-¿Por qué estoy cubierta de plumas?- fue lo primero que salió de mi mente al verme al espejo.

Rosalie sonrió antes de responder, y con delicadeza se acercó a mí.

- Porque eres un Ángel para Edward, y quería que mi regalo reflejara exactamente eso, tu fragilidad y delicadeza. Tú trajiste paz a su alma, y felicidad a nuestra familia.

Estaba sorprendida por las palabras de Rosalie, puesto que aún, la mayoría de las ocasiones se mostraba distante. Quería decirle que lo que acababa de expresar significaba mucho para mí, pero las palabras no fluían. Ella lo noto y me indicó que no era necesario decir nada, y para romper el silencio me acercó una caja de regalo.

- Ábrelo, adentró descubrirás lo que tendrás que usar debajo de tu abrigo de plumas.

Desaté el listón de encaje que cerraba la caja para descubrir un exquisito juego de lencería que parecía haber sido confeccionado para una princesa.

- Edward morirá cuando descubra lo que esconde su ángel. – Indicó Rosalie, con una sonrisa aún más grande.

- Mil gracias Rosalie es hermoso. – Agradecí sin poder ocultar más mi emoción.

- No tan hermoso, como será tu nueva vida.- Me quito la palabra- En verdad deseo que puedas alcanzar la felicidad que sueñas, y quiero que sepas que a partir de ahora soy tu hermana y estaré ahí siempre que lo necesites.

Sin pensarlo dos veces la abracé como hubiera abrazado a una verdadera hermana de haberla tenido, y ella respondió de la misma manera, y con ese abrazo dejamos atrás nuestras diferencias y todo aquello que nos separo en el pasado.