Gryffindor y Slytherin
Capítulo 8 – Mundo de cartón
A Vince y Greg los había echado media hora antes del dormitorio, ninguno de los dos había protestado… sabían muy bien que no les convenía. Draco estaba sentado en la cama apoyado en el respaldo, tenía un libro abierto en las manos pero poco era lo que había leído… aguardaba el regreso de Blaise.
En un momento oyó gritos y risas que venían de la sala común y se bajó de la cama para ir a ver qué era lo que pasaba, pero no alcanzó a llegar a la puerta porque Blaise entró antes.
—Ah… estabas acá, te estuve buscando… —empezó a decir pero Draco lo interrumpió.
—Te vi con Smith. —lo acusó.
La sonrisa de Blaise se esfumó y dejó oír un sonoro suspiro. —¡Mierda! —murmuró apartando la vista.
—¿Eso es todo lo que pensás decir?
—¿Y qué más querés que diga? —contestó Blaise sin acritud— Podría decir que es un alivio, al menos a partir de ahora voy a poder hablar con vos al respecto.
—¿Hablar conmigo al respecto? —repitió Draco— ¿Qué te hace pensar que yo pueda tener interés de hablar al respecto? Me mentiste. Te pregunté si estabas viendo a alguien y vos me aseguraste que no. —le recordó.
—No fue exactamente así… técnicamente yo no te mentí. Lo que yo dije es que vos podrías estar equivocado si asumías que yo estaba viendo a alguien. —Blaise hizo una pausa— Cualquiera diría que estás celoso, Draco.
—¿Celoso yo? ¡Qué más quisieras! Pero me resulta increíble que hayas estado ocultándome esto durante… ¿durante cuánto tiempo, Zabini?
—Desde julio. —respondió Blaise, soltó otro profundo suspiro y fue a sentarse a su cama.
Draco lo siguió pero no se sentó, la hostilidad de la mirada se le había incrementado.
—¿Julio? ¿¡JULIO?! —bramó.
Blaise le frunció el ceño, pero se armó de paciencia y agregó: —Me lo encontré en el festival de Santa Rosalia, en Palermo. Eso ya lo sabías.
Draco tuvo que asentir admitiéndolo. Era un festejo en conmemoración de una santa muggle que había salvado a la población de una enfermedad. —¿Qué carajo estaba haciendo Smith en Palermo? —demandó.
—Había ido allí con sus padres. Yo estaba sentado en la terraza del restaurante Nonna, era el primer día del festival, y lo vi pasar. Lo cierto es que me puse muy contento de ver a alguien de Hogwarts… lo llamé y lo invité a tomar algo.
—Y fue así que iniciaron una tórrida aventura amorosa, estilo siciliano. —dijo Draco sarcástico, sin lograr disimular el intenso disgusto.
Blaise sacudió la cabeza y sus rasgos adquirieron una expresión divertida. —No fue para nada así… su padre es un herrero mágico, fue a Sicilia para asistir a un curso con el maestro Cellini… que para tu información, es descendiente del gran Benvenuto… pero eso es otra cuestión. Zacharias no conocía a nadie así que se lo presenté a mis amigos… y las cosas se fueron dando… y finalmente se produjo ese clic… De tarde cuando ya caía el sol íbamos en grupo a los muelles y nos sentábamos allí a conversar… —Blaise hizo una pausa como si de repente se hubiera dejado llevar por los recuerdos.
Indignado, Draco giró dándole la espalda y clavó los ojos en uno de los postes de su cama. Blaise le había contado muchas veces de Palermo, sabía muy bien que Blaise tenía un lugar favorito en los muelles y que le encantaba ir allí a sentarse y a observar el mar, incluso en días de lluvia. Le había prometido que lo llevaría a conocerlo si alguna vez los padres de Draco le permitían ir a visitarlo durante las vacaciones. Volvió a girar y lo taladró con la mirada. —¿Y qué más? —preguntó con brusquedad.
—Bueno… que nos hicimos amigos… en una de las conversaciones él me dijo que era gay… y las cosas se dieron.
Draco lo miró con mayor disgusto, si cabe.
—Él… él no es como vos… —dijo Blaise con un tono de voz muy extraño.
—¿¡Ahora también vas a insultarme comparándome con él!? ¡Es un maldito Hufflepuff!
—Pero si yo no… Mirá, Draco, no es que me sienta muy satisfecho y que me crea muy sagaz por haberte ocultado esto… si no te lo dije es porque sabía que ibas a reaccionar así… que no ibas a entender…
—¿Qué es lo que hay que entender?
—¡Vos no ves más allá de los estereotipos y de tus prejuicios! ¡Pareciera que vivís en un mundo de cartón en el que las personas son catalogadas por su riqueza, por su linaje y por la puñetera Casa de Hogwarts en la que fueron asignados! —replicó Blaise alzando la voz y con ojos relampagueantes.
—¿Así que ahora resulta que yo vivo en un mundo de cartón? Porque soy selectivo para elegir mis amistades y porque soy bueno para juzgar caracteres. ¡Slytherin es la mejor de las Casas! ¡Tenemos a la mejor gente de las mejores familias! —gritó Draco a su vez, no podía creer que estuviera manteniendo una discusión como ésa.
—¡Su sangre es tan pura como la tuya!
—¡Su familia es un hatajo de expatriados arribistas yanquis!
—Son canadienses. —lo corrigió Blaise removiéndose contrariado sobre la cama.
—¡Da igual! ¡Poco me importa! ¡Y no te atrevas a compararlo conmigo! —aulló Draco sin importarle quién pudiera oírlo. El que lo compararan con Smith, aunque no fuera más que teóricamente, era un escarnio que no estaba dispuesto a tolerar.
—¡Mal que te pese, vos y él son muy parecidos! Tiene actitudes muy parecidas a las tuyas… como si estuvieran más allá y por encima de todos y de todo… pero a diferencia de vos… —los labios de Blaise se torcieron en una mueca de intenso desdén— …él no va atropellando a todos con actitudes de matón y de abusador para obtener lo que quiere.
—Justamente ésa es la razón por la que él es Hufflepuff y yo Slytherin. —replicó Draco controlándose para bajar la voz— Nosotros usamos a los otros para conseguir nuestros fines. Y vos, Zabini, sos un hipócrita… estás usando a Smith como un sustituto de mí, un muy deplorable sustituto valga aclararlo, pero ciertamente no es sencillo encontrar a alguien que esté a mi altura.
Blaise se puso de pie y se le aproximó. Tenía las manos bajas, a los lados, cerradas en puños. —Yo le tengo afecto, Malfoy. Y él siente afecto por mí. ¡Que es mucho más de lo que podría decir de vos! —le escupió y salió furioso de la habitación.
Draco se quedó inmóvil mirando la puerta que Blaise había azotado tras sí. Blaise lo había traicionado. Venía sospechando desde hacía un tiempo que algo estaba fuera de lugar… particularmente desde que Blaise se había puesto del lado de Potter ese sábado en Hogsmeade. Smith era uno de los que habían formado parte del ED original, probablemente era muy compinche con Potter. Seguramente el Hufflepuff le había estado llenando la cabeza en contra de Draco, de otra forma no podía explicarse que Blaise lo hubiese desafiado de esa forma espetándole tales críticas inicuas y horrendas.
Se desvistió, se puso el piyama y se acostó, seguía rabioso. Conciliar el sueño no le resultó fácil. Le venían imágenes de Smith y Blaise… en el patio… paseando juntos por las calles empedradas de Palermo… sentados en el muelle contemplando el ocaso. Blaise había contado tanto de su ciudad natal, a la que tanto quería, con imágenes tan vívidas que a Draco le parecía como si estuviera ahí cuando lo escuchaba… podía percibir el aire salado y el aroma del cerdo asado con pimientos verdes…y podía oír las voces de la gente cantando en la calle… Pasó un largo rato antes de que lograra dormirse.
Soñó que estaba en el aula 11, Potter estaba sentado sobre el escritorio como en esa primera sesión del ED, Draco le lanzaba una maldición tras otra pero los hechizos rebotaban y Potter se reía. La habitación se disolvió a su alrededor… y un instante después estaba en la Mansión, su madre le estaba diciendo que se iba a divorciar de su padre para casarse con Zacharias Smith… Draco trataba de explicarle que Smith era gay y que estaba saliendo con Blaise, pero ella reía a carcajadas ante lo absurdo de la acusación y le replicaba que ningún mago sangrepura podía ser gay… y luego la sala de la Mansión se transformaba en el local de La cabeza del jabalí… en una de las mesas su padre y Blaise jugaban a las cartas, una bruja gorda —con la imagen que Draco tenía de la abuela de Blaise— les estaba sirviendo otra ronda de vino.
Se despertó y se sentó abruptamente. No había cerrado las cortinas al acostarse. Estaba todo muy oscuro, la única luz era la tenue que provenía del marco del dibujo que Blaise tenía en su mesa de luz. Era una vista aérea de la costa de Palermo, uno de sus amigos se lo había regalado, el marco estaba encantado para fluorescer en la oscuridad. Blaise seguía teniéndole cierta aprensión a la oscuridad, nunca cerraba del todo las cortinas para que al menos algo del débil resplandor del marco se colara siempre en su cama. Draco sintió una constricción en el pecho al recordar la discusión de unas horas antes. Blaise lo había traicionado… y lo iba a hacer pagar por eso.
Permaneció un rato más en la cama hasta que empezó a clarear. Después de asearse hizo levantar a Vince y Greg y cuando estuvieron listos se los llevó consigo a desayunar.
—¿Por qué no despertaste a Blaise? —preguntó Vincent cuando iban por el corredor hacia el Gran Salón.
No se vio en la obligación de contestar porque en ese momento se oyeron unas risotadas muy sonoras de un grupo de Ravenclaws y Gryffindors de cuarto año que estaban entrando. Draco hizo un comentario denigratorio apuntando hacia el grupo. Vince y Greg se deshicieron en risitas. Y ninguno de los dos volvió a preguntar sobre Blaise.
Esa mañana tuvieron una práctica de quidditch, con vengativo placer Draco se dedicó a burlarse de Blaise cada vez que cometía una equivocación. Blaise finalmente se cansó, le replicó con insultos, descendió y se mandó a mudar una hora antes de que concluyera la práctica. Millicent lo fusiló con la mirada, Draco se limitó a encogerse de hombros sin asumir culpa alguna.
oOo
Esa noche, apoltronado en uno de los sillones, se puso a trabajar en el proyecto especial de Defensa. Tal como Trista se lo había anticipado los detalles e instrucciones les habían llegado al día siguiente de la primera sesión de estudio. Era muy irónico realmente, el tema que le habían asignado era Defensa de la magia oscura. Tenía que investigar y redactar argumentos que pusieran en evidencia las ventajas de la magia oscura y la conveniencia de su uso. Mejor imposible, ¿había tenido suerte? ¿A los demás les habrían asignado el mismo tema?
Vince y Greg estaban sentados en el suelo frente a la chimenea, trabajando en la elaboración de los folletos, la tarea que les había encomendado Snape. Draco dibujó una media sonrisa, los dos siempre habían sido pésimos en Pociones.
Herbert le saltó a la falda y se acomodó despreocupado sobre su hoja de pergamino. Draco le rascó suavemente entre las orejas, el gato ronroneó.
—Millicent, tendrías la amabilidad de pedirle a tu gato que se busque otro lugar para arrellanarse.
Millicent estaba sentada en el sofá de enfrente conversando en voz baja con Blaise. Draco y Blaise no se habían dirigido la palabra desde la práctica de esa mañana… eso a Draco lo tenía sin cuidado. Ya se le habían pasado las ganas de desquitarse, las burlas de la mañana le parecían suficientes pero tampoco tenía interés alguno en hablar con Blaise.
En ese instante un elfo se materializó con un pop entre los dos sofás. Herbert se asustó y fue a refugiarse debajo de una de las mangas de Draco.
—Señores Vincent Crabbe y Blaise Zabini, se requiere su presencia dentro de diez minutos en el aula quince ubicada en el quinto piso. —chilló el elfo.
Debía de tratarse de una invitación de los Hufflepuff. Por un segundo su mirada se cruzó con la de Blaise. Draco estuvo a punto de hacer un comentario burlón sobre las fiestas, pero recordó entonces que no se hablaban y permaneció callado. Se acordó de que debían ser cinco de cada casa los invitados, ¿quiénes serían los otros tres? Sonaron risas provenientes del pasillo de los dormitorios de las chicas. Segundos después de allí emergió otro elfo seguido de cerca por Pansy y Queenie y un instante más tarde un tercer elfo salió del pasillo de los chicos seguido por Roper Sheridan que lucía muy nervioso.
—¿Quinto piso? —preguntó Blaise mirando a Pansy.
Ella asintió y fue directo hasta Draco y lo besó en la nariz. —¿Vos no venís?
—A mí no me invitaron.
—Oh, lástima… bueno, ¡vamos! —ordenó ella volviéndose hacia los otros y enfiló hacia la salida. Los cuatro la siguieron, la cara de Blaise parecía la de alguien que iba a cumplir una penitencia. Los tres elfos desaparicionaron.
Draco se tomó un momento para considerar la situación. Desde la semana anterior después de haber presenciado parte de la fiestita de los de primero se había estado preguntando qué actividades tendrían planificadas para los alumnos de los cursos superiores. Él era prefecto, correspondía que estuviera al tanto aunque no pudiera participar. Herbert salió de debajo de la manga, Draco se sobresaltó un poco, Millicent se había trasladado al lado de Gregory y se había puesto a ayudarlo.
Draco alzó al gato y lo depositó en el suelo, se puso de pie y se sacudió la toga. Estaba a punto de decirles a los otros que iba a ir a supervisar la fiesta pero cambió de parecer. Blaise podría llegar a pensar que había ido para vigilarlo… suspiró, volvió a sentarse y recuperó su folio de pergamino. Continuó trabajando con el proyecto y cuando terminó con el esquema preliminar siguió con los deberes de Aritmancia y de Pociones. Miró el reloj de la chimenea, eran casi las diez. Quedaban muy pocos en la sala común. Era hora de que los más chicos se acostaran. Pansy no estaba, iba a tener que ocuparse él. Se puso de pie y se desperezó, le dolía un poco la espalda por haber estado sentado durante tanto tiempo.
Caminó por el pasillo de los varones, todos los de primero compartían un gran dormitorio que estaba ubicado al final. Los de los cursos superiores tenían dormitorios más chicos, con cuatro alumnos por habitación. Pronunció la contraseña y entró. Todos los chicos estaban sentados sobre el suelo formando un círculo.
—¡Levántense del suelo ya mismo! —ordenó— ¡Está helado!
Los chicos, muy sobresaltados, se apresuraron a obedecer.
—Son casi las diez. —dijo enfatizando cada sílaba— Ya saben lo que eso significa.
El pequeño Preston Iven se animó a hablar. —Oh por favor, Draco… ¿por qué tenemos que a acostarnos tan temprano? A los Gryffindor no los obligan…
—Ni a los Hufflepuff… —lo secundó otro de cabellos oscuros.
—Tampoco a los Ravenclaw… —intervino un tercero, era regordete y de mejillas rubicundas. Lo hizo acordar de Longbottom, ¿estarían emparentados?
Draco alzó ambas cejas. —La forma de mantener la disciplina que tengan otras Casas poco importa… en esta Casa ustedes hacen lo que yo les diga, no lo que sus compañeros Gryffindor digan.
Estuvo tentado a retarlos por hacerse amigos de Gryffindors pero eso no estaba permitido. Así y todo los amonestó sin palabras con la más dura de las miradas, los chicos comenzaron a moverse hacia los armarios, todos con la cara larga.
—Regresaré dentro diez minutos para controlar. Cualquiera que no esté acostado para entonces recibirá una penitencia. —dijo y salió. Ya en el pasillo sacudió ligeramente la cabeza y sonrió divertido.
Se dirigió entonces a los dormitorios de las chicas, por alguna razón que desconocía el arreglo era distinto, había una sola habitación para cada año. Golpeó la puerta del dormitorio de primero y esperó. Los prefectos varones tenían la contraseña para ingresar al corredor pero no la de las habitaciones.
Una nena de cabellos rubios asomó la cabeza unos instantes después.
—¿Sí? —preguntó con vocecita muy suave.
—Hora de ir a la cama.
—Oh… ¿es realmente…?
—Sí, es obligatorio. —la interrumpió Draco— Y no quiero oír absolutamente nada sobre las otras Casas. —agregó irritado— Dejá la puerta abierta, voy a volver a controlar dentro de diez minutos.
Ella asintió con una breve reverencia.
Draco volvió a la sala común. Millicent estaba sentada en un sofá leyendo, Herbert se había acurrucado sobre su falda. Gregory no estaba, seguramente había ido a hacer una incursión en la cocina.
Millicent alzó la cabeza y lo miró con reprobación.
—¿Qué hay? —preguntó él.
—Nada. —contestó ella con una mueca de desprecio y volvió a concentrarse en la lectura.
Draco se encogió de hombros y miró la hora ya eran las diez. Volvió a los dormitorios de los chicos. Todos se habían metido en sus respectivas camas pero estaban escuchando a Preston que les estaba contando un cuento. Dio un fuerte golpe en el marco de la puerta y todos los chicos se escondieron debajo de las mantas. Draco apagó las luces con un movimiento de varita y salió cerrando la puerta con firmeza. Después fue a controlar a las nenas y finalmente volvió a la sala común, juntó sus cosas y las llevó al dormitorio.
Gregory estaba sentado en su cama preparándose para acostarse se había puesto el piyama y una media, la otra estaba caída en el suelo. Se estaba rascando la cabeza… como cuando se esforzaba por pensar en algo… alzó la cabeza y le preguntó:
—¿Discutiste con Blaise?
—Tuvimos un desacuerdo por lo de la unidad de Casas. —respondió restándole importancia al asunto con el tono.
—Ah… —dijo Gregory y volvió a rascarse, pero no la cabeza sino la espalda.
—Sinceramente, Gregory, ¿cómo suponés que alguna chica se va a fijar alguna vez en vos si actuás de esa forma?
Gregory dejó de rascarse y lo miró con ojos culpables. —¿Vos qué pensás… a Millicent le gusta más Vincent o yo?
Draco tuvo que hacer un esfuerzo para no reírse. —Pienso que los dos tienen las mismas chances.
Gregory asintió y se metió en la cama. —Buenas noches, Draco. —dijo cerrando las cortinas a su alrededor.
—Buenas noches, Vincent.
Volvió a la sala común y se sentó a esperar a Pansy. Apoyó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos.
Sos hombre muerto, Potter
¡Que extraño! Porque sigo de lo más bien y caminando como si nada.
Vas a pagar… te voy a hacer pagar por lo que le hiciste a mi padre.
Draco apretó las mandíbulas al recordarlo. Sí que se la iba a hacer pagar… Potter se había mostrado tan altanero y desafiante ese día, incluso le había contestado con insolencia a Snape… debía de haber sido después de la muerte de su padrino… deplorable, pensó, su manera de superar la aflicción había sido recurrir a un fingido desinterés y a alardes desafiantes.
Ese día había vuelto a los subsuelos acompañando a Snape. Poco después Blaise lo había abordado muy alterado.
No sé qué hacer, Draco.
¿Respecto de qué?
Adrian está actuando de manera muy extraña.
Mirá, Blaise, mi padre está en prisión… mi madre muy trastornada…
Tenés razón, perdón.
Blaise se había ido y no habían vuelto a hablar hasta la última noche en Hogwarts. Pucey había roto con él. En esa oportunidad le habría gustado darle algo de consuelo pero no había sabido qué decirle. Blaise no había llorado, después de romper la escoba se había tirado en la cama con la cabeza hundida en la almohada, Draco se había sentado a su lado, en silencio, y cada tanto trataba de confortarlo con una palmada en la espalda.
Se sobresaltó un poco cuando media hora más tarde volvieron los de la fiesta. Daphne entró primero y marchó directo a los dormitorios. Roper fue el segundo, lo saludó con un breve gesto sin detenerse y siguió también hacia los dormitorios. Blaise, Pansy y Vincent entraron juntos, los tres riendo a más no poder. Draco los miró reprobadoramente. Pansy corrió hasta él y se le sentó al lado haciendo todo lo posible para dejar de reír.
—Ay, Draco… tendrías que haberlo visto… ¡la cara de Potter! —chilló ella apoyándose sobre él. Draco le rodeó la cintura. Divertirse a costa de Potter parecía un buen prospecto.
—¿Qué le hicieron? ¿Le metieron algo en el vaso? —preguntó sonriendo.
—Oh, no… se trataba de un juego… y Potter…
Pero Pansy no pudo continuar porque tuvo otro ataque de incontenibles risas.
—Potter tuvo que bailar con Vincent. —explicó Blaise. Pansy dejó oír otro chillido y redobló las risas.
—¿Qué? ¿Cómo? —preguntó Draco riendo también.
—A todos nos habían vendado los ojos y nos marearon un poco para desubicarnos. —dijo Blaise sonriendo.
—Y entonces empezó la música. —intervino Vincent.
—La consigna era agarrar a la persona que tuviéramos más cerca y empezar a bailar. —logró articular Pansy entre risitas.
—Siempre con los ojos vendados. —aclaró Blaise. Draco no podía creer lo que oía.
—Fue bastante caótico, eran más lo que nos chocábamos que lo que bailábamos. —dijo Pansy.
—Y al final nos quitamos las vendas. —dijo Vincent ahogando una carcajada.
—Yo había terminado con Macmillan, Blaise con Padma, Sheridan con Finnigan, Daphne con Corner…
—Y Potter con Vincent… —completó Draco.
—¡Si les hubieras visto las caras! —exclamó Pansy con una carcajada, luego se volvió hacia Vincent y le guiñó un ojo— Pero la cara de Potter era mucho peor que la tuya…
Vincent gruñó algo que no se entendió, pero era claro que el comentario no le había caído precisamente bien.
—¿Y vos qué estuviste haciendo, Draco? —preguntó ella volviéndose hacia él.
—Deberes… puse a los de primero a dormir… lo usual.
—Me voy a la cama. —dijo Vincent de repente— Buenas noches.
Draco lo observó hasta que desapareció por la puerta del pasillo.
—Me parece que le resultó bastante traumático. —opinó Blaise. Nueva risita de Pansy.
—No me cabe duda. —dijo Draco con tono irritado. ¿Por qué le estaba hablando Blaise?
Blaise y Pansy intercambiaron una mirada y ella se puso de pie con un saltito.
—Bueno, creo que yo también me voy a dormir. —dijo ella ahogando un bostezo y enfiló hacia los dormitorios.
Draco había abierto la boca para protestar pero ella ya había salido. Blaise se le sentó al lado. Draco se desplazó hasta la otra punta del sofá para interponer la mayor distancia posible entre ellos.
—No te parece que deberías dejar de comportarte como un nene caprichoso. —dijo Blaise.
—¿Así que actúo como un nene caprichoso? —repitió indignado, ¡cómo tenía la insolencia de decirle algo así!
—Mirá… yo admito que no estuve bien… no debería habértelo ocultado.
—Lo que no está bien, Zabini, es que vos, un Slytherin, te estés forjando ilusiones vanas y ridículas… nunca vas a poder terminar llevándote bien con un Hufflepuff.
—No son ilusiones… —dijo Blaise alzando una comisura—…Zacharias y yo nos llevamos muy bien.
—Oh, no me salgas con eso… —bufó Draco desdeñoso.
—Tratá de escucharme siquiera por una vez. Ya reconocí que no estuvo bien ocultártelo. Pero lo que tenés que entender es que yo no puedo sentarme a esperar indefinidamente.
—¿Esperar qué?
—A que vos cambies de parecer respecto de nosotros.
—No hay ningún "nosotros". ¿Cuántas veces tengo que repetírtelo? —reaccionó Draco exasperado.
—¡Precisamente! ¡Por eso estoy con Zacharias! ¡Porque no hay ningún "nosotros"! —explotó Blaise.
—¡Estás admitiendo entonces que es un sustituto! —exclamó Draco triunfante.
—¡No, eso para nada es lo que quise decir! Yo estaba dispuesto a dejarlo cuando te volví a ver a principios de año…
—Esto es ridículo… sabés muy bien por qué no estoy interesado… porque fidelidad no es una palabra que figure en tu diccionario… a vos te gusta variar… y no precisamente muy de vez en cuando… ¡y ahora resulta que de buenas a primeras te prendaste de Smith!
—Vos estás celoso.
—¡Claro que no! —replicó Draco furioso— Pero vos te manejás con un doble estándar… conmigo no considerabas imprescindible la exclusividad… pero parece que con Smith sí.
—Zacharias no me exige fidelidad. —repuso Blaise.
Draco revoleó los ojos. —Que a un Hufflepuff no le importa la lealtad… ¡las pelotas! Sólo un loco de atar podría estar convencido de eso.
Blaise dibujó una media sonrisa. —Podrías terminar muy sorprendido, Draco.
Draco ni se molestó en contestarle. Blaise soltó un suspiro exasperado y cerró los ojos por un instante.
—Bien, de acuerdo… no estás celoso. ¿Y entonces por qué tanto problema? —preguntó volviendo a abrirlos.
Draco alzó ambas cejas. —Mi problema es que hayas elegido para tus despreocupados retozos a un Hufflepuff nuevo rico, creo que eso ya te lo había dejado bien claro.
—No están en ninguna posición que te permita ser el que decida con quién puedo retozar y con quién no. —sentenció Blaise burlón.
—Pero sí estoy en una posición que me permite decidir a quién quiero frecuentar y a quién no.
—Estás extorsionándome entonces, o rompo con Zacharias o dejás de ser mi amigo…
—No se trata de extorsión Blaise, pero tengo una reputación que mantener…
—Extraño, realmente… no parecías muy preocupado por tu reputación cuando de reunirte con Harry se trataba.
Se produjo un silencio opresivo.
—Así que ahora es Harry… ya me había dado cuenta de que en vos no podía confiar. —dijo poniéndose de pie.
—¡Oh por el amor de Merlín…!
—¡Andá a cagar, Blaise! ¡Y no me jodas más! —le escupió Draco y partió echando chispas en dirección a los dormitorios.
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Blaise no intentó un nuevo acercamiento. Mejor así, pensó Draco. Vincent, Gregory y Pansy no demoraron en notar las conspicuas ausencias de Blaise, y Pansy que no era de las que se callaban las cosas no tardó en cuestionárselo directamente. Al principio pudo conformarla con un par de excusas pero en los días siguientes ella siguió atosigándolo con lo mismo. Draco finalmente perdió los estribos y tuvieron otra pelea de antología, Pansy estuvo sin hablarle durante varios días. Como una forma de liberar presión Draco se las agarró con los más chicos, se dedicaba a aterrorizarlos el doble que lo habitual. Todos escapaban de él como de la peste cuando lo veían acercarse.
Blaise pasaba todo su tiempo libre con Smith y Terry Boot. Los tres estaban en el mismo grupo de estudio… en el que también estaba Potter. Potter, naturalmente, siempre iba con el Weasel y Granger a su lado… pero últimamente Longbottom también estaba con ellos… el trío de indómitos e intrépidos idiotas había pasado a ser un cuarteto. Todavía no se le había ocurrido un nuevo plan para manejar el asunto Potter y no poder contar con Blaise tornaba todo más difícil. En cuanto a Blaise no demostraba ninguna insatisfacción por como estaban las cosas, Draco no llegaba a entenderlo, parecía que no le importara que la larga amistad entre ellos terminara de un día para el otro.
Durante las prácticas redobló los comentarios acerbos y las burlas ante los más mínimos errores de Blaise, pero Blaise no había vuelto a reaccionar ofendiéndose como esa primera vez. Cuando Draco comenzaba a fastidiarlo Blaise lo desintonizaba. Draco empezó a preguntarse si acaso Potter y Blaise estaban tomando alguna poción que los hacía inmunes a sus comentarios incisivos y a sus ocurrencias ingeniosas. Porque Potter seguía ignorándolo olímpicamente también.
Los días siguientes pasaron a toda velocidad, para cuando quiso acordar ya tenía encima Halloween y la apertura de la temporada de quidditch. La redacción de Blaise fue una de las que se leyeron el primer día, en el banquete de Halloween. Hufflepuff logró identificarlo… no fue algo que lo sorprendiera.
Diario de Draco Malfoy, 31 de octubre.
Tengo ganas de coser a Blaise a hechizos. La única razón por la que sigue vivo es que no tengo tiempo para entrenar a otro guardaaros. ¿Por qué tuvo que escribir todas esas tonterías sobre las caídas de sol? No creo que haya ido a decírselo a Smith directamente, pero ni falta que hacía esos ocasos gritaban de quién se trataba. Pareciera que no le importa si ganamos puntos o no. Las otras redacciones que se leyeron también fueron poco creativas y los autores, dos de séptimo, uno de tercero y uno de primero, fueron también identificados… y me parece que existe una explicación. La semana pasada Susan Bones me preguntó cuál era mi color preferido… ¡Les han estado haciendo preguntas a los Slytherins! ¡Asombroso! Si hasta va a servir para que empiecen a conocernos más.
El sábado jugamos contra Gryffindor… ¡y los vamos a aplastar! Y con ese pensamiento optimista me voy a dormir.
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