Luego de tanto tiempo, por fin pude volver.
Realmente no tengo intención de abandonar esta historia, pero por varios motivos se me hizo difícil actualizar. Espero que aun tengan ganas de leer y saber que pasará :D
Disclaimer: Inuyasha es propiedad de Rumiko Takahashi.
8. La misión de Yumiko.
Japón, 80 años atrás.
–¡Kagome!
–¡Hija!
–¡Hermana!
Apretó los ojos al escuchar su nombre lejanamente. Poco a poco fue abriéndolos hasta darse cuenta que estaba tirada en el fondo del pozo, pero el cuerpo le dolía demasiado como para poder moverse.
–¡Kagome! –Su madre asomó la linterna y pudo verla allí abajo. Su hermano y abuelo estaban junto a ella, igual de preocupados.
–Mamá –La voz le salió en un hilo, hasta que sintió algo viscoso corriendo entre sus piernas –¡Ah!
La Sra. Higurashi pudo distinguir el líquido rojo que bajaba por los muslos de su hija y se alarmó –¡Sota, llama a una ambulancia! ¡Ya!
El chico corrió al teléfono y los paramédicos llegaron en menos de diez minutos a la residencia. Con mucho cuidado, la sacaron del pozo y la llevaron al hospital.
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Respiró profundamente mientras observaba el techo de su habitación clínica, pensando en un sinfín de cosas que no entendía. Debía volver a la otra época… pero no podía, había hecho un sacrificio para salvar a sus amigos y las demás personas de la oscuridad de la perla.
–No te veré de nuevo, Inuyasha…
El sonido de la puerta abriéndose llamó su atención. Era su familia, quienes tenían una expresión muy seria. De manera robótica, su madre se sentó en la cama sin verla y el abuelo permaneció inmóvil.
–¿Te sientes bien, hermana? –Preguntó Sota con timidez.
–Ya me siento mejor –Respondió, sonriéndole.
Unos segundos de silencio invadieron la habitación hasta que su madre lanzó una afirmación al aire que la paralizó.
–El bebé está bien, Kagome.
Sí, ella sabía que su hijo estaba a salvo a pesar de la hemorragia que sufrió, lo sentía en su interior. Pero no quería que su familia se enterara de esa forma. Ni siquiera el padre lo sabía… No pudo decírselo nunca.
–Mamá, yo…
–¿Por qué no nos dijiste antes? –Preguntó, aun sin verla.
Ella apretó las sabanas, sin saber que decir. Quien debía saberlo primero era Inuyasha, además tampoco es que lo había descubierto hace tanto tiempo.
–Yo… quería decírselo primero a su padre –Se sobó el vientre, pensando en él.
Un sollozo y una risita de felicidad fueron la siguiente respuesta de su madre, mientras la abrazaba cuidadosamente –Oh, Kagome.
–¿Eh? –Pestañeó repetidamente, confundida.
–Mi primer bisnieto… ¡Qué felicidad! –Su abuelo empuñó la mano, poniendo cara de orgullo.
–¡Voy a ser tío! –Sota lloriqueó, emocionado.
–¿No están enojados? –Preguntó la joven, esbozando una sonrisita.
–Hija, por supuesto que no –Su madre le dio un beso en la frente –Dime una cosa, ¿Crees que salga con esas orejas de perro también?
Ella sonrío, feliz porque su familia la apoyaría –Mamá.
–¿Qué dijo Inuyasha? –Cuestionó la mujer –Debe de estar muy contento con el nacimiento de su primer hijo.
Los ojos de Kagome se oscurecieron, e involuntariamente comenzó a llorar al recordar lo sucedido.
–Hija, ¿Qué sucede? –Naomi la abrazó.
Sota y el abuelo se acercaron para consolarla también, mientras ella buscaba fuerzas para contarles que Inuyasha no podría estar con ella y el bebé.
Japón feudal.
Yumiko abrió los ojos con pesadez y se levantó para quedar sentada en su lugar. Apretó la cobija con debilidad pues aun le dolían las articulaciones, y sobretodo, le punzaba la cabeza.
–Eso… ¿fue un sueño? –Se preguntó, confundida.
–¡Yumiko! –Shippo saltó feliz sobre su regazo al verla despertar.
–Gracias a Dios ya despertaste –Dijo Sango con una sonrisa.
–Nos tenías preocupados –Comentó Miroku.
Ella se sonrojó –Lo siento. No era mi intensión.
–¿Te sientes bien? –Cuestionó la exterminadora, sentándose al lado de su descendiente.
Ella no respondió, pues de su cabeza no salía la reciente visión sobre su bisabuela Kagome.
–¿Qué fue lo que ocurrió? –Preguntó finalmente.
–¿No recuerdas la pelea con aquel monstruo? –Sango acarició sus cabellos de manera maternal.
La joven pestañeó repetidamente mientras hacía memoria de lo ocurrido –Sí, ya recuerdo.
Sango y Miroku intercambiaron miradas sin saber que decir. Debían preguntarle muchas cosas a Yumiko, pero no sabían cómo.
Shippo lo notó y decidió alivianar la tensión –Oye, ¿tienes hambre? La anciana Kaede y Rin están preparando una rica sopa.
La castaña sonrió sin dejar de acariciar el cabello de la chica –Es verdad. Debes comer algo para recuperar energías.
–Por ahora me gustaría tomar algo de aire –Dijo, poniéndose de pie con cuidado.
–No es prudente que salgas en esas condiciones, Yumiko –Amonestó Miroku.
–¡Estoy bien! –Abrió los brazos, enérgica –Solo quiero estirar las piernas un poco.
La exterminadora la siguió con la mirada a la pelinegra mientras salía de la cabaña –No te alejes mucho.
Al estar fuera de la cabaña, Yumiko entrecerró los ojos a causa de la fuerte luz solar, pero le agradaba sentir esa calidez sobre su piel. Definitivamente, se sentía mejor.
Una duda invadió su cabeza e inspeccionó el lugar con la mirada –¿Por qué mi abuelito Inuyasha no está aquí?
De pronto, un repentino recuerdo de su bisabuela Kagome le golpeó la mente.
Japón, 80 años atrás.
Un día de primavera, mientras la fresca brisa soplaba causando que las hojas volaran, una joven recién convertida en madre se acercaba al Goshinboku con su pequeño bebé en brazos. Ambos estaban bien abrigados y tenían un amuleto de protección en el cuello que el abuelo Higurashi les regaló el día en el cual el niño nació.
El pequeño se revolvía dentro de la manta, haciendo un tierno puchero y apretando los ojos. Kagome observó con cuidado a su hijo, apreciando el notable parecido con Inuyasha aun a esa edad; era como su versión humana, la que aparecía cada noche de luna nueva, pero en infante.
Ella alzó la vista hasta la cicatriz en el tronco del árbol sagrado y sintió como se formaba aquel insoportable nudo en su garganta.
Ya no podía flaquear, debía ser fuerte por su hijo.
–Inukai –Dijo con una suave voz, llevando su mano hacia la corteza del árbol –Aquí está tu padre.
Podía sentir como su mano cosquilleaba ante el contacto con el Goshinboku, y como su corazón latía fiero dentro de su pecho.
Tragó saliva, sin dejar de observar la marca sobre la cual su amado durmió por cincuenta años –Inuyasha –Guardó silencio por unos segundos, desviando la mirada hacia su bebé –Este es nuestro hijo.
Una cálida energía se extendió, desde la punta de sus dedos, por todo su cuerpo y el del bebé. Era como si estuviesen recibiendo un abrazo de parte de Inuyasha.
Mientras Kagome intentaba retener las lagrimas, Inukai extendió sus bracitos al aire mientras sonreía.
Japón feudal.
Al volver a la realidad, la chica del futuro se encogió de hombros. Ya se estaba acostumbrando a los recuerdos de cuando su bisabuela vivía, pero aun así, le conmovían.
–Mi… abuelito Inukai…
Una voz conocida interrumpió sus pensamientos –Ya despertaste.
Ella lo buscó con la mirada, y pudo verlo a un par de metros de distancia dándole la espalda –¿Kouga?
El lobo se volteó para mirarla de frente –¿Te encuentras bien? –Preguntó serio.
–Pues sí.
Sus facciones se tranquilizaron con su respuesta –Menos mal.
–Tú… ¿Estabas preocupado? –Su gesto se tornó pícaro, y se acercó lentamente a él.
Kouga retrocedió, sonrojado –¡Ay, pero claro que no!
Yumiko le sonrió –Gracias, Kouga.
Carraspeó para desviar el tema –Oye, creo que tenemos que hablar.
–¿Huh? –Su gesto se tornó confuso.
Segundos después, ambos estaban sentados en la rama más alta del árbol junto a la cabaña. Yumiko estaba fascinada con el paisaje que conformaba la aldea, mientras Kouga la observaba de reojo.
Discretamente, Sango, Miroku y Shippo los vigilaban desde la puerta.
–¿Está bien dejarlos hacer eso? –Cuestionó la taijiya.
–Yumiko parece confiar en él –Dijo su prometido.
El zorrito cruzó los brazos tras la nuca –Pero Inuyasha va a asesinarlo tarde o temprano.
En el árbol, el Ookami youkai tosió sonoramente, cubriéndose la boca con el puño, para llamar la atención de Yumiko.
–Bueno, ¿Qué querías decirme que no podían saberlo mis abuelos? –Dijo tranquilamente.
Él se sonrojó un poco y desvió la mirada hacia el horizonte –¿Por qué nos mentiste?
Su gesto se desencajó ante esa pregunta –¿De qué hablas?
–Dijiste que no tenias la perla –Recordó el momento en el cual el brillo de Shikon salió de ella –Sin embargo…
–Ya te dije que la perla de Shikon dejó de existir hace mucho –Reiteró –Mi bisabuela…
La interrumpió –¿No te diste cuenta?
Yumiko pestañeó sin entender –¿De qué?
–El momento en el que arrojaste esa flecha… la luz de Shikon emanó de ti.
Ella se quedó en silencio, sorprendida por lo que Kouga acababa de decirle.
–¡Ese idiota! –Gruñó Shippo –¿No se da cuenta que decirle algo tan delicado así de la nada es peligroso? ¡Podría asustarla!
Sango y Miroku no podían escuchar la conversación tan claramente como el Kitsune, pero aun así, observaban atentamente la escena por si algo más sucedía.
–Debes estar confundido –Musitó suavemente la chica.
El lobo negó con la cabeza –No fui el único. Todos la vimos… hasta Inuyasha.
La muchacha estuvo a punto de preguntar algo, cuando un fuerte recuerdo la golpeó de nuevo.
Japón, 17 años atrás.
Aquella tarde caían las hojas secas de los arboles, por lo que la dueña del honorable templo barría la entrada con dedicación.
Kagome Higurashi ya era una mujer de edad, pero no aparentaba los 79 años que tenía. Todavía lucia muy joven aunque se arreglara como una señora mayor.
–¡Ya me voy! –Se escuchó la voz de su nieto menor al salir de la casa –¡Adiós, abuela!
–Alto allí, Kaito –Lo detuvo al pasar por su lado –¿A dónde vas?
–Tengo una cita con Sayuri, abuela –Contestó apurado.
–Oh –La mujer le sonrió –Tráela a cenar cuando terminen.
–Está bien –Se dio la vuelta y siguió su camino –¡Hasta luego!
Cuando su nieto no la vio, se llevó la mano al pecho. Ese dolor tenía días molestándola, mejor dicho, años, pero antes no era tan agobiante. Con el paso de los años, se hizo mayor.
–¿Mamá? –Su único hijo se acercó preocupado –¿Te sientes bien?
–Inukai, mi bien –Le dijo con dulzura para no preocuparlo –No pasa nada.
–¿Estás segura? –La tomó por los hombros –Ken y su esposa irán a la clínica, pueden llevarte si te sientes mal.
–¿Para qué?
–Chequeo de rutina –Dijo –Intentan tener un bebé.
Los ojos de la miko se iluminaron –¡Qué emoción! Sería tan lindo tener un nuevo pequeño en la casa.
Su hijo le sonrió –Sí.
Kagome lo contempló fijamente, recordando así el rostro de su amado Inuyasha… Nunca, en todos esos años, había dejado de pensar en él.
El dolor en su pecho se intensificó, obligándola a arrodillarse mientras se apretaba el pecho.
–¡Madre! –Inukai la sujetó en sus brazos –¿Qué tienes?
Ella apretó los ojos, sudando frio; la visión se le tornó borrosa y no podía moverse. Esta vez, le estaba ganando.
–¡Abuela Kagome!
–¡Señora!
A lo lejos escuchó las voces de su nieto Ken y su esposa, quienes probablemente la habían visto flaquear. Ya no podía luchar contra ello, luego de años, se le estaban acabando las fuerzas.
Pero no podía irse y dejar ciertas cosas sin resolver.
–¡Madre! –El hombre la apretó contra su pecho.
–Dime una cosa… Inukai –Dijo con muchísima dificultad pues la voz le salía en un hilo –¿Crees que ese bebé pueda ser una niña?
–¿Qué?
Finalmente se desmayó en los brazos de su hijo, mientras una resplandeciente luz color purpura la envolvía.
Japón feudal.
Al volver a la realidad, el corazón de Yumiko latía desbocado. No había tenido un recuerdo con una carga emocional tan potente antes.
–¡Yumiko! –Kouga la zarandeó pues parecía ida.
Ella lo miró, estupefacta –Dices… ¿Qué de mí salió el brillo de la perla?
–¿Por qué actúas tan raro?
–Kouga… algo está pasando –Se llevó la mano al pecho –La abuela Kagome…
–¡Yumiko! –La voz de Inuyasha sonó seria, potente, demasiado firme para su gusto.
Ambos bajaron la mirada y lo observaron de pie junto al árbol, esperando.
Sango, Miroku y Shippo se echaron para atrás, atemorizados –Ay.
–Necesito que bajes, Yumiko –Pidió el Hanyou con tranquilidad.
–Abuelito –Murmuró la chica.
–¿No vas a decirle nada más, bestia? –Gruño Kouga pues le inquietaba tanta quietud.
–Solo bájala –Dijo, apretando el puño.
Kouga y Yumiko se miraron nerviosos… ¿Qué le ocurría a Inuyasha?
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Yumiko seguía silenciosamente tras los pasos de su bisabuelo. Él no emitía palabra alguna, solo caminaba.
–Huh… ¿abuelito? –Se atrevió a decir finalmente, cuando el silencio se le hacía demasiado tenso para su gusto –¿Debería contarle las ultimas visiones que he tenido?
–Yumiko –Se detuvo, dándole aun la espalda –¿Te sientes bien, verdad?
–Pues… sí –Contestó. Inuyasha no dijo más –Oye, con respecto a lo que pasó, creo que…
–Tú ya cumpliste tu objetivo –Alegó –Viniste a esta época a liberarnos del sello. Para eso te mandó Kagome.
–Yo… creo que la abuela Kagome quería algo más –Presionó su pecho con las manos –La perla…
No continuó con lo que iba a decir, pues su bisabuelo se le acercó rápidamente y le dio un fuerte abrazo que duró pocos segundos.
–Ya es hora de que regreses a casa –Se apartó hacia un lado para que la chica pudiera ver el pozo a pocos metros de ellos. No había notado que estaban caminando hacia ese lugar.
–No puedo irme –Dio dos pasos atrás –Si la perla está dentro de mí…
–No es una sugerencia… es una orden –La tomó por la muñeca y ágilmente la subió sobre su hombro.
–¿Qué estás haciendo? ¡Abuelito!
–¡No voy a ponerte en riesgo! –Caminó rápidamente en dirección al pozo –Si esa maldita perla renació en ti, tal y como lo hizo en Kagome, no voy a permitir que sufras a causa de ello.
–¡No lo entiendes! –La chica pateó, intentando soltarse –¡Estoy segura de que la abuela Kagome tiene que ver en esto!
–Por culpa de esa perla, Kikyo tuvo que morir –La voz se le volvió débil –Y luego me separó de Kagome y de mi hijo –Alzó a Yumiko justo encima del Honekui no ido –¡No dejaré que te pase lo mismo!
–¡Por favor, espera!
Cuando estuvo a punto de soltar a su bisnieta dentro del pozo para que volviera a su época, Kouga apareció para detenerlo.
–¡Detente! –Tomó rápidamente a Yumiko entre sus brazos y le dio una patada al hibrido en el costado.
Él los había seguido y espió toda la escena. Para su sorpresa, Inuyasha nunca notó su presencia.
–¡Kouga! –La pelinegra se aferró al cuello del Ookami Youkai.
–Tú y yo sabemos que este asunto no puede quedarse así –Dijo, mientras corría lejos de Inuyasha con Yumiko –Así que te ayudaré. Es lo que Kagome habría querido.
La joven estaba anonadada por su actitud. Definitivamente, ya no le parecía tan desagradable y debía confiar.
–¡Maldito lobo, vuelve aquí! –Inuyasha se levantó y fue tras ellos.
Mataría a Kouga de ser necesario, pero por nada del mundo podría en riesgo la vida de Yumiko.
Continuará...
Poco a poco se empiezan a disipar las dudas con respecto a qué sucedió con Kagome y cuál es el misterio detrás de Yumiko… O al menos eso espero, pues me gusta alargar el misterio xD
Respondiendo Reviews:
LADI JUPITER: ¡Hola! De verdad lamento mucho la demora :( Espero aun me sigas en la historia ¡Saludos!
Lady darkness: Volví D: Intentaré no perderme de nuevo u.u
Bely: Hehe, bueno, habrá que ver si eso es posible de alguna forma (:
Marianne: ¡Te lo agradezco mucho! Espero te haya gustado el capitulo.
SAM ARCHER: ¡Woah! Que feliz me hace saber que te gustó tanto la historia n.n Tus dudas se resolverán poco a poco :D
Bueno, esperare ansiosa sus Reviews y nos leeremos pronto. Saludos.
Peace out! (: #PrayForVenezuela.
