Atrapados en la nieve
Capítulo 7: Al final de la tormenta"
Orihime dio un respingo.
-¿Cómo?
Ichigo se incorporó también y, aunque estaba completamente sorprendida, Orihime no pudo dejar de apreciar lo atractivo de aquel hombre.
-Ya sé que parece una locura, pero tiene sentido –comentó Ichigo.
-¿Por qué quieres que me case contigo? ¿Por qué nos acabamos de acostar?
-Si necesitas una razón, sí, porque nos acabamos de acostar.
-No, tú no te quieres casar conmigo –declaró Orihime pensando en que prácticamente le había tenido que suplicar que le hiciera el amor –No te preocupes, mi virtud no está en juego –añadió pensando en que sus padres se la habían entregado a Grimmjow sin tenerla en cuenta a ella.
-No es por eso –le aseguró Ichigo con impaciencia.
-Claro que es por eso. Puedo cuidar de mí misma. ¡Llevo toda la vida dejando que otras personas lo hagan por mí y mira a donde me ha llevado! –exclamó Orihime llevándose las manos al vientre.
El pelinaranja siguió la dirección de sus manos con la mirada y Orihime se dio cuenta de que le miraba el vientre y los pechos, que estaban suplicándole que los volviera a tocar.
-En cuanto nos casáramos, mi seguro médico te cubriría –dijo él –También cubriría al bebé. No tengo mucho dinero, pero puedo mantenerte. Podríamos comprar una casa aquí en Karakura o incluso hacernos una que nos gustara. No tendrías que trabajar a menos que quisieras hacerlo y, desde luego, no tendrías que volver a preocuparte por ese maldito que anda buscándote. Tú… y el bebé… llevarían mi apellido –concluyó con decisión –Te aseguro que nadie se mete con un Kurosaki y se va como si nada.
Lo que le estaba ofreciendo sonaba fácil, razonable y factible.
-¡Pero si apenas nos conocemos!
-Nos conocemos lo suficiente.
Orihime sabía que Ichigo no tenía suficiente conocimiento de su pasado y no quería contarle más cosas. ¿Qué pensaría cuando se enterara de la poca estima que su familia tenía por ella? ¿Qué pensaría cuando se enterara de que sus padres habían querido casar a su hija con un maltratador a cambio de que ese canalla invirtiera en la empresa familiar?
Además, quería sentirse realmente independiente. Si se echaba atrás ahora, ¿Qué sucedería cuando no solamente tuviera que cuidar de ella sino también de un indefenso bebé?
-No me puedo casar contigo –contestó.
-Querrás decir que no quieres.
Orihime se levantó de la cama.
-¡Quiero decir que no puedo! Eres un hombre maravilloso, un hombre honrado –habló mirándolo y notando que estaba excitado –Un hombre muy bueno, único –terminó poniéndose la bata a toda velocidad y no porque sintiera frío sino, más bien, deseo de nuevo.
Aunque la bata era de terciopelo, prefería los dedos de Ichigo, pero se apresuró a anudar el cinturón con eficiencia. Ojalá le resultara tan fácil anudar el deseo que aquel hombre le inspiraba.
-No es que no sepa apreciar la nobleza de tus intenciones, pero no es necesario, de verdad. Tengo a prender a cuidarme.
Si no lo hacía ahora, tal vez jamás lo haría.
-Pero no tienes por qué hacerlo sola.
Tal vez algún día, cuando tuviera más fe en sí misma, podría compartir su existencia con alguien, dejar que algún hombre la ayudara, pero no ahora.
Todavía no.
Por mucho que le gustara Ichigo Kurosaki.
-Yo… -dijo la ojigris interrumpiéndose cuando la casa se puso a crujir con más fuerza que la vez anterior.
Ichigo se puso en pie, se quedó escuchando concentrado y, después maldijo colocándose los pantalones a toda velocidad. Orihime jamás había visto vestirse a alguien tan rápido.
-¿Qué pasa? –le preguntó mientras Ichigo se ponía la chaqueta y corría hacia la puerta.
-No salgas –le ordenó.
El gemido se convirtió en un sonido estridente mientras Ichigo cerraba la puerta. Orihime se asustó. Aun así, consiguió reaccionar y ponerse los calcetines y los tenis deportivos.
Colocarse la chaqueta se le antojó demasiado, así que se echó por los hombros la manta y salió detrás de él. El aire helado le golpeó en el rostro como un puño y se resbaló. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para agarrarse al barandal de las escaleras y no caerse. Cuando consiguió mantener el equilibrio, se dijo que tenía que ir con más cuidado, pues debía que pensar en su bebé.
En cuanto bajó los escalones, los tenis se le hundieron en la nieve.
-Maldita sea, Orihime, te he dicho que te quedaras dentro –gritó Ichigo, que iba unos metros por delante de ella.
Apenas era una silueta visible a la delicada luz de la luna.
-No me gusta que me digan lo que tengo que hacer –contestó ella.
-Pues hazlo por sentido común. ¿Qué necesidad tienes de estar aquí afuera con el frío que hace? No sigas –le dijo cuando lo alcanzó.
Orihime se ajustó la manta a los hombros y en su cintura para que no se le cayera.
-¿Es el tejado? –cuestionó rezando para que no fuera así.
-No, el cobertizo –respondió el pelinaranja.
En aquel momento, se oyó otro crujir de la madera. Ichigo se apresuró en tomar a Orihime entre sus brazos y a cubrirle la cabeza. De repente, el suelo vibró y Orihime sintió como volaban gigantescos trozos de madera y nieve a su alrededor.
A continuación, se hizo un silencio sepulcral.
-Ya lo sabía yo –murmuró Ichigo -¿Estas bien?- se apresuró en preguntarle.
-¿Qué ha pasado? –contestó Orihime alzando la cabeza asustada -¡Mi coche! –exclamó al ver que el tejado del cobertizo lo había sepultado dejándolo hecho pedazos.
-No te acerques –le indicó Ichigo –Todavía queda un poste en pie, pero la estructura no es estable.
Fue entonces cuando Orihime sintió unas incontrolables ganas de llorar.
-No me lo puedo creer –declaró abrumada.
Con todo lo que le había costado aquel maldito coche. Semanas buscando uno que pudiera pagar para esto. ¿Y cómo se suponía que iba a ir a trabajar ahora? ¿Cómo iría al médico?
-El seguro se encargará de todos los daños Orihime –comentó Ichigo en un afán por querer tranquilizarla aunque fuese un poco.
Por el amor a Dios, tenía ya veintidos años. A aquellas alturas, tenía muy en claro cómo trabajaban las aseguradoras.
-¿Y si no se hacen cargo? –le preguntó.
-Entonces ya se nos ocurrirá algo.
-¿Nos? Ichigo, esto no es asunto tuyo. No tienes que hacerte cargo de mí. ¡No soy tu problema!
-Por supuesto que no –dijo Ichigo –No te tengo por un problema, te lo aseguro –añadió tomándola por su fina barbilla y mirándola a los ojos –Te puedo ayudar Orihime, y quiero hacerlo. Aquí tienes una razón más para casarte conmigo.
-Ya te he dicho que no –replicó ella.
-¿Ni siquiera te vas a parar a considerarlo?
Si lo hacía, probablemente cedería y le diría que sí porque ella era una mujer sumamente débil.
-No tengo nada que considerar Ichigo –insistió.
-¿Sabes que eres una mujer muy testaruda?
Nunca la había acusado de ser testaruda, pero prefería testadura a débil, que era lo que siempre le habían dicho que era.
Orihime se estremeció y se subió la manta un poco más. En seguida, miró de reojo lo que apenas quedaba de su coche. Seguro que a la mañana siguiente, a la luz del sol, le parecería todavía peor.
De repente, se le ocurrió pensar que podría haber sido una desgracia. ¿Cuántas veces había estado Ichigo cortando leña en el cobertizo? ¿Y si se le hubiera caído encima?
La sola idea le asustó tremendamente.
-Mejor que haya sido el coche y no tú –declaró.
-Eso es cierto. Vamos, ya no podemos hacer nada y hace mucho frío, así que mejor entremos ya.
-¿Tú crees que la casa es segura?
-El cobertizo lo añadieron después de la casa. Se nota porque está completamente separado de la pared, ¿Lo ves? –le explicó Ichigo.
Orihime asintió y se dirigió hacia el pórtico. Una vez dentro, se dio cuenta de que tenía los tenis deportivos completamente llenos de nieve y hielo, así que se apresuró en quitárselos. También se quitó los calcetines. A continuación, se sentó en el borde de la cama, se secó los pies con la manta y los masajeó para hacerlos entrar un poco en calor.
Ichigo dejó las botas junto a la puerta como de costumbre y la chaqueta en el respaldo de una silla. Luego se quitó la camiseta, los calcetines y los pantalones. Por lo visto, no le daba ninguna vergüenza volver a desnudarse delante de Orihime.
Al verlo así, ella desvió la mirada al suelo, que al parecer no le sirvió de mucho, pues no pudo evitar observarlo de reojo y verle desnudo como aquel día que había nacido, pero bastante más crecidito. Observó también como Ichigo colocaba los pantalones cerca de la chimenea para que se secaran. Luego, se puso de rodillas para que se secaran y procedió a masajearle los pies.
-Quítate la bata –le indicó.
Orihime enrojeció al instante por completo.
-Está empapada –sentenció el ojicafé –No te puedes meter así a la cama.
-Ya –contestó Orihime deslizando la prenda por sus hombros.
Una cosa estaba clara, y era que desnudarse delante del hombre con el que estabas haciendo el amor y desnudarse delante del mismo hombre cuando le estaba dando un delicioso masaje en los pies, era algo completamente diferente.
En cualquier caso, Ichigo parecía completamente concentrado en el masaje, así que Orihime se cubrió con el edredón y colocó la elegante bata en el respaldo de la silla para que se secara también.
Ichigo colocó la almohada que había estado utilizando y le indicó que se recostara. Ella dudó un poco.
-Eh…
-Venga, afuera hace un frío de muerte y la única leña que tenemos para pasar la noche es la que tenemos aquí –le explicó señalando la pequeña pila de troncos que les quedaba –Los dos tenemos frío, así que es obvio que estaremos más calientitos juntos en la cama.
Orihime no supo qué contestar. Lo cierto era que deseaba de nuevo a aquel hombre con el que había dicho que no se quería casar. Recogió la pijama que se había quitado hacía apenas un rato de manera sensual y se lo puso sin importarle lo que Ichigo pudiera pensar. Se tapó de nuevo con el edredón ahora hasta la barbilla y se giró hacia la cocina, dándole la espalda.
Ichigo no dijo nada.
Los resortes del colchón sonaron cuando Ichigo se tumbó a su lado. Orihime intentó no dar un respingo cuando la rozó. Qué curioso. Mientras habían hecho el amor, Orihime no se había percatado de que los resortes de verdad resonaban.
-Ésta cama está fatal –dijo Ichigo –Se estaría mejor incluso en el suelo. ¿Cómo puedes dormir aquí?
Orihime se puso a la defensiva.
-Pues al parecer hace un rato no te parecía que estuviera tan mal.
-Hace un rato no estábamos durmiendo –le dijo Ichigo.
En realidad, no hacía falta que se lo recordara.
Orihime cerró los ojos, lo que solamente le sirvió para recordar las palabras que Ichigo le había dicho y revivirlo en su mente. Hacer el amor con él había sido muy diferente a acostarse con Grimmjow. Cuando había compartido la cama con él, sólo había pensado en que terminara cuanto antes.
Sin embargo, con Ichigo, había sentido como si se derritiera por dentro y por supuesto que quería revivir la experiencia.
Una y otra vez.
La ojigris echó el edredón a un lado.
-¿Qué pasa?
-Nada –contestó levantándose de la cama y dirigiéndose al baño.
Una vez allí, cerró la puerta. Como no había luz, estaba muy oscuro, pero necesitaba vaciarse interiormente, así que lo hizo a pesar de lo frías que estaban las baldosas del suelo y se apresuró en volver a la cama con Ichigo.
-¿Qué haces? –le preguntó Ichigo mientras Orihime trataba de mantener la pijama tapándole las piernas y el edredón hasta las orejas intentando encontrar una posición cómoda.
-Se me ha enrollado un poco la pijama.
-Pues quítatela –le dijo en tono cortante.
-No –insistió ella colocando la tela en su lugar y ajustando la almohada que tenía bajo la cabeza.
-Necesitarás una buena cama.
-Pues ésta es la única que tengo.
-Yo tengo una cama enorme y muy cómoda.
-Pues me alegro mucho por ti.
-No sé por qué te has puesto tan insoportable. Al fin y al cabo, al que lo han rechazado es a mí.
Orihime apretó los dientes.
-Me has hecho una propuesta de matrimonio porque te doy pena.
-Lo único que me da pena en estos momentos es mi espalda porque se me están clavando los resortes.
Orihime se quedó mirando las llamas del fuego que todavía ardía en la chimenea.
-Si te dijera que si… ¿Qué sacarías tú de ello?
-No me puedo creer lo que estoy escuchando –contestó Ichigo.
Ella sonrió.
-Seguro que el mes que viene, cuando esté más gorda, ya no estarás interesado en mí.
Ichigo la agarró de repente y con fuerza por la cintura y la atrajo contra su cuerpo. Orihime ahogó un grito de sorpresa mientras Ichigo la apretaba contra su firme erección.
-¿Tú lo crees?
No había duda. Estaba completamente excitado. Orihime lo podía sentir a través de la pijama. Sentía su erección, su deseo. Y sentía que no podía resistirse.
-Ichigo –dijo su nombre reteniendo un ligero gemido.
-No te preocupes, sé controlarme –habló –Duérmete.
A lo mejor él sabía controlarse, pero ella no.
Ojalá que no se hubiera empeñado tanto en ponerse la estúpida pijama. Le hubiera encantado sentir el antojable pecho de Ichigo en la espalda y sus piernas entrelazadas, le hubiera encantado que la acariciara por los pechos y entre las piernas, lo que seguramente la hubiera llevado de nuevo al éxtasis que hasta entonces se había creído un mito exagerado.
Orihime se llevó la mano a la boca y se quedó muy quieta a pesar de que se moría por volver a saborear las mágicas diferencias que había entre sus cuerpos. Al final, al cabo de un rato, consiguió finalmente tranquilizarse, sintió que el corazón ya no le latía desbocado, se relajó, y se quedó dormida.
Cuando volvió a abrir los ojos, la luz del sol entraba por las ventanas e Ichigo había desaparecido.
De repente, oyó voces fuera.
A lo mejor había sido eso lo que la había despertado.
El reloj eléctrico que tenía sobre la mesita de noche tenía la pantalla negra, lo que quería decir que no había vuelto la luz todavía.
Orihime se levantó de la cama, fue al baño y se asomó a la ventana. El cielo estaba despejado. No se veía ni una sola nube. Todo hacía presagiar que iba a ser un día precioso.
Si no fuera, claro, porque estaba todavía rodeada de nieve, sin luz y sin coche para variar.
Aun así, podía ser un día precioso.
Ella lanzó un suspiro.
En aquel momento, vio una furgoneta blanca estacionada junto a la de Ichigo, que no tenía nieve encima. Ichigo y otro hombre, que Orihime supuso sería su hermano Uryuu, estaban quitando la nieve con palas desde la casa hasta la carretera.
A juzgar por cómo iban vestidos, sin gorros y sin chaquetas, no debía de hacer ya tanto frío. Bueno, por lo menos, uno de ellos iba a poder ir a trabajar.
Orihime se mordió el labio inferior, pensó que iba a tener que llamar a los propietarios para decirles que el cobertizo se había caído y también iba a tener que pensar cómo llegar al trabajo.
Apenas había ya algo de fuego en la chimenea y no quedaba leña. Ichigo debía de haber estado alimentando el fuego mientras ella dormía.
En aquel momento, el bebé se movió dentro de ella y Orihime se llevó las manos al vientre rápidamente.
-Sí, tienes razón. Es un encanto.
Cuando vio que los dos hombres clavaban las palas en la nieve y se dirigían a la casa, se apresuró en apartarse de la ventana. Después tomó algo de ropa limpia y se dirigió al baño de nuevo. Cuando salió, la puerta se estaba abriendo.
Ichigo la vio inmediatamente, de pie en el pasillo. Había llegado a su casa el viernes por la tarde y desde entonces no se había afeitado, así que su rostro comenzaba a dar muestra de ello, lo que le aportaba un aire todavía más masculino y peligroso para las ya de por si alteradas emociones y hormonas de Orihime.
-Me alegro de ver que estés despierta –la saludó abriendo la puerta de par en par –Entra, Uryuu.
Orihime se pasó las palmas de las manos por los pantalones. ¿Acaso a Ichigo no se le había ocurrido que podía darle vergüenza que una persona a la que no conocía de nada entrara y viera la cama que habían compartido?
No sabía que pensar del hecho de que ya no considerara a Ichigo como un desconocido. Aunque hacía poco más de dos días que se conocían, habían pasado muchas horas juntos y un buen rato haciendo el amor y hablando además sobre matrimonio, así que ya no era para nada unos desconocidos.
-Hola, señor Uryuu –lo saludó tendiéndole la mano, olvidándose de la cama e intentando hacer lo mismo con lo que había ocurrido entre Ichigo y ella –Soy Asuna Suno –se presentó –Encantada de conocer al equipo de rescate de Ichigo.
De pronto, se le ocurrió que, a lo mejor, Ichigo le había dicho a su hermano su verdadero nombre. A pesar de que llevaba una gruesa chaqueta, era obvio que Uryuu estaba un poco más delgado que su hermano. Claramente, se parecían. Sobre todo, en aquella particular seria sonrisa.
El mencionado, fue hacia ella y le estrechó la mano.
-El único señor es nuestro padre, Isshin Kurosaki –comentó en tono divertido –Veo que ya sabías mi nombre. Encantado de conocerte –añadió –De seguro que estás deseando deshacerte de éste –dijo dándole una palmada en el hombro a su hermano.
¿Eso quería decir que Ichigo se iba a ir?
Orihime supuso que, ahora que había pasado la tormenta, Ichigo se daría cuenta de la locura que había sido proponerle matrimonio y no volvería a verlo.
-Ha sido una suerte no pasar la tormenta sola. Su hermano ha sido una compañía estupenda –contestó.
-Sí, eso se le da bien –sonrió Uryuu, que tenía los ojos azules y que los estaba mirando con mucha curiosidad a los dos –La fundación va a estar cerrada hoy –le anunció –Lo digo por si estabas pensando en ir a trabajar.
Eso quería decir que Ichigo le había contado a su hermano que trabajaba allí. Era la única manera de que Uryuu supiera que trabajaba en la fundación porque sinceramente nunca se habían visto antes.
-Muy bien.
Eso de tener un día más le concedía un poco de tiempo para arreglar lo del transporte. No tenía dinero para ir en taxi y por allí no pasaba ningún autobús, así que decidió por conseguir una bicicleta. Claro que sólo iba a poder utilizarla por un tiempo, hasta que su vientre se lo permitiera.
-Toma –le dijo Ichigo entregándole las llaves de su furgoneta como si le estuviera leyendo el pensamiento –Hemos abierto un camino hasta la carretera. Puedes salir y entrar con tranquilidad.
-¿Cómo? –contestó Orihime mirando las llaves con los ojos sorprendidos.
-Mi hermano me va a llevar al parque de bomberos –le explicó Ichigo –Voy a estar trabajando durante veinticuatro horas o, tal vez, más si me toca hacer turno doble.
-¡Ichigo no me puedo quedar con tu coche!
-Te recuerdo que el tuyo está inservible. Echo escombros bajo lo que era el techo del cobertizo –insistió dejando las llaves sobre la mesa al ver que Orihime no las aceptaba –He hablado con la empresa eléctrica y me han dicho que todo el pueblo recuperará la luz a media mañana. Si no te llega, me llamas al celular. Está en la tarjeta de visita que te di el primer día. A lo mejor no te puedo atender en el momento, pero déjame un mensaje de voz y te llamaré lo antes posible.
Antes de que a Orihime le diera tiempo de protestar, Ichigo se inclinó y le dio un tierno beso en los labios.
-Lo que te dije anoche, te lo dije muy enserio –se despidió –Piénsatelo.
Ella no dijo nada, mientras Ichigo abría la puerta y salía de la casa con su hermano, que los miraba todavía con más curiosidad que al llegar.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOAMIOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Para ser sincera, si soy una floja, pero he aquí el capítulo ya completo. Desde hacía como un año que lo tengo en mi escritorio. Disculpen de nuevo la extensa espera, así que por favor les pido que dejen un review con su opinión. Ahí me daré cuenta si aún les sigues gustando.
Como ven, en éste capítulo se muestra a nuestro típico Ichigo siempre preocupado por el bien de Hime. Por cierto, disculpen si encuentran errores, no me da mucho tiempo de editar.
Nos leemos pronto ;) y no olviden dejar ¡REVIEW!...
