Capítulo 6; {Trampa de miel; Problemas}
II.
El azabache observó al menor con detención, mientras lo sostenía entre sus brazos avanzando a las profundidades y metiéndose entre túneles que le llevarían a su hogar. Dipper, su nueva presa, no era normal, al menos no humano, pues todavía no había muerto pese a que no estaba respirando como debiese, si no que estaba bajo el agua, debería estar ahogándose. Inconsciente, el castaño igualmente mantenía una respiración pasiva. Tampoco es como si lo fuese a ahogar, estaba pensando darle un poco de ayuda porque no quería usarlo como otra de sus tantas presas, había considerado volverlo uno de sus esclavos personales. El chico era bastante atractivo y joven, desperdiciar oportunidades como esta sería una estupidez. Lo que le preocupaba era el rubio que estaba tras del chico, se veía realmente aterrador incluso si sonreía.
Miró a su salvador, actualmente su presa, quién conservaba los ojos cerrados, aunque su piel estaba volviéndose gris. ¿A qué tipo de especie trajo esta vez? ¡El chico lucía humano!
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Bill con sinceridad estaba cansándose. La rapidez de un tritón siempre había sido la única forma en que estos huyesen de él, pero ahora más que nunca. Mientras sus piernas no daban más nadando, el azabache se alejaba con Dipper entre sus manos. Y no quería dejarlo. No estaba permitiéndose abandonarlo por el simple hecho de que no se sentía cómodo con ello.
Pinetree, actualmente estás debiéndome demasiado favores que acabaré por cobrarte. No podía evitar repetírselo con mal humor, él no era humilde y mucho menos con sus enemigos, pero había estado hasta ahora soportando con paciencia al castaño que insistía en meterse en problemas. ¿Es que lo buscaban o algo así? Nadie del Ministerio sabía aún, el chico por sí solo atraía la mala suerte.
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Los palacios y hogares bajo mar eran preciosos. Al menos, Dipper podía decir esto como mínimo al despertarse en esa extraña habitación de demasiados colores blancos, naranjas y rosas. La cama en la que se hallaba recostado no bastante mullida y suave, sin querer imaginarse de que materiales estaría hecha, aunque en realidad a él no servía mucho, pues flotaba centímetros por encima de esta. Le sorprendió no haberse ahogado, pero después se le vino a la mente Neir, equivocación y muchas explicaciones y regaños de parte de Bill de cosas básicas, como esta. Adaptarse a nuevos ambientes para no morir, cuando estos pasaban por muchas dimensiones.
Agradeció, solo por este caso, tener sus habilidades.
Intentó salir de los límites de la cama, pero se dio cuenta de las cadenas que envolvían su cuerpo. No estaban ajustadas ni lo mantenían abierto, pero le dejaban poco espacio de escape y movilidad, limitándolo a los bordes de la cama y el no poder colocarse de pie.
Sin entender que sucedía, la imagen de un azabache moreno apareció en sus recuerdos, dejándolo soltar un suspiro, literalmente ahogado. El chico le seguía pareciendo precioso, pero ¿qué pasó? ¿Le tendió una trampa o algo así? No recordaba absolutamente nada de ese momento ni sabía cuánto tiempo había pasado, solo recordó haber mirado los ojos del chico aquel y después sentirse inconsciente, o al menos no ver con claridad.
Una palmada se dio a sí mismo. ¿Cuán idiota puede llegar a ser? ¡Cayó en la trampa de un tritón! Perfectamente su tío Ford escribió de ellos en su compañía, ¿por qué no hizo caso? Además, no tenía idea de lo que podían hacerle y las cadenas, por mucho que las forzara, no le dejaban ¡Ni siquiera eran de un material que conociera!
—Oh, oh... Dipper—una voz se oyó, torcida a diferencia de la melodiosa que conoció. Buscó el lugar desde donde provenía, aunque se oía como si estuviese traspasando los muros a la vez.
El chico tritón se presentó ante él sin necesidad de que le buscase por mucho.
—¿Me explicas que estoy haciendo aquí? ¡¿Y con cadenas encima?!—exclamó, a la vez que una vez más se sorprendía. ¿Podía hablar debajo del agua? ¿Era un sueño o algo parecido? Era una gran posibilidad.
—¡Oh! Pero si has hablado sin ninguna dificultad~—canturreó infantilmente, acercándose a la cama a la que permanecía encadenado, acariciándole el rostro. Esta vez Dipper se mantuvo pasivo, sin cambiar su expresión ni volverse loco por esta como había hecho cuando cayó en la trampa.
—Explícame.—repitió, con voz lúgubre mirándole de forma desinteresada. Por su cabeza estaba pasando el estúpido demonio rubio que le advirtió y al cual, tal como se veía, no hizo caso.
El azabache soltó un gruñido. ¿Inmune? ¡No es posible!—Oh, pequeño, caíste en mi trampa—susurró divertido, con lascividad acercándose hasta rozar los labios de Dipper, pero sin llegar a besarle. El otro se removió incómodo, no quería que un tritón le besara—Así que ahora estás en mi reino, espero lo disfrutes. Ya veremos qué haré con tu encantador cuerpo—dijo, esta vez pasando su lengua por el cuello del menor. Se estremeció, pataleando frenético en intentos vanos de liberarse del agarre.
—¡De-déjame!—reclamó, removiéndose bajo el azabache. Este sonrió retrocediendo, pero aquello no lo dejaba más tranquilo.
—Perdóname, me emocioné. Espero no te moleste, aunque después tendrás que acostumbrarte—advirtió el azabache, ansiando poder quedárselo como esclavo. No quería tener que haber hecho todo el viaje solo para que los viejos decidieran que no podía quedárselo.
Más aliviado de que el moreno no estuviese incomodándolo, miró nuevamente sus cadenas. Tenía que buscar una forma de liberarse, después de todo, Bill le había advertido y no creía que el rubio tuviese la amabilidad de estar buscándole o rescatándolo como había hecho en todas las situaciones problemáticas que enfrentó hasta ahora.
—Vamos a ver...—murmuró, dándose vuelta para quedar de cara hacía la cama. Tenía que buscar una forma de quitarse las cadenas de las muñecas, pues al parecer las que le atrapaban las piernas estaban sueltas.
Enrolló sus manos con las telas de la manta y tiró con fuerza de las cadenas. Hicieron presión en sus manos, las cuales tenían estelas negras que ya no podían llamarse flamas, pero finalmente cedieron, quebrándose. De sus heridas, las marcas debido a la fuerza que utilizó, escurrieron hilos de sangre que ocultó con la misma manta envolviéndola alrededor. Ahora, tenía que tomar objetos fijos al suelo para poder impulsarse y moverse. Era una molestia, pero con su forma física era lo único eficiente.
Estuvo buen momento revotando para alcanzar la puerta, no sabía dónde estaba ni como regresar, así que, tragándose su orgullo, avanzó lo más silencioso que podía por el desierto pasillo, encontrándose con construcciones raras y aberturas que dejaban ver el exterior. Oh, sí, hay un reino bajo el mar de sirenas y tritones, que normal, tal como ese cuento de Disney. Solo que aquí, estos mitad peces son bastante ariscos y no son amistosos.
¡Lo tenían como rehén!
Su cuerpo se cansaba más rápido con la presión del agua, así que pronto comenzó a hacer sobre esfuerzos por tratar de alcanzar otras cosas para irse dando impulsos. ¿Ahora dónde estaba la fuerza demonio? Podría ser muy útil.
—Qué chico más malo...—no reconocía la voz, pero era de un hombre, o bueno, tritón. Ni siquiera quiso darse la vuelta para saberse descubierto. ¡Genial, más problemas!—Anda, no sabía que el invitado de Dell sería un lindo humano.
—Haha, sí—respondió Dipper con una suave risa fingida, mientras el tritón se acercaba a él. Su parecido físico con el otro era increíble, pero el cabello de este era blanco, manteniendo una joven apariencia. Esperaba con paciencia que el otro se acercara, con sus manos tras la espalda para ocultar las cadenas cortadas que aún no podía sacar de sus muñecas.
—Pareces un buen esclavo—mencionó el pez, levantando su mentón para inspeccionarlo—Podría robarte, no estás nada mal.
—¡Lo siento!—exclamó con malicia sarcástica, golpeando la cabeza del otro con el duro material que componían las cadenas. El tritón se desmayó, mientras el comenzaba a agarrarse de todo para continuar su escape.
Debería escuchar más a Bill. Se recordó, perdiéndose por el lugar mientras que dejaba al albino tirado con una herida que solo logró aturdirlo.
. . .
Oh, por fin. Hace mucho que Bill no veía el reino del mar, aunque si fuera por él sería mejor nunca volver a verlo. Dejó escapar el aire que le quedaba dentro de los pulmones, creando un par de burbujas que escaparon hacia la superficie. No las necesitaba, pero resultó divertido guardarlas hasta ahora. En fin, a lo que venía. Miró el lugar cansado, ¿Cuánto tiempo se demoraría en encontrar a Pinetree? Los Stan estarían haciendo problemas si no le encontraban, y no tenía intención usar más de su magia para ayudar al chico. Estaba un poco cansado.
Colocó la mano en su cintura y miró por encima nuevamente. Eran muchas viviendas, tardaría un rato dar en alguna, sí. Soltó un gruñido ahogado, con su cuerpo avanzando como si no estuviese realmente en el agua. A esto se refería Bill, él prefería mil veces ser un demonio con múltiples poderes a que un humano, ¡Ahora ni siquiera debía cansarse! Era divertido nadar, pero ya no daba más usando sus piernas, así que simplemente podía usar sus poderes y ya~.
Este chico me está cansando un poco. Se reclamó, adentrándose al lugar sujetando su galante bastón, mientras su sombrero permanecía por sobre su cabeza, flotando como acostumbraba. Tenía cosas que hacer, así que quería encontrar rápido al estúpido tritón que se llevó a un humano en su presencia. ¿Qué era tonto o no distinguía? ¡Él era un demonio, y Dipper también! ¿Con quién pensaba que se estaba metiendo?
I'm sorry, Pinetree, no tengo mucho tiempo, así que si me permites~. Cerró sus ojos, con el leve chasquido de dedos que le permitió invadir la mente del menor sin necesidad de que este se diera cuenta, básicamente, estaba robándole los ojos. Necesitaba el mínimo de sospecha de si seguía vivo o como era el lugar dónde hallaba. Era un problema no poder leerle los pensamientos, pero al menos servía robarle los ojos.
Oh, ya conocía el lugar. Dio una pequeña sonrisa, con su cuerpo moviéndose en la dirección pedida. Le encantaría haber destrozado ese lugar la primera vez que fue a él, al parecer la gente de ahí no comprendía que no debía meterse con seres sobrenaturales, especialmente los demonios o las brujas. Mordió su labio. Quizá sería un poco entretenido, sólo quizá.
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Perfecto, Dipper. Sal de un problema y métete en uno aún peor. El castaño no podía estar siendo más crudo consigo mismo, mientras era llevado por dos tritones que parecían guardias a quién sabe dónde con quién sabe quién. Hey poderes, ¿me sacan una cola? ¡Serían útiles! No paraba de repetírselo sarcásticamente mientras los más grandes tiraban de sus brazos. Qué suerte que no se ahogaba, aunque fuera lo más NORMAL qué debía suceder.
—Señor, este chico estaba huyendo—anunció uno, sacando de su ensimismo a Dipper que prestó por fin atención al salón donde se encontraba. Una sala blanca con muchas aberturas que daban paso al exterior, aunque pequeños para que él pudiese salir por ellas. En fin, los cola de pez lo alcanzarían de todas formas.
—¿Quién es?—preguntó. Los guardias se miraron confundidos y luego al menor, pero este solo miró hacia otro lado sin querer contestar. No le iba a contestar a completos desconocidos que parecían depravados y que lo secuestraron ¿Por qué lo haría?
—Podría ser el humano que trajo el señor Dell...—intuyó uno de ellos. El tritón señor del lugar, agitó su cola roja para quedar a escasos centímetros del rostro de Dipper, obligándolo a mirarlo.
—¿Tú, humano? ¿Qué has hecho? ¿Un pacto con alguien o algo así?—preguntó el mayor, inspeccionándolo.
Dipper sonrió con suficiencia—¿Importa? Soy humano ¿no?—respondió con una pequeña risa cínica. Decir que era un demonio, bueno, lo hacía ofenderse de sí mismo, era confuso, prefería quedarse con el título de humano mientras aún le quedase. Además, el efecto de ilusión de Bill sobre él desaparecía después de un tiempo o si él se alteraba.
El mayor sonrió complacido, pero a su vez levantó su mano, golpeando con dureza la mejilla de Dipper, que se tornó roja por la fuerza que habían utilizado. El castaño no se inmutó, a lo que el tritón volvió a dar una sonrisa. Dell había traído algo interesante en esta ocasión.
—Exacto, por lo tanto, yo elegiré lo que pase contigo—canturreó al oído del menor, a lo que este no hizo más que dar un suspiro de resignación, como si eso fuese muy posible debajo del agua. ¿Es que acaso tenía algo para que persiguieran su trasero o algo así? Últimamente sentía que tenía algo en la frente que les decía que era una pasiva fácil, porque el mundo parecía ir tras de él. O al menos, ese era el pensamiento exasperante que consiguió. No estaba tomándolo muy enserio pese a que al parecer los tritones aquí se jugaban su fianza para convertirlo en una especie de esclavo sexual o parecido.
¿Por qué no lo tomaba enserio? A saber, aunque recién comenzó a preocuparse cuándo sus manos nuevamente fueron atadas con cadenas. Tómalo enserio ¡Tienes que escapar! Pensó rápido, pero prestó atención muy tarde, ya estaba encerrado en una habitación mucho más oscura que la anterior y su nuevo dueño era un poco más sádico también.
Con resigno observó las cadenas. Muy bien, otro material. ¿Cómo escaparía de esta? Además, ahora si lo estaban presionando, pues la cadena solo le tiraba, no dejaba ningún espacio de movilidad. El castaño pensó que seguramente Bill estaría riéndose de su lamentable situación, a lo que gruñó con enfado.
—¿Eres masoquista o algo, chico?—fueron dos voces a la vez las que le dijeron, por lo que miró en dirección a la entrada. Ambos morenos, uno de ellos el que primeramente le secuestró, Dell si no recordaba mal, y el segundo fue al que golpeó hace algunos minutos.
—¿Por qué?—preguntó con desinterés, dando un par de pataleos para intentar hacer ceder la cadena. Nada, estaría un rato ahí y quizá tendría que buscar alguna solución alternativa o gritar Neir hasta que la bruja le ayudase. Ya estaba cayendo un poco en la desesperación y pánico nuevamente.
—Fuiste con él por tu propia cuenta ¿qué haces con tu vida? ¿Acaso no lo reconociste?—preguntó el albino, notablemente enfadado.
Dipper entendió que "él" era ese señor que lo dejó nuevamente esposado en una habitación.
—¿Me ves cara de saber que sucede? No sé ni donde estoy, mucho menos quiénes son ustedes—respondió de mala gana el menor, rindiéndose a la fuerza de las cadenas. Sería mejor que guardase energías. Ahora le encantaría poder concentrarse para ver si las flamas servían de algo en esta ocasión.
—Al parecer eres un humano muy ignorante—rió el de cabello azabache, disfrutando de la vista.
—O con sinceridad, alguien que no tiene mucho interés en la jerarquía de los peces, más que saber que caí estúpidamente en una trampa de la que me advirtieron antes—interrumpió el menor, notablemente enfadado de que le hayan llamado ignorante. ¡Lleva años estudiando y conoce teorías, la forma de crear pociones y sustancias químicas que la mayoría de su edad ignora!
—En fin, chico, ya es hora de que te llevemos—anunció devuelta el de cabello blanco, tomando las cadenas de sus manos, jalándolas. El otro tomó la de sus pies, llevándolo a rastras.
Sí que estaba consciente de que estaba en problemas.
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—¿Has oído, has oído?—escuchó.
Bill paseaba en silencio, escondiéndose del resto para evitar que fueran a meterse en su camino, pero sus oídos captaban con claridad los susurros de las sirenas cercanas que se escondían en rincones solo para contarse los rumores del lugar. El demonio estaba realmente frustrado ¿En que se diferenciaban los humanos y su sucia curiosidad retorcida en ocasiones a lo que hacían los peces de aquí? Era casi lo mismo, y eso que los tritones y sirenas se ponían títulos superiores a los humanos.
—No, no, ¿qué pasó?—escuchó de la otra. Estuvo a punto de retirarse de la conversación que oía a escondidas, de no ser por la siguiente chica.
—¡Parece que el señor transformará a alguien! ¡Y esta vez es un chico!—dijo, con ese tono de voz que a Bill no hacía más que querer ahorcar a la dueña de este.
—¡¿A un chico?! Así que al viejo depravado le van los hombres, ¿eh?—otra dijo. Él detuvo su paso para escucharlas aún oculto.
—Al parecer sí~ ¿Crees que lo elija? Después de todo, nunca eligió a una sirena como compañera, más que como esclava—continuó.
—Es posible, aunque solo creo que tiene a su nuevo juguete, en fin. ¿A qué hora será?
—En dos horas más, si no me equivoco.
¡¿Es enserio, Pinetree?! ¿El esclavo sexual de alguien? Oh por dios, eres un maldito masoquista. El demonio opacó su sonrisa, dándose cuenta de un detalle importante. ¡Dipper tiene el nivel de un demonio! No ha aprendido a desarrollarse, pero en definitiva él tiene esa categoría, ¡Más aún! ¡No parece tener limitaciones de sus poderes hasta la fecha! Es un demonio sin límites y si ese maldito viejo enfermo lo llega a utilizar, aparte de que Neir lo despedazará y Fordsie al enterarse la matará a ella y de paso otra vez a él, eso sería un gran problema.
Especialmente porque es muy probable que el Ministerio de demonios se halla enterado, o por otro lado, Dipper esté siendo perseguido por las pesadillas, lo cual sería muy posible considerando sus terribles sueños.
—Chico, ¿Cuándo dejarás de meterte en problemas?—mordió su lengua, agitando su bastón para crear un portal bajo él—¿Y por qué rayos eres tan especial?
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Estaba realmente agotado. Cuando le lanzaron nuevamente a un cuarto oscuro lleno de guardias el menor no pudo más que resignarse. Estaba perdido, ¿verdad? ¿Cómo iba a escapar de esta? Además de que ni siquiera sabía usar bien sus habilidades, si no hace mucho habría escapado, después de todo, para eso había estado entrenando. Se acomodó en el suelo, al menos para no seguir tirado en el suelo como el débil que era.
—Es un placer que vayas a ser el nuevo, Pines~—canturreó el señor tritón de roja cola de pez adentrándose el interior de la oscura habitación—Había esperado un fenómeno como tú desde hace mucho.
