Ni Hetalia ni los personajes me pertenecen, sólo este raro fic C:

Capítulo 8: Preguntas y sorpresas.

Tenía tantos sentimientos encontrados con todo este tema. Sentía odio hacia aquel español con el que pasó la noche anterior; sentía impotencia por no haberse dado cuenta del engaño; sentía tristeza al haber dejado al que parecía ser su amor en aquel lugar sin aclarar nada de sus sentimientos antes.

Entre tantos pensamientos que pasaban por su mente, sin darse cuenta cayó en un profundo sueño…

-Lovino~- lo llamaba a lo lejos una voz- Lovi~- era hermosa, tan dulce y apacible.

Miró a su alrededor, sólo podía ver luz, nada más.

-¡Lovi!- dijo nuevamente. Seguía buscando a su alrededor a quién pertenecía esa voz, pero lo único que logró ver fue la mano de alguien extendiéndola hacia él. Sin dudarlo, la tomó suavemente para que fuera tirado bruscamente atrayéndolo a esa persona y chocando con el cuerpo de éste- Lovi~- escuchó nuevamente. Ya había encontrado a quien lo llamaba.

Lentamente levantó la vista para ver de quién se trataba. No era nadie más que aquel español de la noche anterior.

-Antonio…- su mirada lo cautivó; esos hermosos ojos verdes que resaltaban tanto como su gran sonrisa. No podía alejar la vista de su perfecto rostro, o por lo menos era perfecto para él- Por qué lo hiciste…

Lo miró confundido por unos segundos, que para Lovino parecieron eternos, antes de responder a esa simple pregunta.

-Porque te amo.

Despertó con las últimas frases en la mente. ¿Por qué lo hizo? Tenía muy claro el por qué lo hizo él: por culpa de su hermano y sus extraños planes. Pero ¿y Antonio? No lo conocía mucho en realidad, pero de lo poco que pudo observar en la mañana no parecía vestir siempre así o ser afeminado. ¿Qué razones tendría?

No lo soportó más. Se arregló para salir nuevamente, pero antes abrió la página que tenía puesta del Hetachat por última vez para preguntarle, esta vez sin ver las conversaciones anteriores, sólo escribiendo lo que quería saber.

-LoviKittyTomato:3: Por qué lo hiciste?

Dando un fuerte golpe con la puerta se dirigió a la salida. Al pasar por el comedor Feliciano se paró de inmediato y corrió hacia él.

-Fratello, ¿qué pasó? Te llamamos mucho y no respondías, por eso decidimos empezar a comer- le decía notoriamente preocupado.

-De seguro ni hicieron el intento- refunfuñó para sí, lo cual logró escuchar su hermano.

-¡Sí lo hicimos! Y muchas veces- le reclamó casi llorando al ver que su gemelo no le creía.

-Como digas, maldición. Iré a comer afuera.

Salió de su hogar sin ningún rumbo definido, mas sus pies no dejaban de llevar a lugares en los que estuvo con la morena. Hubo un lugar al cual fue que no era alguno que le recordara a la hermosa Isabel y al estúpido de Antonio- ya que por más que trataba no podía verlos como la misma persona cuando en su mente aparecían esas lindas imágenes que vivió con la supuesta chica- y, por suerte para Lovino, era un restaurant de, por lo que le habían dicho, bastante barato y de calidad, servían unos exquisitos platos. Bien, era momento de averiguar si todo eso era cierto o no.

Debido al reconocimiento que tenía el lugar estaba repleto, lo que no extrañó, pero sí molestó al italiano. Buscó con la mirada alguna mesa desocupada, pero no encontró ninguna. Desilusionado decidió retirarse del lugar, cuando vio a dos personas muy llamativas debido a sus actos y, por desgracia, que conocía.

Dos hombres bastante atractivos se encontraban besándose desesperadamente, como si no estuvieran en un lugar público, mientras dejaban que sus platos de comida se enfriaban. Uno de ellos era rubio con un mechón de cabello flotando desde su flequillo y utilizaba lentes, si no mal recordaba era el chico que los atendió en el bar la noche anterior. Mientras que el otro era una de las personas más insoportables que había conocido en su vida, tenía la piel blanquísima, casi tanto como sus cabellos, y unos ojos rojos que en estos momentos estaban cerrados disfrutando de aquel desenfrenado espectáculo que estaban dando. No eran nadie más que el hermano del Macho Patatas, Gilbert y el otro… Alfred se llamaba, si su memoria no le fallaba.

Intentó pasar lo más rápido que pudo por su lado. Su plan iba a la perfección, no lo lograron ver hasta que…

-¡Oh, Lovino!- le gritó el alemán alejado ya de su aparente novio. Intentó ignorarlo, al igual que todas las miradas de los demás clientes del local- ¡No ignores a mi maravillosa persona! ¡Lovi!- esa fue la gota que rebalsó el vaso; no dejaría que nadie le llamara así, ni mucho menos un patatero como él.

-¡Qué quieres maldito hijo de puta!- definitivamente todos lo estaban mirando en ese momento, más que cuando el imbécil de Gilbert le gritó.

-Parece que alguien anda de mal humor hoy.- soltó una fuerte carcajada- El grandioso Gilbert y el casi tan grandioso como yo héroe Alfred te animarán el día. Kesesese~ -mientras daba su discurso se levantó de su asiento y tomó el brazo del castaño para sentarlo en la mesa, junto a ellos.

-¿Quién es, Gil?- preguntó mostrándole una radiante sonrisa al recién llegado.

-Es Lovino, el hermano del pequeño Feli, el novio de mi West- rodeó al menor con un brazo- Cuéntanos, ¿qué hace un chico como tú en un lugar como este?

-¿Para qué quieres saberlo?- preguntó enojado mientras descaradamente y sin que el resto lo notara tomaba uno de los vasos que estaban en la mesa para beber su contenido.

-¿Cómo que para qué? ¡Ya dijimos que te animaríamos el día!- le respondió Alfred.

-Bien,- tomaba los cubiertos para empezar a comer el primer plato que vio en la mesa- caminaba por aquí porque esperaba encontrarme con un par de idiotas a la hora de almuerzo para quitárselo y así no gastar mi dinero.

Ambos no le quitaban la vista de encima, pero no parecían ver lo que estaba haciendo, sólo trataban de comprender sus palabras.

-¿Y cómo te va con eso?

No sabía qué responder a tal estupidez. ¡Se estaba comiendo su comida en sus narices y aun así le preguntaba eso!

-Pues no me está yendo nada bien. No encuentro a nadie con esas características- respondió con sarcasmo.

-Si quieres te puedo dar de mi comida- le extendió su plato el rubio.

-¿Hablas en serio?- fingió sorpresa para luego recibir gustosamente la porción que le ofrecía- ¿Y qué hacen ustedes por aquí?- cambió de tema bruscamente.

-Estamos en una fantástica cita- sonrió Gilbert.

-No… no me había dado cuenta- dijo sarcásticamente fingiendo nuevamente sorpresa.

-¡Pues créelo!- gritó el de ojos azules- Y también hablábamos de Francis… el novio de mi hermano- aclaró después de ver en el rostro del italiano una gran duda al no saber, o más bien recordar, quién era ese tal Francis- ¡Él volvió a engañar a mi hermano! Matt está muy triste por eso.

-Matt…- comenzó a recordar un poco de lo ocurrido en la mañana, pero extrañamente le sonaba bastante el nombre, se acordaba de toda la escena de ese momento, pero no podía ver bien en sus recuerdos a aquel chico- Creo haberlo visto hoy, con Antonio- pronunció con desprecio ese nombre- pero no recuerdo como…

-¡Mein Gott!- todos se sobresaltaron con el grito- ¡Cierto! Hoy te la pasaste bien con mi Toño. ¿Y? ¿Te gustó cómo es en la cama? Porque mi Toñito eso todo un…

-¡Zitto, maledetto! No me recuerdes cosas como esas- rápidamente se levantó del asiento y salió del lugar sin siquiera despedirse.

Esa estúpida conversación no hizo más que volver a molestarlo. Justo en el momento cuando se estaba olvidando de aquello al ver como todos hablaban a las espaldas de esos dos. Definitivamente debía ser ese maldito karma de que alguna vez escuchó el cual estaba actuando sobre él en ese preciso momento. ¿Qué otra cosa mala podría pasarle? ¿Que al cruzar la calle un camión lo atropelle o que un tipo cualquiera lo confunda con mujer al reconocerlo por los otros días -aunque sea poco probable ya que se disfrazaba muy bien- y lo obligue a hacer cosas extrañas con él?

Su teléfono sonó, sacándolo así de sus negativos pensamientos, pues era algo mucho peor que todas esas ideas malas juntas; su hermano.

-¡Qué quieres!- dijo molesto por poco gritando.

-Ve~ Fratello, tienes que ir a la plaza- respondió del otro lado del teléfono.

-¿Qué plaza? Hay un millón en este lugar, imbécil.

-A esa que siempre vamos. ¡De prisa, llega pronto!

No pudo preguntar o insultar nuevamente a su gemelo, pues la llamada había sido cortada al terminar de decir esas palabras.

Sin más que hacer decidió ir a la plaza. Conociendo a su hermano no lo invitaría a ningún mal lugar… aunque fue su completa y maldita culpa el haber conocido al bastardo español, pero ¿qué cosa podría ocurrirle que fuera peor? Quizás todas aquellas que había nombrado antes de la inesperada llamada. ¡Todas esas y muchas más! Ahora que lo analizaba mejor, quizás, sólo QUIZÁS, no era tan malo aquel tipo… No. Definitivamente no había cosa peor que él y su maldito engaño y travestismo y asquerosidades que le hizo la noche anterior- que, por cierto, disfrutó mucho… Sólo una cosa podía concluir; sus pensamientos iban cada vez de mal en peor.

Y hubieran seguido así si al llegar a la plaza una tierna voz no lo hubiera interrumpido.

-Disculpe.

-¿Qué?- espetó volteándose para ver de quién se trataba. No eran nada más que dos hermosas muchachas aparentemente extranjeras.

-Bonjour, soy Victoria y ella es mi hermana, Monique.- se presentaron al chico con un notorio acento francés- Estamos buscando unas direcciones, ¿nos podría ayudar, por favor? -a pesar que los franceses no eran de su agrado, decidió ayudarlas; eran unas chicas muy guapas y podría ser una buena forma de olvidar lo ocurrido con Antonio.

-Con mucho gusto, signore belle- contestó seductoramente mientras hacía una cordial reverencia como buen anfitrión, o "guía turística" en este caso.


Ya había pasado varias horas desde que el alemán había salido del hogar que compartían. Francis tuvo una tarde bastante productiva a su parecer. Cocinó un exquisito banquete para el almuerzo; vio sus películas que, de seguro, no podría ver con tranquilidad cuando llegue Gilbert; y arregló rápidamente el problema que, debido a su comportamiento de la noche anterior, tenía con el canadiense.

Por otro lado, Antonio, después de la partida de su amigo, se tiró en su cama mirando el techo para perderse en sus pensamientos. Únicamente se levantó para comer, en donde tuvo una corta y deprimente conversación con el francés sobre la apuesta, y luego dirigirse al baño.

Su mente estaba clavada en el tema de Chiara… no, Lovino. Ese hombre lo había dejado con muchas preguntas en su interior, mas la que más le importaba en ese momento era la de si en algún instante lo amó en verdad como él lo había hecho.

-¡Ah! ¡Por qué tiene que ser tan difícil!- desesperadamente se desordenó aun más el cabello mientras hacía una rabieta como niño pequeño.

-Mon ami, tranquilízate. Si ese tío te ama como tú a él, querrá volver a verte- intentó de animarlo.

-Pero se fue sin decir nada, ¡ni se despidió!

-¡Antonio, deja de gritar!- al ver que el otro se tranquilizó, siguió hablando- Podrías… preguntarle para estar seguro y no hacerte más ilusiones con él de las que ya tienes.

-Tienes razón, le preguntaré.

Abrió de inmediato la página del Hetachat y buscó el nombre del italiano. Al hallarlo, escribió rápidamente su gran dilema, sin leer antes lo que el otro le había preguntado.

-~*PrincesTomatita*~3: Lovino, estás enojado? Por qué te fuiste sin decirme nada? D:

El mensaje no demoró en ser contestado.

-LoviKittyTomato:3: Juntémonos ahora en la plaza de siempre. Ahí te explico todo. Ve~

Al releer la respuesta, por si era su imaginación, logró darse cuenta que antes de sus preguntas había una que no había leído. Escribió apresurado lo que tenía en mente.

-~*PrincesTomatita*~3: Ok. Nos vemos allá y también te explicaré todo cuando nos juntemos :3

El mensaje del italiano fue corto y preciso, lo suficiente para que Antonio se levantara apresurado y saliera a su encuentro con el otro, sin siquiera avisarle a su amigo.

Corrió toda la distancia entre su hogar y el lugar fijado. Pensaba comprarle algún presente, pero esa idea desapareció pronto de su cabeza, total, si las cosas salían como quería, tendría ya mucho tiempo para regalarle cosas lindas.

Al llegar al lugar esperó por unos pocos minutos para finalmente identificar entre la multitud a quien buscaba, pero parecía estar hablando con alguien más. Lentamente comenzó a acercarse. Logró observar que estaba con dos chicas quienes le charlaban animadamente, cuando una de ellas, la morena- quien parecía ser la más alegre de las dos-, tomó su brazo para que luego la otra hiciera lo mismo por el otro lado y se lo llevaran a otro lugar

Lovino, antes de marcharse, miró hacia atrás sin ninguna razón en particular, de esa forma se percató de que el español se encontraba allí, mirándolo algo adolorido, sin decirle nada, sólo viendo como las muchachas se lo llevaban. Quería olvidarlo, así que lo mejor sería ignorarlo, y así lo hizo.

Antonio quedó perplejo en el lugar después de ver aquel hiriente gesto de desprecio que le dedicó el otro al notar su presencia. ¿Acaso lo invitó sólo para que viera como lo cambiaba por dos mujeres? Si eso era lo que quería, él no haría nada al respecto. Era su decisión dejarlo solo en ese lugar.


Holi! Seh~ me demoré mucho esta vez, pero como que han pasado tantas cosas! Y entre esas cosas está mi flojera por escribir, mi obsesión por un fic y mucho fics que sigo actualizados…

Bueno, como se habrán dado cuenta, éste no es el último capítulo- si lo dejara así sería muy maldita-, pero es que Lovi con su personalidad no me deja terminar fácilmente! Por eso creo que esto dará como para dos o tres capítulos más. De todas formas no confíen en mis predicciones… la mayoría de las veces fallo =.= pero tampoco quiero alargarlo más, así que por eso le doy como ese tope.

Eso… espero que les haya gustado el capítulo, y muchas disculpas por demorarme y todo eso~

Nos leemos en otro capítulo! :D
PD: Mi concursito está cerrado... como que me compliqué mucho con dos premios xDD A las ganadoras anteriores, de apoco iré poniendo sus premios en el fic durante los capítulos que quedan c: