Heeeeeeeeeeeeeeeeyyy tributes! Ya no me tarde tanto :3 ¿Cómo les va? Bueno, mucho rollo, sigamos con el tormento de Katniss xD disfruten el capitulo.
Capitulo 8 "Una amistad de niños"
– ¿Estas lista? – pregunta la doctora
– No – respondo
– Ni que hacerle –
Me aferro a la mano de Jason y a la toalla que sostengo con la otra mano.
– Tranquila Katniss, me vas a romper a mi la mano – dice Jason tratando de sonar calmado pero en el fondo se que él también tiene pánico. Nuestras manos tiemblan juntas, sudorosas y sujetas.
– Bueno, voy a moverlo poco a poco hasta que entre lo suficiente –
Suena fácil, pero el simple hecho de que me limpie mi herida con un trapo me revuelve las tripas, siento como si mordieran mi espina dorsal y me cortaran uno a uno los nervios sin piedad.
– Bien – dice la doctora. Con los guantes ya puestos coloca sus manos alrededor de mi pie.
– Piensa en el sexy Peeta –
Volteo a mirar a Jason que a duras penas tiene una media sonrisa en la cara. Los nervios me comen viva. Aprieto más su mano, entonces la doctora comienza a empujar mi hueso. Jamás he experimentado un dolor semejante, es como si taladraran mi cabeza, como si quebraran uno a uno mis dedos, las lágrimas empiezan a rodear mis mejillas, Jason me sujeta de los hombros. Mis gritos envenenan el aire y me dejan sin aliento con un ardor quebrado y rasposo en la garganta.
– Ya casi, Katniss, tranquila, estoy aquí – dice, creo yo Jason pero su voz tan solo es un zumbido lejano. Abro los ojos y todo esta borroso, en blanco y negro, no veo a nadie, solo sombras y bultos. No puedo aguantar más. Cierro los ojos y me dejo caer al vacío.
Me despierta la fresca brisa de la ventana abierta. Poco a poco abro los ojos, es de noche y mis ojos tardan en adaptarse por completo. Me siento en la cama y miro a mi alrededor. No hay nadie, a puesto a que se fueron cuando terminaron. Estoy sumamente agradecida con mi cerebro por haberme desmayado, el dolor era tan insoportable que tan solo de pensar me duele el estómago.
¿Ahora que hago? – pienso. Mi tobillo esta roto y estoy aquí sola en la cama y para rematar mi mala suerte, tengo hambre. No se que hacer, todo esta silencioso sin ninguna luz proveniente de abajo o alguna habitación cercana. ¿Cuánto tiempo habré dormido? El sueño se esfumo rápidamente cuando pensé en volver a dormir. No quiero dormir, no quiero volver a acostarme, tengo miedo, miedo de las pesadillas y el dolor. ¿Qué hará Peeta en este momento? Añoro que piense en mí. Quiero que me necesite por que yo lo necesito a él.
Suelto un suspiro y hecho la cabeza para atrás, entonces alguien sube por las escaleras
No estoy sola.
Peeta…
Este pensamiento rápido se desvanece dejándome nuevamente con la duda y tristeza. No se qué hacer y no tengo ni idea de quien pueda ser, si es la doctora cuyo nombre no sé que después de todo no se fue, o es Jason, o para que mi día se termine sea Tomas el que sube. Voy a gritar, después de todo nadie nunca entra a la Aldea así que debe ser alguien conocido. – ¿Quién es? – hago una pausa pero nadie responde – ¿Quién es? – vuelvo a gritar.
Los pasos se acercan más y más y por alguna extraña razón me siento nerviosa, como si esta no fuera mi casa, como si fuera una cría desprotegida, y eso soy ahora, una inútil con una pierna rota.
– ¿Quién es? – grito. Espero que los nervios no se reflejen en mi voz.
– ¡Deja de gritar! – responde – soy yo –
Esa voz inconfundible, parecida a la de alguien más, pero menos grave y con un tono mas despreocupado y grosero. Llega a la habitación y me mira molesto, suelto un suspiro de alivio y me relajo. Es como la sensación que tenía cuando miraba a alguien en el bosque, no sabía lo que pasaría en un futuro y eso no me preocupaba, así es ahora con él, no importa lo que diga o haga, me siento a gusto, es como ser yo misma, pero más graciosa y relajada. Me hace sentir como si nada de lo que pasó hubiera pasado, como si fuéramos dos niños que después de la escuela pasan la tarde riendo y jugando hasta que llega la hora de volver a casa. Así me siento cuando estoy con él.
Le doy media sonrisa y levanto las cejas – Jason, que bueno que eres tú –
– ¿Quién más iba a ser? – pregunta con un tono fastidiado. Entra en la habitación y se sienta en el borde de la cama.
– Que actitud la tuya, la que se rompió la pierna soy yo, yo debería de estar molesta – respondo, sorprendentemente no estoy enojada, adolorida y cansada, pero no molesta. Quizá, solo tengo miedo.
– ¡Si! pero ¿viste como me dejaste las manos? – pregunta exaltado
– No – respondo
Él se pone de pie y camina hacia el interruptor. Prende la luz e instintivamente me cubro los ojos con las manos. Poco a poco las voy quitando y trato de acostumbrarme a la luz. Se para frente a mí, con los brazos extendidos enseñándomelos. Un gesto torcido surca mi rostro, tiene los brazos llenos de moretones, en especial un moretón que tiene la forma de una mano en su muñeca derecha.
– ¿Yo hice eso? – balbuceo
– No, fue mi novia ayer en la noche – dice con sarcasmo – ¡Claro que fuiste tú! Tienes muchísima fuerza –
Una culpabilidad me embarga y un gran "Lo siento" se acumula en mi garganta, y sin poder aguantarme lo digo – Perdón –
– Esta bien – responde Jason sentándose a mis pies de nuevo – ¿Tienes hambre? – me pregunta con un tono animado que me sorprende.
– Me comería hasta a un perro salvaje – contesto
– Que bueno, porque eso cenaremos – responde. No es de mis comidas favoritas, la carne es dura y correosa, claro que si Sae la prepara puede llegar a no ser tan mala y con el hambre que tengo no le hago el feo.
Nos quedamos en silencio unos momentos, debería preguntarle sobre mi pierna, qué dijo la doctora, cuando sanará, pero mejor decido preguntarle una estupidez.
– No ha llamado…–
– ¿Peeta? No – me interrumpe. Toda mi esperanza se fue al caño. Esperaba que en el tren se pudiera hablar por teléfono pero eso sería demasiado bueno. – Creo que deberías preocuparte por cosas más relevantes – dice Jason con todo de superioridad.
No le respondo así que él continua – La doctora dijo que tu tobillo no estaba tan mal, pero que sería preferible que te tomarán algunas radio…radiogla…radiografías – tartamudea.
– ¿Qué? –
– Si, dijo que eran como fotografías de tus huesos – dice y levanta los hombros – dicen que va a haber de esas cosas aquí en el 12, pero después –
– Y ¿cómo me las van a tomar? – pregunto preocupada ante la idea. ¿Cómo van a tomar fotografías de mis huesos? Las cosas que hubieran sido más fáciles e indoloras si tiempo atrás hubiéramos tenido una de esas cosas. Hubiera sido genial. Me pregunto si mi madre sabrá acerca de esas cosas, supongo que la idea le emocionaría.
Mi madre.
Un impulso por levantarme recorre mis venas pero se suprime al voltear a ver mi tobillo gruesamente forrado de vendas. Hace meses que no hablo con ella, la última vez que nos telefoneamos, hablamos de que "El libro" estaba terminado pero en ningún momento mencione que tenía algo con Peeta. Nunca. Claro que no era hasta hace unos meses atrás de eso que yo dije "Real". ¿Cómo le diré?
"Mamá, me voy a casar con Peeta"
Supongo que reaccionará de la misma manera en que supongo que reaccionó cuando se entero de que estaba "embarazada"
Sacudo la cabeza intentando disipar mis pensamientos.
– ¿Qué tienes? –
Lo miro confundida – ¿Qué? –
– ¿Por qué sacudes la cabeza? –
– Porque – respondo pero hago una pausa y suelto un suspiro – olvídalo
– Bueno, vamos abajo, la cena esta lista – dice y se pone de pie.
– ¿Cómo diablos quieres que baje? – pregunto un poco irritada
– Así – dice y como si fuera costumbre pasa su brazo por debajo de mis piernas pero yo inmediatamente lo rechazo empujándolo – ¿Qué? – pregunta confundido
El rubor aparece en mis mejillas. No llevo pantalón. ¿Qué hago? No puedo ponerme de pie.
– Aaam, eeh cierra los ojos – le digo nerviosa
– ¿Para qué? –
– ¡Ciérralos! – ordeno. Él instantáneamente se lleva las manos a los ojos.
¿Qué voy a hacer? – pienso.
Ni modo. Me trago toda mi vergüenza y le digo – Mejor, ábrelos – él lo hace – Mira en ese cajón – digo señalando el buro donde guardo mi ropa y las pijamas de Peeta – hay un short, dámelo –
Él duda unos segundos, pensando en una manera para evitar hacer eso, pero al cabo de que se da cuenta de que no hay opción se dirige al buro.
– ¿Aquí? – pregunta señalando el cajón
– Si, es un short verde oliva – digo con toda la pena que hay dentro de mí.
Él le rehúye pero después de soltar un suspiro abre de golpe el cajón. Aguarda unos segundos como si le fueran a saltar víboras del cajón y luego mete la mano. Mi cara esta roja como un tomate. Un cajón de ropa es un cajón de ropa, tengo dos, uno donde guardo mis camisas y playeras y uno que otro pantaloncillo, otro para guardar mi ropa interior…el short verde esta en el segundo.
Jason suelta un suspiro – ¡Aquí esta! – anuncia triunfante y cierra rápidamente el cajón. Me lo lanza en la cama y sale apurado de la habitación sin siquiera voltear a verme.
Me extiendo hacia el y agarrando valor, meto un pie en el, luego con muchísimo cuidado, sostengo mi tobillo y lo paso lentamente al interior del hueco. Creo que las vendas me cortan la circulación ya que no siento el pie. Subo el short lentamente por mis muslos y lo abrocho con el cierre y un botón.
– ¡Jason! – grito recogiéndome el cabello en una cola de caballo.
Él entra de golpe y se queda parado rascándose la cabeza.
Extiendo los brazos hacia él y en tono infantil le digo – Cárgame –
Él rueda los ojos y repite la acción de hace un momento. Bajamos las escaleras, yo en sus brazos y él mirando por un lado mio los escalones.
Todo tranquilo cuando de repente suelta una de sus bromas que me hacen reír y a la vez me hacen sentir incomoda – No te preocupes, no le diré a nadie que me hiciste husmear en tu ropa interior –
Cuando voy a replicarle me deja caer en el sillón de golpe haciéndome gruñir.
– ¡Ten más cuidado! – le grito mientras se aleja a la cocina. En un santiamén regresa con un cuenco grande de sopa.
– Sae trajo esto, y dijo que mañana vendría a ayudarme a cuidarte – dice
Tomo mi ración y la engullo como si la vida se me fuera en eso.
Me mantengo en silencio atragantándome de sopa, y como él no tiene tanta urgencia como yo, no tarda en empezar la conversación – ¡Ah si! Dijo la doctora que traería uno de esos aparatos, de ser posible mañana llegaría y cuando este segura de que tu hueso esta en la posición correcta, lo tratará como una quebradura normal, pero dijo que tenías que tener extremo cuidado para evitar que se infecte la herida, sino te lo cortarán – dice.
Un hilo de añoranza y tristeza me recorre. Recuerdo la sensación de la pierna artificial de Peeta enterrada entre las mías, el frio que colisiona con el calor de nuestros cuerpos entrelazados. Lo que daría por sentirlo en este momento. Pero no esta aquí y no volverá sino dentro de unas noches, esta en el Capitolio sin mí y yo estoy en el Distrito 12, sin él.
Tengo miedo.
– Hey ¿estas ahí? – dice Jason interrumpiendo mis sesión de recuerdos depresivos.
– Si – respondo medio ida
– Oye, y ¿a dónde fue tu novio? –
Volteo a mirarlo tratando de reaccionar rápido. No se que responder, nadie debe enterarse antes de tiempo que vamos a casarnos. No le voy a decir que fue a comprarme un anillo de bodas. No quiero que nadie del Distrito se entere antes de tiempo. Nadie, incluyendo a Jason. Sería un riesgo muy grande que alguien le dijera a Plutach que vamos a casarnos, tendría cámaras por doquier, gente husmeando en mi vida, en nuestra vida. Volverían los trágicos amantes del Distrito 12.
Debo responder rápido a su pregunta. ¿A dónde se supone que fue Peeta con Haymitch? Haymitch, él puede ser una salida. Piensa Katniss, piensa.
Respondo lo primero que se me viene mente sin siquiera importarme si es creíble o no – Fue con Haymitch a no se donde a visitar a…un amigo, creo –
Jason tuerce la boca y sigue comiendo sin prestarle mucha atención a mi respuesta.
– ¿Y por qué no fuiste con ellos? –
– Sabes que lo de viajar no me gusta mucho – respondo. Y es verdad, nunca voy a salir de este Distrito. Nunca. – Aparte quería quedarme para molestarte – añado y le guiño un ojo intentando alejar la preocupación.
Él solo sonríe contento con mis respuestas sencillas, dispuesto a dejar el tema de lado. Comemos dos cuencos de sopa cada uno, sin pena alguna me recuesto en el sillón y él se tira sobándose la barriga en otro sofá.
– Tengo mucho sueño – dice en un suspiro
– Yo no – respondo.
– ¿Cómo vas a tener si te dormiste por 3 horas? –
Suelto una risita burlona. Sueño. La palabra me aterra. No quiero dormir, ni siquiera recostarme en la cama, siento como si estuviera ardiendo en llamas que queman mi espalda y me rostizan viva. Siento un terrible miedo surgiendo de mi estómago que recorre mis pulmones y me impide respirar, como un gas tóxico. Como si fuera una niñita asustada que acaba de escuchar una historia de fantasmas antes de ir a dormir. La única diferencia es que los fantasmas me llaman por mi nombre. Katniss. Aprieto la mandíbula para no romper a llorar ahí mismo, me siento tan débil, tan desprotegida sin Peeta. Pensé en como sobrevivir los días, pero la noche…simplemente no veo como mantenerme viva. No durmiendo, por los días que Peeta no este aquí no voy a dormir. Estoy segura, por mi bien.
Tengo miedo a pasar las noches sola, tengo miedo de no estar con Peeta, aunque sea por unos días, es solo que, lo extraño tanto, lo necesito demasiado, necesito que sobe el monte de mi mano y me de besos en el cuello susurrando que me ama. Te necesito más que a nada en este mundo, amor.
– ¿Si lo extrañas tanto porque no lo llamas? – pregunta.
– ¿Cómo…–
– Eres un libro abierto, Katdeen –
¿Cuántas veces le he dicho que no me diga Katdeen? El estúpido sobre-nombre surgió cuando bromeábamos en el bosque. No recuerdo muy bien por qué pero de repente dijo "Si juntas tus nombres, se forma "Katdeen y es gracioso". De ahí en fuera no recuerdo más.
– No me digas "Katdeen" suena a nombre de postre –
– ¿Tienes algún problema con los postres? –
– Solo cuando llamas a un postre con mi nombre –
– Uy, que delicada – dice con un tono burlón. Quiero sonreír pero mis labios no se mueven ni un milímetro. Nos quedamos en silencio, ambos mirando al techo, sumergidos en nuestros pensamientos.
– Gracias por todo lo que haces por mi, Jason – suelto de repente.
Él me mira sorprendido y dice con su característico humor pero en el fondo, sé que habla en serio – No hay de que, nena, sé que tú lo harías por mi porque me amas –
Suelto una risita – Si – respondo y me cubro el rostro con mi antebrazo protegiéndome de la luz.
– Yo también lo hago – admite Jason.
El silencio nos alcanza de nuevo. Acaba de admitir que me quiere, que me ama y no podría sentirme menos apenada. Sé en que sentido lo dice, sé lo que pasa por su cabeza cuando lo dice, sé que me ama y yo lo amo a él. Es mi mejor amigo.
– Lo siento – me disculpo
– ¿Por hacerme pasar por todo esto? Ni lo menciones – dice y suelto un suspiro de alivio – luego te haré pagar – Ahí esta, el Jason que conozco, nunca cambiará.
– Ya lo estoy pagando – aseguro.
El silencio va y viene.
– Bueno, creo que me estoy quedando dormido – dice repentinamente – ¿me puedo quedar aquí? –
– ¿Por qué no vas a tu casa? – pregunto mirándolo fijamente confundida
– Porque mi "casa" es un asco y voy a compararla con tu mansión y me voy a deprimir y lloraré toda la noche –
– Wow, que explicación – digo sarcásticamente
– No, es que le debo dinero a mi casera, siempre que me ve me persigue con un palote y a de estar esperándome afuera de mi puerta – me explica. Una ola de culpabilidad me inunda y ahoga. Lo egoísta no se me ha pasado, primero descuido a Haymitch, quién es como un padre para mí aunque me cueste decirlo y ahora me entero de que Jason muy apenas tiene dinero para poder dormir bajo un techo. ¿A eso le llamaba amistad? Que asco de persona soy. Ojala alguien me pateara el tobillo.
– No…no tenía ni idea – susurro apenada
– No te preocupes, pronto nos darán un poco de dinero en la construcción y podré pagarle a esa vieja bruja –
– No – respondo rápidamente haciendo que Jason se sobresaltara – Te quedarás aquí cuanto tiempo lo necesites –
– Que romántica, Katniss –
– Te estoy hablando en serio, Jason, toma algo de aquí, véndelo o consérvalo, a mi me sobran cosas – digo arrugando la frente
– No quiero que me mantengas –
– No lo haré, simplemente es un préstamo, me lo pagarás cuando puedas –
– No me gusta tener cuentas pendientes con nadie – dice un poco molesto ya
– Ni a mí, tú cuidaras de mí mientras Peeta no este y yo cuidaré de ti –
– No soy Peeta, no trabajo así – responde cortante y enojado. Eso me enfado enormemente – ¡Me importa un comino tu jodida forma de trabajar, así será y ya! –
Vuelve el silencio. Me mira con ojos encendidos por el enojo, sé que si no fuera mujer me golpearía en la cara hasta noquearme, y si yo pudiera caminar también o haría. Mi sangre hierve por el enojo, a pesar de todo, yo sigo siendo la misma, cualquier favor sigue siendo una carga y estorbo. Jason cuida de mí, tengo que agradecérselo de algún modo. Y eso no es lo que me enfada, es el hecho de que vea mi pago como un favor, principalmente lo hago porque no quiero que ande peregrinando de casa en casa con las tripas vacías, después lo hago porque quiero estar a mano con él. ¿Por qué no lo ve? Es tan ciego y testarudo. Tan primitivo. Me recuerda a mí y lo odio.
– Ya me voy – dice y se levanta de un salto al que yo respondo sentándome.
No sé que decir, de nuevo mi gran bocota hace enojar y aleja a quien necesito. Necesito…necesito no estar sola, con quien sea, pero no quiero estar sola.
– Jason, no te vayas – digo en un susurro apenado –– por favor –
El voltea mirarme sin ninguna expresión en su rostro. Luego se ablanda como si entendiera perfectamente que siento. Ahora solo quiero ir a la cama y llorar.
– Perdón – dice él y agacha la cabeza rehuyendo mi mirada, se sienta junto a mí y me observa detenidamente.
Lo miro y veo la pena asentada en su rostro culpable, y verlo así solo me hace sentir peor. ¿Qué diablos me pasa? ¿Por qué me pongo así de sensible? Jamás fui una persona emotiva pero ahora sin Peeta todo lo siento al doble, enojo, culpa, tristeza. ¿Qué tengo que hacer para poder vivir sin él? Me molesta el hecho de ser tan dependiente, no puedo durar ni un día sin salir dañada. He aquí el claro ejemplo. Se fue en la hoy en la mañana y ahora estoy postrada en un sillón con un hueso roto peleando con mi mejor amigo. ¿Qué diablos me pasa? Peeta ¿Qué me pasa? Sin ti, desaparezco yo. Me duele el tobillo. Tengo sueño y estoy asustada.
Estoy sensible, me siento débil, desprotegida, tengo miedo, me rompí un tobillo y tengo sueño, pero mi miedo vence a todo. No pienso dormir, ni el llanto ni las pesadillas me lo permitirán.
– Me duele mucho el pie – digo sin poder contener la lágrima rebelde que escapa de mis ojos.
– Lo sé, Katniss – dice y pone su mano pesada en mi rodilla – Vamos, te llevo arriba–
– ¡No! – exclamo con un temblor incontrolable en mi voz
– ¿Por qué no? – pregunta Jason preocupado y con la voz también temblona
– Dormiré en el sillón – digo y antes de que reniegue continuo – es que no tengo mucho sueño y mejor me quedo a ver televisión –
– No Katniss, ¿Cómo diablos vas a dormir en el sillón? Tienes que tener una postura perfecta para que tu hueso no se mueva –
– Estoy bien aquí, Jason, enserio – insisto
– Ya Katniss, dije que no –
Antes de que pudiera gritarle o meterle una cachetada me levanto en brazos en la forma en que Peeta lo hacía y luego dirigía sus labios a los míos. Lo maldigo de muchas maneras posibles pero al final veo como su cara no cambia de expresión me doy por vencida. Me vuelve a colocar sobre la cama y me ayuda a arroparme torpemente – Ya me voy, nos vemos en la mañana – dice y se encamina a la puerta.
– ¡No! ¿No te vas a quedar a dormir aquí? – le pregunto tratando de disimular mi preocupación.
Quiero tener a Jason cerca mio y me avergüenzo de ello.
– No, nena, voy a ver si encuentro a Stephen y si su mama no lo golpea si me quedo en su casa – dice con su tono humorístico volviendo a él
– Pero…y ¿Qué tal si se incendia mi casa? – digo – moriría quemada por tu culpa –
– ¿Por qué te quemarías? ¿No eres la chica fogata? – pregunta con una mirada burlona.
Ruedo los ojos y chasqueo la lengua – Bueno, como quieras – le digo resignada dispuesta a salvar la poquita dignidad que me queda.
Se acerca a mí y con una mirada de superioridad y su tono burlón retórico me pregunta – ¿No puedes vivir sin mí, no es así? –
No le respondo, basta de jueguitos tontos, tengo sueño y me duele el tobillo hasta la rodilla. Como si clavaran lentamente un cuchillo tras otro y los sacaran y los volverían a empuñar. En la rodilla siento como apretones acompañados por descargas eléctricas. No de las que sentía con Peeta, no. Descargas dolorosas e incesantes.
– ¿Dónde me puedo quedar? ¿En el cuarto de enfrente? –
– ¡No! – grito sobresaltada y sufriendo de un dolor cortante en la garganta por ese último grito – No entres a ese cuarto, para nada – le advierto
Él mira que hablo enserio y lo que le digo no es broma. Esa habitación no se abre ni se abrirá dentro de mucho, quizá nunca se abra. Nunca volveré a entrar a esa habitación. Esa habitación que ahora se encuentra fría, desolada y cubierta de polvo donde el único que entra es el único que no entiende que ella ya no esta y que nunca estará. Que Prim ya no volverá. Y lo compadezco, pobre Buttercup, el estúpido gato aun no entiende que ella esta muerta.
– Agarra el de a lado si quieres – digo con la voz quebrada volteando hacía la ventana ocultando mi rostro enrojecido y pálido a la vez.
– Esta bien – responde Jason en un susurro arrepentido – buenas noches, Kat – dice y sin siquiera sospecharlo, sujeta mi barbilla y la jala hacia él plantándome un beso en la mejilla casi en el mentón como diciéndome "Estoy aquí, no soy Peeta, pero estoy aquí" Tan pronto como apaga las luces sin cerrar la puerta para que mis gritos de dolor lo despierten fácilmente si ocurre algo me volteo en dirección opuesta a la puerta, mirando hacia la ventana. Observo la luna resplandeciente, brilla con esplendor y regocijo, como si todo estuviera bien. Peeta. ¿Qué estará haciendo? Espero que este pensando en mí tanto como yo pienso en él. ¿Cómo…? ¿Cómo…? Mis palabras se quiebran al intentar decirlas en mi mente, se quiebran y rompo a llorar ahogando cada sollozo lo más que puedo y tomando bocanadas de aire silenciosas a pesar de que la presión del pecho crece y crece y aplasta mis pulmones pidiendo mas y mas aire que sin el olor embriagante de Peeta, es aire contaminado, solo el aire, no oxigeno. Peeta es mi oxigeno. ¿Por qué no puede ser una noche normal? ¿Por qué lo necesito tanto? Lo necesito ahora, necesito que acaricie mi cabello besándome delicadamente dibujando mi cuerpo sus dulces caricias que no pasan del cuello y los brazos. No lo quiero, lo necesito, es un hecho. Necesito a Peeta más que cualquier otra cosa en el mundo, más que respirar, más que comer, más que beber, más que tenerlo cerca, necesito amarlo. Me odio a mi misma, me odio sin piedad. Yo soy la que me hago daño, ¿Por qué desafié a Jason en primer lugar? Todo fue por mi culpa, todo hubiera sido más fácil, me embriagaría con azúcar y me dejaría caer en el sueño sin tener pesadillas tan terribles como las que tendré si me quedo dormida. ¿Por qué tengo que recordar todo lo que viví con tan solo una frase o pregunta? La forma en que vienen a mí los recuerdos es dañina y las heridas solo las puede curar Peeta. Las lágrimas saladas entran y rodean mis labios con rapidez. Pronto la respiración se hace más lenta, más pesada. Más difícil. Me están quitando el aire, me están quitando el oxigeno y todos sabemos que sin oxigeno, no hay fuego.
Mi respiración empieza a acelerarse y las lágrimas corren y corren empapando mi almohada, recojo las piernas lo más que puedo, intentando conservar mi propio calor corporal antes de que la cama me hunda en el frio que hace sin Peeta a mi lado. Las manos comienzan a temblar, una sujeta a la otra intentando reprimir los espasmos involuntarios pero no lo evita. El sudor cubriendo mi cuello, mi pierna torcida y los brazos contraídos sobre mi pecho, las lágrimas empañando mi vista y difuminando la luna que ahora no es más que un círculo borroso.
El sudor se mezcla con las lágrimas. Soy todo un revoltijo. Pienso de nuevo en Peeta, que fue al Capitolio a comprarme un anillo de bodas. Me aferro a la palabra boda, me aferro a la idea de ser su esposa y entregarme completamente a él. Lo único que me ayuda a calmar un poco mi respiración y las lágrimas no salgan con tanta rapidez. Y sin poder evitarlo, poco a poco el sueño me jala hasta quedarme dormida, por idiota y débil.
Sueño que Jason entra al cuarto de Prim y cuando yo entro lo veo convertirse en un muto lobo y arrancarle un pedazo de cuello a mi hermana. Me acorrala pero de la nada llega Peeta y le entierra un cuchillo en un costado, lo abrazo, le pregunto ¿Me amas, real o no real? Él responde "No real" y me rebanada la garganta.
Despierto gritando como antes, con el sudor en mi frente y cuello. Jason llega corriendo con el pecho desnudo, se queda inerte en la puerta observando como jalo mi cabello con la cabeza entre las manos jadeante del miedo y la respiración entre cortada.
– ¿¡Katniss, qué sucede!? – me pregunta atónito, haciéndome recordar que nunca le conté a nadie de mis pesadillas.
Intento tranquilizarme y hablar, pero la voz no me sale, siento un dolor en la garganta que me quema y me raspa, como si realmente me la hubieran cortado con un cuchillo. Volteo a mi lado solo para convencerme de que Peeta fue al Capitolio para comprarme un anillo de bodas. Peeta fue al Capitolio para comprarme un anillo de bodas. Peeta fue al Capitolio para comprarme un anillo de bodas me repito hasta convencerme. Sin darme cuenta Jason esta a mi lado y jala de uno de mis brazos alterado.
– ¡Katniss, responde! ¿Qué te sucede? – pregunta casi gritándomelo a la cara.
– Estoy bien – consigo articular
– No es cierto, estas blanca, completamente translucida –
– Solo…solo fue un mal sueño, eso es todo – susurro
– Te traeré algo con azúcar – dice y yo asiento.
Mi cabeza da vueltas, la boca me sabe a suero. Temo mirar la puerta frente a la mía, es estúpido y me avergüenzo de mi misma al imaginar ese tipo de cosas. Unas cuantas imágenes borrosas y oscuras pueden revolverme el estómago y quitarme el sueño durante semanas. El dolor en el tobillo no se compara con el que siento en el pecho, es como si dejaran caer unos 200 kilos sobre mí, aplastándome los pulmones el peso me rompe las costillas ahogándome en mi propia sangre.
No quiero llorar. No voy a llorar, sé que eso no me ayuda en nada, no me hace sentir mejor simplemente me desgasta más.
– Ten – dice Jason que se sienta a lado mio. No se ni cuando de llego pero me trae un jarrito de chocolate que Peeta hace para sus pasteles. Lo tomo sin responder y engullo dos cucharaditas con resignación.
– ¿Estas bien? – me pregunta preocupado
– Si, solo fue un susto – Mentira. No fue el susto, fue el hecho de que Peeta se fuera al Capitolio y que él mencionara a Rue y a Prim, en el mismo día. Eso es.
– Enserio Katniss, dime en qué te puedo ayudar, por favor –
Reúno valor y lo miro a la cara. Con esos ojos oscuros que brillan a la luz de la luna junto con el sudor que cubre su cara, su cuello y todo su tronco. Es muy delgado, ya lo había visto sin camisa mientras trabajaba en la construcción, pero no estaba tan delgado como ahora, tiene músculos en el abdomen pero aún así sus costillas se notan. Sin duda, ha dejado de comer.
– Cuéntame algo mientras me quedo dormida – le digo. Sé que no conseguiré nada si no duermo, Peeta no regresará simplemente por que deje de dormir. Mejor intentar dormir, mañana me coserán la herida y me pondrán un yeso y andaré con muletas todo el maldito día.
– ¿Cómo que? – me pregunta confundido
– No se, ¿Cómo era tu padre? –
Él me mira con la frente arrugada y las cejas enmarcando su dolor.
– Acuéstate, me voy a recargar en el respaldo – dice Jason haciéndose para atrás. Me acuesto y volteo a ver sus brazos cruzados frente a su pecho.
– A ver – comienza. Sé cuan difícil es hablar para él de su padre, lo sé y lo que no sé es por qué le dije que me hable sobre eso. – No sé, es extraño hablar sobre eso – dice apenado y afligido. Quiere cambiar de tema. – Bueno, platícame algún cuento – le digo – un cuento para dormir –
Él voltea a ver con las cejas enarcadas. ¿Por qué le estoy diciendo esto a Jason? Esta sentado nuestra cama, la cama que yo comparto con Peeta, hablándome para que me quede dormida, salvándome de las pesadillas. Y probablemente yo lo estoy salvando de las suyas.
– A ver – empieza – erase una vez un muchacho muy guapo que se llamaba Jason y que todos lo querían, fin –
– Que buena historia – le digo sarcásticamente.
– Ay, pues no sé que contarte – replica
Ruedo los ojos – Inventa algo, rápido –
– Bueno, había una vez…– y así empieza su historia sobre un chico que llego a un pueblo donde todos querían pretender a la princesa pero para eso tenían que pasar una noche en un castillo encantado donde espantaban los fantasmas y criaturas desfiguradas, el muchacho no tuvo miedo a nada de eso y al final se quedo con la princesa. Demasiada fantasía para mí, ¿de donde saca esos cuentos? Siempre me lo pregunto cuando vamos caminando de regreso a la alambrada con el botín en las manos llenas de sangre. Siempre tiene una historia que contar, un cuento para niños guardado en la memoria. Otra razón para hacerme sentir pequeña de nuevo, antes de que mi nombre se sorteara por primera vez.
– ¿Cómo dijiste que se llamaba el cuento? – le pregunto medio adormilada
– Juan sin miedo – responde tranquilo
– ¿Y de donde salió? –
– No se, es un cuento ancestral, demasiado viejo como para que solo los fundadores de Panem lo supieran –
– ¿Los fundadores? – le pregunto picada por la curiosidad
– Eso me dijo mi padre, que se los transmitían de generación en generación – dice y hace una pausa para que vuelva su humor sátiro – luego se lo podrás contar a tu hijo –
– ¿A mi hijo? – le pregunto sobresaltada
– Si, ¿Qué no estas embarazada? – dice y se hecha a reír como loco
– Ja, que gracioso – le digo con el mayor sarcasmo que puedo – ¿No te sabes otra historia mas tranquila? –
– Ay, Katniss que amargada estas – dice resignado – A ver déjame pienso –
– Con eso si me duermo –
Él me da una mirada sorprendida y luego rueda los ojos y sin poder evitarlo me agarro a reír sin parar. Es increíble que una persona que no sea Peeta o Haymitch me haga reír tan fácilmente, quizá por eso nos hicimos amigos desde un principio. Jason tiene algo distinto a las demás personas que me tratan, los demás me ven como el símbolo de la rebelión y me tratan como una vencedora. Él me ve como una persona más y me trata como su mejor amiga con un pasado turbio pero, ¿quién no lo tiene? Jamás olvido la forma en que él dijo "¿Es tan mal que venda una de tus ardillas para ganar un poco de dinero?" Supongo que es cierto que un simple instante pueda cambiar el resto de tu vida. Me alegra que haya robado mi ardilla.
– Mira, en lo alto de una montaña descansaba una flor, la más bella de todas, morada y letalmente hermosa, ¿Por qué letal? – pregunta cuando volteo a verlo incrédula – porque alrededor de ella había cientos y cientos de ramas con espinas mortales que contenían el veneno más mortífero que pudiera existir, todo hombre que sabía acerca de esa flor sufría de un deseo de poseerla, deseaba la vida eterna – dice y hace una pausa dramática. No le entiendo, pero su voz me arrulla – si, la flor otorgaba la vida eterna, pero eso fue hace mucho, mucho tiempo, nadie sabe si existe o no y sí si existía seguramente esta bajo el agua ahora. Pero ¿sabes? todos los hombres terminan…– dice pero su voz se va alejando, se va corriendo y pronto no es mas que un zumbido lejano y sordo. Diablos, me estoy durmiendo. Mi voz misma se va apagando y lucho por articular las palabras en mi mente, pero al final me dejo vencer y lo ultimo que pienso, la última cosa que pienso en el día es en Peeta.
Las pesadillas vienen y van pero cada vez que me despierto veo a Jason acostado en el silloncito frente a mi cama. Con la boca abierta y la cabeza hacia atrás soltando ronquidos sonoros que una que otra vez me espantan pero me producen risa. Lo veo y puedo volver a dormir, quizá no tan tranquilamente, pero si me siento a gusto.
En ciertos momentos él despierta al igual que yo, nuestras miradas se cruzan y ambos sonreímos con complicidad como si fuéramos un par de niños pequeños que se cuidan el uno al otro cuando las pesadillas vienen.
Final del capitulo 8
¿Qué les pareció? ¿Qué tal les cae Jason? ¿Qué piensan de Katniss?
#Confesión: La verdad Jason salió de la nada en mi imaginación, no lo había planeado en ningún momento :P Y la primera frase que use para describirlo en mi mente fue "Una versión alternativa de Gale, más relajado y grosero" Hahaha xD
Bueno, dejen sus comentarios, sugerencias, mentadas de madre, lo que quieran xD
Gracias por a los que dejan sus comentarios y me siguen desde un principio, gracias :3 3 Bye, bye ;D
