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Capítulo 7:
Secretos, Mentiras Piadosas, y el Miedo que los Ata
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Había sido un largo año, demasiado largo para el gusto de Komaeda. Lastimosamente, el segundo semestre del primer año escolar se había pasado volando y lo que quedó del año siguiente no le había dejado mucha tranquilidad...
—¡Tengo una maravillosa idea! —había exclamado Yukizome el primer día de clases, segundo año en Hope's Peak—. Veo que todos ustedes necesitan estar más tiempo juntos, ¿qué les parece un viaje escolar?
—Un… ¿viaje escolar? —Komaeda había sido el único que se animó a preguntar.
—¡Eso mismo! ¡Necesitan estrechar lazos! Así que… Este semestre no asistirán a clases, ¡nos la pasaremos de excursión en excursión para que todos puedan hacerse amigos!
—¿Y las clases? —Sonia al menos pareció tan desconcertada como Komaeda.
—Lo más importante es que puedan llevarse bien, todavía les quedará otro semestre y otro año más —Yukizome les había sonreído. Aunque, específicamente, ojeó a Komaeda y a Nanami—. Ya son talentosos de por sí, ¿verdad? En esta academia… quiero que aprendan otros valores también, como lo es la amistad.
—¿A quién le importa ese tipo de cosas? —Saionji bufó. Irónicamente, no se despegaba del lado de Koizumi. Yukizome sólo siguió sonriendo, esta vez dándole una mirada especial a Komaeda.
—Porque, al final, la amistad entre compañeros es lo más importante.
Recordar eso a Komaeda ya no le hacía sentir tan mal. Al fin y al cabo, ya habían vuelto del último viaje que iban a hacer y un gran alivio se le dejaba ver.
Su suerte no causó la cantidad de desastres que él esperaba, afortunadamente, aunque eso no quería decir que cosas malas no hubieran sucedido. Cosas mínimas, incluso que pronto todos olvidarían, pero le hacían recordar que la maldición seguía estando ahí y no se iría.
Y hablando de cosas que no se irían…
—Komaeda-kun, déjame ayudarte con lo que te falta desempacar… —Nanami era una de esas cosas que, de alguna forma, se había instalado a su lado todo ese tiempo, sin importar nada.
—No hay problema, Nanami-san —dijo Komaeda mientras apoyaba su gran valija sobre la cama de su habitación y comenzaba a desempacar—. Aunque no merezco tu ayuda en esto…
—No digas eso —ella infló las mejillas y, a pesar de que le habían negado el favor, continuó con su persistencia—. Si terminamos esto rápido, podremos jugar videojuegos.
—¿Así que eso es lo que quieres hacer? —Komaeda no sabía si debía reír, pero lo hizo de todas formas.
—Además… —Nanami ojeó la habitación mientras le tendía a Komaeda las cosas que tenía que guardar—, ¿qué tal si te muestro una canción para tocar en el piano?
—¿Mostrar?
—Quiero decir, hay muchas canciones de videojuegos que sonarían muy bien en sus versiones de piano…
Komaeda le sonrió. Esa chica no tenía remedio…
A lo largo de los viajes escolares logró estar muy cerca de ella, gran parte porque Yukizome se había encargado ya hacía más de un año en unirlos como "amigos inseparables", cosa que ninguno de los dos había aceptado hasta hacía unos meses.
Y siquiera era absolutamente así, sólo se trataba de soportar la compañía que les habían propuesto en un principio. Nanami logró amigarse de toda su clase, aunque le había costado. Sin embargo, Komaeda había decidido quedarse atrás y, por ende, no relacionarse con nadie más que ella.
Debía admitir que su compañía era agradable, pero…
No se comparaba a la de Hinata.
Komaeda suspiró, pensando que el moreno podría haberlos acompañado al viaje ya que Yukizome se lo había ofrecido pero él terminó negándolo. Presentía que luego de todo ese semestre sin hablar ya perderían el contacto, lo cual a Komaeda le parecía perfecto porque, por primera vez, lograba ser cercano a alguien y no matarlo antes de distanciarse. Ahora parecía que ese problema se le iba a trasladar a Nanami. De ninguna manera se tenía permitido estar tranquilo.
Siguieron desempacando cosas, Nanami, como siempre, siendo demasiado curiosa y tomando las cosas de Komaeda sin pedirle permiso para guardarlas. En eso, sacó una sudadera negra de la valija.
—¿Éste es el abrigo que dijiste que Hinata-kun te había dado? —preguntó ella antes de guardar la sudadera en el armario. Komaeda no pudo evitar sentirse avergonzado.
—¿C-Cuándo te dije eso?
—Cuando fuimos a esquiar y te enfermaste —Komaeda se había enfermado unas diez veces a lo largo del semestre, si no se contaban las leves heridas provocadas por su suerte—. Me dijiste "tráeme la sudadera negra" y cuando te pregunté por qué exactamente esa… me contaste la historia.
—Oh… No lo recordaba.
—Tenías fiebre, estabas delirando… Yukizome-san y yo nos quedamos contigo.
Qué patético, tener a gente preocupada por alguien como él. Otra vez, el año había sido un infierno.
Entre que cada más o menos dos semanas habían tenido un nuevo viaje que hacer y sumado al hecho de que Komaeda no podía dejar de tener en cuenta su suerte para esos casos, debía admitir que jamás había estado tan estresado en su vida.
Y lo peor de todo era que pocas veces había logrado ver a Hinata. Al parecer el Curso de Reserva sí tenía a sus alumnos estudiando, no como el Curso Principal.
Komaeda notaba esas pequeñas diferencias y recordaba el haberse inscripto para el Curso de Reserva en primer lugar. ¿Qué hubiera pasado si no hubiera sido el Afortunado Definitivo aquel año?
Ser alguien normal tenía sus ventajas al fin y al cabo. Ser normal quizás habría hecho que él y Hinata no se hubieran distanciado.
Pensar en eso le recordaba que jamás había terminado de componer aquella canción…
—Va a ser Navidad, mañana —Nanami habló cuando terminaron de guardar las cosas—. ¿No habría que hacer algo? El año pasado no estuviste cuando todos festejamos…
—Eso es verdad.
Komaeda solía evitar la compañía de sus compañeros y, en algún punto, lo seguía haciendo. A veces porque no sentía que debía tener lugar entre gente tan esperanzadora como ellos, a veces porque temía de las catástrofes que su suerte provocaba y a veces porque tenía otros planes.
El "plan" de la Navidad pasada había sido quedarse solo, por ejemplo. Sus compañeros no merecían su compañía y aunque le habría gustado estar con Hinata, éste dijo que no podía estar con él porque, al parecer, se había ido de vacaciones.
Probablemente esta Navidad la pasase igual. Al final, no era como si en Japón se celebrase la tradicional Navidad, era algo dedicado a darse regalos entre amigos y nada más.
¿A quién podría interesarle, en esos momentos, darle algún regalo a alguien como….?
Su teléfono celular vibró repentinamente, un mensaje había llegado.
"Ey, Komaeda… ¿Ya volviste del último viaje? ¿Cómo estuvo? Eh… Quería saber si harías algo para Navidad. ¡Esta vez voy a estar en casa así que puedes venir!"
—¿Hinata-kun? —Komaeda dijo en voz alta, no creyendo lo que estaba leyendo.
—¿A ti también te llegó un mensaje? —Nanami sonaba entusiasmada—. Creo que ya tenemos qué hacer para Navidad… ¿Qué opinas?
Ellos tres no habían pasado mucho tiempo juntos como grupo —entre viaje y viaje todo se había vuelto más complicado, a veces ni llegaban a ver al chico sin talento—, pero incluso así fue suficiente como para que se llevaran armoniosamente bien. En algunas ocasiones, Nanami y Hinata parecían saber cosas que Komaeda no, pero no en el mal sentido.
Tal era así, que Komaeda no tardó en juntar las piezas del rompecabezas para saber que, probablemente, Nanami le había mandado mensaje a Hinata primero para que los tres se juntasen en Navidad.
Por supuesto, el albino estaba seguro de que Hinata ya hasta podría haberse olvidado de él si no fuera por Nanami.
—Vamos, Komaeda-kun —Nanami se acercó a él, acusándolo con el dedo índice—. Hinata-kun quiere verte, y lo sabes.
—Puede que sí… —él también quería verlo, había pasado demasiado tiempo a comparación de lo que solían hacía un año—. Me gustaría saber cómo está, este año él ha estado bastante raro… incluso si no nos veíamos muy seguido.
—Lo sé, y te prometo que vamos a averiguar lo que le sucede —Nanami le sonrió y posó una mano sobre su hombro—. No debes preocuparte, estará todo bien.
—Creo que no me queda otra —Komaeda suspiró.
—Ahora, vamos a comprarle un regalo a Hinata-kun… Antes de que me dé sueño y duerma hasta el próximo semestre…
Ambos rieron un poco y salieron de la habitación. El día siguiente iba a ser uno bastante agitado al parecer.
Komaeda quería volver a ver a Hinata, quería sentirse irónicamente seguro junto a él, como solía hacerlo.
Quería que la esperanza volviera. Ya que, como siempre había creído, después de tanta desesperación aquello era de esperarse.
Barría, ordenaba, seguía limpiando, observaba que todo estuviera en orden y volvía a lo primero. Parecía ser un ciclo sin fin, quizás porque lograba cansarse bastante más rápido de lo normal…
—Hajime, siéntate un poco… Presiento que te estás esforzando más de lo que es necesario —su madre le ordenó, y él no tuvo otra que obedecer.
—Estoy bien… —mentira, de verdad que se agotaba demasiado rápido. Aquellos estudios clínicos del proyecto… Menos mal que ya no tenía que preocuparse más por eso—. Estoy un poco nervioso, eso es todo.
—¿Mm? ¿Por qué? —Haruka cuestionó, confundida, mientras tendía el mantel sobre la mesa del comedor, aquella que sólo utilizaban durante ocasiones especiales.
—Hace mucho que no vienen Komaeda y Nanami…
La pura verdad, sentía cómo la culpa lo iba incinerando por dentro. Debía admitir que envidiaba bastante a esos dos, el Curso Principal parecía estar de fiesta todos los días y Hinata sólo había tenido tiempo para estudiar y estar involucrado en el estúpido Proyecto… ¿Cómo se llamaba éste de todas formas?
Le dolía tanto eso, hubo muchas veces en las que tuvo que negarles compañía a Komaeda y a Nanami por culpa de aquella cosa. Lo único bueno que había salido del proyecto era que su familia podría vivir tranquila sabiendo que no le deberían dinero a Hope's Peak, pero seguía sin estar convencido acerca de lo demás, ya que por culpa de ese mismo proyecto tuvo que negarle a Komaeda pasar con él la Navidad pasada.
Apenas sus padres aceptaron y firmaron el contrato que le permitió a él formar parte de aquellas pruebas, los análisis médicos comenzaron y no le hicieron pasar buenos ratos.
Durante Navidad había caído bastante enfermo por culpa de eso y, definitivamente, no iba a hacer que Komaeda lo viera en ese estado. No se iba a permitir mostrarse débil ante él, así no se suponía que tenían que ser las cosas entre ellos.
Sus padres discutieron con la Academia acerca del malestar que el proyecto le causaba, y al parecer se escucharon un poco sus pedidos. Incluso así, Hinata había tenido días en los que se sentía fatal y, bueno, tuvo que conformarse con eso.
Por suerte aquel infierno ya había terminado, no más observaciones, no más dolor. Estaba feliz, debía admitir, pero seguía con ese sentimiento de culpa incrustado en su interior y no pretendiendo desvanecerse.
Esperaba que con la presencia de Komaeda y Nanami todo fuese mejor, esperaba que Komaeda estuviera bien, feliz. Sólo deseaba eso. Si esa misma noche todo salía perfecto, entonces sabría que todo volvería a la normalidad. Sabría que Komaeda volvería a estar ahí, a ser su amigo…
A estar junto a él.
—Estoy preocupado por Komaeda… —suspiró y se recargó sobre la mesa.
—No lo estés —su madre le brindó una de sus brillantes sonrisas y lo abrazó por los hombros—. Van a venir aquí, les contarás por qué estuviste tan ausente durante el año y todo estará bien, los amigos se apoyan en todo.
—Pero es que… —presionó sus labios, costándole continuar hablando. Se separó del agarre de Haruka para mirarla a la cara, volviendo todo más complicado aún—, n-no le diré a Komaeda lo del proyecto, no tiene por qué saberlo.
—¿Ah? —frunció el ceño como respuesta, y cuando ella hacía eso era sinónimo de "estás cometiendo un grave error"—, ¿es una broma, verdad? Me has dicho tantas cosas que ese pobre chico tuvo que pasar a lo largo de su vida y… ¿Pretendes no decirle sobre tus problemas? ¿Incluso si él nunca te ha ocultado nada?
—Pero, es que…
—Yo no te eduqué para que seas un mentiroso, Hajime —lo señaló con el dedo índice, y el moreno terminó quedándose sin ganas de hablar—. Ya eres bastante mayor, deberías saber a estas alturas que las mentiras sólo causan problemas. Komaeda-kun nunca te ha mentido… ¿Por qué se lo harías tú?
—Porque… —cerró los ojos y se pinchó el puente de la nariz con los dedos—, porque no quiero que él se preocupe por mí, ya tiene bastante con… con todo lo que le sucede.
Haruka seguía cruzada de brazos, observando a su hijo con una de sus miradas más fulminantes. Y Hinata no se quedaba atrás, manteniéndose en silencio esperando a que su madre dijese algo, pero ella sólo se limitó a negar con la cabeza. Claro, ella jamás entendería cómo Komaeda era capaz de ponerse si se alteraba sólo un poquito, Hinata nunca le había contado sobre esos incidentes al fin y al cabo…
—¿Piensas que lo hago porque soy un mentiroso? Porque no es así, ni siquiera es una mentira si no le digo absolutamente nada sobre el proyecto… —tomó aire, como si así la situación se pudiera volver menos dolorosa. La mirada de su madre se había suavizado un poco y, quizás, aquello era porque Hinata demostraba que le costaba hablar sobre ese tema.
Le había mandado mensajes a Komaeda durante todo el tiempo que no se habían podido ver, ya fuese porque él estaba de viaje o porque el proyecto se lo impedía al moreno. Pero chatear con el chico afortunado realmente no era lo mismo que verlo en persona, siempre limitaba a decir que "todo estaba bien" en los mensajes. Sin embargo, cuando Hinata le preguntaba a Nanami sobre él, ella respondía con cosas completamente distintas.
"Komaeda-kun no quiso venir a festejar Navidad con nosotros… ¿Se habrá quedado solo?"
"Komaeda-kun se cayó, pero nada de qué preocuparse. Tsumiki-san dijo que mañana estaría bien."
"Hoy hicimos un picnic en la escuela, aunque Komaeda-kun se sentó lejos de todos nosotros..."
Y el mensaje que a Hinata le seguía dando vueltas en la cabeza…
"Fuimos a esquiar y Komaeda-kun se enfermó. Tiene fiebre pero no te preocupes, dice que estará bien si tiene el abrigo que le regalaste."
Los últimos días del año anterior, Komaeda solía usar aquella sudadera que Hinata le había regalado. Se sentía tan aliviado, sabiendo que en los días fríos el albino tendría con qué abrigarse y no pasaría por resfríos u otro tipo de enfermedad común del invierno. Sin embargo, la noticia que Nanami le había dado con respecto a eso no lo hacía estar tranquilo.
Podría haber estado yo ahí, a su lado…
Estúpido proyecto.
Tuvo que negarle a Yukizome ir a todos esos viajes, y no dar razones con respecto a eso. Y era aquello lo que lo mantenía con culpa, sabiendo que Komaeda seguramente pensaría lo peor acerca de su rotunda negación.
Pero, ¿qué era peor? ¿No dar explicaciones o darlas y romper con la regla de no contarle a nadie sobre el proyecto?
Hablando de eso…
—Además, mamá, no le debo contarle a nadie lo del proyecto —Hinata se defendió.
—Pero es Komaeda-kun. Él es… es como tu mejor amigo, ¿no?
—P-Podría decirse… —el moreno se rascó la nuca y desvió la vista.
—No creo que el hecho de que él lo sepa sea algo grave —Haruka sonrió levemente.
—Igual… N-No, no puedo.
No quería seguir discutiendo sobre el tema, se levantó de su silla para rápidamente dirigirse corriendo a su habitación. Tenía miedo de seguir hablando, de seguir pensando en lo preocupado que lo tenía Komaeda, y de estallar de la manera que menos quería.
Se frotó los ojos, por suerte no estaba tan mal como lo que él veía venir, y pronto llegó a su habitación. Quedaba al menos una hora para que Nanami y Komaeda llegaran, tenía tiempo todavía para dormir un poco.
Enterró su rostro en la almohada, bufando sobre ésta. Sólo esperaba que su miedo se esfumara, que la sonrisa de Komaeda apareciera, y que todo estuviera bien. Así, quizás, podía dejar de pensar en la culpa por un tiempo.
No tenía ni idea de cómo ni por cuánto tiempo había llegado a dormir, pero sí que había logrado despertarse con el sonido del timbre. Salió sobresaltado de su cama, poco tiempo tenía de ponerse nervioso y de fijarse si había olvidado algo que ordenar, no tardó ni dos segundos en abandonar la habitación.
Bajó las escaleras, casi tropezándose y llegó a la puerta antes que su madre, quien lo miraba como si estuviera tratando de contener una carcajada.
Bien, ahora sí que debía admitir lo ansioso que la situación lo estaba poniendo. Apenas tomó el pomo de la puerta, por poco olvidando que tenía que usar las llaves para abrirla, sintió un escalofrío recorrer su espalda.
Todo está bien, si han venido es porque… es porque no hay problemas, ¿verdad?
…
¿Verdad?
Antes de que su madre siguiera riendo de su estupidez, decidió abrir la puerta lo más rápido posible, para dejar de sufrir de una vez por todas. Y, finalmente, se encontró con ellos del otro lado.
—Hey… —Nanami le sonrió, despegando su vista del portátil con el que estaba jugando. Sus manos debían estar congeladas…
—H-Hola… —respondió, levantando la mano, algo tímido. Y a continuación, aunque le costó, volteó la vista a Komaeda. Se alegraba de que éste estuviera sonriendo, tenía las mejillas rosadas, seguro que por el frío. Bueno, se veía igual que siempre, quizás no había mucho de qué preocuparse… todavía—. Me… Me alegra verlos.
—A nosotros también… —y la voz de Komaeda se hizo escuchar, haciendo que algo se iluminara en el interior del moreno.
Hacía tanto que no lo escuchaba, ¿acaso estaba siendo demasiado dramático? Simplemente estaba comenzando a pensar que todo no iba a ser tan malo después de todo.
—Entonces… ¿entramos? —el albino volvió a hablar, hundiendo sus manos en los bolsillos de su muy cargado abrigo. Parecía tener muchas cosas puestas.
—Ah, claro… ¡P-Pasen! —Hinata se hizo a un lado, sintiéndose de lo más avergonzado.
—Perdonen a Hajime, acaba de despertarse de una siesta y está un poco atontado —su madre se encargó de humillarlo al cien por ciento.
—¡Mamá! —Y todos rieron, Komaeda incluido. Sí, probablemente lograría calmarse rápido si las cosas seguían de la misma manera que solían ser…
—¿Estás cansado, Hinata-kun? —Nanami se acercó a él luego de quitarse el abrigo y los zapatos—. Si tienes sueño podríamos dormir, ¿no? Yo no he descansado…
—No hemos venido a dormir, Nanami-san. Me hubieras hecho caso cuando te dije que debías ir a dormir temprano —Komaeda la regañó y la gamer se limitó a inflar las mejillas.
Hinata debía admitir que le alegraba que ellos dos se llevaran tan bien, el saber que el afortunado no había estado realmente solo le daba una felicidad inimaginable. Sin embargo, no podía sentirse plenamente cómodo ante esa situación.
¿Por qué Komaeda le dice a Nanami a qué hora dormir?
...
Qué pregunta más estúpida, Hajime.
Pronto Komaeda terminó de quitarse el mar de abrigos que llevaba puesto y sólo quedó con una larga sudadera verde puesta, además de una remera blanca. A pesar que no había pasado tanto tiempo desde la última vez que se habían visto, sí había pasado mucho desde la última vez que Hinata se había concentrado en ver a Komaeda.
¿Estaba más alto? ¿Su cabello estaba más blanco? ¿Estaba más delgado? No sabía si la vista le gustaba o no, era difícil de explicar. Sabía que algunas de las razones de aquellos cambios no le agradaban, pero seguramente que él mismo había cambiado rotundamente a lo largo del año también.
Otra vez, malditas observaciones.
—¿Pasa algo, Hinata-kun? —quizás había sido demasiado obvio con su observación. El chico sin talento sacudió la cabeza y le sonrió a Komaeda, encogiéndose de hombros.
—Nada, es que… —buscó una excusa y, al seguir observando, la encontró—. ¿Esa sudadera es nueva?
—Oh, ¿se nota? ¿Habré olvidado quitar la etiqueta? Bueno, alguien como yo podría haber cometido tal estúpido error —Komaeda comenzó a girar, en busca de una etiqueta que, indudablemente no existía. Hinata simplemente rio.
—N-No, no es eso. Es que no te vi usarla nunca antes.
Era una sudadera parecida a la que, hacía un año atrás, él le había regalado, pero ésta era verde con unos detalles rojos en el hombro, sumado a un número 55, también rojo, en su espalda. Debía admitir, ese tipo de ropa le quedaba increíble a Komaeda.
—Te ves… bien —fue sincero, aunque le avergonzara un poco.
—Gracias… —Komaeda se encogió de hombros y comenzó a jugar con las mangas de su sudadera nueva.
—Bueno, chicos, entiendo que no se hayan visto hace mucho pero… Necesito que alguien me ayude en la cocina —Haruka interrumpió, tomando a su hijo por los hombros y dirigiéndole la palabra a él—. Tu padre llegará tarde de trabajar hoy y hacer las cosas yo sola sería un gran problema.
—No se preocupe, Haruka-san —Komaeda se acercó una vez que terminó de quitarse los zapatos—. No me considero un experto pero podría ayudarla en lo que necesite.
—Aw, ¡qué buen chico! Igualito a ti, ¿no, Hajime? —la mujer se echó a reír, y el moreno desvió la vista.
—Basta, mamá.
Acto siguiente, Haruka guio a Komaeda a la cocina. ¿Así que realmente iba a ayudarla? Bueno, le daba tiempo a Hinata de reflexionar sobre lo sorpresivamente bien que iban las cosas de momento. Levantó la vista para ver a Nanami ensimismada en sus videojuegos, como siempre. Suspiró, pero sonreía, sabiendo que aquella actitud de la chica jamás cambiaría.
—¿Quieres ir a la sala de estar? Digo, para que puedas estar sentada —Hinata le ofreció.
Nanami asintió y eso le dio el pie a conducirla hacia aquel salón. No era la primera vez que la gamer venía a su casa, pero tampoco la conocía tanto como Komaeda. Ambos eran dos asuntos completamente diferentes para Hinata, aunque disfrutase la compañía de los dos.
—Y… ¿a qué juegas? —quiso romper el hielo una vez que se sentaron en el sofá.
—Nada importante, la verdad —pero Nanami inmediatamente guardó la partida de aquel misterioso juego y giró la vista hacia Hinata. Parecía preocupada—. He notado algo extraño… ¿estás comiendo bien?
—¿Q-Qué? —Nanami no dejaba de mirarlo, inclinando la cabeza de un lado a otro como si estuviera escaneándolo—. ¿Por qué preguntas eso?
—Estás más delgado… —una mirada fría pero a la vez triste se hizo ver en su rostro.
—No sabía que eras tan observadora, Nanami —a Hinata sólo le quedaba reír en esa situación.
—Cuando juegas videojuegos tienes que estar muy atento. ¿Cómo pretenderías completar un juego al cien por ciento si no buscas atentamente cada uno de los easter eggs ocultos? —al menos, cuando hablaba de ese tipo de cosas, su tono de voz se iluminaba un poco más—. Pero, en cualquier caso… ¿Tengo razón, verdad?
—Pues…
Nanami lo había acorralado, algo que nunca habría visto venir. Justamente hacía unas horas había hablado con su madre sobre el no mentir, que aquello no podía durar mucho. Y ahora tenía a Nanami frente a él, sospechando de algo.
¿Qué debía hacer? En un principio, él había quedado en no contarle a Komaeda pero… ¿sería fácil ocultárselo a la observadora de Nanami?
Suspiró, rindiéndose. Y miró fijamente a la chica de cabello rosado, pensando cuáles serían las palabras exactas.
—Si prometes no decirle a Komaeda… —se arriesgó demasiado, pero ya no había vuelta atrás.
—No lo haré —Nanami negó con la cabeza—, debes tener una razón para eso… supongo.
—Sí, lo hago. En fin…
Y le contó sobre el proyecto de Hope's Peak, del cual nunca recordaba el difícil nombre. De principio a fin; los problemas que tuvo que atravesar, el miedo que le había dado hacerse cada uno de los estudios pero que, al final, había podido superar. Y también le contó sobre la Navidad pasada, por qué no la había pasado junto a Komaeda.
Desahogó la culpa que tenía oculta en su interior, quería que aquello dejara de comerlo. Nanami lo escuchaba atentamente, ella siempre estaba cuando necesitabas a alguien con quien hablar y recibir buenos consejos.
Igualmente, hablaba en susurros, aunque sabía que Komaeda estaba con su madre en un punto bastante alejado de donde ellos estaban. Aquella pequeña culpa sería la parte que le costaría borrar.
—Y eso es todo—tomó aire, quizás había hablado demasiado rápido. Pero Nanami no se veía ni un poquito movida por la situación, se mantuvo asintiendo todo el rato—. Si Komaeda lo sabe… no sé cómo lo podría tomar, no quiero preocuparlo. Ya no volveré a ser "observado", y no pienso ser el experimento final. Siquiera se ha hablado sobre de qué va eso todavía, al parecer hay que esperar mucho más tiempo para eso…
—Entiendo, pero… —Nanami desvió la vista—, ¿de verdad crees que es necesario? Digo, lo de Komaeda.
—S-Sí… —Hinata quería golpearse la cabeza contra la pared, ¿por qué nadie le hacía caso?—. Imagina que Komaeda se entera de que me han hecho estudios clínicos y que la he pasado mal, sin siquiera contar muchos detalles.
—Ajá.
—Bueno… ¡Ya sabes cómo es él! Comenzará a decir que es culpa de su suerte —empezó a contar con los dedos, le estaba costando mantener un tono bajo y sereno—, no me dejará ayudarlo con nada porque, según su parecer, yo estaré en peores condiciones que él. Y, volviendo al primer punto, pondrá constantemente la excusa de que todo es su culpa, cuando él no tiene nada que ver con esto.
—De verdad que conoces a Komaeda-kun —Nanami intentó no reírse.
—Pero… Es cierto, él es así —Hinata se recargó sobre el respaldo del sofá—. Estoy cansado de que se desprecie, ¿no escuchaste lo que dijo cuando le pregunté lo de la sudadera?
—Uno llega a acostumbrarse a eso pero… Sí, cansa.
Nuevamente un aire de tristeza los rodeó a ambos, cuando se trataba de Komaeda parecía que todo tenía que estar planificado cautelosamente con tal de que todo saliera bien. Había que estar a su lado y procurar que estuviese tranquilo. A esas alturas, si Hinata temía por la suerte de Komaeda, era por cosas muy pequeñas insignificantes. Sí, sabía que aquella "fuerza extraña" existía y sabía lo mucho que arruinaba la vida del albino. Sin embargo, no le asustaba eso y quería convencer a Komaeda de que no había nada por lo que temer tampoco.
—Está bien, Hinata-kun. Entiendo… no le diré nada —lo miró a la cara y le sonrió, Hinata no podía estar más agradecido de que, por fin, alguien se ponía de su lado. Aunque sólo Nanami y sus padres supieran del tema—. Espero que pronto ya estés igual que antes de todo ese proyecto extraño… No habrá nada que explicarle a Komaeda. Quizás, en un futuro… cuando sepamos que no le va a afectar.
—Lo mismo pienso, yo no tengo nada de qué preocuparme cuando se trata de mí… Pero Komaeda de verdad me preocupa.
—Lo sé, y también sé lo mucho que él se preocupa por ti. Por eso… te apoyo.
Ambos se sonrieron y Hinata tuvo en mente lo último que Nanami dijo como si fuera un eco dentro de su cabeza.
"También sé lo mucho que él se preocupa por ti."
Una calidez inexplicable se apoderó de su cuerpo y, finalmente, pudo concluir con que no tenía que estar nervioso, todo estaría bien. O, como Komaeda diría, después de tanta desesperación la esperanza había llegado para quedarse.
—Lo siento mucho…
—No te preocupes, Komaeda-kun, son cosas que pasan —Haruka le sonrió al albino, comprensivamente—. Vamos, seguro que Hajime y Nanami-chan te están esperando. Si quieres, yo arreglaré esto.
—Haruka-san, no puedo permitir que usted tenga que arreglar un error que yo cometí —Komaeda negó con la cabeza, apenas echándole un vistazo a la comida que, sin saber cómo, se había quemado.
—No digas eso —la mujer lo acusó con el dedo índice, no se veía para nada enojada. Esa paciencia sí que Hajime no la tenía, ¿o sí? Después de todo, había soportado a Komaeda por tanto tiempo—. Y deja de hablarme por "usted", Komaeda-kun. ¡Nos conocemos hace más de un año!
—E-Está bien…
Pero no podía evitar estar cabizbajo, mientras jugaba nerviosamente con las mangas de su abrigo. Otra vez, su suerte había arruinado algo con lo que él se había propuesto a ayudar, qué fastidio. Debía haberlo visto venir, era obvio. Pero, bueno, al menos esa mala suerte no le había caído a Hinata en un principio y ahora tenía asegurado que algo bueno iba suceder, era la ley de su ciclo de suerte.
Pero, incluso así… Había arruinado la cena, ¿no?
Suspiró, ignorando que Haruka le seguía diciendo que todo estaba bien. Sí, todo estaría bien, sólo debía esperar a la buena suerte. De todas formas, algo seguía sin convencerlo…
—Haruka-san… ¿Cómo ha estado Hinata-kun? —preguntó, soltando la pregunta que venía guardando hacía mucho. La madre del aludido presionó los labios por unos instantes antes de volver la vista hacia él, otra vez sonriéndole.
—Ha estado bien. Es más, ¿sabes? Estuvo bastante nervioso sabiendo que tú y Nanami-san venían hoy —Haruka rio y apoyó una mano sobre la mesada de la cocina, recargándose sobre ésta—. Los ha extrañado mucho, de verdad. Y… parecía estar bastante preocupado por ti también, ¿ha ocurrido algo malo durante los viajes?
—Eh… yo... —sonrió involuntariamente, quedándose sin palabras por unos momentos.
Quizás por eso Hinata estaba actuando raro, tal vez sólo estaba preocupado. De nuevo, a esas alturas debía saber que incluso si le decía al moreno que todo estaba bien, Nanami le contaría todas las verdades. No había buscado el preocupar a Hinata, no creía que valía la pena que se preocupara por alguien como él. Pero, a pesar de todo, ese fue el resultado.
Extrañamente, le daba cierta felicidad que el moreno hubiera pensado en él. No creía merecerlo, pero le hacía feliz de todas formas.
—Me he enfermado un poco, pero nada más —se encogió de hombros.
—Me alegra que no haya sido nada grave —Haruka volteó, volviendo a la tarea de arreglar la cena que Komaeda había arruinado. No, que su suerte arruinó—. Pero trata de convencer de eso a Hajime, a ver si se puede calmar un poco.
Ambos rieron, Komaeda a esas alturas realmente no sabía bien qué era lo que sentía al respecto. Su estómago se encogía con el simple pensamiento de que Hinata verdaderamente se había preocupado por él, que había estado en sus pensamientos. De igual manera, Komaeda también lo había extrañado mucho.
—Hablo en serio, de verdad —Haruka le dirigió una última y seria mirada al albino—. Hajime ha estado tan solo estos meses… Nunca había tenido amigos antes, ¿sabes? Y que finalmente tenga a gente como Nanami-chan y tú a su lado… me hace muy feliz.
—Lo sé… —a veces pensaba que Haruka hablaba por ambos, que no se refería solamente a Hinata. Tragó en seco, algo más nervioso de lo que ya estaba—. No se… no te preocupes, Haruka-san. Si estamos aquí es porque queremos estar con Hinata-kun.
—Me alegro mucho, entonces.
Y esa fue la conversación, una que había dejado un extraño sabor en la boca de Komaeda. A pesar de que su suerte podía en algún momento cansarse de la presencia de Hinata y destruirlo, el afortunado no podía evitar estar a su lado de todas formas. El semestre había sido una locura y tenía la esperanza de que aquello terminara pronto.
Bueno, si el precio a pagar por aquella esperanza era una cena quemada, entonces no debía preocuparse mucho de momento.
Hinata ya se lo veía venir: Komaeda arrepentido, como siempre, por haber arruinado algo con su suerte. Pero afortunadamente había sido simple comida, nada demasiado preocupante. Sin embargo, Komaeda se seguía viendo un poco triste.
—No te preocupes, vamos a comer igual —Nanami le dijo, sonriendo mientras desviaba por unos segundos la vista de su consola.
—Sí, Komaeda, no es nada malo —Hinata lo alentó también. Todos le sonreían a Komaeda, victoriosamente contagiándole la sonrisa. Tomaron asiento en esa mesa que Hinata había visto pocas veces ser usada en su casa y se ubicó en el medio, entre sus dos amigos.
Su madre llegó y trajo unos platos de quién sabe qué clase de comida era, aunque nadie preguntó sobre eso de todas formas y simplemente se limitaron a comer.
—¿Ves? Sabe bien. No tienes por qué preocuparte, Komaeda —apenas dio el primer bocado volteó a ver al albino, quien ahogó una risa y levantó una mano para acercarla a su rostro.
—Comer rápido no hace bien, Hinata-kun —sus dedos limpiaron la mejilla del chico sin talento, y éste no pudo evitar sentirse avergonzado. Igualmente, sentía que no era la primera vez que pasaba por esa situación junto a Komaeda.
Al menos había logrado su misión, hacer que el suertudo olvidara el pequeño inconveniente de la cocina. Su sonrisa lo valía todo, daría lo que fuera por verlo reír todo el tiempo. Era un sentimiento extraño pero cálido, y no le costaba aferrarse a él constantemente.
—Nanami-san, ¿cómo haces para jugar y comer al mismo tiempo? Bueno, quizás es una habilidad exclusiva de la Gamer Definitiva —ante esa declaración, Nanami infló las mejillas e hizo su consola a un lado, concentrándose en la cena.
—Lo siento… Luego seguiré jugando —luego los miró a sus dos amigos—. Hemos venido para estar juntos, ¿no es así?
—S-Sí… —Hinata bajó la vista. Realmente, las cosas estaban saliendo de maravilla comparado con lo que él había tenido en mente todo el día.
—Chicos, dejen de comer un poco y miren hacia acá —en frente de los tres, Haruka estaba sonriendo brillantemente y con una cámara en la mano—. No todos los días se ve una escena tan linda como ésta.
—¡M-Mamá!
—No te enfades, Hinata-kun —Komaeda se acercó un poco más, básicamente estaba apoyándose sobre el moreno. Y Nanami no se quedaba atrás, lo tenían a Hinata acorralado sin salida—. ¡Sonríe! ¡Será una foto esperanzadora!
Y cuando miró a Komaeda vio lo sonriente que estaba mientras lo observaba a él también. De verdad, las sonrisas eran contagiosas. Se mantuvo quieto y mirando al frente mientras esperaba a que su madre le diera al botón exacto para sacar la foto —se había confundido un par de veces—, aunque en un punto llegó a costarle quedarse tan estático. Más aún cuando, repentinamente, sintió como la mano de Komaeda se apoyaba en su antebrazo. Hizo unos esfuerzos enormes para no moverse o mostrarse sorprendido ante esa acción.
Se sintió inmediatamente nervioso y esperaba que aquello no se notase mucho en la fotografía. Era la primera vez en hacía mucho tiempo que sentía ese tipo de contacto con Komaeda. Su sonrisa, su risa, su felicidad… su tacto; todo eso lo hacía sentir, extrañamente, demasiado bien. Todos sus miedos, sus preocupaciones, se desvanecieron por completo. Se seguía preguntando cómo Komaeda podía lograr eso con una simple y monótona acción, quizás a Hinata de verdad que no le parecía algo ordinario en lo absoluto.
Entonces, finalmente, su madre bajó la cámara digital, buscando paraa ver cómo había salido aquella foto que había tardado varios segundos en sacar. Su sonrisa se amplió drásticamente de un momento a otro.
—Espero no haber salido tan mal, Haruka-san —Komaeda habló.
—Pero, por favor, Komaeda-kun. ¡No digas esas cosas! La foto es preciosa, en unos días tendré copias para los tres —la mujer levantó la vista y les guiñó el ojo a los chicos.
—Eso sería muy bonito, gracias —Nanami agradeció, sonriendo también.
Y mientras Komaeda comentaba que aquella foto incluso "superaría el nivel de esperanza que las de la Fotógrafa Definitiva, Mahiru Koizumi", Hinata había vuelto la vista a la comida, a la vez que sus pensamientos divagaban en el contacto que pronto se disolvería entre el albino y él.
Tenía muchas ganas de ver la foto, quería ver la mano de Komaeda sobre su brazo y saber qué cara estaba haciendo en esos momentos, quería saber cómo se veía él mismo en esos momentos, ¿había sido muy obvios su sorpresa y nerviosismo?
Aquellas incógnitas fueron las que lo mantuvieron algo desconectado de la realidad durante la cena, pero eso no quería decir que no escuchara las pequeñas risas que Komaeda emitía de vez en cuando, las únicas capaces de traerlo hacia la realidad aunque fuera por una milésima de segundo.
Apenas terminaron la cena su madre lo comenzó a molestar con que la ayudara a lavar los platos, mientras Komaeda y Nanami básicamente escaparon a la sala de estar para, seguro, jugar videojuegos. Había algo sobre eso que a Hinata no le sentaba demasiado bien, desde el momento que entraron a su casa había algo extraño que no le agradaba y no debía ser así.
—Hijo, ¿puedo preguntarte algo? —Haruka cuestionó mientras iba llevando las cosas que habían que lavar hacia el lavabo, Hinata se maldecía por tener más trabajo que hacer. Sin embargo, la pregunta de su madre le hizo olvidarse un poco de aquella tarea.
—¿Sí?
—¿Komaeda-kun y Nanami-chan están juntos? —a Hinata casi se le rompe un plato con esa pregunta.
—¿Q-Qué? ¡No! ¡Imposible! ¿¡Por qué!?
—Bueno, Hajime, tampoco era para que te alteraras tanto —la mujer se rio—. No, sólo preguntaba. Se ven bastante unidos, por eso pregunto.
Qué horrible imagen mental se le había armado a Hinata en su cabeza. Pensar en Komaeda y Nanami como algo más que amigos…
Qué miedo.
—O será que te molesta porque… —su madre se echó a reír, casi a carcajadas, y se acercó a él cautelosamente—. No será que te gusta Nanami-chan, ¿verdad?
—¿¡Qué dices!?
Directamente dejó de lavar uno de los últimos platos que quedaban y fulminó a su madre con la mirada, desconcertado. ¿De dónde había sacado esa estúpida idea? Nanami era su amiga, sí, pero era más cercana a Komaeda que a él así que…. sí, era realmente absurdo.
—Deja de decir cosas sin sentido, mamá —frunció el ceño, siquiera tenía tiempo de sentirse avergonzado por aquella pregunta innecesaria.
—¿En serio? Qué raro. Es que habías actuado muy a la defensiva, ¿sabes? —se seguía riendo, pero Hinata simplemente le brindó una mirada fría y seria—. Vamos, cielo, ¡no te puedes enojar por algo así!
—Sacas conclusiones muy malas, mamá —negó con la cabeza y una sonrisa se le escapó, a veces su madre era absurdamente metiche.
—No lo hago —ahora ella fruncía el ceño—. Bueno, si no es Nanami-chan… ¿Será que no quieres compartir a Komaeda-kun con ella?
Otra vez, ese nerviosismo. Fulminó a su madre con la mirada pero, esta vez, no sabía qué decir. Sólo tenía que aclarar, nuevamente, que estaba diciendo estupideces pero…
¿Le… le costaba?
—Oh… ¿es eso? —Haruka se mostró comprensiva, acercándose a Hinata quien había vuelto la vista al lavabo y al último plato que le quedaba lavar—. Bueno, entiendo, es tu primer amigo y… sólo lo quieres para ti, ¿verdad?
—No me gusta que digas esas cosas… —se encogió de hombros.
—Pero es para que dejas de preocuparte —lo tomó por los hombros, obligándolo a mirarla—, estoy segura de que él te aprecia tanto como tú a él.
Se limitó a asentir y se secó las manos antes de abandonar la cocina. De todas formas, no podía dejar de pensar en aquella conversación absurda con su madre; la cual, al fin y al cabo, no había terminado siendo tan innecesaria…
Si era como ella lo decía, ¿Komaeda entonces sentía aquel mismo nerviosismo que él cuando estaba a su lado?
Sacudió la cabeza, negando. Era completamente absurdo. Pero… ¿Y si era así?
Ahora que pensaba que todo estaba bien y que no tenía de qué preocuparse, salía a la luz que los nervios, probablemente, lo atacarían otra vez. No sabía cuál de los dos sentimientos era el peor a esas alturas.
Tan pronto como Hinata llegó a la sala de estar, encontrándose con que Komaeda estaba jugando con la consola y Nanami lo alentaba, intentó no sentirse fuera de lugar y les ofreció subir a su habitación porque, seguramente, tendrían mejores cosas que hacer ahí.
Nanami se emocionó, pues había traído una gran variedad de videojuegos tanto como para ordenador como para consolas, y había varias de éstas en la habitación de Hinata. Básicamente, ella salió casi corriendo y estuvo a punto de tropezarse en el medio de la escalera. En serio, ¿qué tenía esa escalera como para que todos vivieran tropezándose?
Komaeda subió después y Hinata le siguió, intentando no mirar hacia el frente…
¿Q-Qué estoy pensando?
Apenas llegaron a la habitación, el nerviosismo no pretendía desvanecerse.
—Hinata-kun, ¿has estado ordenando tu habitación, verdad? —Nanami preguntó, ya decidida a encender el ordenador.
—Tu habitación siempre ha estado limpia, ¡pero hoy luce resplandeciente! —el albino juntó ambas manos y le sonrió al otro chico.
—G-Gracias… —él bajó la vista.
—Aunque… —Komaeda ahogó una carcajada y, tímidamente, señalo la cama—. Creo que se te ha olvidado algo, Hinata-kun…
—¿Ah? —y cuando giró su vista hacia la cama, un color rojo intenso se apoderó de sus mejillas—. ¡M-M-Mierda!
Claro, su madre tenía la maldita costumbre de dejar la ropa limpia en los pies de su cama para que él mismo la ordenara después. Pero, al parecer, cuando se tiró a dormir su madre había traído una nueva tanda de ropa, y no de cualquier tipo…
—L-Lo siento mucho…
—Si quieres puedo ayudarte, Hinata-kun —Komaeda se ofreció.
—¿¡Q-Qué!? E-Es vergonzoso, déjalo así…
—Pero, vamos Hinata-kun. Es sólo ropa interior —de todas formas, el albino no le hacía mucho caso. Incluso terminó tomando uno de los bóxeres de Hinata—. Además, ¡debo decir que tienes buen gusto para estas cosas!
—¿Q-Qué haces? ¡Dame eso ahora! —inmediatamente se lo arrebató de las manos y corrió a guardar la ropa en los cajones antes de que el albino siguiera viendo.
—¿Qué pasa? —Nanami volteó a ver, confundida.
—¡N-Nada!
Hinata estaba más que exasperado, pensaba que no cabía posibilidad de que hubiera un momento más humillante que el que acababa de pasar. Sin embargo, Komaeda había estallado a reír, de una manera que Hinata jamás había escuchado. Era una carcajada con todas las letras, Hinata incluso olvidó la vergüenza del momento para poder concentrarse en la risa del albino. Parecía hasta ser incontrolable, lágrimas escapando sus ojos y sus mejillas enrojeciéndose.
Bueno… la humillación había valido la pena después de todo.
—K-Komaeda…
—Lo siento… H-Hinata-kun, es que te pusiste muy nervioso —incluso cuando los ojos de ambos se encontraron, se sintió bien; era un gran alivio. Nuevamente, su pecho ardía.
—Creo que es buen momento para dar los regalos… ¿No, Komaeda-kun? —Nanami cambió de tema, aunque se notaba dudosa.
—Oh, claro, ¡es verdad! Hinata-kun, hemos traído algo para ti.
—No… No debían molestarse —de verdad que estaba feliz y muy agradecido.
Cuando Nanami y Komaeda fueron a buscar el paquete y ambos se lo tendieron a Hinata, este último no tenía la más pálida idea de qué podía ser el regalo, y no podía evitar estar ansioso por eso.
Tomó el pequeño paquete entre sus temblorosas manos y comenzó a quitar el envoltorio, encontrándose con que realmente era una sorpresa inmensa lo que se hallaba dentro.
—No puede ser… —levantó la vista, estupefacto—. ¿Es en serio?
—¡Sí, Hinata-kun! —Komaeda respondió.
—Nosotros tenemos nuestras propias consolas… Pero a ti te faltaba una —Nanami terminó la idea—. Así podríamos jugar juntos… tal vez.
—Wow, e-en serio… ¡Gracias! —Hinata tomó el pequeño aparato entre sus manos, éste era azul. Komaeda rápidamente mostró su consola y Nanami, bueno, siempre la llevaba con ella. La del albino era verde mientras que la de la gamer era morada—. Incluso diría que hoy podríamos jugar a algo, ¿verdad?
—Si eso es lo que deseas, Hinata-kun —Komaeda le sonrió, otra vez, causando revuelo en su interior.
—Sí, lo que deseo…
Ese concepto podía aplicarlo a tantas cosas, pero si lo pensaba profundamente era a muy pocas. Lo único que quería, deseaba, en ese momento era estar tranquilo y rodeado de gente que lo hiciera sentir bien. Komaeda y Nanami estaban ahí, felices, ¿qué más quería?
Komaeda había reído, se había acercado a él más de lo que esperaba, le había hecho sentir miles de cosas durante ese día y eso era todo lo que deseaba, seguir sintiéndose de esa manera.
—Y-Yo también tengo un regalo para ustedes, aunque no sea mucho… —Hinata se rascó la nuca, incómodo. Sentía que sus regalos comparados al de sus amigos serían una basura, sinceramente. Pero si de verdad hubiera podido darles más, lo habría hecho.
Ambos obsequios se encontraban en unas cajitas que tenía guardadas en el cajón de su mesa de luz. Algo avergonzado, se las tendió a Nanami y Komaeda, evitando contacto visual.
La primera en ver qué se encontraba dentro de su regalo fue Nanami, quien abrió sus usualmente adormilados ojos apenas vio el contenido.
—Es… ¡Es…! —jamás había visto tan emocionada a la gamer en su vida—. ¡Es un broche de la nave de Gala Omega!
—S-Sí… sé que lo juegas más que otros juegos… —todo a base de Komaeda, quien pasaba mucho más tiempo con ella que Hinata. Él decía que si la chica no prestaba atención se debía a que estaba jugando a ese juego. Así que cuando vio a la venta ese pequeño broche, no pudo evitar pensar que debía regalárselo a Nanami a toda costa.
—Me gusta mucho… ¡Gracias, Hinata-kun! —se sintió alagado, aquella sonrisa de Nanami no era una que se veía todos los días. Mientras tanto…
—Entonces es mi turno de abrir el regalo, ¿verdad, Hinata-kun?
El aludido asintió, a la vez que nerviosamente jugaba con sus manos. Pronto, comenzó a pensar que podría haber conseguido un mejor regalo para Komaeda, que lo que había preparado para él era absurdo y demasiado vergonzoso si se pensaba muy a fondo.
Así que, en ese mismo instante, Hinata quería que la tierra lo tragase.
—Oh… Es… Wow… —Komaeda pestañeó varias veces, sin decir ni una oración completa y causando que Hinata tuviera cada vez más ganas de esconderse en el armario más cercano.
—L-Lo sé, no es mucho pero…
—Es precioso, Hinata-kun —su sonrisa brillaba, y el moreno podía jurar que los ojos verdes de Komaeda se veían cristalinos—. No creo que merezca algo tan esperanzador como esto.
—E-Es sólo un anillo… —no pensaba que fuera para tanto—, pero como sé que admiras mucho a Hope's Peak… pensé que sería un buen regalo: Un anillo de Hope's Peak.
—¡Y lo es, Hinata-kun! Es maravilloso, demasiado para alguien como yo —de verdad que se veía emocionado, ¿acaso estaba temblando?— Puedo… ¿P-Puedo usarlo ahora?
—P-Por supuesto, Nanami también puede usar su broche…
No le prestó mucha atención a cómo la entusiasmada gamer comenzó a ponerse apresuradamente aquel broche, sino que se quedó observando cómo Komaeda seguía mirando aquel anillo plateado como si fuera lo más valioso del universo.
—¿Estás bien, Komaeda? —tenía algo de miedo, debía admitir. El albino no se veía alterado, sino, más bien, se notaba realmente sorprendido.
—Sí, Hinata-kun, es sólo que… —lentamente, y algo dudoso, se puso el anillo en el dedo anular de su mano izquierda, luego levantó la vista para ver a Hinata a los ojos—, nunca había recibido un regalo así antes, eso es todo…. ¿Dónde lo conseguiste? Es algo muy extraño.
—Pues… —Hinata entró instantáneamente en un estado de pánico, no se esperaba esa pregunta en lo absoluto y se la tendría que haber estudiado de antemano—. E-Esas cosas no se dicen, Komaeda.
—Tienes razón, Hinata-kun… Discúlpame.
El chico sin talento rodó los ojos, pensando que ni había necesidad de una disculpa. Mientras, Nanami lo miraba de reojo y una sonrisa le hizo darse cuenta a Hinata de que ella tenía una leve idea de dónde podría haber salido tal anillo.
Como recompensa a los estudiantes que participaron en la etapa de observación de aquel extraño proyecto, se les dieron muchas cosas relacionadas con Hope's Peak; lápices, cuadernos, incluso una pequeña mochila que probablemente Hinata jamás usaría, entre otras cosas. El anillo era el objeto más valioso entre todos los demás, pero al recibirlo jamás lo había pensado como algo para él.
A Komaeda le gustaría…
Fue lo que se le había ocurrido en su momento y ahí estaba, obsequiándoselo para Navidad.
Al principio pensó que sería un regalo ordinario, no muy especial. Pero el saber que Komaeda realmente lo había apreciado, el pensar que era probable que lo usase todo el tiempo desde esa noche, a Hinata le daba una felicidad que jamás habría imaginado sentir.
Muchas emociones para muy poco tiempo, todas causadas por Komaeda. Cada vez las iba normalizando más y más, adhiriéndose a ellas con la intención de no perderlas nunca.
—Entonces… ¿Qué haremos ahora? —Komaeda parecía haber vuelto a la realidad, se notaba muchísimo más calmado ahora.
—Podríamos jugar… ¡Pero antes…! —Nanami alzó la mano y pronto señaló al albino—. ¡Me prometiste que hoy ibas a tocar en el piano una canción del juego que te dije!
—Oh… Es verdad —él rio y nuevamente volvió la vista a Hinata—. Si no te molesta que use tu piano…
—Por supuesto que no, me gusta escucharte… —eso sonó raro, incluso el afortunado se vio ruborizado ante aquel comentario.
—Luego jugaremos, ¿no? —Nanami preguntó, sentándose nuevamente en la silla frente al ordenador—. Hay que probar la consola de Hinata-kun.
—Claro que sí, ¿por qué no?
Hinata tomó asiento en la punta de su cama y se quedó mirando cómo Komaeda se preparaba para tocar el piano. Hacía mucho también que no escuchaba aquello, y valía la pena prestarle atención.
Verdaderamente valió la pena, aunque probablemente era la canción más simple que Komaeda había tocado en su vida. Nanami, de fondo, iba cantando la melodía que para él era tan desconocida como el videojuego en sí, pero le llamaba mucho la atención de todas formas. El inglés y el tono algo disparejo de la gamer era algo adorable, debía admitir. Pero, igualmente, no podía dejar de concentrarse en los dedos de Komaeda haciendo sonar el piano.
Si no había cerrado los ojos todavía, era porque quería concentrarse en cada detalle por parte de Komaeda. Se había puesto de excusa que lo hacía para poder luego intentar tocar esa misma melodía pero, a quién engañaba, si sus ojos iban y venían. Desde los finos y habilidosos dedos del albino hasta la calmada expresión en su rostro. Esa serenidad era lo que más deseaba ver.
Las horas pasaron volando, Hinata se podría haber pasado toda la noche escuchando a Komaeda tocar el piano, pero, lamentablemente para él, habían decidido jugar videojuegos. No era como si no le gustase eso, todo lo contrario, simplemente era otra cosa.
Hinata solía tener una consola de niño pero ya le había perdido la costumbre y jugar contra la Gamer Definitiva y el Afortunado Definitivo era una sentencia a derrota segura. No le importaba, se estaba divirtiendo, los tres se divertían, y los talentos no tenían importancia ahí.
Cada vez se convencía más en que dividir a la gente por sus habilidades era algo absurdo, que el Curso Principal de Hope's Peak era algo realmente sin sentido. Aun así, no podía discutir que Nanami era la mejor cuando se trataba de videojuegos y que Komaeda era de verdad suertudo.
Pensar en Hope's Peak lo mareaba, era mejor concentrarse en que el día estaba yendo estupendamente bien.
Pronto Nanami cayó dormida, nadie notó su verdadero cansancio hasta que ya estaba en el quinto sueño y apoderándose completamente de la cama de Hinata. Haruka venía preparada para la ocasión y les ofreció a ambos chicos dos bolsas de dormir y algunas frazadas con las cuales abrigarse. La casa de Hinata era cálida, pero ni así él era capaz de arriesgarse a enfermarse, y menos arriesgar a Komaeda a eso también.
En el momento que se apagaron las luces, Hinata comenzó a sentirse nervioso otra vez. Era la primera vez que compartía habitación con alguien y, para empeorar su leve ansiedad, Komaeda estaba a su lado. Sí, se encontraba en su respectiva bolsa de dormir pero seguía estando junto a él.
No tenía ni idea de cómo había logrado dormirse. Seguramente se debía a que estaba de verdad muy cansado, porque, si no hubiera sido así, le habría sido a imposible concebir el sueño.
De todas formas, aquello no duró mucho. Unos sonidos de bombardeos, seguramente fuegos artificiales lo sacaron de su descanso.
¿Gente en Japón tirando fuegos artificiales por Navidad a esas horas? Todavía era de noche, se habían ido a acostar tarde así que… realmente no era hora de molestar al vecindario pero, ¿qué se le iba a hacer?
Cuando se dignó a abrir un poco los ojos, para fijarse la hora en el reloj que colgaba en la pared, se encontró con una sorpresa.
—¿K-Komaeda? —si no estaba enloqueciendo del cansancio, podía jurar que el albino estaba despierto y miraba al techo, mientras seguía acostado dentro de su respectiva bolsa de dormir—. ¿Estás despierto?
—¿Mm? ¿Hinata-kun? —volteó hacia el lado del moreno, una suave sonrisa formándose en su rostro—. ¿Tú también has escuchado… lo mismo?
—Sí, no es nada de qué preocuparse…
No podía evitar pensar que la luz nocturna que entraba por la ventana hacía que Komaeda se viera… demasiado bien. Hinata se encogió, sintiendo un escalofrío en su espina dorsal. Los ojos verdes de Komaeda, tan claros como el agua gracias a la luz reflejada en ellos; su esponjoso cabello, y sus enrulados mechones cayendo desordenadamente sobre su rostro; y, lo que más le gustaba, su sonrisa…
Un momento.
Hinata tragó en seco, había encontrado una nueva definición para su sentir: le gustaba cómo Komaeda se veía, su corazón se estremecía cuando lo veía así, y sólo quería estar junto a él y… ser feliz.
En simples palabras, unas que le costaba admitir: ¿Le gustaba Komaeda?
—Komaeda… —repitió su nombre, probablemente todavía lejos de la realidad.
Pero… ¿qué iba a decir luego? Su mente estaba nublada de pensamientos que no diría en vos alta.
—¿Has dormido algo? —fue lo único que se dignó a preguntar, notando las ojeras bajo los ojos del otro, resaltadas por su palidez.
—Creo que sí… Pero no pude evitar despertar.
—Igual yo.
Y se seguían viendo, como si ambos esperasen a que el otro respondiese con algo, lo que fuese. Hinata hasta se sentía bastante avergonzado con tanta observación, y desvió la vista al suelo que estaba muy cerca de ellos.
—¿Te has divertido? Porque yo sí —seguía preguntando cosas.
—Por supuesto que me he divertido, Hinata-kun. Mi suerte no ha sido tan mala conmigo hoy, así que he podido disfrutar mucho más de lo que esperaba —se revolvió entre las sábanas, encogiéndose dentro de ellas y soltando una suave carcajada—. Sin embargo, sé que algo malo vendrá pronto y… eso me pone algo nervioso.
—No lo estés —Hinata, instintivamente, levantó la mano que tenía bajo las frazadas pero no continuó su camino…
¿Acaso pretendía tomar la mano de Komaeda o algo parecido?
Eres un idiota, Hajime…
Se hablaba a sí mismo.
—Sigo aquí, ¿verdad? Si no piensas en tu suerte, ten por seguro que nada malo debe pasar —no se creía el mejor al dar esa clase de consejos. En realidad, se creía el peor—. ¿Qué sueles hacer si no puedes dormir, o si quieres relajarte?
—Antes de dormir siempre leo un libro, por lo menos diez páginas… —oh, claro, a Komaeda le gustaba leer.
—¿Y qué lees? ¿Alicia en el País de las Maravillas? —ambos rieron, en voz baja porque Nanami seguía dormida.
—Sí, ese es uno —Komaeda se encogió de hombros—. Pero también… ¿Puedo contarte algo vergonzoso, Hinata-kun?
—C-Claro que sí —él era todo oídos cuando se trataba del albino, y cuando se abría a él emocionalmente se sentía en el paraíso. Komaeda entonces volvió a reír por lo bajo.
—Además de las novelas de misterio…. también me gustan las de romance.
Hinata abrió los ojos como platos, no se esperaba ese tipo de "confesión". Sin embargo, le parecía adorable…
Sus pensamientos le seguían sonando extraños, la verdad. Pero, de todos modos, no se arrepentía de ellos.
—Sé que suena tonto y algo… ¿afeminado, se podría decir? Pero es que… —se detuvo e incluso desvió la vista al suelo, seguramente sí era algo vergonzoso para él—, creo que no hay sentimiento más esperanzador que el amor, así que por eso leo ese tipo de historias…
—Me parece… genial.
Me parece lindo…
Y me pareces lindo…
—No tienes que avergonzarte por eso, Komaeda —al nombrarlo, sentía electricidad recorrer su cuerpo. Y eso le hizo pensar...—. Ey, ¿qué te parece si…? Nada, olvídalo.
—¿Qué sucede, Hinata-kun?
—Nada, es… absurdo…
—¿Y yo no he dicho algo absurdo también?
Mierda…
Estaba acorralado entre la espada y la pared, no había vuelta atrás. Pero si supuestamente lo de Komaeda era vergonzoso, su propuesta sería definitivamente humillante. Sin embargo, ¿tenía opción una vez que ya le había dado lugar a la pregunta?
—Vamos, Hinata-kun… no me dejes con la intriga. Bueno, no es que quiera obligarte a eso, yo no soy quién para…
—Komaeda, ¿puedo llamarte por tu primer nombre? —escupió la pregunta, como si quisiera deshacerse de ella lo antes posible y así poder ahorrarse más sufrimiento. El albino se quedó mirándolo unos segundos, parpadeando. ¿Era aquello una buena o mala señal?
—¿Mi… primer nombre? —podía notar su nerviosismo, y Hinata temía que esto no fuese algo bueno.
—S-Sí, si es que no te molesta que te llame Nagito. Ya que nos conocemos hace mucho… —probablemente jamás había pronunciado su nombre de aquella manera, y ahora podía notar lo bien que su lengua se acostumbraba a decirlo.
—Es… Es que no esperaba eso —Komaeda rio—. Pero… sí, n-no me molesta… ¿Entonces yo debería llamarte por tu nombre?
—Si eso quieres —Hinata sonreía, sentía sus mejillas arder.
—Hajime-kun… —ambos rieron—. ¿Es muy estúpido decir que me siento demasiado feliz en este momento?
—No, para nada…
Yo también me siento así, Nagito…
Y siguieron hablando un poco más, confundiendo sus nombres con sus apellidos hasta que ambos se acostumbraron a su nuevo modo.
"También sé lo mucho que él se preocupa por ti" le había dicho Nanami.
"Estoy segura de que él te aprecia tanto como tú a él" le había dicho la entrometida de su madre.
Por supuesto, no estaba seguro de si Komaeda le correspondía sus sentimientos y no se sentía con las agallas de sacarlos a luz todavía. Sin embargo, tendría fe. Creería en la esperanza.
Pronto acordaron que era momento de dormir, Komaeda parecía ser el más cansado de los dos y cayó en un profundo sueño al instante. Hinata, al contrario, todavía no había cerrado los ojos, decidió dedicarle unos últimos momentos de la noche a mirar el semblante dormido del chico que yacía a su lado.
Tímidamente, volvió a levantar su mano y, temiendo despertar al albino, quitó los ondulados mechones de pelo que le cubrían el rostro mientras dormía. Sonrió, pensando que quería posar la palma de su mano en su mejilla y acariciarla, pero que eso sería ir demasiado lejos aún.
Devolvió el brazo a su respectivo lugar dentro de la bolsa de dormir, y cerró los ojos.
—Buenas noches… Nagito —dijo en voz baja, no recibiendo respuesta alguna.
Esa noche fue mejor de lo que esperaba. ¿Qué pensaría Komaeda? Ah, claro, que algo malo debería venir…
¿Tendría razón? Hinata no creía mucho sobre ese tipo de cosas, aunque los ruidos de unos raros fuegos artificiales se seguían escuchando en la distancia, y probablemente eso sería lo más desesperante que ambos tendrían que superar.
Hacía frío. Eran las tres de la mañana en plena Navidad, ¿qué esperaba? Pero, bueno, eso no importaba mucho. Es más, aquello aportaba aún más desesperación a la causa.
Y eso era lo que Junko Enoshima estaba buscando en esos mismos instantes: pura desesperación.
—¡Navidad, Navidad! ¡Desesperante Navidad! —iba cantando, dando brinquitos mientras se dedicaba a poner aquellos inofensivos explosivos denominados fuegos artificiales. Una vez que explotaban, sentía cómo sus oídos se retorcían del impacto pero, cuando eso sucedía, sabía que su trabajo estaba valiendo realmente la pena—. Me voy a quedar sin explosivos… ¡Qué desesperación! ¿No, hermanita?
—Sí, Junko-chan… Como digas —y apenas su hermana, Mukuro Ikusaba, terminó de hablar, una gran explosión por parte de los fuegos artificiales se hizo escuchar.
—Ay, vamos, no seas aguafiestas… —Enoshima se cruzó de brazos e hizo puchero—. Ayer nuestro cumpleaños y fue sumamente aburrido… ¡Déjame divertirme un poco y diviértete tú también! En el occidente festejan la Navidad de esta manera después de todo, mientras que Japón es un país lleno de cosas aburridas…
—Por esa misma razón, ya es suficiente. Además, nuestro cumpleaños fue ayer, no hoy. Es momento de ir a casa…
Y mientras Ikusaba seguía diciendo cosas que a Enoshima no le importaban mucho, un "¡dejen de hacer ruido!" se oyó y acto siguiente la rubia dio un paso hacia atrás, para nada sorprendida. Lo que parecía ser un zapato había sido arrojado justo frente a su nariz y, ágilmente, su hermana lo atajó.
—¿Ves? Ya creo que fue suficiente desesperación por hoy —la soldado sonrió.
—Wah… ¡Pero si es sólo la quinta persona que se despierta! —comenzó a patalear.
—No, Junko-chan. Es la quinta persona que se atreve a lanzarnos algo, seguramente hemos despertado a muchas más personas —la rubia de coletas se echó a reír ante ese comentario.
—¡Oh, sí! ¡Hemos desesperado a muchos, hermanita! —la abrazó y apretujó hasta que Ikusaba terminó empujándola—. ¡Y esto es sólo el comienzo!
—Vienes diciendo eso desde que entramos a Hope's Peak, me pregunto cuándo lo probarás.
Enoshima extendió una de sus típicamente malévolas sonrisas, recordando todo su plan: El mundo hecho un caos total, desesperación por todas partes…
Nada de aburrimiento para ella, desesperación a niveles inimaginables.
—¿Has logrado algo durante este semestre? Porque no lo he visto —seguía insistiendo Ikusaba.
—Hermanita, si sigues alardeando vas a ser la primera en morir… —a veces lo decía en bromas, otras lo pensaba verdaderamente. Seguro que sería algo muy desesperante ver a su queridísima hermana muerta bajo sus garras—. Y, sí, he estado haciendo cosas pero…
Era todo tan complicado. Tenía su pequeña libreta con planes siempre junto a ella, y cuando se puso a revisarla, verdaderamente, no había nada interesante allí. Todavía tenía bastante tiempo, pero… ¿Cómo podía reinar como la Desesperación Definitiva si…?
—Agh, nuestra clase me desespera tanto… —un tono melancólico se le hizo notar—. ¿Sabes lo útiles que nuestros compañeros serían si pudiera inculcarles la desesperación?
—¿Mucho?
—Así es, pero...
—Ya lo sé.
Oh, claro, seguramente que le desesperaba bastante a Ikusaba que su hermana hablara todo el tiempo sobre lo mismo, pero el simple hecho de pensar en las dificultades era suficiente como para desesperarla.
Si quería liderar como la Desesperación Definitiva, no podía estar sola. Necesitaba gente que la siguiera, que la apoyara en su causa por más que rompiera con todas las leyes de moralidad existentes.
Pero esa clase de apoyo, lamentablemente, no la encontraría con su clase. Ella no podía ser líder ahí si ya había uno…
—"Odio a Makoto Naegi y su gran esperanza". Te contradices mucho, Junko-chan —Ikusaba rio.
—No es gracioso, sólo se mete en mis planes pero no los arruinará —volvió a sacar su libreta y un lápiz, mostrándose intelectual—. Si no consigo que nuestra clase esté de mi lado, estarán en mi contra. ¿Cómo? Todavía no lo sé, ¡habrá que descubrirlo!
—¿Ves? No tienes nada planeado.
—A veces las cosas que no se planean son las que mejor salen… ¡Ten paciencia, hermanita tonta! —volvía a hablar animadamente—. Tendré que buscar aliados en otra clase…
—¿Qué tal la 77? —aconsejó Ikusaba.
—Oh… —a Enoshima le brillaban los ojos como lamparitas—. ¡Esa es una buena idea! ¡Al fin dejas de ser una inútil!
Nunca se había fijado en aquella clase, porque pocas veces había visto a sus respectivos estudiantes durante aquel primer semestre. Pero no debería costarle mucho, había podido investigar sobre sus propios compañeros por internet, ¿por qué no volver a hacerlo pero fijándose en la clase superior a la suya? Esa sería la parte fácil del plan. Por otro lado, debería fijarse a fondo sobre cada uno de los estudiantes para saber cómo atraerlos a su nido de desesperación. Sin embargo, tendría que esperar al siguiente semestre para eso. Así, comenzó a anotar en su libreta mientras reía a susurros.
—Si los de la Clase 77 no tienen un líder o, al menos, no uno tan asquerosamente esperanzador… Entonces será pan comido, ¿no, Hermanita? —levantó la vista para ver que Ikusaba mantenía una ceja levantada, incrédula. A Enoshima llegaba a molestarle a veces el poco apoyo de su hermana, más que nada porque parecía ponerse incluso más seria cuando hablaba mal de Naegi. ¿Cuál era su problema de todas formas? Enoshima era analista, pero su hermana sabía ocultar sus pensamientos demasiado bien como para que ella pudiera leerlos fácilmente.
—Necesitarás suerte —Ikusaba finalmente dijo. Otra vez, pasando por alto que su hermana hablaba muy en serio con respecto a la desesperación—, y demasiada…
—Necesitaré suerte, sí...
Le daba golpecitos a la pequeña libreta con el lápiz, mientras sus pensamientos estaban llenos de ideas aparentemente descabelladas e imposibles para la pobre visión de su hermana. Pronto, sonrió victoriosamente y volteó a verla mientras lo hacía.
—Pero no la suerte de Naegi. Sino, otra fuente...
N/A: HALLO! Ando súper emocionada con este capítulo, de verdad. El 98% de lo que ven escrito acá lo hice en dos días y no puedo sentirme más orgullosa (además de exhausta) :'D
¿Vieron que había dicho que habría un "pequeño" salto temporal? Pues ahí está, y es de un año entero xD Perdón, es que necesito que la historia avance porque ya de por sí es bastante larga... Igual, deben admitir, que al menos nO SON COMO LOS SALTOS TEMPORALES DE SIDE: DESPAIR, LOS CUALES NI TE ENTERÁS QUE SUCEDEN (Sonne se puso salty) :B
Qué decir, tenía muchas ganas de escribir todo esto. La homosexualidad de Hinata salió a flote, todo muy lindo y chuchú pero...
¡Les presento a mi hermosa hija Junko Enoshima y a su bella hermana Mukuro Ikusaba! w
Váyanse acostumbrando a su presencia porque van a aparecer bastante de ahora en adelante jeje. La desesperación comienza, upupupu~
En fin, ya saben que aprecio muchísimo los favoritos y las reviews, ¡estos me animan muchísimo a continuar la historia!
No sé cada cuánto actualice, gente. Tengo que empezar a estudiar para los parciales y... sólo espero que la universidad no me coma y pueda seguir escribiendo sobre mis hijos gay (?
¡Nos leemos prontito! :'3
