Ocho

¿Quién es Amigo?

A la mañana siguiente Rachel abría los ojos debido a un cosquilleo que sentía en la nariz, con una sonrisa se dio cuenta que Quinn tenía su cabeza hundida en su cuello y algunos mechones rebeldes se habían parado en su cara, inmediatamente se le implanto una sonrisa al ver como Quinn estaba tumbada boca bajo pero en la zona del vientre estaba apoyada sobre sus manos que estas se aferraban a él de forma protectora.

Cuando se giró para mirar la hora vio que le quedaba todavía dos horas para tener que levantarse, pudo observar que Santana estaba en la terraza, con cuidado para no despertar a la rubia se levantó cubriendo su cuerpo desnudo con una bata blanca de seda y fue hacia ella.

-¿Se puede saber qué haces fumando? ¿No se suponía que lo habías dejado? – Dijo llamando la atención que esta le sonrío y la beso - ¿Qué te preocupa?- le abrazo.

-Supongo que tengo miedo, ¿Y si no soy buena madre? A veces me cuesta tomar buenas decisiones para mí, incluso hasta cuidarme a mí misma – se dejó abrazar por la morena agachando la cabeza.

- Nadie nace sabiendo y a lo mejor no seremos la mejor y por supuesto que algún que otro error cometeremos pero eso solo el tiempo lo dirá además si te sirve de consuelo, yo creo que serás una madre muy buena, muy protectora pero muy buena – le abrazo fuerte y vio como le saco una sonrisa a la latina.

Santana tiró el cigarro, se dio la vuelta apoyando la espalda en la barandilla, y observando la cama a una Quinn dormida que había cambiado de posición, dormía en posición fetal, totalmente tranquila y ajena a lo que sucedía a su alrededor.

-No me gusta que esté sola, siento que ahora es tan frágil y sé que se enfadará conmigo si la trato así, pero no puedo evitar tener esa sensación de protegerla, y encima en un mes se va a Australia a grabar la maldita película con el estúpido ese- Dijo sin apartar la vista de Quinn mientras dejaba que Rachel apoyara su espalda en su pecho y le abrazaba por la espalda.

- Te entiendo, además lucharemos con sus hormonas que mientras nosotras hablamos aquí, ellas ya están hay revolucionando a nuestro dulce angelito- rieron ambas – la verdad que había pensado en pedirle el favor a Ryan de que nos deje ir el mes que Quinn va a estar en Australia- dijo la morena poniéndose sería.

-no creo que nos lo permita últimamente está algo irritable, te juro que si no fuese un tío, juraría que le han impuesto una menstruación de por vida – reía apoyando la barbilla el hombro en el de la morena más pequeña.

-solo es un mes además vamos a provechar este que nos queda para mimarla todo lo que podamos y más-

Se quedaron hay paradas abrazadas mientras la rubia empezó a moverse agitada en la cama, cuando se dieron cuenta, se acercaron a ver lo que pasaba, asustándolas al ver como la rubia con gotas de sudor, se levantaba sobresaltada, y se ponía como loca quitando todas las sabanas, se incorporó sentándose sobre sus rodillas sobre la cama totalmente desecha apenas quedaba la sabana bajera y respirando profundamente volviendo a posicionar sus manos en su vientre para ver que todo seguía en orden y tranquilizarse.

-¡Joder! Solo ha sido una maldita pesadilla-

-Tranquila Mi Lady, todo está bien- dijo Rachel abrazando el cuerpo desnudo de la rubia, Quinn sin más se puso a llorar, sorprendiendo a las dos.

-Bebe, ¿Por qué lloras? – dijo Santana asustada acariciándole la espalda.

-Por nada, solo me he asustado – dijo limpiándose las lagrimas

Ambas morenas no dudaron en sonreír, ya empezaban sus cambios de humor y apenas tenía unos días de embarazo.

Al ver como se erizaba el pelo del cuerpo de Quinn, la latina cogió una bata –Nunca pensé que diría esto, pero bebe cúbrete tu adorable cuerpo desnudo que no queremos que os pongáis enfermos él bebe y tú - le sonrió poniéndole encima la bata.

Quinn se levantó en silenció dejando otra vez a ambas morenas desconcentradas -¿Qué? Necesito hacer pis – dijo encogiéndose de hombros, mientras las otras dos explotaban a carcajadas por la situación.

Cuando volvió se echaron juntas abrazadas, hasta que volvió a despertarse eras las 10 de la mañana, apenas recordaba cuando se habían ido sus dos chicas a trabajar, se dio una ducha relajante y cogió el bolso y el móvil olvidándose por completo de encenderlo, y fue a desayunar al bufet, había cogido de todo tenía que empezar a comer por dos y aunque todo lo que comía era vegano, comió más que nunca podría estar orgullosa hasta su abuela.

Cuando salió del hotel se encontró con su chofer, que aunque había cambiado de vestuario seguía llevando esas malditas gafas, esta vez no llevaba gorra y pudo ver que era un moreno algo industrial por lo que pensó que ese no era su color de pelo natural, llevaba una gabardina negra larga con los cuellos subidos y unos guantes de cuero negro, estaba posicionado al lado de un mercedes negro, con los cristales tintados.

-Señorita Fabray, la estaba esperando, si no le molesta he cambiado de coche ya que la limusina sería un poco incómoda para trasladarnos por la ciudad – dijo abriendo la puerta trasera del coche.

Una vez dentro se le giró – Bueno a donde desea ir la señorita- le sonrío

La rubia le miró frunciendo el ceño, esa sonrisa le era familiar pero no sabía de qué le sonaba, no podía evitar tener una sensación, extraña –me gustaría pasear un rato por Central Park- le dio una sonrisa, cogiendo su móvil y encendiéndolo.

Mientras revisaba su móvil, leyó la respuesta que le dio Jessica, alzo la cabeza y pudo ver que habían llegado a su destino, pero antes de bajarse no dudo en volver a mirar al chofer con el ceño fruncido – Disculpa Amigo ¿nunca me dijo quién le contrato para que fuese mi chofer?-

Este con su sonrisa burlona – Nunca lo pregunto- le miro a través del espejo.

Le ponía nerviosa, no le gustaba nada, no lo pensó dos veces se disponía a abrir la puerta cuando él fue más rápido y bloqueo las puertas.

-Sabe señorita Quinn, creo que usted y yo vamos a dar una vuelta por esta maravillosa ciudad- dijo volviendo arrancar el coche.

Vio que estaban a las afueras de Nueva York y el mercedes se paraba en un descampado, poco habitado.

-¿Me...me vas a matar o algo para traerme aquí?- Dijo Quinn tratando de mostrarse dura.

El simplemente rio y la miro esta vez girándose – sal del coche-

Ella con el ceño fruncido, no entendía nada, que narices pretendía el tipo ese, por una parte tenía la grandísima necesidad de salir del maldito coche pero quedarse en un descampado abandonado no es que le hiciese mucha gracia, y encima en esos momentos no podía pensar en otra cosa que no fuese tratar de no hacerse pis encima, no sabía si era por los nervios que le estaba provocando la situación o era el simple embarazo.

-no voy a salir hay fuera, si me vas a hacer algo lo haces aquí, y si no lleva me de vuelta al hotel…- no estaba segura de lo que estaba haciendo pero no se mostraría débil, y lo único que pudo hacer es aferrarse a su vientre, protegiéndolo y tratar de tranquilizarse, ya que los nervios no le haría bien al bebe, gesto que no pasó desapercibido para el conductor.

Este se bajó del coche y se montó al asiento trasero quitándose las gafas y mirándole con unos ojos azules intenso, que solo le transmitían tranquilidad, todo lo contrario que cuando llevaba puestas esas malditas gafas que tanto odiaba.

-Deberías llamar a tu representante él te lo explicará todo- le sonrió tratando de tranquilizarla –jamás haría daño a una belleza como tú y menos si va a ser mamá-

-pe…pero- balbuceo tratando de asimilar todo y viendo como le entregaba el teléfono que ya estaba en llamada con su representante.

Llegó la noche y por fin era viernes lo que significaba volver a LAX, estaban ya en el aeropuerto, cuando el chofer les abrió la puerta del coche. Salieron una detrás de otra se despidieron de él y cuando se iban a embarcar, Quinn se volvió y se lanzó a los brazos del chofer ante la atenta mirada de sus dos morenas.

Mientras la rubia le abrazaba –gracias por protegernos Amigo y no te preocupes guardare tu secreto- le susurró al oído y le beso la mejilla.

Nos vemos en unos días y espero verte muy gorda – dijo riendo el chofer

Volvió con sus dos chicas - ¿Y esa amistad?- dijo Santana elevando la ceja.

-NY que cambia a la gente- les dijo encogiéndose de brazos

Rachel la miró negando con la cabeza mientras entrelazaba los dedos con su rubia.

-Me temo que va a ser muy raro estos nueve meses- rio para sí, andando rápido para alcanzar a sus chicas.