Gente, me disculpo por tardar tanto en actualizar, de verdad. Gracias a todos por comentar, y por el interes en esta historia~ son tan lindos todos.
Hetalia no me pertenece.
Disfruten
Séptima bala.
Era irónico que se hubieran estacionado en un hospital, David no había apagado el automóvil, tenía las manos sobre el volante y su dedo se movía con impaciencia, aquellos pensamientos, recuerdos de aquella llamada anidaban su memoria. Nadie en el auto se atrevió a hablar, Perú intento marcar nuevamente al número que estaba anotado en los papeles pero no contestaba. Así que en ese lugar, con el motor aun andando, Colombia se quedó con la vista fija a la entrada del hospital, las personas entraban y salía ignorando el pesar del hombre.
-Jefe…estamos en el hospital – Le reveló el argentino con una voz cautelosa, y movió sus ojos olivo por el rostro del colombiano-
Las cejas del moreno se arquearon, pero no mostraron emoción alguna, estaba perdido en un trance. Perú se asomó por la división de los dos asientos delanteros. Observo el vidrio delantero y a donde Colombia veía
-David. –Llamó el peruano, usando su nombre, de modo muy intimo
- Nica llamó –Dijo de inmediato el colombiano, ni mover su visión del vidrio - quiere una tregua… -Agregó con voz distante
Hubo un silencio, Argentina se tragó sus palabras. La tensión era palpable. Colombia se movió por fin y tomó con calma el teléfono, pero no marco aun.
- ¿Qué…Que va a hacer?, Jefe…no pensara en aceptar ¿verdad? – Argentina compartió una mirada con Perú, y este se la devolvió sin expresión. – No puede.
Pero Colombia no le respondió, solo marco un número pero no lo llamó al instante, miro la entrada del hospital y luego a la pantalla del teléfono con esos números.
Argentina estaba histérico aunque intento calmarse, más de una vez buscó alguna palabra para intenta evitar que Colombia marcara aquel número, aunque no estaba seguro de a quien llamaba. Perú no se movió en ningún momento aunque sus dedos se retorcían sin poder se vistos.
David movió el celular a su oído y era claro que llamaba a alguien. Ese alguien contesta, David tarda en responder.
- ¿Dónde estás? –Le preguntó a México de la otra línea habló.
-Estoy en el centro, cerca del CC Dorado. ¿Sabes? ¿No? – México se escuchaba agitado, y sin que pudiera hablar más, Colombia le notificó lo que había pasado. –
-Te mataran a ti y a Julián, incluso a Argentina y a mí… -
-Ya lo intentaron… - Le dijo México - Dos nos siguieron… -Y narró aquel evento, pero Colombia no mutó por el relato. Muchas cosas similares había escuchado antes. –
Se mantuvieron hablando por un tiempo más, y David le dio detalles de la conversación, Argentina escuchó todo y no cabía en su sorpresa, Perú fue víctima de un ataque de ira, y gruñó cerrado los puños, pero David no se alteró, no aparto la vista de la entrada del hospital.
-Solo quiero que busques a Chile, y te asegures de que Norkris y Rosaura se encuentre bien- Le ordenó con una voz más dura… - Y Julián...el…escóndelo con ellas, mantenlos seguro no sé si Nicaragua cumpla su palabra. ..
-Señor… -México lo detuvo, hizo una pausa…México respiró profundamente. – ¿Dónde los voy a esconder? ¿Dónde está Chile en primer lugar?
- En la hacienda, la única que conoces… - Le explicó el colombiano
Una hacienda, llevaría varias horas de camino llegar pero no era tan imposible, ni siquiera era tan conocida.
-Me gustaría saber ¿Qué planea hacer, muchacho? – Le preguntó el peruano, una vez que el otro dejó el teléfono. Colombia se mordió los labios no por nerviosismo, ni siquiera por ansiedad, estaba pensativo, realmente él no sabía lo que podía pasar si tomaba aquella decisión que cruzaba su cabeza, pero tal vez esa era la única.
Colombia miro a Perú y luego a Argentina que no parecía querer preguntar nada al respecto.
†
No era normal, ni había salido de la nada, y sabían que nadie lo delataría, sabía que preferían morir antes de soltar alguna palabra. Alfred sabía eso, y mucho más, por eso cuando se enteró en primer lugar el descubrimiento y arresto de tres hombres de los cuales intentaron salir del país con una cantidad considerable de droga colombiana.
-Me encantaría saber si son tan estúpidos como para usar aeropuertos nacionales.
-Fue a pie… - Le contraigo Arthur. —Cruzaban a pie, y al parecer el que los guio, lo dejo a la deriva… Seguro se arrepintió o alguien le aviso que la policía iba en camino.
- ¿Por qué dejarlos? ¿No era más prudente llevarlos consigo? – cuestionó el rubio bronce, tomó una carpeta amarilla y la abrió con interés, habían armado el expediente de los sospechosos y Arthur se había encargado de interrogarlos –
- El tiempo- Le contestó del británico. Nacido en Inglaterra fue transferido como un agente especial en Latinoamérica hace 5 años, Alfred llegó meses después que el - No tenía tiempo de escóndelos a todos. Además de estos dos, hemos encontrado un galpón en el muelle repleto de esa mierda… -
- ¿Planeaban sacarla? – Le preguntó dejando el expediente en la mesa. Arthur asistió - ¿No saben quién es el dueño del galpón?
-Están investigando, El encargado dice que nunca había visto a alguien entrar allí…- Arthur se rascó la cabeza con fastidio-
-Esta mintiendo.
-Efectivamente – le acompañó el mayor, con un pesado suspiro- pero no podemos acusarlo de cómplice, así que buscaremos otra fuente. Hay muchas ratas que merodean el muelle. Además estos tres no han dicho mucho tampoco, tengo una corazonada…
Corazonadas…
- No creo en corazonadas – le recordó el americano, con un suspiro desdeñoso, abrió la carpeta una vez más. Arthur se encogió en hombros con indiferencia. - ¿son mayores de edad?, si…
-Clase baja – agregó el americano- el que los haya metido en esto…se aprovechó de su pobreza.
- No es su culpa. – argumento Alfred.
-Díselo al teniente…- Arthur se levantó lentamente – son culpables, indirectamente, pero ellos no nos interesan a menos que sepan quien los envió a la frontera. Tengo una corazonada; debe de haber una conexión entre estos y el galpón.
Alfred dejo salir un suspiro por la nariz, ignorando un poco las "corazonadas" de su compañero, tendrá mucho años en el servicio contra el contrabando de drogas y similares , pero eso no implicaba que Alfred le prestara atención cuando salía con sus corazonadas y presentimientos, todos inciertos y sin base en que apoyarse.
- ¿No dijeron algún nombre? – Le preguntó alzando la visión con atención ahora en los ojos vedes – No parecen ser malas personas, no tienen antecedentes… -
-No. – Le respondió el otro, Arthur cruzo de brazos y se encamino a la puerta – uno de ellos dijo que era en Nicaragua…
- ¿Nicaragua? – Alfred arrugó el gesto en confusión. Eso quedaba a kilómetros. - ¿iban allá? ¿A pie? No lo creo.
- El muchacho, solo dijo que "en Nicaragua", No sé qué significa –Arthur se quedó por un momento en silencio como meditara – No me quiso decir más. ¿Crees que iban hacia allá? –
-No lo sé ¿no se supone que tenías que interrogarlos bien? – Alfred sonó algo despectivo, cosa que molesto al inglés, arrugando sus gruesas cejas –
- Igual sabes que irán a la cárcel, hable, o no… - Arthur gruño al salir de la habitación.
Alfred miro el reloj, serían las tres y trece minutos cuando abandonaría aquel cuartel.
Anteriormente habían encontrado otros galpones, incluso en lugares abiertos en paramos, o en carreteras olvidadas, era demasiada droga, y estaba seguro que era solo una mínima parte de ella, sabía que no que encontraba era un pequeño porcentaje, comparado con la que en este momento, ese momento en que se sentó en su escritorio, movía las manillas del reloj que se había atrasado, en el momento en que suspiraba cruzaba la frontera hacia el exterior y de allí a Dios sabrá donde…a quien…¿Por qué? .
Era la mafia quizás más grande y difícil de extinguir, luchar contra el narcotráfico era casi tan duro como levantarse en la mañana y enterarse que alguien murió de una sobredosis.
Carecían de conciencia, todos aquellos que movían los hilos, carecían de humanidad. El, con un natural sentido de la justicia y heroísmo, se sentía responsable en cierta parte de todo aquello
Nicaragua.
Sin saberlo le comenzarían a pisar los talones.
†
El zarandeo fue suave y Norkris abrió los ojos con pesadez, serian pasada las tres de la tarde cuando Chile había despertado a Rosaura y hecho que arreglara todo lo que necesitara, por que partían, la estancia en el hotel había sido agradable y tranquila gracias a la discreción del chileno, Rosaura tenía un bolso gris de esos que podía tener cualquier chico que iba al colegio, una falda verde hasta las rodillas de tela y una camisa de tiros que dejaban ver sus hombros bronceados por el sol, su cabello recogido en una coleta alta.
-Norkris, despierte, ya nos vamos- avisó el chileno al ver a la mujer incorporarse lentamente en la cama- Vamos, nos vamos
Norkris salió de la cama sin decir nada, estaba vestida ya, dormía con ropa preparada por cualquier emergencia, consejo de Chile. Tenía una camisa rosa y una falda de color negro de tela suave y con detalles de flores degradaras en los bordes.
- ¿A dónde iremos, Chile?- Preguntó Bolivia con intriga, Chile se ocupaba de tomar un bolso y vio como Norkris tomaba una cartera de tela que parecía estar relleno de muchas cosas.
- A la hacienda. – Le respondió, Chile miro a Norkris - Salgan a la entrada, iré a pagar todo esto. –Se refería al servicio del hotel- yo las alcanzo después.
Norkris salió junto a Rosaura que le dedico una mirada a Chile que aun buscaba algunas cosas en la mesa de noche del hotel. El pasillo del hotel era lujoso, los bombillos daban una claridad intensa. Las puertas eran de madera blanca y tenían el número de las habitaciones impresas en la madera. Salieron a la fina entrada donde estaba la recepción y vieron a secretaria saludarlas, avisaron que Chile se encargaría de pagar, la secretaria asintió varias veces y vio a las mujeres retirarse quedando en la entrada del establecimiento.
Se quedaron sentadas en la parada al otro lado de la calle cuando vieron a Chile salir del hotel y trotar hacia ellas, han pedido un taxi, no se dijo nada en todo el trayecto, Bolivia miraba por la ventana con aire nostálgico, extrañaba su casa, extrañaba a su padre y en momento tan peligrosos como estos la muchacha lo recordaba, le gustaba pensar que donde sea que estuviera le estaba cuidando, a ella, a Norkris y a todos los muchachos, Bolivia rezaba, siempre rezaba porque este juego de venganza terminara, cerró los ojos y se dio cuenta que Norkris le había tomado del hombro como si supiera lo que estaba pensando, Bolivia se recostó de ella y esta le acaricio el cabello negro que estaba amarrado con una coleta.
Chile, que estaba adelante, las miró por el vidrio del retrovisor delantero, su empatía hacia ellas se hizo notar cuando bajo los ojos hacia el vidrio y luego hacia la ventana del copiloto. El de alguna manera quería que esta guerra también terminara.
El taxi se detuvo en el camino de tierra, Chile le dijo que no siguiera y que los dejara allí porque no había camino para carros, pago el taxi y le dejo el cambio por que había sido un largo trayecto, las muchachas bajaron sin separarse, caminaron por el sendero de tierra y pasto, el monte se elevaba hasta sus rodillas, no se veía cas alguna a metros. Se encontraron en su caminar a varios campesinos que iban a caballo y algunos jóvenes que conducían algunas vacas a algún lugar que Chile desconocía, seguramente un trueque con otra hacienda.
No se detuvieron en ningún momento, aunque el monte rasguñara suavemente las piernas de las dos mujeres, Chile ayudo a Norkris que la encontró lenta y cansada.
Se detuvieron en un gran protón de madera, y un sendero más grande, despejado, mas allá habían plantaciones de lo que parecían ser plátanos, maíz, algo que prometía ser lechugas y tomates, pero allí, a pocos kilómetros de estas plantaciones había una casa, grande, con amplio patio de césped y tierra, en las cercanías había un árbol cargado de mangos, y al otro lado era un árbol de pumalaca que no estaba cargado. Era la Hacienda Santander.
A sus alrededores se podían ver trabajadores, cargando canastas y en caballos llevando cualquier tipo de implementos para el cultivo. Los tres respiraron el ambiente de paz de aquel lugar, Chile ayudo a caminar a Norkris y Bolivia cargo los bolsos de ambas.
Los criados se sorprendieron al verlos llegar, dos hombre saludaron a Norkris ayudaron con los bolsos y Bolivia agradeció.
-Doña –Habló un joven con un sombrero que se lo puso a la mujer – se me va a quemar usted.
-Gracias, Cristóbal. –
- De nada, vengan por aquí, el patrón ya llegó –
- ¿David? –
-¿Quién más va a ser?, Él es nuestro patrón, está en las plantaciones ahorita, ¡se acaba de ir! ¡También vino el Ticho! Andan por las plantaciones. ¡Debieron haber venido el mes pasado! ¡Tuvimos la mejor cosecha de patillas!
Ya había llegado a la puerta de la hacienda cuando Cristóbal llevo a las muchachas a una habitación y no paraba de hablar de todo lo que había sido prometedor e interesante, como las plantaciones, los becerros, las nuevas vacas que han comprado, o los quesos. Aquel joven era un encanto.
Chile se había retirado a una habitación que los criados le indicaron, se dedicaría a bañarse y a cambiarse porque su cuerpo picaba por el sudor y el calor. Cuando salió al pasillo de la sala se dio cuenta que ya no estaba solo, allí parado junto a la entrada, México estaba hablando con Cristóbal que lo había recibido.
Al ver a Chile, México parpadeo y afilo la mirada.
- ¡Chile!
Cristobal se había retirado y el mexicano se acercó al castaño, lo abrazó, lo había extrañado, chile sonrió. Lo zarandeo.
- ¿Cómo están las muchachas?
-Descansan, seguro – Le dijo el chileno con una suave sonrisa- Están agotadas, La Señora Norkris…
- Ya, entiendo, me alegra.
Los ojos del chileno se clavaron en los ojos negros de mexicano, este claramente entendió lo que intentaba decirle. Chile estaba tan intrigado como México, ambos fueron invitados a la cocina y vieron como algunos trabajadores tenían platos de comida que llevaban al cuarto de las muchachas.
No paso mucho tiempo al escuchar la voz familiar de David recorrer la sala hasta los pasillo y la cocina, tenía la piel del rostro húmeda por el sudor, y se había quitado la camisa en su caminar para pasársela por el rostro, abrió varias puertas de las habitaciones pero no logro encontrar a nadie.
- ¡Cristóbal! ¿Dónde se metió este? –
-Dígame, patrón. –
El muchacho había parecido en el pasillo. David lo vio y por fin suspiro aliviado, recibió la noticia de la llegada de los compañeros y las muchachas, Argentina apareció poco tiempo después y fue directamente a la cocina donde salto de emoción con una exclamación de júbilo abrazando a sus compañeros.
David le dio una orden clara de atender a las muchachas, él debía de hablar con sus compañeros algo urgente y expreso que no quería interrupciones de ningún tipo. Cristóbal asintió varias veces y se retiró.
Cristóbal era joven, pero eficiente, y tenía un carácter de muerte.
En la cocina, los hombre hablaban, Chile casi se atraganta con lo que comía, por que intento reírse, y termino tosiendo, esto provocó mucha más risa entres los hombres, David apareció y vio como Chile se daba golpes en el pecho con fuerza hasta que se calmó.
- ¡Argentina casi muero por tu estupidez!
- ¡Hahahaha! ¡Culpa mía no es! Vos sos quien se puso a reir ahí… -
-Saludo Patrón- Alcanzo a decir México al ver a David presente en la sala, se había colocado otra camisa una blanca, más ligera pero aún se veía que había tomado sol en las plantaciones –
- ¿Todo bien? –
Todos asintieron.
-¿y Perú? –quiso saber el mexicano, David meneo la cabeza-
- Recibió una llamada y tuvo que volver a su negocio. –Respondió el colombiano al momento y se sentó en la mesa de la cocina donde todos los presentes estaban sentado, terminando de comer
- Debió de ser importante – Examino Argentina ya que el colombiano no quería dar indicios de más información o de motivos por el cual Perú no estaba presente.
- Debe de serlo para irse así. – Colombia miro a Argentina pero este no pudo detectar ningún significado en esa mirada. –
México se arregló en otra posición en su asiento y miro atentamente a su patrón que al parecer tenía la voluntad de detener la información que iba a dar para esperar que todos reposaran la comida o terminaran de comer. El mexicano obedecería toda las órdenes que su patrón le diera, sin excepción, pero esta tregua lo hacía dudar, en muchos años, México dudaba, y ahora…estaba desconcertado y hasta intrigado por lo que fuera a hacer Colombia
†
Cuando llegaron al lugar lo encontraron tranquilamente vacío, Perú había llegado y el lugar estaba impecable, se había encargado de quitar el poco polvo del mostrador y aun cansado por el viaje y el recorrido se sentó detrás de la barra y sirvió un trago de wiski, llevo el vaso a sus labios y bebió el licor ámbar con rapidez, en la entrada los dos agentes le clavaron la mirada con interés.
- ¿Qué…? ¿Ahora no puedo tomar en mi negocio? –Perú se excusó por la mirada fría de los agentes que no vio justificación- ¿quieren un trago?
Los dos rubios se acercaron a la barra y se sentaron luego de mostrar sus placas que Perú las observo con una mirada afilada, sirvió dos vasos de licor sin que ellos siquiera respondieran la pregunta.
- Ustedes lon gringos son tan secos…- comento el peruano con un aire de desilusión- oh por lo menos los policías
Acercó los dos vasos de vidrio a ellos, el agente Jones tomo el vaso y Kirkland lo tomó sutilmente, recordando lo intolerante que era al licor, pero solo era un vaso pequeño de Wiski, dudaba que pudiera hacerle algún mal, así que no vio nada malo en esto y lo tomo.
- ¿Eres Perú? ¿Ciertamente?
- Para servirle a Dios y a ustedes en lo que pueda- Le respondió el peruano –
-Te llamas Miguel Alejandro Prado. – Revelo el inglés, este se ganó una mirada significativa del peruano, bajo el vaso de vidrio que sostenía y se inclinó lentamente en la barra con sus oscuros ojos hacia el británico
- Para servirles – le dijo Miguel con aire lento - ¿Qué es lo que desean saber?
Arthur notó el cambio en el peruano pero no se dejó intimidar, Alfred carraspeo un poco y Miguel lo miro ahora con atención.
- Sabemos que eres neutral en esta zona- explico el de ojos azules – queríamos saber si sabias alguien que esté pasando droga en la frontera.
Perú arqueó sus cejas negras con confusión
- ¿Qué les hace pensar que yo se algo como eso? – Perú miro a ambos agentes-
- Eres neutral, eso quieres decir que para mantenerte así, debes de saber lo que se hace y no, y las piezas que puedes mover o no. – Arthur se ganó otra mirada intensa por parte del peruano que sonrió lentamente
- Entonces, están seguros que yo sé algo al respecto –
- Hemos encontrado galpones en los muelles de la ciudad, en las carreteras, y hemos detenido más de una docena de personas en el acto, pasando droga desde la frontera. –
- Estamos seguro que sabes algo al respecto - Le respondió el británico
- Bueno, lo de la frontera no es nuevo – Admitió el peruano sirviéndose un trago con desdén- pero no puedo decirles nada, porque realmente no lo sé, muchas personas irían voluntariamente a otro país con unos cuantos kilos, la necesidad los obliga.
- ¿Qué me dices de los galpones? …era cocaína pura… -Alfred pregunto, Perú meneo el vaso con aire pensativo.
-Cocaína…-
- Querían llevarla a Nicaragua…-Dijo Arthur, ganándose una mirada reprobatoria de Jones, pero a diferencia de este, Perú arqueó las cejas negras y luego relajo la expresión-
- ¿Nicaragua? ¿Está seguro?
- Eso lo dijo el sospechoso. – Respondió el británico.
Perú se quedó en silencio con un aire pensativo, los agentes ignorantes de lo que Perú sabia y de lo que este descubrimiento podía representar. Tal vez Nicaragua tenía algo que ver con todo esto, pero honestamente Perú no sabía cómo esto podía repercutir a Colombia y a los demás. Trato de fingir estupefacción, arrugo el rostro varias veces y por fin trago el licor con lentitud.
- Eso es imposible…naturalmente, llevan grandes cantidades a los países extranjeros. – Explico el peruano - ¿para que llevarían unos pocos kilos a Nicaragua?, definitivamente no sé, pero lo de los galpones es interesante. Seguro la quieren sacar del país, no sé a dónde si quieren saber y no se quien…No puedo ayudarlos, caballeros.
- ¿No tienes nombres?
- Bueno tengo algunos nombres…pero no les servirían, deberían ir con alguien menos neutral que yo y….hablar con él. – Perú le dijo con un aire algo amenazador y sereno a la vez, dando a entender que como pieza neutral no podía decir nombres-
Era algo claro entre los agentes y los del negocio.
- ¿Qué supones que intentan hacer?
- Una distracción…-Dijo el peruano y toco levemente el vaso de Arthur que está todavía intacto – Seguramente hay más de esa cocaína por allí, escondida…esperando ser sacada, no creo que sea por mar, si usaron el muelle para esconderlo y lo descubrieron…no creo que se arriesguen a que la policía los encuentre por el muelle
Los agentes compartieron miradas discretas…
†
David se acercó a la ventana con aire circunspecto, se había trasladado a la una habitación apartada con la vista al jardín trasero, muchos árboles de mangos habían sido plata dos por ese lado, mas allá, las plantaciones de plátanos se hacía reconocer con la forma de sus hojas. Los ojos del colombiano recorrieron aquel paisaje en silencio y luego de unos segundos escucho la puerta por fin cerrarse, alejo la vista de la ventana y observo a todos en la sala con un semblante serio. Espero a que Argentina se recostara de un estante donde había ropa doblada y algunos frascos de colonias.
-Ya, Patrón ¿Qué anda pensando? , díganos lo que va a hacer de una vez- Soltó el chileno con impaciencia, Argentina sonrió porque era eso mismo lo que él iba a decir-
- Es una tregua, así de simple – Le dijo el colombiano y así de sencillo se sentó en la cama de sabanas lisas- Es así, Nicaragua se ve en la necesidad de pedir mi ayuda, no me vean así, sé que es extraño…
- ¿Piensa aceptar? – Preguntó el mexicano dejando con los labios abiertos al colombiano, al poco tiempo este cerro los labios y guardo silencio. Un silencio en donde todos lo miraban con expectación. –
- Estoy aquí, hablando con ustedes en privado ¿no es obvio? –El colombiano arrugo un poco el entrecejo con desentendimiento. El colombiano miro a todos sus compañero que cayeron en cuenta de su error.
Era tan obvio.
El colombiano arqueo las cejas y alzo las manos en un cómico gesto, después de todos estos años, parecía que sus compañeros no lo conocían del todo.
- Me da curiosidad el por qué esta acción- Le dijo el colombiano con ahora más seriedad- Me dio una ligera amenaza de esas que solo el da. "Matare a todos tus amigos, a tus chicas, a Julián" Lo de siempre…
- ¿Y si es una trampa? – Cuestiono l mexicano-
- Lo escucharemos primero, si me convence…- Colombia movió la cabeza con aire pensativo y miro hacia la nada. – Lo mataremos y si no… igual lo mataremos. Ustedes no pueden esperar que yo…me alié con el después de todo lo que sucedió ¿verdad?
Se escucharon algunas cortas risas de los hombres, compartieron breves miradas y sonrieron aliviados por la decisión de su jefe. El considerarlo era una misma acción de traición.
- Algo quiere.
- Claro que si… - Afirmo el colombiano- sospecho que algo desea sacar de esto y luego cuando no seamos útiles, nos aplastara la cabeza. Esto es así, pero lastimosamente, caballeros, él tiene ventaja.
Hubo un ligero silencio acompañado de la confusión. Colombia hizo una pausa.
-Tengo a personas que proteger; Rosaura, Norkris…Julián. – El colombiano paso la mirada por todos los presente y en seguida México bajo un tanto la mirada. - La única persona que Nicaragua quiso, esta tres metros bajo tierra, Yo mate a Guatemala, me guarda rencor, y estoy seguro que él quiere hacerme lo mismo.
Hubo uno pausa donde David se levantó de la cama, luego de verse los zapatos.
- Así que este es el plan, México…
-Patrón… -El Mexicano lo detuvo con el gesto de los dedos- Escúcheme.
- México, se lo que ha pasado entre tú y Nicaragua, pero entiende, esto es temporal- Se adelantó el colombiano con una voz serena, sabía que la reacción de su fiel compañero estaba más que justificada. Nicaragua odiaba a México y viceversa, era la chispa de su ira y a la vez su motivación.
Pero las suposiciones de Colombia no podían estar más apartada de la mente del mexicano
-Lo sé, pero no es tan sencillo- Le explico el Mexicano- Nicaragua tiene hombres en todos lados.
- y yo también
- Si, pero, las chicas…
-Ellas estarán bien, las mantendré aquí- Colombia sonó hasta alegre, el aire de la hacienda Santander era tranquilizante, siempre se podía ocupar para pensar, relajarse y meditar las decisiones más importantes del negocio. –
México suspiro con un desaliento, sus compañeros en cambio no entendían del todo lo que intentaba decir.
- ¿Y Julián? ¿Dónde lo vas a meter? …-Salto el chileno, ganándose una mirada de todos. - está en esto hasta el cuello, no es seguro ni en su casa…ni en ningún otro lado. A ver, ¿se va a quedar aquí? …Ese pobre muchacho, realmente no tiene nada que ver con este problema…
- Ouch. –Colombia se volvió a sentar en la cama - Bueno, sí, pero, a ver, lo llevamos a la policía, y que lo interroguen, le cuente acerca de nosotros y bueno, seremos buscado internacionalmente.
Chile puso un gesto de disgusto.
- no me refiero a eso…-
-Se quedara aquí, y asunto resuelto- concluyo el colombiano con un aire autocrático y ya molesto por el tema, sin admitir claro está, que la presencia de Julián le calmaba un poco. -
Chile iba a decir algo más, pero México lo interrumpió con una mirada y movió los labios.
-Mire, patrón, yo sé que usted, estima mucho a Julián - El castaño se quedó viéndolo con atención y cruzo los brazos en espera de lo que sea que México tenía que decirle, no recordaba que le diera tantas vueltas a un asunto. – pero, él no se puede quedar más aquí…ya no puede.
- ¿Qué? – Colombia arrugo el entrecejo de inmediato y todos los compañeros también quedaron en el aire del pensamiento, en la ambigüedad – ¿Qué quieres decir?
- Algo paso, cuando nos atacaron… - México bajo los ojos de la mirada de su patrón, mientras que esta se entornaba procurando tener la mayor percepción de esta explicación – No eran los únicos, pensé que lo eran, y me asegure que no nos siguieran, pero no resulto…
- Ve al grano.
- Le dispararon a Julián,…en el cuello… - México apretó los ojos, y se escuchó el sonido de los resortes del colchón, David se había levantado le la impresión.
- No juegue.
Los presentes se silenciaron, Argentina se había removido de su asiento y sus ojos de olivos se asomaron cristalinos entre sus parpados, Chile solo parecía sorprendido, y David no pronuncio palabra alguna, estaba de pie al lado de la cama.
- Dos veces… -Agrego el mexicano con una voz cargada de una culpa reprimida y dolencia –
-Usted no me está diciendo eso. – David afilo la mirada hacia el mexicano- no me lo está diciendo. ¿Esto es una broma?
- ¿Cómo piensas que puedo hacer una broma acerca de esto? – México arrastro las palabras, entre ofendido y sorprendido, David le dedico una mirada inquisitiva- David…¿Acaso ha visto a Julián en la hacienda cuando llegue, se asomó en alguna habitación, le pregunto a las muchachas?
Claramente no.
David no había saludado a Norkris, ni a Bolivia, no había revisado las habitaciones, ni había visto a Cristóbal hablar con él, o incluso comentar acerca de Julián, seguro un amigo nuevo, o un nuevo empleado en la casa. No, Julián no existía.
- Francisco…- David llamo con una voz carcomida por interrogantica- ¿Qué estás diciendo?, Julián estaba contigo, tu tenías que cuidarlo, tenías que llevarlo a casa.
- ¡nos siguieron a su casa! ¡Hice lo mejor que pude!
- ¡No hiciste suficiente!- David gruño, frunció el entrecejo y su voz se quebró- ¡Esta muerto!
- ¡Lo sé! ¡Yo tuve que enterrarlo!
- ¡¿Lo enterraste?! – Argentina se levantó de su asiento, David abrió los ojos de sobre manera, como si esto hubiera sido un sacrilegio.
- ¿Qué querías que hiciera? ¿Qué lo dejara allí? Muerto, abandonado, desangrándose ¿eso debía hacer? ¿Debía hacer eso? – Argentina se quedó mudo, con un mudo en la garganta –
- Pero…pero
- ¡Pero nada! – México casi grito - ¡el solo era una víctima, sé que no tenía que morir así! ¡Era un buen chico! ¡Pero, usted me va a disculpar, patrón, pero todo esto, todo lo que le paso a Julián, es su responsabilidad!
David sintió un fuerte dolor crecer en su estómago, un ardor…
Aquella palabras le golpearon el rostro, se le esfumo la ira y la tristeza en un segundo, vio a México alterado y el ambiente se había vuelto pesado y tenso con aquella fría noticia. Se imaginó el cuello desangrándose y las pecas que este siempre tenía ocultas bajo la sangre, su piel se erizo en ese momento.
Recordó Nicaragua. Recordó a Luciano. Recordó a su hermana….a su primo.
- México, basta. – Chile se levantó lentamente- todos tenemos la culpa…
- ¿Quién fue? – Pregunto Argentina acercándose a México a pasos rápido - ¿Fue Nicaragua? ¿Lo fue? ¿Verdad? ¡No deberíamos hacer ninguna maldita tregua con ese maldito bastardo!
- ¡No!, Deberíamos hacerla ¡Y matar al maldito! – Le dijo Chile casi tan alterado como el-
- ¿Qué pasara después, Norkris? ¿Bolivia? ¡Tú, chile, o yo! – Argentina vocifero – No me interesa si tengo que morir, ¡Pero Bolivia es lo único bueno que hemos hecho! ¡Y no dejare que la toquen!
-¡Patrón! .- Llamo el mexicano, que observo a David agarrarse el estómago, y palidecer como si un fantasma le estuviera contando una oscura profecía, un oscuro secreto. - ¡Patrón! ¡Julián está muerto! Se ahogó en su propia sangre… ¡¿Qué hará?! ¿Qué hará?
David se sintió profundamente enfermo, sus tripas se revolvieron, el vómito en su garganta, sus labios se abrieron para aspirar aire, estos pálidos por la conmoción, tenía las miradas clavadas en él.
La culpa comenzó a corroerlo. Comerlo, carcomiéndole la conciencia.
Sus ojos caramelos se humedecieron y supo que no pudo resistir más el deseo de irse de esa habitación, su habitación. Correr y estar solo, corroerse en la soledad, Julián había muerto por su culpa, Luciano también. Todo lo que se acercaba a el perecía, moría. Nicaragua tenía razón.
- ¡Patrón!
- ¿Dónde está Norkris?
Hubo un silencio significativo, un silencio de muerte.
- En su habitación.
David movió las piernas, y camino por la habitación hacia la puerta, atravesó a los tres hombres en su caminar, ganándose un silencio y la duda de sus futuras acciones, porque David se estaba rompiendo poco a poco. Tomo el pomo de la puerta, la voz de México lo detuvo
- Lo siento, David…pero siga adelante. –
Abrió la puerta y salió de esa habitación cerrando la puerta lentamente. Escucho el silencio del pasillo, como era de esperar Cristóbal había despejado los alrededores de la habitación, lo encontró demasiado silencioso para su agrado en ese momento, justo en ese momento, el silencio lo dejaba solo con sus destructivos pensamientos.
No reanudo la marcha al momento que salió, se mantuvo en la puerta por unos segundos más antes de continuar por el pasillo hasta la sala, el dolor en su estómago no desaparecería, aumentaba sin embargo a cada instante, un mareo le atravesó la cabeza y tuvo que detenerse para incorporarse, apoyándose se la pared por un momento. Y en su mente…las palabras le acusaban y recordaban su tomento.
Julián está muerto
Es tu responsabilidad
Todo lo que se te acerca muere.
Si. Quizás Nicaragua tenía razón, quizás era un tonto juego, quizás no se tomaba esto en serio. Le costó el tomar el pomo de la puerta y abrirla, de madera oscura, la habitación de Norkris ya no le brindaba la tranquilidad maternal que siempre hacia. Ahora temía, temía que ella también pensara lo que México le escupió, temía que ella lo odiara. Luciano se fue por su culpa, ahora Julián se fue….por su culpa también.
¿Podría el corazón de la mujer que tanto apreciaba soportarlo?, Colombia era un asesino, que perdía cada vez más, era su castigo por elegir este camino, el camino de la muerte, de la soledad, el odio y la desolación.
La pérdida era su cruz.
- Porque esta casa sea tuya, no te da derecho a no tocar la puerta antes de entrar.- le dijo Norkris que se levantaba de la cama, para sentarse en ella, tenía el cobertor a la altura del estómago, de color crema, algo desgastado. - ¿Qué pasa? ¿Por qué no enciendes la luz? – Pregunto una vez más cuando vio en la escaza luz de la habitación como Colombia se trasladaba a la orilla de la cama, cerca de ella, se sentó sin responder la pregunta, cosa que inquieto a Norkris.
- ¿Qué sucede, David?
- Julián murió
Norkris se llevó los dedos a la boca en una exclamación de sorpresa, un quejido.
- Me acabo de enterar – Continuo el colombiano con una voz muy baja. Hubo un largo y pesado silencio.
La silueta de David sentado en la cama y cerca de él, la silueta de Norkris, su cabello formando ondas, rodeando su cabeza, sus hombros.
Ningún de los dos podía llegar a reconocer sus expresiones o su rostro en esa habitación.
- ¿Ha muerto? -.
David asintió lentamente, la silueta del colombiano fue lo único que se admiró.
- Nicaragua quiere una tregua – Dijo después en la misma voz baja- la voy a aceptar.
La mano de la mujer fue al hombro del hombre y se quedó allí como un símbolo de apoyo.
-…pero ¿Qué pasara contigo? ¿Y los muchachos? –Norkris pregunto con una voz suave, preocupada –
- Ellos harán los que le digo. –
-David. No es…
-No, no, sí lo es. Siempre lo es – David le corto la palabra con estos susurros- siempre tiene que ver conmigo. Siempre muere gente que quiero, y es mi culpa, siempre. Lo peor es que sigo con todo eso.
Hubo un silencio, Norkris no se había movido de su lugar, ni su mano había abandonado el hombro del colombiano.
-Voy a terminar con todo esto.-Hablo y la silueta del colombiano no se movió ni un centímetro de su lugar, como una esfinge- Si tengo que morir, moriré, pero preparare todo para ti y Bolivia.
- ¿Qué vas a hacer?
- Lo que tenga que hacer. Pero ustedes no. –
David se inclinó y beso silueta beso la frente de la mujer que se encontraba desconcertada. Le acaricio el cabello, se levantó de donde estaba. Susurro un suave descansa y se marchó de la oscura habitación, en todo el trayecto no vio la expresión de David, el rostro de la pena se encontraba oculto en las tinieblas.
Espero que lo hayan disfrutado. ¿Lo disfrutaron ?
Gracias por leer.
DamistaH
