Disclaimer: todos los personajes pertenecen a J. K. Rowling
Extra: la última lucha
Tras terminar el desayuno, Caradoc se encaminó al dormitorio para vestirse. Se quitó el pijama, abrió las puertas del armario y escogió un par de pantalones y una camiseta muggle. Miró la pequeña caja metálica que había ahí y se agachó para abrirla. Dentro había una pequeña peineta que había sido de su madre. Caradoc recordaba que, de pequeño, la había tomado para jugar y su madre le había dado una buena regañada "¡Es una reliquia familiar! Está en esta familia desde hace siglos, no puedes jugar con ella" le había dicho en ese entonces y cuando ella murió, fue lo único que conservó. Sabía que debía regalarla a su hija –cuando tuviera una- y continuar con la tradición. Resistió la tentación de tocarla, porque sabía que eso era solo para emergencias, y se decantó por observarla un rato más.
Un ruido proveniente de su jardín lo sacó de sus recuerdos. Cerró la caja y se levantó de un salto. Con la varita apretada en la mano, se acercó cauteloso hacia la puerta de entrada, pero antes que pudiera ver quien estaba del otro lado, escuchó el inconfundible "click" que producía un Alohomora.
Se escondió detrás de la pared cuando la puerta se abrió y mantuvo la respiración, atento a cada sonido. Por el ruido de los pasos, supo que había tres personas en la casa. Ideando rápidamente un plan de acción en su mente, salió de su escondite y lanzó un hechizo hacia uno de los atacantes. El hechizo le dio en el pecho y cayó inmovilizado hacia atrás. Los otros dos comenzaron a lanzar hechizos hacia el lugar donde estaba Dearborn, pero el chico era bastante ágil y siguió contraatacando sin ningún problema.
Cuando uno de los mortífagos tropezó con su Impedimenta, vio la ira en los ojos de su adversario y supo que difícilmente contaría ese día. Corrió hacia su dormitorio seguido de dos encapuchados, cerró la puerta tras de sí y abrió el armario a toda prisa. Estaba abriendo la caja metálica cuando el suelo tembló, haciendo que las paredes se agrietaran y un pedazo de techo cayera encima de Caradoc. El golpe en la cabeza le abrió una herida y sintió como empezaba a desvanecerse. Con un último esfuerzo, apretó en su mano la peineta de su madre y desapareció del lugar.
Segundos más tarde, unas llamas de Fuego Maldito entraron a la habitación, quemando todo a su paso. Los mortífagos abandonaron el lugar satisfechos al ver que no quedaba nada, asumiendo que el miembro de la Orden había muerto.
oOoOo
Cuando Caradoc abrió los ojos, miró confundido a su alrededor. Una mujer se acercó a él con un trapo mojado y se lo apoyó en la cabeza.
—¿Dónde estoy?— preguntó con un hilo de voz.
—Estás en mi casa, te encontré en el cementerio. Tenías una herida en la cabeza así que decidí traerte y cuidarte hasta que despertaras— respondió la mujer.
Caradoc trató de recordar que había pasado, ¿por qué estaba en un cementerio? ¿Por qué estaba herido? ¿Qué había pasado? No podía recordar nada de lo sucedido y esto lo hacía sentirse frustrado.
—¿Cómo te llamas?— preguntó la dueña de la casa.
Caradoc se quedó pensando, esforzándose para que los recuerdos llegaran a su memoria y poder responder a una pregunta tan sencilla. Pero al cabo de algunos minutos, se rindió.
—No sé— respondió.
Definitivamente había perdido la memoria.
