A/N: Hallo.

Bueno, ya había advertido que iba a tardar, he tomado la decisión de hacer capítulos más cortos para no hacerlos esperar tanto, ya que la historia concluya, me pondré a comprimir los capítulos, como lo hice con mi otro fic.
Honestamente esta historia no será un Wattpad interminable. Ya tengo la estructura de los últimos capítulos, normalmente hago eso hasta el final para procurar dar conclusión a todo lo que se dejo abierto.
Sin más, los dejo con el cap.


Milo.

Llevo aproximadamente tres minutos sentado en la cama, tapeando mi pie y mordiéndome el índice derecho. Camus tarda aproximadamente quince a veinte minutos en la ducha. ¿Debería hacerlo? ¿Por qué no me dice nada? Un ligero gruñido me hace tomar la decisión final, lo voy a hacer.

Me pongo de pie y con sumo cuidado entro al baño, veo que se encuentra de espaldas, mucho mejor, si me hubiese visto entrar, hubiese improvisado e invitado solo al aseo. Esculco entre su ropa por ese pedazo de papel, debe haber algo ahí que me de alguna pista de lo que está tramando. Después de esculcar unos segundos, la encuentro. Hay algo escrito en el papel con una letra cursiva muy elegante, solo hay una persona que escribe en cursiva en todo el santuario y ese es Aphrodite.

– ¡Milo!

Mi cuerpo da un salto del susto, diosa mía, creo que se me paro el corazón. Miro a mi derecha, sorpresivamente no lo tengo aun lado como esperaba, sigue dándome la espalda, creo que me llama como si estuviese lejos.

– ¡Milo!

Salgo de del baño y me quedo justo en el marco – Mande.

– ¿Tengo ropa casual limpia?

– Eh, no sé– Respondo.

– ¿Puedes fijarte?

Aprieto los dientes – ¡No soy tu sirviente!

– Como quieras.

Mi atención esta tan centrada en el papel que me acabo de robar, que ni siquiera me moleste en seguir la discusión, procedo abrir nuevamente el papel para leer el contenido, no soy muy bueno leyendo cursiva, pero si estoy leyendo bien, es una dirección.

Arrugo la nota, creo que iré a dar un paseo.

-x-

Mu.

Hora de saber si Shaka realmente me hizo caso o simplemente hizo lo que se le dio la gana… Me rasco el cráneo al ver la cama vacía, procedo a regresar a mi habitación para solo ver que los pergaminos han desaparecido. Me masajeo el rostro con ambas manos, la próxima vez pondré una barrera a ver si así ya no se mueve. Voy bajando las escaleras cuando…

– Kiki, ¿Qué traes ahí?

Me oculta algo humeante entre sus manos, sea lo que sea, no podrá mantenerlo escondido por mucho tiempo.

– Nada– Me dice.

– ¿Has visto a Shaka?

Desvía su mirada – Eh, no.

Frunzo levemente la mirada – Kiki…

– Es que-¡Ay! ¡Ay! ¡Me quemo!

Le sostengo el objeto antes de que se lo derrame encima. Té de jengibre, ya no tiene para donde hacerse.

– ¿Dónde está? – Le pregunto.

– En el cuatro de estudio…

Me dirijo al lugar acompañado de mi niño, al llegar, veo a mi pareja con el pergamino en el escritorio, debo darle crédito, al menos, no está sentado en el suelo y está bien abrigado.

Me le acercó, como me gustaría darle un abrazo por la espalda, pero el objeto entre mis manos me lo impide.

– Ya casi término– Me dice sin que yo le diga algo, acto seguido gira a verme.

Yo simplemente rodo mis ojos gentilmente y le doy el té.

– Gracias.

Le da un sorbo y continúa su labor. Procedo a tocarle la frente procurando no interrumpirle.

– Ya no tienes fiebre, pero sigues tibio– Le digo.

– Estaré bien, solo necesito té.

Al menos ya recupero su voz, pero sigue mormado. – Basta de tés, Shaka, ¿No te cansas de ir al baño tan seguido?

– Algo.

– ¡Argh!

Oigo que Kiki se queja, acto seguido, giro a verlo, está sentado sobre un cojín en el suelo con una vela al frente suyo, y uno de los pergaminos a la derecha. Enciende la mecha, al juzgar por la condición de la cera, no es la primera vez que lo hace, se dispone a leer brevemente el pergamino y fija su mirada en la vela, la cual comienza a rodear solo la mecha con su cosmos.

– No lo interrumpas.

Giro a ver a Shaka – Solo estoy viendo.

– No lo desconcentres. – Me dice.

– Pero si yo-

– No hables– Me interrumpe.

– Veo que el resfriado te ha vuelto algo gruñón– Le digo. Tomo un cojín y me siento.

– Al menos no escalaste a pulmonía, por un momento pensé que eso sería– Continuo.

– Esto solo fue una vulnerabilidad, mas no soy tan débil como para caer en eso– Me responde.

Me quedo callado unos momentos, creo que solo estoy interrumpiendo este… no sé.

– ¿Están entrenando ustedes dos o algo así?

– Está controlando sus niveles de cosmos. Debe ser capaz de extraer el fuego sin apagarlo, es un ejercicio básico. – Shaka me responde.

Giro a ver a mi niño – Está teniendo problemas para hacerlo. – Le susurro.

– Lo sé, Mu

Apenas y me pongo de pie y me sostiene el brazo.

– No le ayudes.

Frunzo el ceño – Pero…

– Debe hacerlo solo, Mu.

Ante su declaración, él y yo salimos de la habitación, supongo que me considera una distracción sumamente grande para Kiki.

– Esto es solo el principio. Una vez que aprenda a nivelar su cosmos, debe ser capaz de armonizarlo con el mundo.

Parpadeo en sorpresa – ¿Mundo? ¿A qué te refieres?

– ¿Recuerdas que Athena utilizo su cosmos para evitar el derretimiento de los polos? Kiki debe ser capaz de hacer algo similar.

Mi cara no pude verse más confusa en este momento ¿Y qué hacer? Esperar que un ser malvado quiera destruir la tierra para que él lo evite ¿o qué? – ¿Y cómo piensas hacer eso?

– ¿Implicando que logre dominar su cosmos?

Frunzo el ceño, pelo los dientes y le apunto con el índice – ¡No lo subestimes!

Shaka se hace un poco hacia atrás – Solo soy realista, este tipo de cosas llevan tiempo. Debiste dejar que Athena se hiciese cargo de él.

Eso ya me lo tomo como una ofensa. – ¡Lo hice! Ella confía en mí.

– Pero tú no confías en ti, por eso me pediste ayuda, por si eso fuera poco, no veo que tengas mucha fe en mis métodos. Si seguimos así, no llegaremos a ningún lado.

Sus palabras me hacen bajar la mirada, no me agrada admitir que tiene razón.

Me levanta el mentón. – ¿Qué es lo que te preocupa?

Sus ojos son penetrantes, no puedo mentirle – Tengo miedo de que le hagas daño.

– ¿Y porque desconfías de mi de esa manera? Es un dios, Mu, ahora sabemos que no sería tan fácil erradicarlo.

Libero mi mentón de su agarre – No me refiero a daño físico, me refiero al daño emocional.

Mira de reojo a Kiki, quien sigue dentro de la habitación entrenando con la vela – Kiki tiene un carácter más fuerte que el tuyo, y como su maestro lo sabes. Es tu fraternidad lo que nubla tu juicio y te hace creer que él es tan frágil como tú lo eres.

Vuelvo a desviar mi mirada con una mano en el pecho – Me lastimas, Shaka.

– Mi intención no es ofender, pero eres de mente débil.

Suspiro – Soy débil por amar, lo sé. Pero, no pareces comprender aun lo poderoso que ese sentimiento puede ser.

– Te he visto manifestarlo, más su objetivo no me es claro.

A pesar de su rudeza, le sonrió y pongo mi índice sobre su nariz, un gesto que mi maestro solía hacerme cuando me mostraba impaciente ante algo, gesto que ahora practico con mi niño. ¿Y porque no? Para un terco Shaka también.

– Parece que alguien aun no entiende que es el amor.

Parpadea repentinamente y frunce el ceño – Claro que lo sé, ya lo sé.

Cruzo mis brazos – A ver, dime.

Mira a todos lados, no puedo creerlo, parece que está a punto de improvisar algo.

– Es cuando dos personas se, quieren, procuran su bienestar y…y….

Procedo a besarle en los labios, ya fue suficiente goce verlo intentar conservar su carácter.

– Sigue intentando– Le digo antes de marcharme.

-x-

Dohko.

Los ojos me pesan, quizá todo hubiese sido perfecto a no ser qué Shion nos trajo de vuelta al santuario tan temprano. Diosa mía, ¡Quiero volver a dormir! Dejo salir un largo y ancho bostezo.

– Que descaro – Escucho a mi Shion.

Le veo inspeccionar la armadura de libra, han pasado varias semana que la he dejado reposar, la batalla con esa diosa la dejo en muy mal estado.

– Está al borde, se repara lentamente, lo mejor sería dársela a Mu.

– ¿Y qué hay de tu armadura? – Le pregunto.

– Lo que porto es una armadura hueca. Desde que Mu tomo mi lugar como santo de Aries, he perdido la protección de una armadura ateniense, ¿Y por qué te estoy diciendo esto? ¡Ya deberías de saberlo!

Le sonrió – Ya recuero porque jamás debo dejarte solo en batalla.

Me sonríe débilmente.

Nuestro momento es interrumpido por la presencia de un tercero en el mi templo, veo como Shion le mira con atención para después aproximarse rápidamente hacia él, le sigo en su acto, lo que hace quedar perplejo al tercero.

– ¿Ahora que hice? – Nos pregunta.

– Milo, ¿Cómo te has sentido? – Shion le pregunta de inmediato.

Milo alza sus hombros despreocupadamente – Pues, bien, unos cuantos dolores de cabeza con la francesa pero nada fuera de lo ordinario.

– ¿Él está bien también? – Le pregunto.

Ante la pregunta, se queda callado, no, algo no está bien con él, pero no parece muy dispuesto a decirnos que es.

– Bien, en lo que cabe, ya saben lo reservado que es, es difícil hacer que muestre algo de sentimiento.

Shion asiente – Si necesitan algo avísenme. Recuerden que deben venir a mi templo.

Milo desvía la mirada – Ah eso, Camus me lo recordara una vez que regrese. Bueno, tengo que irme.

Al menos es honesto aludiendo que él no se acordara. – Cuídate.

Milo asiente y se marcha.

Procedo acercarme a Shion – ¿Cómo lo ves?

– Siguen en problemas.

Mi mirada se pierde en las escaleras viendo al escorpión desaparecer, si yo creía que nuestra situación fue complicada para que diera fruto, no me imagino por lo que estos haden estar pasando por estos momentos.

-x-

Shaka.

Me encuentro recostado a mis anchas en el sofá, con la cara viendo al techo y al niño a unos cuantos metros de mi continuando su entrenamiento.

A este punto ya se me agotaron poses decentes de meditación, no tiene caso, hablar con mi maestro no creo que sirva, bien me dijo que debía ser yo quien debería ir y experimentar por mí mismo…que pesadilla. Me peino hacia atrás, estaba seguro ¡Seguro! De que era el amor, pero solo viene él a preguntármelo en la cara y mi mente se puso en blanco. ¿Por qué me pasó esto? ¿Sera que en realidad aun no lo sé? o ¿Es ese coctel de emociones lo que me hace perder la concentración? Sera aquello ¿Un efecto del amor?

Me masajeo el rostro y suelto un quejido, ya me está doliendo la cabeza de solo pensarlo.

– ¿Se encuentra bien? ¿Desea otro té? – Kiki me pregunta de inmediato.

– Estoy bien, gracias, de hecho…

Me pongo de pie – La naturaleza me llama, vuelvo enseguida.

Bajo hasta la planta de edificio, tengo la mala costumbre de no atender esta necesidad hasta que es inminentemente necesaria. Entro de manera apresurada al baño, pero no estaba preparado para encontrarme la habitación llena de vapor y de un olor extraño.

– Cierren la puerta, estoy lavando en seco. – Mu llama de espaldas.

– Mu... – Carraspeo – Necesito usar el baño.

– Adelante– Me responde sin mucha preocupación.

– Generalmente tengo privacidad absoluta– Respondo.

Me ignora, solo continua lavando prendas con el vapor de la tina.

– ¡Mu!

– Deja de bailar y has lo que tengas que hacer– Me responde a espaldas.

– ¡Sal del baño!

– Uhh… Suena a que es urgente– Me dice con una picara voz.

– Bien, hare afuera.

Oigo una risa – Sigues enfermo, no puedes salir además…– Vuelve a reírse – Se te encogería con este frio.

Me muerdo el labio, ya no aguanto.

Con una última risa, se pone de pie – Bien, te dejo. Aunque.

Se acerca peligrosamente a mí, empieza a juguetear con su dedo poniéndolo en mi pecho y comienza a dibujar una línea hacia abajo – Tu sabes que no me molestaría ayudarte con ciertas… necesidades.

Sostengo su traviesa mano antes de que se fuese más abajo.

– Sal de aquí, ¡ya! – Digo indignado.

Me sonríe y abandona la habitación.

Suspiro y procedo con mis necesidades de mortal, al volver a la habitación, me encuentro a Mu aconsejando a Kiki.

– Mu – Le llamo la atención firmemente.

– Solo le ayudaba. No seas amargado– Me responde.

– Estoy bien, puedo continuar solo– Kiki dice.

Mu le acaricia le mejilla – Te ves cansado, ve a tomar una siesta.

– Pero…

Detiene su protesta con un dedo – Ve dormir, yo me encargo del gruñón.

Se dan un beso de esquimal. El niño se pone de pie, me pasa de largo y abandona la habitación.

Cruzo los brazos, a este paso, Kiki jamás será un santo digno… creo que ya perdí la cuenta de cuantas veces lo he dicho.

Mu se me acerca melosamente, recostándose en mi pecho. – ¿Molesto? – Me pregunta.

Respiro profundo – ¿Qué ganas con entorpecer el entrenamiento?

– Kiki no es el único en entrenamiento.

Me guía hasta el sofá, me acuesta y se recuesta en mí. Esta sereno, aunque un poco… excitado. Mi cuerpo se estremece ante el pensamiento, sin embargo, mi reacción de alarma es mucho menor que antes. ¿Sera que ya me he acostumbrado?

Suspiro, esta es la parte en la que Mu intentara seducirme de nuevo. Ya me estoy quedando sin excusas. ¿Por qué Mu? ¿Por qué te empeñas en forzar este momento? ¿Por qué lo anhelas tanto? Decirle que no, ya comienza a cansarme.

"¿Y porque no le dices que si?"

Levanto el torso hasta quedar sentado en el sofá, empujando a Mu hacia atrás en el proceso. Sonrió nerviosamente, por un momento pensé que mi maestr-.

"Te estas agobiando por cosas que aún no su suceden, tienes que fluir con el rio si agua deseas ser" Le escucho nuevamente.

"Pero… está prohibido… siempre lo estuvo" Respondo.

"La prohibición es el resultante a la causa de sufrimiento. Las mayoría de las personas sufren a causa del placer carnal, en cambio tú, sufres por negarte el placer. No digo que forniques a morir. Te pido que no te castigues por actos que no has hecho aún, actos que no puedes comprender ni juzgar apropiadamente por la falta de experiencia. Suerte, hijo."

– Shaka… ¡Shaka!

Sacudo la cabeza y miro a Mu con una cara angustiosa.

– Shaka ¿Estas bien? ¿Qué te pasó?

Me vuelvo a recostar con una mano en la frente, me pesa creer que por cada paso que hago, doy dos atrás. Me hace pensar, que solo desperdicio el tiempo…

– Shaka… ¡Shaka! Háblame por favor.

Le miro a los ojos, frunzo la mirada inseguramente y mi cara se arruga en angustia.

– ¿Shaka?

– Lo siento, Mu… No estoy listo. No siento que lo estoy. – Le respondo.

Juguetea nerviosamente con sus manos.

– Shaka… yo, lo siento, no… bueno…– Carraspea. – …Estoy excitado, ¡Pero no fue mi intención! Solo quería descansar a tu lado.

Me sostiene el rostro – Es la verdad.

Sorpresivamente, si está diciendo la verdad.

– Necesito sacarlo del pecho– Le respondo. – No estoy listo para empezar mi vida sexual.

Desvío la mirada como idiota para todos lados – No, yo, digo, me… ¡Solo!... aún no.

Me mira con extrañase. – Shaka, seme sincero, no quiero que me hables con tu infinita sabiduría.

Me toma de las manos. – Quiero que me hables con el corazón.

Me mira nuevamente a los ojos.

– ¿Tienes miedo? – Me pregunta.

Nunca había sentido tanto terror por una pregunta tan simple. No estoy pensando con claridad, sigo aturdido por las palabras de mi maestro, puedo contestar cualquier tontería sin sentido si no tengo cuidado.

– Mu, yo, no… no sé cómo se hace, quiero decir, se cómo se hace pero… no creo que las cosas funcionen…igual entre nosotros– Trago saliva – ¿Si me explico?

Me sonríe cálidamente – Yo si se cómo se hace, en teoría, claro. Hay una cuestión que me pone un poco nervioso, pero confió en que no me lastimaras…

– No sé qué es peor – Le Susurro – Pensar que puedo lastimarte o que… que…

¿Por qué me cuesta tanto trabajo? ¡¿Por qué tengo este nudo en la garganta?! Me muerdo el labio, aprieto los ojos, el agua brota de mis ojos… que horror… que horror… que horror. Tomo una bocanada de aire, suprimiendo cualquier arranque de llanto.

– De que no pueda complacerte– Digo en un hilo de voz.

– Mu, mírame, ¿Cuantas veces te he negado? Siempre escudándome en un discurso filosófico sobre esperar el momento correcto, entre otras cosas que, ya ni se si es por mi terquedad. No sé si he dejado pasar ese momento "correcto" y ahora solo los estoy dejando pasar por miedo.

¿Pero qué disparates acabo de decir? ¡Estoy hablando como un completo estúpido! Bajo la cabeza y dejo que mi cabello cubra mi rostro, ya no sé si estoy llorando por miedo o de la vergüenza ante mis recientes actos.

Mu descubre mi rostro y me regala una sonrisa. – Es hermoso oírte hablar como un humano.

Une mi frente con la suya. – Decir lo que sientes no te hace débil.

Esa mirada, no ha cambiado, incluso con esa leve excitación, no puedo evitar recompensarle por ese logro. Le beso, haciéndolo quedar bajo mi merced, no es que alguna vez me haya peleado la dominancia, pero me causa placer, el simple hecho de saber que se entrega a mí me, me excita… ¡Diosa mía! ¡¿Qué tengo que la cabeza?!

Antes de que logre zafarme, Mu me sostiene la cabeza, forzándome a continuar el beso y me ahoga cualquier duda previa, que placentero es besarle. Nos separamos y mi mirada recorre su cuerpo, le estoy anhelando... Apenas intento tocarle para descubrirle el cuello de esa enorme bufanda que, ya parece poncho de tantas vece que se la girado sobre su cuello, que exagerado.

En un acto inesperado, bloquea mi intento, me empuja gentilmente hasta que él logra sentarse.

– Lo lamento… – Me dice.

– Creí que…

Me sonríe penosamente y truena los dedos.

– ¡Ay! – Escucho Kiki quejarse.

Pestañeó repetidamente – Ah…

Digo sin sorpresa alguna. Cielos, ese punzante dolor en mi intimidad, seguido de un nudo de frustración en el estómago. No tenía idea de que una frustración sexual fuese así de molesta…

– Lo siento, Shaka, él también parece saber cuándo tramo cosas fuera de lo ordinario. No es algo muy…

Suspira. – Grato.

– ¿Ya has hablado con él? Tú sabes – Carraspeo – "La charla"

Su mirada de sorpresa fue más que suficiente – Eh-No. A-aun no, e-es muy pequeño.

¿Pequeño? ¡¿Pequeño?! ¿Ahora es él quien necesita que le refresquen la memoria?

Trato de fruncir mis labios para que no se me escape una leve risa. Alzo el índice a la altura d mi pecho – No me vengas con que es "pequeño"

Desvía la mirada con una cara de puchero.

Carraspeo nuevamente. – Puede que ese comportamiento se deba a que desconoce lo que le está sucediendo. Es mejor que hables con él. Mu, de lo contrario terminara como yo.

Me lanza una mirada escéptica – Mi maestro te dio la charla.

– No me la dio durante el periodo de cambio. Supongo que eso afecto mi interés en el tema en aquel entonces.

Me pongo de pie. – Solo, habla con él. Ya que has interrumpido el entrenamiento, has algo útil. Iré por otro té… y al baño.

Me lanza una mirada picara.

– ¡No a eso! – Exclamo.

Me vuelve a lanzar otra mirada, esta vez con énfasis en mi intimidad.

– Ah-ha. – Se ríe – Recuerda lavarte la cara.

Por inercia me tallo los lagrimales, logro limpiarme unas pequeñas lagañas por el llanto previo. Finalmente abandono la habitación, miro al pasillo, Kiki me sonríe de oreja a oreja y se esfuma.

Creo que hay más variables en ese "momento indicado" del que imaginaba.

-x-

Milo

Con las respectivas direcciones, finalmente doy con el lugar apuntado en el papel, resultó ser una pequeña cafetería localizada en uno de los poblados a las afueras de Grecia. Un lugar con un aire de modernidad sin perder su identidad campirana, el ambiente no se compara con los pequeños pueblos del santuario, los cuales aún aparentan pertenecer a tiempos antiguos.

Me siento y observó el lugar ¿Por qué carajos Camus vendría aquí? Más bien ¡¿Por qué mierdas nunca me invita a lugares así?! ¡Maldita francesa egoísta!

– ¿Desea ordenar algo?

Me dice una linda mesera castaña.

– Ehhh… Café negro y galletas.

– ¿Galletas de avena? Es el especial de hoy.

– Está bien.

Me quedo ahí hasta que llega mi orden, o más bien, la orden de Camus. Yo soy más del tipo que pide un desayuno, pero ya es mediodía. Pruebo la primera galleta, a decir verdad, saben mejor de lo que esperaba. De repente, una mano me toca el hombro.

– ¿Señor Camus? – Me pregunta una típica güera de ojos azules en una vestimenta formal, porta una carpeta negra.

– ¿Cómo…?

– Café negro y galletas. Usted me lo dijo.

Parpadeo – Ah. Si, disculpe.

Me le quedo viendo a esta mujer en lo que se sienta del lado contrario de la mesa, ¡¿Pero qué carajo quiere Camus, mi Camus, con esta vieja?!

– Ayumi Usi, servicio social. – Se presenta, acto seguido abre su carpeta.

– La fundación Kido nos ha dado buenas recomendaciones de usted, sobre todo por su record con otro joven, la señorita Kido se ha encargado de todo el papeleo, solo es cuestión de que ustedes venga por ella. ¿Desea ir ahora mismo?

No tengo ni la más puta idea de que está hablando.

– Por supuesto.

– Excelente. Acompáñeme.

A los pocos minutos me veo caminando con esta tipeja, la sigo hasta un edificio, que al juzgar por la cantidad de mocosos jugueteando alrededor, parece una guardería.

– Espéreme aquí.

Casi al instante, ella llega con un… oh diosa mía. ¡No! ¡No! ¡No! ¡No! ¡No! ¡No! ¡No!

Santa Athena…. ¡¿En qué puto lio me he metido?! ¡Definitivamente me debe más de una explicación ese estúpido!

-x-

Mu.

– ¿Kiki?

Pregunto en lo que toco la puerta de su habitación, abro lentamente la puerta y lo encuentro sentado en el suelo con una vela al frente suyo.

– ¡Aww!

Se queja en cuanto la mecha vuelve a extinguirse.

Me siento a su lado y le doy un beso en la cabeza.

– Nunca voy a poder hacerlo– Me dice.

Sonrió y trueno los dedos para rencender la mecha.

– Estas encapsulando la llama por completo, al no haber oxígeno, la llama se apaga. – Le digo.

Le tomo de las manos y separo cada una unos ocho centímetros de la llama.

– Tienes que dejar que el oxígeno circule a través de tu cosmos, así no se apagara.

Al seguir mi consejo, finalmente logra tener la mecha en sus manos, voltea a verme con una gran sonrisa. Suelta la llama, extinguiéndose en el proceso y me abraza fuertemente.

– Gracias.

Acepto el abrazo y le arrullo un poco.

– ¿Pasa algo? – Me pregunta.

Suspiro ¿Cómo se supone que entrare en el tema?

– Pues, Kiki, yo… ham….

No alcanzo ni a formular mi introducción al tema cuando un cosmos externo comienza a resonar con el mío.

"Mu…" Me llama.

Parpadeo.

"¿Maestro?" Le pregunto.

"Tenemos una situación con la armadura de Libra. Necesito que vengas al santuario"

No puedo evitar soltar una mueca incrédula.

"Pensé que la regla era que, el interesado debería venir aquí pa-"

"Es una orden"

"Si maestro"

– ¡Hallo!

Sacudo la cabeza y parpadeo repentinamente al ver a Kiki, pasando repetidamente sus manos al frente de mis ojos.

– ¿Qué sucede maestro? ¿Quién le hablo?

Miro hacia arriba y levanto el índice, esperando que algo inteligente se me venga a la cabeza… ¡Lo tengo!

– Hoy tendrás una lección muy especial, Kiki.

Me da una expresión incrédula – Me lo dice en serio ¿O lo acaba de inventar?

– Hablo enserio. Iremos al santuario.

Me sonríe y ambos nos disponemos a buscar a Shaka.

– ¡Shaka! – Le llamo al encontrarlo en el pasillo.

– ¿Hablaste con-?

– Cambio de planes, iremos al santuario– Le interrumpo.

Pestañea – ¿Para qu-?

Le tomo del brazo, sujétate.

– ¡Mu! ¡N-

Y en un segundo, nos encontramos a la entrada de aquel lugar, pero que clima más cálido, cierro los ojos y aspiro la pureza del viento.

De repente, mis ojos se abren con un grotesco sonido que se escucha al lado mío.

Shaka tose y se limpia la boca – No estoy acostumbrado a que otros me lle-

No completa su frase cuando lanza el resto del té fuera de su cuerpo.

Una leve sonrisa se me escapa, una vez que Shaka recobra su compostura, continuamos con nuestro camino hasta llegar al coliseo.

– ¿A qué se debe tanta prisa? – Shaka me pregunta. Al instante comienza a sacudirse las prendas – Uff, que calor…

Nos da la espalda – Si me disculpan... – Procede a quedar con sus prendas ligeras. – Mucho mejor.

La ventaja de estar acostumbrado a varios climas. A mí y Kiki no nos afecta.

– Pensé que sabias leerme– Le digo.

– Lo único que sé es que, para haber tomado una decisión tan repentina de venir, quiere decir que alguien de autoridad te lo ha pedido. El patriarca quiere algo.

– Eres bueno– Le respondo. – Iré a buscar al patriarca ¿Vienen?

Shaka levanta los hombros – Ya me trajiste.

Le sonrió, le tomo del brazo y comenzamos el camino por las casas. Si tengo suerte, mi maestro estará en Libra y no tendré que ir hasta la sala patriarcal. Kiki se adelanta como todo niño hiperactivo.

– ¿No te molesta que nos vean así? – Shaka me pregunta.

– ¿A ti? – Le pregunto devuelta.

– La verdad no, no es que los inferiores tengan la autoridad de opinar. Es solo que siento que debemos mantener la formalidad. – Me responde.

Le suelto del brazo – Entiendo.

El camino comienza con un humilde tour a mi hogar, un poco de polvo acumulado, nada que una simple sacudida no pueda solucionar. Estamos a punto de salir cuando noto a Kiki muy concentrado en el pasillo que da a mi habitación.

– ¿Pasa algo? Kiki

Asiente negativamente. – Nada, solo. Me quedare aquí. Su templo necesita limpieza.

Le sonrío – Como gustes.

Shaka y yo continuamos ascendiendo. Al llegar a Virgo, Shaka se queda perplejo en medio del templo.

– ¿Shaka?

Me mira, me empuja gentilmente hacia él y me besa.

Sonrío – ¿A qué se debe la ocasión?

– Solo agradezco lo que he aprendido contigo, no es mucho, pero es un progreso.

Me toma de las manos un tanto tímido. – Tengo una idea, este, bueno, quiero intentar algo.

Le doy un beso fugaz en la boca.

– ¿Te veo esta noche? – Me dice.

Siento la cara tibia de solo pensar que requiere de mi presencia de noche. Asiento y prosigo a seguir a Libra.

– Mu.

Me llama antes de retirarme demasiado. Se me acerca a la oreja.

– So-lo. ¿Entendido?

No puedo evitar dejar que mi imaginación vuelve… solos, de noche. Sacudo la cabeza, no es el momento para que mi mente se vaya por ese lado. Continúo por las escaleras y doy una gran bocanada de aire, era mucho más fácil controlar estas urgencias siendo padre soltero. Es mi mente que no deja de pensar en esa ¨eventualidad¨ una que quiero que suceda ya, así somos los aries, somos impacientes ante lo nuevo que queremos experimentar, pero una vez que nos acostumbramos, deja de ser un deseo constante. Sé que, una vez que tenga la experiencia, dejare de ser una molestia para él.

Llego a Libra.

– Hey, Mu – Dohko me saluda.

– Maestro Dohko, buen día. ¿Ha visto a Shion? – Le pregunto.

Dohko mira ambos lados antes de hacerme una seña para que le siga, llego hasta su habitación, donde mi maestro anda recostado de lado sobre la cama.

– Lo convencí de tomar una siesta. – Dohko dice. Acto seguido me mira y dibuja una pícara sonrisa.

– Dame tu bufanda.

Pestañeo en duda. ¿Para que la quiere?

– Anda, dámela – Me dice sin dejar de lado su sonrisa.

Procedo a quitármela y dársela. Dohko la dobla hasta tener un cuadrito asemejando un cojín. Se acerca a la cama y acerca la bufanda a Shion.

Mi maestro frunce un poco el ceño involuntariamente. Aún sigue dormido. Parece que se mueve en dirección al objeto.

De repente, Dohko aleja la bufanda. Acto seguido. Shion extiende los brazos y los retrae como si estuviese tratando de buscar la bufanda y atraerla.

Dohko se ríe – Todavía recuerda tu olor.

– ¿Mi qué? – Le pregunto.

– Ustedes son gente muy instintiva, tanto, que inconscientemente aún se guían por este tipo de reconocimiento. – Suspira – Te ama mucho.

Le sonrió.

– Pero, presiento que ese amor se está convirtiendo en una especie de sobre protección.

Dohko deja la bufanda al lado de Shion, este la pesca rápidamente en un abrazo posesivo. Libra sale de la habitación y le sigo.

– ¿Cómo van tú y Shaka?

Pestañeo, siento la cara un poco tibia – ¿Cómo...?

Se ríe levente – Por favor, Mu.

Me masajeo la nuca, creo que fue ingenuo de mi pensar que Shion no tuviese sospechas de quien era exactamente, obviamente compartió esas sospechas con su esposo.

– Entiendo. Pues ah… vamos "Bien"

Dohko arquea una ceja – "¿Bien?" Sele sincero. Mu

Levanto los hombros – ¿Qué voy a decirle? Dohko "Hey, por tradición lemuriana tienes que hacerlo para sentirme aceptado" ¿Cómo? Shaka tiene sus tradiciones y yo las mías. Él nunca querrá hacerlo de esa manera porque va en contra de sus enseñanzas.

Dohko se rasca la cabeza – ¿Quieres que él lo haga por sus medios?

Miro hacia abajo – Seria lo mejor…

Dohko estira sus extremidades seguido de un satisfactorio quejido – Supongo que necesitaras que alguien distraiga a Kiki.

Mu juguetea con sus dedos – Bueno, esperaba que… Shion me comentó que la armadura de Libra necesita reparación, pensaba que quizá mi maestro pudiese enseñarle cómo hacerlo. En lo que yo paso tiempo con Shaka a solas. No quiero que Kiki se sienta excluido por mi relación con él. Necesito una buena excusa.

Dohko silva en sorpresa – Bien pensado. Trae al chiquillo. Aquí te lo cuidamos el tiempo que necesites.

Siento la cara tibia, que pena… – G-gracias Dohko…

-x-

Shaka.

No puedo creer que si quiera lo esté pensando. Pero he de aquí yo, reverenciando el templo de mi diosa.

– ¿Necesitas algo?

Athena me pregunta en lo que revela su presencia, atravesando las sabanas que dividen su sala de la sala patriarcal.

– Diosa mía, solicito información sobre la gente lemuriana. Aspectos… cotidianos.

Sus brazos extendidos me invitan a ponerme de pie.

– Bueno, realmente no queda mucho de lo que la gente lemuriana solía hacer en su vida diaria, los pocos que sobrevivieron adoptaron el estilo de vida de la antigua Grecia.

Athena me guía hasta su biblioteca privada, después de recorrer los estantes. Saca un libro pequeño y considerablemente viejo.

– Es posible que esto te sirva. Es un diario del primer patriarca lemuriano.

Tomo el cuaderno como si ella me estuviese entregando su vida en mis manos. – Gracias.

Acto seguido regreso al templo de Virgo. Vaya que debo tener agallas para atreverme a volver a quedar a aquí, pero no sé de otro lugar apropiado para estudiar, pudiese intentar los jardines del santuario, pero son un arma doble filo. Es un secreto a voces que algunas personas les encanta ir a aparearse entre los arbustos.

Un escalofrió invade mi columna. Definitivamente no es el tipo de escenario en el que me gustaría perder la virginidad, no me agrada el hecho de pensar que tendría que estar asegurando privacidad durante la cúpula.

Sacudo la cabeza, debo estar loco para si quiera pensar en esto. Son cosas instintivas que solo "Pasan" Si algo he entrenado toda mi vida, fue para matar a dicho instinto, ahora no sé qué hacer. Lo que me obliga a estudiar al respecto ¿Cómo debo actuar? ¿Cuándo? ¿Dónde? No sé qué me avergüenza más ahora. Pensar que he perdido lo más básico del ser humano o el hecho de que ahora quiero tragarme mis antiguas palabras y querer que dichos instintos surjan.

Suspiro, no llegare a nada suponiendo. Pero si algo tengo claro, es que debo saber cómo acercarme debidamente. Este diario quizá pueda ayudarme. Hojeo aquel objeto leyendo cada aspecto de su vida

/

Diario del patriarca
Fragmento.

He vuelto a cometer el mismo error, soy tonto, ni mis santos creerían lo tonto que soy, olvido que soy diferente aunque trate de pretender que soy igual a todos. Athena me ha recomendado intentar con personas cercanas a mí, alguien que pueda empatizar con mis diferencias, ella dice que sería más difícil hacer que un extraño o extraña se adapte.

Me siento mal. Es una obligación moral tratar de preservar el legado lemuriano, pero no hay suficientes mujeres "sangre pura" para preservar el legado que alguna vez fue.

Las familias han decidido establecerse a las afueras del santuario y crear su propio pueblo con un nuevo estilo de vida, mayormente bajo la regla de Athena. Otros pocos han decidido regresar a Jamir - la mayoría solteros o muy viejos- y preservar lo que queda… La antigua torre.

Parte de mi desea regresar a Jamir. Encontrar una esposa antes de que las pocas que quedan sean reclamadas. No me molestaría mezclar mi sangre con gente que se vaya incorporando al pueblo. El problema es hacerlas entender que, no soy un hombre que solo le importa el sexo, es parte de nuestro instinto.

Generalmente si buscamos una pareja es para dos cosas, para procrear o para que nos ayude con la crianza. El sexo es una forma de entregarnos, de decir que estamos dispuestos a todo, incluso ceder parte de nuestro ser para crear otro. No hablo solo por los hombres, nuestras mujeres actúan igual. Por desgracia, la gente común suelen llamarlas unas mujeres "Fáciles" No es nuestra intención privarlas del contacto con gente no lemuriana, pero suelen ser más vulnerables que nosotros. Uno como hombre lo supera fácilmente. Pero una mujer puede llegar a terminar con un niño en brazos y sin padre. Es una situación que queremos evitar por el momento.

Intentare hablar con Keleth de Acurario de nuevo… No sé si funcione, pero si esto no llega a nada, regresare a Jamir y hare sucesor a Segon de Piscis.

/

Me pregunto si todo lemuriano pasa por lo mismo, Mu definitivamente muestra lo que este antiguo patriarca describe.

/

Diario del patriarca
Fragmento.

Keleth ha decidido darme una oportunidad de mostrarle. Estoy nervioso, tan nervioso que he olvidado el ritual. Pedí permiso a Athena para viajar a Jamir y consultar con los más sabios. Ellos ven y no me creen que finalmente el joven ya quiere ser todo un hombre. Supongo que por mi cargo supusieron que no procrearía. Por lo que la noticia ha sentado bien en nuestra pequeña comunidad lemuriana.

El dichoso ritual era más sencillo de lo que imaginaba. Los sabios me advirtieron que debo ser cauteloso con los tiempos de interacción íntima, sobre todo por la mezcla de razas. Por más ¨Primitivos¨ que nos consideren los otros humanos, nuestro tiempo de cúpula es más largo. La cúpula corta es un mecanismo de defensa para evitar ser presa.

/

Un… ¿Ritual? ¿Los lemurianos tienen rituales para hacerlo? Esto hubiese sido más útil si se hubiese molestado en describir de qué se trataba el ritual. Me recargo contra la pared y suspiro, ¿Realmente valdrá la pena hacer todo esto? Sacudo la cabeza, esto no es por mí, es por Mu. Vuelvo a fijar la mirada en el diario… ¿De qué se trataría ese ritual? ¿Cómo se supone que debería iniciarlo? Pudiese preguntarle a Shion… no, retiro lo dicho, el patriarca sería capaz de castrarme de solo insinuarle que deseo iniciar actividad sexual con Mu. Dohko, quizá él pueda instruirme y preservarme intacto… No no no no ¿Y si él le dice a Shion?

Una campanada me crispa la piel de repente. Giro a mi izquierda.

– No fue gracioso.

Las risas de cascabel por parte de Virgo fueron más que suficientes. Lo hizo apropósito.

– Aun no soy digno de nuevo ¿Cierto?

Un siseo harmónico surge de la armadura.

– Si y no ¿Qué es eso de si y no?

La armadura campanea.

– Entonces, ya hice lo principal que querías que hiciera ¿Te importaría decirme que es lo que me falta hacer para tenerte devuelta?

La armadura solo brilla y desaparece, sin más.

– …Gracias

Vamos, esto no tiene que ser tan difícil, el sexo es algo natural que surge a partir de una interacción simple y mutua, ¿Qué puedo invitar a Mu hacer para que parta de ahí? ¿Qué cosa hay entre nosotros que se pueda llevar a cabo con naturali…?

Abro mis ojos de par en par, ¡Ya sé que hacer!

-x-

Mu.

Regreso a mi templo con la intención de traerme a Kiki con Dohko y Shion, de verdad espero que mi niño salga con sus comentarios de sospechas. Sobre todo porque le prometí un entrenamiento especial, quiero pensar que tengo una buena cuartada.

Apenas voy entrando a mi templo y casi choco con alguien.

– ¡Milo! – Digo alegremente – ¿Todo bien?

Milo tiene los ojos bien abiertos, mira para todos lados, trae algo en los brazos, como una manta.

– Bien, bien. Debo irme ya. ¡Nos vemos! Mu

Y así de rápido, el escorpión sube las escaleras. Ladeo un poco la cabeza, Milo está más acelerado que de costumbre, de seguro Camus lo trae corto con algo. Intento reanudar mi camino cuando soy interrumpido por otra persona.

– Kiki, aquí estas – sonrío, mas él no lo hace – ¿Pasa algo?

Con una mano se masajea el brazo opuesto. – No se… ¿A dónde fue el señor Milo?

Señalo con el pulgar las escaleras – Se dirige a su templo ¿Por qué?

Desvía la mirada. – Kiki…

– Lo siento, prometí que no diría nada hasta que el encuentre una solución al asunto del bebé.

Parpadeo repetidamente – ¿Bebé? ¡¿Qué bebé?!

-x-

Milo.

Mierda, mierda, mierda, mierda, mierda.

Espero, realmente espero que no se suelte llorando otra vez, por lo menos no hasta llegar a mí templo… ¡Carajo! Esto me pasa por andarme metiendo en asuntos ajenos. Pero, ¡Camus es mi novio! Chingado, ¿Qué le costaba decirme que tenía que recoger esta cosa? Supongo que es una estrella ateniense, es la única razón por la cual traerían a un infante al santuario. Pudiese ir directamente a aventar esta cosa la cámara de Athena, disculparme por mi insolencia y santo remedio. Camus puede hacer todo el berrinche que quiera, pero con el perdón de Athena ya es un gran paso para solucionar este problemilla.

El corazón casi se me para de solo pensar que tal vez el patriarca este en Libra, entro sigilosamente, ¡Sí! ¡Sí! Vacío, de seguro están ocupados en la habitación demostrándose su amor o algo.

Llego a la seguridad de mi templo, entro a mis aposentos y dejo a esa cosa en la cama. Como me gustaría ser Mu en este momento, me tele-transporto con Athena y listo. Pero no, me quedan cuatro casas por pasar, y una de ellas tenía que ser la de Camus.

– De verdad que la cague en esta.

– Oh vaya que sí.

Esa voz me causo un escalofrió en la espalda, justo en la entrada de mis aposentos, se encontraba Camus. Este se aproximó a mí y me da un buen puñetazo en la mejilla, tirándome al suelo.

– ¡Maldita sea Milo!

Sacudo la cabeza y consigo ponerme de pie, el escandalo hace que la cosa llore.

– La hiciste llorar – Respondo.

Camus no responde, solo concentra su enojo en pronunciados soplidos. – Me decepcionas.

– ¿Por qué? – Le pregunto.

Camus dramático en tres, dos, uno…

– ¿Por qué?... ¡¿Por qué?! ¡Milo! ¡Te hiciste pasar por mí en un asunto muy delicado!

– ¡¿Tan delicado así era que no podías decírmelo?! – Respondo.

– ¡Iba a decírtelo! – Me dice.

– ¿¡Entonces porque no lo hiciste!?

– Era algo que iba a pasar de una u otra forma, Milo, ¿Tanto desconfías de mí?

Le doy la espalda – Lo mismo digo, ni si quiera tuviste la decencia de avisar lo que harías.

– Odias a los niños, Milo. Sé que de solo pensar que tendrás que interactuar con uno, te darían nauseas, quise hacerte un favor.

– ¡Pero avisa! ¡Hombre!

– ¡Basta ya! ¡Los dos!

Una tercera voz nos hace mirar a la entrada de la habitación. Es Mu.

– Discutir enfrente de un bebé ¡Que bárbaros! – Se acerca a mi cama y toma a la cosa en sus brazos.

– Ven aquí lindura – Dice de forma aguda y maternal. Comienza a arrullarla para que cese el llanto.

– ¿Qué sucede aquí?

Una cuarta presencia. ¿Es enserio? Ay wey… el patriarca.

Camus le reverencia, le imito – Señor…

– Sentí a Mu muy agitado cuando paso por Libra, no pude evitar seguirle. – Shion anunció.

El patriarca se fija en Mu y es atraído por lo que carga.

– ¡Ah! Por fin descendió, Athena estará muy complacida.

Mu le cede el bebé a Shion y este abandona la habitación.

El carnero nos mira.

Mu suspiró – No le diré lo que sucedió – En seguida se marcha.

Una vez estando solos, Camus y yo intercambiamos miradas silenciosas. Su mirada está claramente cansada, sin embargo, noto algo más, cansancio creo, sus ojos están algo rojos.

Camus desvía la mirada y aprieta ambos puños – Eres... ¡Eres..!

No termina la frase, simplemente se marcha.

– Camus, ¡Camus!


TBC