aclárame algo, Fred. ¿Esto fue una cita o una salida de amigos? —Cuestionó insegura de querer saber la respuesta.
— ¿Qué quieres que sea, nena? —Murmuró con las manos acariciando sus mejillas —. Y por favor respóndeme.
—No estoy muy segura —Farfulló, de repente sus manos eran más interesantes que los profundos pozos azules de su vecino.
—Mírame —Le dijo Fred con suavidad.
Para su propio disgusto obedeció al instante, cediendo ante los deseos del hombre. Se le cortó la respiración al ver que sus cielos estaban refulgiendo de manera cautivante, ojos que la miraban sólo a ella. Ahora.
En el instante en que los brazos del chico rodearon su cintura y la estrecharon con suavidad, un jadeo se escapó de sus labios, avergonzándola. Sus piernas le fallaron, forzándola a sujetarse de los hombros de su acompañante, quien, a su vez, afianzó su agarre.
Se miraron durante una eternidad, estudiándose, conociéndose, comprendiéndose. Nunca se cansarían de leerse mutuamente, con una facilidad que resultaba inusitada. Y es que cada vez que entraban en contacto directo azul y marrón, todo se estabilizaba y se desequilibraba de modo simultáneo, resultando contradictorio.
Pero no importaba, porque era un momento feliz y eso era todo.
No percibió que la respiración del muchacho se había acelerado, que podía sentir el latido de su corazón golpear furiosamente su mano. Tampoco notó que las grandes manos que la sujetaban temblaban ligeramente y tampoco notó que un suave sonrojo adornaba las mejillas del joven.
Sólo era consciente de esa llamativa y cautivante mirada, que podía desencadenar una serie de febriles reacciones en su cuerpo y un mar de confusiones en su mente.
Estaban tan cerca, era cosa de moverse tan sólo un poco.
—Respira, preciosa —Le susurró Fred contra sus labios, pero su aliento, adentrándose en su boca, sólo consiguió que cerrara los ojos, dejándose llevar.
Y fue cuando escuchó el canto de los ángeles.
Esos sedosos labios debían estar prohibidos en la tierra, no podía ser algo terrenal; era demasiado divino. Se movían con maestría sobre su inexperta boca, pero no le importó; sólo deseaba que no se detuviere nunca, podría estar pegada a él, por el aliento, para siempre.
Creo que me voy a orinar Pensó inconsciente e incoherente.
Movió sus manos, involuntariamente, hasta las hebras rojas que tanto le gustaban y las acarició con paciencia, dedicándose a rozar con las yemas la nuca, enviándole al chico corrientes de placer por la columna.
Un temblor la recorrió por completo al notar las suaves caricias de esas maravillosas manos en su espalda; pegó su cuerpo al del chico por instinto.
Fuegos artificiales y estrellas la rodeaban. Azúcar, flores y muchos colores.
Y un montón de torposoplos.
Gimió despacito al notar el calor que irradiaba aquella anatomía de infarto y jadeó cuando su lengua recorrió lenta y sensual su labio inferior, pidiéndole permiso.
Oh, eso fue jodidamente perf…MALO, muy malo Herms Se dijo mentalmente, con reproche.
Empujó el musculoso torso lejos de ella y le pegó una débil cachetada. Ambos respiraban agitadamente y se sentían demasiado acalorados.
— ¿Pero qué demonios crees que haces? —Chilló alterada.
—Besarte —Respondió con una sonrisa extasiada en sus labios. Sus pupilas se encontraban dilatadas y sus labios tenuemente enrojecidos por la presión.
— ¡Y lo dices así! —Le espetó avergonzada —. Podrías pedir permiso, ¿No crees?
—No vi que te quejaras, la verdad.
—Me pillaste desprevenida —Mintió penosamente.
Fred bufó divertido, realmente gozaba de la situación. Aún más después de besarla, se sentía en la gloria.
—Entonces no me apartaste antes por…
Silencio.
—Al menos admite que te gustó.
El furioso rubor que cubrió el rostro de Hermione la delató, sin embargo se permitió mentir para salvar su dignidad.
—No te creas la gran cosa, pelirrojo —Le dijo con total descaro. Sólo esperaba que no percibiere el descontrolado latir de su corazón, el cual retumbaba escandaloso.
—Supongo, por lo tanto, que el temblor fue debido a la repugnancia de mis labios sobre los tuyos. ¿A que sí?
—Oh cállate.
Tapó sus ojos con las palmas y dejó al descubierto los brillosos labios. Lamió estos para quitar la humedad que Fred había dejado en ellos.
Se sobresaltó al escucharlo jadear y lo miró fijamente.
—Si no quieres que te devores —Dijo bajo, con la voz estrangulada —, al menos ten la decencia de no hacer eso.
—¿Y es mi culpa? —Exclamó indignada.
—No puedo creer que sólo eso hayas captado.
Rayos, definitivamente me orinaré en los pantalones Se dijo después de captar el mensaje.
Lo perforó con sus chocolates ojos un buen rato, finalmente resopló disgustada y se despidió estoica.
—Gracias por lo de hoy. Nos vemos mañana.
—Procura no destrozar nada —Se burló Fred al notar lo incómoda que se encontraba, eso la volvería más torpe —. Y recuerda que mañana nos vamos juntos, George se irá con Angelina.
Asintió distraída y entró rápidamente a refugiarse en su hogar. Cerró los ojos con fuerza al caer en la cuenta de algo.
Al final, había tenido la oportunidad de comprobar lo que sentía y el resultado solo logró agitarla.
—Me gusta Fred Weasley. Mi sistema límbico reaccionó al fin, y es para darle la bienvenida a Fred a mi mundo.
Sus amigos que observaron y escucharon todo, asustados por su insólita llegada, comprendieron la razón por la cual la chica estaba tan alterada, a pesar de tener un modo bastante peculiar de darlo a entender.
—Finalmente logras darte cuenta —Mencionó Seamus con humor, atrayendo las miradas de los presentes con claras intenciones de matarlo telepáticamente —. Mejor cierro la boca.
Se enfrascó en la narración de su tarde y cuando llegó a la parte del beso, tuvo que poner sus manos frías en las mejillas. Debía aceptar que la historia era bastante graciosa, por lo que no regañó a nadie por reírse, no obstante, se mantuvo seria.
— ¿Qué harás, cielo? —Interrogó Seamus, tranquilo.
—Como le dije a Fred, no tengo ni la menor idea —Se encogió de hombros, intentado restarle importancia al asunto.
¿A quién intento engañar? Qué ingenua he sido.
—Disfrútalo, es maravilloso tener a alguien con quien compartir —Le recomendó Luna, tomando la mano de Dean —. Ya decía yo que tenías varios torposoplos volando a tu alrededor.
—¿Pero él sentirá…
—Eres tan ridícula —Interrumpió Dean riendo —. Por supuesto que siente algo por ti. Dudo que no te hayas fijado.
—Sí, pero puedo estar malinterpretando…
—No lo estás haciendo —Afirmaron los tres con vehemencia.
— ¿Qué debo hacer? Es decir, le gusto y él me gusta —Carraspeó cuando sus labios temblaron para dejar asomar una acusadora sonrisa.
—Y eso es todo. Deja que las cosas sigan su curso. Y si te besa, sólo correspóndele —Le dijo una pícara Luna.
Se rió sin motivo alguno, sentía su corazón a punto de explotar. Sus amigos la siguieron y se dedicaron a conversar sobre el concierto, después se preocuparían de la boda que Luna tenía en mente para Hermione y Fred.
Después de desayunar y besar las mejillas de sus tres durmientes huéspedes, salió del departamento y tocó el timbre de la puerta 53, de inmediato se abrió, mostrando unos divertidos ojos azules.
—Buen día, George.
—Buenos días a ti, damisela —Le besó la mejilla y aprovechó para susurrarle al oído —. Fred no ha dejado de sonreír como idiota y ha estado canturreando canciones de The Beatles y de R.E.M. ¿Qué le has hecho?
Solo atinó a ruborizarse y a mirar sus bonitos zapatos marrones. Se resignó cuando, al levantar la mirada, George seguía esperando una respuesta.
—Debe haberte contado. Por favor no me obligues a decirte.
Escuchó la ronca carcajada de George y le sonrió travieso. Entornó los ojos al descubrir que le había tomado el pelo.
—Lo sabías.
—Por supuesto, Fred debe expresarse, y ayer estaba tan eufórico que tuve que prestar atención para entender lo que me quería decir.
—Demonios, creo que moriré de vergüenza.
— ¿Te arrepientes? —Pero tuvo que repetir la pregunta; Fred gritó a todo pulmón la última estrofa de Bad Day, en la ducha —. Quiero decir, si lamentas lo que hiciste ayer.
Lo miró atentamente, y se percató que en sus ojos estaban nublados por la preocupación. Frunció el ceño al cuestionarse la razón de ello.
—No, no me arrepiento —Antes de que pudiese decir algo, lo silencio con un golpe en el estómago —. Pero guárdame el secreto.
— ¿Porqué? Pensé que ahora serían novios y blablablá.
—Debemos aclarar todo para empezar a salir —Le dijo, dándole énfasis a la última parte —. No es tan fácil como se pinta.
—Por supuesto que sí, sólo disfrútalo.
Sonrieron, él porque su hermano estaría bien con ese ángel, sanaría a su lado. Y ella porque le sonaba irónico que todos le aconsejasen aquello, no obstante seguiría la sugerencia como si fuese su lema.
No des vueltas al pasado, pues no lo puedes cambiar; que no te agobie el futuro, pues no sabes si llegará; disfruta del presente, no lo dejes escapar, porque cuando se vaya, jamás volverá.
Muchas gracias por leer. Lamento la tardanza, pero Mujercitas me cautivó y no me pude desprender del libro hasta terminarlo.
Que hermosa historia.
Como sea, debo decirles que no tenía muchas ganas de escribir, de hecho lo hice dos veces y el capitulo no me convenció; los borré sin piedad. Bueno, como decía, esto es por lo que pasó en Chile. Somos oficialmente un país con mala suerte. No quiero darles la lata de que en un minuto se te va la vida y blablablá. Pero la síntesis de lo que les aconsejo está en la frase final, espero los guíe.
Ok, dejando de lado el melodrama. Soy tan feliz de actualizar y de ver que les gusta la historia. Sin embargo, alguna queja, sugerencia u otro, me encantaría me lo hicieran saber. Si gustan, por supuesto.
En un review leí que querían a Luna, ahí la tienen, loca y encantadora como siempre. Dejé plasmada la idea de lo que ocurrió con Hermione, pero será explicada más a fondo cuando tenga la charla con Fred.
Oh, sagrados calzones de Buda. Ya deseo escribirlo.
Bueno, eso es todo por hoy. Espero les haya gustado el capitulo, de ser así favor de hacérmelo saber.
Saludos, besos y nerds para todas (¿A quién no le gustan los nerds? Hereje para ti de no ser así :D)
Lizzie!
