Aquí estoy con el capítulo 8. Este aún me quedó más largo que el anterior. Me he flipado un poco porque lo que pasa en este capítulo fue la primera idea que tuve antes de empezar a escribirlo. Lo que viene ahora era la conclusión de un fic que aún no había comenzado a escribir. Pero me falta el capítulo 9 y el epílogo :) Espero que lo disfruten.

Capítulo 8

Cuando Cam, Hodgins, Ángela y Michael abandonaron el piso y Booth prometió a Sweets darle más detalles en cuanto se calmara mientras le daba golpecitos en la espalda para echarle también, Brennan se dirigió al frigorífico y sacó una caja de cartón.

- ¿Qué es? –Preguntó desde la mesa-

- Tu tarta de cumpleaños. –La sacó, puso las velas y las encendió- Ven Parker, ponte junto a tu padre. –El niño se sentó a su lado- He preferido guardarla para que soples las velas en la intimidad.

- Vaya, ¿y eso? –Preguntó con curiosidad-

-Te vi el otro día en el pasillo de las velas y cosas de fiestas… no te atreviste a coger nada. -Booth sonrió levemente-

Brennan cogió la cámara de fotos de la estantería y le dijo que pidiera un deseo y soplara.

- Eh, espera un momento… -Se quejó levantándose de la silla- Dame la cámara.

- Booth, creo que la gracia de esto es que las velas las soples tú… -Él sonrió y manipuló la cámara unos segundos- Aunque lo que quiera que pidas, solo se te concederá según los actos que tengas respecto a eso, yo no lo puedo hacer por ti y…

- He puesto el temporizador. –La cortó sin dejar de sonreír-

- Ah, era eso…

El agente colocó la cámara sobre el mueble, apretó el botón y se sentó junto a Brennan y Parker, justo detrás de la tarta. Sopló las velas cuando la lucecita naranja comenzó a parpadear más rápido y los tres rieron cuando el niño llenó la nariz de su padre de chocolate.

- ¡Te vas a enterar! –Exclamó persiguiéndole con la mano llena de nata-

- ¡No papá! ¡Aquí solo tengo este pijama! –Gritó corriendo por encima de los sillones-

No se detuvieron hasta que la antropóloga le agarró del brazo.

- Es tarde y mañana tenéis que venir conmigo a un sitio. ¿Un trozo de tarta, Parker? –El niño asintió desde el pasillo-

- No te voy a hacer nada, ven a comerte la tarta. –Se acercó a la mesa y Brennan les sirvió un poco a cada uno- ¿A qué sitio? –Preguntó con curiosidad-

- Es una sorpresa. –Dijo sin más-

A la mañana siguiente se despertó la primera. No sabía decir si eran nervios o simplemente no había podido descansar bien en toda la noche y se había aburrido de intentarlo. Apagó el despertador para no molestar a Booth y se fue a duchar. Tardó más tiempo del necesario y estuvo bastante rato con los ojos cerrados, dejando caer el agua sobre su cabeza, intentando pensar. Igual no era buena idea.

Salió envuelta en una toalla mientras con otra se secaba el pelo. Él ya no estaba en la cama.

- ¿Booth? –Preguntó asomándose al pasillo-

- Estoy en la cocina. ¿Quieres tostadas?

- Vale. –Respondió con una sonrisa desde el quicio de la puerta-

- ¿Zumo? –Suspiró- Bien, dejaré que te lo sirvas tú misma… -Dijo como si hubiese adivinado su reacción-

Se vistió con un vaquero con el que tuvo que pelear un poco y una camiseta azul oscura. Se puso unos pendientes y salió de la habitación.

- Buenos días, Parker.

- Buenos días, Bones. –Respondió el niño dándole un mordisco a su tostada-

Se acercó a Booth, que estaba de espaldas al niño metiendo el pan en la tostadora y acomodó una mano sobre la de él, que le sonrió ante el contacto.

- Buenos días. –Dijo el agente girándose hacia ella-

- Casi no me entra el pantalón… -Se quejó en un tono algo infantil-

Booth dirigió la mirada hacia su barriga y sonrió sin poder evitarlo. Luego se giró de nuevo, cogió las tostadas y aprovechando que tenía que estirarse para sacar un cuchillo del cajón sin apartarla, se acercó a ella lo bastante como para que Parker no le oyera.

- Te besaría si no fuera porque vamos a confundirle más de lo que ya está. –Brennan sintió un pequeño escalofrío que no supo catalogar-

- Pues de alguna forma habrá que dejar de confundirle, ¿no? –Booth fue a besarla, pero ella se apartó- Desayuna y vístete, tengo una cosa que enseñaros.

- Esto no se hace… -Murmuró en voz baja a la vez que dejaba la bandeja sobre la mesa y se sentaba a comer-

Brennan hizo lo mismo y cuando acabó de desayunar recogió todo para que Parker y Booth fueran a vestirse.

Condujo la camioneta del agente a pesar de que él insistió en que le dijera a dónde iban y le dejara manejarla. Parker fue todo el camino en silencio, entretenido por todas las preguntas que su padre le estaba haciendo a Brennan, que no era capaz de mentir y prefería silbar las canciones de la radio.

- Ya puedes parar de preguntar a dónde vamos. –Fue lo primero que dijo cuando aparcó con algo de dificultad- Tu coche no tiene sensor de aparcamiento, deberías plantearte cambiarlo y dejarme conducir más a menudo. –Booth sonrió y miró a la calle intentando ubicarse-

- ¿Dónde estamos? –Preguntó Parker con curiosidad-

- Ahora lo veréis. –Respondió bajándose del coche y dirigiéndose a un precioso portal de un edificio moderno-

Montaron en el ascensor siguiéndola a ella, que apretó el botón de quinto piso y se mantuvo en silencio hasta llegar. A Booth le pareció que estaba nerviosa, pero desechó la idea enseguida. Brennan era muy sensata y demasiado racional. Pensaba mucho las cosas antes de hacerlas y los nervios no eran algo habitual en ella, aunque el embarazo podía alterar pequeñas cosas de su personalidad. Estaba bastante perdido y decidió esperar a comprobar qué pasaba por sí mismo.

Brennan se acercó a la puerta más lejana del ascensor y la abrió con una llave que sacó de su bolso. Booth frunció el ceño, confundido.

- Uau. –Murmuró el niño con la boca abierta al ver la enorme casa que se abría paso ante ellos-

- ¿Te gusta? –Preguntó con una sonrisa que a Booth le pareció de lo más sincera-

- Esto es impresionante. –Contestó con la misma expresión de asombro-

- ¿Qué es? –Brennan rió como si hubiese hecho un chiste-

- Evidentemente es una casa, Booth. –Él la miró inquisitivo- Parker, ¿quieres ir a ver el resto? –El niño asintió complacido y comenzó a alejarse por el pasillo-

Booth supo enseguida que algo raro estaba ocurriendo. Brennan no parecía la misma de siempre. Estaba realmente nerviosa y no le gustaba no saber qué pasaba. Siempre se daba cuenta de las cosas mirándola a los ojos, observando sus movimientos o simplemente preguntando. Ella siempre contestaba. Pero por algo que no entendía, ese día había decidido callar y hacérselo pasar un poco mal. Y tuvo miedo de que estuviera intentando cerrarse en banda de nuevo. Afortunadamente, ella no tardó en aclarárselo.

- He comprado esta casa para nosotros.

Lo dijo sin que le temblara la voz y casi sin pensárselo, como si le estuviera contando que había decidido darse una ducha en lugar de un baño. Como si fuese algo banal y completamente normal en el día a día de una atípica pareja como ellos. Booth giró sobre sí mismo, observando el salón aunque sin llegar a ver nada y deteniéndose otra vez para mirarla con los ojos como platos. Brennan se desinfló en cuanto vio su rostro.

- Bueno yo… -Comenzó a hablar indecisa- Realmente aún no la he comprado. Pero es mi intención si te pareciera bien.

A Booth se le calló el alma a los pies cuando vio su expresión intentando explicarse, pero no dijo nada.

- Esta casa es amplia, moderna, hay un gimnasio en la primera planta y una piscina en la terraza. Es… bueno, vive mucha gente como nosotros. Quiero decir… Médicos, policías, escritores… Está tan cerca del Hoover como del Jeffersonian, hay suficientes habitaciones y además son bastante grandes… -Guardó silencio unos segundos- Si no podría mudarme yo aquí y tú venir cuando quieras, aunque es demasiado para mí y el bebé. -Booth colocó su dedo índice sobre sus labios para hacerla callar-

- Bones, ¿por qué hay tres habitaciones? –Preguntó Parker volviendo al salón-

- Pues… -Booth sonrió y asintió levemente, como queriéndole dar permiso- Si tu padre aceptase venir a vivir aquí conmigo, esa habitación sería para ti. –El niño miró a su padre esperando la respuesta-

Afirmativa, según él. Su padre no podía decir que no a algo así. Ya vivían juntos en el acogedor, aunque un poco aburrido apartamento de su padre. Iban a tener un bebé y la habitación de invitados era la suya. Por supuesto que podía compartirla, ¿pero por qué compartir algo pequeño pudiendo vivir en un sitio como ese?

- ¿Nos dejas solos un momento? –Booth sacó a su hijo de sus pensamientos-

- No puedes decir que no. –Fue lo que dijo antes de volver a la habitación azul-

Brennan se sentó en el sillón como si ya no pudiera aguantar más el peso de la incertidumbre, de no saber si había hecho mal en tener y llevar a cabo una idea como esa sin pedir opinión a gente que supiese más del tema. Ángela, fue la primera que le vino a la mente. Ella podría haberla aconsejado que no lo hiciera o ayudado a hacerlo de una forma mejor. Quizá no había estado bien que Parker estuviese, o era demasiado pronto… Quizá.

- Bones. –Dijo él interrumpiendo la guerra interior de la antropóloga. Ella le miró-

Booth le tendió la mano y ella se aferró automáticamente a él, sin quitar la vista de sus ojos marrones.

- Esto es impresionante.

- Yo… -Intentó justificarse-

- Tú eres la persona más valiente que he conocido nunca. –A ella le sonó a principio de disculpa- Siempre has tenido presente tus limitaciones en cuanto a sentimientos se refiere pero yo…

- No digas nada Booth. En serio, lo entiendo. Me he precipitado.

- Si quieres te digo que no antes de explicarme… -Dijo algo molesto, Brennan guardó silencio- Siempre he sabido que tus límites te los ponías tú, Bones. Todos y cada uno de los rechazos a sentir algo por otra persona que no fuera simple aprecio o admiración, de los "es completamente imposible que dos personas ocupen el mismo espacio durante un tiempo determinado" y hasta tu errónea definición del amor. Simple química del cerebro, decías, ¿no? Todo te lo repetías tú mil veces antes de poder decirlo. ¿Y para qué? ¿Para no sufrir? ¿Por miedo a que todo el que intentara entrar en tu mundo te abandonase?

- Por miedo a que tú me abandonases cuando llegara un punto en que ya no pudieras obtener nada bueno de mí. A que te cansaras de mi forma de ser y a que hayas decidido que ya era el momento porque estoy embarazada. –Booth pareció incomodarse ante la última frase- Sé cómo eres, Booth. Sé que no podrías saber que este bebé es tuyo y no implicarte y yo…

- Te quiero. –Dijo con seguridad- Siempre lo he hecho. He querido a Rebecca, he querido a Hannah, pero nunca, Bones, nunca he hecho por nadie lo que estoy haciendo por conseguir estar contigo. –Guardó silencio unos segundos cuando observó algunas lágrimas rodando por sus mejillas- Porque nadie lo ha merecido como tú.

Brennan rompió a llorar y agachó la mirada como si así pudiera hacerse invisible.

- Y no sé si será para siempre, ni cuánto durará. No lo sé, eso es cierto. Pero a día de hoy estoy completamente seguro de que nunca dejaré de mirarte a los ojos y sentirme en casa.

Le vio acercarse por el rabillo del ojo. A paso lento pero seguro. Ella seguía mirando al suelo entre sollozos. Booth estiró el brazo y colocó la mano sobre su hombro, y Brennan solo necesitó ese pequeño contacto para aferrarse a su cuerpo como si les rodeara un precipicio y él fuese el único lugar seguro. Acomodó la cabeza en su pecho y él le acarició el pelo un instante antes de levantarle la cabeza por el mentón y mirarla a los ojos. Y entonces sonrió. Sonrió con todo su ser, con su boca, con su mirada y con cada centímetro de su cuerpo. Y a él no le hizo falta nada más para besarla suavemente en la mejilla, borrando una lágrima que parecía no haber entendido que todo había pasado. Que estaba en casa.

Las reviews son lo mejor de escribir ;)