Capítulo 8. Apariciones.

Advertencia: Ocs, escaso Bagginshield. Q_Q

N/A: Esta vez he decidido poner las notas arriba. He de decir que este capítulo se lo debo de agradecer a mi querida y preciosa Nana, mi pequeña hobbit. Mi inspiración estaba a menos ciento cuarenta mil y gracias a ella, lady Inspiración vino a tomar el té conmigo. Me forcé a escribir y, aunque me tenía que haber ido a dormir sobre las dos, son las cinco y acabo de terminar el capítulo. Como dice la advertencia, en este capítulo hay dos OC, quienes la verdad me han ayudado a desarrollar esta parte. Lamento decir, a todos y todas las fans de Thranduil que, por el momento, no va a aparecer, o al menos, no lo tengo planeado. (A lo mejor se me va la olla y aparece en el siguiente capítulo, quien sabe).

También quiero comentar ciertas cosas... sí, sé que es rara la aparición de estas dos OC, pero me gusta verlo como esa parte en la que el camino se divide en dos y puede pasar o evento A o evento B... y que este capítulo es un capítulo de transición, es decir, es "camino", y como no quería escribir un "Y pasaron por el bosque", decidí utilizar este recurso.

Y otra cosa, pido disculpas porque en este capítulo hay poco Bagginshield, ¡juro que en el próximo habrá más! ;_;


-Cuéntanos cómo fue tu otra vida, Bilbo.

Los días en casa de Beorn pasaron tranquilamente, en un descanso tan relajante que en, en lo más profundo de sus mentes, no querían irse jamás de allí, sino vivir tranquilamente en ese paraje idílico. Descansaron lo que no habían dormido en todos aquellos meses, comieron aquellas delicias que no volverían a probar hasta muchos días después y Beorn les ayudó a equiparse y a conseguir suministros para el largo viaje que les quedaba por delante. Bilbo insistió en que les diera comida, mucha comida, ya que la necesitarían para aquel endemoniado bosque el cual recordaba con pavor, así que oyeron su consejo y se cargaron de comida.

Bilbo no recordaba con dulzura aquel bosque, claro que no. Aquella vez habían dado vueltas y vueltas, hasta perder la locura y la consciencia del espacio tiempo, su cordura se había visto trastocada en el sinuoso camino y el retorcido bosque había jugado con sus mentes hasta llevarles a la trampa de los arácnidos. Los elfos habían llegado a su rescate, pero la huída de aquel lugar no había sido tranquila. Aun recordaba la pálida tez de Kíli por el efecto del veneno de los orcos, y no quería que volviera a pasar. Desvanó su cerebro ideando maneras de pasar por Mirkwood sin aquellos percances, y finalmente decidió que lo único que podía hacer era estar prevenidos. Comida y no perder el camino era su mejor opción, y si no se encontraban con Thranduil, mejor... el saqueador estaba totalmente seguro de que el elfo aparecería ante las puertas de Erebor igualmente, reclamando su plateado tesoro.

Estaban cenando la noche antes de partir cuando el joven Kíli miró con curiosidad al hobbit, hasta lograr que los ojos de menta y miel se clavaran en los suyos tan oscuros, un poco incómodo ante la insistente mirada. Ante la mirada confusa del mediano ante su frase, volvió a repetirse.

-Venga, Bilbo, cuéntanos como fue...

-No sería correcto. -Intervino otra voz, más profunda. Bilbo cerró la boca que acababa de abrir para contestar al joven enano, pero finalmente los dos miraron a Gandalf el gris.- No creo que fuera lo más apropiado, el saber la totalidad de la historia podría alterar demasiado el destino... -Aquello perturbó levemente al hobbit, recordando que al principio de la aventura le había contado todo aquello.

-Pero tú...

-Yo soy diferente, Bilbo Baggins, mi origen es totalmente diferente y poseo demasiado tiempo en este mundo, vigilándolo y protegiéndolo del mal como para verse afectado por ello... cambiará mis acciones, eso es verdad, pero no tan drásticamente como lo haría que lo supieran los miembros de la compañía... -Sus ojos azules reflejaron una sonrisa que no llegó a sus labios, ante los ojos dulces del hobbit.- Sigan mi consejo.

Kíli asintió y Bilbo miró al suelo. No se sentía correcto, él creía que sería mejor que cada miembro supiera qué era lo que podía pasar y la razón de sus acciones, pero siguió el consejo del mago y no lo cuestionó. Si Gandalf lo decía con esas palabras, quería decir que era importante, así que asintió suavemente.

-Mañana partiremos antes del alba, debemos de avanzar todo lo posible por Mirkwood, no nos queda demasiado tiempo. -Thorin apareció tras el hobbit, haciendo que éste se sobresaltara, mientras echaba un vistazo a los tres que participaban en la anterior conversación, con un deje de curiosidad en sus ojos, quizás cuestionando qué asuntos les había producido que la seriedad se reflejara en sus semblantes.

-De acuerdo. -Contestó el arquero, y esperó a que su tío se alejara para clavar sus ojos oscuros en los de Bilbo.- ¿Te podré llamar tío a ti también?

La cara del mediano se tiñó de rojo automáticamente y se ahogó con el agua que estaba bebiendo en ese momento, avergonzado, a pesar de todo lo que había vivido, la vergüenza seguía siendo parte de él y más cuando tenía que ver con la relación hacia el enano. Tuvo que esperar a que sus pulmones pudieran volver a recibir aire para reprocharle al menor.

-¡Kíli!

-¡No lo digo a malas! ¡Me encanta ver esa felicidad en los ojos de mi tío! -Replicó el joven enano rápidamente y con una sonrisa en sus labios, queriendo tranquilizar al más pequeño.- Nunca lo había visto así... sólo había escuchado sobre ello por Balin, que hubo una época en la que pudo demostrar esa felicidad en los ojos, y fue cuando vivía en Erebor, antes de perderlo todo...

El hobbit se mantuvo en silencio, bajando la mirada y Kíli se acercó y le dio una palmada en la espalda.

-Seguro que lograrán salvarnos a todos, Bilbo, sé que eres capaz de ello... pero por favor, no se te ocurra morir.

-Pero... yo ya he vivido suficiente...

-Bilbo, ten en cuenta nuestros sentimientos, por favor, no seas tan egoísta. -El moreno frunció el ceño, pero se tranquilizó rápidamente y clavó sus ojos en los del otro.- Nadie soportaría tu pérdida, te apreciamos demasiado y Thorin... tampoco podría soportarlo. Lo sé.

Y tras esa frase, se alejó, sin dejarle tiempo al pequeño a decir nada. Éste miró al suelo y suspiró, quizás algo agobiado. Los ojos azules de Gandalf se clavaron en él, mientras le daba una calada a su pipa y dejaba que el humo saliera por sus labios antes te hablar.

-Sabes perfectamente que tu segunda oportunidad está hecha para que salves a todos y que tú sobrevivas también. Eso quiere decir que hay alguna manera, sólo debes de buscarla, Bilbo... y te ayudaré en ello. Los dioses así lo han querido.

-Está bien, Gandalf, lo intentaré... pero ahora...

-Ahora debo de partir, como bien recuerdas, mi pequeño amigo... Dol Guldur no se encuentra muy lejos, pero sí en una dirección diferente.

-Avisa a Galadriel, Elrond, Radagast y... Saruman. -Dijo el pequeño, dudando en ese último nombre, sin estar seguro de avisar de su futura traición, aquella parte no había visto necesario mencionárselo al mago.- Necesitarás toda esa ayuda, Gandalf.

El mago gris asintió y se levantó, dejando solo al hobbit, con sus pensamientos.

Pensamientos turbios y llenos de preocupación. El pobre mediano aún no sabía cómo iba a lograr su cometido, y más cumpliendo la promesa de que no sacrificaría su vida para proteger a los demás. Aquello logró que se mordiera el labio nuevamente, sintiendo un pinchazo de dolor al notar como aun tenía la herida de la noche anterior a medio curar, y, haciendo una asimilación de ideas, recordó el beso con Thorin. Le hizo un poco de gracia cómo los pequeños roces en el labio le habían hecho quejarse levemente, pero cuando notó sus labios, sus ásperos pero dulces labios, por primeras vez tras noventa años, el dolor había sido lo que menos le había importado, de hecho, prácticamente no lo había sentido. Estaba acariciando su labio inconscientemente, recordando aquello cuando notó dos ojos del color del cielo clavados en él. Devolvió la mirada a su dueño y éste no pudo sino esbozar una pequeña sonrisa, mas no pudo acercarse, ya que se encontraba ocupado hablando con Balin.

Aquella noche la compañía disfrutó de su última noche en una estancia cómoda, durmiendo desde temprano para encontrarse descansados al día siguiente y para disfrutar más horas de comodidad en el descanso. Aquella noche, el líder de los enanos, cuando notó que todos estaban durmiendo, se giró hacia el mediano, quien yacía a su lado y lo rodeó con sus brazos, el hobbit no se molestó, ni mucho menos, sino que se acurrucó en ellos, con una tierna sonrisa en sus labios.

Al día siguiente desayunaron y partieron hacia Mirkwood, el bosque negro, sin prisa pero sin pausa, gracias a los ponis que Beorn amablemente les había prestado. El trayecto transcurrió sin disgusto alguno, disfrutando de la última vista que iban a tener del cielo en bastante tiempo y respirando todo el aire fresco que podían. Cuando llegaron a las lindes del bosque los enanos profirieron en un grito de disgusto cuando Gandalf les avisó que debía de irse. El mago les miró, con arrepentimiento en sus ojos, pero no podía cambiar su decisión.

-No perdáis el camino. -Avisó, antes de irse cabalgando veloz. Thorin asintió y avanzó primero por el bosque, manteniendo a Bilbo al lado suyo.

-Vamos, Bilbo, no te separes de mi lado...

-Debemos de seguir el camino y no perderlo, estén muy atentos, por favor... -Insistió el pequeño. El mayor asintió ante sus palabras.- También debemos de mantener el ánimo, este bosque juega con los sentimientos y los sentidos, no podemos permitirnos perder la cordura.

Tras decir esa última frase, notó como los dedos del enano se entrelazaron con los suyos, con suavidad y delicadeza, haciendo que su cara se pareciera tanto a los tomates que cultivaba con esmero y ganaban concursos,a la vez ganándose muchos comentarios burlescos, pero bienintencionados, del resto de la compañía que se silenciaron cuando su líder les lanzó una mirada de advertencia.

Caminaron por el bosque, guiándose por él con cuidado y precaución. Avanzaron por el camino, manteniendo la cordura y racionando bien la comida que les había dado Beorn siguiendo el consejo del mediano. El camino era sinuoso y oscuro, y la moral de los enanos comenzaba a decaer después de unos días sin ver la luz del sol. Las noches eran de oscuridad absoluta y sólo se escuchaban las respiraciones aterrorizadas de los enanos, lo cual era raro que fuera el único sonido en un bosque, el cual debería de estar lleno de sonidos de fauna, pero no era el caso. Las noches perturbaban incluso al más osado de los enanos, y los días bajaban la moral incluso del más alegre de ellos, el hobbit al principio había intentando mantenerles distraídos con cuentos, historias y canciones, pero intentar mantener la cabeza fría mientras se distraía con ello le resultaba complicado, así que al final paró, dedicando toda su voluntad en seguir el camino, el cual no habían perdido. Quizás lo que más le ayudaba a mantenerse tranquilo eran los dedos de Thorin entrelazados con los suyos, los cuales le agarraban con fuerza cada vez que trastabillaba o se quedaba demasiado tiempo en silencio.

Los días seguían pasando, y Bilbo sabía de sobra que el camino era el correcto, en un momento en el que su mente se encontró despejada, justo después de comer, calculó que ya habrían pasado el lugar de influencia de las arañas, y, quizás, el de los elfos. El camino seguía por el bosque, pero ese pensamiento le trajo una leve esperanza y aquello le instó a animar a la gente.

-¡Vamos! No nos puede quedar mucho... ¡debemos continuar, hemos llegado muy lejos! -Su voz hizo que algunos enanos sacudieran su cabeza y le miraran, extrañados, quizás viéndose a sí mismos hablar con otra voz, pero logrando que la niebla de sus ojos se despejara levemente.

El pequeño miró sonriente a Thorin, quien le dedicó una sonrisa cansada y continuó junto a él, avanzando por el camino de piedra en el oscuro bosque. Unos cuantos días pasaron, y entonces ocurrió una de las primeras cosas con las que el hobbit se dio cuenta de que el tejido de Vairë había cambiado.

Avanzaban por el camino, comprobando bien en cada desvío por dónde continuaba el camino, cuando de repente, en mitad del camino Bilbo tuvo que frotarse los ojos ante la visión que se presentaba ante él. Estaba seguro que los enanos no la habían visto, pero él estaba acostumbrado al paso de su raza, y todo el tiempo que había pasado con los enanos no le habían acostumbrado al alboroto que éstos hacían.

Una hobbit. Una pequeña hobbit con una cesta de pescado. Con mucho pescado.

Cuando se dio cuenta buscó las palabras a través de su garganta, intentando confirmar que realmente no era una alucinación.

-Thorin, ¿estás viendo lo mismo que yo?

Thorin se giró hacia él, y siguió la dirección de su mirada. Tardó un poco en ver a la mediana, que les miraba sorprendida.

-¿Qué hace una mediana en Mirkwood? -Inquirió Thorin, en dirección a la pequeña.

-¡Enanos! ¡Trece enanos y un hobbit! -Una sonrisa iluminó los ojos de color avellana de la pequeña hobbit.- ¡Oh, Eru, hacía tanto tiempo que no teníamos visita!

Bilbo suspiró, ¿quizás otra mediana transtornada, quizás por el bosque, que hablaba en plural? ¿Sméagol no era el único en eso?

-No has contestado a nuestra pregunta. -Insistió el enano.

-¡Oh, Miél se va a poner muy contenta! Por favor, permítanme que me presente. -Ante la atónita mirada de la compañía, la mediana salió de entre los arbustos y se colocó delante de ellos.- ¡Mi nombre es Mirabeth! Y creo que estáis realmente cansados... ¡Hace tiempo que no tenemos visita! ¡Está por caer la noche, por favor, permítanme invitarles a nuestro hogar! Con respecto a que qué hago aquí, ¡vivo aquí con Miél! Este no es un buen lugar para hablar, podemos hablar dentro de casa.

-¿Miél? -Bilbo miró estupefacto a aquella mediana, quien hablaba mucho y muy seguido.

La hobbit más bajita que él, no demasiado, y de piel pálida, sus ojos eran del color de la avellana y su cabello era rizado y de color anaranjado. En vez de llevar la típica ropa que cualquier mediana llevaría ella llevaba pantalones, camisa, chaleco y un pequeño abrigo, ropa cómoda para la vida en el bosque y de colores más apagados que el acostumbrado en la ropa de la Comarca.

-Miél... ¡sí! -La pequeña sonrió.- Os ofrezco comida y alojamiento, ¡por favor! ¡adoramos las visitas!

La compañía se miró unos a otros, pero finalmente asintieron y aceptaron la oferta de la pequeña mediana y ésta, alegre, les guió por un camino secundario que les llevaba a un pequeño claro muy diferente al resto del bosque.

Mirkwood era un paraje de desesperación y amargura. En aquel lugar, en cambio, se respiraba tranquilidad. Tras semanas con la mente retorcida por el bosque, aquel paraje era un soplo fresco que les despejó totalmente. Quizás fueron allí guiados mansamente por la mente turbia, pero cuando se sintieron mejor agradecieron su decisión. En aquel claro había una casa con un huerto vallado, parecida a la de Beorn, pero menos espléndida y más oscura, al fin y al cabo, seguían dentro de Mirkwood.

Bilbo, se sentía algo inquieto. Había sido guiado allí, pero no se había planteado hasta ese momento que la situación era muy extraña. ¿Una hobbit? ¿En mitad del Bosque Negro? ¿Y quién era "Miél"? Por su mente recordó el relato de Frodo acerca de Ella-Laraña y cómo Gollum les llevó hasta ella, y casi iba a retroceder cuando alguien abrió la puerta de la cabaña, con el ceño fruncido pero con forma antropomórfica.

La enana les miró durante unos segundos con el ceño fruncido, pero al ver a Mirabeth su semblante se relajó y una sonrisa floreció en sus labios. Su cabello era largo, oscuro y ondulado, adornado por varias trenzas y sus ojos eran azules, su piel no era muy bronceada, quizás por la vida en el bosque oscuro, pero no tenía aspecto enfermizo, era casi tan alta como Thorin y llevaba la barba corta.

-Oh, Mirabeth. -Su voz era suave, un poco desacorde a su aspecto.- ¿Vas en busca de pescado y vuelves con trece enanos, un hobbit y pescado como para alimentar a un regimiento? Eso es suerte.

-¡Miél, he traído visita! ¿Pueden quedarse esta noche? ¿Pueden?

La enana rió levemente y se acercó a la mediana, cogiendo la enorme cesta con el pescado, a continuación, se dirigió hacia Bilbo y Thorin, quienes encabezaban la marcha de la compañía, aunque aún no salían de la sorpresa.

-Miél, hija de Merius, a vuestro servicio. -Se presentó la enana.

-Thorin Oakenshield, al vuestro. -Contestó Thorin, mientras el resto de la compañía seguía estupefacto y sólo pudieron susurrar un "a vuestro servicio".- ¿Puedo preguntar qué hacen una hobbit y una enana viviendo en mitad del bosque de Mirkwood?

-Bilbo Baggins, al vuestro, os agradecemos la invitación. -Intervino rápidamente Bilbo, preocupado por los modales del líder y en que eso les impidiese pasar una noche sin el sentimiento del terror fluyendo por las venas.

-Oh, es una larga historia, pero se puede resumir en un montón de casualidades extrañas que nos ha llevado a ésto. Por favor, pasad, la noche está al caer e íbamos a empezar a preparar la cena...

Ofreció la entrada a su hogar, y cuando se internó en la casa se encontraron en un gran salón con una gran mesa. Nada demasiado lujoso ni caro, de hecho, parecía que todo estaba hecho con madera del bosque y trabajado con cuidado. Habían muebles y objetos de muchos estilos, muchos parecían regalos de otras razas y otros hechos por ellas mismas.

-¿No es una molestia alimentar a catorce personas, mis señoras? -Preguntó tímidamente Ori, observando la estancia, mientras Miél se dirigía hacia otra habitación.

-Oh, no, por favor. -Mirabeth sonrió a Bilbo.- No solemos tener demasiadas visitas por aquí, como comprenderás, y Miél siempre hace demasiada comida, ¡imagínate tener que terminar todas las sobras siendo dos! Es bastante complicado... bueno, quizás hoy me pasara trayendo pescado, ¡pero da igual, porque tenemos visita y nada se echará a perder! Pero imagínate, viviendo aquí sin ninguna compañía más que nosotras mismas, es un poco solitario, ¿no crees? Tampoco nos importa mucho, porque vinimos buscando eso mismo, la gente habla demasiado, critica demasiado, pero aquí estamos tranquilas, ¡no hay ningún problema! -Bilbo no se atrevía a interrumpir, escuchando a la mediana hablar y hablar, hilando todo lo que decía y asintiendo, con la boca abierta, sorprendido, cada vez que ella le miraba.- Además, Tomi nos ayudó a proteger este lugar, ningún ente nos vendrá a molestar a no ser que nosotras queramos, ¡es muy útil! La última vez que tuvimos visita fue cuando aquel elfo... ¿cómo se llamaba? Bah, da igual, vino a traernos unos presentes como sus vecinas, creo que decía algo sobre Tomi, pero no me quedó muy claro, ¿cómo se llamaba ese elfo, Miél? -preguntó, elevando un poco la voz para que la otra mujer le escuchara.

-¿Thranduil? -Ante ese nombre, Bilbo notó la reacción de irritación de Thorin.

-¡Eso! Decía algo que tenía que ver con Tomi, pero era un poco confuso.

-Mirabeth, para. -Miél volvió a aparecer por la puerta con varias jarras, que dejó encima de la mesa, con una sonrisa.- Disculpadla, le gusta mucho hablar... por favor, sentíos como en casa mientras la comida es preparada. Quizás aun están algo abrumados por la influencia del bosque, si necesitan algo, hacédmelo saber. -Colocó dieciséis vasos de diferentes formas y estilos al lado de las jarras, las cuales estaban llenas de cerveza, vino y zumo de bayas, antes de darse la vuelta.

-¿Puedo ayudarla, mi señora? -Preguntó, tímido, Bombur.

-Oh, por favor, no me llaméis así, con Miél está bien. -Respondió con una sonrisa.- Sois nuestros invitados, no puedo permitir que-

-Por favor. -La enana pareció dudar unos segundos antes de aceptar, y el enano más gordo se dirigió hacia la cocina con ella.

Bilbo dudó unos segundos, no sabía si atreverse a darle conversación a la mediana, quien le causaba curiosidad pero parecía que una vez empezaba a hablar no paraba.

-¿Puedo preguntar cómo se conocieron? -Preguntó finalmente. Mirabeth le miró y sonrió.

La compañía enana se comportó como tal y se relajaron en el hogar. El cansancio no les permitió hacer mucho escándalo, así que se dividieron en varios grupos en espera a la cena. Ori y Oin fueron a ayudar con la preparación de la comida, mientras Bilbo, Mirabeth, Kíli, Fíli y Bofur conversaban por un lado, Thorin, Balin, Dwalin y Bifur por otro y Gloin, Dori y Nori aparte. Estaban contentos de encontrarse a alguien de su raza en el camino, y el alojamiento y la comida les venía muy bien. Quizás en otro momento habrían desconfiado, pero ambas transmitían muy buena sensación al respecto.

-Entonces, ¿se conocen desde hace tanto? -Preguntaba Bofur.

-¡Sí! Aún recuerdo su cara cuando me vió por primera vez, siempre pensé que los enanos eran muy rudos, pero ella me cogió en brazos y me abrazó diciendo que era adorable, ¡rudos y brutos, eso había escuchado! ¡Imagínate la cara que se me quedó! Al principio pensé que era un enano, por la barba y la mirada fría, pero cuando hizo eso no sabía que pensar, ¿te lo imaginas? ¡Fue muy divertido verlo en primera persona!

-Eso quiere decir que... ¿estáis juntas? -Kíli preguntó, curioso.

-Claro que están juntas, si viven en la misma casa. -Contestó Fíli, mientras revolvía el pelo de su hermano menor.

Los ojos pícaros de la mediana sonrieron.

-¡Exacto!

-Pero... Mirabeth, si eso es cierto, tú debes de ser bastante mayor que yo. -Dijo Bilbo, tras la historia que le había contado Mirabeth. Los cálculos no le cuadraban, aquella mediana parecía tener su edad, pero cronológicamente hablando tendría que tener su edad mental.

La pequeña fue a hablar, cuando se vio interrumpida por la apertura de la puerta de la habitación contigua, por donde apareció la enana, seguida de Bombur, Oin y Ori, cargados de una suculenta cena que hizo que todos miraran con deseo la comida que ahora descansaba encima de la mesa alargada. Miél cogió las jarras y desapareció por la puerta de la cocina, para volver con las mismas rellenas.

-¡Vamos, todos a comer! Disfrutemos de esta noche de tranquilidad antes de que sigáis en vuestra empresa, mis señores enanos, por favor, comer hasta saciaros y descansad lo que necesitéis para seguir en vuestra misión. El día de Durin se aproxima, pero aun queda tiempo como para tomaros un día de descanso sin temor.

Ante esa frase, Thorin se giró hacia ella.

-¿Cómo sabéis eso? -Le preguntó, entrecerrando sus ojos.

-Ah, mi señor Thorin... el heredero de Durin se encuentra en mi casa cuando los rumores acerca de la ida de Smaug se esparcen por doquier, ¿y me preguntáis que cómo lo sé? Oh, quizás os referís a la entrada... era joven, pero Erebor fue mi hogar, y mi padre el guardián de esa puerta en aquel entonces. "Estad cerca de la piedra gris cuando llame el zorzal, y el sol poniente brillará sobre el ojo de la cerradura con las últimas luces del día del Durin", esas palabras son parte de mí, mi señor Thorin. -Dijo, encogiéndose de hombros con una sonrisa.- Pero por favor, que mi charla no os quite el apetito, por favor, comed y descansad, aunque quisiera no podría evitar que continuarais con vuestra misión.

Thorin asintió y la compañía siguió su consejo, comiendo y saciando su apetito con voracidad. Thorin habló con Miél de Erebor, y aceptó la veracidad de sus palabras al hablar de Erebor y su pasado. Ella le había seguido hasta las Montañas Azules, y hasta Moria, luchando en la batalla de Azanulbizar, pero allí había sido herida de gravedad.

Las conversaciones se alargaron hasta tarde en la noche, y todos se fueron a dormir, cansados. Al día siguiente se despertaron tarde, pero con una deliciosa comida. Descansaron durante el día y hablaron largamente entre ellos y con las dos extrañas mujeres. Finalmente, al segundo día, partieron al alba, con los buenos deseos de las dos, que les despidieron en la entrada de su casa.

-Me encantaría acompañaros, mis compañeros enanos, pero esta misión es vuestra. Quizás, en el futuro, volvamos a encontrarnos y podamos ofrecerles nuestra ayuda.

-En el futuro seguro que volvemos a encontrarnos, ¡no se preocupen! -Sonrió Mirabeth.- ¡Y recuerden visitarnos otra vez si vuelven a pasar por aquí! Sois bienvenidos.

La compañía enana les agradeció una vez más, y con renovados ánimos, volvieron a partir rumbo la Montaña Solitaria.