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Advertencia del capítulo: (Lenguaje obsceno)
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Diclaimer: Naruto y sus personajes NO me pertenecen
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Nota: Esta historia es completa y absolutamente MIA, y no es permitido tomarla sin mi autorización
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Más allá del cielo
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*Capitulo 8*
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"El curso de las cosas"
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Eran las cinco de la mañana cuando entró al pueblo de Konoha. El sol se alzaba apenas por el horizonte, aún estaba oscuro y había un silencio total.
Naruto suspiró mientras movía el cuello sintiendo sus músculos protestar, había manejado por alrededor de tres horas y media, los ojos le escocían un poco, pero el sueño se le había esfumado totalmente, lo único que quería era ir por Boruto y llevarlo a su casa.
Había pensado en llamar a Sasuke y decirle que tomaría al menos medio día hasta asegurarse que su bebé estuviera bien, pero en el caso de que no fuera así, pensaba tomarse cuanto tiempo fuera necesario, al menos sabía que su amigo sería muy comprensivo al respecto.
Su mirada azulada se dirigió hacia la figura a su lado, Hinata dormía. Aunque había asegurado en un inicio, que no necesitaba más de unas horas de descanso, el sueño la había vencido y se había dejado arropar por el cansancio. Naruto había evitado hacer cualquier ruido durante el viaje de regreso e incluso había puesto una emisora de música suave para ayudarle a relajarse y así descansar.
Pronto se vieron en el centro del pequeño pueblo, la tranquilidad que había era reconfortante, necesitaba de eso luego del terror de aquella madrugada. Aún sentía un nudo en la garganta al recordar a su pequeño bebé prendido en fiebre, quejoso y tembloroso. El corazón se le encogía de la peor manera, pero Hinata se había tomado el tiempo de explicarle de regreso a casa que aquella infección era bastante común en los bebés. La información, aunque esclarecedora, no le había hecho sentir demasiado tranquilo, pero había apreciado el esfuerzo que Hinata había hecho para hacerle sentir mejor.
Detuvo el auto en un suave movimiento frente a la residencia Hyuuga. Las luces dentro estaban encendidas. Su mirada se desvió hacia la chica de cabellos azulados. Sus ojos estaban suavemente cerrados, sus labios entreabiertos donde su respiración escapaba en un suave silbido, tenían el cabello un poco alborotado y con todo se veía más que hermosa.
No pudo evitar reparar en las ojeras que se encontraban bajo sus ojos, era de un color ligeramente violáceo, claro indicio de un cansancio rezagado por varios días. Shion le había comentado que Hinata había estado haciendo turnos consecutivos en el hospital de la cuidad. No la había visto por casi dos semanas precisamente por su horario agitado y él había ido por ella en el primer día de descanso que tenía.
Irremediablemente, ese pensamiento le hizo sentir culpable, pero sabía que no le confiaría su bebé a nadie más.
Confiaba tan absolutamente en Hinata que por un momento se preguntó cuando había sucedido.
Sin duda había sido todo obra de ella, desde el inicio Hinata le había recibido con mucho cariño, aun cuando de pequeños no fueran precisamente los mejores amigos, también le había ayudado bastante con Boruto durante esos meses, no solo cuidándolo en la guardería, sino informándole cuáles eran los cuidados que debía tener e incluso recordándole las vacunas cuando llegaba el momento. Aún recordaba la primera vez que le tocó vacunarlo. Habían sido tantas inyecciones que él sintió el mismo dolor que su hijo, las lágrimas le habían nublado la vista y por poco se había puesto a llorar por él. Hinata había cuidado de Boruto durante ese día hasta que su bebé estuvo tranquilo.
Inevitablemente recordó lo que Sasuke había dicho.
Si era cierto, y conociendo a su amigo, lo era, Hinata había estado media vida enamorada de él.
Naruto no sabía cómo algo así pudo haber sucedido, ella le había conocido en la peor etapa de su personalidad, cuando era un niño absolutamente idiota, demasiado propenso a los problemas, con una boca muy grande y un enamoramiento obsesivo por su mejor amiga que no dudaba en gritar a los cuatro vientos.
Ella en cambio había sido una niña muy tranquila, ordenada, puntual, responsable. Todo lo que él nunca fue.
Observándola fijamente se dio cuenta de que aún eran demasiado diferentes. Ella era tan hermosa y él era un pobre diablo. Había un abismo entre ambos y con todo Naruto sentía que algo diferente estaba pasando con él, y es que, cuando la veía el corazón le saltaba con locura dentro del pecho.
Sus ojos fueron a parar en los labios entreabiertos de Hinata y por instante tuvo la loca idea de inclinarse y besarlos. Inmediatamente negó con la cabeza sabiéndose perdido si lo hacía.
—No Naruto — se dijo rápidamente. No podía seguir alimentando aquella atracción, los sentimientos empezaban a florecer en él como nunca y era tiempo de ponerle un alto —. Se merece a alguien mejor — la realidad dolía, pero era mejor asumirla de una vez. Suspiró y con suavidad puso una mano en el hombro de ella y la movió esperando despertarla.
Hinata suspiró, giró el rostro hacia su dirección y lentamente abrió los ojos. El iris de color gris era un remolino de dulzura, Naruto quedó prendado y por un momento ambos simplemente se observaron.
Entonces Hinata se inclinó hacia él y lo beso.
Fue apenas un roce de labios y ocurrió tan rápido que Naruto ni siquiera tuvo el placer de disfrutarlo.
Ella se alejó. Sus mejillas sonrojadas. Sus labios temblorosos. Una lengua pequeña salió y lamió la superficie reseca de su boca y ella giró el rostro hacia la ventana, y un segundo después salió del coche.
Naruto sintió que el corazón le latía tan rápido que escuchaba el sonido en sus propios oídos. Se lamió los labios también, jurando que la dulzura de la caricia de Hinata aún perduraba. Era deliciosa. Parpadeo desconcertado, no entendía que había sucedido, si aquello había sido su imaginación o si realmente Hinata lo había besado.
—Por fin llegaron — la voz de Shion le instó a salir del auto. La chica había abierto la puerta para recibirlos. Hinata se encaminaba hacia la casa. Naruto tuvo la tentación de detenerla y preguntarle qué había sido aquello, si había significado algo, pero la rubia presente lo detenía.
Hinata ingresó a la casa sin mirar atrás y a pesar de lo convencido que había estado hacia solo unos minutos sobre su relación de amistad, Naruto sintió algo pesado en el pecho.
¿Porque Hinata lo había besado?
¿Porque se alejaba así, sin más?
¿Cuándo había despertado le habría confundido con alguien más?
Algo presionó su pecho y dolió. Naruto frunció el ceño desconcertado. No entendía muy bien lo que sucedía con él y porque un simplemente beso le había trastocado tanto.
—Tardaron mucho… Boruto está dormido — ante la mención de su hijo, tuvo que volver a la realidad.
—Es un camino muy largo, me habría perdido si no hubiera sido por Hinata — aseguró acercándose a la casa.
—Veo que disfrutaste del paseo — Shion no le esperó dándole la espalda e ingresando también. Naruto se preguntó por un momento si ella pudo haber visto algo y porque su voz había sonado tan agresiva. Negando con la cabeza, evito pensar en ello e ingresó al hogar Hyuuga.
Dentro el señor Hyuuga estaba sentado en el sofá unipersonal mientras observaba las noticas a bajo volumen, Hanabi estaba en el sofá más grande recostada contra los almohadones profundamente dormida y su abuela estaba al lado de la menor, con Boruto en brazos.
Naruto se acercó rápidamente a ella pasando a un lado de Hinata, Tsunade no dudó un segundo en extenderle a su bebé y Naruto lo pegó rápidamente a su torso. El pequeño se acomodó con un suave suspiro y siguió durmiendo. Naruto le dio un beso en la frente notando su piel más fría, la fiebre definitivamente había cesado lo cual era un alivio.
—Muchas gracias por todo — dijo volteando hacia el mayor. Hiashi lo observó por un momento, se puso de pie y se acercó a él.
—No te preocupes, estamos para servir — aseguró con un firme asentimiento. Se había cruzado de brazos y aun cuando parecía muy serio y tranquilo, Naruto no pudo evitar percibir cuán cansado se encontraba. Eso inevitablemente le hizo apenar, había mantenido a toda la familia despierta y aunque no podía arrepentirse, pues su hijo claramente se encontraba en mejor estado, de verdad aquello no le hacía sentir mejor.
En un tartamudeo le preguntó al señor Hyuuga cuanto le debía, el hombre le dijo que no era nada con un gesto rotundo, pero Naruto volvió a insistir exponiéndole la pena que le daba haberlos mantenido tanto tiempo despiertos, Hiashi lo censuró con una sola mirada y se ofreció a ayudarle si se volvía a presentar algún inconveniente, esperando que no.
Resignado, Naruto le agradeció nuevamente y luego volteó hacia su abuela. La mujer se veía visiblemente cansada, pero contrario a lo que hubiera pensado hacía algunos meses, su atención estaba fija en Boruto y se miraba aliviada por observarlo mejor, pero aun preocupada.
—Entonces nos vamos —dijo mirando fijamente a su abuela. Tsunade asintió y se acercó al Hiashi. La mujer se abrazó al hombre con cariño a lo que el Hyuuga sonrió correspondiendo. Por un momento Naruto había olvidado cuán conocida y querida había sido su abuela por la gente del pueblo antes de que se recluyera a sí misma tras la trágica muerte de sus seres queridos.
Tsunade se despidió también de las chicas y luego se acercó a Naruto.
—Muchas gracias por todo — susurro la mujer inclinándose ligeramente.
—Que les vaya bien — dijo Hiashi.
—Los acompaño a la puerta — Hinata se acercó a ellos. Naruto la miró fijamente y asintió, luego juntos se encaminaron a la entrada de la casa.
—Dame al bebé — solicito Tsunade al pie de la puerta. Naruto miró a su hijo y asintiendo se lo pasó a la mujer. La rubia lo arrulló con ternura y luego lo arropó antes de salir al sereno de la madrugada. Naruto la siguió y abrió la puerta de copiloto, le permitió entrar antes de cerrarla.
Suspirando, volteó hacia la casa. Hinata aún seguía en el umbral de la puerta, con una mirada curiosa y cansada, y una mano sobre el pecho. Naruto dudó un segundo antes de acercarse a ella.
—Muchas gracias por todo Hinata — susurro deteniéndose a un par de pasos de ella. La chica le miró apoyándose en el marco de la puerta.
—No te preocupes Naruto — le aseguro con una pequeña sonrisa, que rápidamente cambio a una mueca de seriedad —. Si sucede algo más, si sientes que Boruto se pone mal de nuevo no dudes en llamarme. Tienes mi número ¿verdad?
—Si, lo tengo.
—Entonces si me necesitas, esta vez sí úsalo, sin importar nada — Naruto se sonrojó un poco, sintiéndose idiota. En los últimos tiempos usaba tan poco el celular que hasta había olvidado que tenía el número de ella, le habría sido de ayuda en los peores momentos si solo se hubiera acordado.
—Te llamaré — se hizo un ligero silencio. Ella le miraba, parecía querer decir algo, Naruto también quería preguntarle sobre lo que había sucedido en el carro, pero decidió que aquel no era ni el momento, ni el lugar, ella se miraba agotada —… ¿Volverás pronto a la guardería? — preguntó en cambio.
—Estaré ahí desde mañana — confirmó con un gesto afirmativo de cabeza. Naruto también asintió enormemente aliviado porque ella estaría cerca.
—Entonces nos vemos luego — sonriendo como un idiota, Naruto la observó con una mirada baja y se acercó a ella. La expresión perpleja de Hinata cuando le plantó un beso en la mejilla fue adorable, pero cuando se sonrojó por ello fue simplemente encantadora.
—Hasta luego — fue el susurro tembloroso de la chica mientras él se dirigía al auto.
Naruto miró un instante antes de ingresar y posteriormente arrancar.
El camino a casa fue ligero. Tsunade llevaba a un dormido Boruto en brazos. El bebé no se quejaba en lo absoluto, parecía descansar con total calma y ya había recuperado el tono sonrosado de sus regordetas mejillas.
En cuanto se estacionó en el porche de la casa, bajo del auto y le abrió a Tsunade, luego la guio a la casa y abrió rápidamente la puerta. Las luces habían quedado encendidas, la mujer pasó hacia la sala y luego volteó hacia él, no se necesitaron palabras para que ella misma le pasara a su bebé.
Naruto lo tomó con mucho cuidado y lo arrulló contra su pecho, luego levantó la mirada hacia Tsunade y la observó por un momento.
—Gracias por lo de hoy — susurro lentamente con mucha sinceridad. Sin ella, no habría sabido que hacer y posiblemente se habría vuelto loco antes de considerar buscar un médico.
Tsunade se encogió de hombros en un gesto sin importancia y luego dio la vuelta y se encaminó hacia las escaleras. Naruto, acostumbrado a la actitud arisca de la anciana, ni le prestó atención.
—Si… necesitas ayuda… solo pídemela — la mujer se había detenido a mitad de la escalera. Aún le daba la espalda y Naruto sabía que le había costado incluso pronunciar las palabras.
—Por supuesto — no pudo evitar sonreír. Eran tan ella y por primera vez la veía como lo que era. Su abuela.
La mujer terminó su camino hacia la segunda planta y Naruto recostó a Boruto en uno de los sofás acomodándolo con cojines a su lado para que no se caerá, luego fue por la maleta y las medicina al auto.
Diez minutos después acomodaba a su hijo en la cama. El agua para los biberones se estaba calentando, puso las medicinas y el termómetro que había pedido a su abuela en la mesita de noche, le cambió la mudada de ropa y le puso algo más ligero tal como Tsunade le dijo luego de explicarle cómo usar el termómetro. También tenía a mano el celular y el número de Hinata en marcador rápido para mayor facilidad.
Acomodó a Boruto en el fondo de la cama, estaba dormido y tenía la piel fresca por lo que aprovecho para tomar una pijama e ir a tomar un baño.
Entró a la regadera un rato después y permitió que el agua le recorría el cuerpo, su abuela nunca había puesto la ducha en ese baño en particular y el agua se sentía más fría de lo usual debido a la hora. Sin embargo, se quedó un buen rato bajo el chorro de agua, mientras su mirada se perdía en las baldosas de cerámica, su mente se fue a otro lugar y sus pensamientos divagaron entre recuerdos de la agitada noche.
Aunque ya se sentía más tranquilo sobre su despertar con Boruto en fiebre, no pudo evitar recriminar su misma calma. De ahora en adelante atendería a su llanto al instante, por muy cansado que estuviese, jamás olvidaría su propia tranquilidad y la culpa que le había seguido al acercarse a su hijo y sentirlo prendido en fiebre, tampoco podría olvidar tan pronto el miedo, intentaría ser mejor padre y que aquello no volvería sucediera.
También pensó en Hinata, en su gentileza al ayudarlo, no había dudado un segundo en correr hacia Boruto cuando había tocado la puerta de su casa, tampoco cuando se había ofrecido a acompañarle a la ciudad, ni cuando le recordó sobre su número para que le llamara en cuanto fuera necesario, sin importar la hora, el día o el momento.
Y el beso.
Naruto cerró los ojos levantando el rostro hacia el chorro. El agua se deslizó por sus facciones y cayó de su barbilla al suelo.
No entendía porque Hinata le había besado, ni mucho menos su misma perturbación, apenas había sido un ligero toque de labios, que, sin embargo, le había calado como ninguno otro.
Su atracción por Hinata se hacía cada día más fuerte, ahora podía imaginarla a su lado, cuidando ambos a su hijo, abrazándola, besándola y Naruto sabía que era peligroso soñar con los ojos abiertos. No podía ilusionarse de esa manera, no era sano. No sabía qué tanto había cambiado ella ante sus ojos, le gustaba como mujer, era hermosa, también dulce y adorable, tenía una personalidad atrayente, tan distinta a él que resplandecía y sus labios sabían a pecado, pero no podía aspirar a más, conocía sus propios límites, Hinata era inalcanzable y aunque fuera de otra manera, no podía… simplemente no podía.
Negó con la cabeza y recordó a su bebé. No quería dejarlo mucho tiempo solo, tenía que se le subiera la temperatura o se despertara y llorara al saberse solo. Había descubierto que Boruto era muy dependiente de su compañía. No tanto como para llorar cuando lo dejaba en la guardería, pero si cuando estaba despierto y no lo veía a su lado. No sabía qué tan bueno era eso, pero por el momento le fascinaba.
Terminó de ducharse y luego se tomó unos segundos para secarse y vestirse, antes de volver con su hijo. Aún dormía, por lo que Naruto acomodó todo cuanto fuera necesario, cerró la ventana y corrió la cortina para que el sol no entrara y luego se acostó. A pesar de no creerse cansado, no tardó mucho tiempo en dormirse.
[…]
Eran las siete y cuarenta y cinco de la mañana cuando Sasuke se estacionó frente a la residencia Haruno. Había quedado con Sakura de ir a su control prenatal y había decidido llegar antes de tiempo como siempre.
Sin embargo, una vez frente a la residencia Uchiha, Sasuke no supo que hacer, podía acercarse a la casa y tocar, podía llamar a Sakura y preguntar si ya estaba lista, o simplemente esperar a que saliera de la casa. Los últimos días, Sakura se mostraba más receptiva a su atención, pero aún seguía siendo un poco precavida, lo cual le hacía sentir indeciso, una sensación similar a la inseguridad que realmente odiaba.
Sasuke siempre se había caracterizado por conseguir lo que quería, siempre tan seguro para tomar cualquier cosa que llegaba a ser arrogante.
Durante su niñez y adolescencia había tenido que luchar por destacar, en un pueblo tan pequeño todo se sabía. Su hermano, cuatro años mayor que él era una persona sumamente inteligente, amable y carismático, todo el mundo lo amaba. Sasuke siempre había sido su sombra.
Todos habían esperado de él que se pareciera a Itachi, Sasuke había tenido que abrirse su propio camino.
Destacó tanto como él por su inteligencia, siempre las mejores notas del salón. Durante la primaria también resaltó por su habilidad con los números, cuando Itachi lo había hecho con las lenguas. En la secundaria fue el mejor promedio de todos durante los tres años correspondientes. Cuando llego a la preparatoria se esforzó por ir un paso más allá y se destacó como atleta llegando incluso a ser el capitán del equipo de baloncesto en su primer año, un total logro en la historia de la escuela. Sus ambiciones habían sido altas y le llevaron a la prestigiosa universidad de Tokio, le había llevado a tomar decisiones erróneas.
Sin embargo, no todo había sido tan malo, había estudiado mucho y se había graduado con el mejor promedio de su generación y en tiempo récord, luego de tres años y medio había decidido probar buscando un trabajo mientras decidía conseguir también un título en Ciencias económica y financieras.
Al final había conseguido un empleo con una facilidad vergonzosa en una empresa de servicios financieros muy famosa. Aunque había iniciado como asistente, rápidamente había subido a gerente. Era responsable, astuto, inteligente y trabajador, cualidades que le habían hecho destacar. Su familia no sabía nada del trabajo que había dejado en la capital, pues Sasuke había guardado bien el secreto. Mientras ellos le creían estudiando, él se había dedicado también a trabajar. El dinero mensual que recibía en aquellos años seguía intacto en su cuenta de banco junto con sus propios ahorros. Había planeado a largo plazo utilizarlo para abrir su propio negocio, pero la vida tenía sus propios planes y curiosamente no se arrepentía.
Todo había cambiado desde que había vuelto a ver a Sakura. Siempre había pensado que no importaba cuanto la quisiera, no podía conformarse con una tranquila vida en el pueblo. Había sido demasiado ambicioso y arrogante, había considerado sus opciones y le había fascinado imaginarse como un empresario de ciudad.
Ingenuamente había creído que era la vida ideal, pero en navidad, con ella en sus brazos, supo instantáneamente que algo le faltaría de por vida y había tenido miedo.
Se suponía que una vez dejaba el pueblo, había cambiado su destino. Había pensado volver con los años, tal vez reencontrarse con ella, cada quien con una nueva vida ya hecha. Siempre la recordaría como la primera mujer que amo, pero su historia había terminado o así lo había supuesto.
Su futuro estaba lejos de allí, trató de convencerse tantas veces, pero una sola noche lo había cambiado todo.
¿Cómo volver a su monótona y simple vida cuando aquella noche de navidad se había vuelto a sentir tan completo?
Lo intento y cada noche durante esos cuatro meses la recordó en su cama, durmiendo con una hermosa sonrisa en sus labios. Imagino también lo que hubiera sucedido si tan solo no la hubiera dejado a la mañana siguiente sin un adiós con una nota tan vacía y dolorosa.
Pero Sasuke se conocía y aunque todo aquello los lastimaba mucho a ambos, tal vez había sido necesario. Porque no quería despertar en un futuro pensando en cómo sería su vida en la ciudad, tal vez culpándola a ella por todo. Si, era así de egoísta.
Había tenido que pasar por todo aquello para darse cuenta de que su vida estaba allí, con Sakura, en aquel pequeño pueblo del que tantas veces había querido huir.
Ahora solo tenía que seguir adelante.
Esperaría a recuperar su relación antes de hacer planes, esta vez dejaría que todo siguiera su curso natural, pero podía imaginarse comprando una casa para los tres, trabajando durante el día y volviendo a casa en la noche, donde Sakura y su bebé le recibirían con una sonrisa. Sería la vida ideal… Ohh había sido tan necio.
Suspirando, decidió bajar del auto. Había perdido algunos minutos pensando y ya eran las ocho en punto.
Se acercó a la casa Haruno y tocó el timbre esperando ser atendido. La sonrisa amigable de Sakumi le recibió.
—Sasuke, querido — la mujer no pareció nada sorprendida de verle ahí —. Vienes por Sakura ¿cierto? Pasa adelante.
—Buenos días — el asintió e ingresó a la casa —. Permiso — susurro más por costumbre.
—¿Ya comiste algo? — preguntó la mujer tomándole del brazo.
—Pues…
—Ven, acabo de terminar el desayuno. Sakura aún no baja… puedes acompañarnos — lo arrastro prácticamente hacia el comedor.
El señor Haruno estaba a la cabecera del pequeño comedor de seis sillas. Era la típica escena de película americana, pues leía el periódico mientras tomaba de una taza con café.
—Buenos días Kizashi — le saludo con seriedad. El hombre levantó la mirada y le observó. Había algo en su manera de mirarlo que inevitablemente le hizo pensar que ya no era tan grata su presencia para él.
—Buenos — fue la escueta respuesta del varón. Sasuke optó por tomar asiento en la segunda silla del lado derecho de Kizashi.
Al inicio de su relación con Sakura, el señor Haruno había sido la persona más inaccesible con la que Sasuke se había podido topar, incluso más que su propio padre. Todo había cambiado luego de una muy temida conversación que ambos habían compartido. Al ser Sakura, hija única, sus padres la adoraban más que cualquier cosa. Según le había contado el hombre, había sido un parto difícil y por un momento había temido por ambas, por ello él se desvivía en complacerlas y cuidarlas.
Kizashi le había hecho prometer a Sasuke que no lastimaría a su hija. No había mucho que decir al respecto más que, él había fallado a su palabra. La había lastimado incontables veces y una más dolorosa que la otra, no era de extrañar que el hombre se comportara de aquella manera. Desde que había sabido de su pequeña bebe había tenido mucho tiempo para pensar en un futuro, la amaba demasiado y si un día llegaba algún idiota y la lastimaba como él lo había hecho con Sakura… Sasuke no quería pensar en lo que sucedería, pero seguramente el sujeto sería hombre muerto.
Sakumi no tardó en hacer su aparición llevando los platos con comida, le entregó uno a su esposo y otro a Sasuke, luego volvió a perderse en la cocina. Sasuke empezó a comer para evitar sentirse incómodo en aquel tenso silencio. Sakumi volvió en un momento después, con otros dos platos. Puso uno a la par de Sasuke y el otro al lado de Kizashi donde tomó asiento.
—Espero que te guste Sasuke — susurro ella como buena anfitriona. Sasuke levantó la mirada observando su sonrisa, casi tan resplandeciente como la de Sakura.
—Esta delicioso — susurro rápidamente.
—Sakura no ha de tardar en bajar, se suponía que saldrían a las ocho, pero a este paso se irán hasta las nueve… espero que no les retrase.
—No importa… mientras termine todos sus pendientes hoy — concebido casi por inercia. Pudo notar de reojo como Kizashi le observaba.
—¿Y cómo te va en el trabajo? — preguntó la mujer antes de llevarse un trozo de omelet a la boca.
—Pues… muy bien — fue conciso y efectivo. Casi se arrepintió de su respuesta tan sencilla pues luego de eso el silencio les embargo.
—Es tarde… seguramente Sasuke está… — Sakura se apareció en el comedor como un torbellino. Llevaba un vestido color salmón que se apretaba en sus pechos y caía en sus caderas. El cabello suelto bailaba a su alrededor y los labios rojos captaron toda su atención. Se veía tan femenina y guapa.
—Hola — susurro Sasuke con voz ronca, sin poder evitar recorrer su silueta de nuevo. Sakura se sonrojó y apretó entre los dedos su pequeña cartera blanca.
—Buenos días.
—Come algo hija — Sakumi intervino señalándole el desayuno.
—Pero…
—De cualquiera manera Sasuke está comiendo… no pretenderás irte sin dejarle acabar ¿no? — la voz de la mujer era suave y maternal, pero había en ella un indicio de regaño que puso a Sakura colorada. Era vergonzoso sentirse como una adolescente de nuevo.
—Si — tomó asiento y el desayuno continuo en silencio.
Sakura deseaba terminar rápidamente y largarse. Su padre no le quitaba la mirada de encima, ni a ella, ni a Sasuke. Estaba callado, lo cual era un indicio de su humor.
Miró de reojo a Sasuke notándolo tranquilo y cómodo. Parecía que nadie perturbaría su buena aparición, incluso parecía tener buen humor, lo cual era extraño. Y se veía tan guapo. Las mejillas le ardieron ante aquel pensamiento, pero temiendo que se dieran cuenta de la dirección de sus cavilaciones, bajo el rostro y decidió concentrarse en su desayuno.
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Rato después, se encontraba ingresando al asiento de copiloto del auto de Sasuke. El Uchiha cerró la puerta con suavidad mientras ella se ponía el cinturón de seguridad.
El moreno entró unos segundos después y arrancó el auto. La estación de música suave era lo único que se escuchaba. Sakura no sabía qué decir para romper el silencio y por sorprendente que parecieran fue Sasuke quien lo hizo.
—¿A dónde vamos a ir primero? — preguntó mientras tomaba la calle principal que los llevaría al centro del pueblo.
—Pues… la consulta es hasta las once — susurro ella insegura —. Quería ir a arreglar algunas cosas en la universidad y también presentar unos documentos faltantes de mi permiso en el hospital.
—¿Qué cosas tienes que arreglar en la universidad? — indagó él queriendo hacer conversación.
—Deje de ir al enterarme del embarazo… era mitad de semestre. Quería hablar con mis profesores para exponerles mi caso, no quiero que ahora que termine el semestre, me pongan cero por faltar sin justificación, eso bajaría mi índice considerablemente.
Sasuke quería preguntarle porque no había dado el aviso desde un inicio, pero temía indagar en ello y recordarle cosas dolorosas, como lo sola que había estado cuando se había dado cuenta que estaba embarazada.
—¿Luego al hospital en el que trabajas?
—Si… trabajo ahí desde hace dos años — susurro con una sonrisa. Era relativamente poco tiempo después de que se fuera él, fue el pensamiento de Sasuke —. Pedí mi permiso hace como tres meses, se da una incapacidad a las embarazadas de seis meses antes del parto y dos meses luego también. Me falta entregar el permiso, la última vez que fui no lo había llenado aún… — parecía hablar consigo misma, lo cual era una adorable manía que tenía desde que Sasuke la conocía.
—Entonces primero a la universidad y luego al hospital — anotó pensando la ruta que tenía que tomar.
—Pues… — la voz de ella bajo unas décimas —. Yo quería…
—¿Que? — le instó a hablar.
—Quería pasar también por una tienda — susurro jugando con la correa de su cartera. Sasuke frunció el ceño extrañado por escucharla tan insegura.
—¿Necesitas algo para la bebe? — le preguntó un poco preocupado.
—No… bueno, también quería pasar por una tienda de bebé, pero… — su cara se cubrió de rojo —. Pues… ¡Dios!
—¿Es algo tuyo? — indagó un poco divertido por verla en aprietos.
—¡Si!
—Bien, entonces primero a la universidad, luego al centro comercial y después al hospital.
—Si — asintió ella.
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Llegaron a la universidad en un tranquilo silencio. Dado que era día de semana el lugar estaba a rebosar de jóvenes estudiantes. Sasuke se estacionó cerca de la entrada para evitarle a Sakura una larga caminata, luego bajo del auto y lo rodeó para abrirle.
Ella extendió su mano y la apretó con timidez cuando Sasuke se la tomó, el moreno la ayudó a bajar.
—Bueno… esto tomará un momento — ella tomó su cartera e indagó en ella mientras hablaba. Sasuke frunció el ceño reconociendo aquel gesto nervioso.
—No voy a ningún lado Sakura… te dije que te acompañaría — le aseguro rápidamente. Sakura dejó lo que hacía, levantó la mirada y le observó entre pestañas.
—Que consté que te lo advertí Uchiha — susurro ella con una actitud falsamente retadora.
—Hmp… como sea.
Se encaminaron uno al lado del otro. Sasuke había estado en aquella universidad una única ocasión, cuando estaba en último año de preparatoria y los llevaron a dar un paseo por el campus. Era relativamente pequeña comparada con la universidad de Tokio, pero la edificación estaba muy bien cuidada, los pasillos estaban aseados y el equipo era sorprendentemente moderno.
Sasuke siguió a Sakura de cerca al no saber hacia dónde se dirigía. Había investigado un poco sobre ella en los últimos meses y sabía por boca de otro que luego de graduarse de enfermera, había ingresado a la facultad de medicina, por lo que no se sorprendió cuando entraron a dicha edificación de tres pisos.
Al parecer la chica era relativamente conocida pues varias personas le saludaron. Sasuke también pudo sentir como las miradas de algunos, especialmente mujeres, se fijaba en él. Bastante acostumbrado se limitó a ignorarlas y seguir el paso de Sakura. Tomaron el ascensor y al llegar al último piso se encaminaron por diversos pasillos. Sasuke trató de memorizarse el camino.
Finalmente se detuvieron frente a una puerta. Sakura tocó un par de veces antes de entrar.
Por el cartel que estaba afuera, Sasuke sabía que era el salón de catedráticos. A pesar de la hora, había varios maestros por toda la habitación.
—Buenos días — se escuchó la cantarina voz de Sakura.
—Señorita Haruno — la voz de un hombre resaltó. A Sasuke le costó un poco identificar quién había sido. Sakura no tuvo ningún percance en acercarse al profesor. Era un hombre de unos cuarenta años. De cabello negro ligeramente canoso, ojos miel y piel pálida, bastante atractivo para su edad. Sasuke no dudó en seguir a la pelirrosa.
—Profesor — la chica lo tomó de la mano con confianza.
—Es bueno comprobar que estás bien. Tenía mis dudas luego de que desaparecieras sin más — susurro en un suave reproche.
—Si, bueno — Sakura se sonrojó en extremo —. Fue inevitable — dijo mientras se acariciaba su panza.
—Ya veo — el hombre sonrío mientras observaba la evidencia de sus faltas —. ¿Nacerá dentro de poco?
—Pues… a finales de septiembre.
—Entonces te tendremos aquí dentro de unos meses
—Eso espero… y bueno, quería hablar con usted y con el Dr. Yamatake porque sé que falte a las clases sin presentar la debida excusa y pues…
—Ya había pensado en ello y sabía que algo de fuerza mayor había sucedido para que tú hubieras dejado la clase, así que por mi parte no te preocupes… Te reporte cómo abandonó desde inicio de semestre, eso evitará que baje tu índice y puedes volver a mi clase cuando quieras.
—Ohhh… muchas gracias profesor — Sakura se abrazó a él con confianza. A Sasuke no le gustó nada, pero se abstuvo de comentarlo.
Luego de tener también una conversación con el otro catedrático, ambos se dirigieron a la salida del edificio. Sasuke procuro seguir el paso de Sakura, aun cuando esté fuera lento, con los meses parecía dificultársele caminar, asumía que el peso de la bebe era difícil de llevar para su frágil figura, pero Sakura era fuerte y no se quejaba.
Cuando entraron al edificio principal, Sakura le comentó que necesitaba ir a la Dirección a arreglar otro pequeño asunto. Sasuke asintió y la siguió. Esta vez ella se tomó de su brazo.
—¡Sakura! — se escuchó un chillido agudo y un fugaz destello rojo voló hacia ellos.
Sakura se zafó de su brazo justo un segundo antes de que una chica menuda se apareciera de pronto corriendo hacia ella y casi llevándola consigo.
Sasuke estuvo a punto de estrangularla cuando vio cómo la pelirroja abrazaba a Sakura rápidamente, sin embargo, se detuvo al notar como la envolvía con mucha delicadeza, no pegaba su figura a su panza hinchada y, de hecho, apenas la rodeaba con sus cortos brazos.
—Miku — dijo la Haruno.
—Eres una insensible. ¿Porque no habías venido a verme?... ya ni me respondes mis llamadas ¡Maldición pelirrosa! — gruñó como un camionero. Sasuke la miró con curiosidad. Era casi tan menuda como Sakura, pero unos centímetros más alta. Tenía una figura delgada y un cabello tan rojo que parecía fuego vivo.
—Miku… no maldigas — riño Sakura frunciendo el ceño —. Y no seas mentirosa, hemos hablado cada semana desde que me fui.
—Pero es que apenas y te he visto… — puso sus manos en su barriga —¿Y cómo está mi sobrina? Hola mini-Sakura, soy tía Miku — habló con un tono meloso.
Sasuke alzó una ceja divertido, Sakura levantó la mirada hacia él y pareció sinceramente avergonzada. Miku se dio cuenta de ello y curiosa dio la vuelta para ver aquello que su amiga observaba con atención.
—¡Ohh mierda! — soltó boquiabierta — ¿Qué carajo?... ¿Quién es este adonis y porque no me lo has presentado? — susurro mientras se arreglaba la rebelde cabellera, luego se estiró la camisa, haciendo que su escote sobresaliera.
—Si pues…
—Hola lindo… Soy Miku— avanzó hacia él y se colgó de su brazo derecho. Sasuke pensó que talvez no era buena influencia para Sakura cuando sintió como sus pechos se pegaban con descaro a su brazo.
—Hola.
—¡Qué voz!... ¿No quieres que salgamos? No tengo hora de llegada — le sonrío con coquetería. Era guapa con sus cabellos rojos rizados y sus ojos azules, pero no estaba para nada interesado.
—¡Miku!... ¡Suéltalo! — chillo Sakura. Sasuke levantó la mirada hacia ella notándola furiosa. Apretaba los puños con fuerza y sus ojos verdes brillaban con intensidad, tenía los labios fruncidos y arrugaba la nariz de manera adorable. Estaba evidentemente celosa y a Sasuke le causó gracia y algo más cálido en el pecho.
—Cállate pelirrosa, estoy ligando.
—¡Miku!
—Pero Sakura…
—Es Sasuke… ¡Sasuke!
—¿Sasuke?... — ella se detuvo a pensar por un segundo, luego abrió enormemente los ojos soltándolo con brusquedad —. ¿Tú Sasuke?
—Si… — fue la respuesta avergonzada de Sakura.
—Ohhh… nunca me dijiste que fuera tan guapo el bastardo — dijo mirándolo fijamente. Sasuke se removió un poco incómodo, luego reaccionó ante el insulto frunciendo el ceño.
—¿Disculpa?
—Te disculpo — ella se encogió de hombros.
—Miku… no sigas — Sakura bajo la mirada mientras volvía a jugar con la correa de su cartera —. Ahora tengo que irme.
—Pero acabas de llegar — la pelirroja hizo un puchero cuál niña berrinchuda.
—Tengo muchos pendientes. Te llamo en la noche.
Costó un poco que aquel demonio los dejara ir, más a Sakura que a él. Al final, las chicas se despidieron con un abrazo y luego la pareja se dirigió en silencio hacia el parqueo, Sakura había asegurado que luego podía volver por el otro pendiente, pues no era tan urgente.
Sasuke no sabía qué había pasado para que de pronto Sakura se hubiera cerrado de nuevo. Ahora que lo pensaba, el insulto de la pelirroja se había escuchado más como un reproche. Talvez Sakura le había contado sobre ellos, una práctica bastante común entre mujeres. No le agradaba tal perspectiva, pero no podía culparla, ella se había llevado la peor parte de su relación.
.
El camino hacia el centro comercial fue en un tenso silencio. Sasuke salió del auto y cuando llegó a la puerta de Sakura, ella ya hacía un ademán de salir por su cuenta. No lo permitió. Se acercó y la tomó de la mano. Pudo notar la rigidez que se apoderó de su pequeño cuerpo, pero la mujer rápidamente cedió.
En esa ocasión, Sasuke se abstuvo a soltar su mano aun cuando ella estuvo fuera. Pudo sentir la incomodidad de Sakura en un inicio, pero se negó a dejarlo y al final, ella desistió y se relajó.
Ingresaron al centro comercial y se encaminaron a las escaleras eléctricas, hacia el primer piso.
—¿Adónde vamos? — indagó dejándose guiar. Sakura se detuvo de pronto y tardó unos segundos en observarlo. Tenía las mejillas rojas y los ojos avergonzados.
—¿No tienes algún recado que hacer? — Sasuke no comprendió de que hablaba.
—No, te dije que estaría contigo todo el día — intento no sonar tan ofendido como se sentía. No le gustaba que ella tratara de alejarlo a cada momento. No obstante, luego se dio cuenta que esa no era su intención.
—Es que yo…
—¿Que sucede? — preguntó empezando a preocuparse. No le gustaba mirarla tan inquieta.
—Necesito hacer algo y…
—¿No quieres que te acompañe? — ella negó con la cabeza —. ¿Eso es que no quieres o que no es eso? — preguntó confundido.
Sakura suspiró y decidió ser sincera, después de todo aquel era Sasuke, la persona que mejor la conocía en todo el sentido de la palabra.
—Es que… mis bragas me aprietan un poco ahora. Compre unas hace unos meses, pero ya me quedan muy pequeñas, son incómodas y presionan mi vientre… necesito comprar unas nuevas — susurro avergonzada.
—¿Es eso? — Sasuke no pudo evitar sentirse aliviado. Había empezado a pensar tonterías al respecto.
—Si.
—¿Y me tienes pena o algo por el estilo? — preguntó extrañado. Después de todo hasta hacía unos días ellos habían hecho el amor y él había besado cada lugar de su cuerpo.
—Es que ahora es diferente — ella bajó la mirada.
—Estás embarazada Sakura… llevas a nuestra bebé dentro de ti — con suavidad, le acarició el centro de la mano con el pulgar. Sakura se sonrojó y asintió tímidamente.
Aún de la mano, se encaminaron juntos a una tienda de ropa interior. Les recibió una guapa dependienta que descaradamente observó a Sasuke de arriba a abajo. Sakura frunció el ceño y apretó la mano de Sasuke en un movimiento inerte. El moreno casi se echó a reír divertido por sus celos. Era una faceta de ella, que creyó nunca ver.
—Queríamos ver ropa interior para embarazadas — anunció Sakura acariciando con una sonrisa de superioridad, su panza hinchada. La dependienta asintió con rigidez y posteriormente les guio hacia el área correcta.
Sakura se alejó de Sasuke y rápidamente se apresuró hacer su elección. Necesitaba por lo menos unos cinco conjuntos de colores claros. Su talla de sostén había incrementado por dos y con el crecimiento continuo que tenía de su vientre, necesitaría bragas con elástico, talvez una talla más grande. No podía ser vanidosa al respecto, buscaba comodidad, pues a la larga no los volvería a usar una vez recuperara su figura de siempre, no obstante, no deseaba que Sasuke observara sus compras.
Tomó el primer conjunto de algodón, en color blanco. Y el primer pensamiento que tuvo es que parecían para alguien mayor, tal vez una abuela. Las mejillas se le pusieron rojas y rápidamente buscó a Sasuke con la mirada. Él también estaba muy sumido en su propia búsqueda. Sakura lo vio tomar uno sostén de satén en color rojo. Se sonrojó aún más, recordando cómo en el pasado, Sasuke había elegido más de una vez su ropa interior. Decía que le gustaba como le quedaba el rojo contra su piel tan pálida.
Negando con la cabeza, se dijo que no tenía tiempo para eso, aún tenía que escoger cuatro conjuntos más y luego debían ir al hospital a terminar su recado antes de acudir a su cita mensual.
Terminó de escoger su ropa interior y haciéndola un bulto se dirigió a Sasuke. El moreno observaba ahora unas bragas de encaje y no se mostró nada cohibido cuando Sakura se acercó y lo observó con el ceño fruncido y las mejillas rojas de vergüenza.
—¿Ya? — le preguntó.
—Si, ya escogí lo que necesito.
—¿Terminaron? — preguntó la misma dependienta acercándose.
—Si, lo tengo aquí.
—Si quiere… yo puedo cargarlo — susurro extendiendo sus manos, Sakura se las pasó con rapidez. Llevaba una pequeña canasta floreada del brazo y puso allí sus próximas compras.
—Gracias — dijo la pelirrosa.
—¿Sería solamente esto? — preguntó la chica por inercia.
—Si, claro — la dependienta se alejó. Sakura estuvo apuntó de seguirla antes de darse cuenta que Sasuke ni siquiera les había prestado atención.
—Sasuke — le llamó acercando a él. El moreno se veía muy ensimismado en algo, Sakura enrojeció cuando noto que llevaba de la mano un conjunto de encaje en color rojo intenso. Era un sostén de encaje transparente y una atrevida braga de la misma tela.
—Hmm.
—¡¿Sasuke?!... ¿Qué haces? — farfulló casi escandalizada.
—Mm… ¿Terminaste? — susurró dando una mirada hacia ella, pero sin dejar el conjunto de lado, al parecer ni le había prestado mucha atención, en la primera ocasión.
—Pues si… — asintió tímidamente — ¿Qué haces con eso? — señaló tímidamente lo que llevaba en manos. Sasuke miró la ropa interior un momento y luego volteó hacia ella observándola con intensidad.
—Algo — dijo con una sonrisa de lado antes de dejarlo en su lugar. Sakura enrojeció completamente mientras Sasuke caminaba hacia ella. Dejó que le tomara la mano y la llevara hacia la caja registradora, sin embargo, volteó la mirada en el último segundo y la fijó en aquel conjunto atrevido.
—Encaje rojo y transparente — memorizó.
Sasuke pagó y no hubo manera evitarlo. Cuando la dependienta dio el precio, Sakura buscó su billetera en su cartera, pero cuando sacó el efectivo, él ya había dado su tarjeta de crédito. Sakura le miró molesta e intentó negarse, después de todo, ellos no eran relativamente nada, pero él se encogió de hombros y dio por terminada la discusión. Sakura lo dejó por esa ocasión porque la dependienta estaba demasiado pendiente y no quería dar una mala impresión.
Sakura casi murió de vergüenza cuando la mujer levantó al aire prenda por prenda antes de doblarlas rápidamente y guardarlas en una bolsa. Se negó a mirar a Sasuke y tomó la bolsa en cuanto la pelirroja la extendió.
—¿Eso sería todo? — preguntó Sasuke una vez estuvieron fuera. Sakura asintió y tímidamente se atrevió a tomarle de la mano. Sin más que agregar se dirigieron hacia las escaleras.
Casi se podía sentir como si fueran una pareja normal. Sakura se sentía dividida por dentro. Por una parte, quería olvidar todo y seguir adelante, por otra recordaba más que nunca lo malo que había vivido con él y miles de advertencias le venían a la cabeza.
—¿Quieres un helado? — preguntó el moreno de pronto. Sakura levantó la mirada hacia él notando hasta entonces que se habían detenido.
—Yo… — no había sentido la necesidad, pero de pronto su boca se hizo agua ante la perspectiva —. Si, por favor.
—Vamos — Sasuke la guio hacia una pequeña heladería.
Les atendió una chica de cabellos castaños y ojos negros, que en cuanto vio a Sasuke, se sonrojó con furia. Sakura frunció el ceño recordando las tantas veces que había sucedido en el pasado. No sabía hacia donde caminaba su relación, pero con todo no podía evitar sus sentimientos, ni la molestia que le causaba que las mujeres se lo comieran con los ojos ¿Estaría bien sentir celos cuando ellos no eran nada?
—¿Que desean? — fue la voz melosa de la castaña mientras se inclinaba sobre el mostrador. Llevaba una camisa de cuello, sin escote, pero sus pechos eran grandes y casi parecían amoldarse cual piel a la tela. Era guapa y coqueta.
Sakura levantó la mirada hacia Sasuke, sorprendida por que ni siquiera mirara a la chica, parecía más concentrado en los precios. Inmediatamente se reprendió, le había dicho a Sasuke que lo intentaría, pero desde que había ido por ella no había hecho más que sentirse incómoda por una cosa u otra. También se sentía tan a la defensiva que buscaba cualquier cosa para desistir de su decisión.
Recordó cómo en el pasado, sus discusiones siempre habían sido por la falta de demostraciones de afecto de él, pues mientras estaban juntos, Sasuke jamás había vuelto a ver a otra chica.
La última vez que hicieron el amor, Sasuke le había dicho que la amaba, que quería recuperarla. Ella lo amaba también y había decidido darle una oportunidad. No era justo para ninguno de los dos que sus inseguridades lo hicieran tan difícil. Después de todo, Sasuke había proclamado cuán maravillado estaba con su bebé y le había dicho que no le importaba cuán cambiada estuviera…
Era momento de dar un paso al frente.
—Queremos dos sundae — empezó Sasuke —.… Uno de vainilla con oreo, cubiertos de crema chantilly, salsa de caramelo y chispas de chocolate… y…
—Un sundae de chocolate amargo sin nada más… — terminó Sakura. Volteó la mirada hacia él y sonrió ligeramente. Sasuke parecía sorprendido, pero si él recordaba su helado favorito, Sakura también.
Sintió algo agradable en el pecho, podía reconocerlo, daba miedo, pero intentó no intimidarse en esa ocasión. Dejaría que todo fluyera naturalmente.
.
Llegaron al hospital en un cómodo silencio. Sakura aún degustaba su helado como si fuera la cosa más deliciosa del mundo lo cual casi hacía que Sasuke se echara a reír. Él había terminado el suyo incluso antes de salir del centro comercial.
Sasuke bajo antes del carro y luego le ayudó a ella. Sakura empezaba a resentir caminar tanto y más aún con unas zapatillas de suela tan delgada, por lo que se colgó de su brazo para ayudarse con su peso.
Ingresaron al lugar y le pidió a Sasuke que primero le acompañara al baño. Se sentía un poco pegajosa y quería lavarse. No tardaron más que unos poco minutos y luego le guió por el lugar. Varias personas la conocían por lo que la saludaron con una sonrisa, ella se las devolvió sin detenerse, ya casi sería las diez de la mañana y aún les faltaba terminar aquello e ir a la clínica.
—Yo trabajo en la sala de medicina de mujeres… es allí donde nos dirigimos — comentó Sakura. Sasuke volteó a verla sin dejar de caminar.
—¿Te gusta?
—Ohh claro… me fascina mi trabajo — sus ojos brillaban con emoción. Sasuke asintió guardando aquella información en su memoria.
—Sakura — se escuchó una voz masculina. La chica volteó y se soltó de su brazo con rapidez. Sasuke frunció el ceño extrañado por el gesto, sin embargo, su atención se dirigió en el individuo que se acercaba.
Era un hombre talvez unos años mayor que ellos, de unos veintiocho años. Tenía cabellos rubios y ojos grises, sus facciones era suaves y su sonrisa era amable. Era casi tan alto como él, pero más delgado. Sasuke observó cómo se acercaba a Sakura con confianza, como si lo hubiera hecho siempre o si entre ellos hubiera un secreto.
—Dr. Himura — susurró ella con una ligera sonrisa. El tipo la tomó de las manos y las apretó con suavidad mientras sonreía. Sasuke quería borrarle la sonrisa de un golpe.
—Atsushi… — la reprendió con dulzura —. Mi nombre Sakura… extrañaba tu presencia por estos lares — sonrío encantadoramente —. ¿Como sigue el bebé?
—Ella… — Sakura sonrío mientras se soltaba con delicadeza antes de acariciar su panza.
—Será tan hermosa como tú entonces — dijo antes de poner sus manos sobre las de ella.
Sobre su hija.
Era más de lo que Sasuke podía soportar.
Ardía en celos. Aquel tipo había llegado con la confianza de viejos amigos, había coqueteado con ella descaradamente y ahora le acariciaba la panza sin consentimiento ¿Tendrían ellos un pasado? ¿Habrían tenido una relación?
Sasuke sintió fuego por dentro. Sakura había estado sola por cuatro años, era hermosa, divertida y sexy. No podía asumir que le había sido fiel a su recuerdo, después de todo él también había estado con otras mujeres, pero no quería pensar en esa perspectiva. Sentía que explotaría en cualquier momento
Necesitaba separarlos… en ese instante.
Carraspeo sin disimulo rompiendo el contacto visual de ellos dos y fulminó con la mirada a aquel sujeto.
—Dr. Himura… yo… — Sakura se alejó sonrojada. A Sasuke le gusto que no llamara al imbécil por su nombre, más aún cuando ella no dudó en ponerse a su lado
El rubio levantó la mirada hacia él y lo observó con seriedad.
—Él es Sasuke… — Sakura tartamudeó ligeramente.
—El padre del bebé — dijo con una sonrisa —…. Y su novio — aseguró con exceso de confianza.
Tomó a Sakura de la cintura, la pegó a su costado y le devolvió una mirada a su sorprendida expresión, retándola a que se negara. Sakura le observaba descompuesta, le temblaba el labio inferior, pero no lo negó, aun cuando volteó hacia el doctor de pacotilla.
El otro lo observó con acidez, pero Sasuke no se dejó intimidar, era un experto en salir indemne de cualquier situación.
—Ahora si nos permite, tenemos algunos pendientes — susurro acariciando la cintura de Sakura. No le dejó despedirse al sujeto antes de instarla a caminar, tenía que alejarla de allí y alejarse él también.
No obstante, unos metros después, Sakura se detuvo obligándole a hacer lo mismo. Ella no era de las que dejaba las cosas así por así, por lo que se preparó para lo que seguía.
—¿Que fue eso? — preguntó la chica seriamente mientras se cruzaba de brazos.
—¿Que? — frunció el ceño metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón.
—¿Que fue esa… meada de testosterona? — puso las manos en su cadera —. ¿Estabas marcando territorio o qué? — bufo sin delicadeza —. Como te digo que… creo que ya no es necesario Sasuke… ¡Esto! — señaló su barriga hinchada —. Es más que suficiente.
Sasuke se permaneció en silencio. No quería hablar, temía traicionarse y decir una estupidez que haría que Sakura se alejara, pero sabía que no podía quedarse callado tampoco, no cuando terminarían en el mismo punto del antaño. Eso les había afectado tanto en el pasado.
—¿No tienes nada que decir? — exclamó ella molesta por su mutismo.
—No me gusto verte con ese tipo… — susurró moderando su voz, quería explicarse, no que se enteraran de su vida personal —. No me gusto la confianza que tenía hacia ti.
—Solo es un colega…
Sakura nunca lo diría, pero sus celos fueron los que derribaron las últimas dudas que ella tenía. Después de todo ¿Cuándo Sasuke había mostrado más sus sentimientos por ella que en esos momentos de celos? Aun así, no lo dejaría pasar, tenía muchos amigos varones y tenía que dejar en claro su punto de vista desde ya.
—Tsk… — él se cruzó de brazos.
—Lo conozco hace mucho, desde que ingrese al hospital… Es un buen amigo, nada más.
Sakura no quería que algo sin importancia arruinara la relación tan frágil que tenían por lo que por esa ocasión decidió ceder. Se dijo que no lo haría siempre, ella había cambiado, pero todo había iniciado por su culpa por lo que daría el primer paso.
—Hay que apresurarnos — susurro antes de tomar la mano de él. Volteó el rostro antes de que Sasuke notara su sonrojo y lo guio hacia la dirección correcta.
.
Sasuke se sentó en una de las sillas de sala de recepción, mientras Sakura ingresaba a la sala en la que trabajaba. Por esa ocasión había dejado que fuera sola, necesitaba pensar un poco en lo que había sucedido, sin embargo, luego de un momento prefirió dejarlo de lado. Aún no estaba listo para indagar en que había sido de la vida de Sakura en esos últimos años. Sabía que era un egoísta, pero no podía evitarlo. De momento era mejor simplemente ignorarlo.
Suspiró mientras sacaba su celular. Eran un poco más de las diez, Naruto debía estar en la oficina y Obito, quien les había reemplazado mientras tanto, debía haberse ido ya.
Frunció el ceño cuando observó las seis llamadas perdidas que reflejaba la pantalla. Cuatro de Naruto, dos de Obito, una de Itachi y una última de su casa.
Llamo primero a su primo quien en un inicio lo riño por aún estar en la oficina de correos, al parecer Naruto aún no se había presentado, lo cual era extraño, pues el Uzumaki había demostrado ser una persona bastante responsable, lo cual era hasta cierto punto escalofriante. Colgó diciéndole a Obito que resolvería el inconveniente.
Luego se comunicó con Itachi. Había dos cuestiones, Obito aún no había aparecido y su madre quería que llevara a Sakura a comer, al menos ahora ya sabía porque le habían llamado de casa. Le explico rápidamente a su hermano el problema y prometió llamar a su madre. Fue la siguiente en su lista.
Mikoto Uchiha era una mujer dulce y manipuladora. Sasuke no había tenido el placer de invitar a Sakura a comer, pues estaba seguro que su respuesta sería una negativa. El moreno tuvo que jurarle que invitaría a Sakura, aunque no le prometió que ella si iría, después de todo, la Haruno era un poco voluble.
Finalmente llamó a Naruto, le había dejado de último porque intuía que sería la conversación más larga.
—¡Teme!... llevo llamándote desde las siete — se escuchó en cuanto le contestaron.
—Eso vi — susurro Sasuke. Tenía una llamada por hora.
—Boruto se puso enfermo — el moreno noto que su voz estaba ronca y cansada —. Se levantó con fiebre a las dos de la mañana. Tuve que ir a la casa Hyuuga para que el doctor lo viera, estaba muy mal.
—¿Como sigue? — le preguntó seriamente.
—Mejor… aún no come mucho y la fiebre le volvió a las ocho, pero ya está mejor — musitó sin ganas. Era extraño escucharlo así, después de todo, era el quien continuamente le daba ánimo, no al revés.
—Tomate todo el tiempo que sea necesario. Asegúrate que este bien antes de que puedas dejarlo de nuevo solo en la guardería — se hizo un silencio.
—Sabía que entenderías amigo.
—No te preocupes… Obito atenderá el negocio por hoy. Sino llegas mañana, estoy seguro que puedo arreglármelas solo.
—¿Estás fuera? — le preguntó interesado. Sasuke bufo mientras fruncía el ceño.
—Hoy Sakura tiene consulta de control — susurro como quien no quiere la cosa.
—Así que están juntos — dijo con picardía. Sasuke chasqueó la lengua.
—Por supuesto… ya te lo había dicho.
—No, no lo recuerdo.
—Como sea… la consulta es hasta las once — se rascó la ceja derecha —. Luego creo que iremos a casa de mis padres a comer. Talvez Sakura acepte.
—Seguramente lo hará. Últimamente está más tranquila.
—Lo he notado — Sasuke sonrío ligeramente. Naruto río, sin embargo, se vio silenciado por el suave llanto de su bebé.
—Tengo que dejarte.
—Bien… atiende a tu hijo — carraspeo —. Y tomate cuanto tiempo sea necesario. Si no te veo mañana talvez el lunes.
—Claro… gracias Sasuke. Sabía que podía contar contigo — dijo antes de colgar.
Dado que Naruto no se presentaría ese día, le tocó llamar a Obito y explicarle el inconveniente. Su primo lo tomó con calma, pues él tenía ya un bebé de tres años, por lo que imaginaba y comprendía lo que Naruto había pasado.
En cuanto colgó la llamada, Sasuke suspiró mientras guardaba su teléfono en el bolsillo de su chaqueta. Apoyó la cabeza contra la pared y divagó entre sus pensamientos.
—¿Qué tanto haría Sakura? — se preguntó. Talvez debería haber ido con ella.
También pensó en el trabajo en la oficina. Habían terminado de cuadrar la plantilla y todos los libros, pero aún le faltaba archivar el papeleo por año. Era trabajo de un asistente, pero Naruto y él trabajaban en equipo, por lo que lo harían cuando el Uzumaki volviera.
Sakura apareció unos pocos minutos después. Llevaba una enorme sonrisa e iba del brazo de un hombre un poco mayor, talvez entre los treinta a cuarenta años. Era doctor al parecer por la bata que llevaba puesta.
Sasuke frunció el ceño, pero intentó no pensar idioteces, mientras se ponía de pie. Sakura se soltó del hombre y se acercó a él.
—Sasuke… Él es el director del hospital — enganchó el brazo con el suyo —. Su nombre es Hatake Kakashi — presentó —. Fue mi profesor de Anatomía Macro… Kakashi, él es Sasuke Uchiha… él es… él…— se puso evidentemente nerviosa, lo cual en vez de disgustarle le causó gracia.
—Se escucha complicado — sonrío el hombre.
—Soy el novio y futuro padre — Sasuke le quito el bochorno, extendiendo su mano en un saludo.
Luego de intercambiar unas pocas palabras más, volvieron a partir, esta vez hacia la clínica. Pasaban de las diez y media por lo que llegaron con unos pocos minutos de tiempo.
El doctor les hizo el llamado rato después.
La consulta pasó sin ningún contratiempo. Estaban sobre el séptimo mes por lo que Sakura debía tener más cuidados, también debían estar preparados para el parto.
Recibieron varias charlas sobre la lactancia, el parto, los alimentos e incluso las relaciones sexuales. Sakura manejaba los temas a la perfección, pero dejó hacer al doctor su trabajo, también porque Sasuke se veía muy interesado y era incluso tierno.
Luego de eso la pesaron, midieron su vientre y determinaron la posición de la bebe. Gracias a Dios todo estaba bien.
La consulta finalizó con una ecografía donde pudieron ver a la bebé. Sakura sonrío cuando escucho los saludables latidos. Todo marchaba en orden.
El doctor buscaba la imagen perfecta para que pudieran ver que todo estaba en perfectas condiciones. No era muy notable, pero él les aseguró que tenía todos los dedos de las manos y pies, Sakura no estaría tranquila hasta que la tuviera en brazos.
De pronto sintió como Sasuke le tomaba la mano. Levantó la mirada hacia él observándolo ensimismado en la imagen que proyectaba la pantalla. Sakura sintió como algo cálido se expandía en su pecho. Era inevitable que esa clase de cosas hicieran acelerar su corazón.
.
Poco después iban de nuevo en el auto. Sakura sonreía sin poder evitarlo. Sasuke la miró de reojo. Ella se veía tranquila y accesible. Tal vez era momento de comentarle la invitación de su madre.
—Sakura — llamó
—Dime
—Terminaste todos tus pendientes ¿cierto? — preguntó
—Pues… quería pasar por un lugar más — Sasuke no se esperaba eso.
—Claro… — tendría que llamar a su madre y avisarle que llegaría un poco tarde —. ¿Dónde quieres ir? — indagó.
—Quería… es que tengo que buscar algunas cosas para la bebe, te lo había dicho — Sasuke frunció el ceño, recordándolo.
—Si… ¿Qué necesitas?
—Algo más de ropa. Tengo algunos trajecitos, pero son más para frío, quiero algo de verano, más ligero… — susurro acariciando su vientre —. Además… quería cotizar algunas cosas. Aún no tengo la cuna, ni el cochecito… y…
—Sakura… — la interrumpió un poco tenso.
No había querido comentarle a ella nada hasta que solucionaran sus inconvenientes, pero él había mandado a arreglar una de las habitaciones de la casa con todo lo necesario. Había buscado en internet y con ayuda de su madre, había solicitado todo lo que se pudiera necesitar para la bebé. Incluso tenía un pequeño armario rosa lleno de todo tipo de ropa. Talvez se había emocionado un poco.
—Si Sasuke…
—Yo… hay algo que quiero mostrarte — carraspeo incómodamente —. ¿Puedes ir a almorzar a la casa?… Mamá llamo cuando estábamos en el hospital. Quiere verte.
—Ohh… pues… — sonrojada, recordó que la última vez que había estado en esa casa había sido hace menos de una semana, cuando habían hecho el amor, pero tampoco podía negarse a una invitación de Mikoto. Aquella mujer era como su segunda madre —. Claro.
[…]
Naruto observó a su pequeño hijo dormir. Eran poco después de la una de la tarde y el pequeño finalmente había agotado sus fuerzas. Llevaba dormido poco más de dos horas y parecía que no despertaría pronto. El rubio sabía que luego de eso, era muy probable que durante la noche se la pasara despierto, pero no podía evitarlo, luego de la noche tan agitada que ellos habían tenido.
Naruto se había levantado a las siete de la mañana, luego de que su alarma sonara. Era hora del primer medicamento de su bebé. Tuvo que despertarlo con mucho pesar antes de darle la medicina y luego un poco de biberón. Seguía sin comer mucho, pero recordó que se debía al dolor en el oído por lo que no insistió. Luego ambos se acostaron a dormir.
Unos minutos después de las ocho, se despertó y Boruto estaba un poco caliente, se asustó, pero recordó todos los consejos que Hinata le había dado. Así que le dio el medicamento para la fiebre, le puso el ventilador directo, le quito la colcha y le puso una pequeña frazada húmeda en la frente. En pocos minutos volvió a estar fresco y luego de darle un poco más de biberón, volvió a dejarle dormir.
Desde entonces no se había despertado.
Naruto salio de sus pensamientos cuando alguien tocó la puerta. Suspirando se levantó, debía ser su abuela, aunque había esperado que durmiera hasta más tarde, pensó al mirar su reloj de mano. Efectivamente era Tsunade y llevaba una bandeja de comida. Aquello era una sorpresa pues los días anteriores simplemente había tocado y la había dejado allí, al pie de la puerta sin más.
—Buenos días — tartamudeo un poco sorprendido. ¿Qué se supone que debía decir en ese momento?
—Buenas — ella asintió, sin una sonrisa, ni amabilidad en la voz —. Toma, es el almuerzo. Note que no bajaste a desayunar — extendió la bandeja hacia él y luego desvió la mirada hacia la cama, donde Boruto dormía plácidamente.
—Gracias — susurro antes de tomarla. Era tan extraño tener una conversación tan normal con ella.
Observó la bandeja donde había un cuenco con arroz cocido, otro con un pollo y verduras en salsa dulce y unos panes tostados, además de un vaso con jugo natural de tamarindo. El estómago le rugió. No había bajado pues con todo lo de Boruto se le había olvidado. No había desayunado y tampoco se le había ocurrido ir por algo de comer, pero viendo la apetitosa comida, se dio cuenta que moría de hambre.
—¿Como sigue el bebé? — preguntó Tsunade seriamente.
—Le dio algo de fiebre a las ocho — la mujer frunció el ceño hacia él, Naruto tuvo la urgencia de calmarla —. No mucha, solo se puso algo irritado. Así que le di los medicamentos y se le calmó rápidamente.
—La próxima vez llámame — solicito casi en una orden. El rubio asintió —. ¿Le estás dando los medicamentos a la hora y en la cantidad correcta?
—Claro, ya puse las alarmas y Hinata me explico cuanto debía darle — extrañamente Naruto no se sintió ofendido por la pregunta. De hecho, se dio cuenta que actuaban como abuela y nieto. Y era extrañamente reconfortante. ¿Cuándo había cambiado su relación?
—Bueno…
Aquel era el momento en el que la conversación se terminaba y Tsunade se daba la vuelta y se iba. No lo hizo en esa ocasión, parecía preocupada, pues no quitaba la mirada de Boruto.
—¿Quieres pasar a verlo? — preguntó quitándose de la puerta y poniendo la bandeja en el tocador.
No recibió contestación y cuando volteó hacia la mujer aún seguía en el marco de la puerta. Sin embargo, tras unos segundos de vacilación, ella ingresó y se acercó a la cama. Naruto sabía cuán huraña y difícil era su abuela, por lo que supo que aquello se le dificultaba bastante.
—Voy a buscar un poco de agua para sus biberones — anuncio antes de tomar el termo y salir de la habitación.
No pudo evitar que una sonrisa apareciera en su rostro mientras bajaba las escaleras. Tardó unos cuantos minutos en llenar el termo con agua purificada. Había comprado un aparato que calentaba el agua por lo que ya no tenía que hacerlo en la estufa.
Cuando volvió a su habitación, Tsunade todavía seguía allí, se había sentado en una orilla de la cama y acariciaba la cabellera alborotada de Boruto. El rubio intentó no hacer ningún ruido mientras se apoyaba en la pared, fuera de la habitación.
—Te pareces tanto a él — su voz apenas se escuchó y fue difícil de reconocer, pues era maternal y dulce.
Naruto recordó otro tiempo, cuando era pequeño y su abuela le sonreía con ternura.
—Te pareces tanto a él — había dicho mientras le tomaba en brazos.
—¿A quién? — había preguntado él. Tsunade había señalado a su padre y había sonreído. Naruto se había emocionado mucho y la había abrazado.
Había tanto cariño en su recuerdo, tanta dulzura en el momento.
Naruto bajo la mirada y frunció el ceño
—¿Porque ahora? — se preguntó. Cuando él ya era un hombre, un padre de familia y había vivido muchos años sin necesitar el cariño de nadie.
Se encaminó al baño dispuesto a no escuchar más, necesitaba alejarse de los recuerdos. Una vez frente al lavabo se observó al espejo. Cabello corto, ojos cansados, ojeras profundas, barba de unos días. Decidió que ya no era el niño del pasado, no solo por lo que mostraba su reflejo, había cambiado también por dentro. Era más maduro, responsable, comedido.
—No volver al pasado — se dijo con firmeza, luego comprendió que eso mismo es lo que había estado haciendo. Recordando todo lo malo y pocas cosas buenas.
Sabía que tenía que llevar una relación tranquila con su abuela, se lo había prometido a sí mismo, por ella, por Boruto, por su propia tranquilidad. La mujer demostraba cambios en su actitud, pero él se empeñaba en verla como en el pasado, cuando lo mejor sería dejar que todo transcurriera en su curso normal.
Volvió a la habitación aún con aquello en mente. Su abuela ya no estaba y Boruto había empezado a removerse. Dejó el termo a un lado y acudió rápidamente a la cama. El bebé abrió sus grandes ojos y lo observó. Estaba tranquilo, Naruto apoyó la mano en su pequeña frente y lo sintió fresco.
—Hola Boruto… ¿Como te sientes? — susurro tomándolo en brazos. El pequeño bostezo y luego le miró con curiosidad —. Buena siesta ¿ehh? — le acarició la alborotada cabellera.
Se levantó con él en brazos y echó el agua en el hervidor y luego lo puso en función.
—Tienes hambre — no era una pregunta, pues Boruto le había dado su respuesta al empezar a mamarse el pulgar.
Naruto lo puso en la cama decidiendo que lo cambiaría antes de darle el biberón. Le quito la pijama de oso panda y limpio su pequeño cuerpo con toallitas húmedas recordando que Tsunade le había dicho de camino a casa que evitara bañarlo por unos días, luego le puso una pequeña camisa sin mangas color naranja, un short negro y unos calcetines de zorrito en combinación con un gorrito naranja con orejas puntiagudas.
Cuando terminó el agua estaba a la temperatura perfecta, por lo que preparó el biberón y luego lo cargo para dárselo.
Boruto tomó trago por trago con lentitud. No bebió más de la mitad de lo que le había servido, pero era un poco más de lo que le había estado comiendo hasta el momento.
Naruto lo acostó y acomodó mientras tomaba la bandeja con comida y la acomodaba en su regazo. Comió intercalando bocado con miradas hacia su hijo. El pollo estaba delicioso y jugoso, saboreo cada bocado pensando que Tsunade tenía un muy buen sazón.
Cuando terminó, dejó la bandeja de lado y se acercó a la cama. Boruto agarraba sus propios pies y balbuceaba. Era tan tierno. Naruto se acostó de lado, apoyando su cabeza en el brazo que tenía extendido, acarició su cabello de seda. Boruto dejó lo que hacía y volteó hacia él. Le miró durante unos segundos, parecía más curioso con respecto a su alrededor y Naruto sentía que ya lo reconocía.
Se pasó la siguiente hora jugando con él, entre balbuceos de Boruto y los suyos, tuvieron una gran conversación, luego agarro un sonajero y se lo puso en la mano. Boruto ya podía tomar cosas por lo que los pasaba de una mano a otra, aunque Naruto tuvo que estar pendiente porque aún no tenía suficiente fuerza para sostenerle y casi lo dejaba caer sobre su mismo rostro.
Casi estaba durmiéndose cuando su teléfono empezó a sonar. Talvez era hora de la medicina pensó levantándose para alcanzar el celular.
Su corazón tartamudeó. Era una llamada entrante de Hinata. Respiro profundamente antes de contestar.
—¿Naruto? — se escuchó del otro lado.
—Hola… ¿Hinata? ¿Qué hay? — que tonto se sentía.
—Naruto… Buenas tardes, quería saber cómo seguía Boruto — su voz era dulce.
—Ahh claro, mucho mejor — se rascó la nuca, nervioso.
—¿No le ha vuelto a dar fiebre? — preguntó ella.
—Pues sí, a las ocho de la mañana, pero seguí los pasos que me diste y se le quito rápidamente.
—Ohhh… ¿Y ha comido?
—Si, de hecho, acaba de comer hace como una hora. Sigue comiendo poco pero ya no se queja tanto. Lo veo más despierto.
—Cuando la infección ceda, él volverá a sentirse bien. Pronto lo verás actuar como siempre — aseguró.
—Eso espero.
—Bueno… asumo que hoy no lo traerás aquí. Talvez los vea mañana.
—Claro… ¿Estarás allí entonces?
—Si — susurro ella. Luego de eso les sobrevino un silencio.
¿Que se supone que debía decir ahora?
—Bueno… Hasta luego entonces — Hinata fue la que habló.
—Claro, espero verte pronto — y luego solo escuchó el pitido de la línea.
Dejó caer el teléfono mientras pensaba en la conversación que habían tenido. No comprendía porque últimamente se ponía tan nervioso cuando hablaba con Hinata. ¿Él? Que algunas veces pecaba de bocón.
Era hora de admitir de una vez que Hinata le gustaba, aunque eso incluso era demasiado simple para lo que ella le hacía sentir. Talvez sería mejor si limitaba su interacción a simples conocidos.
No obstante, en cuanto sospeso la idea, no le gusto… no podía.
Cuando la veía o la escuchaba lo único que quería era hablar con ella aun cuando le hiciera sentir un completo idiota.
Se preguntó qué pensaría Hinata de él. Ella siempre era tan amable y dulce, pero era así con todo mundo, sin embargo… recordó el beso… y su mirada tan tierna y devota.
¿Podría Hinata sentir algo por él?
¿Acaso eso era tan malo?
Se dio cuenta que, aunque no fuera la mejor persona, ni tuviera un ingreso mensual elevado, aun cuando tuviera un hijo, él simplemente no podía pasar de ella como si nada. Y verla con Toneri… solo de pensarlo sentía una presión en el pecho.
¿Realmente estaba considerando una relación con ella?
Casi se echó a reír por el pensamiento tan arrogante. Aún ni siquiera sabía si ella lo encontraba atractivo, tampoco conocía muy bien sus propios sentimientos.
Pero ¿Sería tan malo descubrirlo?
Sus pensamientos eran tan contradictorios.
Talvez era hora de dejar que las cosas siguieran su curso natural.
Y puede que estuviera un poco enamorado de Hinata.
[…]
A la mañana siguiente, Naruto se levantó con una sonrisa.
Boruto había dormido toda la noche, no había tenido fiebre o malestar e incluso había terminado por completo el último biberón que le había dado.
Aún estaba un poco preocupado, pero Boruto estaría en buenas manos en la guardería, talvez mejores que las suyas.
Luego de darle las medicinas, se encargó de que tomara el primer biberón de ese día. Boruto lo engulló con ganas y apenas dejó unos pocos sorbos. Naruto procedió a limpiarlo y vestirlo. Arreglo la pañalera y busco su celular y billetera. Con todo lo necesario, salió de su habitación.
Era temprano, por lo que Tsunade seguramente aún dormía, ya que la sala de estar estaba desierta. El Uzumaki salió de la casa y acomodó a Boruto en su asiento de bebé, dejó la carga a su lado y luego volvió adentro.
Intentó no pensar mucho mientras hacía una nota rápida a Tsunade escribiéndole que iría a trabajar y llevaría a Boruto a la guardería, donde Hinata lo cuidaría. No quería que la anciana se preocupara y era una posibilidad al no verlos en casa.
Volvió al auto y arrancó rápidamente.
El clima estaba fresco, el cielo soleado y todo era flores nacientes y hojas por doquier. La primavera estaba en lo mejor de su momento y Naruto había leído que era cuando los bebés podían sufrir más alergias por el polen, por lo que prefirió ir con las ventanas subidas.
El camino se sentía mucho más corto ahora que las primeras veces. Por lo que en poco estuvieron en el pueblo y unos minutos después, Naruto se estacionaba frente a la guardería.
Bajo del auto, tomó a Boruto en brazos y se colgó la pañalera en el hombro derecho. Después camino hacia la puerta y tocó un par de veces. Matsuri le atendió en esa ocasión.
—Buenos días Naruto — saludo la alegre chica.
—Buenos días ¿Qué tal? — preguntó mientras ingresaba.
—Todo bien, me dijeron que Boruto había estado enfermo — la castaña se acercó a él y observó fijamente al pequeño rubio que estaba totalmente despierto y con los ojos azules tan grandes que casi le abarcaban el rostro.
—Ya sigue mejor, de hecho, por eso lo traigo hoy. Quiero que Hinata lo vea y verifique qué tal sigue… aún no estoy seguro si dejarlo o esperar hasta el lunes — confesó mientras le dedica una enorme sonrisa al pequeño.
—Me imagino que es difícil dejarlo sin más… pobre Boruto — Matsuri realmente se escuchaba preocupada.
—¿Esta Hinata? — preguntó buscándola con la mirada.
—Si, fue la primera en venir — la chica sonrió —. Esta en el consultorio, en el segundo piso. ¿Si quieres puedo decirle que quieres verla? — ofreció.
—No es necesario… ¿Hay algún problema si subo allá?
—No, no… por supuesto que no. ¿Sabes dónde queda?
—Si, muchas gracias Matsuri — dijo antes de encaminarse escaleras arriba hacia el segundo piso. Había estado allí unas pocas ocasiones por lo que sabía adónde ir. En cuanto llegó a la puerta correcta, tocó un par de veces y entró tras recibir un suave permiso.
Hinata estaba sentada tras el escritorio y parecía muy entretenida en unos papeles, pero en cuanto levantó la mirada los dejó de lado con rapidez mientras se ponía de pie. Sus mejillas se habían sonrosado y parecía un poco sorprendida.
—¿Naruto?
—Hola… perdón por interrumpir — se disculpó notando como su corazón se aceleraba ante la sola imagen de ella.
—No, no… pasa — se apresuró a rodear el escritorio —. ¿Cómo estás? ¿Como sigue Boruto? — preguntó preocupada. Naruto sonrío mientras ingresaba a la estancia y cerraba la puerta.
—Pues desde la última vez que te comenté que le dio fiebre, no volvió a sentirse irritado — Hinata suspiró aliviada —. Incluso tiene más apetito y durmió toda la noche sin contratiempos.
—Ohh, es bueno escucharlo — Hinata junto sus manos con su pecho en una acción inconsciente.
—Si… quería que lo revisaras para ver si todo está bien — sonrío vergonzosamente —. No quiero dejarlo aún, pero sé que contigo estará en buenas manos — Hinata se sonrojó furiosamente.
—Claro que si — aseguró, luego se acercó a él —. Puedes… dármelo — solicitó. Naruto no dudó en pasárselo.
Hinata lo tomó con delicadeza y luego procedió a acomodarlo en una cama pediátrica que estaba en la esquina de la habitación. Naruto dejó la pañalera en una de las sillas y se acercó a ambos. Hinata observaba el pecho de Boruto fijamente mientras daba miradas fugaces hacia su reloj de mano. Quería preguntarle qué hacía, pero intuyó por su expresión de concentración que no debía interrumpirla.
Tardó unos segundos y luego tomó un aparato del escritorio y se lo puso en los oídos, para escuchar el latido del corazón de Boruto.
—Está bien — susurraba entre suspiros. Le tomó la temperatura y después procedió a chequearle los oídos con un curioso aparato puntiagudo el cual insertó en su pequeño orificio con mucha delicadeza.
—Bueno — susurro en cuanto terminó —. Al parecer todo está bien. No tiene fiebre, su respiración es constante al igual que su pulso, sus oídos están bien, la infección va cediendo y no hay supuración.
—Eso es bueno.
—Si… ¿Le has dado los médicamente al pie de la letra?
—Tal cual me lo dijiste
—Entonces en unos días todo será un mal recuerdo. Boruto está bien ahora y ya está recuperando el apetito como me dijiste ¿verdad?
—Así es… sobre eso quería preguntarte también — se rascó la nuca —. No sabía lo que le sucedía la semana pasada, dejó de comer de pronto y tú no estabas cerca… Y pues yo… le pregunté a Shion que sucedía, ella me dijo que probara cambiándole de leche, pero Boruto la rechazó.
—¿Como son sus evacuaciones?
—¿El que? — preguntó confundido
—¿Se hace seguido? ¿Tiene diarrea? — rápidamente comprendió.
—Hace unos días si, pero ya no.
—Entonces sigue dándole la misma leche de siempre.
—Está bien — Naruto sonrío.
—Y sobre eso…
Hinata procedió a explicarle el nuevo horario de comida que Boruto debía llevar, al parecer le daba demasiado y en pocas cantidades, ahora serían sólo cuatro veces al día y un poco más a lo que Boruto estaba acostumbrado.
También le recordó que dentro de una semana tocaban las siguientes vacunas de Boruto, cuando él cumpliera los cuatro meses. Naruto asintió algo contrariado. No le había gustado en la primera ocasión, pero sabía que las vacunas eran necesarias para la salud de su bebé.
Al final decidió que dejaría a Boruto en la guardería. No quería abusar de la confianza de Sasuke y el bebé parecía estar en mejores condiciones, aunque le hizo prometer a Hinata que le llamaría si algo sucedía.
—No te preocupes, yo personalmente lo cuidaré.
—Se que lo dejó en buenas manos, es solo que… — trago el nudo en su garganta —. Olvídalo, me comporto como un idiota.
—No, solo como un padre que ama a su hijo — la chica se acercó a él y le acarició el hombro derecho —. Te prometo que si se pone mal tú serás la primera persona a quien llame.
—Muchas gracias — observándola de cerca, tan amable, tan dulce y hermosa. Naruto no pudo evitar rodearla con sus brazos —. No sé qué habría hecho sin ti.
—No tienes porque — ella correspondió sin dudarlo. Se quedaron así unos minutos.
Fue Naruto quien se alejó. Se acercó a la cama donde estaba Boruto y lo tomó en brazos, pegándolo a su torso y besándole la cíen durante unos segundos. Finalmente se lo pasó a Hinata con un suspiro y se encaminó hacia la puerta, se detuvo a un segundo de salir.
—Todo está en su bolso… y Hinata, no dudes en llamarme — ella sonrío encontrando tierna su preocupación
—No te preocupes Naruto — le aseguró con dulzura —. Boruto, dile adiós a papá — dijo tomando la pequeña mano del bebé para hacer la correcta despedida.
El corazón de Naruto se detuvo solo un segundo ante aquella imagen.
¿Como detener ahora sus sentimientos cuando ambos eran la imagen de la perfección?
Sin querer Hinata había logrado hacer realidad, aunque fuera durante unos segundos, aquello que Naruto había deseado toda una vida.
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La imagen perfecta de una familia.
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FIN DEL CAPÍTULO
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Me perdi por unos meses. Acabo de empezar el social y ya tuve algunos problemas. Es agotador y cuando trato de escribir, simplemente nada viene a mi cabeza.
Por el momento estoy trabajando en la continuación de Heridas del alma, ya llevo la mitad del capitulo y estoy avanzando a paso lento pero seguro.
Sobre el capitulo, espero que comprendan la contrariedad de Naruto, esta confundido y no sabe ni lo que quiere, es algo completamente nuevo para el, solo esperemos que nada lo arruine.
Sasuke y Sakura se llevaron el premio en este capitulo pues necesito construir su relación para poder continuar con lo que tengo planeado. No me odien por esto. El proximo capitulo sera casi por completo Naruhina.
Gracias por su infinita paciencia conmigo. Realmente aprecio que se tomen su tiempo para leer la historia y es una alegría para mi ver tantos comentarios, favoritos y seguidores.
Espero que se tomen un segundo para dejarle un comentario. Realmente es como recibir un regalo de cumpleaños. Exactamente asi se siente.
Nos leemos luego. Besos y abrazos. Sayonara.
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